X
"No ha sido fácil tener una opinión
Que haga valer mi vocación…". P. M.
La chica trigueña la saludó con su voz aguda, mientras agitaba la mano, y haló consigo al jovencito. Anne respondió con una sonrisa, viéndolos acercarse.
—¿Estás bien, Bellemere? —la abrazó, siendo correspondida por la peliceleste— Para que un buque de la Marine termine en esta pequeña isla, tiene que naufragar… o hundirlo yo con uno de mis explosivos.
—Vaya, no quisiera haber experimentado lo segundo. —Anne la miró entre alegre y sorprendida— ¿Banchina? Menos mal que llegaste a reconocerme, yo no hubiera podido. Te ví pocas veces y eras una nenita, ¿cuántos tienes ya?
—Los suficientes como para convertirme en la más experta del ramo de los detonadores y explosivos en todo el Grand Line. —dijo orgullosa y al ver el rostro incrédulo de Belle, optó por la verdad— Solo del East Blue, por ahora. ¿Verdad que está bien para catorce años?
—Demasiado bien, me temo. —suspiró la mayor de las trillizas— La Marine tarde o temprano te echará el ojo encima, tendrás que cuidarte.
—¡Bueno, ya veremos cuando pase! —chilló la trigueña, encogiéndose de hombros— No le tengo miedo a los marines, Anne. —se inclinó para susurrarle al oído— Si hay más como tú, podemos hacer un trabajo de depuración, solo tienes que decirlo.
Y le guiñó un ojo. —¿Tienes heridos? Mi madre puede encargarse de ellos.
—Gracias, no hay problemas, la doctora de abordo se ocupó.
El muchacho la había observado sin decir nada, hasta que Banchina decidió romper con su timidez.
—Este es mi hermano, dudo que lo conozcas siquiera porque desde niño ha estado en los astilleros, y es un año menor que yo.
—¿Galley LaCompany? —preguntó Anne, curiosa— Qué pequeño es el mundo, supongo que eres amigo de Edward.
—De seguro, nos llevamos muy bien a pesar de que estamos en años diferentes. Él se graduará pronto, yo aún estoy de aprendiz —dijo casi en un susurro—. Edward es muy bueno diseñando barcos y a me gustaría ayudarlo a construir alguno de sus modelos.
—Créele, él sí que no dice mentiras —la hermana rió divertida—. Según me cuenta, Ed tiene muchas posibilidades de que lo hagan maestro antes de lo establecido.
—Debería sentirse orgulloso, en lugar de ofuscarse por los títulos —musitó Anne, incómoda—. El que es bueno, es bueno sin necesidad de papeles. Acabo de aprenderlo con Rouge.
—Te pareces mucho al aspirante a maestro —aventuró el chico— ¿No fuiste tú quien obtuvo el Diploma de Oro como ingeniera naval? Edward nunca dijo que se lo había ganado su hermana.
—En mala hora —Anne titubeó antes de continuar—… Se lo regalaría a cambio de que volviéramos a tratarnos como antes.
—¿Dónde está él? Supuse que habiendo terminado el año no dudaría en visitarnos, pero por lo que cuentas —Banchina escudriñó al cubierta con la mirada—… y no me parece que se digne a venir contigo en un buque de la Marina. En todo caso, no es ese que se paró a mirar hacia acá.
—Rouge y yo pretendimos rescatarlo de la tormenta —suspiró Anne, sentándose cansada en la arena. Se percató de que el teniente había salido a cubierta y la vigilaba de lejos—. Por desgracia, a la tromba le antecedió una tormenta de polvo que nos dejó la visibilidad nula. Y este es el resultado…
—Sabía yo, aunque no lleve uniforme, es más feo que Edward —con una sonrisa, Banchina ocupó sitio junto a ella. Su hermano la siguió, sin dejar de mirar fijamente a Anne—. Las malas noticias se saben muy pronto en Syrup, y no hay reportes de que la tormenta haya acabado con algún barco, así que nada de preocupaciones.
—Eso espero, nunca me lo perdonaría. Creo que tampoco Rou.
—Te aseguro de que ninguna borrasca podrá con un D. —al verla decaer el ánimo, Banchina de inmediato desvió el tema— Entonces, ¿traes contigo a Rouge?
—Se hizo un corte y hubo que suturarla.
