Don't Forget To Remember Me

Autora: YukaKyo

Serie: FullMetal Alchemist Y pertenece a su respectiva autora.

Pareja: Roy x Ed

Categoría: AU. Drama, Romance, Angst... Yaoi (Chico x Chico)

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Don't Forget To Remember Me..

10.- Completamente Solo

Riza se sentía incomoda. No estaba acostumbrada a que las personas se le quedaran viendo. Con tanto interés para nada disimulado. Se movió nerviosa en la silla de madera y movió descuidadamente los papeles frente a ella. Notando que aun y haciendo eso. La mirada de aquel hombre seguía fija en ella.

— ¿Qué pasa? — pregunto al fin levantando la mirada castaña, encontrándose frente a frente con las pupilas celestes del rubio que con insistencia le veía. Lo vio cerrar los ojos y encogerse de hombros mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo derecho y lo encendía.

Aparto el rostro y soltó de su boca el grisáceo humo que no tardo en ser percibido con desagrado por la nariz de la rubia. Quiso levantarse y quitárselo de la boca para apagarlo y tirarlo, pero sabía que era inútil. Encendería otro y aunque a ese le pasara lo mismo al final se cansaría de hacerlo. Después de todo el general no le había prohibido a Havoc fumar en la oficina. Lo vio aun con el cigarrillo en sus labios, abrir ligeramente la boca.

— ¿Por qué.. —

— ¿Estamos aquí hasta pasada la noche? — Le interrumpió de pronto Hawkeye — Teníamos trabajo pendiente, recuerda que durante toda una semana nos hemos ido casa dos horas antes de lo acostumbrado. — Riza le vio negar con la cabeza.

— No es eso. Quiero saber. ¿Por qué no le has dicho al general de todo lo que sucede con respecto al almacén que investigaron? —

Esa pregunta había estado rondando en la cabeza del rubio durante demasiados días. Y estaba ahí presente y se había obligado a olvidarla tenuemente, peor con cada mirada, cada suspiro de la rubia. Se presentaba con mayor fuerza. Ahí molestándole la garganta. No había podido contenerse, mucho menos ahora.

La vio dudar un segundo y alejar con sus dedos descuidadamente un rebelde mechón de rubio cabello que le quitaba el perfecto toque a su delicado peinado. Notando que los dedos le temblaban. Más era el único vestigio que su cuerpo mostraba, los ojos y la firme voz estaba más bien que controlada.

— No era necesario. — Soltó al fin después de unos segundos de pensárselo con calma — Él ya lo sabe. De una forma u otra de inmediato lo supo.

— Entonces¿Por qué aun no lo arrestan? Hay demasiadas pruebas en su contra y…— Havoc se detuvo de pronto, la expresión furiosa y dolida en los ojos castaños de la rubias le dejo completamente sin palabra alguna y haciendo que olvidara incluso lo que de la frase restaba.

— No quiere hacerlo por Edward. — Los labios de Riza temblaban en rabia contenida — Nunca lo ha mencionado siquiera, pero sabe que Ed nunca se lo perdonaría si es que su hermano llega a ser encerrado como un criminal.

— Pero lo es—

— ¿Y crees que él no lo sabe? — pregunto harta y con voz fuerte.

Se había levantado del asiento y la silla había caído de un golpe seco hacia atrás. Varios papeles volaron y un crudo silencio envolvió de pronto la habitación donde no solo ellos dos estaban. Farman, Flurry y Breda se alteraron también al ver la reacción de la rubia y el notorio aumento de voz en aquellos dos que hasta segundos antes habían hablado solo en susurros callados.

Sus ojos castaños pudieron ver un brillo de temor en los ojos celestes de Jean, así como también el cigarrillo que se le había caído al suelo de sus labios abiertos y decidió calmarse. Pidió una disculpa a los demás, mientras se entretenía recogiendo la silla. Los papeles que habían volados notaba que estaban siendo recogidos por el rubio y minutos después todo volvía a estar en perfecto orden y silencio.

Dudosa guió su mirada hacia al robusta puerta oscura que daba hacia la espaciosa oficina del general, al parecer no había escuchado nada.

