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Todos los personajes son de Stephenie Meyer. Todos humanos.
CODICIA MARCADA
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*Preparativos*
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-¿Crees que tu padre reaccionará muy mal? - Preguntó preocupado mientras trataba de afeitarse concentradamente.
Había llegado de nuevo el fin de semana. Estaba feliz, pues no podía soportar más las miradas de Mike hacia mi, me hacía sentir mal con su comportamiento. No había sido yo la causante de sus falsas ilusiones, porque en ningún momento le di falsas esperanzas. Por más que intentaba recordar si alguna vez lo había hecho no había nada en mi memoria que me indicase algo así.
Pasé al lado de Edward, que se encontraba frente al espejo del lavabo, para colocar mi toalla de baño en su sitio.
-Hombre… supongo que mi padre no se ha portado muy bien contigo… pero tiene que comprender que yo ya sé tomar mis propias decisiones. Es lo que quiero. - Bajó la mano para enjuagar la cuchilla que estaba utilizando en el agua del lavabo y me miró a través del espejo.
-La verdad es que no soy el novio que todo padre le gustaría que tuviese su hija, pero te amo como nunca nadie podrá hacerlo, eso lo sé seguro.
Sonreí tiernamente, me acerqué a él y le abracé por la espalda, besando la piel expuesta de su hombro, ya que aun no se había puesto la camisa.
-No tienes que decirlo amor, y eres mi novio perfecto, ¿Quién puede decir lo contrario?
-Yo mismo. - Respondió automáticamente. Le miré a través del espejo por encima de su hombro - Mi pasado es… - No pudo acabar, vi como hacia una mueca de asco frente al espejo y siguió rasurando su barba.
No podía negar que su pasado me molestaba. Tenía que admitir que cada vez que imaginaba las innumerables modelos y chicas con las que había tenido algo se me removía algo en mi interior, pero no era asco, de eso estaba segura, eran celos. Celos porque ellas también lo hubiesen tenido, porque lo hubiesen amado, porque alguna hubiese desarrollado algún tipo de vínculo afectivo con él.
Aunque para Edward solo hubiese sido sexo, para ellas no tenía que haber sido simplemente un revolcón con él. Sabía que no tenía que pensar en ello, pero Jane era el claro ejemplo. Las pocas veces que había acompañado a Edward a su oficina, solo tenía que ver como miraba a Edward para adivinar que estaba enamorada de su jefe.
Y no es que desconfiase de Edward, sabía perfectamente cuanto me quería así como que sería incapaz de hacerme daño de esa manera. Simplemente me atormentaba pensando en que otras lo hubiesen disfrutado alguna vez, como Angie… pero bueno al fin y al cabo, ella ya no sentía nada por él.
Me aferré más fuerte a él, presionando mi mejilla en su espalda levemente.
-Tu pasado es pasado, Edward. No tienes que recordarlo más, solo… sé feliz conmigo y con nuestro hijo.
Su silencio me llamó la atención, por lo que acabé asomándome una vez más por encima de su hombro y pude ver su tierna sonrisa, me llevé una mano al vientre. Todo estaba bien.
Me puse los zapatos de tacón azul marino con mi falda del mismo color y una blusa roja, tomé mi bolso del armario y me reuní con Edward en la puerta de nuestra habitación para bajar a por el Volvo. No tenía por qué, pero me sentía nerviosa. Esa noche iban a estar todos: mis padres, los padres de Edward, Alice con Jasper, Jake con Leah, Angie y Emmett con su novia.
En un principio lo habíamos organizado todo para reunirnos en un restaurante en las afueras de Phoenix, ya que el apartamento de Edward, a pesar de ser de unas dimensiones considerables, no tenía una mesa lo suficientemente grande cómo para tanta gente. Pero al final, los padre de Edward se habían ofrecido a hacer la cena en su casa, como siempre tan agradables.
Tenía que admitir que el día que los conocí estaba bastante nerviosa, no sabía que esperar de ellos, pero por suerte su madre era encantadora y su padre era tan educado y apuesto… Eran unos futuros suegros envidiables.
