Capítulo 9

POV Lucy

Raymond Steele me llamó esa misma tarde, yo era recomendada por un amigo de su hija que me supongo es José, pensamos que sería mejor ir hasta Montesano para hablar con él en plan estricto de negocios y conocerlo personalmente.

Aunque al principio estuvo de acuerdo con nosotras, al pensarlo mejor, a Ángel no le agrado la idea de que yo fuese sola a Montesano, pero era la única manera, ya que él aun no podía moverse y no podíamos dejarlo solo, así que Meg tenía que quedarse con él para acompañarlo y cuidar que no hiciera ninguna estupidez, ya que teníamos una idea muy clara de lo testarudo que podía ser.

Fueron varios días en los cuales cada vez que nos sentábamos a organizar la manera de llegar a nuestro tío, había una pelea campal entre Ángel y yo. Él aseguraba que yo no podía ir sola a Montesano para verme con el señor Steele y yo estaba más que segura que podía hacerlo, aunque eran como seis horas de carretera hasta allá.

— ¡Estaré bien Ángel! Prometo que no me voy a perder y que llamaré en cuanto llegue. —Le decía cada vez que discutíamos, pero él no parecía muy contento con eso.

— Solo quiero que no les pase nada, ya tuvieron un horrible contratiempo al llegar al país. —Me decía, y de solo recordarlo se me helaba la sangre.

— ¡Tengo una idea! ¿Porque no llamo a este chico, José? Tal vez él pueda acompañarme y decirme donde podré ubicar al tío. — Le comento.

— ¡QUE! ¡TE VOLVISTE LOCA, LUCIA O´BRIAN! —Me grita. — ¿QUE PARTE DE QUE NO QUIERO QUE LES PASE NADA NO ENTENDISTE?

— ¡NO ME GRITES, ANGEL! —Le digo también vociferando. —Ya no soy una niña y he aprendido a defenderme desde que tengo doce, a la mala, pero lo he hecho. — No tengo porque darle explicaciones, pero lo hago por que por alguna razón que no se explicar, este hombre me importa.

— ¡Te sabes cuidar tan bien que casi las prostituyen!, o peor aún, ¡casi las matan por confiar en un desconocido! —Me espeta cruelmente.

—Eso no volverá a pasar, Ángel. Lo prometo. —Le digo antes de que pueda decirme otra cosa. Él me ve a mí y a Meg y suspira.

— Solo quiero que estén bien. —Nos dice. — ¡Me frustra no poder hacer nada más por ustedes postrado en esta maldita silla de ruedas! Me aterra la idea de que alguna vez estén en problemas y yo sin poder ayudarlas, por eso quiero que entren en comunicación con su tío, nos quiero dejarlas desprotegidas.

— Pero si nos ha ayudado bastante Ángel, además tus sesiones de rehabilitación comenzaran mañana. — Le dice Meg para animarlo. Pero con eso caigo en cuenta de algo.

—No podré llevarme el coche. —les digo. —Lo necesitas para llevar a Ángel a rehabilitación, aparte de salir de aquí.

— ¡Ya lo ven, soy un maldito estorbo! — Asegura Ángel molesto consigo mismo.

— ¡No digas eso nunca más! — Lo regaña Meg.

—Lucy creo que será mejor si compras un pasaje de autobús, además te va a dar tiempo de planificar el viaje. —Me dice mi hermana.

Y eso me pareció una muy buena idea.

Los días pasaron y ya pronto tendría que irme a Montesano para negociar con Raymond Steele la fabricación de los muebles del local, eso me daría tiempo para conocer a mi tío, y ver si en realidad es una buena persona.

Ángel se ha vuelto muy reservado en todo este tiempo, se está enfrascando en sí mismo tratando de ocultar su dolor a Megan. Todavía tenemos mucho dinero en nuestro poder… unos cuatrocientos cincuenta mil, más o menos, los que si nos sabemos administrar debidamente nos servirán por mucho tiempo. Ángel me ha pedido cien mil dólares de ese dinero, prometiendo que me lo devolvería, ha estado enfrascado en ese asunto en el computador que le termine regalando, puesto que ni yo ni Meg lo usamos, pero que él al parecer le ha encontrado un buen uso.

