Capitulo 10
Inevitable ardor
Mas
no soy para ti... ¡Si entre tus brazos Nunca será... para mi negra vida Y quisiera
morir... ¡pero en tus brazos,
la suerte loca me arrojara
un día,
al terrible contacto de tus labios
tal vez mi
corazón... se rompería!
la
inmensa dicha del amor no existe...
sólo nací para llevar en mi
alma
todo lo que hay de tempestuoso y triste.
con la embriaguez de la pasión más
loca,
y que mi ardiente vida se apagara
al soplo de los besos
de tu boca!
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Respiro con furia contenida. ¡Aquello no podía estar sucediendo! Grito con rabia y agarro la espada más cercana a ella, sacándosela a un guerrero que estaba a su lado. Varias de las personas que estaban presentes, retrocedieron asustadas. Un hombre alto y delgado se acercó hasta ella y le quito violentamente la espada que tenía en las manos. Okita miro desaprobadoramente a Tomoe.
"Querida hermana, te sugeriría que controlaras tu terrible temperamento…" Bufo con firmeza. Tomoe se levanto del suelo y gruño, golpeando al pecho de Okita con su mano. El líder del primer escuadrón de los Shinsengumi, ni siquiera se inmuto.
"¡No me digas que es lo que tengo que hacer, Okita!" Bramo furiosa "¡No cuando tus subordinados son tan inútiles!"
"Tendrías que haber estado controlando a tu hombre, Tomoe… Quizás así podríamos haber tenido un poco de éxito en nuestra misión…" Fijo Okita refiriéndose a Kenshin.
"¡No tengo la culpa de que no pudieras capturar a esa mujerzuela salvaje!" Estallo la pelinegra "¡Tus guerreras tendrían que haber traído a esa Kamiya en vez de traer mujeres descuartizadas!… ¿¡Que clase de guerreros tienen los Shinsengumi!?" Una sombra, no muy lejos de ellos, chisto.
"Quizás tu pequeña hermanita no se ha detenido a analizar los hechos…" Dijo una voz rasposa, llamando la atención "… Es por su culpa, que nuestras guerreras fueran asesinadas… ya que no supo… ¿Cómo diría?… ¿Entretener?… a su hombre…" La miro, fríamente "… ¿Qué pasa, zorra? ¿Acaso ya no satisfaces eficientemente a Battousai, o él es demasiado para vos?"
"Saito…" Suspiro Okita, cansado.
"¡Maldito Lobo!" Grito Tomoe. Saito rió.
"Así que era eso…" La miro con asco. "Era hora de que se diera cuenta que una puta como vos, jamás va a estar al nivel de un enemigo mío…" Tomoe quiso lanzarse encima, pero Okita la sujeto.
"¡Voy a matarte! ¡Juro que no voy a parar hasta verte suplicando!" Grito, furiosa. Okita miro duramente a Saito.
"Esta bien, esta bien… pero que conste que me voy por que me lo pediste…" Miro fijamente a Tomoe. "Tus días están contados, bruja… Kamiya va a sacarte a Battousai, por lo que me dijeron es muy hermosa…" Le sonrió cínicamente. "Yo que vos, ya me voy buscando a otro estúpido con poder para sacarle provecho o si no terminaras como una cortesana cualquiera…" Rió, saliendo de la habitación. Tomoe se soltó bruscamente de su hermano.
"¿Como es que tienes a esta clase de personas aquí?" Dijo con asco.
"Es el mejor capitán de todos nosotros… además, tiene una cosa en común contigo…" Tomoe lo miro horrorizada. "Ambos me protegen… Saito a sido un excelente protector durante las últimas batallas… dado mi delicado cuadro de salud, él ha sido el único que me ha protegido adecuadamente hasta el momento…"
"OH hermano…" Lo abrazo. "Soy tan egoísta…" Okita le sonrió.
"No te preocupes… Kenshin es todo lo que amas y deseas… Es obvio que estés así luego de que fallamos en secuestrar a Kamiya…" Tomoe frunció su ceño.
"¿Secuestrarla?" Pregunto. "Yo quería que la asesinaran…" Okita se sentó, algo cansado.
"Nosotros la necesitamos… Por eso nos pareció esplendida tu idea…"
"Yo me libraba de ella y ustedes ganaban, teniéndola…" Razono. "Ahora los dos estamos como la mierda…"
"Lo único que sabemos es que Katsura movió a una parte importante de los Patriotas para buscarla…" Miro a Tomoe. "Incluso su mejor hombre esta buscándola…" Ella mordió su labio inferior, dolida. Okita se limito a mirar hacía el suelo.
"Él solo imaginármelos juntos, hace que quiera descuartizarla sin piedad…" Aseguro. "La odio… y la deseo lo más lejos posible de mi hombre…"
"Eso confirma nuestras sospechas…" Afirmo. Tomoe parpadeo, mirándolo nuevamente.
"¿Cómo?"
