¡Holaaaa!
Ya sé que prometí aplicarme, pero la verdad es que este fin de año fue bastante difícil para mí. Sucedieron demasiadas cosas, y me fue imposible seguir escribiendo.
Pero en fin, espero aun sigan la historia y disfruten del nuevo capítulo.
El Beso
─ ¿Estás bien, Haruno? ─ preguntó Kakashi, sintiendo cómo se ponía duro al tener la mirada hambrienta de la pelirosa sobre él.
─ ¿P-Por qué no lo estaría? ─ se defendió, concentrándose a sobre manera en mirarlo directamente a sus ojos. Kakashi vio un brillo extraño en ellos.
─ ¿Es que no habías visto a un hombre desnudo antes? ─ preguntó.
'¿Acaso ella era…?'
─ Soy un médico ninja, ¡por supuesto que he visto a millones de hombres desnudos…! ─ dijo, desviando su mirada y alejándose unos pasos ─ y no te creas demasiado, cualquier Shinobi tiene ese cuerpo. ─ le empujó sin mucha fuerza lejos de ella.
Ambos se estremecieron al contacto. Su tono agudo, sus mejillas aumentando 3 tonos más, el ceño fruncido por el enojo y su mirada esquiva le dieron la respuesta que, de algún modo que no llegaba a entender, le producía placer y una satisfacción indescriptibles.
Apenas pudo contener el gruñido de placer que tenía atorado en la garganta.
─ Entonces, ─ le susurró, tomándole el mentón con una mano y acercándose, de modo que sus labios se rozaban lo suficiente con los de ella al hablar, pero no demasiado para considerarlo un beso ─ ¿no soy tu tipo?
Sakura dejó escapar un involuntario gemido y cerró los ojos, pegándose completamente a la puerta. Kakashi se sentía poseído. La necesidad de reclamar esos castos labios que despedían un delicioso aroma a frambuesa era demasiado fuerte. Sólo un suspiro los separaba…
─ KAKASHI, ¿ESTÁS LISTO? ¡ES HORA DE UN RETOOO! ─ Se escuchó cómo entraban abruptamente a la habitación ─ ¿Kakashi…? ─ preguntó Gai, al no encontrarlo en la habitación ─ ¡¿KAKASHI DÓNDE ESTÁAAAAS…?! ─ se histerizó inmediatamente Gai, comenzando a voltear el cuarto de cabeza.
El momento se había roto completamente. Sakura se tapó la boca y cerró los ojos con fuerza. Kakashi recargó su frente en la puerta, sobre la cabeza de ella.
─ ¿Qué vamos a hacer? ¡No nos puede ver así…! ─ susurró la pelirosa, levantando su vista para verlo. Sus preciosos ojos mostraban cierto pánico.
─ ¡SAKURA-CHAN! ¡SAKURA-CHAAAAAAAAAAAN! ─ comenzó a gimotear Gai.
─ Creo que te hablan. ─ susurró Kakashi, haciendo ademán de abrir la puerta.
─ ¡Ni se te ocurra! ─ gruñó ella, sujetando su muñeca ─ Debes salir tú, hará un escándalo y me matarán si se enteran de que te "escapaste".
Una sonrisa totalmente maliciosa se asentó en los apetecibles labios del peligris. Comenzaron a forcejear de la manera más silenciosa posible, pues a ninguno de los dos le apetecía ni le convenía salir al encuentro con la sublime bestia verde de Konoha.
─ ¡Son las 9 de la noche, por todos los demonios! ¿Por qué quiere una competencia A ESTA HORA DE TODOS MODOS? ─ gruñó Sakura.
Parecía que ambos se habían olvidado completamente que Kakashi seguía desnudo. No cederían. Sakura era quien parecía especialmente desesperada, debido a que no podía destrozar más las instalaciones.
─ HA-TA-KE.
─ Ha-ru-no ~ ─ canturreó divertido. Encontró que disfrutaba demasiado al mortificarla.
Ninguno de los dos se percató de que el jaleo de afuera había cesado.
Gai se había calmado al escuchar ruidos en la puerta que se encontraba dentro de la habitación, y en la cual no había reparado antes. Se acercó a paso firme, y de un solo tirón, la abrió: dentro del baño, yacía Kakashi, cubierto apenas en las partes importantes con una minúscula toalla, su cuerpo laxo y húmedo sobre la pequeña pelirosa encargada de su salud.
─ ¡¿KAKASHI?! ─ preguntó Gai alarmado con lágrimas en los ojos ─ ¡¿Pero qué ha pasado?!
─ S-Se quedó dormido en la ducha… todo está bien, Gai-sensei. ─ dijo una abochornada Sakura que tenía cargado al Hatake como si se tratara de un príncipe rescatando una princesa en un cuento de hadas.
