Hope salto, consiguiendo al fin encaramarse al borde de su ventana...

Cuando se marcho, la noche anterior, tenía tanta urgencia por no ser descubierta que no reparó en la puerta cerrada desde el interior, que dejaba tras de sí.

Al menos la ventana estaba abierta, fue el único pensamiento positivo que logro cavilar mientras sus manos se sujetaban al bordillo blanco de la madera. Balanceo sus piernas para poder apoyarlas, en el mismo saliente, pero la postura era demasiado incomoda y forzado, para ella.

-¿Sales o entras?

Durante un latido de su corazón sus músculos se tensaron con tanta fuerza que le dolieron. Pero tras ese primer latido los sintió reblandecerse hasta arrojarla desde lo alto de su ventana. Lo único que logro pensar mientras caía era en la única petición de su madre, que nadie supiera que ya estaba enterada de la visita sorpresa de su viejo amigo.

Cayo todo lo larga que era, lo que tampoco era mucho, sobre el césped. Contuvo la respiración durante un segundo antes de abrir asustada los ojos temerosa de que quien fuera se lo contase a su padre.

Pero tras los párpados un divertido Keith la miraba con burla.

Le tendió una mano para ayudarla, que Hope ignoro al levantarse.

-¿Qué haces aquí tan temprano?

-Yo pregunte antes.

Hope se limpio los restos de hierbina de los pantalones, dándose un segundo más antes de responderle.

¿No podía aquel entrometido meterse en sus propios problemas?

-Entro... Pero deje la puerta mi habitación cerrada desde dentro anoche._ Hope se concentró de nuevo en la inalcanzable ventana, queriendo evitar la mirada divertida del chico.

-Llevas toda la noche fuera...

Algo en su voz la obligo a mirarlo, había sorpresa. Pero Keith enmascaró lo que fuera que lo dominara para usar de nuevo su máscara guasona.

-Vale te propongo un trato, yo te abro la puerta y tú me preparas el desayuno. Dudo que es viejo sepa cocinar algo que no sea un cubata.

-No te metas con Haymitch, si no te gusta lo que puede ofrecerte vuelve a tu casa.

-Ya me gustaría... ¿Hay trato?_ Keith se quedo en silencio esperando por la chica.

Hope medito el comentario, le obligaba su padre a permanecer allí. Y por eso parecía tan obstinado en no divertirse. Ella solo asintió con la cabeza y observó como él trepaba por la misma cornisa que ella intento escalar sin suerte.

Pero sus movimientos no eran torpes ni inseguros.

Sus brazos se movían con precisión haciéndole ganar altura por pura fuerza.

Maravilla dejo escapar un suspiro de alivio cuando con un último movimiento Keith al fin entro por la ventana.

Al entrar por fin en su habitación lo pillo observando cada rincón de su mundo privado. Concentrado en sus pensamientos, hasta que alzo la mirada y se la sostuvo a Hope, retándola a que se quejara por mirar descaradamente sus cosas.

Pero la chica no pico el anzuelo, estaba demasiado cansada y desanimada para esas tonterías. ¿Qué podría descubrir aquel desconocido entre sus pertenencias?

Su amor por la historia, dado la gran cantidad de libros que albergaba. Su afición a la caza, por los arcos que adornaban una de las paredes desde el más pequeño con el que aprendió hasta el que ahora utilizaba.

Tal vez su pequeña colección de peluches en otro momento la hubiera avergonzado. Pero no aquella mañana. Tenía mucho con lo que lidiar.

-Espérame en la cocina mientras me cambio._ Sin darle opción a queja se volvió hacia el armario dándole la espalda, tras un minuto de silencio casi absoluto lo oyó caminar hacia la puerta.

Keith la esperaba en la cocina sin mirar a nada en especial, esperando por ella, tal y como le había pedido, Hope casi esperaba encontrarlo cotilleando o tramando algo, pero no haciendo justo lo que le había pedido esperar por ella. El chico tan solo sonrió amigablemente al verla.

-Solo se preparar café o chocolate._ supo que su tono fue demasiado brusco en cuanto hablo, pero estaba demasiado cansada para ser amable o amistosa.

-Alguien se ha levantado con el pie izquierdo.

Hope suspiro frustrada, mientras trabajaba con la cafetera.

-No estoy de humor para bromar, café o chocolate.

-¿Te has peleado con tu novio?_ Sintió cada palabra como una burla, sin darse la vuelta para no mirarle y enfadarse más.

-No tengo novio. Y no es asunto tuyo lo que me pase.

-Sí lo es, si estas demasiado cabreada con mi genero puedes envenenarme…_ Sintió su cuerpo caminar hacia ella. Se giro para mirarlo antes de que se acercara demasiado._ No sé, echándome sal en el café._ Una sonrisa nueva cruzo el rostro del chico, haciéndolo más amable y encantador de lo que nunca vio._ O matarratas…

Hope bufo por la ocurrencia.

