Continuo, después de un mes... Diablos. Espero recuerden este fic.


X

Halloween.

Iwaizumi piensa en su hermana y la mueca que haría al ver cada letrero. "¡Así no se escribe!", exclamaría, para luego lanzarse en un discurso sobre los orígenes de la festividad y su ortografía correcta.

A Iwaizumi no le importa. Después de todo, es sólo una palabra; a nadie le importa si lleva una o dos letras más, o un apóstrofe o lo que sea, si se entiende, está bien.

De todas maneras, la escritura de una palabra no importa demasiado en este momento. Lo que más importa y sorprende a Iwaizumi es estar caminando en ese momento junto a Oikawa, con destino a una fiesta de disfraces.

Y como toda fiesta de disfraces universitaria que se respete, los disfraces son una obligación. A Iwaizumi le hubiera gustado optar por algo sencillo como un doctor, o un profesor; algo que se pudiera colocar fácil y se pudiera quitar aún más fácil. No contaba con el torbellino de Oikawa revoloteando a su alrededor e insistiendo que "debía dar una buena impresión".

—Deja de pensar como un cavernícola, Iwa-chan —le había dicho—. Esta es otra época.

"Esta es otra época".

Iwaizumi suspira. Efectivamente, es otra de las muchas épocas en las que él y Oikawa se han conocido, otra época más en la que camina a su lado como si fuera lo más normal del mundo. Es otra época en la que le parece ver que hay algo dentro de Oikawa que éste ha venido guardando por un buen tiempo y necesita sacar.

Como sea, a sugerencia de Oikawa e insistencia de Kuroo, Iwaizumi recorría las calles de un concurrido sector de Shinjuku ataviado con un complicado disfraz de vaquero, que prefería una y un millón de veces a aquélla monstruosidad de caballero medieval que se le había ocurrido a su compañero de cuarto. Oikawa, por su parte, se había aliado con Kuroo y entre los dos, habían construido disfraces reminiscentes a demonios, uno para Kuroo y el otro para Oikawa.

Iwaizumi habría querido hacer algún comentario gracioso, pero no encontró la energía para ello. Las botas que había conseguido Oikawa le quedan apretadas, o quizá él no está acostumbrado. De cualquier manera, está cansado. Y apenas han caminado una cuadra.

—¡Ánimo, Iwa-chan! —le dice Oikawa, y parece que funciona; por un momento, Iwaizumi siente un poco de energía nueva fluir dentro de él. Es sólo un momento.
—¿Cuánto falta? —pregunta, cuando la subida de energía empieza a desaparecer.
—Un poco, nada más —. Oikawa camina un poco más despacio, ajustándose a los pasos de pingüino que Iwaizumi está dando—. La vas a pasar bien, relájate. ¿Hace cuánto que no sales?
—¿Hace cuánto? —repite Iwaizumi. La última vez que estuvo en algo similar a una fiesta, había sido en mayo, más o menos, se lo dijo a Oikawa.
—¿Mayo? Bueno, eso está bien. Que conozcas tus prioridades.

Antes de que Iwaizumi contestara, escucharon una voz femenina que llamaba a Oikawa. Éste aumenta la velocidad de sus pasos, halando a Iwaizumi de la mano.

—Momo-chan —saluda y sin pausar, presenta a Iwaizumi, quien le brinda a la recién conocida una sonrisa simpática.

Tan pronto entran al lugar, lo primero que Iwaizumi busca es una silla. Al divisarla, corre tan rápido como sus piernas se lo permiten y se tira sobre el mueble. Oikawa se sienta a su lado.

—Pareces un viejo —le dice—¿Qué quieres tomar?
—No sé, lo que sea. Sólo déjame descansar un rato.
—Iwa-chan, un consejo para el futuro: cuando te molestes con alguna de tus novias porque se queja por sus tacones altos, recuerda este día.
—Sí, sí, lo que digas, Casanova.

. . . .

Las botas dejan de molestar después de un rato. Iwaizumi ha trabado amistad con Momo-chan, quien le ha dado algunos consejos para tratar con zapatos demasiado apretados. Iwaizumi asumió que podía confiar en su palabra, al ver que la muchacha vestía los zapatos más altos y peligrosos que había visto en su vida.

