Disclaimer: One piece no es de mi pertenencia. La historia le pertenece mayormente a Sarah.

Miranda—16 años (Tercer año en isla Dawn).

Makino—14 años.

Ace—Nueve meses al final del cap.

Dragón—22-23 años.


Capitulo 10


Había sido extraño. No, la verdad, cuando Miranda procesó ese pequeño detalle había mirado a todos los bandidos con ojo critico. Ninguno parecía comportarse de una manera extraña y poco común ante su presencia.

No lo admitiría, pero quizás, y sólo quizás, estaba aliviada.

Pensó, ingenuamente, que Garp había dado tanta impresión a todos que ninguno había escuchado cuando el vicealmirante lo nombró a "él".

Claro que, la vida no le da siempre a uno lo que quiere.


Mes de Marzo.

Parte II.

El pequeño Ace—


Miranda sabía que ser madre, en cierto sentido, debía ser difícil. Ya era mucho decir que a penas tener a esa pequeña vida en brazos había sido demasiado para ella. Incluso peor que luchar contra un enemigo mucho más fuerte.

Se imaginó que seria difícil, , sólo por este hecho. Pero a medida que transcurría el tiempo de convivencia con aquella "criatura del demonio", no se imaginó que lo podría ser tanto.

No habían ni pasado dos días desde la llegada del pequeño Porgas D Ace, y Miranda More ya quería irse y lanzarse por la montaña y rodar lejos sin importarle las afiladas rocas que se cruzasen en sus camino —o, mejor dicho, vueltas—. Pero no sólo ella, los demás bandidos, y todo ser vivo que habitara en la montaña Colubo, estaban en iguales condiciones. Incluso los pájaros habían emigrado lejos al escuchar los primeros y escandalosos llantos de aquel bebe.

¡Waaaaah... waaaaah...!

Oh, sí. Desde que el viejo Grap se fue, el pequeño Ace no tardó ni veinte minutos en comenzar a llorar y no parar hasta la media noche, sólo para descansar un par de horas y volver por el segundo Round. Esa había sido la jodida rutina que el pequeño bastardo había seguido por dos días seguidos. Y si seguía así, Miranda ya ni se quería imaginar los siguientes.

Si alguien viera a la "temible" pirata Fresachul, quien fue parte de la tripulación de los piratas de Roger, ahora no podría ni reconocer su hermosa cabellera negro-azulada. O más bien, su ex hermosa cabellera negro-azulada.

Ser madre, era ser una jodida y bastarda esclava.

—¡YA CALLA A ESE MOCOSO DE UNA VEZ, NIÑA! —le gritó su Jefa Dadan desde alguna parte que no pudo reconocer.

—¡Ven y cállalo tú! —le gritó, como pudo, de regreso. Provocando, a su vez, nuevos llantos más fuertes aún de aquel bebe del jodido demonio— ¿Qué hice para merecer esto? —sollozó Miranda dramáticamente.

Al menos, se dijo, no tenía que cocinar y limpiar la casa ya que se encargaba del bebe Ace.

Pero, se volvió a decir, era mejor limpiar y cocinar antes que soportar los llantos de un bebe inocente —inconsciente— de la vida.

«La vida siempre apesta para mí. Si hay un dios, Makino, de seguro no sólo no soy su persona favorita, sino que me odia».


Parte III.

Jodida maternidad—


Miranda estaba recargada en la pared del pequeño armario donde la habían obligado a meterse junto a su "hijo" a la semana de llegado, esperando amortiguar un poco el sonido de los incesables llantos del infame niño —lo cual lograron... más o menos.

(Si había algo que extrañaba Miranda, era su pequeño cuarto, pero, debido a cierta criatura, debía aguantarse hasta que pudiera hablar.)

Por suerte, su jefa Dadan le había traído un poco de leche de su cabra que vivía detrás de la casa, y había puesto en un improvisado biberón. El cual le dio a Ace para que se callara de una vez. Lloraba por hambre, lloraba cuando no sentía su presencia, lloraba por la oscuridad, lloraba por el sol. Ace lloraba por muchas cosas, pero el único tiempo que en verdad Miranda apreciaba, era cuando —malditamente— se dormía. A pesar de todo, ella, al estar muy cansada, terminaba durmiéndose con él, hasta que éste la volvía despertar con sus, claro, llantos.

