¡Otra semana por aquí y la gente todavía no me ha mandado a freír espárragos! ¡Bien! (Aunque ayer recibí cierta amenaza, no quiero decir nada, *ejem, ejem*)
Muchísimas gracias a todas las personas que me habéis dicho que mi fic os encanta, sois maravillosas y yo nunca me cansaré de repetirlo como un loro una y otra vez. Hay incluso cierta personita que me ha dicho que mi fic está tan bueno como Magnus... ¡Por el Ángel! ¡Mi fic es tremendamente sexy! (?)
Por cierto...¿Alguien más ha notado que ya no pongo ningún tipo de disclaimer? Un día de estos me encarcelan, veréis (?)
Estoy mal de la cabeza, lo sé.
Que el Ángel os proteja, la Fuerza os acompañe y la suerte esté siempre de vuestra parte.
¡Os adoro!
-Anairafuji: En este capi empieza el viaje a Nueva York así que... ¡Espero que te guste! Muchísimas gracias por comentar cada semana, me haces muy feliz :D
Cuando llego a casa de los Lightwood ya es mediodía. Miro la puerta abierta con indecisión y echo un vistazo hacia el interior.
— ¿Hola?
Nada. Me adentro en el pasillo y voy adquiriendo confianza conforme subo las escaleras hacia la habitación de Alexander. Cuando por fin llego abro la puerta con fuerza, con intención de sorprenderle.
— ¡Alexander!
Nadie. Frunzo el ceño, confundido.
Alexander me llamó ayer por la noche, eufórico. Al final, gracias a la intervención de Jace, quien prometió solemnemente estudiar a conciencia si cedían, los padres de Alexander le permitieron seguir trabajando en Taki's. Eso sí: Maryse hablaría con Luke para que Alexander pudiese tener todos los sábados libres y así dispusiese de más tiempo para estudiar. Sonrío para mis adentros, entusiasmado. A mi nephilim le sobra y le basta con el tiempo del que disponía antes para sacar matrículas de honor, y sólo suspendió esa estúpida asignatura por un error de su hermana. Si al final consigue todos los sábados libres solo significaría una cosa: por fin tener un día a la semana solo para nosotros dos.
Tras recuperar su estado de ánimo habitual, Alexander me explicó que sus padres se marcharían a la mañana siguiente, temprano (¿De verdad? ¿Un viaje tan largo solo para echarle la bronca a tu hijo mayor? Por Dios ¡Si quedaban solo dos días para navidad!). Irían todos al aeropuerto a despedirles y después Jace, Isabelle y Max se irían a la ciudad de compras. Eso significaba una hora de ida más otra de vuelta y a eso se le añaden un mínimo de cinco horas de ir de tienda en tienda. No volverían hasta por la tarde.
— ¿Te apetecería venir a comer a mi casa?
—Alexander, querido, si algún día me niego a pasar un rato a solas contigo pégame un tiro, porque me habré vuelto completamente loco.
Vuelvo a la planta inferior mientras comienzo a impacientarme ¿Dónde te has metido, nephilim? La respuesta me llega en forma de resoplido enfurruñado. Me giro hacia la puerta de entrada y veo a Alexander entrando con una bola peluda removiéndose entre sus brazos. Cuando me mira se sorprende tanto que suelta lo que lleva en brazos. El gato (eso es lo que era) cae al suelo e inmediatamente vuelve a ir en dirección a la puerta con intención de huir. Mi novio la cierra de un portazo y vuelve a coger al gato, que se debate entre sus brazos, arañándolo.
Sin muchos miramientos, Alexander abre la puerta del armario de abrigos que hay en la entrada y lanza el gato hacia adentro, encerrándolo. Suspira con satisfacción mientras se recarga contra el armario y me dirige una mirada cansada.
— Hola.
Me acerco a él rebosante de felicidad. En realidad estoy que no quepo en mí de gozo desde ayer. Vacaciones: días libres, días para estar con Alexander. Nueva York: días libres para estar A SOLAS con Alexander en un lugar donde nadie lo conoce. Mi mente empieza a funcionar a toda velocidad y me imagino todas y cada una de las posturas que lo voy a hacer adoptar cuando lo haga mío por fin. Mierda, Magnus, piensa en otra cosa, piensa en otra cosa…
— No sabía que tenías gato— Le digo mientras beso suavemente sus labios y me separo con rapidez.
