Pido disculpas a todos los lectores por el largo periodo de ausencia y el gran retraso que ha sufrido la publicación de esta historia desde hace bastante tiempo.

Los motivos por los cuales no había podido actualizar son largos, múltiples y complicados de explicar por lo que esta vez me abstendré de comentarlos.

Les agradezco muchísimo a todos por el gran apoyo que he recibido y por los muchos comentarios preciosos que he visto que he recibido. Nunca esperé tener tan buen recibimiento en ésta, que es mi primer historia larga y yaoi y me siento muy contenta por ello.

A todos ustedes, lectores, sepan que tienen un lugar especial en mi corazón y que todos sus comentarios y opiniones me hacen feliz y me impulsan a seguir escribiendo.

Como dije antes, no pienso de ninguna manera dejar incompleta la historia, pues sé lo que se siente cuando estás leyendo una historia que te ha gustado y de pronto te la dejan cortada. No me parece justo y lamento muchísimo la tardanza y los largos meses que pase sin escribir. Sea como sea, acabaré esto.

Así que, a todos los que sigan leyendo (que espero que aún sean varios) y continúen conmigo hasta el final, mil disculpas y muchas gracias.

Por favor, espero seguir recibiendo su apoyo y espero que puedan comprenderme también.

En adelante, no sé qué tan seguido pueda publicar, pero espero que esta vez no pasen más de dos meses sin que ya haya algo nuevo. La historia continua todavía por otros varios capítulos, así que ojalá les agrade.

Espero seguir recibiendo todas sus opiniones que como saben son un gran incentivo para mí. No importa lo que piensen y si pueden háganmelo saber, siempre que todo sea con respeto cualquier cosa es bienvenida, incluyendo críticas.

A los lectores que no dejan comentarios, pero que también leen, también les agradezco. Me gustaría saber que piensan también, pero si no desean comentar nada está bien. De todos modos gracias.

Sin más por el momento, les dejo el capítulo que desde hace mucho tiempo empecé, pero que no había podido completar.

Espero que lo disfruten! Pronto tendré la siguiente parte.

"Gracias a todos"

Amy.


Capítulo VIII

La dama de los ojos de sangre.


El ataque de la gran bola de fuego había sido algo devastador, tremendo, horrible…En realidad, no había palabras para describirlo. No existía nada que se le pudiera comparar. Simplemente había sido catastrófico.

Ninguna persona sabía, ni le importaba mucho tampoco, como es que había ocurrido todo aquello. Nadie se preocupaba por averiguarlo. En ese momento espantoso, lo único que a todos preocupaba, era el hecho de saber que la mitad del pueblo estaba destruida, arrasada por la calamidad y el fuego…

Las casas, los comercios, las plazas, todo… todo había sido reducido a escombros o a cenizas en un abrir y cerrar de ojos, en un simple parpadeo. En las calles destrozadas se escuchaban los lamentos y los gritos de angustia de los pocos sobrevivientes, quienes ahora se encontraban enfrentándose a un mundo oscuro, lleno de dolor y miseria; envuelto en polvo y ceniza.

Muchos habían muerto ese día, muchos otros estaban malheridos… La felicidad y la paz que pocas horas antes reinaban, se habían extinguido por completo y no quedaba atisbo alguno de dicha u optimismo, puesto que todo parecía perdido... y es que había sucedido tan rápido… Un minuto había sido la calma, al otro, la muerte y la tragedia.

En el cielo, antes despejado y de un límpido y vibrante color azul, habían aparecido una gran cantidad de nubes grises de tormenta que se arremolinaban furiosas en lo alto del negro firmamento unidas al fragor de los truenos que iba en aumento a medida que una abundante cortina de lluvia caía sin tregua sobre el devastado territorio…Era una manifestación de la cólera del Maou por su gente y su reino.

La generosa lluvia y los dragones de agua creados por el poderoso monarca habían aplacado al fuego rápidamente y con ello, habían librado a muchos habitantes de una muerte horrenda y cruel, mas no habían podido salvarlos a todos.

El implacable, maligno fuego, había devorado todo cuanto había cruzado su camino antes de la oportuna intervención del Maou.

La luz había desaparecido de aquellas tierras, antes llenas de vida.

