Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
La historia es una adaptación de la película 50 primeras citas, la cual es creada por mi amiga Elizabeth, quien me la concedió para compartirla con vosotrs
Edward.
-Bien, manos a la obra. – dijo Jake.
Los seguí hasta la cocina, donde Jake tiró la tarta sobrante a la basura. Charlie me pidió que sacara la película y la pusiera en su casa para que, después, la forrara, otra vez, con el papel de regalo que tenían detrás de la puerta. Lo mismo hice con los dos libros que me pusieron encima de la mesa. Luego, acompañé a Charlie a la caseta, donde había una nevera enorme con candado. Lo abrió y, de allí, sacó una tarta empaquetada. A la vez que hacia eso, yo cogía, de una caja enorme forrada con celo que ponía con letras grandes BASURA, el periódico con la fecha del 13 de Septiembre del año anterior.
Ahora lo entendía todo, absolutamente todo.
Jacob cogió la ropa del baño que llevaba puesta su hermana. La metió directamente a la lavadora. El siguiente paso fue coger el champú de Bella y llenarla un poco más, para que pareciese que hoy no la había utilizado.
Por último, ayudé a llevar unos cubos de pintura blanca a la caseta.
-¿Vamos a… pintar…? -
..Si – respondió Jake.
Con cada orden que obedecía, me quedaba más y más anonadado. Bella vivía una mentira día tras día. Su vida era una mentira y Jake y su padre ayudaban a que ella se lo creyese todo.
Los ayudé sin protestar, ya que me encontraba sin palabras.
Antes de cubrir la pared multicolor de una blanca capa de pintura, Charlie saco una cámara fotográfica de su bolsillo y tomó fotos a los dibujos hechos por su hija.
- O -
La tenía entre mis brazos, durmiendo plácidamente. Su pelo rozaba con mi rostro, su piel desnuda estaba en contacto con la mía. Su cuerpo descansaba sobre el mío. Su cabeza sobre mi pecho, haciéndome sentir el hombre más feliz del mundo…
Unos zarandeos hacen que la imagen de Bella se haga difusa y desapareciera de mi lado. Somnoliento y con pequeños gruñidos, abro los ojos muy a mi pesar.
Lo primero que veo son unos chispeantes ojos azules llenos de energía cerca de los míos. Bajó unos centímetros, y la sonrisa deslumbrante me abruma.
¿Tanta energía para primeras horas de la mañana?
-¡Hermanito, hermanito! – exclama, saltando en mi cama.
Gruño, pero más sonoramente.
-¡Hermanito, hermanito! – una voz poco menos aguda, de dibujo animado, suena unos metros más atrás que Alice, imitándola. - ¡Levántate ya hermanito! – repite Emmett. – devuelve a la monstruito a su cuento: Alice en el país de las maravillas, por favor. – suplica.
Cojo la frazada y me tapo con ella el rostro evitando así que los rayos de sol me den de pleno.
-Levántate ya. ¿Acaso esas son formas de recibirme, Edward? ¡Acabo de llegar! -
Falta poco para que nos revele la lista que Alice tiene preparada para nosotros. Si ha venido temprano, es porque ha hecho planes sin nuestro consentimiento. Odio estar en los planes de Alice, sobre todo de mi hermana pequeña. Es un volcán en erupción, muy distinta a nosotros, por supuesto. La evitamos como podemos… si fuera otra la situación, ahora mismo la habría echado de mi habitación, pero acababa de llegar. Además, tenía que reconocer que la había echado de menos.
Lo lamentaba por ella. Hoy tenía otros planes. Menos mal que tiene a Rosalie. Emmett y yo nos volveríamos locos. Cuando Emmett tiene alguna discusión con Rose, intento convencerle de que no rompa con ella (si se le pasa esa horrorosa idea por la cabeza). El la quiere demasiado, no lo haría. También le digo que, si decidiera romper con la rubia, estaríamos en serios problemas. Nos entran escalofríos con solo pensarlo. Menos mal, que ya no tenemos 8 años. Alice será la pequeña, pero de un grito la obedecemos (también para no herir sus sentimientos). Ha sido (y sigue siendo) la más mimada de nuestra familia. Y algunas niñerías no se le van.
-Vale, vale, ya va.
Me levanto y los echo para poder vestirme, ducharme, (obviamente, me ducho antes de vestirme) y bajar a desayunar no sin antes ver la hora. ¡9 de la mañana!