Alexander me mira con cierto reproche. Cuando se despertó aquella tarde en mi cama y le ayudé a recordar lo sucedido en la enfermería casi le da un ataque al corazón. No paraba de caminar de un lado hacia otro, histérico, enumerando una y otra vez lo que pasaría si nos llegaban a pillar. Cuando por fin se calmó tomé la decisión más sabía que pude: nada de sexo a no ser que estemos seguros de que nadie pueda interrumpirnos y/o pillarnos in fraganti. Lamentablemente, en este pueblucho microscópico eso era algo imposible.
Alexander no opinaba igual que yo, por supuesto. Como si no fuera suficiente con la tentación que supone para mí simplemente con estar en mi presencia, si encima él se propone seducirme como sucedió ayer por la noche… Gracias a Dios que llamó Isabelle. Aunque en un principio mi excitación me impidió verlo, lo cierto es que me había salvado de cometer un tremendo error. Por cursi que sonase, quería que la primera vez que Alexander y yo lo hiciésemos fuese algo especial, no un simple polvo rápido y cutre en mi sillón.
— Oh, no. No es nuestro, menos mal— En ese momento el gato comenzó a arañar la puerta del armario y Alexander pegó un puñetazo en la madera para asustarlo. El gato comenzó a maullar lastimeramente y mi nephilim me miró avergonzado— Es Iglesia, el gato de mi amigo Jem. Él se ha tenido que ir de viaje, así que me lo ha dejado.
Seguí a Alexander mientras se dirigía a la cocina y me senté en uno de los taburetes de la barra mientras él se dedicaba a sacar ingredientes de la nevera ¿De verdad sabe cocinar? ¡Yo nunca he sabido ni freír un huevo! Definitivamente me ha tocado la lotería con este chico. Y hablando de lotería… Alexander se agachó en ese momento para meter la carne el horno y tuve una vista espectacular de su perfecto trasero. Queda menos de una semana, Magnus. Aguanta, aguanta, aguanta…
— ¿Jem suele dejarte a cargo de su mascota a menudo? — Pregunté intentando alejar mi mente de cualquier pensamiento que tuviese que ver con el cuerpo desnudo de mi perfecto novio.
— Siempre que se tiene que ausentar de Idris, sí. Normalmente no se comporta tan mal, pero esta mañana Jace le ha pisado la cola y se ha puesto como loco.
— Eso es cosa de la educación— Bufé molesto ¿Quién se creía ese tal Jem para tener a mi nephilim de niñera personal? — Presidente Miau se comportaría como un caballero.
— ¿Quién es Presidente Miau? — Me preguntó sin apartar la vista de las verduras que estaba cortando.
Lo miré estupefacto.
— ¿Que quién es…? ¡Alexander! ¡Es mi gato!
Él levantó la vista ante mi tono de indignación y me miró con la duda reflejada en su hermoso rostro.
— ¿Tú tienes gato?
— ¿Estás de broma? — Alexander siguió mirándome, perplejo— ¡Pasamos la mayor parte del tiempo en mi casa! ¿Cómo es que no lo sabías?
— Nunca he visto a ningún gato por tu casa, te lo juro.
— Oh, claro. Pero a Iglesia lo conoces a la perfección, cómo no. Porque obviamente Jem es más importante que yo. Incluso el estúpido caballo de tu hermana se llama del mismo modo. Está claro que él es alguien importantísimo para los Lightwood.
Alexander dejó lo que tenía entre manos y se acercó hasta donde yo estaba sentado, mirándome como quien mira a una bomba a punto de detonar.
— ¿De verdad te has enfadado por algo como esto?
— Yo adoro a mi gato— Refunfuñé— y tú ni tan siquiera sabías que existía.
— Cuando estoy contigo todo lo que tengo alrededor se desvanece y eres lo único en lo que puedo centrarme. Perdona por no haberme fijado más.
Me mira con una tímida sonrisa y no puedo evitar devolvérsela.
— Sabías que eso me derretiría, ¿Verdad? Por eso lo has dicho.
— En parte sí, pero eso no quita que sea verdad.
Nos besamos lentamente, pero, como siempre, al cabo de unos segundos eso no es suficiente. Abro mis piernas y Alexander se cuela entre ellas, apretando su cuerpo contra el mío.
— Magnus…— Mierda, mierda, mierda—…te deseo…
Me levanto con brusquedad y me dirijo hasta la puerta de entrada lo más rápido posible antes de que mi mente ceda y lo empotre salvajemente contra la mesada.
—Alexander, vamos a mi casa. Voy a presentarte a Presidente Miau.