Y si la mano que el pervertido peligris tenía colgando por detrás del cuerpo de la chica seguía rozando casual e inocentemente su trasero, ella lo dejaría caer por la ventana.
─ ¡Qué susto! Estaba imaginándome lo peor… ─ dijo Gai dramáticamente, limpiando sus lágrimas ─ Pero tú llegaste al rescate, Sakura-chan. Tú con tu ardiente y vigorosa llama de la juventud, siempre cuidando devotamente de tus seres queridos… Puedo ver por qué Lee está completamente prendado de ti.
En cuanto dijo la palabra ardiente, sintió un apretón en su nalga derecha, por lo que soltó sin mucha ceremonia al peligris en su cama.
─ HATAKE, DESPIERTA JODIDO HOLGAZÁN, TIENES VISITAS. ─ gritó directamente en su oído.
El peligris se cayó de la cama al saltar del susto.
─ Debo darle la razón a Sakura-chan con el apelativo que utilizó esta vez. Ya tienes demasiados días aquí, ¡ES HORA DE UN RETO! ─ concedió Gai-sensei ─ ¡Levántate y vístete! Tendremos una carrera nocturna. ─ dijo, con su eterna y escalofriante sonrisa.
─ ¡¿Carrera nocturna?! Gai-sensei, creo qu-
─ Haruno. ─ le llamó Kakashi. Al voltear a verlo, lo encontró de pie haciendo ademán de quitarse la minúscula toalla alrededor de su cintura. ─ ¿Te importa?
─ ¡OI, KAKASHI! ─ se alarmó Gai, cubriéndolo con la manta de su camilla ─ Discúlpalo Sakura-chan, es sólo que-
─ No hay nada que no haya visto antes, ¿cierto? ─ preguntó, volteando su rostro lo suficiente para que se apreciara su petulante y sensual sonrisa.
─ ¿Eh…? ¡¿QUÉEEEE?! ─ gritó Gai, cubriéndose dramáticamente la boca con ambas manos y soltando la manta, la cual cayó lentamente al piso, permitiendo que Sakura pudiera ver paulatinamente el perfecto y suculento culo de Kakashi.
─ Es mi enfermera, después de todo.
─ ¡POR KAMI-SAMA, VÍSTETE! ─ bramó Sakura, saliendo como un vendaval de la habitación, o de lo contrario le rompería esa sonrisa socarrona, y no estaba muy segura de sí lo haría a puñetazos o a besos.
'¡¿Cómo diablos se le ocurre hacer eso frente a Gai-sensei?!'
Tuvo que apurar su paso al baño más cercano para limpiar los restos de humedad que comenzaban a hacer incómodo su caminar. Se lavó la cara para aclararse, y después de varias respiraciones profundas, pudo recomponerse.
Al regresar, tuvo la precaución de tocar la puerta antes de entrar.
─ ¡Pasa, Sakura-chan! ─ le abrió Gai-sensei la puerta ─ Estamos listos.
Gai se hizo a un lado para que ella pasara, y lo que vio la dejó con la garganta seca: ahí estaba Kakashi, portando luego de mucho tiempo, su nuevo uniforme de Jounin, leyendo su resplandeciente tomo color rojo de Icha Icha, y utilizando su bufanda verde...
Sakura sentía que su corazón estaba por salirse de su pecho, y le entraron unas ganas inexplicables de llorar.
─ Kakashi-sensei… ─ le llamó en un hilo de voz, acercándose embelesada a él.
El peligris detuvo su lectura, volteó a verla con lo que parecía una de sus viejas y amables sonrisas que solía dedicarle siempre, calentando su pecho, provocando que se formara un apretado nudo en el estómago, que sus rodillas se derritieran como mantequilla, y le dijo:
─ ¿Cuántas veces debo decirte que me llames Hatake? ─ dijo suavemente.
Y como si se tratara de un mazo golpeando un espejo, Sakura salió del momentáneo y falso paraíso.
─ ¡Bien, llegó la hora! ─ intervino Gai-sensei con una de sus abrumadoras sonrisas ─ Descuida, Sakura-chan, yo mismo me encargaré de traerlo de vuelta. Puedes confiar en mí.
Sakura pareció pensárselo unos segundos, pero terminó asintiendo. Después de todo, al día siguiente empezarían con su "entrenamiento", luego de ver lo bien que aparentemente había respondido al exhaustivo tratamiento al que había sido sometido todos esos meses. La carrera que proponía Gai-sensei era una perfecta oportunidad para despejar cualquier duda que podría quedar sobre el estado físico de Kakashi.