Oikawa, por su parte, está revoloteando por toda parte. Conversa con un grupo y luego pasa a otro. Iwaizumi lo ve detenerse frente a Kuroo y ambos admiran el trabajo del otro. Sugawara y Kiyoko comparten una mirada preocupada, pero acceden a tomarles unas fotos.

—Les luce —dice Daichi desde un lado de Iwaizumi—. Es decir, es como si hubieran sacado a relucir lo que llevan dentro.

Momo rio e Iwaizumi hizo eco del sonido. Daba la impresión que tanto Kuroo como Oikawa disfrutaban del asunto, dada la manera en que posaban e interpretaban los personajes de los que estaban vestidos. Se llevaban bien. Demasiado bien para ser verdad.

—Iwaizumi-kun —llama Momo, el aludido la voltea a mirar. Quiere disculparse por no bailar con ella, pero aún está cansado, quizá más tarde.

La chica no menciona algo relacionado con bailes, lo que dice, más bien lo sorprende aún más.

—Iwaizumi-kun, ¿no te parece que Oikawa está relajado?
—¿De qué hablas? —le pregunta Iwaizumi. Le parece que Oikawa siempre está relajado. La única excepción que se le ocurre son esas veces que hablan de su futuro, aunque sea por unos pocos segundos.
—No sé cómo decirlo, pero me da la impresión que no carga con un peso en su espalda… —Deja la frase a medias, insegura sobre cómo continuar.
—Pues, no sé.
—¿Sabes?, cuando llegaron me dio esa impresión, como que sonreír le salía más natural. Oikawa a veces finge que está feliz.
—Tal vez.
—No es que lo conozca mucho. Es sólo que… Yo soy así, y puedo ver fácilmente cuando alguien más lo está haciendo.

Iwaizumi asiente. No está muy seguro sobre qué decir, pero supone que si Momo lo dice, tendrá algo de razón. Al fin y al cabo, ella lo ha conocido por más tiempo: según le ha contado, estudiaron juntos en Shiratorizawa y por un azar del destino, terminaron en la misma universidad. Así que, si Momo lo dice, debe tener razón.

—Es como… como cuando encuentras una pieza que te falta en un rompecabezas —agrega Momo. Iwaizumi vuelve a asentir, esta vez más inseguro que antes.

Si la vida de Oikawa es un rompecabezas, Iwaizumi sólo es una pieza más. Una entre miles que aún le faltan por encontrar.

Si la vida de Iwaizumi es un rompecabezas, la pieza que es Tooru Oikawa aún no ha encontrado un lugar dónde encajar, aunque ha empezado a hacerlo a la fuerza.

. . . .

Oikawa se sienta a su lado, se ríe de algo que le dice Momo y cuando ella se dirige a Daichi, Oikawa se deja caer sobre el espaldar de la silla.

—No tomé en cuenta que me iba a freír en esta cosa —comenta.
—Te lo dije —responde Iwaizumi.
—Kuroo me dijo que no te hiciera caso, porque a veces eras amargado.
—Soy previsivo.
—Como una madre.

Iwaizumi no responde. Se recuesta en el espaldar, junto a Oikawa. La música retumba en sus oídos, escucha gritos y risas. Ve las luces y los flash de las cámaras. Y siente calor, mucha calor. Incluso se olvida de la incomodidad de sus botas pensando en el calor que hace y lo mucho que le gustaría salir de ahí. Las bebidas no son suficientes, quiere aire, la tranquilidad de su apartamento.

Contrario a lo que Kuroo pueda decir, Iwaizumi no es ningún amargado. Ha tenido una que otra experiencia en fiestas, borracheras y todo lo relacionado con vida nocturna, excepto quizá alucinógenos. Piensa, sin embargo, que este no es su día. Estaba animado, a la medida justa. Kuroo había logrado encender en él una pequeña llama de ánimo, que Oikawa había revivido después y que acaba de morir gracias al calor.

Está a punto de decirle a Oikawa que se va a ir a casa, cuando Bokuto aparece, literalmente, de la nada.

