Capítulo 10: El avance samurái
(Opening: You´re gonna go far, kid - The Offspring)
10 de febrero. Aldea de la arena.
El sol se ha alzado una vez más dando inicio a un nuevo día. Horas antes del amanecer, los ninjas de Konoha, que eran miembros de la escolta de su hokage, habían reanudado su viaje hacia la Aldea de la Arena, y fue durante el alba que recién habían llegado. Ahora están frente a la puerta de dicha aldea, siendo testigos sorprendidos de lo que veían, pues la entrada estaba muy dañada y llena de sangre, además de restos de incendios.
– ¿Qué ocurrió aquí? – Fue lo que pudo articular la hokage junto a sus jonin de alto rango, Gai, Kakashi y Yamato.
– Tuvieron que atacar, se nota que aquí hubo una gran batalla, y no hace mucho – Comentó Kakashi mirando a un grupo de ninjas que recolectaban los cadáveres de sus compañeros.
La hokage se acercó a dicho grupo para hablar con ellos y buscar respuestas.
– Disculpen ¿Pueden decirnos que ocurrió aquí? – Cuestionó la rubia.
– ¿Es la hokage? – Alegó sorprendido uno de los ninjas, dejando de lado su trabajo para hacer una reverencia – Lamentablemente la aldea está pasando un momento terrible, anoche fuimos atacados por un escuadrón de ninjas.
– ¿Escuadrón de ninjas? ¿Los akatsuki? – Insistió la rubia con cierta preocupación.
– Me temo que no puedo asegurar nada, mi señora. Estoy seguro que el capitán Baki podrá recibirla e informarle mejor de lo sucedido, con su permiso – Dicho esto regresó a su labor antes que siguieran haciéndole más preguntas.
– Debemos averiguar que ocurrió, abuela – Comentó Naruto, quien se notaba preocupado por lo que decían.
Sin más que decir avanzaron hacia la aldea. Mientras más caminaban más veían el caos sembrado por los atacantes, incendios, ruinas, destrucción y muchos muertos.
– Esto está muy mal. Podría asegurar, con solo ver lo que quedó, que esto es obra de los akatsuki. Tarde o temprano vendrían por él también – Comentó Kakashi a Tsunade, esto en forma de susurro.
– Lo sé. Me encargué de advertir y avisar de dicho riesgo a Gaara desde que tomó el puesto de kazekage. Solo esperemos que el chico esté bien – Respondió ella de igual forma susurrándoselo.
No obstante, Sakura se percató de ello y pudo escuchar un poco de esa conversación, lo cual le extrañaba, pues era como si sus mentores supieran que había ocurrido, y por qué. Por otro lado Naruto solo miraba lo ocurrido lleno molestia e indignación.
– Esos akatsukis deben ser muy fuertes. Me cuesta creer que cuatro ninjas hicieran todo este caos solos – Dijo Neji denotando incredulidad.
– Más sorpréndete es que Gaara estaba aquí junto a sus hermanos, y no son presamente uno novatos, los tres son ninjas de elite, lo mejor de su aldea. Quizás los atacantes fueron repelidos – Agregó el Rock Lee.
– Realmente lo dudo. La aldea está muy dañada como para que esto sea una victoria, algo no me agrada, y creo que realmente perdieron el asalto – Alegó Tenten insegura y dudosa del resultado del combate.
Siguieron avanzando entre el caos de la aldea hasta llegar al edificio central del kazekage, el cual tuvo que ser convertido en hospital provisional para recibir a tantos heridos, asimismo recolectar los cadáveres. El patio de instrucciones, por donde pasaron los ninjas de la hoja, estaba lleno de cuerpos cubiertos por telas blancas, esperando poder ser reconocidos, registrados y finalmente sepultados.
– Esto es horrible, cuántos perdieron la vida – La joven pelirosa estaba horrorizada por la imagen, cubriéndose la boca para evitar el aroma de muerto que comenzaba a extenderse. Tal imagen la obligó a desviar la mirada para no sentirse tan asustada.
– ¿Por qué habrían hecho esto, que buscaban lograr? – Cuestionó el rubio Uzumaki, tapándose la boca y nariz ante el olor.