Salí del Volvo y cerré la puerta antes de alcanzar a Edward y entrelazar nuestras manos para dirigirnos a casa de sus padres. Por suerte a Angie, a Jake y a mis padres les había dado las suficientes indicaciones para que supieran llegar, era una zona bastante conocida.
-Hola, cariño. - Saludó Esme a Edward cuando entramos en la estancia.
-Hola mamá. - Contestó Edward con un beso. - ¿Cómo estás?
-Me muero por saber la razón de la cena. - Dijo mirándome sonriendo. - ¿Cómo estás Bella? - Preguntó dándome un beso.
-Muy bien, Esme. - No puedo estar mejor, Esme. Podría gritar a los cuatro vientos que me iba a casar y que iba a ser mami.
Después de nosotros llegaron mis padres con Jake, seguidos de Emmett, Alice y por último Angie.
Había visto la enorme casa de los padres de Edward, Esme me la había enseñado completamente la primera vez que había ido con Edward después de la fiesta y simplemente me encantaba.
Me encontraba muy cómoda con todos ellos. Ni siquiera podía creer que mi padre hubiese hecho tan buenas migas con Carlisle, aunque bueno ¿Quién no podía rendirse al encanto de los Cullen?
-Me encanta tu falda, Bella. - Confesó Alice en medio del postre, haciendo que dejara de escuchar a Edward hablar con los chicos sobre trabajo. - En serio, es perfecta, es sexy y elegante, de verdad, tienes mucho estilo. - Sonreí.
-Gracias Alice… - Miré mi plato de postre pensando en si debería dejar salir de mis labios el comentario que pretendía. - Si quieres puedo regalártela.
-¡No! Es tuya Bella, y es preciosa, no, no. - Angie me miró con una sonrisa cómplice.
-Sí, bueno, pero quizás en unos meses no me la pueda poner y cuando pueda volver a ponérmela de nuevo ya no me gustará, así que… - Alice me miró confundida.
Su expresión facial no varió durante un largo minuto, después como si una bombillita se hubiese encendido en su cerebro comenzó a sonreír para finalmente soltar una carcajada cantarina sin dejar de mirarme. Todo el mundo se nos quedó mirando.
-Shh. - Le advertí antes de que hablara y me mordí el labio.
-¿Y esa felicidad hermanita? - Preguntó Edward, giré mi cuello para mirarle y supo perfectamente lo que sucedía. Me sonrió. - Bueno… creo que ya es hora de que todo el mundo lo sepa. -Miré a mi madre, quien sonreía pensando que sabía perfectamente a qué se estaba refiriendo, lo que no sabía ni ella ni Angie es que les aguardaba también la noticia de nuestra boda. Edward no habló durante un par de segundos y buscó mi mano por sobre la mesa para entrelazarla con la suya.
-¿Qué Edward? - Preguntó Emmett. Mi padre miraba a mi novio con el ceño fruncido.
-¿Qué digo primero? - Me preguntó. Me mordí el labio, las dos cosas eran importantes, pero nuestro bebé… Apreté la mano de Edward, que seguía entrelazada con la mía y llené mis pulmones de aire.
-Estoy embarazada. - Dije con un tono entusiasta palpable en el aire. Nadie dijo una palabra durante un segundo y después solo se escuchaban voces y felicitaciones por todas partes, sillas moviéndose… hasta que pude ver por el hombro de Esme, mientras me abrazaba, a mi padre sentado con el rostro inexpresivo. Aun no había procesado la noticia y quedaba una más… Me dirigí a él, un poco desilusionada por su reacción y me agaché de cuclillas. - Papá.- Le llamé.
-Felicidades, cariño. - Dijo intentando sonreír. Miré a Edward, quien me miraba con una expresión dolida y triste.
-Papá… - Acaricié su mejilla, poniendo en él toda mi atención, mientras seguía escuchando de fondo todo aquel jaleo. - ¿Qué pasa? ¿No quieres ser abuelo? - Charlie me miró con la disculpa pintada en la cara.
