CAPÍTULO 10: RELATO FRENTE A LA CHIMENEA

Ace murió en un accidente de coche, yo era la conductora. Recuerdo la luz de un camión, luego estábamos en el fondo de una cuneta. Me lo llevé al hospital a cuestas, me negaron la ayuda los viandantes y murió, había mucha sangre. Me desmayé, al despertar me dijeron que Ace estaba muerto, yo les dí mis datos, dije que era forense, no se por que lo hize, pero estaba convencida de ello. Lo recuerdo porque yo le hice la autopsia a Ace. El cuerpo estaba frío. No era capaz de moverme de la cama, no comía, la culpa, la tristeza y la soledad me hundían como arenas movedizas. Unas personas echaron la puerta abajo y me llevaron, no opuse resistencia. Me daba igual si vivir o morir.

Nunca llegué a verle el rostro a Alpha, la gente de ese laboratorio me ponían agujas y me inyectaban líquidos que me causaban fuertes alucinaciones. Pasé un año entero así, luego, me sacaron y empezaron a doblar las raciones de comida. Un día me dieron una espada y me enseñaron el ser mas horrible que ha visto. Era un ser con el cuerpo y cara deformados, se movía sobre cuatro patas y gritaba. Cuando pregunté que era me dijeron que eran formas de vida creadas a partir de el ADN de mi sangre,

-Entonces ¿Es mi hermano?-

-Algo así, mátalo-

Hundí la hoja en el pecho de ese espantoso ser, primero sentí pena, luego me metieron en una arena llena de ellos. Los primeros quince días sientes tristeza por ellos. Después sabes que o mueren ellos o mueres tú. Con el tiempo mis armas y habilidades mejoraron.

Un día, me metieron en un tanque lleno de un líquido verdoso con una máscara de aire y me conectaron cientos de cables alrededor de mi cuerpo, ese día no pude más y el cristal del tanque se rompió. Mi visión estaba bañada de rojo pero no sangraba, mis heridas no me dolían. Miré mis manos y tenían garras, mis dientes se dotaron con poderosos colmillos.

Miré a los científicos que tanto me hicieron sufrir. Ellos arruinaron lo poco que quedaba de mí y les hice caer en la misma tortura. Les hice ver lo que yo vi, sentir lo que yo sentí. Si yo caía en la locura les arrastraría conmigo.

Me miré en un viejo espejo de cuerpo entro, tenía una cola acabada en flecha y mostraba unas llamas azules alrededor mio.

No se como, pero me desperté en mi piso, en mi cama. Pero nada había sido un sueño, lo se porque me marcaron con el símbolo omega y el código 513. Aquella mañana vi a Ótacon por primera vez, me sonrió y dijo que cuidaría de mí. Hizo que volviera a comer, fue capaz de devolverme la sonrisa. No recordaba lo que pasó antes de que metieran en ese laboratorio. Ace nunca existió en esa memoria, siempre se dejó la piel en protegerme.

-Creo que eso es todo-Amélia miró el fuego de la chimenea

-Amélia, si necesitas alguna cosa- Dijo Clive

-Estoy bien, creo que contarlo me ha hecho sentir mejor- Le envió una sonrisa dulce

-Me alegra ver que te encuentras mejor. Creo que esto ha desvelado muchas cosas – Layton sonrió -Será mejor que durmamos-

Mientras se iban a sus cuartos Amélia le susurró a Clive

-Pasa eso cuando encuentra la solución a algo ¿Verdad?No lo he saturado de cosas deprimentes ni algo por el estilo-

-Suele pasar-

Los tres ya estaban en sus habitaciones, Amélia fue la primera en dormirse.