─ Antes necesito revisar su flujo de chakra. Itachi-kun reportó que se encontraba algo bloqueado. Y debes tomarte las medicinas y comer al menos un onigiri. ─ dijo, mientras se acercaba a él y lo hacía sentarse en su camilla para examinarlo. Él se limitó a gruñir con fastidio, pero la dejó ser. ─ Cierra los ojos.
Sakura comenzó a enviar pequeñas oleadas de su propio chakra por los puntos que Itachi le había señalado, sorprendiéndose al sentir cómo inmediatamente al entrar en contacto con ella, se relajaban. Su chakra parecía un peine que desenredaba cariñosamente cada nudo de las redes de Kakashi, dejándolo impecable.
─ ¿Has estado estresado estos días por algo en particular? ─ le preguntó.
─ Al contrario, me he sentido de lo más tranquilo. ─ respondió el burlonamente.
Sakura rodó los ojos con fastidio, pero decidió no responderle. Sabía lo mucho que odiaba el hospital, y francamente se encontraba sorprendida de que no hubiera tratado al menos de huir como solía hacer siempre. Supuso que se debía a que aún estaba algo inseguro de lo que encontraría afuera, además de que aún no tenía el control sobre su cuerpo como antaño.
─ Bien, estás listo. La carrera te servirá como un buen ejercicio para comenzar. Pero será algo moderado. ─ advirtió, señalando autoritariamente con un dedo a ambos ─ Sólo será una carrera de velocidad, sin uso de jutsus y deben usar moderadamente el chakra, ¿entendido?
─ ¡Sí, Sakura-chan! ─ respondió efusivo Gai-sensei, dedicándole un saludo de soldado devoto.
─ Y esto debe quedar sólo entre nosotros. Nadie se puede enterar de que Kakashi salió sin darlo de alta y sin previo permiso de Tsunade-shishou.
─ ¡Sí, Sakura-chan!
─ Y debemos regresar antes de que amanezca.
─ ¿Y me traerás cargado de regreso…? ─ agregó burlonamente Kakashi ─ Después de todo, eres mí enfermera personal, Haru-chan~.
─ Iré a avisarle a Itachi-kun. ─ respondió molesta, dirigiéndose a la puerta, pero sólo al abrirla, lanzó un gritito que asustó a los Jounin detrás de ella y los hizo ponerse en modo de defensa.
─ Tranquilos, soy yo. Itachi-kun. ─ dijo el azabache, señalándose a sí mismo y componiendo una encantadora sonrisa ─ Escuché el jaleo de Gai-san y vine a ver lo que pasaba, pero creo que está todo en orden. ─ dijo, con una sonrisa traviesa mientras sostenía a Sakura por la cintura.
─ ¡Me asustaste! ─ le gruñó Sakura.
─ Estaba por entrar cuando abriste la puerta. ─ se disculpó el Uchiha, revolviendo el cabello rosado de Sakura con cariño.
─ Haruno. Es hora. ─ sentenció el peligris, tomándola de la muñeca y llevándosela consigo hacia la ventana.
─ ¡Oye! ─ se quejó ella mientras era arrastrada. Aunque todos en la habitación sabían que podía librarse fácilmente del agarre, se encontraba conmocionada por las reacciones que causaba un simple toque del peligris.
Itachi suprimió una mueca burlona. La mirada oscurecida de macho Alpha de Kakashi y su resoplido de toro no habían pasado desapercibidos. Volteó hacia Gai, quien no tardó en sumar uno más uno, y soltó una de sus estridentes risas.
─ Contamos contigo, Itachi-san. ─ dijo el estrafalario Jounin, guiñándole el ojo y poniendo una mano en el hombro del muchacho.
─ Vayan con cuidado. ─ los despidió con una mano al verlos desaparecer por la ventana.
Se apuró entonces a hacer 2 clones de sombra, uno para que se quedara en el lugar de Kakashi, y otro para que terminara con el trabajo pendiente de Sakura.
─ Eres un encanto, Setsu-kun. ─ dijo melosamente la pelirroja mientras se agachaba y le bajaba con maestría los pantalones al hombre que recientemente había convencido para que la ayudara.
El plan era simple: el idiota de Setsu aflojaría las patas delanteras del mueble que contenía todos los frascos vacíos del laboratorio donde solía trabajar Haruno, y pegaría las puertas, de modo que, al tratar de abrirlas con fuerza, se le viniera encima y así pudiera conseguir una muestra de su sangre para poder entrar al cuarto de Kakashi.
O al menos eso esperaba… Kaede sólo había dicho que era una posibilidad, pero necesitaba intentarlo.
Justo en el momento en que Setsu gruñó de placer cuando Hiromi tuvo su miembro dentro de su boca y la sostuvo del cabello para controlar la velocidad, se desconectó completamente, resguardándose en su lugar seguro.