—Seras un niño insoportable en el futuro —le comentó, o más bien gruñó, uno de esos días.

Después de acabarse la leche, el pequeño Ace se había quedado dormido con el estomago lleno sobre sus piernas. A Miranda se le cerraban los ojos marcados por ojeras. Se veía más pálida y su cabello estaba suelto y enredado; Casi como acto reflejo, acariciaba la espalda del bebe, como si esperara que volviera a escupirle la leche en un eructo (que por cierto olía asqueroso). Era un tic que le venía cuando el pequeño bastardo se dormía en su brazos, la hacia sentir más tranquila hasta el punto de también dormirse en paz.

La vieja jefa Dadan abrió la puerta del armario y dejo entrar un poco de luz para que la joven More recordara cómo era el mundo exterior. Aparte de quemarle los ojos con la luz del sol al atardecer.

La pelirroja mujer se sentó a su lado tendiéndole un plato con una espesa sopa de zanahorias, papas, nabos y huevos silvestres. Aún humeante y apestosa por las hiervas y pocas especias que le había echado al cocinarlo.

Después de que Miranda se tallase los ojos con el dorso de su mano, recibió el alimento no muy contenta; pero bueno, es comida.

La jefa de la casa sólo la vio comer cuidadosamente, no quería derramar algún vegetal sobre el niño que dormía tranquilo —y despertarlo para que éste llorara descontrolado, no señor.

—Cómelo todo, nada de hacer aun lado los nabos —Miranda frunció el ceño asqueada, odiaba los nabos—. Necesitas energía para que puedas producir leche para ese niño —dijo en broma, riéndose levemente cuando la joven sirvienta se atraganto con una patata —lo único que veía más comestible.

Ahhhggg. Dadan... ¡arruinaste mi apetito! Además...—guardó silencio cuando el pequeño Ace se pegó aún mas a su ombligo, aún dormido y respirando profundo, provocando, a su vez, que las mejillas de Miranda se colorearan levemente «ten cuidado dónde pones las manos, pequeño bastardo»—...yo no puedo producir leche. ¡Ni que fuera una vaca!

—Pues tendrás que encontrar una o ese niño se morirá de hambre. Es muy joven y necesita leche hasta que tenga seis meses —ordenó la mujer tomando con cuidado el pequeño cuerpo y alejándolo levemente de Miranda— Recuéstate; aprovecha que duerme para que lo hagas tú también.

Sin tener siquiera fuerzas para quejarse, Miranda dejo el plato a un lado y se recostó sobre las mantas que habían metido en el armario para que ella y Ace estuvieran mas cómodos. No era muy alta y sus piernas no eran muy largas, así que solo flexionó un poco sus rodillas para acostarse bien con el pecho hacia el techo.

Sin esperarlo, Dadan recostó al niño sobre su pecho y los cubrió con una sabana azul. Así pasaron un par de minutos, Dadan solo había cerrado los ojos, aún haciéndole compañía a su sirvienta. Mientras que Miranda sólo podía mirar al niño sobre su pecho: las manos gorditas se habían aferrado a la tela de su rosada blusa, su cuerpo parecía inflarse y desinflarse en cada respiración.

—...—sin saber qué hacer en lo absoluto, miró el techo esperando cualquier cosa.

Y, por supuesto, paso algo. En ese instante, Dadan abrió la boca y dejo salir la pregunta que había estado guardando desde la visita de Garp:

—Así que... Eres una Nakama de Gold Roger ¿eh?

Miranda sudo frío. Lo que menos deseaba en ese momento era que la echaran de aquel lugar con todo y niño.

Tragó saliva.

—S-se podría decir.

—Más vale que no nos metas en problemas —fueron las últimos palabras que recibió, ese día al menos, de Dadan.

Un suspiro de alivio salió, sin darse cuenta, de sus labios.

No obstante, por más que las palabras de su jefa la aliviaran, había un indicio que decía peligro en todo su ser. Después de todo, por más que confiara en Garp en cierta manera, sabía que si hubiera sido otro marine el que hubiera venido a por los bandidos y la viera entre ellos, podría provocar que ejecutaran tanto a ella como a todos los que la rodeaban y "ocultaban". Todos a su alrededor corrían peligro con su sola presencia.