"Como entenderás estamos en medio de una guerra… Nosotros, los Shinsengumi que queremos proteger nuestra cultura y al verdadero Japón… Y los Inshin Shishi o Patriotas, quienes desean abrir las puertas de nuestro país argumentando que somos unos atrasados y que necesitamos de occidente… ¡Basura!… Durante los últimos años hemos estado programando estrategias para ganarle al enemigo, como fuese…"
"Desearía que ya terminaran con esta maldita guerra…" Dijo Tomoe. "La odio. Me importa un comino quien gane, solo quiero vivir en paz…"
"Algo en lo que disentimos fuertemente, querida hermana…" Sonrió Okita. "Como te iba diciendo, hemos recaudado información del enemigo… y como sabrás Mutsuhito es el máximo exponente del Clan de los Inshin Shishi… Su Jefe…"
"He oído hablar de él…" Dijo, desinteresada.
"Bueno, según algunas fuentes internas nuestras Mutsuhito no tiene una vida tan limpia, después de todo y hemos obtenido información de vital importancia para la guerra…"
"Suéltalo de una vez…"
"No estábamos seguros, pero gracias a ti, hemos corroborado esa información…" Se excito Okita. "Ahora lo veo todo claro, todo encaja perfectamente…"
"¡Dilo ya!" Apuro ella.
"Nuestras fuentes nos informaron hace poco que Kaoru Kamiya podría ser una supuesta hija no reconocida de Mutsuhito…" Tomoe le presto atención, por primera vez en toda la noche. "No teníamos como probarlo, por lo tanto hasta el momento no habíamos actuado…" Se levanto, contento. "Katsura es el hermano menor de Mutsuhito… y su propio tío la ha dejado en evidencia… Si no fuera la hija de Mutsuhito, ¿Por qué entonces a Katsura le urge tanto encontrarla, que ha puesto a sus mejores hombres e informantes en la búsqueda?" Levanto un brazo. "¡La verdad ha salido a la luz! ¡Eureka!" Tomoe lo miro, pálida.
"Estas diciendo que…"
"Si… Kaoru Kamiya es la Princesa de los Patriotas…" La palidez de Tomoe se hizo más pronunciada y solo pudo sentarse, antes de caer al suelo de la impresión.
"¿Aquella mujerzuela es la hija del Emperador Meiji?" Okita la miro, molesto.
"Todavía no es emperador, querida hermanita…" Advirtió. "Nosotros todavía estamos luchando por ello…" Tomoe lo miro.
"Tendrías que renunciar a esta guerra… tú no sabes cuantas tropas y hombres tiene Mutsuhito en todo Japón…" Dijo. "Estas en peligro… sabes perfectamente que cada vez son más los hombres que se unen a la causa de los Patriotas…"
"No voy a abandonar… No, yo voy a dar mi vida por esta guerra… esa es mi convicción…" Le gruño. "Quizás tú tengas sueños bonitos donde estas junto a tu amado asesino pelirrojo…"
"No le digas así…" Le advirtió Tomoe.
"Teniendo una casa linda, un patio hermoso y pequeños hijos pelirrojos junto a él…" Se acercó hasta ella y la zamarreo. "¡Despierta, Tomoe! ¡Estamos en medio de una guerra en la cual tu prometido es el mayor culpable de toda la sangre que se derrama en todo Japón! ¿Y tú lo único que haces es pensar en ti misma?" La miro incrédulo. "A veces podes llegar a ser muy egoísta… Trata de entender, estamos en una guerra… tenemos la responsabilidad de elegir uno camino u otro…"
"¡Yo voy a elegir mi propio camino… y va a ser junto a él!…" Grito. "Voy a hacerlo cambiar de parecer y nos vamos a ir lejos, donde podamos vivir tranquilos…" Okita se rió.
"¿Eso crees? ¿Crees que el mejor asesino de todo Japón se va a ir así como así? ¿Crees realmente que Mutsuhito va dejar escapar a su mejor hombre?... ¡Sos una estúpida!"
"¡No me llames así!"
"Sos una completa egoísta e ilusa… ¿No crees que Battousai tiene sus propios motivos para luchar? ¿O pensas realmente que lo hace exclusivamente para protegerte? Battousai jamás va a dejar esta batalla… él es un asesino y es capaz de todo… y principalmente de dejarte, si ese fuera el caso…" Tomoe tenía los músculos de su mandíbula apretada.
"¡No, él jamás lo haría!" Se desespero. "¡Lo voy a hacer cambiar de opinión! ¡Voy a hacerlo desistir de toda esta absurda guerra! ¡Él va a dejar todo esto! Nuestro amor es mas fuerte…" Tomoe lo miro, dolida y distante. "Tú encargate de Kamiya… me importa un carajo que hagas con ella… matala, viólala… no me importa… solo aléjala de Kenshin… ¡No lo voy a perder… ni por ella ni por nadie!" Y Tomoe salió de la habitación con paso decidido. Okita miro hacia la puerta por donde su hermana había salido.
"Sos una estúpida hermanita…" Suspiro. "Ya lo perdiste…" Sonrió nostálgicamente. "Yo lo se mejor que nadie…" Okita cerró sus ojos y suspiro nuevamente. La imagen de una hermosa mujer caminando por un burdel, pego en su memoria. "Ella es capaz de embrujar a cualquiera con una sola mirada… Battousai seguramente ya cayó…"
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Kaoru cruzo sus brazos fastidiada. Odiaba sus tobillos. Ahora más que nunca. Ya habían pasado cinco días y Kaede no dejaba que se levantara de la cama. La atendía todo el día y encima la fuerte presencia de Kenshin Himura no hacía las cosas más fáciles. La convivencia con él era absolutamente distante, todo el tiempo salía a cazar para la cena o el almuerzo. Ella insistía en que Himura parecía otra persona cuando no tenía una espada en la mano. Casi nunca lo veía en la casa y cuando estaba, se la pasaba frente a la chimenea de piedra que Kaede tenía en su comedor.