-No, no cariño, por su puesto que sí. Es solo que no me lo esperaba y…
-Piensas que Edward no es bueno para mi. - Murmuré muy bajito en una triste afirmación. Mi padre hizo una mueca extraña, intentando con aquello disculparse por ello. Sonreí y le obligué a que me mirara. - ¿Alguna vez me has visto tan feliz? - Mi padre no movió ni un músculo facial. - Papá… sé lo que estoy haciendo… Quizás Edward pueda darte la impresión equivocada, pero no es ningún estirado, él sufre porque piensa que no lo aceptas. Me quiere de verdad.- Mi padre frunció el ceño apenado.
-Ay, Bella… - Esta vez su tono de voz sonó mucho más dulce.
-Dime papi.
-Es que creo que nunca me paré a pensar en el día en el que te fueras de casa…
Así que solo era eso. ¿Estaba viendo a Edward como una amenaza o como el novio que le robaba la hija a su padre? Sonreí sin poder creérmelo y le abracé.
-Lo siento pequeña. - Me separé y volví a mirarle seriamente.
-Papá, yo siempre te voy a querer, eres mi padre, eso no lo puedo olvidar, pero también tengo que hacer mi vida, como la hiciste tú con mamá. - Él asintió.
-Voy a ser un abuelo bastante joven. - Sonreí. Me erguí, busqué a Edward con la mirada y le hice un gesto para que viniera, aun nos quedaba algo más que decir.
-Y ahora no te asustes más, aun queda algo que decir… - Mi padre arrugó la frente confuso. Observé como Edward se deshacía de su hermana y se alejaba de ella para regresar a mi lado, le tomé de la mano. Su gesto estaba tenso, pero después hablaría con él, todo el mundo nos miraba aun con la sonrisa pintada en el rostro. - Aun queda algo más… - Apreté la mano de Edward y la de mi padre, quien seguía sentado a mi lado. Miré a Edward, quien cambió su expresión al ver mi sonrisa sincera.
-Nos vamos a casar. - Completó él. Una vez más los gritos inundaron el salón, pero antes que nada miré a mi padre, quien me miraba con los ojos abiertos como platos.
Intenté zafarme del abrazo de Renee para atender a la expresión inescrutable del rostro de mi padre. ¿Tan mal le había sentado la noticia? ¿Tan mal esposo pensaba que sería Edward? ¿Es que nunca lo aceptaría? Aparté a mi madre de mi lado y volví a agacharme de cuclillas, sosteniendo el rostro de mi padre con las manos.
-Papá. - Tardó unos segundos en reaccionar, pero al fin me miró, pestañeando un par de veces. -¿Qué pasa, eh? - Pregunté con una leve sonrisa.
-Nada cielo, nada… Simplemente te has hecho mayor… - Lo último lo pronunció con voz rota, lo cual provocó en mi un sentimiento de extremada dulzura. Yo siempre había sido su niña, la única. Le abracé fuerte con una sonrisa enorme.
-Te quiero papá.
-Y yo a ti cariño… perdóname por todo.- Negué con la cabeza separándome de él.
-No tienes que disculparte conmigo, supongo que al fin y al cabo soy tu única hija y como cualquier padre quieres lo mejor para mi, pero sí me gustaría que a partir de ahora le trataras mejor. - Mi padre sonrió y al fin se levantó para abrazarme.
Después de un rato todo se calmó mucho más pero los temas de conversación sobre los dos temas seguían sin cesar: desde cuándo sabía que estaba embarazada, lo genial que sería tener sobrino o nieto, cómo iba a organizar la boda, cuándo y quién me ayudaría, dónde me iba a ir de luna de miel…
Terminé muy cansada después de todo, Edward casi tuvo que arrastrarme hasta el coche para conseguir que su hermana y Angie me dejaran ir, y es que aquellas dos se entendían muy bien. Llegué al apartamento casi sin poder mantenerme en pie, en seguida me puse el pijama y caí rendida sobre la cama mientras Edward terminaba de cepillarse los dientes.
Debí caer tan profundamente dormida que ni sentí cuando se unió conmigo en nuestra cama.
El molesto sonido del teléfono me despertó. Mojé mis labios con la lengua y tragué saliva palpando el colchón sin hallar la piel de mi novio.
-¿Edward? - Pregunté con voz pastosa y ronca aun con los ojos cerrados.
