Listo el capítulo, ¡espero les guste!


Un Diagnostico particular

Capítulo X


Si deja que hable arruinará todo, todo. Porque le hará pensar, le hará verse en la situación y con eso provocará que la razón, ya bastante lejos, vuelva de empellón a su cabeza. No quiero que eso pase, ¡porque al fin está teniendo lo que desde hace tiempo ha estado ansiando! Y todo es mucho mejor que en su imaginación, mucho mejor que en sus sueños. Nada ilusorio le hace justicia a lo que es la realidad. Harry besa increíblemente delicioso. No le da el tiempo de nada, le está correspondiendo, pero…

- Gi… - no le deja continuar. No puede dejarlo hablar. Sus labios vuelven a su boca como si su vida dependiese de ello. – Ginny… creo que… debemos… - el hombre hace varios intentos para continuar. La toma por los hombros, separándose apenas unos centímetros para tomar aire y poder mirarla. El verde de sus ojos es más intenso que nunca. - ¿Qué…? Debemos…

- No…

- Ginny…

- ¡Que no! – le toma el rostro y lo acerca a ella, una mano queda en su mejilla, la otra se desliza, rápidamente, hacia su cabello azabache. Él la observa con los ojos bien abiertos, una expresión pasmosa que le hace ver totalmente adorable. Se percata de la posición de cada uno; Harry tiene su espalda pegada al refrigerador, hizo caer varios imanes de la puerta del frízer. Ella se encuentra pegada a él, en su totalidad, evidenciando con esa pose la desesperada cercanía que su persona necesita. La mano en su mejilla, la otra en su cabello… Harry la mira con atención, abre la boca para hablar porque, seguramente, piensa que aquello no debe de pasar. - ¡No! – niega nuevamente. – No hables, por favor… y deja que pase…

- Ginny…

- No hables. - Lo besa de lleno con ansias irrefrenables; desde hace tiempo que le tiene ganas a sus labios, delgados y con un sabor riquísimo.

El moreno comienza a responder con toda la pasión de la que es capaz de sentir; la abraza fuerte, muy, muy, pero que muy fuerte.

A Ginny no le importan las razones por las cuales Harry empieza a dejarse llevar. ¿Soledad? ¿Despecho? ¿Deseo? ¿Necesidad del contacto femenino, después de tiempo? ¿La libido aumentada por alguna medicación? Le da igual, en ese momento no le importan las razones, le importa que suceda. Un poquito más de negación de parte de él pudo haber dado pie a un intento de violación… y es que lo desea como una loca.

- Tu cabeza… - jadea él en un momento.

- No importa – lo besa de nuevo, la punta de su lengua no se cansa de delinear el contorno de su boca.

- Ginny…

- ¡No, Harry! ¡No! ¡Joder! – la mano que sostiene su cabello se cierra con fuerza, las hebras azabaches le ocasionan cosquillas en la palma de la mano. Lo mira a los ojos, más que decidida. – No digas nada, por favor. No hables, simplemente no hables. ¿Puedes? ¿Puedes no decir palabra alguna? Esto… sólo no hables – traga conforme lo mira con atención, transpira y está sonrojado. Sus lentes torcidos, su boca semiabierta, aprovechando la liberación para recuperar un poco el oxígeno. Sus torsos unidos, siente su pecho subir y bajar a un ritmo sincronizado con el suyo, el latir frenético de su corazón… - No hables.

- No… - dice al fin – no hablaré – Ginny suspira y lo besa, dando todo de sí, sin saber que aquella enérgica presión de la mano de ella en la cabellera del hombre fue un factor influyente para que éste terminara aceptando su petición.

¡Ahí vive el momento que tantas veces añoró! Está besando a Harry Potter, el hombre al que quiere desde… desde…

… perdió la cuenta… no importa. ¡Está sucediendo! y sus acciones… él no habla, lo tiene prohibido… pero sus acciones…

No te ilusiones, Ginny. Es un hombre, y tú te le estás entregando sin pedir nada a cambio.

Sus acciones hacen que se deslíe en un torrente de emociones incontrolables. Harry le besa el mentón, las mejillas, vuelve a sus labios con ternura y le acaricia la espalda en un ir y venir que le derriten. Sus rodillas oscilan y siente el estremecimiento de su columna vertebral de tal manera que suelta un jadeo cerca de su oído. Lo abraza con mucha más fuerza, firme, están apretados. Mueve la cabeza para que su rostro quede oculto en el hueco de su cuello. Su aroma a mentol mezclado con su propio olor… siente a sus manos aún en el ir y venir en su espalda. Arriba, abajo… con sus dedos forma círculos invisibles sobre su estorbosa camisa. Sí, ahora todo eso molesta, un fastidio.

