Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a M. Kishimoto.

Madness

El amor es locura

Él era todo lo que siempre había querido.

Fuerte y seguro como ningún otro, serio, misterioso. Le gustaba intentar adivinar que podía estar pensando detrás de ese rostro sin emociones que había sido cincelado por los dioses. ¿Qué grandes ideas se desarrollaban en su mente? ¿Pensaba en alguien alguna vez? ¿Añoraba algo de su vida? ¿Pensaba en ella?

Oh, lo que daría por una respuesta.

Sonrió y lentamente abrió sus ojos, mirando al chico que estaba en su regazo.

Acarició lentamente su cabello negro. Era una sensación maravillosa, sentía que podía hacerlo el resto de su vida. Finalmente dejó sus manos descansar sobre los anchos hombros que lo hacían lucir tan varonil.

Sasuke entreabrió sus ojos somnolientos. Parecía cansado y desubicado. Intento moverse, pero el firme agarré de la chica lo devolvió a su lugar, robándole un casi inaudible gemido.

Sus ojos negros se enfocaron en ella, y Karin le sonrió coquetamente.

Le acarició el rostro, recorriendo suavemente la línea de su mandíbula. Acarició con su pulgar los labios delgados del joven y no pudo evitar morder su propio labio imaginando como seria besarlo. Sasuke la observó impávido, luchando por la necesidad de cerrar sus ojos.

—Eres mío —susurró con fervor—. Siempre lo serás, Sasuke.

—Karin… —dijo Sasuke con voz rasposa. La chica, de un intenso cabello rojo, colocó un dedo sobre los labios de él, obligándolo a callar y se inclinó hasta poder rozar su mejilla con los labios.

—Ya no nos molestaran —ronroneó al oído, esbozando una traviesa sonrisa.

Sasuke movió su rostro, para alejarlo de ella, y sus ojos se toparon con la imagen más inesperada. Un nudo se formó en su garganta y sentía la ira burbujear en sus venas, sacándolo por unos segundos del estado somnoliento en el que su cuerpo estaba sumido. Tomó a la chica por su camisa, y sus ojos oscuros la taladraron con odio.

—¿Por qué lo has hecho? —cuestionó con la voz entrecortada por la ira y el entumecimiento.

Karin alzó su vista. Se acomodó sus lentes, en ese gesto tan suyo lleno de autosuficiencia y pedantería, y se sonrió admirando el inerte cuerpo de una joven chica que teñía la nieve con su sangre y su cabello rosa.

Sobresaltaba en aquel panorama completamente blanco, y Karin frunció sus labios al darse cuenta que la nieve tardaría mucho en cubrir los colores tan molestos que usaba esa chica. Tal vez por eso Sasuke se había fijado en ella, era imposible no mirarla, siempre resaltado con sus colores chocantes.

Pero, ya no importaba más.

Realmente no había sido una gran amenaza. Engañarla había sido muy sencillo, hacerla creer que la ayudaba, cuando realmente cada paso era su propia condena. Porque Sasuke era de ella, no de nadie más.

—Eran un estorbo.

Sasuke liberó a la chica, su mano cayó a la fría nieve, y sin fuerzas ni ánimos, volvió a ver a la chica que solo unos meses atrás se había convertido en su esposa y que había recorrido el país para darle la noticia de su paternidad. Su frágil silueta parecía dormida, pero el lago de sangre que se extendía a su espalda revelaba el trágico destino de la joven y futura madre.

Karin tomó el rostro de Sasuke entre sus manos y se inclinó lentamente sobre él.

—Tú eres mío —susurró nuevamente, saboreando los labios del pelinegro con lentitud, sintiendo la viscosidad de la sangre empapar sus labios y el sabor metálico en su paladar. Robándole así su último aliento.

Si él no era de ella, no lo seria de nadie más.