-Ni siquiera sé si tenemos matarratas en casa.

Esquivo de nuevo la mirada inquisidora de aquel entrometido dándose la vuelta, mientras dejaba la cafetera en el hornillo, pero la podía sentir en su nuca, esperando por su respuesta.

Pero había prometido callar. Aunque era cierto que necesitaba desahogarse con alguien.

-Si te lo cuento no podrás decírselo a nadie. Ni si quiera a tu padre. Sobre todo a él.

-Oh! Guardarle secretos a mi padre se ha convertido en todo un arte para mí.

Hope cerró la puerta de la cocina queriendo evitar que alguien más la escuchara mientras Keith se sentó en la mesa aguardando por la historia.

-He ido a verla esta noche._ Lo dijo entre susurros, esperando que con esa simple explicación lo entendiera pero él tan solo la miro con duda en los ojos.

-A mi madre, se donde esta, he ido a verla. Necesitaba comprobar que estaba allí. Pedirle que regresara.

-¿La idea no era que lo haría una vez que terminarais la lectura?

-Sí. También que solo nosotros tres los leyéramos._ Se arrepintió de aquel comentario en cuanto lo dijo.

-No nos quieres aquí, eso me quedo claro.

-No eres tú, o tu hermano,

-Pero mi padre…

-Sí, pero es que…_ La voz de _Hope se apago antes de arrancar casi desesperada. Por soltarlo._ Haymitch dijo que entre ellos paso algo antes o durante la guerra, eso no lo tengo claro. Y mi padre que lo único que importaba era que mamá lo eligió a él. Pero por otro lado se supone que siempre habían estado juntos. Así que no sé muy bien que pensar.

Keith se levanto queriendo evitar responder, mientras lo asimilaba. Se concentro en echar los cafés en las tazas que Hope había preparado.

-¿Sabes que mis padres están separados? No es oficial, porque nunca lo es. Pero mi madre no vive con nosotros. Aun recuerdo lo último que le dijo antes de irse. "Ahora ya eres libre para ser feliz con ella" Entonces no lo entendí, Dony acababa de nacer y yo apenas tenía 11 años. Supongo que se refería a tu madre.

Al volverse, con ambas tazas en las manos, Hope pudo ver un atisbo de tristeza en su mirada. Pero la fue ocultando mientras se sentaba de nuevo frente a ella fingiendo normalidad.

-Cuando llegue y la vi en la cabaña, me tranquilice, pero…

-Pero…

-Al principio no parecía negarse en volver, por lo mucho que nos ha alterado su ausencia._ Hope rodeo con sus manos el café para calentarlas intentando tranquilizarse._ Pero, al saber que está aquí se altero mucho. No dijo nada, tan solo cambio y me pareció más vulnerable de lo que jamás la he visto.

-¿Qué crees que significa eso?

-Le pregunte por el pasado, pero está empeñada en que lo leamos. Keith no se qué paso entre ellos. Pero debió ser algo gordo y muy doloroso y eso es lo que me asusta. Qué pudo ser tan grave para que tantos años después siga haciéndola sufrir así.

Ambos escucharon pasos en la escaleras, Hope miro a Keith asustada, pidiéndole ayuda.

La carcajada del chico resonó en la cocina, parecía tan sincera, tan autentica que nadie dudaría de ella.

-No te enfades conmigo, es que no entiendo como alguien puede hacer mal un café.

Apenas un segundo después la puerta se abrió para dejarles ver a un desconcertado Peeta aun en pijama.

Todos se reunieron de nuevo en la sala, cada uno con su desayuno intacto. Peeta y Gale se extrañaron un poco que los chicos fueran tan madrugadores, pero prefirieron no darle importancia, deseosos de continuar con la lectura.

Solo Haymitch parecía reacio a levantarse tan temprano para leer, Peeta le entrego el libro en cuanto se sentó.

-Que prisas podríais dejar que me despierte, ¿no?

-No seas cascarrabias quieres… Venga a leer.

-Encima… De camino al ascensor, me coloco el arco en un hombro y el carcaj en el otro. Después aparto a los avox boquiabiertos que protegen los ascensores y le doy al botón número doce con el puño.

-Mamá estaba enfadada…_

-No es para menos._ Dony le dio la razón a su nuevo amigo, ambos comían uno de los pasteles de Peeta. Ajenos a la preocupación de los demás.

-Las puertas se cierran y salgo disparada hacia arriba. Consigo llegar a mi planta antes de que las lágrimas empiecen a bajarme por las mejillas. Oigo que los demás me llaman desde el salón, pero salgo corriendo por el vestíbulo hasta llegar a mi cuarto, cierro con pestillo y me tiro en la cama. Ahí es cuando empiezo a llorar de verdad.