Tosió con fuerza. Detestaba estar en la cama, como una invalida. Odiaba no poder hacer algo para ayudar en la casa. Ya no le dolían los tobillos y podía moverlos perfectamente, solo Kaede insistía que aún sus heridas nos estaban sanas. Los golpes de su cara, ya habían desaparecido. Solo un pequeño corte en el labio, seguía sanándose. Bufo por tercera vez en aquella mañana y decidió salir de allí.
Alejo la frazada de su cuerpo y con algo de inseguridad, poso sus pies en el suelo. Arrugo su nariz, al notar que el piso estaba frío. Suspiro, para tomar fuerzas y se puso de pie, apoyándose en la cama. Gimió, aún podía sentir un poco de dolor. Pero atribuía aquello, a la poca costumbre de soportar su peso, últimamente. Intento hacerlo sola, soltándose de la cama. Pero fallo estrepitosamente, cayendo al suelo. Grito ante el impacto. La puerta se abrió de golpe, y unos pasos se escucharon acercándose. Kaoru arrugo su nariz y contrajo el rostro, adolorida. Su trasero se había llevado la peor parte.
"Se lo que me vas a decir, Kaede… pero realmente, no soporto un segundo más en esa cama…" Trato de levantarse, agarrándose de la orilla de la cama. Unos brazos firmes y duros, la rodearon. Kaoru se sonrojo sorpresivamente al entender que aquellos brazos no podían pertenecer a la viejecita que ella conocía.
"No soy Kaede…" Susurro una gruesa voz, cerca de su oído. "Y lo mejor será que descanses…" Kenshin hizo un hábil movimiento, fácilmente cargo su cuerpo y la dejo en la cama. Cuando el dueño de aquella voz se materializo frente a Kaoru, ella no pudo evitar sonrojarse más aún. Él frunció su ceño. "Estas roja, ¿Tenes fiebre?"
"No… seguramente es por el trabajo que me costo levantarme…" Kenshin la observaba intensamente. Se veía terriblemente encantadora con las mejillas rosadas. No conservaba casi ninguno de los golpes que había recibido y podía ver completamente, un inconveniente bastante jodido para él. Aquellos ojos azules jades, eran intensamente hermosos y no hacía otra cosa que destacar su feminidad. Aquella jovencita exudaba sensualidad con cualquier leve movimiento. Y ciertamente había tenido que inventar cualquier excusa absurda, para estar lejos de aquel fuerte encanto que ella suponía en él. Kaede lo sabía. Aquella vieja, lo sabía mejor que nadie y disfrutaba metiéndolo en líos.
"Bien, lo mejor será que descanses…" El rostro de ella se contrajo.
"Sr. Himura… quiero levantarme…" Kenshin volteo, para mirarla.
"Lo siento, Kamiya… usted debe descansar y reposar… lo mejor será que se reponga lo más ante posible, para volver…" Kaoru apretó las sabanas que estaban cerca de sus dedos.
"¿Acaso no entiende que no quiero volver?" Kenshin se acercó.
"Y usted acaso no entiende que debe volver…" Kaoru lo miro directamente. Kenshin quedo prendado de su mirada. Intensa y llamativa. "Ordenes son ordenes…"
"Por favor…"
"No sirve de nada que me ruegue…" Dijo fríamente. "No voy a ceder…" Kenshin volteo nuevamente, caminando hacía la puerta de la habitación. Kaoru levanto su barbilla.
"Bien… entonces yo tampoco voy a ceder…" Kenshin ladeo su cabeza, para mirarla al mismo tiempo que Kaoru salía de la cama e intentaba caminar rápidamente. Con un poco de voluntad, llego hasta la puerta e intento salir, pero Kenshin le corto el paso.
"Usted no va a salir de aquí…" Kaoru lo enfrento. Kenshin tuvo que parpadear, ella lo miraba con una pasión y decisión que nunca antes había visto en su mirada. Aquello lo excito. Carraspeo para tratar de salir de su lujuria.
"Kaoru… Ese es mi nombre, si tan difícil es decirlo pues no me dirija más la palabra y listo…" Se apresuro a decir, molesta. Intento apartarlo, pero Kenshin ponía su cuerpo fuertemente. Suspiro irritada ante su acción.
"No salís de acá, Kaoru…" Murmuro él. Kaoru dejo de forcejear, su nombre pronunciado de aquella forma. Simplemente era pecaminoso. Kenshin la miro incrédulo de su propia acción. Había pronunciado su nombre de una manera muy profunda, como si quisiese que quedara grabado en su mente. ¡Diablos! Molesto consigo mismo por caer levemente en su encanto, la alejo de la puerta, empujándola. "Esa es mi última palabra…" Kaoru se levanto del suelo, furiosa y se planto frente a Kenshin con sus brazos en la cintura.