El juego maligno había empezado…


Yuuri, con los ojos rasgados y endurecidos; la mirada felina, el cabello largo alborotado y un aura terriblemente peligrosa rodeándolo por entero, se paseaba de un lado otro, como fiera enjaulada, a lo largo de un pedazo de calle en ruinas. A su lado, un Conrart horrorizado por lo ocurrido, lo observaba a prudente distancia sin atreverse a acercarse demasiado dadas las condiciones en que su ahijado se hallaba en ese instante.

Hacía ya algún tiempo que el joven rey había aprendido a mantener su propia conciencia cuando entraba en modo Maou, de manera que ya podía controlar mejor sus acciones cuando se encontraba en dicho estado y también era más capaz de mesurar su poder debidamente.

Su "otro yo" se sometía, hasta cierto punto, a sus deseos y el chico se conservaba siendo él mismo casi por completo, durante todo el tiempo que su transformación durara. Básicamente, sólo cambiaban su aspecto físico y algunos detalles pequeños de personalidad, pero siempre era Yuuri quien mantenía control prácticamente absoluto y perfecto de todo lo que hacía.

El Maou y él eran ahora uno solo… Por fin habían aprendido a convivir de manera eficaz y el muchacho era capaz de entrar y salir de ese estado cada vez que quería. Fusionados en un mismo cuerpo, su alter ego y él, trabajaban ahora juntos por el reino, impartiendo justicia con compasión y firmeza (la compasión la aportaba Yuuri, por supuesto).

Sin embargo, todavía existían ocasiones en las que el chico experimentaba serias dificultades para mantenerse completamente consciente dentro del modo Maou. Había ciertos momentos, muy específicos, en los que su "otro yo" se imponía sobre su voluntad y él perdía el control de sus actos. Justo ahora, era uno de esos momentos…

Yuuri podía dominarse a la perfección, siempre y cuando sus emociones de enojo o furia se mantuvieran dentro de un rango aceptable de estabilidad, pero en una situación como esta, al joven le resultaba increíblemente complicado mantener a raya su cólera. Sentía su interior hirviendo de coraje y escuchaba al Maou rugiendo en su cabeza: pidiendo a gritos ser liberado por completo, demandando que se hiciera justicia, deseando y reclamando que se derramara la sangre del culpable. Al rey le temblaban los brazos a los costados, mientras luchaba con todas sus fuerzas para mantenerse firme y consciente. Aspiraba profundamente por la nariz grandes bocanadas de aire con las que llenaba sus pulmones hasta el tope antes de expulsar violentamente el exceso por la boca, mientras continuaba deambulando sin rumbo por la calle, en un intento por serenarse y pensar con mayor claridad.

– Majestad… – lo llamó Conrart con cautela.

El chico lo ignoró y continuó caminando furioso sobre su lugar.

– ¡Majestad! – volvió a llamar su padrino, un poco más fuerte.

Yuuri gruñó y dejó de dar vueltas, deteniéndose para darse la vuelta y encararlo. Tomó aire una vez más y lo miró tratando de guardar la compostura. La cabeza le ardía debido al esfuerzo que estaba haciendo para no perder el control.

– ¿Qué necesitas Conrad? – preguntó con la voz grave, profunda e imponente del Maou.

– Pienso que lo mejor es que regresemos al castillo – contestó Conrart con cuidado, buscando la manera más adecuada de decir las cosas sin exaltar más el alterado estado de su ahijado y provocar así que el Maou se le saliera de control –. No hay nada más que se pueda hacer aquí. Ya no hay más fuego y lo mejor es que usted regrese para que organice la ayuda que necesitamos enviar, así como a las tropas para empezar una investigación…

Los ojos felinos de Yuuri se entrecerraron peligrosamente hasta convertirse en dos finas rendijas y Conrart, inmediatamente alzó los brazos en son de paz y comenzó a recitar rápidamente a la desesperada su razonamiento

– Gwendal ya ha enviado algunos hombres para apoyar a los necesitados y Wolfram y sus tropas tienen el perímetro rodeado y están buscando pistas para averiguar la causa de todo esto, pero aún hay mucho en que pensar y sería conveniente que nos reuniéramos todos para discutir lo que sea más prudente hacer a continuación.