¡Lo he hecho! ¡Lo he echado todo a perder! Cualquier rastro de oportunidad que tuviera se desvaneció al disparar esa flecha a los Vigilantes. ¿Qué me harán ahora? ¿Detenerme? ¿Ejecutarme? ¿Cortarme la lengua y convertirme en un avox para que pueda servir a los futuros tributos de Panem? ¿En qué estaba pensando? Por supuesto, no estaba pensando, disparé a la manzana por la rabia que me daba que no me hiciesen caso. No intentaba matarlos. ¡De haberlo intentado, ya estarían muertos!

-¿Podían hacerle algunas de esas cosas?_ Fue Keith quien pregunto totalmente horrorizado por la idea de tanta crueldad.

-En teoría, lo hacían por mucho menos que atacarlos con un arco.

Todos miraron a Peeta al responder con un tono de obviedad en su voz.

-Lo bueno es que sabemos que nunca fue convertida en avox._ Haymitch fue amable al hablarles pero Gale rompió la sensación de alivio al hacer su comentario.

-Pudieron detenerla, castigarla, desde luego lanzarles una flecha a la cabeza no fue muy buena idea.

-Tan simpático como siempre…_ Haymitch mascullo el comentario para sí antes de continuar.

-Bueno, ¿qué más da? De todos modos, no iba a ganar los juegos, así que ¿qué importa lo que me hagan? Lo que de verdad me asusta es lo que puedan hacerles a mi madre y a Prim, lo que pueda sufrir mi familia por culpa de mi imprudencia. ¿Les quitarán lo poco que tienen o enviarán a mi madre a la cárcel y a Prim al orfanato? ¿Las matarán? No las matarán, ¿verdad? ¿Por qué no? ¿Qué más les da a ellos?

Tendría que haberme quedado para disculparme, o para reírme, como si hubiese sido una broma, quizás eso los habría vuelto más indulgentes. Sin embargo, en vez de eso, voy y salgo de allí corriendo de la forma más irrespetuosa posible.

-En honor a la verdad eso hubiera sido peor creo yo._ Haymitch interrumpió la lectura al hablar._ Si se hubiese quedado lo hubieran interpretado como un acto de una asustadiza chiquilla. Pero demostró un carácter que nunca antes habían visto en un tributo.

-Así que según tú la dejaron con vida solo para garantizar un buen espectáculo._ Gale aborreció aun más esa idea que la posibilidad de un castigo.

Haymitch tan solo guardo silencio mientras volvía su atención al libro. Eran los juegos del hambre después de todo, que más se podía añadir.

-Haymitch y Effie están llamando a la puerta; les grito que se vayan y, al cabo de un rato, lo hacen. Tardo al menos una hora en llorar todo lo que puedo; después me quedo hecha un ovillo en la cama, acariciando las sábanas de seda, viendo cómo se pone el sol sobre la artificial silueta de caramelo del Capitolio.

Al principio creo que vendrán a detenerme de un momento a otro, pero, conforme pasa el tiempo y la cosa parece menos probable, me calmo. Siguen necesitando a los dos tributos del Distrito 12, ¿no? Si los Vigilantes quieren castigarme, pueden hacerlo en público, esperar a que esté en el estadio y así lanzarme animales salvajes hambrientos. Se asegurarán de que no tenga arco y flechas para defenderme.

-Bueno más o

-Gale._ Peeta le corto antes de anticipase algo a los chicos.

Él sin más asintió entendiéndolo, por un momento aquel hombre se había olvidado de casi todo lo que le rodeaba.

-Oh, venga papá, tampoco nos está permitido saber eso.

-No, Pee, nada de nada._ Peeta sonrió a su hijo malhumorado. Pero al mirar a su hija le extraño su mirada ausente concentrada en sus propios pensamientos._ Continua Haymitch.

-Sin embargo, antes me darán una puntuación tan baja que nadie en su sano juicio querrá patrocinarme. Eso es lo que pasará esta noche. Como los telespectadores no pueden ver el entrenamiento, los Vigilantes anuncian la clasificación de cada jugador, lo que le da a la audiencia un punto de partida para las apuestas que continuarán durante todos los juegos. El número, una cifra entre uno y doce, donde el uno es rematadamente malo y el doce inalcanzablemente bueno, representa lo prometedor que es el tributo. La nota no garantiza quién ganará, no es más que una indicación del potencial que ha demostrado el tributo en el entrenamiento. Debido a las variables del campo de batalla real, los tributos con puntuación más alta suelen caer casi de inmediato y, hace unos años, el chico que ganó los juegos sólo recibió un tres. En cualquier caso, la clasificación puede ayudar o perjudicar a un tributo en la búsqueda de patrocinadores. Yo esperaba que mis habilidades con el arco me dieran un seis o un siete, aunque no tenga mucha fuerza física, pero ahora estoy segura de que tendré la nota más baja de los veinticuatro. Si nadie me patrocina, mis posibilidades de seguir viva se reducirán casi a cero.