****9 años atrás****
Manchones de distintas tonalidades de verde y marrón se desdibujaban ante ella. Pronto sintió la fresca y húmeda brisa nocturna que le daba directamente en la cara. Su cuerpo estaba engarrotado, y cada uno de sus músculos le dolían como el infierno.
─ No te preocupes, ya estás a salvo. ─ le afirmó una voz grave y relajada que le hizo levantar la cabeza.
Una mata de cabello gris desordenado le cosquilleaba en la mejilla izquierda. Reconoció inmediatamente el chaleco blanco de los ANBU de Konoha, y se desvaneció al instante, sintiéndose a salvo luego de muchísimo tiempo.
Lo único que recordaba después de eso es que se encontraba en una cabaña pequeña y vieja, que sólo contaba con una chimenea llena de telarañas en la que crepitaba un débil fuego que estaban tratando de avivar 2 ANBU más.
A su lado, se encontraban otras 2 chicas; una que estaba dormida y otra que lloraba silenciosamente hecha un ovillo.
─ Toma. ─ le tendió el ANBU de cabello gris que portaba una máscara de lobo ─ Come, descansaremos aquí esta noche.
Le ofreció un onigiri también a la chica que se encontraba a su lado, quien lo aceptó gustosa y comenzó a devorarlo ansiosamente. Parecía que no había probado bocado en años.
─ Todas esas escorias están muertas. ─ dijo el peligris, viendo como ella seguía temblando y volteando hacia todas partes, como esperando un posible ataque ─ Ya no hay nada que temer.
El hombre se levantó y se dirigió a la chimenea, y haciendo varios sellos, creo una llamarada de fuego que encendió la leña que no habían logrado avivar por la humedad del lugar. Hiromi comenzó a comer su onigiri que le supo a gloria, y sin darse cuenta rompió a llorar.
Se había terminado. Realmente se había terminado…
Habían pasado tantos años ya, que casi no reconoce la entrada de Konoha cuando llegaron la mañana siguiente. Estaba un poco decepcionada porque el ANBU de cabello gris no la había llevado en su espalda esta vez, pero se sentía segura al ver esa desordenada mata liderando el frente.
Al llegar, se encaminaron directamente al hospital, donde desaparecieron todos los ANBU, menos él.
Se quedó con ella y con las chicas hasta que fueron atendidas, y supo que esperó afuera de su habitación para asegurarse de que ellas estaban bien. Al menos, todo lo "bien" que podría estar...
─ Bien, me retiro entonces… ─ escuchó que él le comentaba a la enfermera.
─ Sí. Gracias por sus servicios. ─ le despidió ella a su vez.
─ ¡NO! ─ gritó Hiromi, aterrada ante la idea de que él se fuera. Pronto apuraron sus pasos tanto el ANBU como la enfermera para ver qué estaba mal.
─ ¿Sucede algo Raito-san? ─ preguntó ella ─ ¿Le duele algo?
─ N-No… yo, yo solo… ─ balbuceó avergonzada y completamente sonrojada mientras veía de reojo al ANBU que no se había quitado su máscara aún, y que seguía en el umbral de la puerta, como si fuera parte de la pared.
La enfermera sonrió asintiendo.
─ Si necesita algo o tiene alguna molestia, sólo debe presionar este botón, y alguien vendrá de inmediato.
Hiromi asintió.
─ Con permiso. ─ se retiró. El ANBU seguía inmóvil y Hiromi sentía que su corazón estaba por salírsele del pecho.
─ Anbu-sama… y-yo quería agradecerte. Realmente creí que no saldría de ahí. ─ le dijo con la voz cortada, arrugando las sábanas y subiéndolas a la altura de su pecho, tratando de cubrir el miedo que sentía de sólo recordar el infierno donde había estado confinada ─ Siento que si duermo despertaré en ese cuarto de nuevo, y yo n-no podría…
─ Todo está bien. ─ le interrumpió el peligris, poniendo una mano sobre su cabeza ─ Ya estás en casa.
El tiempo se congeló en ese momento. Sin saberlo, ésas eran las palabras que Hiromi tanto ansiaba escuchar.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
El gemido de placer que soltó Setsu al llegar al orgasmo la hizo despertar. Se retiró su ya flácido y chorreante miembro de la boca con asco, y se limpió los restos de semen que tenía en los labios.
Ambos saltaron al escuchar los pasos de alguien. Parecían dirigirse al laboratorio, y Hiromi se apuró a salir del cuarto de limpieza para ver su plan en acción, con Setsu siguiéndola de cerca.
─ ¡Pero qué dem…!
¡CRASH!
Un fuerte estruendo y millones de vidrios rompiéndose perturbó el apacible silencio de la noche.
