Volando Lejos


— ¿Cuándo va a despertar? ¿Por qué no se mueve? —Una voz masculina llenaba el lugar y despertaba sus adormecidos sentidos.

— Señor tranquilícese por favor, estamos estudiando qué sucedió —. ¿Qué sucedió con quién? ¿Le había pasado algo a Inuyasha?

— ¿Pero está bien? ¡Kagome despierta! —. ¡Oh! ¿Era ella la que estaba dormida? ¿Por qué no podía moverse?

Se sentía tan pesada.

— ¡No le grite! —Exclamó con molestia lo que a todas luces parecía una enfermera—. Recuerde que les he permitido entrar solo por compasión de la muchacha que se encuentra sola.

— Señor Otani, por favor cálmese —pedía una voz suave y dulce, conocida… ¿Ayame?

— Señorita ¿Ha pasado por terapia a reemplazarla? —dijo en tono frío la enfermera.

¿Reemplazar? ¿A quién debía reemplazar? ¿Por qué sentía que eso significaba algo más?

Un sonido de roce de telas dio paso a un silencio tenso que se esparció, y Kagome quiso moverse. Pero parecía que le habían dado calmantes como para dormir a un caballo porque todas sus extremidades estaban flojas y sin responderle. Quiso abrir sus ojos, pero ellos tampoco respondían, ni intentó hablar porque su boca no quería abrirse. Se sentía cansada y adormilada, el sedante comenzaba a hacer efecto y se sentía otra vez cubierta por la oscuridad.

— Señor Otani, por favor, debería irse a descansar —. La suave voz de Ayame volvía a surgir desde las oscuridades.

— Ayame ya te he dicho que me llames Kouga, me haces sentir como si estuviera en mi trabajo —respondía ¡Kouga! Con un tono muy… ¿Cálido? ¿Qué hacía él ahí?

Bueno ahora que lo pensaba… ¿Dónde estaba? Su mente se despertaba cada vez más, y ahora podía percibir su confusión que crecía mientras los segundos pasaban.

— Lo… lo siento —se disculpó ella—. Kouga.

— ¡Bueno, bueno! A coquetear a otro lado—. ¡Sango también estaba allí!

Unas risas cómplices sonaron y se sintió el sonido de una puerta. Una cálida mano tomó la suya.

— Vamos Kagome, tres días es mucho, despierta de una vez —. Qué dulce, siempre preocupándose por ella…

Un minuto, ella dijo… tres días, ¿Tres días? ¡¿TRES DÍAS?! ¡Oh por dios! Sus ojos chocolate se abrieron de la impresión. En un momento todo parecía nublado pero se vista se recuperó al instante y se enfocó en los castaños asombrados de su amiga.

— ¡¿Tres días?! —exclamó con una voz ronca y nada propia de ella. Su corazón dio un salto brusco.

Un abrazo fuerte y unas lágrimas contra su camisón la calmaron al instante y la hicieron tomar consciencia de varias cosas. Estaba en un hospital… mejor dicho su hospital. Rodeó con ternura el cuerpo de Sango y entendió que ella misma era la que estaba ahí por alguna razón, que no lograba precisar. Apoyó su mentón en la cabeza de su amiga y vislumbró muchos cables y aparatos titilantes a su alrededor, su estómago se contraía del miedo… ¿Qué había pasado? Aclaró su garganta y se decidió a preguntar.

— Sango, cálmate, estoy bien —dijo insegura de su voz que salió rasposa y casi ahogada, hacía mucho que no hablaba y tenía sed, pero no le dio importancia—. ¿Qué sucedió?

Sango recuperó un poco su posición y secó sus lágrimas con su uniforme, la miraba con susto… ¿Qué demonios había pasado?

— Kagome tú… —su voz se apagó y su cara, de repente, se volvió blanca como la cera— Casi te mueres amiga.

¿Eh? ¿Morir? Su cara de sorpresa debió ser suficiente porque Sango se apresuró a aclarar el asunto.

— Hace tres días, tú estabas caminando con Ayame hacia el bus que las iba a llevar hasta tu casa, porque la habías invitado a cenar… ¿Lo recuerdas? —preguntó con ansiedad, tanteando como estaba su mente.