—Otro demonio —comenta Iwaizumi cuando lo ve—, ¿qué hay con ustedes y los demonios?
—Nada, nada —contesta Bokuto—. Kuroo me habló de ello, pensé que sería buena idea y… ¡aquí estoy!
—Vaya.

"Vaya" lo resume todo perfectamente. Iwaizumi no comenta nada más y medio escucha la charla entre Bokuto y Oikawa.

Hablan de todo y de nada. Bokuto le comenta algo del equipo de vóley de la universidad, Oikawa contesta entusiasmado y le dice que podría ir a alguno de los partidos, si tiene tiempo. Es probable que Oikawa encuentre tiempo.

Después de un rato de silencio, Bokuto le dice algo al oído a Momo, la chica, bastante absorta en alguna conversación con Daichi, niega con la cabeza y vuelve a su previa conversación. Bokuto hace una mueca y le tiende la mano a Oikawa.

—¿Qué? —pregunta éste.
—Bailemos —le responde Bokuto.
—Ayúdame en el próximo examen y soy todo tuyo.
—No necesitas ayuda. Vamos.

Iwaizumi no sabe si es algo en la sonrisa de Bokuto, el ambiente de la fiesta o el licor, Oikawa se pone de pie y con un dramatismo exagerado, toma la mano de Bokuto. Iwaizumi los ve moverse al ritmo de la música durante unos minutos, y luego, empieza a cabecear.

Ésa es su señal de que es hora de irse.

. . . .

—Oikawa, me voy —le dice Iwaizumi a Oikawa cuando al fin éste vuelve de su corto número de baile con Bokuto.
—¿Tan rápido? —Oikawa sigue con la mirada a Bokuto, que se ha ido con una muchacha.

Iwaizumi asiente. No es que esté aburrido… Bueno, en realidad sí está aburrido, pero como parece que Oikawa se está divirtiendo, no lo quiere molestar. Simplemente quiere despedirse, llegar a casa, deshacerse de ese incómodo disfraz y dormir, como no lo ha hecho durante un buen rato.

Oikawa mira a su alrededor, con los brazos cruzados. Desde dónde están, Iwaizumi puede ver a Kuroo hablando animadamente con Sayuri y otra chica, Bokuto ha encontrado otra pareja de baile y Sugawara y Kiyoko se acomodaron en el sofá y conversan con las cabezas muy cerca.

—Vámonos, Iwa-chan.
—¿Qué? No, tú puedes quedarte, yo soy el que se quiere ir, Oikawa…
—No, yo también quiero irme. Suga está pasándola de lo lindo con Kiyoko-chan y no puedo mantener el ritmo de Bokuto por mucho tiempo. Vámonos.
—¿A dónde?
—¿A dónde querías ir antes?
—A casa.
—Pues invítame a tu casa, Iwa-chan.
—Está bien… Vámonos.

. . . .

Oikawa nunca ha ido a su apartamento, no es que sea algo malo, ni algo por lo que deba sentirse nervioso. Es solo que nadie va a su apartamento, nunca. Es demasiado estrecho como para soportar visitas de más de cinco minutos. Cuando la hermana de Iwaizumi los visitó, se despidió quince minutos después de su llegada. Le dijo después a Iwaizumi que se sentía un poco encerrada allí.

De ahí que cuando entran al apartamento, Iwaizumi se siente un poco aprehensivo. Sin embargo, mira la amplia sonrisa de su acompañante, sus ojos recorriendo toda la habitación, captando cada detalle, e incluso la forma en que camina, con un inconfundible respeto hacia el lugar. Comprende que Oikawa piensa quedarse allí más de lo que cualquiera de sus otras visitas lo ha hecho y que va a disfrutar cada minuto de ello.

Iwaizumi se alegra cuando al fin se deshace de las apretadas botas y el estúpido disfraz. Le hubiera gustado haberlo pasado mejor, pero Halloween definitivamente no es lo suyo. Quizá Navidad o algún otro festival menos ajetreado. Tenía muy buenos recuerdos del fin de año anterior, gracias a Hanamaki y Matsukawa.