Ante esa pregunta por parte del rubio, Tsunade y Kakashi le miraron de reojo, pues ellos sabían perfectamente las motivaciones que podrían tener los akatsukis para invadir y atacar las aldeas con tal brutalidad. Siguieron su camino hasta llegar a la enfermería central, donde esperaban encontrar a Baki o a Gaara, aunque la escena que verían no sería nada alentadora.
– Kankuro, espera. Debes regresar a la cama, no estás en condiciones de moverte – Se escuchaba la voz de Baki.
El ninja de los títeres salió de una habitación, tropezándose a penas pasar la puerta. Su torso estaba desnudo, solo cubierto por las vendas que resguardaban sus heridas. Kankuro se notaba muy débil, sudando y jadeando sin motivo aparente, su cuerpo temblaba. A pesar de ellos insistía en salir de su cama.
– ¡Temari! – Exclamaba con desespero, ayudándose de la pared para levantarse y avanzar – Temari – Un grupo de médicos, trataban de detenerlo para que no se hiciera más daño, pero él no lo permitía – Suéltenme maldita sea. Tengo que ver cómo está ella, tengo que saber si está bien.
– Kankuro, no es el momento para esto. Ella está en cirugía ahora, y tú debes regresar a esa cama antes que te debilites más, entiende que estas envenenado, y actuar así solo acelera el efecto del veneno – Su, otrora maestro, tuvo que intervenir para intentar regresarlo a la habitación.
En ese momento, fue que notaron la presencia de los ninjas de la hoja, quienes eran testigos de lo que allí ocurría. Kankuro se zafó del agarre de su maestro y se dirigió a ellos rápidamente, terminando por tropezar una vez más a casusa de su debilidad. Neji y Rock Lee, se acercaron a él para ayudarlo a ponerse de pie.
– Usted, usted es una ninja medico ¿Verdad? La mejor de Konoha – Preguntó con cierta desesperación a Tsunade.
– Si, así es – Respondió sin entender que pasaba, al igual que todo su equipo – ¿Qué es lo que pasó? – Antes que siguiera fue interrumpida por Kankuro
– Se lo suplico, señora hokage. Salve a mi hermana por favor, está muy mal y necesita ayuda médica, pero no tenemos suficientes para atender a todos los heridos, ni tampoco tenemos médicos tan capacitados – Kankuro suplicaba con gran desesperación.
– ¿Qué fue lo que ocurrió, quien la atacó? – Preguntó ella tratando de guardar la calma.
– ¡No hay tiempo para hablar! por favor, su vida está pendiendo de un hilo – Se arrodilló rápidamente ante ella – Se lo imploro, se lo suplico, ayúdela.
– Kankuro, si sigues moviéndote el veneno se extenderá más rápido en tu cuerpo, debes… – Intentó hablar Baki, y fue interrumpido una vez más.
– ¡No me importa! – Exclamó mirándolo, por fin revelando lo que más lo afligía, lo que fue expresado por las lágrimas que comenzaron a surcar sus mejillas – Atraparon a Gaara por mi culpa, por no ser suficiente para luchar contra esos hijos de puta, no perderé a mi hermana, no ahora y no de esta forma.
La frase mencionada por el marionetista resonó en los oídos de los ninjas de la hoja "Perdimos a Gaara" esto era peor de lo que pensaban. ¿Un kage, capturado? Hasta el más tonto del grupo, entendía que los autores del asalto solo pudieron ser los temidos akatsukis y que todo fue claramente orquestado para atraparlo a él.
– Capitán Baki – Llamó la rubia hokage con una voz de autoridad – Llévenme a la sala de operaciones para atender a Temari. Mientras lo hago, quiero que informe detalladamente lo que ocurrió a Kakashi y a Gai. Tenten, Sakura, lleven a Kankuro de regreso a su habitación y comiesen el tratamiento contra el veneno. Naruto, Lee, Neji y Yamato, ayuden a los ninjas de la arena en todo lo que puedan – La rubia, como una gran líder, expresó sus órdenes de forma seria, manteniendo la calma para pensar claramente.
Al instante, y sin objetar nada, todos hicieron caso a lo que la rubia ordenó, dividiéndose y dispersándose por el lugar.