La expresión de Yuuri se suavizó. El chico cerró los ojos y respiró profundo una vez más, esforzándose por pensar lógicamente y apartar de su mente todo rastro de emoción que nublara su buen juicio.

Su padrino tenía razón, lo mejor era que él volviera y se organizara con Gwendal para determinar que curso de acción tomar a continuación, mientras Conrart y Wolfram, junto con sus hombres, se encargaban de prestar la ayuda necesaria a la gente del pueblo y de investigar lo ocurrido. Como rey, su deber era administrar y dirigir las operaciones desde afuera lo mejor que pudiera ya que de ello dependían muchas personas. Le fastidiaba muchísimo no poder estar personalmente atendiendo a todos los necesitados en el lugar de los hechos, pero tenía que aceptar que su mejor forma de ayudar en ese momento era desde el castillo.

Relajó los músculos tensos de los hombros y poco a poco sintió como se iba calmando. Al fin abrió los ojos, los cuales se iban redondeando lentamente y recuperando su aspecto habitual: las pupilas perdieron el aspecto felino, el cabello se acortó tan sólo un poco y en pocos segundos Yuuri volvió a la normalidad. Su mirada ya no era colérica, sino triste y abatida.

–De acuerdo, Conrad, volvamos.

–Lo escoltaré hasta el castillo y luego volveré aquí, ¿de acuerdo? – dijo él.

El muchacho asintió lentamente. Caminó como atontando hasta donde estaba Ao, su estupendo corcel negro, puso un pie en el estribo y montó con elegancia al caballo.

Entonces, justo cuando se preparaba para empezar la cabalgata de regreso, se le ocurrió una idea tan perturbadora que hizo que se le pusiera la piel de gallina y se le erizara el vello de la nuca. Se volvió a su padrino con lentitud, con las manos temblorosas y le preguntó con nerviosismo.

– ¿Crees que Wolfram estará bien? ¿Acaso no corre peligro con la investigación que está haciendo?

Conrart se tensó al escucharlo, recordando la flecha que hacía un rato su hermano pequeño había esquivado por apenas un pelo y de la que no le habían comentado nada a Yuuri todavía. Las cosas de pronto le parecieron peor de lo que estaban y la preocupación lo invadió , pero tras pensarlo detenidamente durante breve un momento, al cabo de un rato respondió con tono apaciguador:

–Wolfram es un soldado entrenado y va acompañado por sus hombres, si algo pasa estoy seguro que podrá manejarlo.

–Pero y si…

–No hemos visto nada raro hasta ahora, no hay indicios de ningún culpable y ya han pasado varias horas desde el ataque. Es poco probable que el responsable se haya quedado cerca, sabiendo que lo buscaríamos. Pienso que no pasará nada más, al menos por hoy… – Conrart trató de sonar convincente sabiendo que Yuuri no se estaría quieto si pensaba que algo malo podía pasarle a Wolfram, pero lo cierto era que todo aquello le preocupaba más de lo que deseaba admitir y él mismo no estaba seguro de si Wolfram estaría a salvo. Sólo esperaba que a su hermano no le pasara nada malo.

–Me preocupa – escuchó entonces murmurar a Yuuri por lo bajo.

–No pareció muy preocupado por mi hermano cuando le propuso matrimonio a Lady Roselyn el mismo día que rompió su compromiso con él – le espetó Conrart con amargura, sin poder evitarlo.

Al instante se mordió la lengua antes de decir algo peor, dándose cuenta de lo poco cortés e inapropiado de su comentario. Quizá esta vez se había pasado de la raya y había hablado de más, después de todo esa no era la forma de dirigirse a un rey y él jamás se había comportado así con Yuuri. Sin embargo, aunque sabía que sus palabras habían estado completamente fuera de lugar y que lo único que conseguiría con reclamarle a su ahijado algo como aquello sería desanimarlo y hacerlo sentir cupable, Conrart no había sido capaz de contenerse. Aún le molestaba que el rey hubiera sido tan poco considerado con los sentimientos de su pobre hermano.