Intento no sentirme afectado por el rechazo, pero no puedo. Empiezo a creer que Magnus no se siente atraído físicamente por mí. Miro mi reflejo en la ventanilla del coche mientras vamos hacia su casa y lo que veo confirma mis sospechas. Vulgar. Miro a Magnus disimuladamente. Deslumbrante. ¿Por qué está él siquiera saliendo conmigo? La discusión de ayer me viene a la mente y caigo en la cuenta: quizás es verdad que solamente soy un entretenimiento para no aburrirse mientras continúa en Idris.
Ajeno a lo que pasa por mi mente Magnus parece entusiasmado cuando me toma del brazo y me guía hacia el interior de su casa. Cuando entramos en su habitación él se agacha y se pone a hacer ruidos raros que supuestamente deben atraer al minino. El gato no aparece, por lo que Magnus se pone a rebuscar por debajo de la cama, los sillones… Estoy a punto de ponerme a ayudarle cuando noto cómo algo se frota contra mi pierna. Desvió la vista hacia abajo y me encuentro con un pequeño gato del tamaño de un hámster.
Mi maldito gato no aparece por ningún lado y comienzo a ponerme nervioso. Por el rabillo del ojo veo a Alexander parado frente a la puerta de mi dormitorio, pero soy incapaz de enfrentarme a él. Debería haberle dicho algo, lo que sea. "Yo también te deseo, Alexander" o "No tienes ni idea de cuántas veces me he masturbado pensando en ti". Pero no: he salido corriendo. Genial, Magnus, simplemente genial. Ignora a tu novio acomplejado y lleno de inseguridades, que seguro que todo irá como la seda. Ya no hay ningún lugar por el que Presidente pueda estar escondido, por lo que me giro y miro a Alexander.
Mi estúpido y afortunado gato está ronroneando feliz en los brazos de Alexander, que lo sujeta cariñosamente contra su pecho. Presidente se acaricia suavemente contra el cuello de mi nephilim y lo veo sonreír con ternura antes de que mi mascota comience a lamerle la cara y su sonrisa se transforme en una carcajada. Veo la escena y no puedo evitar sentir unos celos completamente irracionales y absurdos. Es una tontería, lo sé, pero no puedo evitar tener el impulso de meter al gato en el horno para…
El horno.
— Alexander… — Al fin él levanta los ojos y se fija en mí— ¿Has apagado el horno antes de venir?
Afortunadamente no ha habido ningún accidente, pero la comida se ha echado a perder y acabamos comienzo una deliciosa y calórica pizza a domicilio a la que se suman el resto de los hermanos Lightwood. Al parecer tuvieron que dar media vuelta porque a ninguno de los tres se le ocurrió coger la cartera antes de irse.
..
Son las diez de la mañana del treinta y uno de diciembre y por fin aterrizamos en Nueva York. No puedo creérmelo, ¡Es increíble! Nunca había volado en avión, por lo que me he pasado todo el viaje pegado a la ventanilla mirando las nubes maravillado. Magnus, a mi lado, no ha dejado de quejarse de lo mal que se viaja en turista hasta que al final se ha quedado dormido. Cuando por fin logramos recuperar las maletas nos dirigimos hacia afuera y esperamos hasta que logramos subirnos en un taxi.
— Tus tíos… ¿No van a venir a recogernos?
Sus tíos… Gracias a mi ensimismamiento con las esponjosas nubes casi había olvidado por completo del tema. Ay, Dios. La voy a fastidiar, la voy a fastidiar pero bien. Y Magnus me odiará. Y mi vida se acabará. Y volveré a estar destrozado…
Magnus entrelaza sus dedos con los míos y me besa suavemente en la mejilla.
— No pasa nada ¿Vale? Estoy aquí, todo va a ir bien— Su tranquilidad debería ayudar a tranquilizarme a mí también, pero me resulta imposible relajarme.
— Para ti es fácil decirlo.
— Oh, sí, muy fácil. Voy a presentarle a mis tíos a mi novio adolescente y seguramente mi tía no lo apruebe y mi tío se tronche de risa— Un sudor frío empieza a correr por mi nuca. Esto es peor de lo que pensaba ¡Incluso él sabe que esto va a salir mal! —Pero ¿Sabes qué? No importa lo mal que salga esto. Tú y yo estamos juntos, ¿No? O si no acuérdate del día de navidad con tu familia.
— No fue tan mal…
— Acabé a puñetazos con tu amigo, Alexander, mientras tu hermano vitoreaba encantado de la vida.
— Lo que fue una tontería tremenda, si me permites comentar.