Tenía una hora para estar con mis hermanos.
-Bien, Edward, cuenta todo. – enfatiza mucho sus palabras.
Alice se sentó en el pequeño taburete que se encontraba en la barra de la cocina. Apoyó sus codos en la madera y, su rostro, en sus manos, quedando entre estos últimos, esperando a que hablara.
Miré a Emmett. Este agitó una vez su cabeza hacia Rosalie. Miré a la rubia, que hacia un gran esfuerzo por aguantar sus carcajadas.
¡Maldita sea, Rosalie! Y es que cuando Alice consigue algo, lo consigue. Solo tiene que poner unos ojos de cachorro abandonado y en un abrir y cerrar los ojos obtiene lo que quiere. ¡Maldita niñata mimada!, me dije a mi mismo, intentado parecer inexpresivo ante Alice.
-Pues me he adaptado muy bien aquí – dije simplemente, profiriendo un bostezo.
Me volví hacia las hornillas, calentando agua.
Mentir es una de mis mejores habilidades. Nadie es capaz de poner en duda las palabras que digo con firmeza, para cubrir un embuste.
-Eso ya lo sé perfectamente. ¿Y a que eso se debe, especialmente, a alguien? -
Pero cuando llevo con una persona tan perspicaz, un poquito anormal (porque he de admitir que mi hermana es un poquito rara), observadora y lista, toda mi infancia, mi madurez y todo lo que viene, llega a conocerte mejor que nadie.
-Rosalie, olvídate de lo prometido. – digo seriamente.
-Oh, Edward – dice Alice – si estas enamorado, no lo ocultes. Los hombres siempre ocultáis vuestros sentimientos, y es muy malo. Oye, que me alegro mucho. Como toda pareja, seréis felices y comeréis perdices. -
-Pero, Alice, ¿Conoces la situación con la que….? -
-Huy, espera, voy al baño. – dijo dando un saltito y escapándose de la cocina.
Los quedé mirando, frunciendo el ceño.
-¿No le habéis contado…? – empiezo, pero Rose me interrumpe.
-No. – Negó – solo le he dicho que estas enamorado de una chica que conociste en la cafetería. Que ya no estás con ninguna otra guarra de aquí para allá. El problema que tiene Bella tienes que decírselo tú. Es lo justo y lo que tiene que ser. Yo solo me he divertido al contarle un… - y dramatizo, echando la cabeza hacia atrás y poniéndose el reverso de la mano en la frente – desesperado y encantador, pero imposible, amor hacia Bella – Volvió a su posición normal y me dijo con una sonrisa traviesa – ¿Qué me dices, ahora, respecto de lo prometido? – dijo con una maravillosa sonrisa.
Bueno, he de admitir que Rose a jugado muy bien. Y… además, ¿Qué más daba? Alice lo iba a descubrir tarde o temprano.
-De todas formas, iba a cumplir – suspiré.
-¡Quiero conocerla! – exclamó Alice, entrando como un tornado en la cocina. Los tres nos sobresaltamos. – vamos ahora a la cafetería y después acompañadme a visitar a una amiga. Es una lástima. Tenía planeado que mi amiga y tú os conocierais, pero al parecer otra se me ha adelantado. Creo que era la chica perfecta para ti, Edward – se acariciaba la barbilla.
Blanqueé los ojos. Los cuatro desayunamos entre carcajadas y novedades. Alice le iba muy bien en su empleo. Llevaba una tienda de moda en Phoenix. El negocio marchaba bien.
-¿Y James? ¿No vas a ir a visitarlo? – preguntó Rose.
El rostro de Alice se ensombreció por una milésima de segundo, o tal vez un poco más. Rápidamente, se sobrepuso y aquella línea recta se ensanchó hasta formar una hermosa sonrisa.
-Era un tarado. Me di cuenta que no le quería. Mejor sola que mal acompañada.-
Emmett y yo nos miramos, extrañados. Estaba obsesionada por ese chico… Algo había pasado, pero no decidí sacarlo el tema ahora. Ya lo hablaré con ella en un momento más apropiado. Su felicidad era tal que nos sentiríamos culpable borrarla.
Al terminar, Alice y Rose se encargaron de fregar los platos. Ordenamos un poco la casa. Metimos las maletas de Alice en otra habitación que ya tenía preparada para su llegada. Por último, subimos en mi coche. Emmett y Rose iban en otro, en el enorme Jeep. Yo me montaba en el porche de Alice.