Cuando Dadan se retiro, pensó que había subestimado a su jefa. Era una Tsundere al completo. Y también, miró a Ace con duda.

Los marines eran capases de todo, incluso de matar a un bebe. Al menos tenía algo seguro, mientras tuviera a Garp de "su parte", todos los demás no correrían el peligro de morir. Tendría que aguantar a ese pequeño bastardo por un tiempo. Luego vería qué hacia.


Mes de abril.

Parte I.

El tipo que conocí por ahí.—


Había pasado otro mes más cuando Miranda lo conoció.

El segundo día de descanso que tuvo desde que Ace llegó a su vida, Miranda fue a su árbol favorito a lo alto de la montaña, allí donde se veía todo y a su vez nada. El mar, para entonces, mandaba una suave brisa que la reconfortó y casi la hacia dormir por ello. Ella se encontraba recostada en una de las tantas y anchas ramas. Sus brazos posicionados cómodamente en su nuca hacían de almohada contra el tronco del árbol en el que los apoyaba. Era tranquilo. Muy tranquilo. Se pregunto vagamente si Ace se encontraría llorando.

No, por supuesto que no. El llanto de ese bebe llegaba hasta los confines de esta isla, y ella lo escucharía si así fuera.

Sintió un ruido de ramas removiéndose y abrió sus ojos ―que se habían mantenido agradablemente cerrados hasta ese momento— para mirar en la dirección donde esto ocurría. Pego un brinco y se sentó en la rama cuando observó cómo entre la maleza una capa de color claro salía de forma misteriosa.

―¿Qué rayos...? ―por supuesto, Miranda sabía que se trataba de una persona quien llevaba aquella capa, sin embargo, se sorprendió un poco que esta persona anduviera por esos lares. Es decir, podría tratarse de algún tipo de la Gray terminal que haya pasado por el bosque intermedio para llegar al monte Colubo, donde ahora ella se encontraba. Quizás incluso esta persona ya había venido antes aquí mientras ella se ocupaba de Ace y por eso no enterada estaba de él/ella. Y si su mente fuera más allá, incluso creería que la persona de la capa podría ser algún tipo de noble del reino de Goa que estuviera escapando de la presión que el mismo lugar le podría proporcionar. Aunque, igualmente, a Miranda no le interesaba de dónde provenía. Sólo era su aburrida mente proporcionando ideas en su cabeza porque habían pasado muchas semanas agitadas y no se iba a librar de vivir ocupada con algo por mucho tiempo libre que tuviera en este día vacacional.

Al diablo. Tenia hambre.

La persona pudo haber sentido su desinteresada presencia pues alzó la mirada en su dirección e hizo algún tipo de ruido vagamente sorprendido, que más bien sonó como algún tipo de "uhm". ¿Quién rayos hacia un sonido éste, de todas formas?

Miranda lo miró; la persona la "miró" a ella, ellos se "miraron"... se miraron por varios minutos sin parpadear, hasta que Miranda se dio cuenta que el tipo/tipa podría estar haciendo trampa en su aguante de miradas y le frunció el ceño, enojada.

―Tú...—lo señaló con el dedo, una acción que ningún niño debe repetir— ¡¿cómo te atreves a hacer eso frente a mis narices?!

Claro que, el tipo o tipa, sin entender nada de lo que sucedía con la adolescente de cabellos azulados que lo observaba de forma acusadora y ofendida, se señaló a si mismo sin comprender en absoluto.

―¡Sí, tú! ¡El que se oculta en esa ridícula capucha! ¡Es la acción más cobarde que he visto en mi vida, incluso más que atacar a tu enemigo por la espalda! ¡¿Cómo te atreves a mantenerme la mirada sin saber si en realidad me estás mirando?! ¡Eso es trampaaaaaa!

El tipo/tipa había abierto la boca para responder pero fue rápidamente interrumpido por Miranda.

―Ja, pero por supuesto. ¡Todos ustedes, personas con capucha, se creen lo suficiente encapuchados como para que nadie los pueda reconocer cuando se saquen sus capuchas! ¡Ustedes son de lo peor! ¡Si un pirata se enterara de eso vendría a hacerles el sepuku! ¡Malditos bastardos!