Cuando mis padres decidieron irse a vivir a Londres el día de navidad se convirtió en un día algo triste para mis hermanos y para mí. Ese día en el que todas las familias se reúnen y comen juntas, felices… Nosotros con suerte recibíamos una llamada de felicitación o una postal. Sin embargo, con el paso de los años las cosas fueron cambiando: primero llegó Sebastian, que siempre acudía tras acabar la comida con su tía; más tarde Simon e Isabelle comenzaron a salir y él se unió a nosotros, los últimos dos años incluso Clary venía a comer con nosotros mientras su madre se iba con Luke (su prometido). Y este año yo tenía a Magnus, por lo que todo debería haber ido perfecto.
La comida transcurrió algo tensa. Al parecer Isabelle y Simon habían discutido por algún comentario que el segundo hizo sobre la ropa de mi hermana. Luego estaba Clary, que se dedicaba a mirar a Magnus como si quisiera matarle. Y Jace, que no paraba de mirar embelesado a Clary. Magnus por su parte estaba tan ocupado tratando de darle una buena impresión a mi familia que prácticamente no parecía él mismo y Max estaba comiendo mientras leía uno de sus mangas y pasaba de todo lo demás.
Aun así las cosas fueron medianamente bien hasta que vino Sebastian y, por casualidades de la vida, le dio por entrar en mi habitación para saludarme justo cuando Magnus estaba prácticamente comiéndome la boca. Como es obvio, él no sabía nada de lo nuestro y entre unas cosas y otras acabaron peleándose y rompiendo la poca decoración que tenía en mi habitación mientras Jace aparecía por la puerta y se ponía la mar de feliz a gritar "¡pelea! ¡pelea!". Sebastian se marchó hecho una furia y no volvió a hablarme hasta tres días después. Gracias al Ángel entró en razón y prometió guardar nuestro secreto ya no tan secreto.
— No todo fue tan mal, ¿No? ¿Qué hay de Max?
— ¡Ah! El mini tú — Magnus sonrió con ternura— Sí, vale, gracias a él no puedo calificar el día como auténtico desastre.
Cuando Sebastian se marchó me tocó a mí el turno de discutir con Magnus por la tontería que acababa de suceder. En ese momento apareció Max, que se nos quedó mirando como si fuésemos lo más interesante del mundo. Ambos, incómodos, nos callamos.
— ¿Sabes, Alec? Me gusta tu novio, es majo. Esta vez has escogido bien, espero que se quede para siempre.
Después de eso no pudimos seguir discutiendo. A Magnus le dio un ataque de ternura y se dedicó a achucharme con tanto ahínco que acabé cediendo y perdonándole. Por la tarde todos olvidamos nuestras diferencias por una vez y nos dedicamos a jugar al monopoly como si no hubiese mañana. Incluso Clary pareció olvidar su odio hacia Magnus cuando éste obligó a Jace a hipotecar todas sus propiedades.
— Ya hemos llegado. Pare aquí, por favor— Cuando el taxi se detuvo frente a un edificio de aspecto lujoso respiré con tranquilidad. Después de ver la casa de Magnus en Idris me había imaginado que en Nueva York tenía alguna especie de castillo o algo así.
Mientras Magnus pagaba al conductor y se dedicaba a ir corriendo hasta el telefonillo para llamar como loco yo recogí el equipaje del maletero. Cuando estaba a punto de alcanzar a Magnus, la puerta del portal se abrió y por ella salió una mujer que se abalanzó sobre él con alegría. Era castaña de ojos grises y, aunque se notaba que ya rondaba los cuarenta y muchos, poseía una belleza atemporal que la hacía hermosa. Detrás de la que supuse era Tessa salió un hombre de cabello negro y ojos azules del que se podía decir lo mismo que de su mujer: parecía que por mucho que pasasen los años no hubiese perdido ni un ápice de su atractivo.
Me quedé allí como un idiota mientras Tessa se dedicaba a seguir mimando a Magnus frente a la puerta de entrada. Solo Will pareció notar mi presencia. Se dirigió hacia mí y me miró con un aire de superioridad y una arrogancia tan enormes que por un momento pensé que Jace se había hecho la cirugía estética solo para poder tomarme el pelo.
— Tú eres Alexander, ¿no es así? — Me miró de arriba abajo mientras su sonrisa se ampliaba— Pues no eres para tanto la verdad ¿Por alguien tan simple tanto jaleo?
