Disclaimer: El fandom de Inuyasha, su historia y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, yo los tomo prestados sin fines de lucro.
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Funny silly things
Por: Hoshi no Negai
10. El testamento del Taisho
El demonio miró con fastidio por la ventana y soltó un sonoro resoplido al comenzar a dar vueltas en la habitación. ¡Cómo odiaba la lluvia! No era justo que azotara una tormenta justo cuando se disponía a salir. Nadie sabía realmente porqué odiaba tanto a esa húmeda enemiga, y tampoco él quería que se supiera, pero… cuando se mojaba con su verdadera forma adquiría un olor inmundo que le costaba deshacer. Sí, mayor estupidez de razón, pero el gran Daiyoukai del Oeste era un perro al que no le gustaba el agua.
Resignado, siguió paseándose por la habitación con fuertes pisotones, exhibiendo ante nadie en especial una cara que decía claramente que aquel no era su mejor día. ¡Y claro que no lo era! Por culpa de esa estúpida lluvia había perdido la oportunidad de pasar una perfecta tarde con Izayoi. ¿Era aquel un motivo suficiente como para evitar verla? Claro que sí, después de todo, no quería arruinar la imagen que la princesa tenía sobre él si llegase oliendo a rayos. Literalmente.
—Oh, amo, ¿se encuentra bien? ¡Parece un león enjaulado! —una vocecita resonó en la estancia hasta que se detuvo en su hombro. La pulga Myoga daba saltitos para que su presencia fuera más notoria.
—Viejo Myoga.
—¿Le pasa algo, señor?
El demonio frunció el entrecejo y miró furtivamente a la ventana por el rabillo del ojo, culpando a los nubarrones de ser los causantes de todos sus males.
—Maldito aguacero —murmuró, retomando sus pasos. Quizás si no se quedaba quieto y seguía refunfuñando por lo bajo las nubes negras se irían. Uno nunca sabe…
—Gran señor, me temo que su honorable hijo, el joven Sesshomaru, ya conoce sobre la existencia de Tessaiga. Ha estado buscando una audiencia con usted, ¿sabe? —volvió a hablar Myoga, mostrando clara preocupación.
—Claro que lo sé, por eso estoy lejos del Palacio del Oeste. No tengo muchos ánimos de enfrentarme con él, está demasiado pesado desde que se enteró de la espada.
—¡Por cierto! Me he encontrado con Totosai y me mandó a decirle que ya logró aislar el Meido Zangetsuha en la Tenseiga, dice que pasará mañana al amanecer a entregarle ambas espadas, Milord —saltó entusiasta la pequeña pulga. Luego agregó—. Aunque no entiendo sus motivos para eliminar esa técnica de la Tessaiga para colocársela a la Tenseiga, de la manera original tenía mucho más poder.
El Daiyoukai detuvo sus pasos y volvió a fijarse en el exterior con recelo. Tal vez si no apartaba los ojos del cielo éste se despejaría. Podía tener poderes ocultos que controlasen el clima, ¿verdad? Nada perdía con intentarlo.
¿El anciano Myoga seguía hablando? Perdió el hilo en cuanto mencionó el Meido Zangetsuha. Sí, ésa técnica tenía un poder asombroso pero simplemente no le agradaba usarla en batalla, no era su estilo de pelea.
—Totosai también me dijo que ahora Tenseiga es incapaz de cortar nada a no ser que se utilice el Meido… ¿Amo, tiene usted alguna razón para esto?
El demonio perro se quedó vagamente en blanco, meditando las palabras de su fiel consejero. Tenía sus razones, por supuesto, pero todavía no las quería revelar. Un trueno retumbó a la distancia, no sin antes iluminar todo el ambiente con un poderoso relámpago. El hombre resopló al pensar que aquello no iba a detenerse pronto.
Una idea le asaltó de repente. No estaba bien guardarse tantos secretos para sí mismo, debería al menos confiar con que una persona supiese de sus intenciones en caso de que le sucediese algo. Era muy poco probable —por no decir prácticamente imposible—, pero nunca estaba de más ser precavido.