La persona, dándose cuenta de que esta "charla" iba a durar un buen rato, y al no tener nada mejor que hacer en estos momentos, decidió sentarse y escuchar entretenido a la chica y su irritación por los encapuchados.

A él no le ofendía. Realmente. Una sonrisa de medio lado se formó en sus labios. Al menos hoy su día tendría algo de humor luego de haberse alejado de ella.


(...)


Su nombre era Dragón, y venía cada tanto a ocultarse por un tiempo en la arbolada para luego volver a donde fuera que regresase. Ah, y Miranda se había dado cuenta que el tipo tenía una extraña obsesión con las capas con capuchas, en las tres veces que lo vio este mes había llevado una de color negro, más la primera de colores claros, y una de color verde oscuro, muy oscuro.

Dragón era un hombre joven, ante la mirada "crítica" de Miranda. No podría alcanzar más de los veinticinco años. Pero lo que ella sí sabía y se notaba a añares luz, es que él era condenadamente alto. No más que Marco el fénix, y por lo tanto ni que el mismo Barbablanca. Pero era alto. Más que el promedio. Y tenía un tatuaje en la parte izquierda de su rostro.

Eso era todo. Aunque, agregando un dato más, no era de muchas palabras. Al principio, cuando "reveló sumisamente" ―sí, cómo no; obligado— su rostro frente a ella, él sólo comentó que su cara ya estaba en carteles, y que los piratas no irían a matarlo, y que no era feo ―que le preguntara a las mujeres de la isla, si quería saber— también que si ocultaba su rostro porque, si no lo hacia, podría poner en peligro a cierta persona. Sin embargo, lo que dijo al principio fue de gran impacto mental para ella.

―¿De donde viene señorita? ¿Acaso es del reino Goa? ¿De la terminal Gray? Aunque también podría ser una noble, posee una belleza magnifica...

―¡Ca-callate, bastardo! ¡No me compares con esos jodidos inútiles, encapuchado del diablo! UGH ¡Soy Miranda, y que no se te olvide! ¿Y tú quién eres, rarito con voz de anciano?

Dragon sonrió de manera escalofriante ante de contestar. Claro, sin saber que eso desencadenaría un ritual frustrante cerca de media hora de largo.

―¿Dices que te llamas Dragó?

―Soy Dragón ―repitió el por vigésima vez ese día.

―Por eso: Dragó.

―Ah... Sólo olvídalo.

―¿Y por que llevas esa capa con capucha? ¿Acaso eres tan feo? ¡Dejame verte! ―exclamó más tranquila y de forma descarada. Se tiró valientemente de la rama en la que estaba sentada y cayó parada frente al hombre. Una sonrisa diabólica se formó en sus labios antes de lanzarse hacia él con el objetivo de saciar su curiosidad.

―¡Eres una mocosa molesta, aléjate, no te me acerques! ―había chillado por primera ―y desconocida para Miranda— vez en su vida, mientras esquivaba a la chica.

Lo demás revelado paso una hora después de la persecución.

Luego comenzaron las monosílabas la siguiente vez que se vieron. Y la tercera.

Sin embargo, en la última semana del mes de abril, luego de días de duro esfuerzo con Ace, tuvo por fin otro día libre y se volvió a encontrar con él. Esta vez, se veía un tanto agitado. Aunque no lo aparentaba a simple vista, Miranda se había vuelto algo perceptiva con esta clase de cosas desde que empezó a cuidar a Ace, quizás desde antes y no se dio cuenta.

Escuchó sus palabrerios de forma atenta mientras fruncía el ceño a medida que avanzaba.

―Los niños allí, no son libres. Son condenados a vivir de forma cerrada, con una opinión del mundo que ninguno de su edad tendría que tener. Y lo peor, ellos creen que lo que hacen está bien. Las criaturas más inocentes... creyendo que lo que hacen está bien, y en realidad está más que mal, y sin embargo no puedo culpar a sus padres por ello, después de todo fueron criados de la misma manera también. Y ellos fueron como sus hijos, inconscientes. ―entonces Dragón lanzó un suspiro que Miranda clasificó como dramático.