En la cocina, lo espera Oikawa, estirado cuán largo es en una de las sillas del comedor, disfrutando de un vaso de agua que se ha servido sin permiso. Iwaizumi no alcanza a formar las palabras para recriminarlo cuando Oikawa lo mira de la cabeza a los pies, su expresión cambia de una relajada a una ofendida a medida que se da cuenta que Iwaizumi viste una vieja sudadera y ha dejado su disfraz tirado por ahí.

—¡Iwa-chan!
—No pensarás que me iba a quedar con esa tortura en mi casa, por el resto de la noche, ¿o sí?
—Claro que no, pero, ¿y yo?
—Tú estás bien —responde Iwaizumi. Oikawa inclina la cabeza.
—Oh —. Oikawa alza las cejas y sonríe maliciosamente.
—No tengo tan malos gustos.
—Iwa-chan, me ofendes.
—Como sea, si necesitas cambiarte, sólo dímelo, no es como si pudiera leerte la mente.
—Algún día llegaremos allá —contesta Oikawa—. Iwa-chan, ¿tienes algo de ropa que me puedas prestar, por favor?

Iwaizumi asiente, para después entrar a su cuarto y rebuscar en una canasta. Lo único que tiene disponible en ese momento, es una chaqueta de Kuroo, que está manchada de algo que huele a chocolate y fresa. Al rebuscar más entre la canasta, encuentra una camiseta, demasiado grande como para ser de Kuroo. Se está preguntando si le puede quedar bien a Oikawa cuando mira el frente de la prenda y las letras mayúsculas de color negro: "KARASUNO HIGH SCHOOL". La primera persona que se le viene a la cabeza es Tsukishima y hace una nota mental de preguntarle sobre la camiseta a Kuroo cuando lo vea.

No encuentra nada en la canasta, de manera que vuelve a su armario. Rebusca entre toda su ropa y al fin encuentra una camiseta limpia. Vuelve a la sala con ésta y un pantalón le parecía era de la talla de Oikawa y le entrega las prendas.

—Usa esto —le dice. Oikawa examina la camiseta.
—"Aoba Johsai" —lee en voz alta.
—¿Algún problema?
—No, ninguno. Gracias, Iwa-chan.

Y sin decir más, entra al baño para colocarse la ropa.

. . . .

Para cuando Oikawa sale del baño, Iwaizumi está sentado en su cama, el cuarto a oscuras y su mirada fija en la ventana. Alcanza a ver un atisbo de extrañeza en el rostro de Oikawa cuando éste se acerca. Sin embargo, el muchacho se deshace rápidamente del momentáneo desconcierto, para quedarse de pie bajo el marco de la puerta, sin saber muy bien qué hacer.

Iwaizumi le hace una seña para que se siente en la silla de su escritorio, Oikawa casi le hace caso. Avanza hasta plantarse al frente de la ventana y se sube a la cama de Kuroo, tratando de tener una mejor vista de algo.

—Iwa-chan, ven —le dice. Iwaizumi obedece con cierta renuencia, Kuroo es bastante particular con aquello de dejar que otros se suban en su cama. Pero bueno, qué más da, Kuroo no está en este momento, y no es como si Oikawa o él le fuesen a contar. De manera que se arrodilla al lado de Oikawa, que tiene su nariz pegada a la ventana.
—¿Qué? —le pregunta. Oikawa se despega del vidrio con una amplia sonrisa. Iwaizumi piensa en un sueño, no sabe de cuándo. Ve a Oikawa sonriendo de la misma manera, con el rostro sucio y el cabello alborotado, su mano señalando algo. Parecía como si hubiese sucedido un milagro.
—Mira allá—le dice Oikawa. Iwaizumi mira hacia dónde cree que Oikawa le señala—. Iwa-chan, es hacia allá—. Bien, se equivocó. La verdad es que la indicación de Oikawa es bastante vaga. Su compañero lo entiende, de ahí que él mismo se encargue de mover su rostro en la dirección correcta: un poco hacia su derecha y otro poco hacia arriba, hacia el cielo.