-En realidad sería una buena venganza, por parte de esos vigilantes._ Hope miro intrigada a Keith, al escucharle hablar con tanta normalidad.

Como podía actuar así. Ella no podía fingir hasta ese punto. Para aquel chico, su madre; o el recuerdo en Gale de su madre; había roto el matrimonio de sus padres. Si ella estuviera en su pellejo no sería tan benévola.

Y esa idea le dio que pensar que tal vez se equivocaba al culpabilizar a Gale de casi todo lo malo que pudiera estar pasando. Él no había escrito los libros. El no había echo a su madre irse de casa. Él ni si quiera estaría allí de no ser por su llamada.

Si tal vez se equivocaba, pero tenía tan claro que lo meditaría mejor después de un buen sueño, como estaba segura de que jamás se lo reconocería en voz alta.

Lo estuvo cavilando mientras la voz de su tío llego hasta ella de nuevo leyendo.

-Cuando Effie llama a la puerta para la cena, decido que será mejor ir. Esta noche televisarán el resultado de las puntuaciones y no puedo esconderme para siempre. Voy al servicio y me lavo la cara, aunque sigue roja y moteada.

Todos me esperan a la mesa, incluso Cinna y Portia; ojalá no hubiesen aparecido los estilistas porque, por algún motivo, no me gusta la idea de decepcionarlos. Es como si hubiese tirado a la basura sin pensarlo el gran trabajo que hicieron en la ceremonia inaugural. Evito mirar a los demás a los ojos mientras me tomo a cucharaditas la sopa de pescado; está salada, como mis lágrimas. Los adultos empiezan a chismorrear sobre el tiempo y yo dejo que Peeta me mire a los ojos. Él arquea las cejas, como si preguntara: «¿Qué ha pasado?». Me limito a sacudir la cabeza rápidamente. Después, cuando llega el segundo plato, oigo decir a Haymitch:

-Vale, basta de cháchara. ¿Lo habéis hecho muy mal hoy?

-Creo que da igual -responde Peeta-. Cuando aparecí, nadie se molestó en mirarme; estaban cantando una canción de borrachos, creo. Así que me dediqué a lanzar algunos objetos pesados hasta que me dijeron que podía irme.

-¿Cómo es una canción para borrachos?_ Dony fue el que pregunto inocente, Peeta tan solo miro a Gale, recordando vagamente la letra, totalmente inadecuada para un niño tan pequeño. Gale sonrió al entender el apuro de Peeta, esperando a ver por donde se escapaba.

-Seguramente cantaban sobre alcohol, hay una muy antigua sobre botellas de ron_ Haymitch intervino mientras enviaba una mirada envenenada a Gale por disfrutar de la incomodidad de Peeta. El niño ajeno a todo tan solo asintió.

-Eso me hace sentir mejor; Peeta no ha atacado a los Vigilantes, pero al menos a él también lo provocaron.

-¿Y tú, preciosa? -me pregunta Haymitch. Por algún motivo, oír que me llama preciosa me molesta lo suficiente para ser capaz de hablar.

-Les lancé una flecha.

-¿Que qué? -exclama Effie, y el horror que se refleja en su voz confirma mis peores temores. Todos dejan de comer.

-Les lancé una flecha. Bueno, no a ellos, en realidad, sino hacia ellos. Fue como dice Peeta: no me hacían caso mientras disparaba y... perdí la cabeza, ¡así que apunté a la manzana que tenía en la boca su estúpido cerdo asado! -exclamo, desafiante.

-¿Y qué dijeron? -pregunta Cinna, con cautela.

-Nada. Bueno, no lo sé, me fui después de eso.

-¿Sin que te diesen permiso? -pregunta Effie, pasmada.

-Me lo di yo misma -respondo.

Recuerdo que le prometí a Prim hacer todo lo posible por ganar, y me siento como si me hubiesen tirado encima una tonelada de carbón.

-Como mínimo._ Gale le respondió a antigua amiga, echándola de menos. Recordando todas las horas que pasaron juntos recorriendo los bosques.

Nadie más dijo nada más, todos estaban demasiado expectantes para saber cómo continuaba la lectura.

-En fin, ya está hecho -concluye Haymitch, untándose con mantequilla un panecillo.

-¿Crees que me detendrán? -pregunto.

-Lo dudo. A estas alturas sería un problema sustituirte.

-¿Y mi familia? ¿Los castigarán?