Meg y yo estuvimos hablando al respecto y ambas sentimos que él también merece una buena parte del botín que le quitamos a Mike, así que le di los el dinero en efectivo. Pero había un problema… Ángel no tenía papeles con su nombre… ninguno… debía abrir una cuenta bancaria y cayendo en cuenta de eso me doy cuenta de que nosotras también.

Muchas transacciones del local tendrán que ser pagadas con tarjeta, así que lo más idóneo sería que abriéramos una cuenta.

— ¿Cómo vamos a abrir una cuenta si nuestros papeles de ciudadanía son falsos? — Pregunto.

— Utiliza el pasaporte irlandés. —Me dice Ángel. —O mejor aún, saca el permiso de conducir, con eso obtendrás una identificación y tu deberías de hacer lo mismo Megan.

— ¿Y qué hay de ti? —le pregunto. — ¿Cómo sacaras alguna identificación?, no sabemos que hayas traído alguna.

—Por mí no se preocupen, buscaré la manera, en el registro del hospital dice que mi nombre es Ángel O 'Brian, tal vez con eso puedo ir a alguna delegación y sacar alguna identificación legal a mi nombre. —Nos dice. —Por lo pronto sería bueno que ustedes comenzaran sus trámites… No utilicen los documentos falsos si pueden evitarlo. No sé por qué esos papeles me dan muy mala espina.

Tanto Meg como yo asentimos a su petición.

Sacar un documento para conducir fue de lo más fácil del mundo. Simplemente hicimos la prueba obligatoria, y en cuestión de un par de días, tanto Meg como yo ya teníamos una identificación. Enseguida abrimos una cuenta en el banco y depositamos la mayoría de nuestro dinero allí, y estuvimos de acuerdo de que Meg abriría una cuenta a su nombre con la parte de Ángel.

Ángel estuvo bien con eso, y uso el registro de Meg para hacer lo que él decía era una pequeña inversión a corto plazo y se pasaba horas frente a ese cacharro armando planes de inversión y cuadros de Excel extensos. Meg se mareaba de tan solo verlos y yo entendía un poco más, pero no al grado de Ángel, se veía a simple vista que era un genio en los negocios, aunque no sabía si de verdad tendría algún beneficio con su inversión. Pero lo importante era que estaba ocupado, entre las salidas a rehabilitación, y las muchas horas que pasaba frente a ese computador no le quedaba mucho tiempo más que para comer y dormir, gracias a Dios todos estos días ha dormido como un santo, sin ninguna pesadilla que lo atormente y creo que ha sido una bendición para el ocuparse en algo. Meg también se ve más relajada, ya que se la vivía preocupada por él y por esas horribles pesadillas, la rehabilitación lo ha dejado muy agotado estos primeros días, Megan ha tenido que aumentar nuevamente la dosis del calmante que ya había bajado para mitigar el dolor que tenía él pobre, pero poco a poco está rindiendo sus frutos. El doctor le ha dicho que pronto podrá levantarse de esa silla y caminar con muletas. Aunque también le advirtió que lo tomara con calma…

Mientras, en el local, el arrendador alarmado por las amenazas de Ángel, ha contratado a un albañil que se encuentra reparando todos los desperfectos del local, eso podrá durar algún tiempo, pero puedo ver ya un progreso significativo en él, lo que me ha dado la idea de traer al señor Steele a ver el local y ver qué tipo de muebles serían los perfectos para el mismo. Eso nos daría más conocimientos sobre mi tío y también le daría a Meg la oportunidad de conocerlo sin descuidar de la salud de Ángel.

El arrendador también redactó con su abogado el documento donde especifica que me da doce meses de gracias por todos los desperfectos e incumplimientos del contrato anterior, aparte de la opción a compra si así lo decido. Eso fue en verdad genial, ver como ese hombre me veía con respeto, se podía ver que estaba con el rabo entre las piernas en toda esta situación, creo que Ángel tenía razón acerca de poder demandarlo, su abogado no se cansaba de repetirle reservadamente que eso era lo mejor para él.

