All For You

Capítulo 9

"Lo que nunca será"

"Cuando sientas que no puedes más. No llores. Estaré a tu lado"

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración


Entre el estudio y algunas actividades físicas que realizaba para despejar su mente, también estaba el cocinar, sobre todo repostería. La señora Fraiser, encargada de la cocina en la mansión de su padre en Escocia, era una persona que además de amable y cariñosa, era de las pocas personas que conocía el verdadero sentir del joven amo Brower, con una sonrisa un día en el que sus exámenes ya habían terminado en su primer año en la facultad, se acercó al rubio que miraba en un punto fijo al azar a través del impecable jardín, mantenerlo de esa manera era una actividad que ya estaba tachada de su lista de tareas. Lo invito ese día como otros más a preparar el postre que se serviría ese día. A pesar de que sus pensamientos lo hacían sentir inquieto, preocupado y algunas veces con angustia, el preparar un postre era terapéutico y lo hacía relajarse por algún momento.

Por eso cuando tuvo esa desagradable visita en el hospital y el suceso que casi lo hace llevarlo a una crisis, no dudo por un momento en sacar los ingredientes necesarios y realizar el ritual que dio como resultado los elogios de Albert y Candy. Además de eso recibió la aprobación para tomar las medidas necesarias en caso de que las cosas pudieran salirse de control. Sin embargo la ira era de las pocas cosas que lo hacían querer tomar el control absoluto de todo, como si quisiera enderezar las situación que el mismo destino se empeñaba en torcer o que para él eran complicadas, pero el querer estaba a veces lejos de hacer lo correcto, y ante todo, Anthony Brower era un hombre honorable, así fue criado y así quería seguir siendo, haciendo las cosas correctas, no puedes esperar nada bueno si alguien sale lastimado. Lo sabía perfectamente al haber sido víctima de las decisiones ajenas.

En esa mañana para iniciar sus actividades, el coche que le fue asignado por el consorcio, lo llevo a uno de los complejos deportivos más exclusivos de Chicago, que además tenía un área privada para los Ardley y estaba cerca de las oficinas. Sin cuestionar su preferencia se dirigió al área de boxeo, que además de tener los sacos y las peras recubiertas de cuero, había un ring para algún amistoso encuentro. Vestido con pantalones grises deportivos y una remera blanca de manga corta de algodón, que si bien no lo exponía al fresco clima matutino, lo ayudaba a transpirar con algo de comodidad para la actividad que iba a realizar. Calzando los botines que su padre le ayudo elegir, comenzó a hacer calentamiento, desde dar vueltas en el recinto, saltar la cuerda, una serie de abdominales, sentadillas y lagartijas, que si las enfermeras del hospital estuvieran presentes, serian ellas las que necesitarían atención medica ante la rutina que realizaba para poder mantener ese físico. Al finalizar, usando sus ya gastados guantes color ladrillo, se dirigió al saco de box donde conecto varios golpes como su padre le haba enseñado, boxeo al estilo de la marina. Cada golpe le ayudo a canalizar sus emociones, pero ante todo sus dudas y frustraciones. Algunas veces imagino golpear a un joven de cabellera castaña, deseaba saber lo que realmente había pasado y si verdaderamente era necesario hacer lo mismo con el de carne y hueso. Sin embargo debía de ser cuidadoso con sus manos si es que quería seguir salvando vidas.

Exhausto y con los músculos adoloridos, se dirigió a las regaderas para una ducha que logro que la tensión de sus hombros finalmente desapareciera. Al terminar se vistió con otro de los costosos trajes hechos a la medida, decidiendo mentalmente que retomaría esa misma actividad el día siguiente y los que seguían de ese hasta el fin de su estancia. Ya en el consorcio, George le informo la decisión del tío abuelo, retomar su posición, pero todo a su tiempo y de manera tranquila para no desestabilizar lo ya logrado con su administración, por lo pronto, se estaría informando de todos los tratados y negociaciones que se estaban llevando desde entonces. Parecía una mera excusa, pero no podía hacer más nada que aceptar, él confiaba en Albert.

-George, necesito que prepares algo para mí-le pidió, pensando que la acción que tomaría seria drástica en caso de que las cosas no se resolvieran por las buenas.

-Sera como usted diga joven-dijo serenamente al momento de que el rubio le contara detalladamente su plan y posteriormente retirarse para cumplir con su misión. Por un momento Anthony se sorprendió por la actitud de George, pero supuso que cualquiera que conociera a los Legan no se opondría a su decisión, a excepción de su Tía Abuela. La mañana pasó entre revisión y firma de contratos, que no sabía si sentirse feliz o no de ir a lo que realmente amaba hacer, sus hombros nuevamente se tensaron.