-No creo. No tendría mucho sentido. Tendrían que desvelar lo sucedido en el Centro de Entrenamiento para que tuviese algún efecto en la población, la gente tendría que saber lo que hiciste; pero no pueden, porque es secreto, así que sería un esfuerzo inútil. Lo más probable es que te hagan la vida imposible en el estadio.

-Bueno, eso ya nos lo han prometido de todos modos -dice Peeta.

-Cierto -corrobora Haymitch, y me doy cuenta de que ha pasado lo imposible: están intentando animarme. Haymitch coge una chuleta de cerdo con los dedos, lo que hace que Effie frunza el ceño, y la moja en el vino. Después arranca un trozo de carne y empieza a reírse.

-Sinceramente tío, eres un guarro._ Pee se metió con él, mientras el anciano lo miraba horrorizado. Es que no podía ver que tan solo pretendía relajar a su madre. El niño corrió hacia él para envolverle en un abrazo, logrando que lo perdonara en un instante.

-Y tu eres un descarado como tu padre, anda déjame leer._ Aunque refunfuño por la actitud del pequeño, lo acomodo en su regazo antes de continuar.

-. ¿Qué cara pusieron?

-De pasmados -respondo, empezando a sonreír-. Aterrados. Eeeh..., ridículos, al menos algunos. -Una imagen me viene a la cabeza-. Un hombre tropezó al retroceder de espaldas y se cayó en una ponchera.

Mas de uno se rio ante la imagen de un vigilante en tales circunstancia, pero al menos ninguno quiso interrumpir de nuevo la lectura.

-Haymitch se ríe a carcajadas y todos lo imitamos, excepto Effie, aunque está reprimiendo una sonrisa.

-Bueno, les está bien empleado. Su trabajo es prestaros atención, y que seas del Distrito 12 no es excusa para no hacerte caso -afirma. Después mira a su alrededor, como si hubiese dicho algo escandaloso-. Lo siento, pero es lo que pienso -repite, sin dirigirse a nadie en concreto.

-Me darán una mala puntuación -comento.

-La puntuación sólo importa si es muy buena. Nadie presta mucha atención a las malas o mediocres. Por lo que ellos saben, podrías estar escondiendo tus habilidades para tener mala nota adrede. Hay quien usa esa estrategia -explica Portia.

-Espero que interpreten así el cuatro que me van a dar -dice Peeta-. Como mucho. De verdad, ¿hay algo menos impresionante que ver cómo alguien levanta una bola pesada y la lanza a doscientos metros? Estuve a punto de dejarme caer una en el pie.

Los chicos se rieron por la ocurrencia de Peeta, él les acompaño, añorando un tiempo en el algo como una mala puntuación era tan relevante. Aunque fuera la diferencia entre la vida y la muerte, no fueron los días más duros que le había vivir.

-Sonrío y me doy cuenta del hambre que tengo. Corto un trozo de cerdo, lo mojo en el puré de patatas y empiezo a comer. No pasa nada, mi familia está a salvo y, si están a salvo, no hay ningún problema.

Después de cenar nos sentamos en el salón para ver cómo anuncian las puntuaciones en televisión. Primero enseñan una foto del tributo, y a continuación ponen su nota debajo. Los tributos profesionales, como es natural, entran en el rango de ocho a diez. La mayor parte de los demás jugadores se gana un cinco. Me sorprende ver que Rué consigue un siete; no sé qué les enseñaría a los jueces, pero es tan diminuta que ha tenido que ser algo impresionante.

-Desde luego a todos nos sorprendió._ La voz de Peeta se entristeció ante el recuerdo de la niña.

-Me da que todos sabemos que fue de ella. Espero que mamá no le cogiera mucho cariño.

Sin saberlo Hope había dado en el clavo. Los tres adultos agacharon sus miradas, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Sabiendo de antemano como terminaba la historia y temiendo como lo tomarían los chicos.

-El Distrito 12 sale el último, como siempre. Peeta saca un ocho, así que, al menos, un par de Vigilantes lo estaban mirando. Me clavo las uñas en las palmas de las manos cuando aparece mi cara, esperando lo peor. Entonces sale el número once en la pantalla.

¡Once!

-¿Cómo?_ Hope Y Keith preguntaron a la vez, pero los pequeños estaban igual de sorprendidos por aquella nota.

-No era que los vigilantes se la tendrían jurada a Kaunis?

-Bueno, debió gustarles su genio._ Fue Haymitch quien respondió a Keith. Pero para los chicos aquello no podía explicarlo todo.

-Pero mamá dijo_ en esta ocasión fue Hope quien hablo. Estaba segura de que no podía ser tan sencillo._ que la castigarían. ¿Y le dan la mejor nota de todas?