Asintió con firmeza, ahora que lo pensaba su último recuerdo eran dos miradas gélidas y descaradas sobre ella y su cuerpo y… ¡Oh! También había un guiño de una de ellas. Su cuerpo se estremeció levemente por el asco. Quiso continuar con sus recuerdos pero si bien había sentido miedo no recordaba nada más que a ella misma calmándose y queriendo seguir su camino con Ayame hacia el bus. No recordaba nada más que eso, una conversación ansiosa de un hombre con una enfermera y… ¿Ayame? Y había algo más, algo que daba pequeños saltitos en su mente pero que no recordaba con claridad. Estaba muy confusa.

— Bueno… Ayame dice que se plantaste frente a ese bar horrible en la esquina del hospital y te quedaste observando a dos hombres que, según ella, eran "dos monigotes aterradores", palabras textuales —dijo poniendo los ojos en blanco como si el relato de su amiga hubiese sido muy exagerado, aunque Kagome estaba muy de acuerdo con ese adjetivo para esos tipos—, en fin, te quedaste mirando y de la nada tu cuerpo empezó a convulsionar violentamente y comenzaste a llorar, a gritar y te caíste al suelo mientras gritabas más incoherencias, pataleabas y apretabas tus puños con fuerza golpeando el suelo hasta lastimarte las manos —dijo mientras sus ojos se trasladaban, severos, a los vendajes que tenía en ellas y de los que Kagome no se había percatado—. Cuando caíste te hiciste un buen moretón en la cadera y en el culo, y te esguinzaste el tobillo por la fuerza con la que pataleabas. Ayame dice que parecías endemoniada.

¡Cielos! ¿Esa era Kagome? No podía creerlo, ella nunca había hecho un berrinche así, además suponiendo que de verdad pasó eso… no parecía tan grave como para decirle que casi había muerto.

— Hasta ahora no parece tan grave —susurró Kagome a la defensiva—. Quizá me agarró un ataque de nervios por los tipos esos.

— Eso no es todo Kagome, y solo quería que supieras el porqué de tanto vendaje y la bota en el pié —replicó seria su amiga.

Sus ojos chocolate se dirigieron a la enorme bota azul que mantenía preso su pié derecho, y maldijo en silencio. Le iba a costa horrores moverse con eso.

— Bueno, cuéntame entonces— dijo esperando una buena explicación. Ahora que empezaba a prestar atención a las sensaciones de su cuerpo, la sed le empezaba a doler.

— Lo que sucedió después la verdad no queda muy claro, porque Ayame estaba muy asustaba y pedía auxilio a los gritos y después de unos minutos apareció Kouga corriendo desde la parada hacia donde iban a ustedes, él dijo que hacía días que no te veía y que "por las buenas épocas" quiso sorprenderte con otro encuentro casual y bla, bla, bla —. Sango estaba molesta por la situación o por otra cosa, no sabía. — Cuestión que, según Ayame y Kouga, tú dejaste de moverte de un momento a otro y quedaste totalmente inerte, pálida y fría —. La voz de Sango se quebró en la última palabra y comenzó a mirarse las manos nerviosas.

Tocó su hombro y sintió algo de dolor en sus manos, debía de haber golpeado bastante el piso. Su intento de calmarla funcionó y Sango volvió a mirarla con los ojos castaños llenos de lágrimas. Su amiga había pasado bastantes nervios, no quería hurgar en su dolor, pero necesitaba saber.

— ¿Y qué pasó después? —Algo en ella misma le decía que hay algo más que Sango no le está contando algo que debería preocuparla, pero en la confusión no podía recordarlo.

— Kouga se asustó mucho y comenzó a darte bofetadas, al principio leves y luego de la desesperación más intensas, y… —la mirada castaña se endureció y una chispa de furia bailoteó en ellos— te zamarreó muy fuerte Kagome y así te dejó el muy bruto…

Kagome la miraba con las cejas levantadas, no entendía su furia… era claro que no sabía qué hacer para despertarla. Sango sacó un espejo del pequeño cajón de su mesa auxiliar, y lo puso frente a su cara. ¡Oh! Ahora la entendía.