Hacía tanto que no veía a mi tía Tessa que durante un minuto olvidé el resto del mundo que me rodeaba. Esta mujer que me abrazaba con fuerza es la que me acogió y me crió como si fuera su hijo, la que me proporcionó el cariño y el amor que nunca recibí de mis progenitores. Durante un minuto no recordé el motivo por el que había vuelto a casa en primer lugar. Miré hacia Alexander con emoción y lo vi un poco alejado junto a mi tío William, que no paraba de parlotear algo que yo no era capaz de escuchar. Cuando me fijé en la expresión de mi nephilim fue mi tía la que desapareció de mi mente. Su cara había perdido cualquier rastro de color y tenía los labios apretados con fuerza. Intenté buscar sus ojos en vano; había escondido sus preciosos zafiros tras su flequillo. Mierda ¿Cómo he podido dejar al asustadizo de mi novio junto a mi excéntrico tío?
Aparté a mi tía Tessa con delicadeza y me dirigí hacia ellos. Demasiado tarde. Alexander soltó todo el equipaje que llevaba encima y se dio la vuelta para marcharse
— ¡Alexander! — Le grité mientras intentaba alcanzarle.
Él se detuvo, pero no se giró hacia mí.
— Alexander, espera. No sé lo que te habrá dicho, pero sea lo que sea… Will no es capaz de callarse la boca y al final acaba diciendo cosas de las que se arrepiente, no-
— No, Magnus. Él tiene razón. Yo… no sé qué hago aquí, este no es mi sitio— Por fin se giró y fui capaz de ver sus ojos. Ojalá no lo hubiese hecho— Esto no está bien. Tú tenías razón, es una locura. No va a funcionar, Magnus.
— No, no. Te equivocas. Estás nervioso y esto solo ha hecho que te confundas. Hablemos con Will, Alexander. Verás cómo se disculpa por lo que ha dicho.
— ¡Esto no tiene nada que ver con él! — Nunca. Alexander nunca había alzado el tono de voz conmigo. Él también pareció darse cuenta, porque relajó su expresión mientras se pasaba la mano por el pelo, nervioso— Necesito pensar, Magnus. Hablaremos más tarde, ¿vale?
— Ni siquiera conoces Nueva York, ¿Dónde vas a ir?
— No lo sé. Solo voy a dar una vuelta, ¿Vale? Para serenarme. Hablaremos luego, te lo juro.
Intenté besarle, pero él apartó la cara y apenas llegué a rozar su mejilla con mis labios. Alexander me miró por última vez y se marchó al trote. Al cabo de unos segundos giró por una esquina y desapareció de mi vista.
— Magnus…
Me dirigí hacia el interior del edificio sin mirar atrás.
..
Hace rato que han pasado las diez de la noche. Alexander sigue sin dar señales de vida. Miro por la ventana, preocupado. La calle está llena de gente festejando con alegría la próxima llegada del año nuevo. Hace un año yo estaría exactamente así; seguramente ya estaría incluso borracho. Mi tía Tessa ha llevado nuestro equipaje hasta mi habitación. El móvil de Alexander sigue en su maleta, y ni siquiera estoy seguro de que lleve su cartera encima.
Mi propio teléfono comienza a sonar. Lo miro con indiferencia hasta que vuelve a quedarse en silencio. ¿Dónde estás, nephilim? El móvil vuelve a sonar de nuevo y me dirijo hacia él. Número desconocido. Por favor, por favor.
— ¿Alexander?
— ¿Magnus? — Es él. Su voz suena extraña y difuminada al otro lado de la línea, pero es él.
— Alexander, ¿Dónde te habías metido? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? — Escucho música de fondo y Alexander alza la voz para que pueda oírle.
— Magnus, por favor, necesito que vengas. Él está aquí y yo… No tengo dinero ni sé cómo volver…
— Alexander, tranquilízate. ¿Quién está allí?
— Jonathan.
Mi mente se queda en blanco por completo. ¿Jonathan? ¿Su ex? De todos los lugares donde podría haberse ido a vivir ese sujeto ¿Está en Nueva York?
— Alexander ¿Dónde estás?
— En el club Pandemonium, está-
— Sé dónde está. Espérame, voy lo más rápido posible.
— Gracias…— su voz suena relajada por primera vez desde que llegamos a Nueva York— Magnus, te amo.
— Y yo a ti, nephilim.
El Pandemonium, uno de los locales de éxito del Upper East Side; al final Alexander no estaba tan lejos de casa. Coger el coche sería una pérdida de tiempo monumental con todo el tráfico de fin de año. Salgo corriendo en cuanto cuelgo el teléfono y no me detengo hasta llegar a mi destino. Quince minutos. Ja, no está nada mal para alguien en tan baja forma como yo. Veo la larga hilera de personas que esperan para entrar en la puerta y mi ánimo decae de nuevo.