Sus palabras tuvieron en el monarca justo el efecto que había imaginado. La mirada del chico se ensombreció y su gesto se tornó (si era posible) más triste aún de lo que ya estaba, debido a la culpa que sentía. Al final, el joven terminó bajando la cabeza con pesadumbre y poco le faltó para echarse a llorar.

Conrart sintió pena por él, pensando que después de todo en realidad nunca había sido su intención lastimar a nadie. Sin mirarlo a los ojos, trató de rectificar lo hecho diciendo:

No se preocupe, él va a estar bien, se lo aseguro. Por favor, olvidé lo que dije, sé que para usted él sigue siendo alguien importante – le sonrió tratando de ser comprensivo y amable, pensando que justo ahora, el muchacho realmente lo necesitaba. Podía hacer su enojo a un lado por un rato, al menos hasta que todo aquello se calmara.

Yuuri le devolvió la sonrisa con desgana, sintiéndose muy, muy miserable. Luego, sacudiendo de su cabeza pensamientos que consideraba inapropiados para un momento como ese, tomó las riendas de su caballo, las agitó una sola vez para hacer que éste girara y el animal respondió dando la vuelta con presteza y echando a correr velozmente rumbo a Pacto de Sangre, seguido de cerca por Conrart y una pequeña escolta más de hombres.


La calle en penumbra que recorría en ese momento, le resultaba escabrosa y sombría. No había personas cerca ni se escuchaba sonido alguno que no fuera el de sus pasos.

La mayor parte de la gente que vivía en el pueblo había sido evacuada y los heridos habían sido enviados con Gisela y un equipo de especialistas para que los atendieran.

Wolfram estaba solo, yendo a pie mientras sostenía las riendas de su caballo que lo seguía muy de cerca. Había ordenado a sus hombres dejarlo solo y dividirse en grupos de tres para registrar el pueblo y sus alrededores en busca de pistas, mientras él hacia lo propio por su cuenta.

El chico sabía que, dadas las circunstancias, quizá aquella no había sido la mejor de las decisiones. No convenía que anduviera solo y de noche por aquellas calles oscuras y destrozadas después de lo ocurrido, pero confiaba en su habilidad y destreza para librarse de cualquier posible peligro, así como en el hecho de saber que sus tropas no estarían demasiado lejos si surgía algún problema.

Además, llevaban muchas horas buscando por doquier sin haber encontrado nada extraño y el único lugar que quedaba por inspeccionar era precisamente esa calle. Wolfram estaba un noventa y cinco por ciento seguro de que no existían muchas posibilidades de que el culpable anduviera merodeando por ahí. Ningún malhechor, con una pizca de cerebro dentro del cráneo, se quedaría cerca del pueblo o se escondería entre los escombros para que lo descubrieran sabiendo que había un ejército entero buscándolo y menos aún cuando la furia del Maou había estallado con tanta fuerza hacía tan poco tiempo. ¿Qué podría hacer el pobre diablo? ¿Esconderse detrás de un estante calcinado de la librería del pueblo, mientras esperaba a que lo capturaran in fraganti? Eso sería absurdo, impensable…

Además un ataque de semejante magnitud, era imposible que hubiese sido causado por un solo individuo a menos que se tratara del Maou en persona o alguien que tuviera un poder semejante, lo cual era todavía más improbable y, por tanto, un grupo grande de personas que pudiera haber sido responsable de aquello habría sido descubierto fácil y rápidamente si se hubiera quedado en las cercanías del lugar.

Wolfram no pensaba que hubiera nada que temer, pero de todos modos se mantenía alerta, y atento a cualquier señal de movimiento o de peligro. No estaba de más extremar precauciones.

El chico estaba ahí porque esperaba encontrar algún indicio de lo que fuera que había iniciado el fuego y que los pudiera guiar al culpable. Lograr eso tampoco le parecía muy posible, dado que él mismo había visto como la gran bola de llamas había descendido desde el cielo apareciendo de la nada, de manera súbita y misteriosa y sin ninguna explicación razonable, pero aun así era mejor asegurarse para no dejar cabos sueltos.