"Voy a salir de esta habitación… te guste a vos o no…" Dijo con rudeza. Ella puso su cuerpo, para correrlo pero Kenshin la agarro de las muñecas, para detenerla. "Suéltame, Kenshin…" El pelirrojo parpadeo, deteniéndose en ese momento. Le pareció tan natural, tan propio, tan familiar escuchar su nombre de la dulce boca de ella que jadeo instintivamente. En Ese preciso instante, Kaoru se soltó y se alejo para mirarlo, sonrojada. Kenshin carraspeo. Salir de aquel aprieto era lo que quería con todas sus fuerzas.
"Quizás no lo notes… pero Kaede ha cuidado devotamente de ti, todos estos días… y no me gustaría menospreciar su trabajo, amor y dedicación…" Kaoru le lanzo una sola mirada que logro petrificarlo. Nunca antes una mujer lo había mirado de esa manera. ¡Ni siquiera un hombre! Sin previo aviso ella salió de la habitación, molesta con él. ¡Mujeres! Por eso las quería más lejos que cerca. La siguió. Kaoru estaba en el pasillo, y ni siquiera había avanzado mucho, se recargaba tediosamente sobre la pared. Kenshin corrió a socorrerla, y justo cuando parecía desfallecer, él la alzo en sus brazos. Ella se sonrojo y lo miro, furiosa.
"¿Me dejas intentarlo por mi misma?" Él resoplo.
"Sos más terca que una mula" Ella frunció sus ojos e inflo sus cachetes de una forma tan adorable, que él tuvo muchas ganas de reír, pero se contuvo. Un asesino no reía ¿o si? La llevo hasta el sillón del comedor y la dejo suavemente allí. "Esperame, voy por algo para que comas…" El pelirrojo se alejo, dejándola sola. Kaoru se arremango el kimono desgastado y se propuso ponerse de pie nuevamente, estaba convencida que caminando podría obtener más seguridad en sus pasos. Miro hacía la puerta, por si Kenshin volvía y suspiro tranquila. Se soltó del sillón y camino tranquilamente intercalando el peso de su cuerpo de un pie a otro. No le dolían, pero si molestaban un poco. Camino tranquilamente hacía la cocina, simplemente por el gusto de verlo enfadado. Lo encontró cortando un poco de pan, de espaldas a ella. Sonrió y se acercó sigilosamente. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, una molestia la hizo tambalearse y cayó sobre su espalda.
"¡Oh no!" Grito ella. Kenshin, sin muchos esfuerzos, se dio rápidamente vueltas y la apretó contra su pecho. Kaoru se quedo sin aliento, al sentir el calor del cuerpo del pelirrojo. Kenshin rodeo el fino cuerpo de la ojiazul y para cuando se quiso dar cuenta, estaba demasiado excitando. Podía sentir los pechos de ella contra su tórax. Podía sentir como lentamente la sangre llegaba a su cerebro. ¡No podía ser que con un simple y pequeño roce de aquella menuda mujer pudiera hacerlo sentir la más arrolladora de las pasiones! Cuando abrió sus ojos nuevamente ella estaba lo suficientemente cerca de su rostro, como para contar la cantidad de pestañas que tenía. Kenshin recorrió sus hipnotizantes ojos azules, sus rojos labios, su tierna piel blanca y sus encantadoras mejillas rosadas y no pudo resistirlo más.
"Tú lo buscaste…" Y la beso. Kaoru abrió su boca ante la diligente lengua del pelirrojo. Kenshin la apretó y froto apasionadamente contra su cuerpo y no pudo más que gemir, cuando sintió que ella le respondía de la misma manera. Kaoru, decidida a no dejarse amedrentar, abrazo a Battousai y se entrego desenfrenadamente a aquello. No quería perder partido. Sus bocas jugueteando, sus cuerpos en total fricción. Una danza que no estaban dispuestos a dejar de bailar. Solo se separaron cuando casi no les quedaba aire. Kaoru se alejo de él, asustada. Y Kenshin, aún conservaba la arrasante pasión de aquel ferviente beso. Ella noto un brillo bastante especial y fuerte en sus dorados ojos. Como si de repente cambiaran de color a un lavanda pasivo. Sacudió su cabeza, sintiéndose idiotizada, quizás el beso la había dejado así. Él pareció volver en si y mirarla fijamente. Ella se sonrojo.
"Lo siento…"
"¿Por qué te disculpas tú, si fui yo quien comenzó?…" Se acercó hasta ella y acarició su mejilla. Kaoru se quedo estática. "Tú me tentaste… sos tan deliciosamente encantadora…" Kaoru cerró sus ojos y puso su mano sobre la del pelirrojo.
"Yo…" Suspiro. Y él la beso, esta vez, con rapidez. "Esto no esta bien, nosotros…"
"Shh… que no pierda el encanto…" Y volvió a besarla, con más avidez. Acarició su pelo y bajo por su espalda. Ella le parecía infinitamente hermosa. No quería dejar de acariciarla. Quería más. Quería poseerla. Kenshin se alejo repentinamente de ella. Y fue ahí, cuando se dio cuenta de que lo que decía ella era cierto. Todo eso estaba mal. Si hubiese sido una puta cualquiera, estaba seguro de que podría haberla profanado, pero se trataba de una preciosa mujer, que estaba seguro ni siquiera había tenido su mizuague. Su deseo de total posesión hacía ella y su desenfrenada pasión por poseerla de mil modos, estaba asustándolo. Kaoru lo miro, preocupada.