Ahora todo tenía sentido, que fuera alguien de una familia importante, su insistencia en que Anthony la examinara personalmente y el que ninguna enfermera quisiera atenderla, se sintió tonta e ingenua por no haberlo visto venir, era lógico que en algún momento ella aparecería en escena, después de todo y para su pesar, a ella si la recordaba .

-Tenía que ser la buena para nada de Candy, será mejor que te vayas, Anthony vendrá pronto-respondió mientras apretaba sus sabanas intentando reprimir las ganas de sacarla ella misma, pero no debía dar muestras de que estaba en perfectas condiciones.

-Elisa, no deberías estar aquí-no era necesario que ella misma realizara el diagnóstico para saber que todo era un capricho para ver al rubio y ella no estaba dispuesta a que eso sucediera.

-Tu tampoco debiste entrar en nuestras vidas-respondió entre dientes, sin embargo recordó algo que no evito dibujar una sonrisa en su rostro-Después de todo tampoco debiste entrar a la vida de Terry, ir a Broadway para ser rechazada-comenzó a burlarse al ver que la palidez en la joven rubia le hacía resaltar sus pecas, Candy no evito recordar desde el boleto roto hasta la despedida en aquellas escaleras de hospital-Debes de estar apenada, después de todo Terry prefirió a esa invalida de Susana-

-¡No tienes ningún derecho a hablar así de Susana!-no estaba dispuesta a dejarla que se expresara así de alguien que había salvado la vida de alguien importante para ella, aunque era parte del porque las cosas no salieron como ella y tal vez muchas personas esperaban-Aun así ella es más bella que tú aunque no pueda andar más, tu por otro lado, deberías dejar que un paciente real ocupe este espacio, con la salud no se juega-

-¿Y tú desde cuando puedes decirme lo que debo hacer?-cuestiono, aun sintiéndose ofendida por la reciente comparación, aun así, consideraba que tenía otra carta a su favor-Además no voy a permitir que interfieras con Anthony, no dejare que lo tomes como premio consolación-la rubia estaba horrorizada con esa acusación, sin embargo no sabía exactamente cómo responder a su defensa.

-¿Cómo puedes decir algo semejante?-lo medito, cualquiera que viera su historia, aquella afirmación de la supuesta paciente no era tan descabellada, pero ella no pensaba de esa forma, ¿que era exactamente lo que ella pensaba?

-No importa lo que digas o si todavía no has olvidado a Terry, no volveré que alejes a Anthony de mi vida otra vez-Elisa nunca olvidaría el día de la cacera, en donde la culpable en su mente siempre fue y será Candy, ella lo sabía y más cuando mostraba esa cara de angustia y dolor al recordar el cuerpo inerte de Anthony sobre el árido pasto-No seré tan estúpida como Susana, pero lograre que al final Anthony no pueda estar contigo-la rubia se tensó en su intento de que no notara que estaba temblando, ¿y si realmente fue su culpa?, no quería mostrar miedo, ella era valiente, ella debía ser fuerte, pero, ¿porque cada vez era más difícil?

-¡Basta!, no es lo mismo, además...-no pudo decir más, el nudo de su garganta se manifestó al recordar algo que bien a Elisa la alegraría aún más. Anthony no la recordaba. Por lo menos su orgullo no le permitió darle ese gusto, quería huir, pero no parecía la mejor de las alternativas.


Suspiro una vez más para tomar valor y enfrentar la situación, estaba a punto de tocar la puerta del cuarto especial, pero al escuchar los reclamos de Elisa que lo involucraban a él y a otra persona, no pudo evitar mantenerse quieto, quería respuestas, pero conforme avanzaba esa acalorada discusión y percatarse que Candy se había quedado a mitad de una frase, sabía que era momento de hacer su aparición.

-Anthony-Elisa lo llamo alegremente al verlo entrar sin importarle que no había llamado a la puerta. Por un momento el rubio la vio pero rápidamente fijo sus ojos en la enfermera quien parecía absorta en sus propios pensamientos.

-Tengo que retirarme, permiso-dijo en una breve aterrizaje al presente, pero sin atreverse a mirar a las personas que estaban dentro de la habitación, si lo hacía, estaba segura que no soportaría mantener esa fachada de chica fuerte.