El joven avanzaba en silencio y con cautela entre el montón de despojos, de polvo y de tierra que lo rodeaban. Las casas a ambos lados de él estaban vacías, hechas trizas y cubiertas de ceniza. Los comercios habían sido arrasados y contemplar aquel panorama tan absolutamente devastado era desalentador. Hacía que su corazón se encogiera con tristeza dentro de su pecho. Era un espectáculo tan lamentable…pensar en toda esa gente…

Wolfram sintió una punzada de dolor al pasar al lado de la vieja tienda de dulces y recordar como se veía el lugar antes del atentado.

Había recorrido esa calle, en específico, junto con Yuuri incontables veces en el pasado y había visitado ese comercio con él en más de una ocasión en otro tiempo…Un tiempo que ahora se le antojaba distante y lejano, aun cuando en realidad no habían pasado ni seis meses de la última vez que habían venido.

Era aquél, el tiempo cuando todavía eran prometidos y no existía ninguna Roselyn. Aquel tiempo cuando sólo eran los dos y su corazón aún estaba completo, sin marcas ni heridas dolorosas; cuando todavía tenía esperanzas de que su sueño se realizara, la esperanza de un futuro al lado de la persona que más amabaParecía un poco más posible por aquel entonces, pero ahora…

Suspiró y sacudió la cabeza para alejar de su mente los pensamientos desagradables que amenazaban con perturbar su buen juicio y pensamiento estratégico en ese instante. Ése no era precisamente el momento para estar compadeciéndose a sí mismo. ¿Qué clase de soldado sería si lo hacía? No, señor, él no era así.

Se irguió con elegancia cuanto pudo y tomó las riendas de su caballo con mayor firmeza, paseando inquisitivamente la mirada a su alrededor en busca de cualquier cosa extraña.

De pronto, un destello plateado, proveniente de un montón de ruinas a unos pasos de donde se encontraba, llamó su atención. Parecía muy fuera de lugar un resplandor como aquél en medio de tanta catástrofe, de modo que le pareció buena idea echarle un vistazo para averiguar de que se trataba. Soltó las riendas y corrió de inmediato hacia el sitio del hallazgo.

Se dio cuenta, nada más llegar, de que se trataba precisamente de los restos de la librería principal del poblado. Sintió coraje al pensar en la gran cantidad de libros valiosísimos e histórico que se habían perdido ese día y le pareció irónico pensar que hacía tan sólo unos minutos había bromeado mentalmente respecto a la posibilidad de que el asesino se hubiera escondido detrás de un estante de librería.

Se agachó con cautela para poder observar de cerca que clase de objeto era aquél del que provenía la extraña luminosidad. Parecía estar enterrado, de modo que se acercó y comenzó a escarbar para ver si podía extraerlo del montón de escombros. No estaba muy seguro del porque le interesaba tanto obtener aquella cosa, pero le atraía demasiado, pese a que, hasta donde él sabía, podía tratarse simplemente del broche de algún libro o alguna otra clase de objeto corriente y sin importancia, pero pese a ello, sentía que debía sacarlo de aquella montaña a toda costa. Era una corazonada.

Finalmente, tras realizar un poco de esfuerzo para remover un gran trozo de piedra que le estorbaba, consiguió al fin asir entre sus manos el pequeño broche que había debajo. Lo alzó un poco por encima de su cara para poder examinarlo mejor contra la luz de la luna y se llevó un fiasco al comprobar que realmente se trataba de un simple broche de libro.

–¡Vaya! – exclamó, decepcionado, hablándole al pequeño objeto entre sus dedos –. Después de todo, realmente no eras nada extraordinario, ¿eh? Y yo que pensé que al fin había encontrado una pista. ¡Bah!

Hizo girar un poco el broche entre sus dedos, jugueteando con él y observándolo con calma. Era una pieza fina, sin lugar a dudas y muy bien elaborada. Tenía una forma peculiar, como un triángulo con los vértices redondeados y decorado con unos símbolos extraños. No podía decir si serían letras de algún abecedario antiguo o simples dibujos hechos al azar, aunque no cabía duda de que el material con que estaba hecho era plata.

En resumidas cuentas, el broche era muy bonito y elegante. El chico rubio no recordaba haber visto jamás nada parecido ni siquiera en los libros de la biblioteca de Pacto de Sangre.