―Tch, si lo pones de esa forma, entonces yo no sabría a quién culpar. Los bastardos tenryuubitos que vi en el Grand line y el Nuevo mundo son mucho peores comparado con esta gente de la realeza. Y ellos sí que parecen ser conscientes de lo que hacen, quizá por la crianza, no lo sé. Pero golpear a sus esclavos y disfrutar ese castigo no lo hace nadie. Estos nobles de los que hablas mojarían sus pantalones si los vieran ―Miranda frotó su puño en su nuca mientras hacia una mueca, se encontraba por encima de Dragón en la rama de aquel árbol favorito, el hombre joven la miró desde tierra sin comprender ante el nombramiento de algunas cosas—. En cuanto a los niños, por supuesto que no tienen la culpa, si ellos no se pueden cuidar a sí mismos, y confían en las personas que los crían y cuidan, cualquiera de ellos se podría convertir en lo que tú dices que son, inconscientes. Me pregunto si habrá algún niño entre esa manada de imbéciles que de verdad pueda abrir los ojos. Te juro que a ese niño me lo llevaría conmigo, en todo caso.

Dragón asintió, ya un poco más acostumbrado a algunos de los insultos que solía tirar la adolescente.

―Por eso... me pregunto si hay algo que pueda hacer yo para lograr que todo esto deje de pasar.

―Una vez...—Miranda dudó al hablar, pero cuando recibió la mirada oscura del hombre sobre ella, se sintió algo intimidada y por eso prosiguió— Una vez leí de algo llamado revolucionarios. Estos tipos iban por el mundo en contra de las reglas de la justicia.

―¿Algo así como los piratas? ―él parecía no entender su punto, a pesar de siempre llevar esa cara de come limón.

―No, los piratas quieren ser libres, no les interesa la justicia a menos que puedan proporcionarles batallas divertidas y entretenidas. Creo que, más bien, los revolucionarios no creen en los ordenes sociales y esas cosas. Creen en la igualdad; que todos merecemos algo. Ni yo lo entiendo, fui pirata no una chica contra la justicia o algo así. Pero los revolucionarios salvaban esclavos, los regresan a sus hogares y no piden nada a cambio. Son esa clase de personas, muy extrañas.

―Revolucionarios, eh...

Si Miranda se hubiera dado cuenta que eso había sido la válvula para que Dragón se metiera algo en la cabeza que no podría salir hasta ser logrado, hubiera ido a comer un rico pastel luego con Makino como agradecimiento a sí misma por ser tan genial. Hoy en día, animar a personas como Dragón a hacer algo como lo que futuramente seria un gran grupo de revolucionarios, era un milagro.

Lo único que Miranda supo después de Dragón era que ya no había vuelto a verlo.

Y así pasaron los meses.


Mes de septiembre.

Parte I.

Cuatro meses después.—


Cada día que Miranda pasaba con Ace a su lado, algo cambiaba en ella, no solo era su humor, o aquella actitud de niña ruda y fuerte de carácter que quería verse de corazón fuerte y sin remordimientos. A sus 16 años, Miranda tenia que cargar con la responsabilidad de cuidar a un niño. Un pequeño ser mucho mas pequeño e indefenso que ella.

Aprender a ser madre no es nada sencillo para una ex pirata como Miranda. Mucha de su libertad quedo atrás, ahora, con un niño en su espalda, Miranda empieza a sentir el dolor de sentir su cabello ser maltratado y usado como entretenimiento del pequeño nieto de Garp. Cuando antes podía traerlo suelto o con su coleta alta, ahora debe trenzarlo y de ser posible recogerlo completamente.

Y como siempre y como cotidianamente pasaba en sus días... era de esperarse que volviera a pasar otra vez. Ya deseaba que pasaran rápidos los años para dejar al niño en su propio cuidad.

―¡SU-SU-SUUU-SSSUUUEEELTAAAMMMEE! ¡AHH! ¡Eso duele Ace! ―gritó Miranda mirando enfadada al niño que cargaba en su pecho con ayuda de mantas delgadas. Claro, esto no fue muy bien recibido por el pequeño infante, pues inmediatamente se soltó al llanto— ¡NOO! ¡No, espera! ¡No llores, por favor, Aceeeeee! ―Así eran los paseos por el bosque, cuando Miranda salia a caminar en busca de hongos o frutos del mismo. El habitad natural era salón de conciertos del pequeño moreno.