Sus mejillas estaban moradas, ambas. Su labio inferior estaba hinchado en dos sitios, muy cerca de las comisuras. Le había dado una buena tunda. Su labio hinchado y su piel amoratada la asustaban pero cuando se tocó temerosa, entendió que la imagen era infinitamente peor que la realidad, no le dolía nada, solo su labio hinchado le tiraba un poquito pero no era nada en realidad.

— Uf, estoy horrible —susurró Kagome consternada. Entre que nunca había sido una belleza ahora estaba desfigurada. Y al ver la furia reluciendo en Sango quiso calmarla. —Pero no me duele nada, te juro.

— Solo me voy a calmar cuando le de unos buenos puñetazos a ese bruto y lo deje el triple de morado de lo que tú estás —escupió violenta.

Kagome sonrió con gracia, hacía mucho que no veía a la Sango molesta, desde que le habían tocado demás en un bar hacía años. Esa imagen suya sonriendo sorprendió a Sango y la calmó haciéndola sonreír también.

— Tuve mucho miedo —le reprochó la castaña—, no vuelvas a hacerme esto.

— Trataré, pero la verdad no sé qué hice mal —dijo con un dedo melodramático sobre su labio inferior hinchado. Su mente vagó un momento y unos acalorados ojos miel invadieron sus recuerdos… el ángel... era tan perfecto, pero no podía recordarlo muy bien, mientras más trataba de precisar que era esa imagen en su mente más difusa era y solo quedó un vago recuerdo sobre un par de ojos miel, dorados, oro líquido… qué sensación tan frustrante era como su sueño anual…

Inu… ¡Inuyasha!

— ¡Inuyasha! —exclamó Kagome con desesperación, si todas las conexiones que había habido entre ellos eran ciertas y no había alucinado él… — ¡Inuyasha! ¡¿Dónde está?! ¡¿Cómo está?! ¡Habla Sango!

— ¡Oh! Él… —Sango esquivó su mirada ansiosa, una sombra lúgubre cubrió su mirada, casi era una declaración.

— Él ¿QUÉ? —preguntó firme, no quería creer que él pudiera estar… no, no quería ni decir esa palabra. Sus ojos se anegaron en lágrimas.

— Él empeoró amiga, lo siento —dijo apresurada Sango—, salió del coma hoy por la mañana, Ayame lo está cuidando, los médicos han dicho que probablemente este sea el fin, que pronto su corazón debería dejar de latir y se iría como debió hace tantos años.

Sus lágrimas se desbordaron, caían y caían unas tras otras cayendo con inclemencia sobre su camisón, sábanas y manos vendadas. Inuyasha, por el que había prometido que sería fuerte, por él, por su Inuyasha, él estaba dejando este mundo, y ella ahí perdiendo el tiempo, quería estar con él. Pero no tenía fuerzas, se recostó y se dejó ir hacia una oscuridad que la asfixiaba.

Sus manos cubrían su rostro y sus vendajes estaban totalmente mojados, se hallaba sola en la habitación. La enfermera la estaba revisando y cuando quiso tomar sus manos se asustó de sus lágrimas y sus ojos hinchados.

— Cariño, ¿Estás bien? ¿Qué sucede? —. Su voz era tranquilizadora, pero no quería abrir sus ojos, no podía enfrentar la realidad, no esa realidad.

— Señorita, por favor, dígame qué le sucede —decía con un tinte asustado en su tierna voz, tenía voz de madre. Eso necesitaba un abrazo de su madre.

Abrió sus ojos, sólo porque la voz de esa mujer le recordaba a su madre asustada cuando la veía llorar a ella. La observó atentamente por sobre las lágrimas, la enfermera ciertamente no tenía ningún parecido con su madre, pero era muy bella. Era rubia de bote, natural, muy blanca de piel y tenía unos ojos azules que parecían zafiros, muy brillantes y muy maternales, le cayó bien al instante, y de pronto, nunca supo de donde, se incorporó y la abrazó con fuerza. Lloró sobre su uniforme rosa, y la enfermera en contra de lo que ella pensó que haría la envolvió en sus brazos y le susurró al oído:

— Tranquila cariño, todo está bien, lo que sea pasará, solo se necesita tiempo.