Tardo otros quince minutos en lograr entrar y para entonces el local está a reventar de gente bailando y bebiendo sin control. ¿Cómo voy a encontrar a Alexander entre toda esta marea de cuerpos? Mis ojos se mueven sin descanso buscándolo. Piensa, Magnus ¿Dónde se metería un chico que odia el ruido y las multitudes? Comienzo a buscar por los rincones solitarios y por fin lo encuentro sentado en la esquina más aislada de la barra.
Comienzo a dirigirme hacia él, pero la estúpida multitud impide que avance: tengo la sensación de que avanzo un paso y retrocedo otros dos. Sigo con mis ojos fijos en mi nephilim y ahora soy capaz de verle por completo. Hay alguien sentado junto a él y le está ¿agarrando la mano? ¿Pero qué? ¿Por qué no te alejas? Es un chico de complexión musculosa pero refinada, similar a la de Jace. Lleva el cabello rubio platino, casi blanco, repeinado hacia atrás y sus ojos negros están clavados en Alexander. Hay algo en él… una malicia contenida… Isabelle tenía razón, con solo verlo una vez ya tengo muy claro que no es una buena pieza.
Cuando solo dos líneas de personas me separan de ellos veo cómo Jonathan se adelanta hacia él y lo besa. Alexander abre los ojos con sorpresa mientras la ira se apodera de mí y mis puños se cierran dispuestos a partirle la cara a ese cabrón. Pero no es mi puño el que se estrella en su mejilla. Mi nephilim le ha pegado con tal fuerza que el muchacho ha caído al suelo, atontado. Veo cómo Alexander sale huyendo en dirección a los baños mientras Jonathan se sujeta la zona afectada por el golpe. Dudo momentáneamente entre si ir tras mi novio o quedarme y ajustar cuentas con su ex. Conozco su nombre: Jonathan Cristopher Morgenstern. Ten cuidado, rubito, porque no hay nada que no se pueda conseguir con dinero, y ahora tú te has convertido en mi objetivo.
De camino a los cuartos de baño la música va disminuyendo su volumen mientras mi ira hace justo lo contrario: va aumentando de forma exponencial. Abro la puerta con violencia y veo cómo Alexander, que estaba repoyado contra los lavabos lavándose la cara, alza la vista hacia mí. Por un segundo su expresión se vuelve aliviada, pero ve algo en mi cara que hace que la preocupación vuelva a empañar sus ojos.
— Mag-
Ni siquiera dejo que termine antes de empujarlo contra la pared y unir mi boca a la suya con dureza. ¿Cómo se ha atrevido? ¿Cómo se ha atrevido a dejarse besar por otro? Alexander intenta alejarme, pero presiono mi cuerpo contra el suyo y no tarda mucho en ceder al deseo mientras mi lengua toma el control dentro de su boca. Ahora está consciente. No es como en la enfermería, que deliraba con la fiebre: ahora no tengo por qué contenerme. Guió mis manos hacia su trasero y lo agarro con fuerza, impulsándolo hacia arriba hasta que sus piernas se enredan en mis caderas. Alexander gime con fuerza y en ese momento escucho el sonido de voces que vienen en dirección a los lavabos. Alexander se baja y vuelvo a ponerse de pie por su cuenta. Pero no me importa. Estoy harto de esperar, harto de aguantarme. Harto de las interrupciones.
Lo agarro con fuerza del brazo y de un empujón lo hago entrar en uno de los cubículos. Alexander choca contra la pared y hace una mueca de dolor, pero no se queja. Miro en sus ojos y veo que sabe por qué estoy así, sabe que no puedo detenerme. Y él no piensa oponer resistencia porque se siente culpable. Y haces bien en sentirte así Alexander.
— Eres mío— Soy incapaz de reconocer mi propia voz mientras sale de mi boca. ¿Por qué me siento así? ¿Por qué tengo este horrible sentimiento de posesión hacia él?
Alexander se queda callado mientras vuelvo a aprisionarlo contra la pared, esta vez de espaldas. Oímos cómo alguien entra en el aseo y empieza a chillar a otra persona, supongo que por teléfono. Aquello no me dice nada, no es importante; pero Alexander se ha puesto tenso. Jonathan, cómo no.
Sonrío para mis adentros mientras junto completamente nuestros cuerpos de modo que mi pecho quede pegado a su espalda y mi entrepierna ya despierta roce su culo. Alexander está a punto de quejarse, pero en ese momento comienzo a mover mis caderas simulando una penetración y siento cómo todo su cuerpo se sacude por el placer.
— Será mejor que contengas tu voz si no quieres que él nos escuche, nephilim— Le susurro al oído mientras desabrocho con agilidad su pantalón y lo bajo lo suficiente como para disfrutar de una vista espectacular de su trasero.