-Bueno, a decir verdad la apuntan como el objetivo a abatir._ La voz ruda de Gale se impuso a un nuevo comentario de su hijo Keith. Que medito el nuevo punto de vista, dándole la razón al asentir con sutileza la cabeza.

-Todos estáis olvidando algo. Estos libros están escritos por Katnnis. Son sus recuerdos de cómo vivió ella aquella época._ Peeta razono con calma ante los otros._ Que ella crea, o creyera en ese momento que iban a castigarla no significa que lo llegaran a hacer.

-¿Cómo cuando pone en duda tu lealtad?_ Pee fue el que mejor parecio entender lo que su padre quería decirles.

-O dice que yo solo soy un borracho._ Haymitch se rio de su propio chiste malo. Pero al menos logro relajar el ambiente._ Continuemos.

-Effie Trinket deja escapar un chillido, y todos me dan palmadas en la espalda, gritan y me felicitan, aunque a mí no me parece real.

-Tiene que haber un error. ¿Cómo..., cómo ha podido pasar? -le pregunto a Haymitch.

-Supongo que les gustó tu genio. Tienen que montar un espectáculo, y necesitan algunos jugadores con carácter.

-Katniss, la chica en llamas -dice Cinna, y me abraza-. Oh, ya verás el vestido para tu entrevista.

-¿Más llamas?

-Más o menos -responde, travieso.

Los más pequeños se rieron imaginando la escena.

-Peeta y yo nos felicitamos. Otro momento incómodo. Los dos lo hemos hecho bien, pero ¿qué significa eso para el otro? Escapo a mi cuarto lo antes posible y me entierro debajo de las mantas. La tensión del día, sobre todo el llanto, me ha hecho polvo. Me quedo dormida, como si me hubiesen indultado, aliviada y con el número once todavía grabado en la cabeza.

-Y no es para menos sobretodo pensando que quedan tan pocos días para la arena.

Gale se apiado de su vieja amiga, intuyendo por todo lo que tuvo que pasar aquellos años.

-Al amanecer me quedo un rato tumbada en la cama observando cómo sale el sol; hace un día precioso. Es domingo, día de descanso en casa. Me pregunto si Gale estará ya en el bosque. Normalmente dedicamos todo el domingo a proveernos de existencias para la semana: nos levantamos temprano, cazamos y recolectamos, y después hacemos trueques en el Quemador. Pienso en Gale sin mí. Los dos cazamos bien, pero somos mejores en pareja, sobre todo si intentamos cazar presas grandes. Sin embargo, también nos da una ventaja con las cosas más pequeñas, porque está bien tener un compañero para compartir la carga, para hacer que incluso la ardua tarea de llenar la despensa de mi familia resultase divertido.

-La verdad es que echo de menos esos días en el bosque. Era todo más duro, pero también teníamos una vida más sencilla.

Gale no hablo para nadie en concreto, pero todos se le quedaron mirando, ante su tono nostálgico.

-Si bueno también echo de menos trabajar en el horno de mi padre._ Peeta sonrió con camadería a su antiguo rival_ O incluso el instituto.

-Y que echáis más en falta viejas lloricas, el látigo o la fusta._ Pregunto Haymitch de mal humor, desde luego su vida se había vuelto algo tediosa, pero jamás volvería a los tiempos del capitolio. O los recordaría con añoranza.

Con pesadez comenzó a leer de nuevo, deseando acabar aquel capitulo.

-Llevaba seis meses peleando sola cuando me encontré por primera vez con Gale en el bosque. Fue un domingo de octubre, y el aire frío olía a cosas moribundas. Me había pasado la mañana compitiendo con las ardillas por las nueces, y la tarde, un poco más cálida, chapoteando por los estanques poco profundos para recoger saetas. La única carne que había cazado era una ardilla que prácticamente se había tropezado conmigo en su búsqueda de bellotas, pero los animales seguirían por allí cuando la nieve enterrase mis otras fuentes de alimentación. Como me había adentrado en el bosque más de lo normal, corría de vuelta a casa arrastrando mis sacos de arpillera cuando me encontré con un conejo muerto; estaba colgado por el cuello de un cable fino, treinta centímetros por encima de mi cabeza. Había otro unos trece metros más allá. Reconocí las trampas de lazo, porque mi padre las usaba: la presa cae en ellas y sale disparada por el aire, lo que la pone fuera del alcance de otros animales hambrientos. Yo llevaba todo el verano intentando usar trampas, aunque sin éxito, así que no pude evitar soltar mis sacos para examinarla. Acababa de tocar el cable del que colgaba uno de los conejos cuando oí una voz.

-Eso es peligroso.

-¿Pretendías asustarla?_ Peeta lo pregunto sin ninguna maldad, pero aquella era la primera vez que escuchaba la historia del comienzo de su amistad.