Lloró por una hora o más, no lo sabía, pero la enfermera nunca la soltó y se la pasó acariciando su cabello renegrido con dulzura. Kagome se recompuso con esfuerzo, tenía que parar de llorar y verlo de una vez por todas. Liberar sus miedos y despedirse en todo caso, ahora sentía que la fuerza se extendía desde sus pies, hasta la punta de su pelo. Se soltó de la enfermera y la miró con una inmensa gratitud y sin pensarlo preguntó:

— ¿Cómo se llama usted señora?

— Me llamo Ana, cariño —respondió con una sonrisa que le daba mucha paz.

— Gracias señora Ana, gracias por contenerme —dijo Kagome avergonzada y sonrojada, aunque sospechaba que gracias a los óvalos morados en su casa, no se notaba nada.

— Dime Ana, cielo, solo Ana —murmuró sonriendo aún más—. ¿Deseas levantarte?

Kagome asintió y dijo que iría a dar una vuelta por el hospital para estirar sus piernas. No quería decir nada sobre Inuyasha, y no sabía por qué. Sólo era un presentimiento. Ana asintió mientras la ayudaba a incorporarse, se sentía débil y pesada, pero con calma empezó a caminar por el pasillo mientras la dejaba acomodando el cablerío que ya no necesitaría.

No había llegado al final del pasillo y ya se hallaba agotada. Pero aunque su respiración era agitada, no quería parar ahí y resignarse a volver a la habitación. Quería verlo ahora, necesitaba verlo, quizá si tenía suerte su presencia lo mejorara, quizá si lo acariciaba o lo besab… No quería pensar en eso, ahora tenía que mentalizarse con llegar hasta él.

Se detuvo al final del pasillo, mitad a descansar y mitad desilusionada por el pensamiento que la invadió. Ella no sabía dónde estaba Inuyasha, que estuviera a punto de… No quería pensar en esa palabra. Estando así, en ese punto, podía estar en muchos lados, en terapia, en intermedia, en sala, en… desahuciados, tembló ante el pensamiento, y sinceramente no creía llegar a caminar mucho trecho más. Aún agitada sintió un abrazo suave y con perfume dulce.

Se giró y encontró a Ana ayudándola a mantenerse de pie, era alta, era una mujer grande.

— Cariño, estás cansada… ¿Por qué no vuelves a la cama?

— Yo tengo que… —murmuró Kagome con duda. ¿Podría preguntarle a ella por él? ¿Sabría algo? Decidió que haría el intento. —Tengo que ver al paciente Inuyasha Taisho, él es mi… paciente.

Ana no la miraba sorprendida, quizá sabía de lo que Kagome hablaba. Hizo una mueca de tristeza pero no le llegó hasta los ojos. Nunca había visto una mirada así, no sabía identificarla.

— Él está en terapia y está muriendo cielo —dijo suavemente tomándola con más fuerza, para que Kagome se apoyara en ella— y tú no estás para estas situaciones… ¿No te parece?

— Lo sé, pero necesito verlo, soy su enfermera y debo verlo —dijo con algo más de decisión, estaba segura que Ana tenía buenas intenciones pero su anterior mirada le había sonado rara, su mente estaba demasiado confusa cuando tenía que pensar demás, así que se detuvo y, además, quería ver a Inuyasha, costara lo que costara.

Ana asintió sin chistar, y la ayudó a caminar hasta la zona de terapia. Caminaron hasta la habitación en la que él había permanecido cuando había tenido ese episodio extraño. Quizá, pensaba esperanzada, el doctor Sasaki estuviera ahí y podría preguntarle a él sus dudas.

Ana se detuvo frente el vidrio por donde se podía ver a Inuyasha.

— Hasta aquí llego yo cariño, no puedo entrar.

— De… acuerdo —dijo Kagome asustada de quedarse sola, o de perder fuerzas sola ahí, porque no aguantaría mucho más de pie.

Ana vio el miedo en sus ojos y sonrió con calidez.