—¡Dios, así se habrá puesto! Si continúa tan presumida como antes…
—Fiel a su manera de ser, lo primero que preguntó fue si le quedaría marca. —sonrió Anne— Por lo menos quedará tranquila hasta que se le pase. ¿Y ustedes, qué hacían en la costa, si sus padres viven en el pueblo?
—Una escapada a ver las puestas de sol y de paso, inventarnos historias —Lusopp parecía irse animando—. Pero mi hermana siempre me gana, es una mentirosa profesional ¿Te gustan las leyendas?
—Sí, papá siempre tenía una a punto a la hora de dormir. Con tantos viajes, era de esperarse —Anne se entristeció—. Imagino lo preocupado que estará, por no hablar de mamá.
—Vendrán a buscarte, de seguro —afirmó Banchina con su vocecita— ¿Necesitas algo? Papá y mamá de seguro estarán contentos de verte.
—No, por favor. Involúcrense lo menos posible con la Marine —rogó Anne—. Mi bisabuelo pronto llegará aquí… yo misma… seré juzgada por ellos.
—¿Todo por naufragar con su barco? —Lusopp abrió aún más los ojos— Quizás hasta tenga arreglo.
—Todo por llevarme un buque sin permiso, para salvar a mi hermano de la tormenta y terminar encallándolo aquí —se sintió mejor al ver que el teniente se había cansado de vigilarla—. Perdimos la hélice, así que no hay vuelta atrás.
—No vamos a permitir entonces que tu bisabuelo te lleve a ese juicio.
—Asumiré lo que me toca —dijo Anne, resuelta—. En esto puede irme el grado de capitán, incluso. Pero no voy a mostrarme como una cobarde.
—Veremos —Banchina sonrió cómplice a su hermano. Éste se disculpó alegando que tenía que marchar a casa. Al verlo alejarse, añadió—… Le has caído bien, solo que es demasiado tímido. A ese paso nunca va a encontrar novia.
—Prefiero un tímido a un taimado —Anne volvió a mirar a cubierta, pero el teniente no había aparecido otra vez—. Hay algunos que aparentan mucho respeto y se aprovechan de cualquier situación para sacar las garras.
—Eso me huele a marine —dedujo la chica de voz aflautada—, aunque sinvergüenzas hay en todas partes. Y chicos idiotas sin cerebro, otros tantos. Por ese lado reconozco que mi hermano es algo extraño, debe ser que mamá se empeña en educarnos como si estuviéramos en un reino.
—Le contaré a Rouge donde acabamos… Debo irme ahora, no es bueno que me vean hablando contigo en esta ocasión, puedo traerte muchos problemas —Otro buque apareció en la distancia. Anne se despidió de Banchina en el acto, buscando regresar a su navío antes de que el instructor de marines arribara.
/
Rouge la observó con algo de culpa, después de verla sentarse en el lecho. Esa aventura no habría de pasar desapercibida para la Marine y de seguro Anne pagaría las consecuencias. Si ella se preocupaba, no era por gusto y en ese momento, su hermana lucía bastante nerviosa.
—Anne… ¿qué pueden hacerte? —preguntó inquieta— ¿Crees que el abuelo Garp no intervendrá en cualquier decisión que se tome?
—Saldré bien si me quitan los grados —Anne soltó su cabello, como si con ello denotara toda la rebeldía que inflamaba su sangre, mitad pirata—. No importa, quise sacar a Ed de la tormenta. La intención era buena, los planes fallaron y solo espero que tanto él como nuestros padres estén bien.
—Bueno, mirémosle lo positivo… te librarás del teniente gruñón —quiso animarla con lo primero que vino a su mente—. A menos que quieras mantenerte en la Marine por él, y no me parece que vayas a limitar tu sueño a la presencia de un hombre.
—Ya que lo dices, —la peliceleste dudó en exponerle sus ideas— ¿lo has visto muy interesado?
—Sabía yo que te gustaba el sabor del limón —Rouge sonrió maligna— En el poco tiempo que llevo aquí, parece que te pisa los talones. Lo he visto caminotear por toda la cubierta después que saliste. Si eso no es interés…
—Está bien, si no confío en mi hermana ¿en quién, entonces? —habló más para sí misma, que para la menor. Rouge alzó una ceja— Algo me dice que abuelo Garp pretendía que tuviera una relación con él y así garantizar que me quedara en la Marine. De cuando en cuando le daba sus buenos manotazos y lo trataba de apático, flojo y no sé cuántas cosas más, solo porque no me dedicaba un halago o una galantería.