Cuando llegamos, decidimos entrar.
-Haber Alice, te voy a pedir una cosa. Controla tu adrenalina al lado de ella. Es… un poco especial, ¿vale? – no quería contárselo aun. Quería que la tratara como a una chica normal, no como a una discapacitada – así que salúdala, regálale una simpática y amistosa sonrisa, te presento y te alejas a desayunar con Emmett y Rosalie.-
Pero, ¿Para qué iba a presentarla si al siguiente día iba a olvidarla? Bueno, para darle el gusto a mi hermana y no me chinche todo el santo día y los siguientes, lo haré.
-Vale, vale. Pero, define especial.-
-Ya te lo contaré. Ahora no es el momento.-
Blanqueó los ojos y asintió.
Por fin, llegamos a la cafetería y nos sentamos.
-Rose y Emmett decidieron venir con nosotros. Emmett se entretuvo al estar esperando a Bella con un periódico en sus manos. Rose y Alice cotilleaban sobre una revista exclamando comentarios: ¡Que culo más grande tiene Jennifer López! ¡Cameron Díaz tiene celulitis por lo que ya no somos la únicas, Alice! ¡Pero qué bueno esta Robert Pattinson! ¡Rose, querida, somos la viva imagen de Ashley Greene y Nikki Reed!
Emmett y yo blanqueábamos los ojos y las mirábamos como diciendo: mujeres tenían que ser la dos.
-¡Don ligándote a mi hermana! – Exclamó Jasper - ¿Qué tal, colega? -
-¡Don córtame las pelotas! Muy bien – me levanté para estrecharle la mano. – muy bien. He venido a desayunar con unos amigos. -
Jasper paseó la mirada por la mesa y sus ojos quedaron clavados en los de Alice. Mi hermana pequeña levantó las cejas, pero le dedicó una gran sonrisa. Se levantó.
-¿Quién es tu amigo, hermanito? – preguntó la duendecillo.
Me quedé callado. Era una escena tan intimidante que… era mejor salir pitando de esa mesa. Estaba a punto de decir: ¡eh, que estamos aquí! Pero no quería cortar el momento.
Jasper se inclino hacia a mí para susurrarme.
-Eh, preséntamela. Que aquí tú no eres el único que puede ligar con las hermanas del amigo. -
Bufé. Suspiré. Supongo que Alice me dejará en paz.
-Alice, este es Jasper, un amigo. Jasper, Alice, mi hermana.-
Ambos se estrecharon la mano. Si, vale, estaba cansado de tantas presentaciones. ¡Dios mío! Suficientes vivo ya todos los días.
¡Que pocos sutiles son estos dos! Menos mal, que hay clientes en este restaurante y es un lugar público. Los guiños y las miraditas significativas eran incomodas. ¡Es mi hermana pequeña!
¡Al diablo! Paso de los tortolitos.
Me senté y esperé. Llamé a Ángela, que tuvo que regañar a su hermano por parlotear y ligotear con mi hermana. Alice le hizo una seña, llevando el puño en la oreja y dejando salir su dedo índice y pulgar, a modo de teléfono. Este asintió dedicándole un guiño entrando en la cocina.
-¿Por qué no vas allí y te lo comes? – dijo Rose, viendo la revista. ¡Nunca mejor dicho! Los cuatro reímos.
-A su debido tiempo, cuñadita – Alice entrelazó sus dedos.
-Sí, pero de esos temas hablarlo cuando no estemos nosotros, ¿vale? El sexo es lo más normal de mundo, pero escucharlo de Al…-
Dejé de escuchar a Emmett. La puerta se había abierto y del exterior entró Bella. Llevaba su ropa de todos los días. Vaqueros y una camiseta con tirantes color azul. Se quitaba la cazadora y se dirigía directamente hacia su mesa (no sin antes tropezar con alguna pata de mesa, como no). Suspiré y sonreí.
-Ya vengo – avisé.
Pero ni me escucharon. Ambos estaban parloteando sobre no se qué.
Bella ya había pedido. Andaba ya haciendo una casita de gofre. Me senté una mesa delate de ella. Cuando terminó, se dispuso a leer el periódico. Otra vez un nudo en la garganta me impidió acercarme. ¿Hasta cuándo? ¿No se podía hacer algo para cambiar su situación?