Se dirigió al escritorio que tenía al fondo de la habitación, el mismo que había usado para leer y escribir cientos de comunicados en el pasado. Aquella casa oculta en medio del bosque y bien protegida por barreras era su refugio secreto. Nada le brindaba más tranquilidad que tener un espacio en el que sólo estaba él —y ahora muy comúnmente Izayoi— y nadie podía molestarlo. Especialmente Sesshomaru, quien desde que supo sobre la existencia de su nueva espada había estado persiguiéndolo para que o se la dejara en herencia o accediera a mandarle a forjar una igual. Su hijo podía ser muy fastidioso cuando se lo proponía y no sabía si era cuestión de la adolescencia o era ya un rasgo suyo.
Tomó un pergamino en blanco de un cajón junto con un pincel muy fino y un tarrito de tinta, desplegando el primero limpiamente sobre la mesa y estiró la mano derecha para comenzar a escribir.
—Amo, ¿qué está haciendo? —se asomó curiosa la pulga.
—Creo que llegó la hora de hacer algo importante, Myoga. Escribiré mi testamento —contestó muy seriamente el Lord.
—¿Su testamento? ¿Se encuentra usted bien, mi señor? ¿Acaso cree que pueda pasarle algo?
—No, no creo que pueda pasarme algo en un futuro cercano, pero nunca es demasiado pronto para organizar las cosas. Además, Izayoi está esperando mi cachorro, es mejor dejarlo todo en orden cuanto antes.
—Oh, muchas felicidades, amo —sonrió el minúsculo youkai con su vocecilla aguda dando saltitos en su hombro—. ¡Qué buena noticia! La princesa Izayoi debe estar muy contenta.
—Todavía no lo sabe, es muy reciente. Se lo diré la próxima vez que la vea… si esta maldita lluvia me deja hacerlo —volvió a refunfuñar ante un nuevo relámpago. Myoga, que no parecía haber notado el último comentario, lo miró interrogante.
—¿Y cómo piensa repartir sus posesiones, amo?
El gran demonio volvió a la realidad y sonrió maliciosamente mientras comenzaba a escribir. La pulga leía para sí cada palabra que era colocada en el papel formando una mueca cada vez más extraña, alternando la vista entre el pergamino y la cara de satisfacción del Inuyoukai. No podía estar hablando en serio, ¿o sí? Ésa no era la forma de escribir un testamento, parecía más bien… una broma muy retorcida. El Taisho de verdad tenía que estar muy, muy aburrido —y ocioso, especialmente— como para hacer algo así.
Una vez finalizada su tarea —más varios papeles arrugados alrededor—, el hombre de blancos cabellos dejó el pincel al lado y sostuvo entre sus manos el pergamino, contemplando muy orgulloso su obra.
—Amo… ¿está seguro de que éste va a ser su testamento? —preguntó Myoga, un tanto asustado por la extraña actitud de su señor.
—No seas tonto, claro que no. Es un borrador, cuando tenga más tiempo haré algo más serio. No es como si fuera a morir mañana de todas formas… pero si lo hiciera, quiero que te encargues de él.
—¿Y-yo? ¿Me quiere dejar esta tarea a mí? —las minúsculas gotas de sudor aparecieron por la calva cabecita de la pulga cuando su amo posó los dorados ojos sobre él con una mueca muy sagaz. Oh, esas miradas nunca eran buenas…
—Por supuesto, Myoga, confío plenamente en ti para que cumplas la misión. Aunque no creo que puedas llevar el pergamino contigo, por lo que se lo dejaré a Totosai. Será un trabajo para ambos. Y como la lluvia ya ha cesado —dijo triunfal, poniéndose en pie y metiendo el pedazo de papel en su armadura—, será mejor que pase por las espadas antes de ir con Izayoi.
—Amo, el joven Sesshomaru nos matará en cuanto lea esto —murmuró aterrado el hombrecillo, frotándose la cabeza con las manos para intentar alejar las malas vibras.
—No creo que lo lea, pulga tonta. ¿Acaso dices que voy a morir antes de escribir un testamento decente? —la voz del Taisho se mostró un poco más hostil, pero Myoga sabía que no era nada en serio.