Está despejado. Hay varias estrellas, unas más brillantes que otras. Ni una sola nube impide su visión. Dado que las manos de Oikawa le impiden mover su cara, Iwaizumi trata de mover los ojos, mirándolo. A veces Oikawa es como el cielo nublado, con truenos y rayos, como antes de una tormenta. En este momento, parece el cielo despejado, el infinito azul que se extiende hasta donde su vista alcanza.

No hay ninguna nube y lo que Iwaizumi ve de Oikawa se extiende hasta que sus ojos arden y los quiere desviar, pero no lo hace. Más bien sigue tratando de mirarlo, encontrar lo que hay más allá del azul, de las estrellas que titilan con fuerza y de aquéllas que ya han perdido su vida.

—Mira allá, Iwa-chan, es Marte.
—¿Marte? —Iwaizumi desvía su mirada. ¿Marte? —, Oikawa, ¿qué debo ver?
—Ese punto rojo brillante. El que no parpadea.
—¿Y cómo se supone que sepa eso?
—Eso lo enseñan en primer grado —. Oikawa al fin suelta su rostro y se sienta, Iwaizumi sigue mirando el cielo—. La diferencia entre los planetas y las estrellas en el cielo, es que las estrellas titilan, los planetas no. La luz que reflejan es estable.
—Ya veo —. Iwaizumi al fin encuentra un punto rojo. Al cabo de un rato, nota que no parpadea, no es una estrella. Es Marte, o al menos, eso es lo que dice Oikawa.

—¿Sabes que es lo genial de las estrellas, Iwa-chan?
—No sé, ¿que están hechas de polvo cósmico o algo así?
—Pues… no. El polvo cósmico es lo que queda después que una estrella muere. Las estrellas tienen hidrógeno y helio…
—No sigas —le dice Iwaizumi—. Quiero decir, te desviaste del tema.
—Cierto. Lo que te iba a decir era más poético. Iwa-chan, ¿sabes que la luz viaja muy rápido a través del espacio?
—Sí.
—Entonces, sabes que podemos percibir primero la luz de un estallido que su sonido, unos milisegundos, quizá.
—Sí.

Iwaizumi no sabe a dónde va todo eso, pero está interesado. Oikawa también da la impresión de estar hablando de un tema que le atrae, tiene la espalda recta y mira fijamente a Iwaizumi, no hay duda en sus palabras. Quizá haya pasado días leyendo sobre esos temas, piensa.

Se sienta frente a él y lo sigue escuchando.

—Bueno, con las estrellas pasa lo mismo —continúa Oikawa—. La luz de las estrellas viaja a través del espacio hasta que la vemos llega con… digamos que con cierto tiempo de retraso. Por ejemplo, cuando ves el sol, la luz que vez es la que estaba emitiendo hace unos minutos, el mismo tiempo que se demora en llegar a nosotros.
—Ya.
—Voy al grano —dice Oikawa, da la impresión que está preocupado por si Iwaizumi se aburre.

La verdad, Iwaizumi no está aburrido. Aunque entiende hasta cierto punto toda la charla, porque ha hablado de ello en algunas de sus clases, nunca le ha prestado demasiada atención a las estrellas, quizá porque siempre ha estado mirando hacia al frente o hacia abajo, hacia la tierra. El firmamento nunca le ha causado demasiado interés, hasta que conoció a Oikawa, quizá. Desde ese momento había empezado a pensar más en nubes, tormentas, cielos oscuros y cielos claros. Ahora también le empiezan a interesar las estrellas, parece.

—¿Me estás escuchando Iwa-chan? —El aludido asiente y Oikawa retoma su charla—, estaba diciendo, que la luz de las estrellas se demora cientos de años en llegar a nuestro planeta, es decir, nos tardamos demasiado en verla. De manera que la luz de cualquier estrella que esté viendo, puede ser exactamente la misma que tu bisabuelo estuvo mirando hace miles de años. Estamos mirando las mismas estrellas que nuestros antepasados, ¿no te parece genial?
—Supongo —musita Iwaizumi. Es ciertamente interesante, pero hay algo aún mejor—. Oikawa, ¿no has pensado dedicarte a esto? A la astronomía, quiero decir. Te gusta, ¿no?
—Sí, me gusta. Pero… no lo sé.
—¿Qué es lo que no sabes? Te gusta, sabes tanto de eso que es impresionante. Podrías ir a trabajar a la NASA o algo así. ¿Quieres algo más?
—Supongo —contesta Oikawa. Por la forma en que lo dice, Iwaizumi entiende que quiere dejar de hablar de ello. Sin embargo, en su fuero interno, se propone hacer que Oikawa tome una decisión antes de que acabe el año, sin importar qué.