Ahora nos ausentamos del país del viento, y nos alejamos hacia el noreste, de regreso al país de los campos de arroz, más específicamente al territorio ocupado por los invasores samurái, quienes no dejaban de atacar aldeas, ahora lo hacían en busca de suministros para saquear. Una aldea de cultivos era el objetivo, en este caso no se enfrentaban a un batallón de simples ashigarus salvajes, ahora, un samurái de elite había sido enviado en esta misión. Aunque hay que destacar que se le encomendó por deseo de él mismo, no porque fuera necesario, pues en dicha aldea había solo unos de escasos ninjas del sonido.
Las calles, campos y hogares ya habían sido mancillados con la sangre de sus habitantes para este momento. Un grupo de ocho ninjas avanzaban a toda velocidad buscando al autor de tal masacre. Al llegar a la plaza central se toparían con su objetivo.
– Llegan tarde – Dijo aquel hombre, con una voz intimidante y articulando una perversa media sonrisa.
Aquel hombre destacaba. Carente de una armadura, vistiendo ropas simples, un kimono blanco, un pantalón hakama negro, sandalias y calcetines tabí, obviamente la infaltable katana en su mano.
De aproximadamente treinta y cinco años de edad, con una altura de 1.79 metros, notándose una gran musculatura, una cabellera en color rojo carmesí, una mirada seria y muy fría que resaltaba un par de ojos negros cual noche, eran las características que componen a este intimidante hombre.
A los pies de este samurái hay ya al menos una docena de cadáveres de ninjas que creyeron estar a su nivel y ahora yacen inertes sobre charco de sangre. El grupo recién llegado se sorprendieron y el miedo los invadió al ver a los suyos muertos como animales, además que asesino se mostraba para nada cansado o siquiera herido, es más, ni siquiera la sangre de sus víctimas lo habían tocado.
– ¿Quién eres, porque has hecho esto? – Alegó furioso uno de esos ninjas del sonido.
– ¿Por qué tengo que explicarlo? – Respondió el samurái mirándolo con una sonrisa en sus labios – Solo me ordenaron que tenía que tomar este lugar, y así lo hice. Claro, estos insectos intentaron detenerme y no me dejaron más opción que asesinarlos, si hubieran escapado, como algunos de los aldeanos, los habría dejado vivir… Quizás – Relató cual si fuera una broma, pues sonreía a cada momento.
– ¡Cállate! – Exclamó el ninja.
A su orden todos arrojaron kunais con papeles bombas hacia el samurái. Él solo bostezó y en el último momento dio un enorme saltó que lo elevó varios metros en el aire. Desde allí – Estilo de hielo, lluvia de flechas – Agitó su espada y de esta emanaron decenas de flechas de hielo que a gran velocidad atacaron a los ninjas.
Estos trataron de esquivarlas tan rápido como pudieron, cuatro de ellos no lo lograron y fueron acribillados hasta la muerte por las feroces flechas. El samurái regresó al suelo de forma grácil, al momento los restantes cuatro ninjas creyeron que podrían intentar un ataque cuerpo a cuerpo rodeándolo y atacando por todas direcciones. El samurái solo sonrió ante ese burdo intento, ágilmente se arrodilló y llevó su mano al suelo – Estilo de hielo, Lanzas emergente – Calculó el momento y la posición de sus rivales como un experto, del suelo brotaron lanzas de hielo que atravesaron y empalaron a los cuatro ninjas en un parpadeo.
– Cielos, eso fue tan, tan… ¡Estúpido! – Espetó el samurái mirando con cierto desprecio a los cuatro ninjas ahora clavados en esas lanzas de hielo – Por favor ¿No podían hacer algo mejor? No sé, un ataque por sorpresa, arrojarme rocas o fuego, maldición, conozco novatos que podrían haberlos asesinado sin problemas – Bufó frustrado.
Miró a todos lados, ya no había rivales, ni una sola persona con vida cerca, suspiró algo aburrido y molesto mientras enfundaba su arma – Creo que mi trabajo aquí está hecho, volveré a la base y dejaré que los ashigarus saquen este asqueroso y patético lugar.
– Llevo ya varios días en este pedazo de tierra lleno de "ninjas" y no he encontrado un verdadero reto, a este paso me colgaré por el aburrimiento – Hablaba consigo mismo mientras caminaba a la salida de la aldea – Y tampoco encuentro alguna forma de divertirme. Si mal no recuerdo, durante el Sengoku establecí un record de 410 asesinatos en una hora, en los dos ataques que he hecho aquí apenas he llegado a 120 en una hora ¿Será que estoy algo oxidado? Bueno, tres años en prisión no pasan en vano – Rió un poco ante eso último.