-Hola, Alice. - Abrí los ojos de golpe cuando me di cuenta de que su voz cuidadosamente suave y baja provenía de fuera de la habitación. - ¿Cómo estás? - Hubo un silencio. - Es que está durmiendo.
Miré a mi alrededor medio confundida. ¿Qué hacia Edward despierto? ¿Por qué no estaba conmigo? Mis ojos se encontraron con el reloj en la mesita de noche de Edward: ¿las 11:43?
-¿Qué? ¿En serio? ¿No puede ser otro día? - Me senté en el colchón viéndome en el espejo con el pelo alborotado. Bostecé, Edward seguía con el mismo volumen de voz, pero podía enterarme. - Bueno, bueno, no te enfades, Alice. - Le escuché reír entre dientes. Me levanté y me metí en el baño para peinarme y asearme un poco el rostro, por lo que con el ruido del agua dejé de escucharle.
Cuando salí del baño Edward se estaba despidiendo de su hermana. Me daba la espalda, sentado en el sofá del salón, con la televisión encendida pero sin volumen. Escuché el pitido del teléfono al colgar. Él suspiró, parecía resignado y cogió el mando para elevar solo un poco el volumen de la televisión.
Sonreí y me acerqué hasta el respaldo del sofá descalza, inclinándome para rodear su cuello con mis brazos y presioné mis labios en su cuello. Edward se estremeció.
-Buenos días dormilona.- Me saludó con su voz cálida, girando el cuello y dándome un beso en los labios. Rodeé el sofá para sentarme a su lado y flexioné mis rodillas, subiendo los pies al sofá también.
-¿Por qué no me has despertado?
-Estabas muy cansada. - Explicó con una dulce sonrisa. - Necesitas descansar. - ¿Edward pensando en que tenía que descansar? Reí sin poder evitarlo. - ¿Qué? - Preguntó con una ceja elevada.
-Nada… es solo que… no sé, hace un par de semanas te quejabas porque estaba cansada y ahora eres tú quien decide que necesito descansar. - Negué con la cabeza. - Vas a volverme loca. - Edward rió entre dientes y negó con la cabeza.
-Supongo que debía estar celoso. Bella, no hay nada que me importe más que tu bienestar. - Encogió el rostro. - Fui un estúpido, aunque bueno, tienes que admitir que yo tenía razón. - Un sentimiento de incomodidad me invadió y decidí no hablar. - Además, tienes en tu vientre a mi hijo, razón de más.
-Nuestro hijo. - Corregí con las cejas elevadas.
-Ah, perdóneme futura señora Cullen.
La mención del que sería mi nuevo apellido hizo que sintiera todos los poros de mi piel, a causa del estremecimiento que me sobrecogió. Podía ver en el rostro de Edward el placer que le causaba pronunciarlo, así como el entusiasmo que intentaba reprimir cuando hablaba de nuestro hijo.
Me acerqué hasta su rostro y le besé, intenté jugar con él hasta tumbarlo en el sofá para quedar sobre él y seguimos besándonos, sin pensar en nada más. Me separé después de unos minutos, deslizando mis labios por su mentón hasta su cuello e inhalando su perfume, cerré los ojos, estaba completamente feliz.
-Ha llamado Alice. - Afirmé aferrada a él, jugando con uno de los botones de su camisa.
-Supuse que el teléfono te despertaría. - Sentía su mano juguetear con los mechones de mi pelo.
-¿Qué quería? - Edward suspiró fastidiado, me erguí para mirarle.
-Que vayas con ella, con Angie y Rose a comer, quiere hablar contigo sobre los preparativos de la boda. Yo quería pasar el día contigo - Sonreí.
-¿Tú no estás invitado? - Me evitó la mirada y frunció el ceño.
-No… Me ha enviado a comer con Jasper y Emmett. - Asentí aburrida. - Ha mencionado algo sobre despedida de soltero.
Obviamente intenté disimular el desagrado que sentí al escuchar aquellas últimas palabras. Strippers, alcohol, amigos… eran palabras que se relacionaban correctamente con despedida de soltero. Strippers, strippers… Ag! No pude evitarlo, me senté en el sofá e intenté disimular lo mejor que pude, elevando un poco más el volumen de la televisión. Edward se sentó también y rozó con la punta de su nariz mi cuello, ante lo cual no pude evitar el estremecimiento que me causó por muy molesta que estuviese.