—¡Por supuesto que no, ni pensarlo! —le contestó cuando ya el hombre había comenzado a saltar de entre los árboles con dirección al hogar del forjador de espadas—. Pero aún así, ¿por qué escribió de esa manera? ¡Casi parece que odiase a su hijo!
—¿Odiarlo? Nunca podría odiar a Sesshomaru, al contrario, lo adoro. Es sólo que ha estado insoportable estos últimos meses y quería desahogarme, eso es todo. Y estaba un poco molesto también, pero no tiene importancia.
Myoga no dijo nada ante el último comentario y volvió a frotarse la calva cabeza con nerviosismo. No sabía por qué, pero tenía un muy mal presentimiento con respecto al pergamino que el Taisho guardaba en su armadura. Si algo le llegase a pasar a su señor —que Kami no lo quisiera así—, estaba seguro de que no sería capaz de ver al joven Sesshomaru de nuevo sin sentir toda la sangre de su cuerpo evaporarse. Y estaba más que seguro de que Totosai se sentiría igual.
…
Muchos, muchos años después, más de doscientos para ser exactos, Sesshomaru sostenía entre sus manos el pergamino que probaba ser el único material con el testamento escrito de su padre. Había demorado muchísimo tiempo en saber de su existencia, y todo gracias a un descuido del viejo Myoga. Totosai no tuvo más remedio que entregarle el papel ya maltratado por los años, con los inmensos ojos abiertos a más no poder. Una vez cumplida su misión, el viejo demonio desapareció a toda velocidad montado sobre su vaca, dejando tras él una estela de humo que marcaba su trayectoria en el cielo que no era difícil de seguir con la vista al encontrarse en campo abierto.
—Así que su padre escribió un testamento… —dijo Jaken, admirando el pergamino que su amo mantenía tensado en sus garras—. No sabía que había sido tan precavido, es como si hubiese sabido que iba a morir. Era de esperarse del padre de mi señor Sesshomaru, su astucia sólo podía…
—Cállate, Jaken.
—Sí, amo —el demonio verde hizo una mueca de profundo temor y retrocedió unos pasos.
Ya sin querer esperar un minuto más, el actual Daiyoukai paseó los ojos rápidamente por la característica caligrafía de su padre. Pero un tic apareció en su inmutable rostro conforme leía. Cuando terminó, dedicó una mirada asesina al rastro aún visible que había dejado Totosai en su huída y propició un gruñido bastante audible.
Eso tenía que ser una broma.
Oh, y ese viejo sabría lo que significaba hacerle una broma al Gran Sesshomaru.
Dejó caer el papel en el suelo y salió volando sin dudarlo tras el herrero, quien pronto conocería de lo que sus garras eran capaces. Y si Myoga estaba por ahí también lo haría añicos.
Jaken vio partir a su amo, extrañado por el aura maligna que lo rodeaba. Curioso, tomó el pergamino abandonado y comenzó a leer:
Si alguien está leyendo esto, significa que he partido de este mundo y lo único que queda de mí son mis posesiones materiales, las cuales procederé a repartir entre mis hijos de manera justa:
A mi hijo menor, vástago de mi persona con la princesa humana Izayoi, le dejo mi espada Tessaiga, la cual puede destruir más de cien demonios de una sola estocada. Es una espada con la que podrás defenderte tanto a ti como a tu madre y a aquellas personas que estimes. Nunca olvides tu lado humano ni permitas que el youkai te domine, por eso también esta arma cuenta con el secreto para dominar tu sangre. Todavía no sé nada sobre ti, pero deseo conocerte pronto. Espero que seas un niño, las niñas las quiero tener después para que tú las protejas. Con Tessaiga. Y violencia.
A mi hijo mayor, vástago de mi persona y Lady Irasue, le dejo mi espada Tenseiga, incapaz de cortar cualquier ser viviente, pero capaz de restaurar la vida de aquellos que la perdieron. Sesshomaru, sé que lo tuyo no es salvar a los demás, pero tienes que aprender a valorar a todos los seres por igual y no dejarte llevar por tus perjuicios. Los humanos no son criaturas despreciables, y espero que, aunque no te guste, algún día te encariñes con alguno. O sigas mi ejemplo y desposes a una chica humana, que te digo que no están nada mal. O si te gustan los chicos… bueno, no me quejaré… mucho. Espero que no persigas a tu hermano menor en busca de la Tessaiga, porque le he puesto un campo de protección para que los youkais con malas intenciones no puedan tocarla. Eso va contigo.
