(Nadie me ha comentado si hizo lo de las canciones, creo que podía ser divertido...)

Perdonen ustedes que haya tardado tanto con los finales. Son tres, y así hay para elegir: uno es como me pidió Pati v.

Muchas gracias a Marla, Lilith, Anna Potter y Nevichii. Espero que os guste algún final.

Voy a empezar otro fic sobre esta misma pareja, ¿algún deseo?

Besos desde Madrid.

---------------------------------------------------------------------------- -----------------------------

Final I

La húmeda y lóbrega mazmorra donde tenía lugar la clase de pociones parecía aún más tétrica de lo habitual, y el profesor Snape estaba de un humor de perros. Los alumnos de segundo año no se atrevían ni a respirar.

-¡He dicho miles de veces que hay que moler el acónito durante nueve minutos! ¿Cómo es posible que nadie en esta clase sepa mirar un reloj? Este es el grupo más incompetente que...

En ese momento se abrió la puerta del aula.

-Perdona la interrupción... sólo quería decirte que ya hemos regresado.

Era Harry, con un brazo en cabestrillo. Parecía muy cansado. La cara de Snape se iluminó, y dejó los reproches a sus estudiantes colgando en el aire de la clase, para dirigirse telepáticamente a su amado.

-¡Harry! No puedo creer que ya estés aquí... te he echado tanto de menos... ¿estás bien?

-Sí, tuvimos suerte. Sólo un par de huesos que Poppy reparará en una tarde.

La mirada de Harry expresaba alegría, ternura, amor, y unas ganas inmensas de abrazar a su profesor. Severus estaba perdiendo su cara de profesor, así que salió del aula y cerró la puerta para hablar cómodamente con Harry.

-Harry, estaba tan preocupado...

Sin tener en cuenta que cualquiera podría pasar por allí, Severus envolvió a Harry en un abrazo cálido. Harry se sentía, más que nunca en su vida, en casa, exactamente en el lugar donde tenía que estar. Escuchaba la respiración de Severus y no comprendía cómo podía haber sobrevivido casi seis semanas sin él.

-Harry, no puedes seguir cumpliendo cada encargo que te quiera hacer Dumbledore. No soporto que estés alejado y siempre en peligro. ¿Por qué no dejas que te ayude a preparar los exámenes libres? En cuanto pases tus EXTASIS, podrás solicitar el puesto de profesor de Defensa.

-Ya sé, ya sé, sólo que... yo soy un chico de acción, y estudiar se me hace tan cuesta arriba... sólo de pensarlo me da pereza...

Harry bostezó, mitad por teatro y mitad por un profundo cansancio. Severus se dio cuenta de que llevaba demasiada fatiga acumulada.

-Ve a descansar, Harry... te buscaré en cuanto amanezca.

Se despidieron con un cariñoso beso. Cuando Harry cayó sobre la cama, en la enfermería, ya estaba dormido.

...oooOOOooo...

Harry abrió los ojos. Ya no estaba en la enfermería, sino en la habitación de Severus, en la gran cama del piso de arriba. Las primeras luces del alba teñían la sala de un azul pálido.

-Te robé de la enfermería... no podía aguantar ni un minuto más sin ti. Le dejé una nota a Poppy...

Harry, aún medio dormido, notó que su brazo ya estaba curado, y lo utilizó para acariciar el rostro del profesor. La calma y felicidad hacían que su piel pareciera tan diferente... Severus estaba extendiendo una pomada por el pecho desnudo del muchacho.

-Te hará bien... ¿te gusta?

La crema burbujeaba ligeramente sobre el pecho de Harry, produciéndole una especie de cosquillas cálidas nada desagradables. Harry iba despertándose del todo: en realidad, sentía que se le despertaban todos los rincones del cuerpo.

-Severus, he estado pensando... es verdad que no me apetece nada estudiar, pero lo paso tan mal teniendo que estar alejado de ti, que creo que si me ayudas, lo intentaré...

Snape sonrió de oreja a oreja. Había estado preparando mil razones y motivos para pedirle a Harry que estudiara, pero se le había adelantado. Sonrió pícaramente.