Vuelve a mirar al cielo, las estrellas, viejas, nuevas, vivas o muertas, la luz rojiza de Marte en el horizonte, la luna llena muy cerca del planeta. Hay otro sueño, Iwaizumi piensa en un tejado amplio, una brisa suave, a Oikawa tiritando de frío y a Iwaizumi cubriéndolos a ambos con una manta. Oikawa mirando al cielo y hablando sobre la luz, las estrellas y cuán lentos son los ojos de los seres humanos, que notan cosas que han pasado hace millones de años y se maravillan por ellas, aun cuando el universo ya las ha olvidado.

Es claro, aunque sea un poco terco para aceptarlo, que Oikawa y él se conocen de antes. Se han conocido varias veces a los largo de sus vidas y en cada una de ellas han tenido diferentes finales, a veces uno de los dos muere y en unos pocos, ambos viven. Iwaizumi no sabe que garantiza una cosa o la otra, pero es el final que quiere. Tanto él como Oikawa, vivos, persiguiendo sus sueños. Vivos y felices. Es lo que quiere, no le parece que sea tacaño pedirlo, ni querer pelear por ello.

Se pregunta si esas estrellas que miraban esa vez, son las mismas que ven ahora. Tal vez estén bajo la misma luz de una estrella que ya murió, tal vez los astros los estén observando desde el cielo y estén recordando la cantidad de veces que han visto a ese par de muchachos acostados boca arriba, observándolos con interés. Uno de ellos compartiendo trivia desconocida, emocionado y el otro escuchando atentamente, parte de él confundido por la velocidad con que su compañero habla y la otra parte, fascinado, porque nunca ha visto a alguien zambullirse en algún tema con tanta pasión.

Oikawa lo mira con interés, como si supiera lo que está pensando. Iwaizumi decide que a veces, las cosas funcionan mejor con Oikawa si no ha planeado por adelantado y toma aliento. Las estrellas arriba de ellos, las mismas que han visto quizá durante todas sus diferentes vidas, en diferentes circunstancias y en diferentes ánimos, lo examinan atentamente; le parece que titilan con más fuerza, como queriendo darle ánimos para que no se detenga.

Iwaizumi deja de pensar en tormentas, nubes y astronomía. Sólo piensa en Oikawa. En Oikawa y en él. En Oikawa, en él y en lo que sea que hayan hecho para entrelazarse tan fuertemente que se siguen encontrando como sea y cuando sea.

—Oikawa —llama. Oikawa levanta la cabeza, su expresión grave.
—¿Sí?
—Hay algo que tengo que decirte. Y espero que lo tomes muy, muy en serio.

Oikawa se rodea las rodillas con los brazos y apoya el mentón en éstas. Se acerca más a Iwaizumi y le lanza una última mirada a Marte, a la luz de las estrellas y a Iwaizumi antes de contestar.

—Está bien. Yo también tengo algo que decirte, Iwa-chan.


Notas: - Honestamente, quería publicar este capítulo el 31 de octubre, no sé qué pasó y no sucedió.

- Lo de las estrellas. La explicación es parafraseada de una conversación sobre el mismo tema con mi hermano. Puede resultar un poco confuso, pero es todo eso es absolutamente genial. El cosmos es genial, aunque complicado.

- Bueno, no los aburro. Dejo un adelanto cortísimo, porque el próximo capítulo tiene una estructura que difiere de los que he escrito hasta ahora.

"Kuroo se sienta en la mesa con un café a un lado y Sugawara al frente suyo. Los cuadernos de tapa roja descansan en sus manos y ambos suspiran, antes de empezar a leer."