-Candy-susurro el galeno al ver que pasaba a su lado sin decir más, miro nuevamente a Elisa, pero con un deje de desprecio que la dejo paralizada, sin la oportunidad de retenerlo al ver como salía de la habitación. Quería seguirlos, pero no quería arriesgarse a encontrarse con el Dr. Leonard y no poder justificar su repentina recuperación.


Sin pensarlo demasiado se había dirigido al lugar en donde regularmente se iba a descansar y donde raramente alguien pasaba por allí, se sentó en la banca de siempre y solo se quedó mirando a la nada mientras las lágrimas por fin resbalaron por sus mejillas y la realidad nuevamente parecía darle una bofetada para que despertara, nada estaba bien, su separación con Terry, el regreso de Anthony sin ningún recuerdo juntos, pensó que podía con todo, que saldría adelante, sin embargo, su corazón se oprimía y se sentía atormentada al no saber si estaba enfrentando la situación de la manera adecuada, ella que cuando siempre surgía algo, encontraba el camino que parecía llevarla a la felicidad, pero sentía que ya había errado en varias ocasiones, algo salía mal y debía ser fuerte, lo aceptaba con una sonrisa, pero a veces se sentía cansada de ser fuerte, pero no tan cansada como en ese instante.

-Te encontré-un respingo hizo que viera como el preocupado y apuesto rubio se acercaba, sentándose a un lado de ella-¿Qué cosas horribles te dijo Elisa?-cuestiono, sorprendiéndola, ya que daba por hecho que había sido lastimada, cuando intento disimular que no fue así.

-No fue nada, solo necesitaba aire fresco-inhalo intentando calmarse y cesar el silencioso llanto, pero era inútil, al ver que Anthony le extendía un pañuelo hecho con una suave tela. Lo tomo sin la fuerza suficiente para levantar su mirada.

-Por favor Candy, ya te lo dije y te lo repito, puedes confiar en mi-dijo suavemente cuando la tomo delicadamente del mentón para mirarse directamente a los ojos sin imaginar el efecto que estaba causando en ella, su corazón nuevamente galopaba-¿Acaso es por Terry?-aquella pregunta tan directa la paralizo dejándola sin aliento, no sabía qué hacer y más cuando parecía que Anthony trataba de leer su reacción, al no tener respuesta y ver que otra lagrima se escapaba, el rubio la seco con su pulgar manteniendo su mano en la mejilla de la joven quien de inmediato sintió una calidez que la hacía delirar-Por favor Candy, quiero entenderte, ayudarte, que no sufras, dime, ¿qué fue lo que paso con él?-necesitaba ordenar sus ideas y acceder a su petición, aunque omitiendo la parte en el que él estaba involucrado como también causante de su melancolía.

-Terry, él estaba ensayando para su obra en donde seria estelar, Romeo y Julieta, junto con su compañera, Susana Marlow, pero ese día las luces del escenario cayeron, Terry estaba debajo de ellas pero Susana se interpuso y perdió una pierna-se detuvo por un momento viendo como Anthony escuchaba atentamente sin intención de interrumpirla, carraspeo un poco y continuo-Ella lo hizo por salvar a Terry porque lo ama, y por no querer sentirse una carga para él, intento quitarse la vida, por eso yo-su voz comenzó a temblar y las lágrimas se hicieron más abundantes haciendo que el rubio sin perder un segundo la abrazara, al principio la tomó por sorpresa, pero después se sintió protegida, en casa, como si un nuevo camino se abriera ante ella y dejar el anterior atrás-No tenía opción, ambos lo aceptamos, él ahora esta con Susana y yo estoy aquí...-

"Contigo".

Se aferró a ese abrazo a pesar de que aún se sentía confundida, le dolía confesar esa parte de su historia, pero se sentía bien estar en los brazos de Anthony, sentir su pecho, sus brazos rodeando su cuerpo, el embriagante aroma que desprendía y la incitaba a quedarse allí por siempre, pero a la vez se sentía mal, mal porque era como si sus sentimientos y recuerdos con Terry carecieran del valor que una vez ella les dio y los mantuvo en un pedestal, mal porque para el rubio solo era una amiga, no aquella a la que le regalo una rosa y le regalo un cumpleaños, pero no podía evitar estar feliz por su existencia, sentir ese deseo de estar cerca, aún más cerca de lo que estaban ahora. Un grito y después el llanto, no sabía qué hacer, no sabía cómo evitarlo. Su corazón era un completo caos y necesitaba desahogarse aunque fuera sollozando como nunca antes lo había hecho.