– Me preguntó a qué clase de libro habrá pertenecido – se cuestionó en voz baja, hablando para sus adentros al tiempo que le daba otra vuelta al broche para mirarlo por la parte de atrás y desde varios ángulos –. Parece muy peculiar, quizá después de todo si se trate de algo especial, tal vez sea una pista, aunque podría equivocarme…

–No te equivocas – le respondió de pronto una voz fría y musical, proveniente de algún lugar sus espaldas, justo en el instante en que el chico había terminado de pronunciar aquello.

Wolfram dio un respingo y pegó un salto enorme hacia atrás, al tiempo que desenvainaba la espada que llevaba en el cinto y se ponía de pie, preparado para defenderse. Había dejado caer el broche al levantarse, pero eso no le preocupaba en absoluto ahora. El aire a su alrededor se había tornado helado y un escalofrío inexplicable le recorría el cuerpo desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies, mientras escudriñaba a su alrededor en busca de quien quiera que hubiese pronunciado aquellas últimas palabras. La adrenalina, a todo lo que daba, hacía que su corazón palpitara aceleradamente y que su respiración se entrecortara. Le pareció que ya había experimentado una sensación parecida anteriormente, pero no lograba recordar cuando.

Tratando de mantenerse firme y de que su voz sonara lo más normal y desafiante posible, el joven demonio avanzó unos pasos hacia delante y demandó:

–¡Muéstrate quienquiera que seas! Si eres culpable de lo que hoy ocurrió, será mejor que des la cara y enfrentes las consecuencias de tus actos.

Una risa delicada, pero aterradora se dejó oír como un eco suave por todo el lugar nada más acabó de decir esas palabras. No obstante, tras unos cuantos segundos, el sonido se apagó y de nuevo sobrevino el silencio. Entonces, Wolfram sintió que alguien le colocaba una mano fría sobre el hombro derecho y le obligaba a darse la vuelta con delicadeza. El cabello se le erizó por la sensación y se encontró girando sobre sus pies, en contra de su voluntad, siendo arrastrado por la fuerza de alguien que se había aparecido de pronto a sus espaldas sin que él se diera cuenta.

Entonces, el soldado mazoku se encontró frente a frente con la mujer más peculiar y más espeluznante que jamás hubiera visto. Parecía un espectro o una visión de ultratumba.

La extraña, lo tenía bien sujeto por el mentón y lo miraba con curiosidad, examinando sus facciones a detalle, al parecer ajena al espanto en los ojos del chico al que sujetaba.

La mujer era alta, varios centímetros más que él e iba toda envuelta en un manto blanco e impecable que le confería un aspecto fantasmagórico y aunque ciertamente era algo hermosa, todo su ser emanaba un aura que decididamente era maligna. Tenía el cabello liso y brillante, de un negro tan asombroso como el de la noche y tan largo que le llegaba casi hasta los pies. La piel, pálida como la luna era más blanca que su vestimenta y tenía un aspecto antinatural que casi parecía transparente y que contrastaba notablemente con su oscura cabellera. Los labios rojos estaban curveados en una sonrisa maliciosa exhibiendo una hilera de pequeños dientes afilados parecidos a agujas finísimas, pero eso no era lo peor de todo…

Lo más horrible eran sus ojos… Sus enormes, escalofriantes y redondos ojos, enmarcados por largas pestañas negras y de un color rojo tan vivo y brillante como el de la sangre, de una mirada tal que haría que a cualquiera que los contemplara, por valiente que fuese, le temblaran las rodillas.

–Lo que tu ordenes, mi príncipe – canturreó suavemente la mujer, acercando más su rostro al de él al tiempo que deslizaba un dedo blanco por su mejilla izquierda en una caricia delicada–. Si querías que me mostrara, aquí me tienes – susurró la mujer en su oído, antes de soltarlo y retroceder unos pasos para hacer una reverencia frente a él.

Wolfram buscó su voz para decir algo, pero se dio cuenta de que se había quedado sin habla y de que tampoco podía moverse. Era como si estuviera bajo el influjo de alguna clase de hechizo desconocido o poder sobrenatural que lo mantenía estático y mudo, siendo el contemplar a aquella terrorífica aparición lo único que podía hacer en ese momento.