Mientras seguía avanzando se topó con otro, o más bien otra, samurái quien se acercó a él a lomos de un muy fino y precioso caballo blanco. Era una joven de aproximadamente veintiocho años de edad, de estatura baja, llegando al 1.64 metros, de complexión bastante delgada, pero destacando un físico maduro, con una estrecha cintura y atributos considerables. Poseedora de una larga cabellera en color rubio platinado hasta el punto de llegar a confundirse con el color blanco, el cual lleva sujeto con una diadema y llega hasta su cintura, su fino y bello rostro destaca un par de ojos en color gris. Y cabe mencionar que ella también carece, de momento, de una armadura, vistiendo solo un kimono verde con flores blancas, un pantalón hakama blanco, el mismo calzado que el otro hombre, porta una katana también.
– Como siempre, no puedes dejar de ser una bestia ¿verdad Gadi? – Sonrió la chica un poco burlona – Mira las patas de mi pobre caballo, llenas de sangre y pedazos de personas, debiste ser un poco más delicado ¿No crees?
– ¿Que hace aquí, señorita Miri? – Respondió el hombre un tanto serio ignorando lo que ella decía.
– No tenía nada mejor que hacer, la base está terriblemente escandalosa con tantas construcciones y asignaciones de cabañas y áreas, no soporto tanto ruido. Así que supe que "El demonio de hielo" iba en una misión así que decidí venir para ver esas temidas habilidades que te niegas a mostrarme durante el entrenamiento. Creo que llegué tarde – Sonrió y se bajó del equino para acercarse a él, denotando la diferencia de alturas.
– Debería estar en la base, señorita. La reunión de la Gran Alianza Samurái se llevará a cabo esta noche, usted debería estar presente junto a su padre y hermano mayor – Gadi ignoraba por completo casi todo lo que ella decía, manteniendo su seriedad.
– Pues no – Bufó cruzándose de brazos y desviando la mirada – Al parecer no me quieren allí, solo daimyos y herederos. Por eso vine aquí, para buscar algo que no me aburriera.
– Pues me temo que no encontrará nada aquí, señorita. Me encargué de todos los ninjas de este lugar. Dejemos que los ashigarus saqueen y lleven todo de regreso a la base, yo la escoltaré de regreso, sígame – Pasó de ella con intención de regresar.
– ¡Oye, idiota! – Exclamó ella al verlo irse – Mi padre te contrató y te dio mucho dinero, además convenció al shogun para que te dejara libre, esto para que me entrenaras a mí y a mi hermano, que tal si haces tu trabajo – Se notaba que trataba de sonar autoritaria para que Gadi la obedeciera.
– Si, eso no lo he olvidado, señorita. Cuando esté listo el campo de entrenamientos me encargaré de entrenarlos a ambos, de momento no hay lugar donde hacerlo. Regresemos a la base, y descansemos un poco, puedo pedir que le preparen un postre y le den un buen té para que se relaje – Sonrió mirándola sobre su hombre y expresándose con cierto tono de burla.
– ¡Maldito idiota! – Gruñó ofendida – Yo no soy una de esas damitas que viven en castillos llenos de sirvientes y que no saben siquiera como usar un arma. ¡Yo soy una samurái de elite, y soy tu ama! – En ese momento su molestia llegó al grado que obligaría a Gadi a entrenarla, lentamente sacó su espada – Me entrenaras por las buenas o las malas, lo quieras o no.
Sus piernas comenzaron a emanar electricidad, la cual usaría para mejorar su velocidad, lanzándose proyectada con gran rapidez hacia Gadi, intentando un corte horizontal dirigido a la cabeza del demonio de hielo. No obstante, su espada fue detenida por un muro de hielo que apareció de la nada y en un parpadeo. Antes que reaccionara Gadi lanzó una patada atravesando el muro de hielo hasta impactar en el abdomen de ella, la fuerza terminó impactándola a ella contra la pared de una casa.
– Su ímpetu y velocidad son de un nivel considerable, señorita Shimazu – Sonrió el hombre mirándola con cierto interés mientras se acariciaba la barbilla y desenfundaba su espada – Carece de habilidades estratégicas, pero su arrojo me agrada. Si tantas ganas tiene de entrenar, comenzaremos aquí. La primera lección se llama "Como respetar a su maestro"
La chica, a pesar del golpe, se levantó como si nada, aunque la verdad solo estaba conteniéndolo. Un pequeño hilo de sangre escurrió por la comisura de sus labios, lo limpio con su mano y articuló una enorme sonrisa.