"¿Cómo debería sentirme?"

"¿Qué es este sentimiento tan diferente que siento por Anthony?"

"¿Y porque siento que es tan doloroso?"

-Lo siento tanto Candy, de verdad-le dijo después de que su llanto cesó, se separaron un poco dándole la oportunidad de regalarle una mirada dulce y comprensiva mientras tiernamente borraba cualquier rastro de sus lágrimas dando un breve recorrido a sus pecas-Te prometo que estaré a tu lado si el dolor de ese suceso te invade de nuevo, no dudes en acudir a mí, hare hasta lo imposible para que vuelvas a sonreír-el galeno nuevamente la acerco a su pecho mientras una frase recurría en su mente pero que no se atrevía decirla en voz alta. No mentía cuando dijo que haría cualquier cosa para hacer que ella volviera a sonreír.

Cualquier cosa.


Se aseguró de que su asistente estuviera más tranquila e incluso le sugirió que se tomara el tiempo necesario para descansar, sin embargo ella se negó anteponiendo su deber sobre sus problemas personales. Tomaron su rutina evitando el cuarto especial a pesar de que Elisa se negaba a ver a alguien que no fuera el Dr. Brower. Al final del día Candy no evito sentirse desanimada cuando Anthony se excusó diciendo que había un pendiente que lo retendría más tiempo en el hospital. Ante la insistencia de que se fuera a descansar, la ojiverde solo sonrió y se dispuso a caminar ella sola con sus pensamientos bajo el crepúsculo.

-Pase-ordeno esperanzada cuando la noche hizo su llegada. Grande fue su regocijo cuando el joven a quien tanto había esperado entraba por el umbral-Anthony, te estaba esperando-dijo sin dejar de sonreír y en sus ojos emitiera un brillo como si estuviera admirando un valioso diamante.

-Elisa, acabo de hablar con el Dr. Leonard aclarando toda esta situación-comento manteniendo su actitud mesurada estando a varios pasos de la cama en donde estaba postrada-Entendió que no tienes nada y acepto que te retiraras sin necesidad de que le ofrezcas disculpas-

-¿Disculpas, de que estas hablando?, es él y todas sus enfermeras las que me tienen que pedir disculpas, incluso la inútil de Candy-aquello le parecía ridículo, se sentía indignada porque no reconocieran su status y la trataran como la persona superior que ella creía ser.

-¿Porque la odias tanto?, tu naciste con una familia que te quiere y sin carecer de un techo y comida-el rubio trataba de entender, o al menos escuchar alguna pobre excusa sobre su repudio hacia la joven enfermera.

-Porque obtuve siempre lo que había querido, todo, menos una cosa, y ella simplemente apareció- recordó los primeros días, le divertía humillarla como a cualquiera que no poseyera una posición privilegiada como ella, no era por algo en particular-Y sin siquiera esforzarse, tuvo tu atención, tu cariño, odiaba admitirlo, pero la querías a ella y no a mí, eso no fue justo-las lágrimas hicieron su aparición, a pesar de que eran reales, las más reales que había derramado, para el ojizaul solo provoco algo de lastima-No podía dejar que fuera feliz, después de que fue ella la culpable de tu accidente, no era justo-de manera cautelosa el rubio se acercó para sentarse a la orilla de la cama lo suficientemente cerca para estirar su brazo y tomar la mano de la joven que estaba apoyada sobre las sabanas.

-Lo lamento Elisa, a pesar de todo, lamento yo ser el causante de que te sintieras de esa manera, pero el juego ha terminado-el tiempo apremiaba y era momento de que se tomara una decisión.

-¿De qué hablas?, te dije que yo no me rendiría-estaba determinada a continuar con su lucha. Anthony ya tenía en claro que ella ya había tomado su sentencia.

-Creo que no me he explicado bien, no pienso jugar este juego, voy a terminarlo-la puerta se abrió y varios hombres vestidos con trajes formales entraron a la habitación, la joven se tensó y tuvo el reflejo de querer huir, pero el fuerte agarre del rubio la mantuvo en su lugar mientras dos hombres llegaron a sostenerla de los hombros mientras el pánico apareció en su rostro, y sus ojos sin poder pestañar miraron a Anthony en busca de una explicación-Me he visto con la penosa necesidad de indicar mi actual posición en la familia con el Dr. Leonard-fue explicando mientras que de su bata sacaba una jeringa y una ampolleta con un líquido que fue extrayendo cuidadosamente con la aguja-Como médico él es mi superior, pero siendo el actual Director Ejecutivo del corporativo Ardley le fue imposible negarse a mi petición de sacarte de aquí-Elisa comprendió que al Dr. Leonard no le era conveniente negarle algo a uno de los hombres más poderos de Chicago y tal vez de los Estados Unidos.

