Disclaimer: Intenté ser Jk Rowling. No me funcionó. Así que no, no soy ella, yo no hago esto con fines de lucro.
Advertencia: Ligera sumisión. Indicios de locura. Y un Draco bastante cabroncete.
Capítulo X
- Hola, Draco.
- Hola, Hermione.
Ninguno de los dos dijo algo más. Pero no hacían falta muchas palabras. Él sabía que ella estaba nerviosa, y que si se había acercado era porque ese era el primer momento en que no estaba con Astoria. Siseó una maldición por lo bajo. Debía haber obligado a Astoria a bajar a la piscina, o bien debería haberse quedado con ella mientras empacaba. Ahora no estaría enfrentándose a Hermione.
Por su parte, ella sabía que pillaba a Draco en un mal momento. Seguramente no había querido encontrársela. Ella tampoco la verdad. Pero había escuchado los rumores: se decía que el huésped de la suite presidencial, marcharía a Londres por algún compromiso o algo así. La suite presidencial era muy cara, pero Draco se la podía permitir. Eso y que sólo a él, Harry le dejaría la suite por el tiempo que le complaciera al rubio. Así pues, no había sido difícil averiguar en dónde se hospedaba. Ella nunca estuvo de acuerdo con los rumores, pero admitía que a veces e podía conseguir mucha información de ellos. Conseguir la información había sido fácil, ahora reunir el valor para hablarle…
- Hola…
- Eso ya lo dijiste - gruñó Draco.
Hermione se tensó. Draco estaba enojado y a punto de estallar. Miró a su alrededor. Estaban rodeados de gente. Generalmente, cuando él veía que tenían mucha audiencia calmaba su gran temperamento. Claro que llevaban tres años sin verse, así que era posible que las cosas cambiaran, un poco. Esperaba que no, no quería dar un espectáculo. Pero también quería que Draco la escuchara, y la única forma de obligarlo a ello, era en el exterior, donde hubiera peligro de montar una escena si iba y la dejaba sola.
- Yo… yo quería hablar contigo.
Draco la fulminó con la mirada. Le había tendido una trampa. Se había acercado cuando él no podía huir. O sí podía, pero quedaría como un cobarde. Y podía ser muchas cosas, pero un cobarde no era, a pesar de lo que pensaran algunos.
- ¿Qué pasa si yo no quiero hablar contigo?
Hermione frunció el ceño. Y Draco se quiso echar a reír. ¿No contempló esa posibilidad? ¿La posibilidad que él no quiera escucharla? Que lo haya abordado para hablar, no significa que él coopere. Estaba faltando a simples normas de cortesía, (si su madre se llegara a enterar, lo sermonearía), pero no le importaba.
- Necesitamos hablar, Draco…
- No, tú necesitas hablar. Yo no. Yo no tengo nada que hablar contigo - se dispuso a marcharse, al diablo el buen nombre de los Malfoy, esta conversación se acababa aquí -. Que disfrutes de la piscina - deseó.
- Se trata sobre nuestro hijo - masculló Hermione.
Draco giró rápidamente la cabeza. El cuello le hizo un ruido quejumbroso por el repentino movimiento. Lo ignoró. No importaba. En ese momento sólo importaban las malditas palabras de Hermione. Eso, y los terribles sentimientos que empezaban a aflorar.
- ¿Nuestro hijo? - escupió Draco -. ¿Hablas de nuestro hijo?
- Por favor, baja la voz.
El rubio se negó en redondo.
- No, no quiero - gruñó. Y luego con voz peligrosamente serena -. Querías hablar, hablemos pues.
- No así…
- ¿No cómo? ¿No querías hablar? - Hermione asintió -. ¿Qué importa si es de esta forma u otra?
- Por favor, baja la voz…
- No. ¿Quieres saber por qué? Porque no tienes derecho, ningún derecho a hablar de mi hijo.
Hermione frunció el ceño. Podía entender, hasta cierto punto podía entender el rencor de Draco. Su ira. Su mirada fulminante. Podía entenderlo… hasta cierto punto.
- Nuestro hijo. Hablas de nuestro hijo. El hijo que llevé ocho meses en el vientre. El hijo que hicimos tú y yo en una ardiente noche de verano. ¿Recuerdas? Estábamos los dos. ¡Lo hicimos los dos!
- ¡Baja la voz! - gritó Draco.
Todos les miraban. Estaban protagonizando el espectáculo que no querían protagonizar. En callado acuerdo, salieron de la zona de piscina. Caminaron hacia el lobby. Y ahí se quedaron, escondiéndose detrás de una columna.
- Es mi hijo - replicó Draco.
- Nuestro hijo - gruñó Hermione -. Para hacer un hijo hacen falta dos.
- Sí, dos padres que quieran que nazca.
Hermione jadeó. Sus ojos se abrieron como platos. La sangre se le subió a la cabeza. Empezó a ver todo rojo.
- No… No… ¡No te atrevas a decir que no amaba a mi hijo!
- Pues tienes una curiosa forma de demostrarlo - ironizó Draco.
- Lo amaba - masculló Hermione -. Lo amo aún. A pesar que no nació. A pesar que murió en mi vientre…
- ¡Lo dejaste morir!
- ¡No es cierto! ¡Yo lo amaba! Jamás hubiera hecho algo que pusiera en peligro su…
- ¡Pero lo hiciste! Fue tu culpa.
Por unos segundos, Hermione no pudo decir nada. Ya no había ira. Ya no había rabia hacia Draco. Lo que había era dolor. Demasiado dolor. Los recuerdos… los recuerdos de ese día aún la hacían sentir… Tan… tan inútil.