Termino sentándose una vez mas en su silla, siendo aun presa de los incansables ojos de Havoc. Suspiro cansada, tanto física como emocionalmente, pero sabia que no dejaría de mirarla hasta que le explicara con claridad de lo sucedido. Volvió a mirarlo y comenzó una vez más en voz baja.

— El general tan solo espera a que Edward recuerde y sea el mismo el que decida que hacer. Por eso no ha hecho nada. Por eso se ha contenido. Estoy segura que el mismo desea hacerle pagar por todo lo que le hizo a Ed. Pero solo por Edward se contiene de hacerlo— confeso al fin y finalmente pudo sentirse libre de la profunda mirada del castaño.

Lo único malo, era que ahora ella con insistencia le miraba.

Había encendido nuevamente otro jodido cigarrillo.

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Estar echado sobre el mullido sillón le molestaba, pero era el único lugar en toda esa casa que era agradable para él. Podía escuchar el molesto ruido que ese joven hacia en la cocina y sabia de sobra a que se debía, aun seguía nervioso por lo ocurrido hacia algunos días y estaba demás decir que su estupida actitud le estaba cansando.

Y eso que le había hecho creer que tenía más coraje y valor que cualquiera de sus antiguos compañeros.

Menudo valor ese de estar temblando como gallina a cada momento.

Gruño molesto y se revolvió en el sillón, fastidiándose al ver una de las prendas de aquel chico en el suelo. Maldijo cuando el sonido de los platos rompiéndose desplazo por unos segundos los otros que emitía. Tuvo que levantarse y acercarse a la cocina fingiendo interés en lo que le estaba sucediendo.

— ¿Te encuentras bien? — pregunto encontrándose arrodillado en el suelo al chiquillo rodeado de los trozos de porcelana de lo que había sido una hermosa vajilla. Pudo notar los continuos espasmos que le recorrían y aun sin siquiera escucharlo o verlo dio por sentado que se encontraba llorando.

¿Se habría lastimado a caso?

No… mas bien

Se estaba arrepintiendo de todo lo que habían hecho.

— Lo saben, todo. Ed nos vio…. Sabia a lo que íbamos y… ellos deben estar por venir y…— corrió hasta su lado y aunque se sentía asqueado por la cobarde forma en que estaba hablando le abrazo tratando de transmitirle algo de su sobrada seguridad.

— No seas estupido Al. De haber sido así, desde ese mismo momento ya estaríamos mas que presos— sintió como se aferraba a su espaldas y lucho contra el deseo de alejarlo de el y de paso propinarle una que otra patada.

— Descuida no pasara nada. Pero ya no temas—

— No estuvo bien nada, lo que hicimos no estuvo bien, él no se…— las palabras se le cortaron cuando otro acceso de culpa le asalto.

Heidrich frunció el ceño, si no hacia algo pronto ese mocoso terminaría más que loco.

— ¿No se merecía lo que le paso? Es eso— le aparto de su pecho y me miro molesto— Y a caso ya se te olvidaron todos los años de sufrimiento, en esa armadura. Los anteriores cuando eran niños. Los meses posteriores después de que tuvieras tu cuerpo. —

Los ojos grises de al brillaron, había negado instintivamente con la cabeza, pero la faz sombría en su rostro fue el claro señalamiento de que estaba de acuerdo con todo lo que decía el rubio de mirada esmeralda.

No se había olvidado de nada.

Como podría.

Durante mucho tiempo había deseado que su hermano pagara por todo su dolor.

Que se multiplicara en él su sufrimiento

Que terminara muerto.

— Eso Al. Nunca lo olvides. Edward se merecía eso y mucho mas— murmuro venenoso Alphonse acercándose hasta el rubio lamiendo descaradamente una de sus mejillas.

— Sí, se lo merecía, era más que justo y…— detuvo sus palabras al sentir como Heidrich le mordía el lóbulo de la oreja con saña y comenzaba a deshacerse de las molestas ropas que llevaba.

— Y ni siquiera cuando este muerto. Descansará tranquilo— termino el rubio concentrándose en atacar los trozos de piel que desnudaba con cada prenda que quitaba del cuerpo de Al.

Al menos ese inútil para algo servia.