─ Creo que ha funcionad-
─ ¡Cállate imbécil! ─ le reprendió Hiromi, cubriéndole la boca con una mano a Setsu.
Se extrañó que no se escucharan quejidos ni movimientos luego del alboroto que el enorme mueble había causado. Y estaba completamente segura de haber escuchado la voz de Haruno momentos atrás. La asaltó entonces el temor de realmente haber lastimado a Haruno, en lugar de sólo conseguir una inocente muestra de sangre. Con esa monstruosa fuerza que tanto presumía tener, estaba segura de que podría con ese mueble… no podría estar aplastada, ¿verdad?
Se mordió el labio con nerviosismo. Temblando, se movió de su lugar y se asomó despacio por el umbral de la puerta del laboratorio.
─ ¿H-Haruno-senpai? ¿Estás bien? ─ llamó sin atreverse a voltear al piso donde hacían los pedazos de vidrio hechos añicos. No obtuvo respuesta.
─ ¿T-Tobo bien? ─ preguntó Setsu igual de temeroso. Pero al asomarse por la puerta, vio que no había una sola gota de sangre.
─ ¿Cómo se ve? ─ preguntó Hiromi, quien se había pegado a la pared por fuera de la habitación.
─ Pues… no hay nada que ver.
─ ¿Cómo dices…?
─ Eso. Que no hay nada que ver, Haruno-san no está aquí.
─ Pero yo la escuché hablar. Debiste haberla escuchado tú también. ─ dijo Hiromi confundida, atreviéndose a asomarse al laboratorio por primera vez.
─ Debió tratarse de un jutsu de sustitución, o un clon de sombra. Aquí no hay nadie.
Hiromi resopló molesta y se cruzó de brazos, provocando que sus senos se apretaran más contra su escote, haciendo que Setsu salivara como un perro viendo un pedazo de carne.
─ Ni se te ocurra. Limpia esto antes de que alguien lo vea. ─ le cortó Hiromi tajantemente.
Y como perro regañado, a Setsu se le bajaron sus metafóricas orejas y su rabo, y entró a la habitación a limpiar mientras Hiromi se iba. No se suponía que debía estar en el hospital, puesto que no tenía turno nocturno, así que salió sigilosamente, ajena al par de ojos negros que habían observado toda la escena.
─ ¡HEMOS LLEGADO! ─ anunció Gai-sensei, después de lo que pareció ser una eternidad.
Habían cruzado casi toda la aldea hasta llegar a un área recóndita, donde había sólo unas pequeñas casas de aldeanos, algo lejanas una de la otra, y donde había un espeso bosque de árboles altísimos. Era un área que Sakura no recordaba haber visto antes. O tal vez había quedado irreconocible como tantas otras partes de la aldea, después de la guerra.
─ ¡Gai-sensei! ¡Kakashi-sensei! ─ saludó solemne y efusivamente Lee, como siempre. Y al ver a Sakura al lado de los Jounin, sus ojos brillaron y sus mejillas se colorearon ─ ¡Sakura-san! No sabía que también vendrías… ─ la saludó con una pronunciada reverencia.
─ Buenas noches Lee. ─ saludó ella de manera cálida, acercándose al chico ─ ¿También fuiste arrastrado a esto? ─ le susurró divertida.
─ ¡Es un honor que Gai-sensei me pidiera preparar la primer carrera entre él y su eterno rival, luego de tanto tiempo! ─ dijo conmovido hasta las lágrimas.
Un escalofrío recorrió a Sakura y Kakashi.
─ ¡Bien! Como Sakura-chan mencionó, por la seguridad de Kakashi sólo será una carrera de velocidad. ─ comenzó a explicar Gai-sensei ─ Lee colocó banderines rojos que nos indicarán el camino. Quien llegue primero a la meta será el ganador.
Kakashi se limitó a asentir, tratando de concentrarse en el Icha Icha y no tanto en la ridícula copia de Gai que veía con devoción a la pelirosa.
─ Sakura-chan y Lee nos esperarán en la meta.
─ ¡Sí, Gai-sensei! ─ respondió Lee.
Sakura simplemente asintió, y se acercó sin previo aviso a Kakashi. Tomó su muñeca, para revisar su pulso y su presión.
─ No te sobre esfuerces. ─ le pidió, mientras le acomodaba bien la bufanda en el cuello y revisaba su temperatura con una mano ─ Si algo pasa, por favor deténganse y vengan inmediatamente conmigo. Si no se pueden mover envíen a Pakkun o a Ningame y yo iré directo con ustedes. Traje el botiquín para cualquier emergencia y también… ─ parloteaba Sakura, dirigiéndose hacia Gai-sensei esta vez.