Mirando hacia atrás para ver donde estábamos y lo que hemos logrado ahora, puedo decir que en realidad puede ser que la suerte nos sonríe y que Meg tuvo razón en llevar a Ángel con nosotras, nuestras vidas han cambiado y todo se está encaminando para bien, y mucho de todo eso se lo debemos a él. Poco a poco se ha ganado mi cariño y con sus acciones ha hecho que le tenga respeto y admiración.

Pero en cierta forma tengo miedo, miedo de que el también nos abandone a nuestra suerte, como lo han hecho todas las personas que amé en que estuvieron en nuestras vidas, Aun cuando dice que no lo hará mi miedo es inminente.

Supe que Susan murió hace algunos días, su muerte fue muy tranquila, ella la estaba esperando, decía que su adorado esposo pronto iría a buscarla y la enfermera nos dijo que se fue con una sonrisa en el rostro. Ella supo que ya habíamos encontrado a nuestro tío, lo que le dio mucha alegría antes de partir, aunque Meg y yo estuvimos muy desconsoladas en estos días, tanto que tuve que posponer mi viaje a Montesano por unos días, Megan no quería que Ángel la viera llorar todo el tiempo, estaba muy mal, así que nuevamente hice de tripas corazones y me encargue de llevarlo a sus terapias donde he podido conocerlo a este hombre mucho más.

No sé lo que me pasa con él, ¡No quiero que nos deje! Varias veces nos ha insinuado que piensa hacerlo, quiere recuperar su memoria, le he dicho que ya no debe pensar en eso, sus pesadillas no auguran un pasado muy feliz, que haga una nueva vida a partir de aquí, como lo hemos hecho nosotras, ahora que estamos en esta ciudad y vamos encaminando nuestras vidas, pero por alguna razón, él se muestra taciturno ante la idea de dejar escapar por completo su pasado.

Me despierto en la noche pensando que podría hacer para que Angel no nos deje, es un hombre tan guapo, aun con una pierna en mal estado, y se ve que es un hombre cabal y serio, es todo lo que necesita esta pequeña familia de hermanas que ahora también le pertenece.

Me acerco a su habitación silenciosamente y lo veo dormir, pienso que mi hermana no pudo darle un mejor nombre… Angel… si, definitivamente si los ángeles existen de seguro él sería uno de ellos. Su cuerpo es atlético y bien definido, su cabello de un color castaño cobrizo muy hermoso, y sus ojos aunque ahora los tenga cerrado son de un hermoso color grisáceo y su boca… ay su boca es tan carnosa y tan provocativa… sin darme cuenta me acerco a su cama lentamente me siento en un lado y le doy un beso en los labios mientras duerme.

Angel se despierta casi instantáneamente.

— ¿Qué diablos haces, Lucy? —Me dice con una expresión de susto e intriga.

— Lo siento Angel, es solo que no sé qué decir… — le digo intentando explicarme, pero la verdad es que ni yo misma sé que hago aquí, creo que este hombre me gusta. ¡Me gusta! De repente puedo ver la rabia en sus ojos.

— ¡Largo de aquí, Lucy! Esto no es correcto ni para ti ni para mí. — Me dice en un tono de voz que no atiende replicas.

—Pero… —de mis ojos empiezan a salir lágrimas, nunca me había pasado algo así. No puedo decir una palabra más y solo le miro a los ojos, llenos de dolor y rabia.

— ¡Yo no puedo tener ese tipo de relación contigo, Lucy! ¡Somos familia!, además yo jamás podré corresponderte como tú quieres y eso no es justo ni para ti ni para mí. —Me dice. — ¡Lucy, mírame! —Me dice de manera más calmada, yo hago lo que me pide, aunque la vergüenza que siento en estos momentos es indescriptible. — Para mí eres como una hermana… tú y Meg son como mis pequeñas hermanas a las que siento que debo proteger, pero nada más.