-Harry, te preometo que voy a hacer que el estudio te resulte MUY divertido...

Mientras seguía extendiendo la crema balsámica sobre la espalda del muchacho, con dedos ágiles y expertos, le explicaba:

-Tenemos dos meses hasta los exámenes. Nos dará tiempo si trabajas seis horas al día y si cumples los deberes que te ponga. Por supuesto, serás premiado en caso de hacerlo bien. Pero si eres perezoso...

Harry ya sabía lo que iba a pasar si no estudiaba, y se dio cuenta de que la motivación de poder dormir con sus ex profesor era más fuerte que cualquier otra. Los dedos de Snape le dibujaban en la espalda el mapa de un país imaginario que burbujeaba y despedía ondas de calor dorado. Harry empezaba a sentirse una marioneta bajo los dedos sabios de Severus, y sentía cómo los efluvios del bálsamo hacían desaparecer su fatiga y renovaban sus energías. Quiso darse la vuelta para besar a Severus, pero este le bloqueó el movimiento.

-¿Qué te pasa? ¿No quieres que te bese?

-Harry, necesitas descansar un poco más aún. Porque te prometo que en cuanto pueda estar contigo, va a ser agotador...

-No estoy cansado... lo que siento por ti es más fuerte que la cafeína...

-Qué muggle que eres- le susurró cariñosamente Severus.- La cafeína...

Pero esta vez no rechazó el beso de Harry, que aprovechó la risa para lazarse a su cuello. En un minuto, lo llenó de besos y pequeños mordiscos.

-¡Harry! ¿Quieres que de clase con un pañuelito al cuello, o que?

-Me da igual, sólo quiero comerte, necesito el sabor de cada rincón de tu piel...

Pero Harry, por supuesto, ya conocía a la perfección los diferentes sabores de cada rincón de Severus. Llevaban juntos varios maravillosos meses, interrumpidos por las "misiones" que Dumbledore encargaba a Harry de vez en cuando. El puesto de vigilante de pasillos no era más que una excusa para el director, que utilizaba a Harry como enviado especial allá donde hubiera un problema. Y estas ausencias se le hacían eternas...

Severus se estaba ablandando bajo los deseados besos de Harry... la boca elástica del chico le hablaba sin palabras, fruncía sus labios como si quisiera cercar pequeñas parcelas de la piel del profesor, como si marcara caminos para no olvidarse de ellos... Severus sintió cómo la sangre se le iba llenando de una sensación de bienestar total, cómo sus músculos se dejaban llevar por la sensación de pertenecer a esa boca, cómo su mente se echaba a volar mientras su cuerpo se entregaba a los pequeños besos de Harry...

El rostro de Harry estaba rosado, encendido por la prisa del amor. Sus brazos intentaban enlazar el torso de Severus, y a la vez pellizcar sus brazos, y masajear sus hombros, y recorrer su espalda, y buscar... demasiadas cosas para tan pocas manos. Severus estaba como en trance, dejándose mimar con los ojos cerrados y una sonrisa de felicidad prendida en los labios. Y Harry no encontraba la manera de establecer un contacto total con él: se le abrazaba con todo el cuerpo, frotándose contra su pecho, se enroscaban, rodaban, se amasaban y se mezclaban como estrellas en colisión... el contacto de sus pieles enviaba señales luminosas de urgencia: Harry se sentía como si estuviera en el fondo de un lago, manteniendo la respiración, y necesitara liberar sus pulmones por completo... no, no era eso: era sed, una sed profunda y brutal, pero no nacía de su garganta sino de su vientre. Sed de volcarse en el cuerpo de su amado. Y su amado le leyó el deseo del pensamiento.

-Harry, quiero que sepas que yo nunca antes...