-Pretendía que no me robara._ Gale pareció avergonzado por su idea, pero era lo que creyó al ver a aquella niña sola en el bosque.

Más de uno se rio con disimulo al entenderle.

-Retrocedí de un salto y apareció Gale; había estado escondido detrás de un árbol, y seguramente me llevaba observando desde el principio. Sólo tenía catorce años, pero ya rozaba el metro ochenta y para mí era todo un adulto. Lo había visto por la Veta y en el colegio, y en otra ocasión más, ya que él había perdido a su padre en la misma explosión que había matado al mío. En enero, yo estaba junto a él cuando le dieron la medalla al valor en el Edificio de Justicia, otro hermano mayor sin padre. Recordaba a sus dos hermanos pequeños, agarrados a su madre, una mujer cuya barriga hinchada dejaba claro que le faltaban pocos días para dar a luz.

-Lo tuviste crudo, muchacho._ Haymitch imagino a un Gale de 14 años con tantas bocas que alimentar.

-Sobreviví._ Fue la única respuesta que le concedería. Gale no estaba dispuesto a contarles a ninguno de los adultos las penurias por las que se había visto obligado a pasar. Y menos con sus dos hijos delante.

-¿Cómo te llamas? -me preguntó, acercándose para sacar el conejo de la trampa. Tenía otros tres colgados del cinturón.

-Katniss -respondí, con una voz apenas audible.

-Bueno, Catnip, robar está castigado con la muerte, ¿no lo habías oído?

-Katniss -repetí, en voz más alta-. Y no estaba robando, sólo quería echarle un vistazo a tu trampa. Las mías nunca cogen nada.

-Entonces, ¿de dónde has sacado la ardilla? -me preguntó, frunciendo el ceño, poco convencido.

-La maté con el arco -respondí, descolgándomelo del hombro.

Seguía usando la versión pequeña que me había hecho mi padre, aunque practicaba con el grande siempre que podía. Esperaba poder abatir presas más grandes cuando llegara la primavera.

-¿Puedo verlo? -preguntó Gale, con la mirada fija en el arco.

-Sí, pero recuerda que robar está castigado con la muerte -le dije, pasándoselo.

Todos se rieron con la ocurrencia, sobretodo Haymitch, quien tuvo que bajar a Pee de su regazo para reponerse.

-Valla, después… Después de todos estos años vengo a descubrir que esa chica sabe hacer un chiste.

-Haymitch…

-Oh! Venga, tu mujer es tan divertida como un besugo y lo sabes.

-Tal vez contigo. ¿A que nunca te has parado a pensarlo?

-Si, Haymitch_ Gale apoyo a Peeta frente al anciano que comenzaba de nuevo a mostrar su mal humor._ Ella es divertida… con los que les caen bien.

-¿Insinúas que yo no le caigo bien, muchacho?

-Cuidado Gale, que no se enfade…_ Haymitch les tiro un cojín a cada uno, mientras los chicos reían por la absurda situación.

¿No eran ellos los adultos serios que debían darles ejemplo?

Tras unas últimas risas todos se relajaron lo suficiente para continuar.

-Fue la primera vez que lo vi sonreír; la sonrisa convertía al chico amenazador en alguien a quien te gustaría conocer, aunque tuvieron que pasar varios meses para que volviese a sonreír de nuevo.

Entonces hablamos sobre la caza, le dije que podía conseguirle un arco si me daba algo a cambio; no comida, sino conocimientos. Quería poner mis propias trampas y atrapar a varios conejos gordos en un solo día, y él contestó que podíamos arreglarlo. Con el paso de las estaciones empezamos a compartir a regañadientes lo que sabíamos: nuestras armas, los lugares secretos que estaban llenos de ciruelas o pavos silvestres. Él me enseñó a poner trampas y a pescar; yo le enseñé qué plantas se podían comer y, al final, le di uno de mis preciados arcos. Hasta que un día, sin que ninguno de los dos dijera nada, nos convertimos en un equipo: nos repartíamos el trabajo y el botín, y nos asegurábamos de que ambas familias tuviesen comida.

Gale me dio la seguridad que me faltaba desde la muerte de mi padre. Su compañía sustituyó a las largas horas solitarias en el bosque. Mejoré mucho como cazadora, porque ya no tenía que estar siempre mirando atrás; él me guardaba las espaldas. Sin embargo, se convirtió en mucho más que un compañero de caza, se convirtió en mi confidente, en alguien con quien compartir pensamientos que nunca podría expresar dentro de los confines de la alambrada. A cambio, él me confió los suyos. Había momentos en el bosque, con Gale, en los que era realmente... feliz.

Peeta digirió aquello como pudo, mientras observaba a Gale, quien se mostraba algo pagado de sí mismo al oírlo.