"¿Estas bien?" Él simplemente asintió y se volteo a seguir preparando algo de comer. Ella se acercó. "¿Estas seguro? No me ignores, repentinamente me siento herida ante tu actitud…" Ella agarro su cara y le hizo voltearse, para que la mirara. "¿Eres con todas así? ¿Vas las besas como si fuera el amor de tu vida y las dejas pagando?" Kenshin solo parpadeo. "Pues conmigo llevas las de perder, ahora que se que no te soy indiferente haré todo para estar a tú lado…" Él se sorprendió tanto que tuvo que toser con fuerza. Endureció su semblante, tratando de parecer intimidatorio. Su insistencia, le traería problemas. Más, ahora sabiendo, de la profunda química sexual que existía entre ambos y que lo atraía de una manera excitante. "¿O que? ¿Acaso pretendes hacer como que nada paso?" Kenshin soltó el pan que tenía en la mano y la agarro de la cintura, para acercarla más a su cuerpo. E inmovilizo ambas manos de la joven, por las muñecas. Kaoru gimió, a causa de su brutalidad. Kenshin mordió su labio. Aquel dulce suspiro, no hizo más que ponerlo rígido.
"Estas jugando con fuego, Kaoru…" El pelirrojo acerco su cara a la joven, quien abrió sus ojos. "Creo que ni siquiera has estado con un hombre antes, ¿cómo te atreves a tentarme de esa manera, si nunca lo has hecho?" Kaoru se sonrojo, ante la sonrisa fanfarrona de Kenshin. "O quizás es por que… deseas probarlo…" Trato de soltarse, no por ser virgen permitiría que él se burlara de ella. Eso nunca. Forcejeo, pero ni se movió un ápice. Kenshin lamió la piel cerca de su labio y Kaoru tembló. Recorrió con sus labios su sonrosada mejilla y respiro profundamente en su oído. Ella tuvo que mover sus piernas, para asegurarse perfectamente que no se había caído. Eso había sido, hasta el momento, lo más excitante que un hombre había hecho con ella. Kenshin volvió hasta sus labios y los acarició con su lengua. Kaoru, cegada bajo su excitación, subió su cara y cerro su boca con la de él. Una fuerte corriente los recorrió a ambos. Kenshin rodeo su cintura con ambas manos, apretándola contra su cuerpo, pese a las consecuencias que eso podría causarles y Kaoru rodeo con sus brazos, su cuello. Durante un momento, Kenshin perdió totalmente el control absoluto de toda conciencia y su cuerpo.
"Oh, sí…" Gimió la joven. El pelirrojo, abrió sus ojos, sorprendido. Un ruido desde el otro lado de la casa, lo alerto. Inmediatamente la soltó y Kaoru cayó duramente al suelo. "Oye…" Kenshin, se agacho, la miro de cerca y sonrió descaradamente.
"No juegues conmigo…" La sonrisa del asesino, desapareció. "O te vas a quemar…" Y desapareció del lugar. Ella, totalmente petrificada y estupefacta, se quedo sentada en el suelo sin otra cosa que hacer. Por la puerta, una pequeña figura entro.
"¡Kaoru, Dios santo!, ¿estas bien?" Kaoru inmediatamente se levanto del suelo, pero rápidamente acepto la ayuda, a causa de su tobillo resentido. "¡Diablos, no tendría que haberte dejado con ese cabeza de zanahoria!" Kaoru sonrió, apenada. El ruido de la puerta, resonó con fuerza e hizo que ambas mujeres se sobresaltaran. El rostro de la joven, se contorsiono.
"No es su culpa… yo lo provoque…" Kaede la miro, reprobatoriamente. "Creo que… ahora debe pensar que soy una cualquiera…" Y se cubrió con ambas manos, su rostro. Kaede dejo la bolsa que traía pesadamente y se arrodillo junto a ella, abrazándola.
"Ya… ya mi niña…" Trato de tranquilizarla. "Kenshin siempre fue así… distante y frío con todas las personas…" Kaoru, entre lágrimas, se sonrojo profundamente. Le hubiese gustado decir que, momentos antes de que ella llegara, no había notado una pizca de la frialdad que tanto se le atribuía, si no al contrario. Battousai había sido fuego. Puro fuego que acabo derritiéndola completamente. El pecho le pesaba y le dolía, con fuerza. Y una tristeza enorme la cubría enteramente, Sintió ganas de irse de allí. Correr lejos de su lado. No volver a verlo más. Su herido orgullo nublaba el sentido común, quería que él desapareciera. ¿Cómo tenía el descaro de tomar de ella, todo lo que quisiese a sus anchas y tirarla como a un trapo? ¡Cómo se atrevía! Lloró. Lloró por su desprecio y Kaede la abrazo aún más fuerte. Le dolía. Le dolía por que sabía perfectamente que él tenía mujer. Y se sintió repentinamente avergonzada. Ella era una mujer no necesitaba ser la segunda de nadie. Y lloró aún más, por que sabía que había caído, Battousai Himura podía jactarse de haberla enamorado. Y eso era lo que más la irritaba. Por que sabía y entendía perfectamente que su corazón, jamás entendería razones.