Vaya, vaya. Parece ser que no soy el único que se está divirtiendo. Tomo su erección con una mano y comienzo a masturbarle mientras con la otra comienzo a ocuparme de deshacerme de mi propia vestimenta. Alexander comienza a temblar mientras veo cómo lleva una de sus manos a su boca intentando acallar los gemidos que salen por ella.
Al fin siento mi miembro libre, por lo que guío mi mano hasta mi propia boca y ensalivo por completo tres dedos. Si fuera por mí me saltaría este paso, pero tampoco quiero que mañana él no pueda ni moverse. No es que la saliva sea el mejor lubricante, pero…
Cuando el primer dedo entra en su interior Alexander se queda rígido. Con el segundo suelta un quejido de dolor. Con el tercero su cuerpo entero se tensa mientras recarga todo su peso en la pared para tener un punto de apoyo. Alguien más entra por la puerta y llama a Jonathan, que le grita como contestación. Parece ser que están teniendo una acalorada conversación. Escucho el nombre "Alexander" y "encuéntralo". Ay, Jonathan, si supieras…
Mi nephilim ni siquiera presta atención a los sonidos de fuera. Ha empezado a mover sus caderas y ahora es él quien se autopenetra con mis dedos. Su mano sigue en su boca, pero aun así soy capaz de escuchar lo sonidos de placer que salen por ella.
— ¿Estás listo? — Retiro mis dedos de su interior y mi pequeño suelta un quejido de protesta. Demasiado alto.
Jonathan y su acompañante detienen su charla durante un instante y Alexander gira levemente la cabeza, intentado hacer contacto visual conmigo.
— Magnus…
Le penetro con fuerza y Alexander muerde con tanta dureza sus labios que estos comienzan a sangrar. Con una mano me aferro a su cadera para poder embestirle mejor mientras con la otra agarro su rostro para evitar que gire la cabeza y lo beso con pasión. La ira ha desaparecido por completo de mi mente y lo único que puedo sentir en este momento es el placer desbordando en mi interior. Jonathan y su compañero vuelven a discutir y yo aprovecho para soltar los labios de Alexander y empezar a lamer su cuello. En este punto sus gemidos son tan sonoros que tengo que taparle yo mismo la boca para evitar que nos pillen.
Ni siquiera me hace falta tocarle para que Alexander se corra y su semen salpique la pared. Con la llegada del orgasmo sus estrechas y cálidas paredes se contraen y aprietan todavía más mi miembro. Oh, Dios, Alexander ¿Por qué he pospuesto tanto este momento? La puerta del baño se cierra y ya no oigo a Jonathan ni a su compañero. Suelto la boca de Alexander y dirijo mi otra mano a la cadera mientras aumento el ritmo de mis embestidas. Cuando mi propio orgasmo llega pego un grito de placer y salgo del interior de mi nephilim.
Estoy unos minutos sentado en el váter tratando de recuperar la respiración mientras Alexander sigue apoyado en la pared. Ahora que soy capaz de ver su cara y la veo rebosante de satisfacción sonrío tranquilo. Nada más acabar, por un momento, he temido que él se arrepintiese de esto.
— Alexander— Él abre sus ojos, que habían permanecido cerrados, y me mira con cansancio. Dios, incluso así está hermoso: con las mejillas sonrojadas, su boca aun emitiendo distantes jadeos, su ropa completamente desordenada… Utilizo el poco autocontrol que me queda para evitar empalmarme de nuevo— Ven aquí.
Él me obedece, sin rechistar; se recoloca la ropa interior y los pantalones y se para frente a mí. Desde mi posición sentada solo soy capaz de alcanzar su cintura, que abrazo con fuerza. Él me devuelve el abrazo como medianamente puede y nos quedamos callados compartiendo un silencio cómplice.
Como venido del otro extremo del mundo oigo cómo suenan los potentes petardos que lanzan nada más empezar el año nuevo. Alexander también parece oírlo, porque alza la cabeza, curioso. Llevábamos planeando la noche vieja desde que se hizo seguro que vendríamos a Nueva York.
— Siento que esto no sea Times Square— Me disculpo con sinceridad. Alexander, como todo buen turista en esta época del año, estaba entusiasmado por ver caer la gran bola que anunciaba la llegada de un nuevo año.
Él me mira durante unos segundos y después comienza a reírse de esa forma suave que yo tanto adoro.
— Para mí es perfecto— Me besa suavemente los labios mientras me ayuda a levantarme y ambos intentamos arreglar un poco mis ropas— Feliz año nuevo, Magnus.