– De eso era que estaba hablando, estúpido samurái. Vamos a ver qué tan fuerte eres realmente – Se mordió el labio por la emoción de por fin entrenar con ese famoso hombre. Sin importar nada se arrojó hacia él para continuar el ataque.
Dejando a un lado este encuentro, que aunque pareciera salirse de control no pasaba de ser un entrenamiento. Regresamos a la mencionada base de la Alianza Samurái, durante los días que han pasado dicho lugar había crecido enormemente en infraestructura, pues con una mano de obra conformada por miles y miles de hombres y mujeres, a los cuales se unían los esclavos, conformados por aldeanos y ninjas capturados en otras aldeas. La otrora aldea de pescadores se había convertido en un complejo militar gigantesco, con una larga e infranqueable empalizada resguardándolo. Los ashigarus levantaron cientos y cientos de casa de campaña para ellos mismos, para los samurái y miembros de los sequitos de los daimyos se construyeron cabañas de madera, las cuales mejoraban según el rango de sus huéspedes, esto hasta llegar las casas de mayor lujo que serían para las familias de los lideres, y finalmente la gran torre, la cual sería el centro de mando y centro de reuniones de la Gran Alianza Samurai, con al menos diez pisos de habitaciones y todos los servicios para las necesidades y lujos de dichos hombres, esta torre estaba lista para la primera reunión de los siete daimyos en tierras ninjas.
Nos dirigimos precisamente hacia una de las salidas de dicha base, que fácilmente podría ser llamada ciudad, en dicha puerta un grupo de exploradores se preparaban para salir a una misión de reconocimiento y cartografía. No obstante esta misión no estaría en manos de simples ashigarus, sino de samuráis, entre los cuales destaca un campeón, más precisamente el campeón del clan Date
Un hombre de edad cercana a los treinta y tres años, de estatura alta, llegando al 1.82 metros, es famoso por ser considerado por las damas un hombre atractivo por su apariencia, destacando una complexión delgada pero ruda a la vez, pues su experiencia en combate es inapelable. Usuario de una larga y alborotada cabellera negra, la cual, de momento, lleva atada con un lazo blanco. Regresando al hecho de su experiencia, las batallas dejaron en él una marca de por vida pues carece del ojo izquierdo, tapando su cuenca con un parche, por otro lado su ojo derecho es de un color rojizo. Viste su armadura completa, en color dorado y azul, los de su clan, aunque dejando de lado el casco pues los samurái de elite lo consideran estorboso.
Dicho hombre se encontraba en las caballerizas junto a otros samurái del clan, date, esto es fácil de saber por los colores de sus armaduras. Preparaba su caballo para el viaje de exploración, cuando cierto par de personas muy apreciadas por él llegaron.
– ¡Jubei sensei, espere, no se vaya aun! – Decían corriendo a toda velocidad hasta él cargando con su equipaje, pues dicho par serian parte de la mision.
– Asami Fujimoto, Ryo Todomo – Articuló de forma seria el campeón Jubei. Cuando el par de chicos se acercaron fueron recibidos con un par de golpes en la cabeza por parte de su sensei – ¡Llegan tarde par irresponsables! – Agregó de brazos cruzados mirándoles serio.
– Lo, lo sentimos sensei – Respondieron haciendo una reverencia mientras se sobaban la cabeza un adoloridos por la reprimenda de su sensei.
Hablemos de Asami. Una joven de aproximadamente 18 años de edad, con una estatura de 1.60, su físico destaca por sus curvas bastante femeninas en un cuerpo atlético, ni muy del dado, ni robusto, idóneo para el combate, destacando claramente la belleza de la que es portadora. Su cabellera posee un atípico color azul y perfectamente trenzada para no ser una desventaja, en su lindo rostro un par de ojos grises con largas pestañas.
Ahora, Ryo. Con 18 años y 1.75 de estatura, aunado a una complexión fornida, destaca sus ojos en color azul claro que incluso, con cierta luz, parecieran brillar, su cabello es oscuro y corto, ligeramente alborotado, es considerado un chico atractivo según muchas jóvenes.