— Te estaré esperando aquí, y te acompañaré de vuelta cuando lo desees cielo.

Kagome agradeció sus atenciones, y tenía un par de preguntas para hacerle.

Sus pies parecías de concreto, pesado e inmovilizante. Quería avanzar pero al mismo tiempo le daba miedo, un pavor que no había sentido nunca. Despedirse de él… despedirse de alguien tan especial…

Mientras avanzaba con lentitud pensaba en su padre, no había tenido que despedirse de él porque había muerto mucho antes de que ella supiera que era la muerte en sí, recordaba a su madre decirle que estaba de viaje por el cielo, para cuando comprendió la verdad sólo tuvo que aceptarlo, pero el dolor no estaba.

Pero esto, esto era diferente. Su pecho le dolía y su estómago se estrujaba, se sentía tan frágil, como si fuera a partirse en dos o algo así. Sus ojos habían comenzado a llorar y su labio hinchado parecía hincharse aún más, si eso era posible. Sentía dolor nuevamente, en sus manos que se apretaban a pesar de los vendajes, en su tobillo que latía y por sobre todas las cosas en el alma.

Un hombre que parecía un guardaespaldas estaba en la puerta, eso era claramente extraño y más en esta situación, pero ahora su cabeza sólo quería cumplir su cometido y entrar a verlo. Decidida iba a abrir la puerta cuando el gigante se interpuso.

— ¿Quién es usted señorita? —su voz era tan fuerte y grave que le habría causado mucho miedo en otro momento.

— Soy Kagome Higurashi, la enfermera del joven Inuyasha Taisho —respondió formal y firme.

El gigante abrió sus ojos con sorpresa pero retrocedió y dejó que entrara en la habitación sin más cuestiones. Una vez dentro, le dirigió una mirada y pudo verlo observarla con sorpresa todavía, y no sabía por qué. Aunque tampoco le importaba demasiado.

Tambaleó al verlo así, tan… hermoso, perfecto. Parecía dormido, hoy más que nunca, dormido y pacífico, no tenía cableríos a su alrededor más que el control cardíaco, y este era tan débil… Dio dos pasos más y tocó su rostro con decisión sin poder refrenarse a sí misma, él no sonreía. Él la estaba dejando. Y sus lágrimas caían sin control, comenzó a hiperventilar. ¿Por qué le dolía tanto? Él era su paciente, nada más, ella había prometido ser fuerte y dejar de llorar, pero le dolía tanto que no pudo soportarlo más y desbordó.

No supo cuando surgió su idea o cuando la llevó a cabo, pero lo siguiente y último que vio y sintió fueron los párpados cerrados de él acercándose más y más, y su respiración suave. Cuando rozó sus labios entendió que ella se había acercado a besarlo. Era tan suave, tan dulce, tan agradable. A pesar que él no mostró reacción, ella se sintió volar, volar lejos en un lugar maravilloso. No quería volver nunca más.

Y como todo lo que sube tiene que bajar, un horrible pitido constante y desesperante la despertó de su ensoñación volviéndola a la tierra de la manera más cruel. Casi podía ver el alma desprendiéndose de aquel cuerpo tan perfecto e inmaculado y subiendo lentamente y bien lejos junto con la mitad de la suya, la mitad más grande, dejando un hueco que dolía, pesaba y la llevaba a tener que abrazarse con fuerza por la incomodidad que le generaba. Era una sensación tan dolorosa, tan extenuante, cayó al suelo sin fuerzas aun abrazándose.

El corazón de Inuyasha se había detenido, y esta vez, para siempre.

Continuará…


Hola! Cómo están todos?!

Wou, tenía este capi a punto de terminar en la PC desde hace bastante, pero como también la notebook tuve que pasar de un lado al otro las cosas y estuve bastante tiempo configurando cosas para que quede todo bien, así que tarde muuuuuucho, entre eso y claro la facultad y el trabajo u.u

En fin, lo importante es que estoy acá y les traigo la contiiiiii, espero les guste!

Les agradezco los comentarios, siempre me avivan a seguir escribiendo, los quiero y les agradezco con el corazón!

Besos y abrazos, nos vemos prontitooooooo! :)