-Anthony, ¿Qué haces?, ¿Por qué?, tú no eres así-ella se removió en su lugar, luchando para poder escapar, nunca en su vida sintió la crueldad ser dirigida hacia ella, y nunca imagino que el causante fuera el inesperado comportamiento del chico al que ella decía amar.

-Evito que hagas un escándalo al salir- se acercó un tercer hombre para hacer que estirara su brazo para poder introducir la aguja-El porqué lo hago, te lo diré antes de que haga efecto el sedante, la primera, por desobedecer mis reglas, segunda por negarte a retirarte cuando te lo pedí amablemente-observo como Elisa comenzaba a perder fuerzas y los hombres comenzaban a recostarla nuevamente en la cama-Y la tercera, por lastimar mis rosas, sobre todo una en especial-la joven Legan recordó que después del funeral intento llevarse sus rosas, pero al ver los ojos afilados comprendió a quien se refería y con lágrimas en los ojos, en un extraña mezcla de frustración y de tristeza se dejó ir por el cansancio.


Para nada estaba feliz, para nada le causaba gusto realizar ese tipo gestiones. Silenciosamente todos salieron de la habitación mientras uno de ellos cargaba la joven y fue cubierta con una ligera manta para cubrir sus vestimentas de dormir. Discretamente pudieron salir del recinto por los pasillos menos transitados y por la puerta trasera donde se encontraron algunos carruajes y coches con la insignia de la familia Ardley, en uno de esos vehículos fue ingresada la joven. Al salir el rubio manteniendo su seria expresión miro hacia una de las ventanas del segundo piso, ubicando al Dr. Leonard, estaba tranquilo, en el joven no veía una amenaza sino un aliado, eso fue lo que le dio entender cuando estaba renuente en aceptar su propuesta.

"-Mírelo de esta forma, en mi posición puedo proteger al hospital de la gente como los Legan que con amenazas se creen con el derecho de pasar por encima de cualquiera. Mi intención no es la misma, de ser así no me molestaría en hablar con usted, yo lo respeto y sobre todo porque amo lo que he logrado hacer aquí como médico que como Director Ejecutivo-"

Aquellas palabras tan sinceras, y sobre todo apasionadas hacia su trabajo como médico lo habían convencido. Siempre reconoció que era un prodigio, había llegado al hospital con una variedad de recomendaciones, el hecho de que su familia de origen lo ponía en ciertas dificultades, no era motivo para desechar su talento. Hizo un movimiento de cabeza que fue respondido por el joven como forma de despedida, esperando no estar de nuevo en esa penosa situación. Anthony subió a uno de los carruajes aun sin dar la señal para retirarse del lugar, al entrar se sentó a un lado de George, mientras que delante de ellos se encontraba una elegante y refinada mujer de edad media con una expresión que intimidara a cualquiera, pero que en ellos no causo ningún efecto.

-Buenas noches Sra. Legan-el rubio saludo cordialmente aunque no esperaba la misma respuesta por ella al ver que sus facciones se endurecían-Espero que entienda la razón por la cual nos encontramos de esta manera tan desafortunada y si no es así, permíteme acláraselo…-

-Ella solo quería volver a verte, nunca pudo superar tu muerte, no debiste ser así…-interrumpió frustrada, a pesar del comportamiento impulsivo y caprichoso de su hija, ella siempre estaría de su lado.

-Usted dígame, en mi posición, ¿Cómo me puedo dar a respetar si una joven como su hija no obedece una sencilla regla?-cuestiono firme, logrando desestabilizar el juicio de Sara, sin embargo aún le parecía absurdo el resultado de esa desobediencia, era exagerada.

-Hay maneras, y como el líder de los Ardley deberías de saberlo-pensó que con ello lograría que el rubio se sintiera reprendido, pero nada, noto que en sus ojos había algo más, escondido y que sin duda su acción fue totalmente personal.

-Dudo que usted o sus hijos sean los indicados de decirme como hacer las cosas, por favor, no hable de cosas que no conoce, como el respeto al prójimo-el azul de sus ojos se habían convertido en puro hielo, como si pudiera ver a través de sus pecados, su opresión dirigida hacia una pequeña de ojos verdes.