—Estoy por completo de acuerdo con el abuelo —aprobó la pelinegra con tono rotundo—. Incluso las tortugas se aparean con más ánimo.
—RouRou, estoy hablando de un romance, no de…
—Para el caso da igual, es lento.
—Da la impresión de que solo deseaba subir de rango para demostrarme su valía.
—Y darte órdenes, —las pupilas de Rouge brillaron con morbo— sádico y lento, ¡qué combinación!
—Por Dios, RouRou, deja de ver perversiones donde no las hay. Pero lo que me gustaría saber es si tanta solicitud y esmero son por interés real o porque abuelo está obligándolo.
—¿Y eso importa mucho? —la pelinegra se contempló las uñas, restándole importancia— Lo complicas todo… Si te gusta el ácido cítrico, olvídate de que abuelo Garp existe y piensa que lo haces por tu santa voluntad.
—No quiero un pretendiente que se doblegue solo porque lo pide un superior.
—¿Ves? Eso es lo malo de tener un padre como el nuestro, enseguida comparas a todos con él. Bueno, si vas a dejarlo pasar, a lo mejor puedo tomarlo de diversión.
—Lo más probable es que si yo no me interese, abuelo intente metértelo por los ojos a ver si entras en la Marina.
Rouge brincó al escucharla y acto seguido gimoteó adolorida.
—No lo dirás en serio.
—Por desgracia, hay que pensar en esa variante también —Anne contempló el techo, absorta—. Había una insistencia en su petición a que te hicieras marine que me da mala espina.
—¿Por desgracia para ti?
La pregunta de Rouge la sacó de paso.
—Sabes bien que no.
—Entonces —la trigueña entrecruzó los dedos y volvió palmas hacia fuera, estirando los brazos—… no tiene sentido que te preocupes.
—¿No te das cuenta de que si es así, el abuelo busca un modo de arrastrarte a su mundo? Posiblemente, de la misma forma lo intentará otra vez con Ed.
—¿Y quién te ha dicho que soy tan voluble, Anne? —Rouge la miró furiosa— Ni que muriera por irle detrás a un tipazo.
—No es cualquier hombre, Rouge.
—¡El que sea, Anne Bellemere, no hará de mí una marine! ¿Comprendes? ¡Ouch!
—Tranquila, Rou. Si quisieras convertirte en una por deseo propio, ya no habría nada más que hablar. Como siempre dice papá, eres libre de hacer lo que te guste —Anne intentó acariciarle el cabello, pero Rouge la rechazó, arisca. Intentó apaciguarla—. Ya sé que como buena hija de Nojiko que eres, no dejarás que un hombre te cambie el rumbo, pero… creí que mejor te alertaba.
—¿A qué te referías con eso de "no es cualquier hombre"? —la trigueña la miró curiosa. Belle rió.
—Que abuelo te conoce tan bien como yo, y sabe que el teniente sería la clase de tipo al que terminarías rendida.
—¡Ni que fuera tan interesante! —Justo terminaba la frase, cuando éste accedió a la habitación— ¡Vete al diablo! —le gritó Rouge, cubriéndose hasta la cabeza con la manta.
El teniente pareció inmutable a la reacción, y se dirigió a Anne:
—Capitán, el instructor de marines Garp acaba de arribar.
—Ya no tiene sentido que me trate como eso, teniente —Belle le respondió seria—. Espere a que el juicio determine.
—Mientras no se pruebe lo contrario, seguirá siéndolo.
Rouge se destapó, sacándole la lengua.
—Idiota —le soltó—. Pero gracias por resguardarme a tiempo —y volvió a ocultarse bajo la frazada.
—¿Por qué me insulta? —lo inusual de la interrogante hizo reír a Anne.
—Porque es una chiquilla todavía, por si no se ha dado cuenta, teniente —era la primera vez que la peliceleste veía a su hermana cambiar de color.
—¡Anne, idiota! —Rouge le propinó un almohadazo, que ella no pudo esquivar despeinándola aún más.
—Retírese, antes de que la tome con usted —ordenó Belle al marine, estallando en carcajadas—. Y le sugiero que busque un uniforme nuevo para cambiar la ropa formal antes de que llegue el instructor.
Éste obedeció y saliendo él, Garp ocupaba el sitio.