(…)


Cada día es un día sin un buen descanso. La ex-pirata apenas y dormía; sus energías se veían interrumpidas de muchas medidas. El niño siempre despertaba a mitad de la noche, llorando a todo pulmón, pues, desde hace unos días, la muchacha lo ponía a dormir en la cuna improvisada por ella misma, no sólo para que el pequeño se fuera acostumbrando, también para no sentir cómo cada noche el mocoso se metía en su ropa, buscando el calor de sus pechos, y, con el instinto de alimentarse, intentar sacar algo de su aun no maduro ceno, haciendo que la pobre Miranda tenga el pecho mas adolorido de lo normal. Así que, cada noche, tenia que envolverlo en mantas de algodón y lana y dar una vuelta, susurrándole canciones para dormirle; lo único que la descendiente More no sabia, es que el pequeño Ace tenia su pequeña mente malvada en eso, pues cada vez que podía, recostaba su cabeza en el cálido y cómodo pecho de su madre, buscando su olor y el sueño celestial, donde se imaginaba a sí mismo bebiendo leche sin hartarse.


(…)


-Tú... mocoso; es la ultima vez en la que caigo en tus trucos. Más te vale no molestarme hasta que amanezca ―así, una muy cansada Miranda se iba a la cama con el pequeño moreno en sus brazos.

Por supuesto, Miranda no estaba desconectada del mundo, después de todo de vez en cuando visitaba a Makino ―ya que Dragón no había vuelto de su desaparición repentina— para escaparse de los balbuceos de Ace y sus responsabilidades con Dadan, fue entonces cuando a sus manos periódicos de meses anteriores llegaron. Las noticias de cómo en el sur al menos 128 embarazadas fueron mandadas a la orca hicieron que Miranda perdiera el color en su rostro.


(…)


―Horrible, ¿no? No puedo creer que la marina a la que pertenece Garp-sama sea capaz de hacer tal monstruosidad, sólo por creer que Gold Roger embarazó a una de esas muchachas.—Lloraba la madre de Makino al recordar y contarle los hechos del pasado a Miranda que de un momento a otro había perdido su apetito. ¿Su capitán con familia? ¿Con una esposa? No. No, no y no.

Sabia que su capitán era uno de esos tipos románticos y apasionados, pero no lo veía como un hombre que deseaba tener una familia, por eso era pirata, sus nakamas eran su familia. El mar su mas grande amor y su aventura.

Pero aún cuando sabia que su capitán no era de esos hombres, su mente se concentro en las victimas de las leyes de la marina: futuras madres, muchas primerizas... y sus bebes. Y el rostro de Ace cuando sonreía regresó a su mente. ¿Si ese niño hubiera nacido en otro momento, en otro lugar, entonces tal vez hubiera sido el hijo de...?

―Miranda-chan, ¿estas bien? ¡Estas temblando! Lo siento, no debí contarte esto, eres muy chica para pensar en algo tan cruel. Perdóname, de verdad.

En su regreso a casa, Miranda se sentía intranquila, ¿aquello que pasó, pasaba a menudo? Era obvio, después de todo, ella era una "bebe maldita", ¿por qué otra razón la echaron al mar con una carta que decía que su madre había sido una pirata y rogaba por misericordia por su frágil vida?

―¿Acaso el capitán fue capaz de hacerle... algo así a alguien...? ¿Acaso sí tuvo un... un hijo?

Esa tarde, mientras comentaban ese tema en el bar de la familia de Makino, unos vagos y piratas de mala muerte solo se burlaban del "Rey Pirata" y de su "muerto" linaje.


(…)


Muy de vez en cuando, Garp iba de visita a la casa de la montaña. Al entrar siempre era recibido por Ace que reía a todo lo que daba cuando el "abuelo" hacia caras raras para divertirlo, lo sacaba a pasear y, en mas de una ocasión, el bebe de nueve meses era puesto en el piso por el anciano que estaba desesperado por verlo caminar, pero al pequeño Ace no le interesaba caminar aún; lo que mas quería era estar en los fuertes brazos de su abuelo y que éste lo lanzara al aire, para poder sentir cosquillas en su estomago. Esto sólo molestaba a Garp; para él, su nieto ya debería hablar y caminar.