-Digo que es mi amigo, aunque, en el último año, parece una palabra demasiado suave para explicar lo que Gale significa para mí. Noto una punzada en el pecho; ojalá estuviera conmigo... Aunque, claro, no me gustaría, no quiero que esté en el estadio, donde acabaría muerto en unos días. Pero..., pero lo echo de menos, y odio estar tan sola. ¿Me echará de menos? Seguro que sí.

Todos guardaron silencio ante este último párrafo, que decir ante una declaración que dejaba tan pocas dudas.

La única conclusión a la que pudo llegar Peeta era que si los juegos nunca hubiesen existido, o salido el nombre de Prim en la cosecha, Gale y Katniss se hubieran amado con libertad. Estarían ahora casados. Felizmente casados.

Y no pudo odiarlo por ello. La duda de si su esposa seria más feliz con Gale siempre le había perseguido, a pesar de todos los años de matrimonio y de los buenos momentos.

Si, él habia sido muy afortunado, pero se aun preguntaba si Katniss lo fue también.

-Pienso en el once que apareció anoche debajo de mi nombre. Sé lo que me habría dicho él: «Bueno, todavía se puede mejorar». Después sonreiría y yo le devolvería la sonrisa sin dudarlo.

No puedo evitar comparar lo que tengo con Gale con lo que finjo tener con Peeta. Nunca cuestiono los motivos de Gale, mientras que con Peeta es todo lo contrario. En realidad, no es justo compararlos, porque Gale y yo nos unimos para sobrevivir, mientras que Peeta y yo sabemos que la supervivencia del otro significaría la muerte. ¿Cómo se puede pasar eso por alto?

-Una muy buena pregunta, preciosa. Por qué no se la hará más.

-Haymitch, por favor continua._ Peeta quería acabar de una vez con aquella innecesaria comparación con Gale.

-Effie llama a la puerta para recordarme que me espera otro «¡día muy, muy, muy importante!». Mañana por la noche nos entrevistará la televisión, así que supongo que todo el equipo estará liado preparándonos para el acontecimiento.

Me levanto, me doy una ducha rápida prestando más atención a los botones que toco y bajo al comedor. Peeta, Effie y Haymitch están inclinados sobre la mesa, hablando en voz baja, lo que me parece extraño, pero el hambre vence a la curiosidad y me lleno el plato antes de unirme a ellos.

-Hay no más comida.

Haymitch ignoro el comentario de Pee, al sobreleer el texto sabía que por una vez no entraría en muchos detalles.

-Hoy el estofado está hecho con tiernos trozos de cordero y ciruelas pasas, perfecto sobre un lecho de arroz salvaje. Llevo ya horadada media montaña de comida cuando me doy cuenta de que no habla nadie. Le doy un buen trago al zumo de naranja y me limpio la boca.

-Bueno, ¿qué está pasando? Hoy nos prepararéis para las entrevistas, ¿no?

-Sí -respondió Haymitch.

-No tenéis que esperar a que acabe. Puedo escuchar y comer a la vez.

-Bueno, ha habido un cambio de planes con respecto al enfoque.

-¿Cuál?

No estoy segura de cuál es nuestro enfoque; la última estrategia que recuerdo es intentar parecer mediocres delante de los demás tributos.

-Peeta nos ha pedido que lo entrenemos por separado-responde Haymitch, encogiéndose de hombros.

-¡Que!_ Todos excepto Peeta y Haymitch se alteraron al oírlo.

Peeta no podía estar ya compitiendo contra Katniss.

-Queréis tranquilizaros, por que los finales son siempre tan drásticos.

Haymitch fue el primero en responder, mientras Peeta se sorprendía a la par que se asustaba por la intensidad de la mirada de Gale.

-¿Un cambio en el enfoque?_ Cuestiono Gale a ambos.

-Primero, baja el tono muchacho. Segundo, llegados a ese punto casi todos los tributos se distanciaban, sino lo habían echo ya.

-Y tercero tiene que haber un porqué._ Hope se piso lo que fuera a decir su tío, con tranquilidad. A ella también le molestaba que su padre le diera de alguna forma la espalda a su madre. Pero eso no era razón para olvidar su carácter bondadoso y altruista. Además de ser su padre.

-¿Qué?_ Gale tuvo que repetir en su mente las palabras de la chica. Tenía que haber un porqué.

-Bueno papá, Hope tiene un punto hay. Si no hubiese había una buena razón, ella no lo perdonaría, ¿no?

Gale se relajo un poco, sabiendo que antes o después todo se sabría, pero extrañado por la decisión de Peeta, aunque fuera sobre algo tan lejano.

-En fin, el capitulo termino, quien sigue.

Haymitch ofreció el libro al aire nadie sabía muy bien a quien le tocaba, al final Hope lo recogió bajo la agradecida mirada de su padre.