– En verdad que eres mucho más guapo en persona de lo que aparecías en mis visiones, ¿eh? – comenzó a decir la dama de piel pálida tras incorporarse de su reverencia para empezar a pasearse en círculos alrededor suyo como si lo acechara, como un predador rodeando a su presa –. Y tu rostro es igual de bonito de cerca que de lejos, lo cual es francamente sorprendente – continuó murmurando para sus adentros la mujer, acercándose nuevamente a él con elegancia – . Pero no seas tímido, no hay nada que temer, no pienso hacerte daño, encanto– le dijo con voz seductora.

Wolfram tragó saliva. Había algo que le incomodaba terriblemente respecto aquella mujer aunque no sabría decir con exactitud qué era.

–¿Fuiste tu quién hizo esto? – preguntó, recuperando la voz y cayendo en la cuenta de esa posibilidad.

–¿Realmente crees que si hubiera sido yo quien hizo esto me estaría paseando tan tranquilamente por aquí, sabiendo que el Maou está furioso?– inquirió irónicamente la dama de ojos escalofriantes –. Créeme que no soy tan tonta, querido.

Wolfram no supo que responder a eso. No estaba muy seguro de si debía confiar o no en aquella extraña o si decía la verdad, pero por alguna razón se sentía misteriosamente fascinado por ella, lo mismo que asustado.

Quitando lo perturbador del color de sus ojos y de su piel mortalmente pálida, era bastante guapa. Pero eso no era lo importante del asunto. No era como si Wolfram se sintiera precisamente atraído por ella en ese sentido, sino mas bien era que le daba la impresión de que esa mujer podía ofrecerle un escape a sus problemas. Sentía como si ella poseyera el poder para librarlo de todo su dolor y sufrimiento. Además realmente no parecía que ella hubiera sido la causante de la tragedia de ese día. Wolfram casi podía asegurar que decía la verdad en cuanto a eso.

Como si le leyera el pensamiento, (y casi podría afirmar que así era) la mujer se acercó nuevamente a él, tan cerca que el chico podía ver lo largo de sus pestañas y sentir su aliento helado sobre la cara.

Con uno de sus largos, blancos y finos dedos, la dama le acarició el rostro al tiempo que susurraba de manera sensual y atrayente:

–Yo puedo darte lo que quieres.

Wolfram sintió una vez más, un escalofrío recorrerle el cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies, pero en esta ocasión no fue miedo lo que le provocó dicho escalofrío, sino una sensación completamente distinta: una especie de fuerte excitación era lo que esas palabras desencadenaron en él. Le pareció que la mujer tampoco mentía en lo absoluto respecto a eso.

Por primera vez, miró en sus rojos ojos sin temor y descubrió que, tal como había intuido, no había en ellos rastro alguno de mentira o malicia. Había algo en su mirada que le hacía sentir confianza total y absoluta, algo indescifrable y profundo que le decía que no había nada que temer, aun cuando un aura decididamente maligna seguía emanando de todo su ser.

A pesar de ello, en ese momento y por alguna desconocida razón, se sintió identificado con aquella dama. Sintió como si, hasta cierto punto, ella lo entendiera, entendiera su dolor, sus penas, su sufrimiento. Le pareció, al mirar en los ojos de aquella mujer, que ella había pasado por tormentos muy similares a los de él y quizá fuera por ello que justo entonces, decidió que podía confiar en ella. No sabía que le provocaba ese sentimiento de identificación y simpatía, pero decidió dejarse llevar por él.

– Aún no estás listo para pedirme lo que deseas – le dijo ella, súbitamente con dulzura al oído, abrazándolo y pegando su cuerpo frío al de él –. Pero pronto lo estarás. Mientras tanto, seguiremos en contacto. Él que hizo esto, no está lejos y sabe que yo también estoy aquí, por eso no puedo revelarte quién es, pero pronto todos lo sabrán. Cosas horribles están por suceder. Una batalla como no ha existido jamás en estas tierras, entre poderes que están más allá de tu imaginación.

–¿Qué dices… ? ¿Cómo? – musitó Wofram débilmente sintiéndose extrañamente desorientado y mareado de pronto.