─ ¿Siempre arruinas la diversión así? ─ preguntó Kakashi, mientras pasaba un brazo por la cintura de Sakura y la bajaba de la piedra donde se había subido al acomodarle la bufanda. Al estar sus pies en el suelo, la volteó y le dio un pequeño empujón hacia Lee ─ Espera en la meta, Haruno.
La pelirosa tuvo dificultades para no caminar como ciervo recién nacido después de que sus rodillas se derritieran.
─ Sakura-san, ¿estás bien? ─ preguntó Lee preocupado, al ver el ligero temblor que sacudió su cuerpo, sumado al fuerte sonrojo que asaltó a sus mejillas.
─ ¡Estoy bien! Vamos. ─ respondió ella con voz chillona y caminando sin saber hacia dónde tenía que ir.
─ Sakura-san, es hacia el lado contrario. ─ intervino Lee ─ Acompáñame, te mostraré el camino.
Sakura evitó a toda costa mirar hacia Kakashi, y siguió al estrafalario chico de traje verde.
─ ¿Listo Kakashi? ─ preguntó entusiasmado Gai, haciendo sus estiramientos.
El peligris había guardado en su bolsillo su tomo de Icha Icha, y veía con una presuntuosa sonrisa el lugar por donde se había marchado una temblorosa Haruno, seguido del mini-Gai. Su pecho se hinchaba orgulloso por provocar esas encantadoras reacciones en la joven pelirosa, pero su cuerpo parecía cobrar vida propia al tenerla tan cerca. Debía ser más cuidadoso.
Todo sería más fácil si dejaran de salir idiotas tratando de tomar lo que no les pertenecía. Parecían cucarachas brotando de la alcantarilla, queriendo llegar al trozo de pastel en la cocina. Pastel que había sido servido para Kakashi. No para Itachi-kun, no para el cabrón de Genma, no para Irie-san (quienquiera que fuera ese idiota), y ciertamente NO para el mocoso de Lee. Para ÉL.
Aún no estaba seguro del por qué o quién le había mandado preparar ese delicioso postre, si a él no le gustaban las cosas dulces… pero que se jodieran. Era suyo, y él sabía lo que hacía con sus cosas.
─ ¡Oi, Kakashi! ─ le llamó Gai nuevamente, poniendo una mano en su hombro. Al darse cuenta de que el peligris no reaccionaba y seguía viendo hacia el mismo lugar, soltó una risa con ganas.
Siempre quiso ver a su solitario camarada feliz, y sabía que esa pequeña kunoichi había logrado lo que nadie más había podido: se había colado en la coraza que con tanto esmero había construido a su alrededor. El hecho de que aún sin recordarla, la reconociera decía mucho al respecto.
Realmente lo lamentaba por Lee, pero sabía que él se repondría. Vamos, si era como él cuando joven. Chicas no le faltaban.
─ Son encantadores juntos, ¿verdad? ─ dijo Gai, pasando su brazo por los hombros de Kakashi y captando su atención inmediatamente. Sonrió victorioso ─ Mi apreciable Lee ha estado prendado por la hermosa Sakura-chan desde que eran unos tiernos genin de 12 años… Parece ser que los esfuerzos por conquistarla todos estos años por fin están dando sus frutos.
─ No es de mi incumbencia. ─ gruñó Kakashi, zafándose de su agarre.
─ Kakashi, tu ex alumna ─ recalcando la palabra EX ─ y mi ex alumno son una potencial pareja. Claro que es de toda nuestra incumbencia que consumen la flamante llama del amor que-
─ ¿A qué hora empezamos? ─ le interrumpió.
Gai sonrió radiante.
─ En el momento en que Lee dispare la bengala roja. Supongo que encontraron un encantador lugar para poder-
¡BANG!
Se disparó la bengala roja. Kakashi se arrancó sin más dentro del bosque, buscando como un poseso el camino de pañuelos rojos para llegar la meta. Meta donde más le valía a Haruno estar esperando a una prudencial distancia del mocoso.
Gai tardó alrededor de 30 segundos en asimilar lo que había pasado. Parpadeó confuso, y volteó atónito a ver el rayo plateado que había salido disparado en un abrir y cerrar de ojos.
Sakura estaba sentada en una de las enormes raíces de un viejo sauce llorón que se encontraba en lo que habían acordado como "la meta". Sus rodillas seguían siendo mantequilla derretida y su entrepierna goteaba de excitación por la carrera, como si ella estuviera participando. Al escuchar el ¡BANG! de la bengala, un torrente de adrenalina se disparó en sus venas.
Sabía que Kakashi ganaría, y el imaginarlo llegando sudoroso, agitado, victorioso…
─ Sakura-san. ─ le llamó Lee.
