Bueno, ya se vuelven aburridas y repetitivas mis disculpas por la falta de actualizaciones.

Eso sí, no me canso de agradecerles por sus reviews.

Los dejo con este capítulo corto para dar señales de vida...


Desusos

Cuando llegaba el día de excursión y Wammy's House se quedaba sin niños, sin canturreos y sin murmullos, éste tomaba ciertas cualidades especiales. Los pasos sonaban con mayor intensidad, los techos parecían ser más altos, las silenciosas salas más grandes y oscuras. Desafortunadamente gris, el día ayudaba a que los pasillos cobraran un aspecto aún más lúgubre. Near, que estaba acostumbrado al encierro, prefería quedarse allí. Era más que una cuestión de gustos. Tenía más que ver, efectivamente, con la costumbre. Igual que como todos se habían acostumbrado a ese asfixiante clima de continua competencia y a disputarse el puesto de sucesor de alguien que las pocas veces que se presentaba, lo hacía con el rostro cubierto. También se había acostumbrado al dolor(era fácil hacerlo sabiendo que éste sólo constaba de impulsos nerviosos dirigidos a su cerebro), de la misma forma que Matt, quien se encontraba en aquella sala observándolo de reojo de vez en cuando, se había acostumbrado a los caprichos de Mello. Sonidos electrónicos provenientes de la consola retumbaban en todo el orfanato.

La conversación que hubiese podido tomar parte en ese momento era fácil de imaginar para el más joven de los presentes.

¿Sientes pena por mí?—habría preguntado el pelirrojo muchachito. Near se hubiese visto obligado a suspirar.

Lo mismo podría preguntarte yo.

No tenía ganas de entablar una conversación. De hecho, le molestaba la posibilidad de que el silencio fuese quebrantado.

No has respondido mi pregunta...

¿Me creerías si te respondiera?

Por suerte, nadie había separado los labios. Oyó a sus espaldas cómo Matt, justo en el instante siguiente al que imaginaba la última frase, se ponía rápidamente de pie y los sonidos del videojuego se perdían a lo lejos. La verdad era que Near sentía pena por otra cosa muy distinta.

Sus dedos hallaron sin dificultad el último sitio vacío del rompecabezas. La letra capital "L", contrastando con la blancura de todas las piezas, capturó su atención por un segundo. Así eran las cosas.


—Nuestro asesino pronto acabará en la silla eléctrica. Ya puedo verlo arrepentirse por todos sus crímenes infames.

Al rubio, como era su estilo, se lo notaba enérgico y entusiasta. El aire libre matutino, a pesar del mal tiempo, le había sentado bien, al igual que a todos los niños. Afición que Near jamás compartiría. Él se encontraba satisfecho resguardado en la ya familiar biblioteca.

—Mello, no debes olvidar que sólo se trata de un videojuego. Si te involucras demasiado, puede salir mal.

Ignoró las quejas y reproches de su compañero. Que no era quién para decirle hasta dónde tenía que involucrarse, que fingía hacerse el serio para caerle bien a L. Prefería atender a los botones del teclado que en ese momento estaba en poder del otro.

Se encontraban demasiado cerca. Las pistas, a esa altura, eran muy claras. Juntos lo lograrían. Pronto todo terminaría.

—¡Já! El muy bastardo está acorralado.

—Mello...

—Sí, ya he hecho lo que me recomendaste. Sólo déjame disfrutarlo un poco. Él tendrá su merecido, como todos los que se interpongan en mi camino.

—Mello...

Los ojos azules emitieron un destello mórbido al mismo tiempo que la pantalla del ordenador.

JUEGO TERMINADO

El silencio, de pronto, volvió a escurrirse por entre todos los rincones de Wammy's House. No. El silencio se lo había tragado todo. Incluso al tiempo.

Pero el tiempo debía seguir su curso y destruir al silencio que acababa de tragárselo. Era lógico.

—No... no puedo creerlo.

La voz le había salido ronca, como de ultratumba, antes de que se aclarara la garganta para continuar hablando. Mientras tanto, el monitor continuaba relampagueando con los resultados finales del juego: el asesino, capturado con éxito. El detective L, muerto.

—Tú... ¡tú lo sabías!

Near procuró poner rígido el cuerpo, adivinando los golpes y empujones subsecuentes. Tuvo tiempo de meditar aquello las tantas veces que impactó contra la mesa y las estanterías. En cuanto cayó al suelo, sobre el montón de libros que acababa de caerse, no había logrado concluir si había sido conciente o no de cómo terminarían las cosas.

Quizás.

—Yo no lo sabía, Mello... Era un juego planeado por L, ninguno de los dos pudo haber sabido cómo terminaría—mintió a medias. No temía por su seguridad ni por su integridad física. Ni siquiera tenía la intención(ni la esperanza) de calmar a Mello. Simplemente le resultó demasiado problemático e inútil planear ambas posibilidades.

—¡Mentiroso!—. La acusación, a medias certera, fue acompañada por fuertes puntapiés en sus costillas. —¡Tú siempre sabes, y te encanta dártelas de sabelotodo! ¿Y pretendes que te crea eso?

Para cuando un par de preocupados maestros los separaron y un amontonamiento de niños se juntó alrededor suyo, la nariz de Near había comenzado a sangrar. Fue difícil evitar que Mello se escabullera para continuar con la golpiza. Tal vez hasta se encontrase demasiado turbado como para reaccionar completamente.

—¡Nunca volveré a cooperar contigo! ¿Entiendes? NUN-CA.

La palabra "nunca" podría sonar exagerada para cualquier persona. Pero no en los labios de Mello. Ese "nunca" implicaba mucho. De eso sí sabía.


Cuánto tiempo hacía que se encontraba frente a aquella puerta cerrada, no podía asegurarlo. Un poco menos que lo que llevaba Mello al otro lado. ¿Estaría rezando, como lo había visto hacer todas las mañanas? No. Probablemente en ese entonces se hubiese olvidado de ese extraño dios al que rendía culto. Sería más factible apostar por que éste se encontraba maldiciéndolo de todas las maneras que se le ocurriesen.

Igualmente, no llamaría a esa puerta. Quizás se quedaría un rato más, pero sólo eso.


—Sólo eso—repitió el anciano, como queriendo disculparse. —L se ha metido de lleno en un caso, por lo que no volverá hasta resolverlo. Por lo tanto, aún no podrá enterarse ni evaluar los resultados del juego que les dejó.

Mello se encogió de hombros. Acurrucado en su asiento frente al escritorio del director del orfanato, aparentaba ser igual de pequeño que Near. Si se sentía aliviado por la eventual ausencia del detective y el retraso de su evaluación, ni siquiera se le notaba.

—Entiendo, Roger. —dijo Near, con el riesgo de que el mero sonido de su voz hiciera estallar al rubio.— Entonces L finalmente ha decidido participar en el caso Kira.

Continuará...


Eso fue todo en cuanto a la parte de Near.

Adivinen a quién le toca a partir del próximo capítulo... No me hago responsable por lo que pueda llegar a salir jaja

Gracias por leer.