—¡Voy a colgarlos a todos! ¿Qué les pasó a mis nietas? ¡Anne, estás desarreglada! —Los gritos del ex vicealmirante debieron oírse en la isla— ¡Juro que si alguno de estos salidos te tocó acabarán donde estuvo tu padre! ¡Ese idiota de Shigure no llevaba puesto el uniforme! ¿Se aprovechó de ti el muy bribón?
—Ganas no le faltan —musitó Rouge, enfadada y cambió su expresión a una llorosa— ¡Abuelo, mira lo que me hice! ¡Como duele!
—¿Qué es eso, RouRou? ¿No puede caminar mi pequeña donna? —el viejo Garp la abrazó, acariciándole la cabeza como si se tratara de la nenita que acostumbraba a mimar— ¡El teniente irá al patíbulo, se suponía que debían salir ilesas! ¡Todo marine tiene que saber cuidar a las mujeres que están bajo su protección!
—No la tomes con el chico, abuelo —Rouge le lanzó una de sus miradas implorantes y Anne miró al techo—. Gracias a él no me lastimé aún más. Deberías promoverlo.
—Hablando de grados… —el instructor de marines llevó el puño a la boca para toser— Creo que tenemos que hablar sobre esto.
—Y abuelito —la pelinegra hizo un puchero—… no quiero que le hagan nada malo a mi hermana.
—¡Por sobre mi cadáver, nadie se atrevería a tal cosa! —Garp la tranquilizó— ¡Hay un nombre en la Marina que están obligados a respetar! Ahora duerme y sueña con los angelitos, mi donna con miel. Te enviaré con el teniente unos caramelos.
Anne y el instructor de marines abandonaron la estancia. Ya en cubierta, la peliceleste notó el buque del abuelo Garp atracado a cierta distancia, en un lugar más práctico. La noche había caído sobre el East Blue.
—Marcharemos ahora, no hay otra forma.
—¿Irnos? —Anne lo miró sorprendida— No puedes llevarte a Rouge. Hay que esperar a papá.
—Belle, a ver cómo te lo explico… —el ex vicealmirante carraspeó— Trabajo me costó salvar tu cabeza por esta indisciplina. Sengoku se portó bien y me ayudó un poco, gracias a eso el Gobierno Mundial accedió a liberarte de la pena de muerte. Pero la insubordinación, y del modo en que lo hiciste, es falta grave. Por no hablar de una traición deliberada, que todos esperaban por ser hija de quien eres —apretó los puños—. No me hagas lo mismo que tu padre, Anne. Considera que ya estoy muy viejo para sufrimientos, quiero morir con algo de paz.
—Abuelo… no sé si pueda seguir con esto —en los ojos de la peliceleste surgieron dos lágrimas—. Esta vez fue mi hermano, pero antes molestabas a mis padres incluso cuando se dedicaban a la familia y no a la piratería, ¿qué vendrá después? Quería ser marine por la misma razón que llevó a mi abuela Bellemere, pero esos ideales… ¿Dónde están? Todavía deseo continuar, pero después de lo que suceda conmigo, créeme que sacudiré a la Marine desde bien adentro.
—Para eso, no puedes hacer locuras como ésta —susurró el ex vicealmirante—. Llega bien alto, y yo mismo te abriré el camino. Trae a tus hermanos contigo, será más fácil.
—Soy dueña de mi voluntad, pero no puedo hablar por Ed ni por Rouge —lo enfrentó—. Sin embargo, te digo que ellos no tienen nada que ver con nosotros, déjalos en paz. En cambio, puedes contar conmigo… si no molestas más a la familia. Promételo.
—Muy bien, dejaré tranquilos a mis nietos —el viejo Garp suspiró—. De ahora en lo adelante, estarás a mi cargo, bajo mi control y tutela. Entregarás tus grados para venir conmigo.
—Apenas cumpla el tiempo de descanso junto a mis padres y hermanos.
—Desde ahora, Anne. No quiero pensar que vuelvas a hacer algo por el estilo. ¡Bwa ha ha ha! Acabaré calvo si te dejo, y no quiero parecerme al teniente K. ¡Shigure! —llamó al chico agrio de un modo informal, que se presentó de inmediato a sus órdenes— ¡Enciérrela en el camarote con su hermana y prepare a la tripulación para regresar al cuartel en cuanto despunte el día!