-Sabes que sería inútil intentar convencer a Emmett de que no lo hiciera. - Besó mi cuello. - También sabes que no me interesa una despedida de soltero, ya hace tiempo que me despedí de mi soltería.
-No estoy enfadada. - Intenté que mi voz sonara lo más neutral posible, pero solo aquella pequeña desentonación del final me delató. Edward me tomó entre sus brazos.
-Tonta, no sé que va a hacer Emmett, realmente me asusta que él se encargue de todo eso… aunque quizás Jasper pueda ayudarme. - Se encogió de hombros y le miré sonriendo.
-Lo siento, no he podido evitarlo. - Edward se puso serio en aquel preciso momento.- ¿Qué pasa?
-Mi hermana no se va a quedar atrás… conociéndola sé que algo va a hacer para tu despedida de soltera, seguramente algo grande…
-Pero tú no eres tan tonto como yo. - Sonreí besando sus labios. Edward suspiró.
-Digamos que aun no lo llevo muy mal.
Me reí y volví a jugar con él hasta volver a tumbarlo en el sofá. Ciertamente el poco tiempo que teníamos hasta el mediodía se hizo bastante corto, por lo que tuvimos que ducharnos rápidamente, uno detrás del otro, si no queríamos llegar tarde.
Me puse unos vaqueros azules oscuros con una camiseta blanca a rayas horizontales azul marino y unos tacones. Alice y Angie me esperaban impacientes, ambas con una enorme sonrisa en el rostro cuando avancé a la mesa que me habían informado cuando llegué al restaurante.
-¿Y Rose? - Pregunté una vez las hube saludado y sentado en una de las sillas que quedaban libres.
-En seguida vendrá.
Efectivamente Rose no tardó en llegar y se disculpó por la pequeña tardanza, según ella Emmett se la había vuelto a jugar una vez más. A veces me era inevitable comparar la vida de Rose con la mía, parecía ser que Emmett era igual de activo que Edward en la cama… Tal para cual, por algo los dos se llevaban tan bien y eran tan buenos amigos.
-El lunes, podemos ir a reservar a un Restaurante a las afueras de Phoenix espléndido y si por algún motivo la decoración no te gusta podemos ir a ver otro que está muy cerca, aunque también debemos contar con la comida, sé de primera mano que los dos preparan las mejores delicias que hayas probado alguna vez… Sí. - Escribió algo en su agenda. - ¿Tienes alguna iglesia en mente? El martes podríamos ir a hablar con el párroco y el miércoles podemos ir a la agencia de viajes, bueno tú no, Bella, se me ha ocurrido una idea esta mañana y se la estuve comentando a Edward, le parece estupenda.
-¿A Edward? - Pregunté encontrando el momento preciso para cortarla.
-Sí, no te preocupes por nada, todo está bajo control. - Asentí. - Vale. - Escribió algo más en su agenda. - Podemos quedar el jueves para comenzar a confeccionar la lista de invitados y , ¡Ah!… Las invitaciones… sé de un lugar dónde hacen unas preciosas. - Las demás seguían calladas, tan ensimismadas como yo escuchando a mi cuñada. - Perfecto, ¿Qué más? Ah sí, los reportajes de video y fotos de la boda. Estaría bien que os hicierais uno de solteros, antes de la boda y otro ese día, me encantan esos reportajes, son realmente preciosos.
Alice parecía estar preparando su propia boda, aunque sabía perfectamente que no estaba en sus planes casarse aún. No quise interrumpirla, de todas maneras no hubiese servido de mucho y sabía que con ella todo estaría listo cuando lo necesitara, por lo que todo me parecía bien. Seguramente no podría tener una mejor boda.
-Sí, Alice, todo eso está muy bien… pero queda lo más importante ¿Y mi vestido de novia? - Alice rió musicalmente.
-No te preocupes cuñadita, deja eso en mis manos. Por qué vas a dejar que yo misma lo diseñe, ¿no? - Abrí los ojos como platos y me levanté de mi lugar para levantarla del suyo y abrazarla.
-¿En serio, Alice? - Pregunté entusiasmada.