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Katsura miro con gesto adusto, los informes preliminares que no satisfacía ninguna de sus expectativas. Que el informador más joven y más hábil no supiera exactamente nada sobre Kaoru y tampoco sobre Kenshin, era extraño. Como si se los hubiese tragado la tierra. Idzuka carraspeo con fuerza, llamando la atención de su jefe, quien gruño. Más allá Kojiro y Oda, con sus ropas llenas de barro y sangre, lo miraban con decepción. Atrás de unos cuantos hombres más, estaba Akira con su habitual cara de absoluto fastidio. Él último era de quienes se resistían a la búsqueda, pero igualmente participaban al saber que era la hija del jefe.
"¿Qué se sabe?" Pregunto a toda la gente que estaba abarrotada en el comedor. Había unos tres hombres sobre la mesa del fondo, mirando unos pergaminos y deduciendo el lugar donde podrían estar. Cuatro hombres junto a Kojiro y a Oda, que parecían no haberse bañado hacía tiempo. Y otros dos hombres junto a Akira. Yahiko miro al suelo. Sanosuke y Megumi, lo reanimaron.
"Absolutamente nada…" Katsura golpeo la mesa, con fuerza.
"¡¿Cómo puede ser eso?!" Rugió Totalmente desilusionado. "¡Somos los Inshin Shishi, no puede ser que no encontremos a dos personas en todo Kyoto!" Kumatsu que estaba a su
Lado lo freno.
"Haceos todo lo que esta a nuestro alcance, jefe…" Dijo uno de los hombres, fondo.
"Nada es suficiente cuando se trata de la hija de Mutsuhito, ¿entienden?" Siseo "Mi sobrina es la princesa de este clan y debe ser tratada como tal…" Oda y Kojiro se miraron entre si. La verdad solo había surgido hacía poco y ya se había extendido por todo Japón, como pólvora. La información de que el líder de los Patriotas tenía una hija, había sido tomada de ambos bandos de diferentes maneras. Y que la búsqueda de la sucesora del futuro emperador Meiji era inminente, había causado la movilización de todos los clanes de Kyoto, tanto aliados como enemigos. Allí era donde radicaba el problema, si no la encontraban a tiempo, podría ser capturada por el enemigo y usada como arma contra los Patriotas de la restauración. "Busquen donde sea… No me importa si tienen que mover cielo y tierra… solo háganlo…"
"Si, señor!!!" Oda, Kojiro y Akira salieron del comedor acompañados por otros cinco solados más. Katsura suspiro, no sabía cuanto tiempo más tendría que usar y agotar los recursos de su tropa en búsqueda de Kaoru. Ya era suficiente tener a Mutsuhito enfadado por la situación.
"Lo mejor será que te tranquilices un poco…" Dijo Sanosuke que estaba cerca. "No te hace bien andar gritando por ahí…" Kogoro lo fulmino con la mirada.
"No puedo tranquilizarme cuando se que Kaoru anda quien sabe donde…" Kumatsu los miro, en silencio.
"Ten en cuenta que Kenshin esta con ella…" Dedujo el luchador. Katsura rió irónicamente.
"Ya voy a saldar yo cuentas con ese…" Observo como Megumi se acercaba a Kumatsu y se la llevaba de la habitación. Las puertas se abrieron y uno de sus soldados con la cara totalmente pálida, lo miro.
"H-ha llegado…" El susurro fue tan confuso que eso basto para hacer que Katsura se levantara y corriera hacía la puerta de entrada del hospedaje. Varios murmullos y gente, lo siguió. Esperaba que no fuera la persona que imaginaba que era. Aún no se sentía lo suficientemente preparado para hacerle frente. Frunció el ceño y miro hacía el gran carruaje que se apostaba frente al lugar. Suspiro y quiso golpearse. Parecía un niño travieso que iba a presentarse justo frente a su estricto padre. Sin embargo, ni el era un niño, ni mucho menos Mutsuhito era su padre. Sonrió al verlo bajar. Tan grande e imponente como recordaba a su hermano mayor.
"Querido hermano…" Mutsuhito le sonrió y lo abrazo. "Es bueno verte sano y salvo…" Katsura miro risueño detrás de él. "Aún que pensándolo bien, ¿Quien no estaría a salvo con semejante ejercito?…" Le hecho una mirada a los más de noventa hombres que resguardaban la seguridad de su hermano mayor.
"Sabes que es necesario tanto ajetreo…" Contesto Mutsuhito, mirándolo. "El enemigo me quiere ver muerto y para no ver los deseos de ellos realizados, necesito a mis hombres más preparados…"
"No esperaba menos…" Kogoro hizo una seña y una anciana apareció junto a él, Sorprendiendo a Mutsuhito. "Hermano esta es la Sra. Aiko, una aliada y dueña del hospedaje… Ella se encargara de ubicar a cada uno de tus hombres…" Mutsuhito Le sonrió y la anciana hizo una reverencia para luego ir en dirección de los recién llegados. Cuando quedaron solos, Kogoro lo llevo hasta una habitación, para hablar. Cuando se sentaron, Suspiro apaciblemente. Preparándose para lo que se venía.