Le planta un beso en la piel de su cuello y alza la cara para encontrarse. Su mente está bien tabicada, imposible que la razón y el buen juicio vuelvan en las próximas horas. Le sonríe ampliamente y él le responde de la misma manera. Ella junta la punta de su dedo pulgar e índice de su mano derecha, llevando esa unión a la comisura izquierda de sus labios y deslizándola luego hacia el otro lado, como si cerrara una cremallera. Aquella señal de "boca cerrada" viene acompañada de un guiño coqueto. Separándose de su cuerpo, le toma las manos y lo dirige hacia su habitación.

PasaráY no tiene ni la más remota idea de qué sucederá después, tiene negado pensar. Todo lo que entorpece al contacto de piel contra piel queda en algún punto de la habitación bien iluminada. Todo clarito, permitiéndoles ver cada detalle. Sabía ya lo perfecto que es, su cuerpo delgado pero bien cuidado, el vello azabache de su pecho, las buenas proporciones en cada parte de su anatomía… y resalta, EN CADA PARTE. No le prohíbe a sus ojos el placer nada recatado de detallar la fisionomía masculina desde su abdomen plano hasta la muy notable tensión de su virilidad; siente a su vientre arder, la piel se le enchina y las inquietas pulsaciones comienzan a torturarla en su intimidad con aún más insistencia. Apoya una mano en su vientre, soltando un gemido sin querer que el moreno parece no percibir. Va a su rostro, y no puede evitar colorearse cual pimiento morrón.

El hecho de que Harry no se intimidará ni abochornara ante la viola mirada de Ginevra se debe a que él se encontraba igual de ocupado cincelando cada rincón de su cuerpo, también desnudo. Lo nota definir con sus orbes, cada vez más verdes, más oscuras, la forma de sus pechos y la silueta de su cintura. La mano sigue en su vientre y por un momento no puede evitar pensar en la pancita que tiene. ¡Tanta comida tiene un precio! Lleva la otra mano a su abdomen con el fin de tapar cualquier centímetro extra que pueda notarse, Harry se le acerca y le aparta los brazos. Le sonríe y la hace girar sobre sí. Sus dedos precisan con caricias sus caderas antes de rodear su cintura y aferrarla a su cuerpo. Vibra, dando un sobresalto al sentir la excitación del moreno contra sus nalgas. Él suelta la coleta y hunde la nariz en su cabello… esas acciones, ¿qué pensar?

No ahora.

- ¿Puedo… decir algo? – suelta aquella interrogante antes de liberar un gemido debido al roce de su erección contra su trasero.

- No… - le interrumpe velozmente. Gira y lo atrae furiosamente hacia ella. Caen en la cama, sin tardar en acomodarse en el centro del colchón. Todo es un ir y venir de dedos, de bocas y de lenguas. Los besos intensos y las caricias impudorosas, el idílico placer compartido y los gemidos liberados. Se siente conmocionada, emotiva, con ganas de reír y llorar a la vez. Sus brazos se aferran a su cuello y sus muslos aprietan su cadera cuando lo siente dentro, bien dentro, como hacía mucho no sentía a un hombre y como nunca pensó que lo sentiría a él. Y todo es indescriptiblemente maravilloso. Su aroma, su piel masculina, sus manos expertas… siente que fue hecha para ser tocada por esas manos, nada más.

- Ginny…

- No - se arquea hacia él en un primer movimiento, necesitando de más. Ambos gimen de placer cuando el moreno hace una segunda arremetida.

- Ginny… sólo…

- No hables - le toma el cabello y se hunde en su boca con violencia. Empuja sus caderas, un jadeo mutuo resuena en la habitación.

- Sólo…

- Por favor… - vuelve a empujar con fuerza. Cierra los ojos y se aferra a su espalda, las manos de Harry recorren sus muslos y se detienen en sus nalgas. Presiona, lo siente a más profundidad, en su totalidad, todo tan perfecto…

Y de ahí no hay más movimientos. Las embestidas desaparecen. Respiran entrecortadamente y sudan mucho. Ella le besa el hombro, la mejilla y su boca. Sus alientos colisionan, se entremezclan. Harry apoya su frente en la suya y le mira a los ojos. ¿Qué le dicen? Está disfrutando, disfruta del momento tanto como ella. ¿Qué otra cosa?

- Harry…

- ¿Puedo decir algo? Ginny, solo una cosa. – niega con la cabeza, recia. – Por favor.

- Continúa – quiere reiniciar las embestidas, mas las manos de Harry en sus nalgas impiden cualquier movimiento. Se contrae a su alrededor, haciéndolo gruñir. Ella no puede esperar más, lo necesita – por favor, Harry.

- Una cosa… - la besa lentamente, introduciendo su inquieta lengua. – Una cosa. – ella suspira, terminando de asentir con la cabeza. ¿Qué más da? – Una cosa – besa su mentón y con la punta de su nariz recorre su cara. Le besa el cuello y apoya sus labios sobre su oído. Ella siente que puede morir de amor por él en cualquier minuto. – una cosa… tu cuerpo… - aprieta contra sí y ambos vuelven a gemir – tu cuerpo es suave, y firme a la vez. El sentir perfecto. Eres hermosa, Ginny.