─ ¿Sí? ─ respondió en un hilo de voz.
─ Te preguntaba si irás a la fiesta de este sábado.
─ ¿Fiesta? ─ preguntó confusa, no recordaba ninguna fiesta.
─ Sí, ya sabes… ¿el cumpleaños de Shikamaru e Ino? ─ le recordó Lee pacientemente ─ Tú fuiste quien nos propuso el lugar… ¿Te sientes bien? Estás algo distraída. ¿Sí comiste bien? ¿Estás descansando bien?
Sakura sonrió con ternura ante la preocupación de Lee.
─ Sí, disculpa, sólo ha sido una semana pesada. ─ respondió ella ─ No sé cómo olvidé cumpleaños de Ino… me asesinaría si llego a faltar después de haberlo organizado yo misma. Has salvado mi vida. ─ le sonrió.
─ ¡Es un honor, Sakura-san! ─ respondió emocionado Lee.
Ambos rieron.
─ Gracias a Kami-sama, su regalo sí que lo conseguí a tiempo.
─ ¿Qué le has comprado?
─ Un conjunto deportivo para entrenar que vimos hace unos meses en un pequeño pueblo, cerca de aquí. Y una membresía de un año para las aguas termales de Kitarou.
─ ¿Aguas termales Kitarou…? ─ dijo pensativo Lee ─ ¡Espera! ¿No es ahí a donde iremos?
─ Así es. ─ confirmó ella ─ La señora Kitarou estuvo viniendo unos meses atrás por problemas de artritis. Logré curarla y estaba tan agradecida que me regaló dos membresías junto con un libreto de cupones gratis.
─ Eres asombrosa, Sakura-san. ─ la felicitó Lee.
─ N-No es para tanto. ─ respondió ella avergonzada.
─ ¡KAKASHIIIIIIIII~! ─ se escuchó el eco de la voz de Gai-sensei de repente.
─ ¡Ese fue Gai-sensei! ─ se levantó de un salto Lee.
─ ¡Algo le pasó a Kakashi! ─ le siguió Sakura.
Ambos se adentraron con prisa al espesor del bosque, siguiendo los pañuelos rojos que Lee había colocado.
─ ¡Espera Sakura-san! ─ advirtió Lee.
─ ¿Qué pasa? ─ se puso alerta la pelirosa.
─ Debemos separarnos, cree dos caminos distintos para llegar a la meta. Podrían estar en cualquiera de los dos.
Sakura volteó entonces, y vio ambos caminos, indecisa sobre cuál escoger. ¿Y si escogía el camino equivocado? Cada segundo contaba.
─ Me iré por el de la izquierda. Creo que Gai-sensei habría tomado ese. Tu ve por el otro. Si lo encuentro antes que tú, enviaré otra bengala para que te dirijas a nosotros.
─ ¡Gracias Lee! ─ dijo Sakura, apurando su paso, sintiendo su corazón en la garganta.
Kakashi se detuvo a tomar agua. Estaba agitado, aunque no como para desfallecer, pero sabía que no tenía ni un cuarto de la velocidad que antes. Su cuerpo se sentía pesado. Tenía que hacer algo al respecto.
Es por eso que llamó a Pakkun, y le pidió que quitara unos pañuelos rojos y los esparciera por ahí, creando un tercer camino que llevaba hacia el inicio de nuevo. Mientras, él aprovechaba en recuperar un poco el aliento.
─ Listo. Gai mordió el anzuelo. ─ dijo Pakkun, apareciendo ante él.
─ Gracias Pakkun.
─ Kakashi.
─ ¿Hm?
─ Ya estás viejo.
─ Pakkun.
─ ¿Hm?
─ Largo. ─ le hizo un gesto con una mano. El pequeño ninken desapareció riendo.
Kakashi suspiró, y se tiró en el césped frente al claro, calculando el tiempo que le quedaba para emprender su marcha de nuevo.
Apenas había recargado su cabeza, cuando escuchó el movimiento de hojas y los 'cracks' de pequeñas ramas rompiéndose, indicándole que alguien venía hacia su dirección. Alguien que tenía mucha prisa y que olía a flores…
─ ¿Haruno…? ─ dijo su nombre, justo cuando Sakura saltó de una rama alta, llegó al nivel del suelo y avanzó corriendo por su vida hacia donde él se encontraba. No le dio tiempo para reaccionar.
Sakura sí escuchó como Kakashi la llamaba, pero cuando logró divisarlo frente al lago, ya iba con demasiada velocidad, persiguiendo los destellos rojos, que lo único que la frenó fue el cuerpo del sorprendido peligris, que apenas se estaba incorporando, cayendo irremediablemente los dos al agua.