-Eres un insolente, hablare con la tía abuela, esto es un atropello-estaba temblando de rabia, tuvo que reprimir sus deseos de abofetear al joven, pero sabía que no correría con suerte si ejecutaba esa faena, que lo único que le quedo por hacer, era recurrir a una autoridad más grande que ella.

-Puede desahogarse con la tía si gusta, es cierto que ella fue la encargada de ponerme en esta posición, pero incluso ahora, ya no tiene voz y voto en mis decisiones, incluso si un día decido buscar a otro Presidente del Banco de Chicago-parecía que se estaba burlando, pero su voz fue franca y afilada al dar esa advertencia.

-¡No te atreverías!-la mujer no evito saltar sobre el joven al ver amenazado el puesto de su esposo, sin embargo George fue rápido al detenerla, esto ya estaba llegando demasiado lejos, por más que quería ponerlo en su lugar, su mirada altiva y su autoridad la derrumbaba a cada golpe.

Poder es poder.

-Doy por terminada esta conversación, no sin antes advertirle, que si algún miembro de su familia comete el error de desobedecerme o cometer alguna estupidez, pueden ir despidiéndose de Chicago-ante el aviso contundente del joven líder de los Ardley, Sara se había quedado completamente muda, retirando su mirada hacia otro lado del carruaje sin atreverse a despedirse de él al verlo descender del carruaje, por un momento Anthony pensó que Sara estaría deseando que realmente estuviera muerto, no evito sonreír levemente contrariado-George, asegúrate que la Señora y su hija lleguen con bien a su destino-el aludido asintió despidiéndose respetuosamente del rubio-Mañana pasa por mí a la misma hora, iré caminando a casa-le dijo a su chofer cuando los demás habían hecho su retirada, el hombre obedeció mientras tomaba la orilla de su sombrero en señal de despedida.

Se había quedado solo, exhausto, había sido un día demasiado largo, pero al fin había logrado varias respuesta, entre ellas, el por qué Albert desde joven rehuía de su puesto, no lo culpaba, el ser una persona poderosa, no evitaba ser acechado por las desgracias y dolores de cabeza, sin embargo ansiaba con que llegara el día en el que su tío por fin tomara posesión y por fin dedicarse enteramente a su profesión. Odiaba haber llegado a ese grado, a las amenazas, incluso se sintió mal gozar de ese dominio al tratarse de los Legan, no obstante eso lo convertía en uno como ellos, nadie vería que él estaba respondiendo la injustica con justicia como él pensaba.

"Solo ella respondería con misericordia"

Camino adentrado en sus propios pensamientos, recordando la respuesta a su gran pregunta, sintiendo como su corazón se oprimía, se sentía impotente y de nuevo sintiendo el deseo de querer controlar las cosas que no estaban a su alcance. Al llegar finalmente y ver la luz iluminada del cuarto que le pertenecía a la joven enfermera, se sentía con la fuerza de cumplir con su promesa, como lo había hecho al protegerla, también mantenerse callado, ahora lo que menos quería era abrumarla al decirle todo lo que llevaba guardando por tanto tiempo cuando dio por hecho la situación en su adolorido corazón. Solo el tiempo, el tiempo le daría la respuesta para su siguiente paso, no estaría tranquilo irse de esa manera cuando el momento llegara.

CONTINUARA…


¡Dracarys!

¡Hola!

¿Que les pareció este capitulo?

Confieso que he disfrutado mucho al escribirlo, creo que aquí se confirma y se niegan muchas cosas, ¿les estoy causando angustia ahora?, ¿que cosas creen que están pasando por la cabeza del guapo rubio?, ¿Creen que se excedió, que fue justo o que le falto?.

Por fin Candy se atrevió hablar de lo sucedido con Terry, aunque si, tal vez fue injusto que Anthony lo supiera, ¿pero quien mas en el mundo podría confiar si la mira de esa manera?

Si me lo preguntan, si, Anthony tendría el trasero de América, no podía tener ese físico de a gratis, ojala fuera posible y si, sigue calentado mas que el sol de verano.

Los amantes de GOT habrán notado este guiño de mi eterna Reina Daenerys de la Tormeta Targaryen: "Responderé a la injusticia con justicia"

Muchas, muchas, muchas gracias por sus comentarios, y por la paciencia, seguiremos en marcha.

No olviden que si quieren seguir mas esta historia pueden darle like a la pagina de Facebook ALL FOR YOU - FFCC y la pueden buscar también como allforyoucandyFF.

Cuidense mucho y hasta la proxima.

Besitos.