Pero justo entonces, sin decir nada más, la mujer se separó de él

–No me verás en un tiempo, pero seguiré vigilándote hasta que nos volvamos a encontrar. Cuando llegue la hora.

La visión del soldado mazoku se tornaba borrosa. Ya no podía distinguir bien lo que había a su alrededor y con trabajos logró escuchar lo último que aquella bruja le había dicho. Quiso gritar, exigirle a aquella aparición que le dijera lo que le había hecho y lo regresara a la normalidad, pues la sensación distaba mucho de ser agradable, pero su voz no salía.

Lo último que vio antes de dejarse llevar por la inconciencia, fueron los labios de la mujer curvarse en una sonrisa macabra. Entonces, nn nombre se asomó en la ventana de sus últimos pensamientos, previos a perder contacto con el mundo. Un nombre antiguo que no fue capaz de capaz de cruzar el cerco de sus labios.

Después todo se oscureció...


Yuuri sintió una especie de punzada de dolor en el pecho mientras cabalgaba velozmente rumbo al castillo Pacto de Sangre.

Tenía un mal presentimiento.

Sin pensarlo dos veces, el rey hizo a su caballo dar la vuelta y comenzó a correr en la dirección opuesta a la que llevaba y de regreso al pueblo.

Wolfram…

La bella imagen de su amigo rubio cruzó por su cabeza y el joven sintió una oleada de terror invadirlo al pensar que algo malo podía haberle ocurrido.

Escuchó, aunque le pareció muy lejano, los cascos de otros caballos que lo seguían y algunas voces que le gritaban cosas que no entendía. Le pareció distinguir la voz de Conrart entre ellas, pero aun así no se detuvo, no se volvió para mirar ni regresó. Su caballo era más veloz que cualquiera de los de la guardia y él llevaba ventaja , de modo que sabía que no lo alcanzarían.

Haz que esté bien…Por favor que esté bien…

Finalmente regresó al pueblo. Se metió entre calles y avenidas en busca de la única persona que le preocupaba en esos momentos, la única persona cuyo pensamiento tenía lugar en su mente ahora.

Entonces lo vio. Una figura tendida en el suelo a lo lejos. Yuuri distinguió el inconfundible color de su uniforme militar azul y tuvo la certeza de que había encontrado lo que buscaba.

Se bajó de un salto del caballo y corrió, con el corazón en un puño, los pocos metros que quedaban hasta llegar al lado de Wolfram, desmayado boca abajo en mitad de la calle. Yuuri se arrodilló junto a él y buscó de inmediato su pulso. El sentir los latidos fuertes y rítmicos hizo que su corazón comenzara a latir con tranquilidad. Luego se inclinó sobre él y comprobó que su respiración también parecía normal. Respiró con alivio.

No sabía exactamente qué era lo que lo había impulsado a ir en busca de su ex-prometido, pero se sentía contento de haberlo hecho. Algo había disparado una alerta en su cerbro hacía unos momentos y era claro que no se había equivodado. Yuuri veía como evidente que algo le había pasado a Wolfram aunque todo pareciera estar en orden y el chico luciera como si sólo se hubiera quedado dormido.

Al poco rato escuchó pasos y vio a Conrart acercarse presuroso a donde estaban.

El semi-demonio se inclinó también, listo para cargar a Wolfram y trasladarlo a su caballo para llevarlo al castillo, pero justo en ese momento el chico durmiente se movió un poco.

Yuuri sintió un apretón en el brazo, proveniente de su amigo y se volvió para verlo justo en el momento en que sus grandes ojos verdes se abrieron.

Sus miradas se encontraron por unos segundos y Yuuri se perdió en los ojos del otro. El muchacho parecía un poco confundido y le interrogaba con la mirada.

En ese instante, en ese preciso instante en que el tiempo pareció detenerse, mientras se miraban intensamente, la realización de algo que se había negado durante muchos años, cayó sobre Yuuri con la fuerza de un huracán embravecido.

Entonces su corazón se detuvo…

Es difícil saber en qué momento exacto comienza el amor, menos difícil es saber que ha comenzado…

Longfellow.


Eso es todo por ahora. Ojalá les gusté. Por favor, si pueden y si quieren dejen sus comentarios. Nos vemos. :)