Esa ternura inesperada enardeció aún más al muchacho, que aferró la cadera de Severus con un gesto ansioso y brutal, abriéndola como una fruta. El profesor gemía entrecortadamente de dolor, mordiéndose la boca para contener el volumen de sus quejidos. Pero Harry no se apiadaba de él, sino que empezó a balancearse en la cama para imprimir movimiento a su unión, y después comenzó a moverse lentamente, lentamente... hasta que comprendió que los gemidos de Severus habían cambiado de cariz. Entonces aferró el centro del hombre con ambas manos, mientras su cadera le transmitía una cadencia creciente, y sintió cómo sus cuerpos ya estaban cubiertos de un sudor mutuo que se entremezclaba, excitándolos aún más... Harry se dio cuenta de que, dentro de sus manos, Severus no iba a esperarle, así que incrementó la fuerza de sus golpes para terminar al mismo tiempo que él, para deshacerse dentro, por fin dentro, y tanto, del hombre al que amaba...

...oooOOOooo...

Pasaron tres meses. Las clases particulares de Severus habían funcionado, y Harry superó brillantemente los EXTASIS, y fue contratado por Dumbledore como profesor de DCAO. Su dormitorio estaba muy cerca del de Severus: tanto que bastaba con mover cierto espejo para pasar de uno al otro. Con el paso del tiempo, su relación se afianzó y adoptaron dos niñas chinas, Lía y Lai, trasladándose a vivir a un castillo en el norte de Gales. Todos los días iban a dar clase mediante polvos flu. Las niñas eran estupendas, una de ellas resultó tener capacidades mágicas, y la otra un gran talento para la música, como su tío Renato. Ron y Hermione se casaron, por supuesto, montaron una empresa de catering plegable y miniaturizado mágico, y tuvieron siete niños pelirrojos, todos varones, uno de los cuales terminó casándose con Lai. El día en el que Harry y Severus fueron abuelos fue el segundo mejor de sus vidas, después de aquella primera noche que pasaron juntos.

Final II

No hay ningún cielo como el de Venecia. La humedad del aire parece haber retenido la mirada de todos los pintores del pasado como un espejo.

Harry y Severus estaban tomando un baño en una piscina instalada en la terraza de un antiguo palazzo. Desde ese punto de vista privilegiado, podía verse parte del gran canal, hasta el mar. No hablaban: dejaban que el silencio se empapara de la belleza del instante y del lugar.

Renato, el hermano de Severus, los había invitado a uno de sus palacios durante las vacaciones de invierno. A pesar de que hacía frío en Venecia, en el palazzo existía un microclima mágico que lo hacía permanecer templado. Harry y Severus se enjabonaban mutuamente con esencia de sándalo y cedro.

-¿De verdad estás decidido a dejar el colegio, Severus? Sé que te gusta enseñar. Y, por supuesto, no hay ningún profesor de pociones como tú...

-Estoy seguro de que Hermione tardará muy pocos años en ponerse a mi nivel, con la ayuda de Sione. Será una profesora excelente, y Dumbledore lo sabe. Lo que pasa es que le da pena que nos vayamos. Creo que le gustas.

Harry se quedó muy serio, como preocupado, hasta que se dio cuenta de que Severus le estaba gastando una pequeña broma, y le envió un golpe de agua espumosa como castigo.

-¡Siempre me tomas el pelo!

-Es que eres tan inocente... es adorable ver cómo caes en todas mis redes.

Harry se sumergió en la bañera para humedecerse el pelo. Dentro del agua, abrió los ojos y vio que una parte de su compañero apuntaba hacia él. Salió del agua, sacudiendo la cabeza como un perrito.

-Oye, te lo decía en serio. No tienes que dejar tu puesto de profesor por mí...

-no es por ti, Harry, es por nosotros. Nunca en mi vida había tenido nada que mereciera tanto la pena, y pienso aprovecharlo al máximo... mientras dure.

-¿Es que no crees que vaya a durar siempre?- preguntó alarmado Harry.

-Bueno... nunca se sabe...

Pero la sonrisa socarrona del profesor le hizo ver a Harry que se trataba de otra de sus bromitas.

-¡Te voy a matar!- gritó Harry, abalanzándose sobre el cuerpo erecto de Severus, intentando abofetearle a pesar del agua. Pero los húmedos puñetazos se convirtieron en otra cosa.

...oooOOOooo...

Harry encontró a Renato y a Severus desayunando juntos bajo una vid entrelazada, y se sentó junto a ellos.

-¡Buenos días, Harry! ¿Quieres zumo de naranjas sanguinas?

-Sí, por favor... necesito recuperar energías.