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Salio despacio del coche militar que lo traía, un saludo marcial fue la clara despedía que su seria teniente le brindaba, atacando con furia en los ojos al igualado teniente de ojos celestes que prefirió desearle una buena noche con palabras. Frunció el entrecejo contrariado, mas no dijo nada.

Había una leve tensión entre ambos, lo había notado incluso cuando estaban en el cuartel y en todo el trayecto desde el mismo a su casa. Le había pedido a Havoc que trajera el coche, mas Riza había insitito en acompañarles también. Eso le hizo sospechar algo raro entre ambos. Aunque. Si tenían problemas aquellos dos como una futura pareja a él por lo menos ahora no le importaba.

Eso siempre y cuando no afectara en su rendimiento o bien en la suya.

No obstante le parecía extraño, tan desesperado estaba Havoc, como para quererse liar a la gruñona Hawkeye.

En fin tal vez y exageraba.

Saludo con un saludo marcial a los oficiales fuera de su casa e intento mostrar paciencia mientras escuchaba las novedades del día en su sigilosa guardia. Ninguna novedad, más que la conocida Maggie estaba adentro de la casa y aun esperaba ahí. Felicito a los hombres con esmero y les agradeció por seguir haciendo tan bien su trabajo como hasta ahora, antes de abrir con una mano la pesada verja oscura.

Las luces de las habitaciones estaban encendidas y seguramente Maggie y Edward se encontraran en la cocina. La puerta principal cedió levemente al empujarla con suavidad y el azucarado olor del budín de chocolate le lleno los sentidos de pronto.

El postre favorito de Edward.

Seguramente Maggie lo había preparado para cenar. Malcriando de más al chico rubio que había sido su favorito al verlo llegar del hospital. Antes el chico favorito era él, bueno no se podía quejar, al menos estaba algo libre de las desmedidas atenciones de la amble mujer que era poco decir le abrumaban.

Se quito el abrigo negro, dejándolo sobre un perchero negro cerca de la puerta. La gorra militar le siguió y comenzó a caminar con lentitud a la cocina pasando descuidadamente sus dedos por los cabellos acomodándose su flequillo que seguramente, estaba más que desecho.

La calida luz de la chimenea ilumino su camino, aparto sin hacer demasiado ruido una de las delgadas puertas de la cocina y encontró a la mujer probando con una enorme cuchara, la exquisita sopa de queso que preparaba. Era poco decir que la había espantado.

— ¡Mustang-san¿Quiere que me de una ataque cardiaco?— le había gritado la mujer, soltando de la impresión la cuchara tirandola al suelo.

— Lo siento en verdad Maggie— le respondió agachándose a recoger con sus dedos la cuchara, el liquido que se había tirado, fue limpiado con un trapo amarillo.

— En lugar de andarme asustando, debería ir a asearse— le reprendió y le quito la cuchara de las manos mientras lo apresuraba a la salida de la cocina —Ponto serviré la cena y necesito que traiga a Edward—

— ¿Traerlo¿Creí que estaba contigo? No hay ninguna luz prendida en toda la casa— le dijo extrañado el pelinegro. Maggie sonrió complacida.

— ¿Y que no sabe usted muchachito que cuando mi Edward duerme no lo hace con las luces prendidas— siseo la mujer colocando sus manos en las caderas — En la tarde cuando llegue me pidió que no lo molestara, que deseaba dormir—

— ¿Esta enfermo?. ¿Le pasa algo? — Maggie negro rápidamente con la cabeza al notar el tono preocupado del militar.

— Nada, me asegure de ello, aunque no quería. Esta más que sano. Tal vez solo un poco cansado, pero nada mas— murmuro segura la mujer— Además lleva despierto toda la mañana y parte de la tarde, cuando esta acostumbrado a tomar una siesta. No lleva más que tres horas a lo mucho dormido. — miro como Roy sonreía y se dirigía hacia las puertas.

— Bien, iré entonces por Edward—

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— ¡Hey chico¿Me estas escuchando? —

La ruda voz del encargado le saco de sus pensamientos. Giro los ojos dorados mostrando su irritación, mas al hombre no pareció importarle. Vio como este le tendía la llave de una de las habitaciones, así como un libro donde debía anotar su nombre y apellidos, así como hora de llegada.