Lo miro con ternura y por primera vez desde que supe que Jonathan estaba por aquí soy capaz de sentirme tranquilo. Él me ama. A mí. Y no hay ningún estúpido rubio teñido ni ningún tío entrometido que pueda cambiar eso. Mis posesivos celos me parecen una gilipollez en este momento, mientras él me dedica una mirada llena de amor.
— Feliz año nuevo, Mejillas dulces— Alexander se sonrojó con fuerza antes de que uniésemos nuestros labios.
..
El sonido de un móvil rompe el silencio de la habitación. Me incorporo en la cama, adormilado, y miro hacia la mesita de noche. No es mi móvil, sino el de Alexander. Alexander. Lo miro detenidamente gracias a la luz que se cuela desde la ventana. Todavía es de madrugada, pero la fiesta en Nueva York aún no ha acabado y la iluminación de la calle es incluso más estridente de lo normal. El teléfono vuelve a sonar una y otra vez mientras yo admiro a mi nephilim, que parece inmune a cualquier tipo de molestia mientras sigue durmiendo acurrucado. A la quinta llamada estiro el brazo y contesto por miedo a que el sonido acabe despertando a mi novio.
— ¿Sí? —Contesto con la voz más baja que puedo entonar para que se me escuche al otro lado.
— Oh, Dios. ¿Ahora hacéis esas cosas de coger el móvil del otro? Eso es súper tierno y horripilante.
— ¿Isabelle? — La voz de la hermana de Alexander suena extraña a través del móvil. Tardo solo dos segundos en darme cuenta de que está borracha— ¿No deberías estar tú cuidando de Max? ¿Qué estás haciendo?
— ¿Eh? ¡Oh! Ya, eso. No, qué va. Clary se ha ofrecido a quedarse con él para que yo pueda salir, ¿No es maravilloso?
— Sí, Isabelle, es una noticia fantástica— Alexander se remueve, inquieto. Guío mi mano libre hacia su pelo y lo acaricio lentamente— Si pretendías avisar a tu hermano yo se lo diré en cuanto nos levantemos. Ahora, si me disculpas, preferiría volver a acurrucarme junto a mi novio para seguir durmiendo.
— ¿Me estás diciendo que estáis durmiendo juntos? ¿En la misma cama? — Isabelle suelta una risa típica de persona borracha mientras escucho un suspiro de exasperación. Seguramente Sherry esté con ella.
— Sí, ya sabes: es lo que suelen hacer las parejas. ¿O acaso no lo sabías? — Alexander vuelve a moverse y emite un quejido mientras noto cómo sus ojos comienzan a moverse bajo sus párpados— Isabelle, en serio, mañana os llamaremos ¿Vale?
— Sí, sí, claro. Hasta mañana— me dice como despedida. No obstante, antes de colgar escucho cómo se dirige a Sam, divertida— ¿Te lo puedes creer, Simon? ¡Mi hermanito por fin ha perdido la virginidad! ¡Tenemos que hacerle una fies-!
La conexión se cuelga desde el otro lado mientras yo me quedo con el teléfono aún conectado pegado a mi oreja. ¿Perdón? A mi lado, noto cómo Alexander ha acabado por despertarse y me mira con ojos somnolientos e inquisitivos.
— ¿Quién era?
Me niego a mirarle. No puedo mirarle. Al chico inocente y tierno que me mira con sus ojos llenos de amor y devoción. Mierda. Mi mente se desvió hacia mis esfuerzos durante las últimas semanas, en todo lo que me había contenido porque quería que nuestra primera vez juntos fuera algo especial. Pero no se trataba solo de nuestra primera vez ¡Alexander nunca había estado con nadie más! Pienso en el sucio aseo donde hemos tenido sexo solo hace unas horas. Yo ni siquiera lo dejé moverse, ni siquiera vi su cara mientras le penetraba, mientras llegaba al orgasmo. No recuerdo la primera vez que yo lo hice, porque sinceramente no era algo que me preocupase en absoluto. Pero no Alexander, él no debería… esto no debería haber sido así.
— Hey ¿Estás bien? — Me mira con dulzura mientras coloca tras mi oreja un mechón de pelo que me había caído sobre los ojos.
— Sí, Alexander, todo va genial — Le contesto poniendo mi sonrisa más falsa mientras vuelvo a acostarme y lo aprieto contra mi pecho— Todo es perfecto.
¿Quiééééééén vive en la piña debajo del mar? BOB ES-PON-JA
¿Y quién la cabeza bajo el mar quiere enterrar? I-CED FÉ-NIX
lalalalala (8)
¿Nos leemos el próximo juernes?
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