Parpadeé varias veces y respiré hondo. Me levanté y pregunté tímidamente yendo directamente al grano.
-Perdona, he visto que estamos desayunando solos y he pensado que tal vez podría sentarme contigo y construir un jacuzzi de caramelo para tu casita gofre. -
Le brindé mi más cálida, hermosa y simpática sonrisa. Ella abrió la boca, sorprendida y maravillada. Sonrió encantadoramente.
-Oh, sería fantástico, pero yo… - carraspeó, desviando la vista incómodamente – tengo novio así que… - dejó la frase abandonada y bajó los ojos, avergonzada y pudiendo leer en su rostro: lárgate ya.
-Mentira – me senté – tú no tienes novio – negaba con la cabeza, bufando. – solo lo dices para deshacerte de mí.-
-Sí que lo tengo – afirmó, según ella, como si sus palabras fueran fáciles de convencer.
No sabía que Bella mentía tan mal. Se le notaba en el rostro, los labios al temblarle, el tartamudeo al hablar y al respirar profundamente por miedo a que la pillaran.
-¿Así? ¿Entonces como se llama? -
Abrió levemente la boca, pero no oí sonido alguno. Parecía pensárselo rápidamente. La abrió más para respirar profundamente y decir:
-Robert – su voz sonó aguda.
Si ella estaba a punto de reírse, yo estaba al borde de descojonarme.
Oh, perfecto, ¿ella era también una de esas fans de Robert Pattinson? Era un actor conocidísimo, por el que todas las chicas suspiraban. Según Rose y Alice, era simpático, y buena gente, pero cualquier chica diría lo mismo de Robert Pattinson. Me caía un poco mal… estoy seguro que se lo tiene creído, pero me toca mas las narices cuando me dicen que me parezco a él. Mujeres…
-¿Y de apellido Pattinson? – me burlé, bufando.
-No, Vulturi – apretaba los labios con fuerza.
-Si, ya, claro. – suspiré.
Bella me miró con curiosidad.
-Me resultas… un poco fam…
Pero lo que estaba a punto de decir, no terminó. Sus palabras quedaron congeladas en sus labios. No me miraba. Miraba a alguien que se encontraba parado a mi lado. Sus ojos se abrieron al máximo y una esplendida, reluciente y hermosa sonrisa ilumino su rostro. Nunca la había visto tan feliz.
-¡Alice! – gritó en alto.
-¡Bella! – exclamó mi hermana.
Ambas se fundieron en un cálido abrazo que duro minutos. Emmett y Rose, que se encontraban al lado de estas dos, se miraban extrañados. Yo, en cambio, estaba desconcertado. No entendía nada.
-¡Cuánto tiempo! – decía Alice.
-Si, para mí también ha parecido muchísimo. ¿Pero… que haces aquí? – se separaron cogiéndose de las manos.
De su rostro no se borraban sonrisas como de sus ojos no desaparecía aquel brillo intenso.
-He venido a visitar a mis hermanitos. Además, me merecía unas vacaciones – dijo.
Bella frunció el ceño.
-¿Vacaciones? – rió en alto, pero confundida – pero ni siquiera te has ido. Hace dos horas nos despedimos. Te ibas a Phoenix por no sé cuantos meses. Un trabajo temporal…
-¿Bella? – rió Alice, mirándola extraña - ¿Qué te pasa? ¿Qué has tomado? Han pasado como unos 8 meses. El trabajo me va de maravilla. Con decirte que ahora soy la dueña de la tienda… -
-Alto, alto, alto – la detuvo Bella, alejándose - ¿Qué me estás diciendo? No han pasado 8 meses. Es 13 de Septiembre… ¿De qué vas? -
Bella nos miró, esperando respuestas, explicaciones. Entonces, sus ojos se detuvieron en las manos de Emmett, que llevaban un periódico.
-Mira – dijo quitándoselo de las manos y señalando con su dedo índice la fecha – hoy es 13 de… - nunca terminó la frase. Sus ojos se abrieron. Acercó el periódico a su rostro – no puede ser… - murmuró.
Estaba completamente confundida. Miraba por todas partes, como si no conociera este lugar. Se pasó la mano por el pelo, desconcertada. No entendía nada. Nos miraba mal, muy mal. Sus ojos estaban al borde del llanto.
Oh mierda, mierda, mierda, mierda, ¡mierda!
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