"¿La encontraste?" Pregunto Mutsuhito, nervioso. Cuando Kogoro lo miro, se sorprendió. El hombre fuerte e impenetrable, se estaba comportando de una manera que nunca antes había visto. Como si fuera un niño deseando que le dieran el regalo prometido. "Kogoro…"
"Lo siento…" Suspiro derrotado. "Todavía no encontramos pista… parece como si se los hubiese tragado la tierra…"
"¿Perdón?… ¿Escuche los?" Mutsuhito Lo miraba acusadoramente, como si se le hubiese pasado algún dato. Kogoro maldijo por lo bajo, seguramente al inútil de Yahiko se le había escapado algo de lo que se le había dicho.
"¡Diablos!… ¿Yahiko no te dijo?"
"¿Decirme que?" Kogoro trago en seco.
"Que Battousai también se perdió, buscandola…" La cara de Mutsuhito cambio radicalmente. La sola idea de que Battousai se hubiese relacionado de alguna manera con su recién encontrada hija, al parecer por su rostro, no le causaba mucha gracia.
"¿Él esta con ella, en estos momentos?" Kogoro suspiro.
"Eso aún no lo sabemos…" Dijo a su hermano mayor.
"¡¿Pero como es posible que no los encuentren?!" Bramo duramente. "¡No quiero ni pensar que sucedería si mis enemigos encontrasen a mi hija antes! ¡Ni siquiera he llegado a conocerla todavía!"
"Lo siento, pero con todas las bajas que hemos tenido contra los Shingengumi…" La cara de Mutsuhito se endureció. "… Dispongo de menos hombres y eso retrasa la búsqueda…"
"Bien, pondré a más hombres y estaré yo también aquí… hasta encontrarla y verla…" Kogoro miro la determinación de Mutsuhito, nunca antes lo había visto tan seguro de algo. "Quiero ver a Midori, quiero hablar con ella…" De pronto, sintió la tensión agarrotar cada uno de sus músculos, los celos del lazo entre ambos no lo habían embargado hasta el momento. O quizás no se habían hecho tan patentes, como hasta recién.
"Ella esta descompuesta y…"
"Quiero verla…" ordeno.
"Ahora ella es mi mujer…" Aquella revelación dejo a Mutsuhito fuera de lugar. Sin embargo, rápidamente se compuso. Kogoro tenía la cara dura e impenetrable, como si estuviera desafiándolo. Mutsuhito largo unas carcajadas.
"No tengo interés romántico en Midori, Kogoro… Si de algo puedes estar seguro, es que lo nuestro termino hace mucho…" La intensa mirada de su hermano menor, lo hizo notar que no confiaba en él. Eso lo molesto. "Se que quizás no he sido honesto contigo durante tanto tiempo, pero espero que me creas ahora…" Suspiro. "No he sido honesto pero pretendo serlo… Dame una oportunidad…" Kogoro se levanto de donde estaba sentado y se dirigió hasta la puerta.
"Entiendo perfectamente que están unidos mediante esta hija, hermano… Pero escúchame una sola cosa, en cuanto a Midori no estoy dispuesto a ceder ni un solo paso…" Su espalda estaba más relajada. "Ella es mi mujer… Su hija es tuya, pero ella es mía…"
"Entendido…" Mutsuhito Observo pacientemente la puerta, como si por allí en cualquier momento, fuese a entrar su hija. Su tan ansiada hija. Los deseos de ver al retoño de sus entrañas era más poderoso que cualquier pasión que hubiese tenido por cualquier mujer. La ilusión de ser Padre. De verla, acariciarla y educarla. Sin dudas, sangre de su sangre, tendría el mismo ímpetu que él. Su misma fuerza. Entonces la puerta se abrió y una mujer preciosa entro en la habitación. Mutsuhito Deseo que su hija hubiese heredado su belleza. Ella se sentó frente a él, con sus ojos enrojecidos y tembló. Los ojos azules pálidos de Mutsuhito se posaron en los negros de Kumatsu.
"Tanto tiempo, Midori…" Ella cerró sus ojos y tembló. El recuerdo de la pasión abrasadora y de los brazos de Mutsuhito, estaban atormentándola. Ella era la mujer de su hermano, no podía estar deseando otra vez a aquel hombre.
"Mutsuhito… ¿Qué es lo que quieres?" El aludido enarco una ceja.
"Creí que era bastante obvio" Se apresuro a aclarar. "Quiero a mi hija…" Aquella última frase, soltada con tanta liviandad, la llevo al límite.
"¡¿Cómo te atreves?!" Bramo, furiosa. "¡Como te atreves a venir a reclamar a mi hija, después de tantos años! ¡¿Después de que nos despreciaras cuando necesite tu ayuda?!"
"¡Me atrevo y lo hago!" Rugió, molesto. "No creas que no lo se todo, Midori… Hiciste trabajar todos estos años a mi hija, manteniéndola como una esclava dentro de la casa esa donde tú trabajas! ¡Haciéndola creer, todos estos años, que era huérfana! ¡Convirtiéndola en una Geisha! ¡En una maldita Geisha! ¡No quiero ni imaginar todo lo que ha estado sufriendo por tu culpa!"