Salieron dando una gran bocanada de aire y tosiendo compulsivamente.
La orilla del claro no era profunda. Le llegaba a la cintura a Kakashi, y poco más debajo de sus pechos a Sakura. Una vez se calmaron, la fresca brisa les hizo temblar a ambos, erizándoles la piel.
─ ¿Se puede saber que fue eso? ─ preguntó Kakashi. Tratando de estar molesto por el ataque directo hacia su persona, pero fallando estrepitosamente al ver a Haruno empapada, con su vestido rojo y su bata blanca ciñéndose obscenamente a cada una de sus curvas. El frío provocando que sus pezones se apretaran contra la húmeda tela, y sus mejillas sonrosadas.
─ ¡No f-fue mi culpa! Escuchamos que G-Gai-sensei gritó como un loco tu nombre, pensé que algo malo te había pasado. ¡No podía solo quedarme esperando a que llegaras herido o inconsciente!
─ Era sólo una carrera, Haruno. Lo peor que me podría haber pasado era un tropiezo. ─ respondió, relamiéndose internamente de verla en ese estado. Su bata blanca había caído de su hombro derecho por el peso del agua, y escuchar y ver cómo se preocupaba por el hacía que un extraño sentimiento de vértigo se instalara en la boca de su estómago.
─ Aun así, yo… ─ se mordió el labio.
'Grave error'.
─ Vete. ─ ladró Kakashi.
─ ¿Qué? ─ parpadeó confusa Sakura.
─ Que te largues. ─ recalcó el ─ Ya viste que estoy bien, ahora desaparece.
─ ¡Sólo estaba preocupada! ¿Cuál es tu maldito problema? ─ se enojó ella.
─ Tú presencia es mi maldito problema. Piérdete. ─ advirtió una vez más.
─ ¡Eres un IMBÉCIL! ─ vociferó Haruno, aventándole agua.
Kakashi se bajó la máscara y se pasó una mano por la cara, tratando de calmarse. Estaba en peligro. Ambos lo estaban, ella se tenía que ir.
─ ¿Y por qué sigues aquí si soy tan imbécil? ─ preguntó en un tono bajo. Grave. Se acercó a ella, en un intento de intimidarla con su estatura, esperando que lo empujara o lo golpeara como había hecho en otras ocasiones. Así los dos estarían a salvo. Él no podría controlarse ya por mucho tiempo ─ Dime Haruno, ─ la tomó de ambas muñecas, y sin querer, la despegó del nivel del suelo ─ ¿Por qué insistes en perseguirme y molestarme si ambos sabemos que me soportas tanto como yo te soporto a ti…?
El movimiento del agua hizo que el ahora flotante cuerpo de Sakura se pegara al de Kakashi.
─ Hatake… ─ gimió ella, al sentir como sus sexos se rozaban involuntariamente.
Sus pupilas estaban dilatadas, no estaba oponiendo nada de fuerza, y pasó su pequeña y rosada lengua por su labio inferior.
─ Tu lo pediste, Haruno. ─ gruñó Kakashi, mientras devoraba como un muerto de hambre esa prohibida boca sabor frambuesa.
Aunque le fuera la vida en ello, Kakashi no se habría detenido. La boca de Haruno era el fruto más exquisito que hubiera probado antes. Lamía, mordía y tanteaba sus labios, disfrutando del temblor que asaltaba su pequeño cuerpo ante cada caricia.
Si bien Haruno había sido tímida al principio, después del shock inicial le estaba devolviendo el beso con la misma urgencia que él.
Luchó para que le soltara las muñecas. Kakashi estaba reticente, no quería dejar ir esos labios, pero al darse cuenta de que la pelirosa no se iba a separar de él, la obedeció. Acto seguido, enredó sus manos en su mojado y desordenado cabello gris, acercándolo y frotando su cuerpo contra él. Kakashi gruñó complacido, y teniendo ya sus manos libres, estrechó a Haruno con firmeza, para después recorrer la curva de su cintura y descender hasta su perfecto y bien formado culo, el cual apretó y utilizó para alzarla, haciendo que enredara sus piernas en su cintura, y recargarla contra una enorme roca cercana.
Comenzó a embestirla, aún con la ropa puesta, y estaba tan duro que sentía que, si seguía con ese ritmo y ese movimiento, terminaría por romper todo tipo de barrera que los separaba y la haría suya de la forma más violenta y primitiva. El sólo pensarlo lo llevó al borde del orgasmo, y mordió el labio inferior de Haruno con fuerza para contenerse, pero cuando comenzó a saborear el metálico sabor a sangre, sintió como la pelirosa se tensaba y gemía descontroladamente mientras rasguñaba su espalda, rompiendo la tela de su camisa.