Aquello le es más que suficiente. Bebe de su boca como si la vida se le fuese en ello, recibiendo la misma efusión. Vuelven a los movimientos lentos, pasando éstos a ser erráticos en cuestión de segundos, sincronizados y acoplados magníficamente. Todo precioso. Llegan al orgasmo casi al mismo tiempo. Es un momento inigualable. Ginny le seca el sudor de su frente y apoya nuevamente la suya allí. Recuperan el aliento.

Todo precioso.

- Ginny…

- No – lo abraza contra sí, manteniéndolo sobre su cuerpo. Es demasiado agradable sentir su peso, sentir su calor y sentir su aroma en cada parte de su piel. Se siente más viva que nunca; debe aprovecharlo. – No dirás nada más en las próximas horas. – lo besa en la boca, efusiva. – Nada más.

Es en el sueño donde el montón de ideas que uno trata de sacar de su cabeza se pasean libres y atormentan. No puede descansar bien, a pesar de encontrarse en brazos de Harry, quien no tuvo el menor inconveniente para quedarse dormido. Ya no se siente tan viva, una molesta punzada le prensa los lados de la cabeza. Abre los ojos y maldice la claridad de la habitación. Como puede, logra mover su cabeza hasta lograr ver el reloj despertador; cinco y media de la tarde. Aún hay un poco de sol pero éste no tardará mucho en ocultarse. Siente el peso de una de las piernas de Harry sobre las suyas. Su entrepierna apoyada en su cadera, su pecho medio velludo, el aliento rozándole el hombro desnudo… quiere llorar. De la plenitud fantástica pasa a la realidad con un cruel porrazo. Allí la razón se le clava en el cerebro como una astilla.

- ¿Qué hiciste, Ginevra? ¿Qué hiciste? – parpadea varias veces, siente como se le empañan los ojos.

De a poco, logra liberarse del abrazo de Harry. El hombre duerme como todo un bebé. Lo adora, y al pensar en eso no puede evitar que un par de lágrimas se le escapen. ¿Qué hizo? ¡Se trata de su paciente! ¡Ella es su doctora! Se ha jugado su ética, su trabajo. ¿Cómo seguir atendiéndolo? ¿Cómo continuar ayudándolo? ¡Puede incluso perder su empleo! Aquello es…

- ¿Qué hice? – se tapa la boca con una mano ante un sollozo, no puede continuar allí. Va al baño y a una velocidad admirable se da una cortísima ducha y se viste deportivamente, tratando de hacer el menor ruido posible. Necesita salir, tiene que pensar y así dará tiempo a Harry de despertar.

Decide dar una vuelta por el parque cerca de su edificio. Le sienta bien el aire fresco y aunque el clima esté un poco caliente, el viento le refresca. Piensa en trotar al recordar los centímetros de más.

- Después – suspira, dejándose caer en una banca bajo un árbol de cerezos. Uno le cae en la cabeza, asustándola. Llega como el toquecito de algo que la va a torturar por un buen rato. ¿Qué rayos hará? ¿De qué manera actuará como la profesional que debe de ser después de lo que pasó? ¡Hizo el amor con su paciente! ¡Su paciente! - ¡Estás loca, Ginevra! ¡Completamente! – se restriega el rostro, disipando las ganas de llorar. Todos los sentimientos se le amontonan. Tiene que hablar con Harry y después… ¿qué hará? ¿Qué carajos hará?

Alza la vista y divisa la panadería de la esquina. Ahí va a comer como una cerda, ¿qué importa? A Harry no le pareció molestar la pancita. Entra al local y el panadero le informa que las tartaletas de mora con banana que tanto le encantan tardarán 45 minutos. Va a esperar, sin pensar mucho en si es buena idea o no volver tarde al departamento para hablar con Harry. Él la esperará, tiene que hacerlo.

Se equivocó.

El moreno no está cuando decide llegar a casa. Uno de los platos de spaguetti a la jardinera está vacío. Junto a él una nota, una insípida nota. Esperaba algo más, algo más que un trozo de papel el cual reza tan solo tres palabras: Tenemos que hablar.


Nota/A: He tardado más que en las ocasiones pasadas para esta historia, pero el mes de agosto y septiembre fueron algo fuertes para mí y mi familia. !Un sacudón! Mi papá tuvo que someterse a una operación sumamente delicada... Pero gracias a DIOS salió todo bien. Estamos en pie y en la lucha, de la mano del señor. Se dice en Venezuela que ¡pa`lante es pa`llá!

Lamento, como siempre, la demora para actualizar. Hoy 15 de octubre es mi cumpleaños, y el poder haber terminado este capítulo y dejarlo aquí es todo un buen regalo de mi para mí. ¡Gracias millones por leer!

Cualquier comentario, bienvenido sea.

Un fuerte abrazo,

Yani.!

Pd: Gracias al foro Chocolate y Menta que, a través de facebook, me ha regalado hoy la publicidad de mis historias Hannys. ¡Muchas gracias!