Así que ya sabes, aprende sobre la compasión, quiere a los humanos y salva a la gente. No hago esto porque te guarde rencor, pero me has estado fastidiando mucho últimamente y creo que esa es la verdadera razón por la que te dejo la espada que no puede cortar ni un rábano.
Ja ja.
Jaken dejó caer la mandíbula al suelo al terminar la nota. ¿Eso lo había escrito el honorable padre de su señor? ¿De verdad? No podía…
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Rin, apareciendo de entre unos matorrales con flores en su regazo. Un grito prolongado se dejó oír en el lugar y ambos miraron al cielo para ver a Sesshomaru persiguiendo en vuelo a la vaca de Totosai—. ¿Por qué el señor Sesshomaru intenta matar al viejo Totosai? ¿Y ahora qué pasó?
Jaken no le prestaba la más mínima atención a la muchacha y sólo se enfocaba en ver al animal hacer maniobras evasivas para escapar de las garras del demonio perro, mientras el herrero gritaba que no era su culpa. La chica tomó el pergamino de la mano del youkai verde y no tardó en reír al terminar de leer.
—El padre del señor Sesshomaru tenía buen sentido del humor —comentó.
—¡Siempre supe que prefería a Inuyasha, por eso le dejó la mejor espada!
—Ah, no exagere, no creo que esto vaya en serio —volvió a reírse ella, divertida por la situación en general. Si el viejo Totosai le había entregado aquel supuesto testamento, tenía serias razones para temer por su vida—. Aunque me alegra que al señor Sesshomaru no le gusten los chicos.
Jaken la miró frunciéndole el entrecejo.
—Claro, todo resultó bien para ti —refunfuñó, y la joven mujer le dedicó una radiante sonrisa mientras acariciaba su vientre de cuatro meses.
—Creo que este testamento acertó bastante bien, ¿verdad?
—¡Auxilio! —gritó el anciano Totosai desde lo alto, eludiendo los ataques del Daiyoukai— ¡Yo no he hecho nada, no es culpa mía! ¡Auxiliooooo!
—Dejemos que se desahogue un poco, no creo que le haga daño —suspiró Rin encogiéndose de hombros—. Debe tener el orgullo por el suelo.
—Y lo peor es que el padre acertó…
—¡Cállate, Jaken!
El pequeño demonio perdió sus colores al oír la atronadora voz de su amo y corrió a ocultarse tras Rin, quién no podía dejar de reír.
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Este fue el primer capítulo que escribí para este fic. De repente tuve un momento de inspiración súper random (seguramente había comido algo muy dulce) y no pude contenerme. Entiéndame, tenía que escribir esto, tenía que hacerlo xD Me pasó lo mismo que con el capítulo del acosador gay. Me llega una idea estúpida y necesito plasmarla xD ¿Quién diría que el padre de Inuyasha y Sesshomaru era un troll? Como no sabemos prácticamente nada del tipo, me di la libertad de hacerle un lado cómico. Vamos, estaba aburrido, frustrado y molesto porque su hijo lo andaba jodiendo, cualquiera haría algo así. También siento que, en el fondo, el tipo realmente estaba fastidiando a Sesshomaru por darle siempre lo mejor a Inuyasha. No podía dejar de imaginármelo a espaldas de Sesshomaru con la trollface y preguntando "Problem?" xD
Espero que hayan disfrutado la tontería de hoy, que es la más larga de todas. Muchas gracias a Didax, Ginny chan, Amafle, Helena, Soul of Wolf, , Alice Vampiriithap Cullen, Stephy Daiyoukai Uchiha, Serena tsukino chiba, Yuebella1, The Rasmus live y Emihiromi nuevamente por dejar sus comentarios. ¡Nos veremos el viernes con el próximo capítulo!