Severus puso los ojos en blanco. No le gustaba que se hicieran alusiones a su vida sensual delante de su hermano. Pero Renato sonrió, divertido.

-Vaya luna de miel que lleváis vosotros dos... casi un año ya. Por cierto, hermano, ¿ya has decidido qué hacer con tu vida?

-Sí. Voy a dejar el colegio para aceptar un puesto en los laboratorios farmacéuticos PotioPharma. Sabes, ya estoy un poco harto de chiquillos...

Al decir esto miró a Harry, que le sacó la lengua.

-Pues me alegro mucho, eso te dará mucha más libertad... ¿Y dónde piensas trasladarte?

-Donde decida Harry. El laboratorio tiene sucursales en todas partes, y me han permitido elegir.- respondió con naturalidad Severus.

Harry se sobresaltó. No esperaba esa responsabilidad, pero le pareció un gesto de confianza muy tierno por parte de su amante. Vaya. Le daba vértigo tener que escoger un lugar de entre todos los del mundo.

-Harry, me encantaría que decidierais quedaros aquí en Venecia, conmigo.- dijo Renato.

Pero Harry no podía decidir tan rápido. Le agradeció la invitación a Renato. Terminaron de desayunar, y luego fueron a admirar los mosaicos de Santa Maria delle Fiore.

...oooOOOooo...

-Severus... ¿sabes una cosa?

Estaban tumbados bajo las estrellas. Severus había estado enseñando a Harry a distinguir el color de los diferentes planetas.

-Siento como si el mundo fuera mío, como si lo tuviera todo... primero tú, lo mejor que podía pasarme, luego la sensación de libertad, de poder dejar los estudios... siempre pensé que estaría ligado a Dumbledore toda la vida, y no es que no le agradezca todo lo que ha hecho por mí... tú sabes que lo quiero...

-Y él a ti. Ya te dije que le gustas.

-Escúchame, te estoy hablando en serio...- la voz de Harry sonaba soñadora- ... y ahora tú me ofreces el mundo entero, Severus, la posibilidad de ir a cualquier lugar... el planeta...

-Bueno, no es para tanto. Sólo quiero que estés a gusto allá donde vayamos.

-Sí que lo es, Severus... te pones en mis manos...

-Hace tiempo que estoy en tus manos, y no sólo en tus manos...

-¡Un momento! ¿Eso es una estrella fugaz?

-Pues sí... ¿ya sabes tu deseo?

Pero el deseo de Harry, en ese momento, no era otro que girarse noventa grados y buscar la boca de Severus, mientras en la línea del horizonte un meteorito se deshacía en llamas a causa de la fricción atmosférica.

Final III

Era ya de noche, una bellísima noche con el cielo lleno de estrellas. Harry y Severus descansaban en la cama del profesor, con los brazos entrelazados, después de un largo domingo de caricias eléctricas. Sus cuerpos estaban agotados, pero algo dentro de ellos necesitaba aún más, pedía más cercanía, un contacto más profundo cada vez. Querían beberse el uno al otro, en cuerpo y alma, así que se hacían preguntas sobre su pasado, y cada uno le contaba al otro los detalles más íntimos de su vida.

-Harry, ¿te das cuenta de que cuando tú tengas mi edad yo ya seré un viejo?

Harry sonrió, malévolamente, por lo que esa frase significaba, pero Severus quedó sorprendido por esa expresión en el rostro del muchacho.

-¿Y si yo te dijera que hay maneras para evitar eso?- preguntó de repente un Harry algo cambiado.

Snape lo miraba con expectación, un poco sorprendido.

-Severus, ¿quieres la vida eterna conmigo?

Snape tardó un segundo en contestar. Sabía lo que esa pregunta podía significar, y tenía dudas razonables. Pero un destello profundo en los ojos de Harry disipó todas sus preocupaciones, y asintió telepáticamente, volcando todas sus esperanzas en el muchacho más lleno de sorpresas del mundo.

Harry lo miró con una ternura infinita y luego abrió la boca, desplegando un par de inmensos colmillos, mientras sus ojos centelleaban, pasando del verde al rojo. Severus gimió de placer.