-Claro que sí. Te aseguro que vas a estar guapísima. Anoche mismo comencé a hacer algún que otro boceto.
-Alice… ¿Estás loca? - Pregunté volviéndome a sentar. - ¿A qué hora te fuiste a dormir?
-Eso es lo que menos importa… - Sonreí.
-Ey… - Dijo Angie. - ¿No tendríamos que tener antes que nada la lista de invitados para después reservar el Restaurante?
-No, Angie. - Respondió Alice. - Confiad en mí.. - Le guiñó un ojo.
Seguimos hablando de algunos preparativos más. También sacó a colación el tema de mi despedida de soltera, pero me avisó de que iba a ser una sorpresa y de que no me enteraría hasta ese día. El miedo me invadió, estaba de acuerdo con todo menos en esa parte. No necesitaba una despedida de soltera.
Después de comer terminamos las 4 en un centro comercial mirando vestidos de novia. Alice comenzaba a tener sus ideas más claras y me intentaba explicar lo que su cabecita había comenzado a pensar la noche anterior, aunque mucho no la entendía por supuesto, pero no me importaba, sabía que estaría perfecta, después de todo era la novia de su hermano.
Hasta me hizo probarme un vestido contra mi voluntad, pero una vez me miré al gran espejo y me vi con él… ¡Me habría casado en aquel mismo instante! No era un vestido muy cargado, era bastante sencillo, pero precioso, de color marfil, manguitas caídas, cola larga… perfecto, aunque más perfecto sabía que sería el vestido que Alice me iba a diseñar.
Llegué a casa de noche, los pies me dolían de tanto andar de tienda en tienda. Abrí la puerta y lo primero que vi fue a Edward tumbado en el sofá con la televisión puesta, pero no se inmutó al escucharme entrar. Me quité los zapatos y con sigilo caminé hasta él. Sonreí. Tenía el rostro completamente en calma, sus párpados cerrados y la boca entreabierta. Fui a mi habitación y me quité la ropa para ponerme una prenda de lencería negra que había comprado hacía tan solo unos días. No había encontrado el momento apropiado para ponérmela pero esa noche lo era. Me puse encima un camisón negro para taparla y volví.
-Buenas noches dormilón. - Susurré en su oído, recitando lo mismo que él me había dicho esa misma mañana. Besé su mejilla. - ¿No tienes hambre? - Pregunté dirigiéndome a la cocina.
No tardó en llegar a mi lado para ayudarme a terminar la cena. Habíamos preparado unos sándwiches vegetales para esa noche. Después de terminar de recogerlo todo, esperé a que el se cepillara los dientes y volviera al sofá para cepillármelos yo. Me quité el camisón y las zapatillas y caminé con mi conjunto hasta el comedor. Constaba de un tanga negro de encaje y un corsé casi transparente bastante sugerente, la copa del pecho era tan escotada que casi llegaba al nacimiento de las aureolas.
Caminé como quien no quiere la cosa hasta estar frente a él, ya acalorada por la anticipación de lo que sucedería, y cogí el mando de la televisión escuchando su silbido, haciendo zapping con una mano apoyada en mi cadera.
-¿No hay nada interesante en la tele? - Pregunté con tono indiferente. Escuché como se levantaba y dio un apretón con una de sus manos a una de mis nalgas. - Gemí y enseguida noté como mi cuerpo reaccionaba ante su contacto, elevando la temperatura aun más de mi cuerpo.
-Un día vas a volverme loco. - Con la otra libre me quitó el mando y lo dejó sobre la mesa, para después girarme bruscamente y besarme con aquella necesidad que me encantaba. Sus manos se reunieron en mi trasero y me elevó para que envolviera su cintura con mis piernas.
-Tú ya me has vuelto loca. - Susurré cuando me depositó en la cama.
El domingo desperté más temprano que el día anterior, y estuvimos en la cama un buen rato, hablando sobre nuestra boda, sobre nuestro hijo, sobre nuestra felicidad. Era demasiado tenerle a m lado cada mañana y más cuando sabía que iba a ser así ara siempre, que ya nunca nada podría separarnos.