―Mocosa, no haces bien tu trabajo, ¡¿por qué mi nieto aún no camina como un bebe normal?! ―le gritaba Garp a la joven madre que se pasaba aquellas tardes de visita lavando pañales y ropa de bebe.

―¿¡Bebe normal!? ¿¡CAMINAR!? ¡Eres mas tonto de lo que aparentas, anciano! ¡Es muy pequeño para que camine! ¡No pidas milagros! ¡deja que crezca a su ritmo! Además, él ya está empezando a hablar ―Miranda se había desesperado, lanzando un pantalonero morado a la cubeta de jabón con mucha fuerza, asustando a los bandidos que estaban lavando ropa junto a ella.

Por su lado, Ace que miraba a su madre desde los brazos del Marine, empezó a reír y a balbucear mientras aplaudía. Miranda se puso de pie y se acercó al pequeño con expresión firme, para hablarle:—Ace... ¿quién soy yo? ―preguntó mientras se señalaba con una mano abierta la cara.

De inmediato el bebe empezó a reír mientras gritaba: ―¡Mmmaaaammáááá! ¡Mmaammááá!

Esto dejo muy sorprendido al vice-almirante, que casi deja caer al pequeño del susto. Luego miró a Miranda, que lo veía con una expresión de victoria total.

―Ace... ¿quién es él? ―preguntó nuevamente miranda, señalando a la mano derecha de la jefa Dadan, el bandido de gran tamaño solo rio saludando tímidamente a Ace. El pequeño rio nuevamente y gritó:—¡MAAAAGGGRAAAA!

―¿Y ella? ―preguntó, esta vez señalando a Dadan.

―¡Jesha DADDAAAN! ―gritó, más unos aplausos que dio de forma emocionada.

La mandíbula de Garp cayó al suelo. Miranda lo miró con superioridad.

―¿Y yo? ¿qué hay de mí? ―Garp se apresuró a acercar a su nieto frente a él con una animada sonrisa— ¿Quién soy yo, Ace?

La sonrisa de Miranda se desvaneció, y se dio cuenta de que ya era demasiado tarde. Se fue apartando disimuladamente hacia la puerta de salida.

El niño se echó a reír.

―¡Mashitoo Gap! ―culminó mientras aplaudia más emocionado que nunca, orgulloso de sí mismo.

Bueno, el orgullo inconsciente que un bebe de nueve meses puede mostrar sobre sí mismo, sí.

Miranda había salido corriendo dejando una estela de humo. Garp se giro de forma lenta a ver al resto de bandidos de la montaña. Su rostro mostraba una sombra oscura y cómo poco a poco una vena se le iba inflando.

―¡MOCOSA; VUELVE AQUÍ AHORA MISMO! ¡TE ENSEÑARÉ UNA BUENA LECCIÓN!

Dejando al bebe junto a una helada Dadan, Garp se apresuró a salir en busca de vengan... ejem, de enseñarle modales a una mocosa que bien los necesitaba de más.


Continuará.


Primer que nada, este capítulo esta conformado de dos partes. Lo digo por ti, Sarah, que supongo que sabes que aquí faltan varias cosas de Dragón XD. Y vaya que son varias XDD.

De todas formas, lamento en demasía la tardanza a todos :( he estado en un momento un tanto difícil en mi vida ―qué dramática, pero así es la adolescencia xD—.

Sarah: Como veras, y si recuerdas lo que me pusiste, he cambiado varias cosas. No sé, sentí que debería hacerlo. Y por lo otro no sabía mucho qué poner en este capítulo, más lo que escribiste tú cambiado a mi manera y algunas escenas escritas por mí que tenía que agregar seguro. Espero te vaya bien con el inicio de clases.

No sé cuándo podré actualizar. Pero trataré de hacerlo lo más pronto posible. Después de todo quedan tres meses de clases y debo subir una materia que seguramente es la única que tendré baja por un descuido mio.

Lamento no poder contestar algunos reviews que estaba interesada en contestar.

¡Hasta el próximo cap!