"¿Qué sabes tu de todo esto? ¡Vienes aquí y solo te limitas a reclamarme, cuando sabes perfectamente que era la única manera de mantenerla con vida! ¿Cómo piensas si no que nos hemos mantenido, todos estos años, después de que nos ignorarás?"
"¡Pudiste haber recurrido a mí! ¡Ella es mi hija!" Estalló él.
"¡Lo hice, pero tus malditos asesores y amigos, me embarcaron en un carruaje lejos de ti!…" Lloro. "Desde ese momento supe que tenía que arreglármelas sola…"
"¡Maldición Midori! ¡¿Llamas Arreglárselas a Tratarla como una esclava durante toda su vida y después iniciándola en el mundo de la prostitución?!"
"¡Ese era el único mundo que conocía y lo sabes! ¡Hice lo que estuvo en mis manos para que no muriera, la mantuve en la ignorancia por que creí que así sería menos doloroso para ella, sabes de mí!"
"¡Demonios!" Chillo con fuerza, impotente. "¡Mi hija, carne de mi carne, reducida a esa burda educación y encima corrupta por los peores vicios!" La miro, furioso. "Ella, ¿Es una Geisha en toda la extensión de la palabra?" Midori, trato de calmarse.
"No…" Los ojos de Mutsuhito se agrandaron curiosos. "Ella todavía es una doncella, no ha sido tocada por nadie… Aún que no me creas, ella sigue manteniendo las misma ilusiones de cuando era pequeña…"
"¿Cómo?" Pregunto mucho más calmado por la información.
"Cuando era niña a menudo la Okami del lugar la retaba por que soñaba despierta que algún día algún príncipe iría a sacarla de esa mierda…" Sonrió, ladeando su boca. "Supongo que no contaba con que eso iba a volverse realidad… No se por que, pero tiene un sentido de la justicia y de lo correcto, que me hace recordar mucho a ti…" Se miraron. "Creo que ella es tu hija, en toda la extensión de la palabra… Pese a haberse criado en un mundo asqueroso, su esencia sigue manteniéndose intacta… y eso es algo de admirar…" Mutsuhito sonrió, de alguna manera orgulloso. "Posee tu rebeldía y coraje… Cuando Okami quería venderla, para que trabajara, ella se oponía… Y recibía con valor sus castigos…"
"Pues en cuanto aparezca, quiero verla… hablar con ella… conocerla…" Dijo firme. "Nunca más dejare que nadie le ponga un solo dedo encima…" La miro. "Y tú le dirás la verdad…" Midori palideció.
"¡OH, no Mutsuhito! ¡Ella me va a odiar!" Lloro. "No, por favor…"
"Agradece a Dios que ella pueda llegar a tener algún sentimiento hacía ti…" Dijo molesto. "Pero como es mi hija, yo estaré a tu lado…" Midori lo miro. "Teniendo en cuenta que no hemos sido buenos padres, pienso que deberíamos empezar a intentarlo, realmente…"
"De acuerdo…" Concordó. Mutsuhito, la miro raro. "¿Qué sucede?"
"¿Piensas que solo con las palabras que me has dicho me conformare? ¡Quiero saberlo todo de ella y más!"
"Supongo que si…" Midori lo miro. "Después de todo, eres su Padre…"
"¿Cómo es? ¿Qué edad tiene? ¿Qué gustos tiene? ¿Le gusta la moda?" Los ojos de Mutsuhito, brillaban. "Como no se realmente su talla, le compre ropa… Quiero que la use…"
"Es hermosa, Tienes diecisiete, le gusta la fruta, supongo que si…" Se apresuro a responder. "Ya la conocerás y veras, que ella, supera tus expectativas…"
"Supera mis expectativas, ¿eh?" Sonrió, contento. "Supongo que yo también, entonces, tendré que aprender a superar sus expectativas…"
"Supongo que lo harás…"
"Después de todo, no todos los días uno se entera que tiene una hija adolescente…" Rió. Y Kumatsu supo, que Kaoru y él, se llevarían de maravillas.
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Nota de la Autora: Me gustaría disculparme con todas y cada una de las personas que eran fieles a este Fics… Mi situación personal, y muchas veces, falta de inspiración y magia, han hecho mella en mi continua escritura… Sin embargo, ha sucedido algo, en mi vida, que por suerte me ha devuelto esa vena imaginativas que creía haber perdido. Considero que todos, de alguna y de otra manera, muchas veces tenemos mesetas. Espero que sepan entender la mía. Muchas gracias por volver a leer y confiar en mi, prometo subir otro próximamente. Los quiero y gracias por todo el apoyo!!!!
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"Estoy tratando de ignorarte…" Le soltó tranquilamente. Kenshin rió despacio. No era que fuese vanidoso, pero muchas veces las mujeres trataban insistentemente llamar su atención. Siempre que iba a un Okiya las mujeres se peleaban y reclamaban su atención con esmero y urgencia. Aquello no le hacía ni pizca de gracia a sus compañeros. Pero cuando sucedía aquello, verlas pelearse por estar a su lado le había inflado el ego más de una vez. No obstante, Kaoru parecía ajena a todo eso. Ella lo trataba con una indiferencia total que lograba llamar su atención. Al igual que le gustaba hacerla enfadar y picarla. Sus reacciones eran sumamente encantadoras y graciosas. Aquella mujer lo intrigaba, en más de una manera.
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