Por la tarde decidimos ir al cine a ver una película, no me gustó mucho, pero claro el trailer que había visto en la tele era bastante bueno y prometía una buena película. Edward me hizo prometer que al próxima vez la elegiría él. Después fuimos a una heladería, hablamos sobre coger un mes de vacaciones para pasar nuestra luna de miel, sería perfecto. Después volvimos a casa para la cena. Como la noche anterior nos entretuvimos un poco antes de ir a dormir… Edward era tan insaciable…
El despertador sonó con el mismo sonido de siempre, informándonos que debíamos ir a trabajar. Siempre me había gustado mi trabajo, todo lo que hacía, pero últimamente me costaba lo impensable levantarme de la cama, ya ni siquiera me levantaba para ir a correr.
-Buenos días, Bella. - Saludó Eric.
-Hola, ¿Ha llegado Mike?
-Sí, está en su oficina.
Al fin Mike Newton se había cambiado de oficina. Caminé por el pasillo hasta llegar a la misma, toqué y entré.
-Buenos días, Mike. - Saludé de manera cortés, aunque después de todo lo que había pasado me era bastante difícil tratarle como si nada hubiera pasado.
-Hola, Bella. - Su tono era bastante frío.
-Quería hablar contigo sobre algo.
-Si vas a decirme que me ponga con los presupuestos de…
-No.- Le corté y suspiré. - Mirá, sé que todo esto ahora es muy incómodo Mike. Hemos perdido la complicidad y no sé si tú habrás perdido las ganas de trabajar…
-¿Vas a despedirme? - Pestañeé un par de veces, mirándole directamente a sus ojos azules.
-No, claro que no, ¿De dónde sacas eso? - Mike suspiró.
-¿Entonces?
-No has hecho nada para que tenga que despedirte, solo quería hablar contigo sobre un asunto. - Elevó las cejas esperando que continuara. - Mira estaba pensando en darte un mes de vacaciones, pero ahora es imposible, hay demasiado que hacer y yo sola no puedo. - Volví a suspirar. - Como sabes… me caso en tres meses.
-¿Tenías que recordármelo? - Preguntó con una risa irónica. Estúpida y mil veces estúpida, me recriminé.
-Lo siento… es solo que bueno, seguramente voy a estar de vacaciones un mes… y bueno… tú podrías estarlo el siguiente a mi regreso. Imagino que necesitas tiempo para pensar sin mi presencia, sin verme… así que bueno yo he pensado que estaría bien que…
-Muy bien Bella. - Me cortó. - Me parece estupendo, si es lo que quieres, lo acepto.
Esta situación me estaba afectando más de la cuenta. Me sentía mal por Mike, pero yo no tenía la culpa, aunque eso no debió significar mucho para mí, pues enseguida noté como las lágrimas bañaban mi rostro.
-¿Bella? ¿Estás bien? - Preguntó Mike preocupado.
-Sí. - Sorbí la nariz y salí de su despacho para ir al mío. Estaba llorando por la situación y porque seguramente mis hormonas me habían jugado una mala pasada, solo era por eso. Me entretuve en mi trabajo hasta que llegó la hora de partir hacia mi cita con Alice de aquel día… Al menos iba a estar distraída.
Lo siento, lo siento, lo siento, para las que no lo sepais estoy muy liada con los examenes. En serio me sabe muy mal, pero es imprescindible que estudie, jajaja. Igualmente el viernes acabo y estaré para vosotras :) Lo prometo.
Lynn, Jbpattinson, yolabertay, Sil, Lauri R, Antuss, lOrEn cUllEn, Laliita, yiyielo, Paolastef, Ale89, E. Cullen Vigo, Pamela0803, bellaliz, V, Idta, lady blue vampire, L0kiicita Cullen, chels, Jos Weasley C, Chapis Cullen, Joss Alvarado, ALLY MASEN CULLEN, Carmen Cullen-.i love fic, Marylouu, AlleCullenS, vickycn, numafu, 20061901soraya, GRACIAS! :)
saraes, jajaja pues mira a ti que se te brinda la oportunidad podrias aprobecharla! yo tambien quiero una ofi. :)
Bueno chicaas! espero que no pase tanto tiempo, me voy pitandoo! :)
un besitooo