- No fue…
- Sabes que sí. Sabes que… Que fue tu culpa.
- ¡No fue así! Fue culpa de ambos. Ambos…
- No me eches la culpa de tus errores.
- ¡Escúchame! Yo perdí a mi bebé, sé que lo hice. Pero tú… Tú sabías que yo estaba mal, y en vez de… de ayudarme… de apoyarme… o de algo… Tú sólo… Tú sólo te alejaste… me dejaste sola… Y luego… ¡Luego me engañaste!
- ¡Yo no te engañé! Te lo he dicho miles de veces. Yo…
- Entonces supongo que a Pansy se le metió algo en el ojo, ¿no? Y tú se lo estabas quitando con la lengua.
- ¡Las cosas no fueron así! Ella estaba borracha. ¿Entiendes? Borracha… Pansy no sabía lo que hacía… Ella…
- ¡Sí sabía! Sabía que sus acciones llevarían a esto. A separarnos. A alejarnos. No te engañes, Draco. ¡Abre los ojos, por los abollados pantalones de Merlín! ¡Ella sabía! Sabía que si te presionaba lo suficiente, tú caerías… la tocarías… la besarías… harías con ella lo que hace mucho no hacías conmigo… Deja… deja de engañarte. Ella te deseaba. Siempre quiso ser la señora Malfoy. Siempre… Yo era un estorbo, así que debía sacarme…
- Pansy estaba borracha. No reaccionaba con…
- ¡Deja de justificarla! - gritó Hermione. Lo fulminó con la mirada -. ¿No lo entiendes? No me importa ella… Lo que hizo… Lo que dejó de hacer. ¡Eso no importa! Lo que importa… Lo que realmente importa fue lo que tú hiciste…
- ¡Yo no tengo la culpa! - gritó Draco.
Dos viejecitos lo miraron sorprendidos. Ambos tenían las varitas afuera, apuntando a la cara del otro. Listos para atacar. ¿En qué momento habían sacado sus varitas? Con la luz del lobby, las varitas no se podían distinguir. Pero no era seguro. El rubio intentó calmarse. Hermione intentó calmarse. Respirar profundamente. Atemperar su formidable comportamiento. Miró fijamente a Hermione. Sus ojos mieles estaban opacos y sin brillo.
- ¿Y yo sí la tengo? - le soltó.
El silencio fue la única respuesta para ambos.
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La puerta de la habitación se abrió con violencia. Astoria gritó. Tomó su varita para defenderse. Pero sólo era Draco. Sólo era Draco Malfoy en el umbral de su habitación. Jamás había visto a Draco así. Tan fuera de sus cabales. Tan fuera de sus casillas. Con la ira burbujeando a su alrededor. Y la varita de ébano temblando en su mano. O la mano era la que temblaba.
Astoria sintió miedo. Miedo de él. Miedo de lo que le podía hacer. Y mucho más miedo cuando él fijó sus pupilas grises sobre ella. Eran los ojos de un loco. De un desquiciado. Qué sólo pensaba en matar. En destruir. Que la veía a ella como una presa.
Astoria pensó en huir. En alejarse de Draco. Pero antes que pudiera pensar en una salida, el rubio había cortado en dos zancadas la distancia que los separaba. La miró. Fijamente. Sin parpadear. Sin girar. Sumiéndola en el poder de su mirada. El corazón le latía con violencia. Se obligó a calmarse. A no mostrar miedo. A no parecer un inocente cervatillo en frente de un grandísimo león.
Draco la besó. Con violencia. Pegando su boca a la de ella. Con brusquedad. No era delicado. No era suave. Era posesión. Era ganas de hacerla sufrir. Astoria intentó apartarse. Colocó sus manos sobre su pecho e intentó empujarlo, pero en vano. Él era mucho más fuerte. Y estaba loco. Lleno de ira. Fuera de sí mismo.
- Draco… - intentó llamarlo. Él le mordió el labio -. Draco… - Él gruñó y se dirigió a su cuello. Sus manos se colaron por debajo de la falda de su vestido veraniego -. ¡Draco!
El grito pareció calmarse. Su beso se volvió más sereno. Más sosegado. Sus manos se movieron suavemente por los muslos de Astoria. Reposado. Tranquilo. Pero ella no se calmó. Estaba tensa. No quería a Draco sobre ella. No después de… No era normal. No era normal que en un momento estuviera furioso y quisiera destruirla, y al siguiente parecía adorarla.
Draco seguía besándola. Acariciándola. Le subió la falda. Acarició el monte de Venus a través de la ropa interior de Astoria. No la miraba. Tenía los ojos fuertemente cerrados. Ella lo notó extraño. Las veces que habían estado juntos, él la miraba, le regalaba la visión de sus pupilas grises, y exigía que ella le mostrara sus pupilas verdes.
- Draco… - susurró - Abre los ojos, Draco.
Él lo hizo. Astoria jamás lo había visto así. Tan entregado. Tan vulnerable. Tan metido en el acto. Draco no era así. Sí se entregaba, pero no de esa forma. No tan fuerte. La entrega total que veía en sus ojos abrumaba y encendía a Astoria.
Entonces él habló:
- Hermione…
Notas de la autora:
- ¿Y? ¿Cómo les quedó el ojo?
- Un nuevo capítulo y muchas revelaciones. ¿Lo habían sospechado? ¿Imaginaban que esto venía? ¿Qué les parece las reacciones de los tres personajes del capítulo?
- ¿Qué dirían o harían ustedes si se encontrarán en la posición de Astoria?
- ¿Reviews?