Por cierto, ambos chicos también llevan sus armaduras, incluidos los colores del clan, dorado y azul, ellos, a diferencia de su maestro si llevan los cascos, aunque no los usan en todo momento. Mientras Asami es usuaria de un arco yumi que lleva en su espalda, en su cintura llevaría el carcaj de flechas y en su cintura un tanto como arma secundaria. Por otro lado, el joven Ryo es usuario de un tetsubo de madera con puntas de acero en la parte superior, el cual debe llevar en su espalda también.
– Un "lo siento" no es suficiente chicos, un samurái nunca hace esperar a nadie, mucho menos a otro samurái. La responsabilidad y puntualidad es crucial en el camino del samurái, es una virtud que ensalza el espíritu y el respeto ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera llegado tarde a la batalla de Yahika? – Sermoneo de forma un poco filosófica.
– Probablemente hubiera conservado su ojo izquierdo, sensei – Respondió Ryo, ignorando el hecho que a Jubei no le gusta mucho que bromeen cuando da un sermón. Fácilmente recibió otro golpe en la cabeza, aún más fuerte que el primero.
– Lo sentimos señor, anoche tuvimos problemas para encontrar la cabaña que se nos asignó, y terminamos durmiendo muy tarde – Alegó la joven Asami mientras trataba de contener la risa al ver a su compañero ser reprendido por el sensei una segunda vez.
– Como decía, eso no es una excusa. Pero bueno, de cualquier forma aún están a tiempo, prepárense rápido, salimos en 10 – Ordenó Jubei regresando a preparar su caballo.
El par de chicos rápidamente buscaron sus caballos para prepararse y unirse al grupo. Asami no tardó en hallar a su fiel amigo cuadrúpedo.
– Espero que estés listo amigo, por fin vamos a galopar otra vez – Sonrió con cierta emoción abrazando a su caballo, un gran y majestuoso pura sangre de color marrón rojizo.
– Cielos, el maestro no es muy dado a las bromas – Decía Ryo mientras se sobaba la cabeza y preparaba su caballo.
– Y tú lo sabes muy bien, y aun así insistes en molestarlo – Rió ella – Aunque fue una buena broma lo de conservar su ojo. Es una pena que tengamos que salir, me hubiera gustado estar aquí durante la reunión de los daimyos.
– ¿Cómo por qué? – Cuestionó mirándola y arqueando la ceja – Ni en broma dejarían que un par de novatos se acercaran al centro de mando durante una reunión de la Alianza.
– Lo sé, pero es el mejor momento para ver a los samuráis más fuertes, siempre son invitados o son parte de las esocltass de los daimyo. Imagina poder ver al "Dios de la gravedad" "Al gigante Tokugawa" "A la ladrona" o a "La niña de la naginata" todos son samuráis temidos y respetados, famosos por sus hazañas en combate, es inspirador – Sonrió cual fan mientras una pequeña y alegre lagrima escurría por su ojo.
– Que rara eres – Comentó su compañero extrañado por su actitud. Terminó de preparar su caballo y se montó en él – Hasta donde sé, ellos no son muy dados a que los llamen por sus apodos de guerra, creo que algunos se ofenden por ello.
– ¿Rara yo? mira quien lo dice, tu eres el que se pasó toda la noche espiando a las mujeres en los baños públicos, maldito pervertido – Bufó ella algo seria por eso. Mientras subía a su caballo.
– En primera, no las estaba espiando, solo me aseguraba que los baños funcionaran correctamente y que no tuvieran inconvenientes con el agua caliente, además no estaba solo, había otros tres sujetos conmigo – Respondió fingiendo no ser un pervertido.
– Estuviste dos horas agazapado entre un arbusto mirando atravesó de un agujero en la pared. A mí no me importan tus perversiones, pero si me entero que me espías a mí, te clavaré una flecha en el culo – Dedicó una mirada asesina a su compañero.
– Oye relájate Asami, somos amigos – Rió un tanto nervioso, pues esa amenaza podía no ser muy exagerada.
– Pues tienes suerte, si no lo fuéramos te iría peor – Sonrió de forma algo perversa.
– Muchachos, es hora, salgamos – Se escuchó la voz de su maestro dando la orden de salir.
(Ending: Dont say goodbye - Skillet)