Mis lágrimas se intensifican, por primera vez en mi vida creo que me he enamorado de un hombre y en el mismo momento en que lo descubro soy vilmente rechazada. Es horrible sentirse así, por supuesto que antes me sentí rechazada por las personas, aunque ahora era diferente. Él en verdad me importa.

Me levanta de la cama y corro hacia mi habitación pero sin querer le empujo en su pierna haciendo que él grite de dolor, creo que muy similar al que estoy sintiendo ahora, me voy a encerrar en mi cuarto cuando veo que Meg sale de la suya y se acerca a mí.

— ¿Qué ha pasado, porque está gritando? — me pregunta asustada.

— Creo que se lastimo la pierna cuando intento moverla. — Le digo. — Será mejor que vayas a ayudarlo y le pongas uno de esos calmantes.

— ¿Y tú porque estas llorando?— Me mira con asombro.

—No es nada, son solo cosas mías, por favor Meg. ¡Ponle ese maldito sedante y has que se duerma! —Le digo furiosa por su rechazo.

Me dirijo a mi habitación y me encierro en ella, me tiro en la cama a llorar por la vergüenza y el rechazo que siento en estos momentos. Unos minutos después no oigo más los gritos e Angel. Meg debió haberle puesto la inyección como le pedí. Pienso en todo lo que ha pasado desde que llegamos a este país, sé que hicimos mal en quedarnos con Angel y engañarlo y ahora me siento tan avergonzada de haberle mentido y tan avergonzada de sentir que lo quiero. Él ha sido honesto conmigo, eso no lo puedo negar, en cambio yo y Meg no lo hemos sido del todo. Le hemos brindado nuestro apoyo incondicional pero no le hemos dicho toda la verdad.

Unos minutos después Meg toca la puerta de mi cuarto y yo me levanto para abrirle.

— ¿Me vas a decir que ha pasado? ¡Saliste de la habitación de Angel como alma que lleva el diablo!

— ¿Él te dijo algo?

— ¡No!, pero no paraba de maldecir por el dolor y por estar en esa condición. —Me dice. —Tuve que ponerle una dosis fuerte para que pudiera dormir…

—No es justo lo que estamos haciendo con él, Megan . —Le digo. — Creo que ha llegado el momento de decirle toda la verdad acerca de lo ocurrido con su accidente. —Le digo tratando de serenarme y limpiando mis lágrimas.

Ella me ve asustada.

— ¡No sé cómo reaccionará cuando se lo digamos! —Me dice.

— ¡Querrás decir que no sabes cómo reaccionaras cuando tú se lo digas!

— ¡Yo no puedo hacerlo sola, Lucy! Tengo miedo a su reacción. — Dice Meg

— ¡Ya basta! —Le digo furiosa. — Eso debiste pensarlo cuando armaste toda esta charada… y yo de imbécil te seguí el juego. Ya no estoy dispuesta a hacer el trabajo sucio por ti, Meg. ¡Tú deberás decírselo y lo harás mañana mismo!, mientras me voy a Montesano.

— ¿Te iras mañana?

—Sí, lo haré a primera hora antes de que se despierte, voy a necesitar que me lleves al terminal. —Le digo. —Pasare unos días allá, mientras tú te encargaras de Angel y también de los trabajos del local.

— ¡Pero yo no sé hacer nada de eso! — Me dice Meg asustada.

— ¡Pues aprendes! … Ya me cansé de llevar este barco yo sola y ahora tú vas a tener que remar junto conmigo si no quieres que nos hundamos las dos. De seguro una vez que sepa la verdad no querrá saber nada de nosotras. —Le digo. Nunca le había hablado de esa manera, pero no puede seguir aferrada a mí. Sí que puede ser fuerte cuando quiere, y ahora deberá hacerse de la misma fortaleza para enfrentar los problemas que se nos avecinan. —Ahora vamos a tratar de dormir, mañana nos espera un largo día para ambas. —Le digo y la saco de mi habitación para seguir llorando a solas.