Con fastidio tomo uno de los bolígrafos que se encontraban en una vieja tasa y comenzó a garabatear un nombre. No su verdadero, pero si uno que fuera fácil de recordar y de pronunciar por ese individuo. Saco con su mano metálica, unos cuantos billetes mientras guardaba en otro de sus bolsillos la llave y le arrojaba el libro y el dinero al hombre.

— Bien, señor…— el hombre tomo el libro y leyó rápidamente el nombre escrito—Señor Tom Allen— el chico se encogió de hombros haciendo ondear ligeramente la trenza rubia que sujetaba sus cabellos. Era el mejor nombre que se le había ocurrido, así nadie le encontraría si le buscaban con su nombre real.

— Ahora le diré toda una lista de cosas que no se permiten aquí. — giro los ojos aburrido y se giro en el mostrador, pero no sin antes hacerle ver que le escuchaba— Nada de animales, no destruir el mobiliario, no salir sin antes avisar aquí en recepción y por ultimo nada de mujeres u hombres sin pagar una segunda tarifa por solo traerlos. — esto ultimo lo dijo seriamente acercándose al rubio con demasiada proximidad.

— Tantas prohibiciones para un lugar tan jodido — Edward se alejo hacia la escalera y pudo escuchar la risa burlona de aquel hombre en el mostrador.

— Pero para tu desgracia mocoso, es el único con cuartos disponibles en estas fechas tan animadas—

No dijo nada, solo se limito a subir las escaleras sintiendo el tirón de la maleta que llevaba en una de sus manos. Daba igual donde fuera que estuviera, había llegado ahí, no por la nostalgia que le producían los hoteles, sino más bien, porque necesitaba alejarse de todo por unos días para pensar.

Pensar en lo que haría, lo que diría y todo aquello que esperaría.

Pensar y recapacitar en esos recuerdos que ahora más que nunca deseaba borrar,

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No había nadie en su habitación, en esa misma que ambos compartían. No se alarmo, debía de estar tal vez en otra de las habitaciones o tal vez en la biblioteca en donde algunas ocasiones lo habían encontrado cuando no estaba en ningún lugar.

Y eso hubiera seguido creyendo si, no hubiera visto aquel cajón levemente entreabierto

Era uno de la cajonera en la que Ed guardaba su ropa. Estaba entreabierto y completamente vació. Era poco decir que se había puesto como un histérico al comprobar que en los demás y en el espacio que le había cedido en su closet no quedaba ninguna prenda más. Se había esfumado y toda estaba perfectamente acomodada.

Dando la impresión de que nadie mas que él había vivido en aquel lugar.

Roy entro entonces a la habitación en la que se suponía Ed debía de haber habitado desde el primer día en que había llegado a su casa.

No podía evitarlo pero aquella sensación que se presentaba en su pecho era increíblemente dolorosa.

A pesar de que él mismo se había hecho a la idea desde un principio que algo así pasaría.

Sí, se había hecho a la idea. Más nunca pensó que la realidad doliera tanto más de lo que en sus pensamientos pensó que sufriría.

Cerro una vez mas la habitación, dejándola así. Quedándose él contra la robusta puerta de madera. Bajo la vista concentrándose en solo observar el piso alfombrado del pequeño corredor que separaba una a una las habitaciones de su casa. Sentía los ojos llenos de lágrimas y el malestar en su pecho de un momento a otro como un niño pequeño le haría llorar.

Quería negarlo, pensar que todo aquello era un mal sueño y que nada de eso en verdad estaba pasando. Pero estaba demás negarse a la cruda realidad y…

Era mejor así. Se dijo, después de todo era inevitable que pasara.

Cuando Edward recobrará su memoria, se marcharía de su casa y de sobra sabia que no le daría ninguna explicación antes de su partida.

Entraría y saldría, sin importar nada.

Justo como esa noche.

Ed se había ido.

La habitación tras su espalda, se encontraba simplemente vacía.

o-o-o-o-o

Continua

N de la A: Ah! Me encanta la interacción de Jean y Riza, los amo! Heidrich tan desgraciado como siempre y Roy tan patéticamente dramático. No importa igual lo amo!. Saludos

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

Continua...

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