¡Hola que tal chicas! Antes de que comiencen a aventarme tomatazos por la tardanza les pido una disculpa, digamos que los exámenes y trabajos finales me dejaron el cerebro más seco que una pasa añejada. Pero ya ven, aquí ando de regreso. Les mando un saludo muy grande a todas las que siguen esta historia y gracias a todas por sus reviews n.n!

Aclaro que ni Tokyo Mew Mew ni sus personajes son de mi autoría.

Sin más las dejo con el siguiente capítulo esperando que les agrade.

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Capítulo 10

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Rayos de luz y oscuridad

La luz del sol que pasa a través de mis parpados, rastros de las lágrimas derrochadas se evaporan poco a poco bajo aquellos tenues rayos de calor sobre mi rostro, calor tan tibio y agradable como el que emana de aquel cuerpo al que me aferro irremediablemente, fundiéndome y aspirando su pesado, áspero y arrogante aroma que lucha por introducirse hasta la última fibra olfativa de mi ser… aquellos brazos firmes y seguros que me acorralan, me protegen, me retienen y se aferran a mí, ya como salvavidas, ya como cadenas…

Hundo mi rostro en su playera intentando esconder con ello la amarga desesperación y vergüenza que me carcome. Siento el suelo debajo de mí, la calma del aire y el murmullo del bullicio de una ciudad que apenas despierta, sé que hemos llegado, que se supone que ahora estoy a salvo, a salvo de la gravedad, es cierto, pero no a salvo de mi misma, de mi mente… Me aferro a su espalda como sí ello fuese mi garantía de seguridad.

-Hemos llegado Koneko-chan.- Me susurra en un ronroneo- Hemos llegado a casa.

Me separo de él bruscamente dándole la espalda, intentando ocultar con ello mi turbación. Observo alrededor de mí buscando un indicio que me diga el lugar donde me encuentro, y de pronto un par de recuerdos aclaran todo para mí.

-Es tu casa…

-El lugar al que puedes venir cada que lo necesites.

Su casa, mi casa… intento ordenar un poco todo dentro de mí pero mil y un pensamientos me asaltan, no quiero quedarme allí, no con él, pero… tampoco es como si tuviese un lugar al cual regresar. Paso mi mano derecha sobre mi hombro izquierdo y la bajo lentamente hasta llegar a la muñeca, acaricio el vendaje, juego un poco con una que otra hebra, y con la mirada clavada en el suelo me quedo así por un par de segundos que para mí representan horas y días. ¿Ahora a dónde voy a regresar…? El tosco tacto un par de uñas sobre mi mejilla me hacen retroceder un par de pasos, sé que es Kisshu pero no puedo evitar rechazar su tacto, baja la mano y yo sin saber qué hacer intento forzar una sonrisa que ambos sabemos fingida.

No soy feliz con su proposición, no soy feliz intentando aceptar su casa por hogar, no soy feliz con él, a pesar de que mi mente me dice que debería estar feliz de tener por lo menos una persona a mi lado.

Él, con su mirada clavada en mí, siempre en mí, estira su mano invitándome a tomarla, y yo, sin saber cómo, logro hacer caso a su petición. Me lleva casi a estirones al interior de la casa, y yo, con el corazón acelerado y el paso pausado y forzado, le sigo sin decir una sola palabra. Me ofrece una silla que yo no acepto, prefiero quedarme parada en medio de aquella cocina-comedor mirándolo fijamente como si no quisiese perder detalle de cada una de sus acciones, de cada uno de sus gestos. Abre el pequeño refrigerador semivacío y saca un par de bebidas enlatadas, una bolsa con panecillos, y una cajita con un extraño aderezo, lo único que hay en el refrigerador, abre la alacena y toma dos bolsas de sopa instantánea, echa agua en una tetera, prende la estufa y pone la tetera sobre el fuego. Deja hervir el agua y mientras esperamos a que la tetera nos avise que el agua ha hervido, él se recarga en el borde de la mesa-barra al lado de la estufa, cruza los brazos sobre su pecho y en completo silencio me observa.

Así pasan los segundos, los minutos, callados, inexpresivos, reservando cada cual nuestros pensamientos y sentimientos, mirándonos sin mirarnos, o tal vez, mirándonos de manera tan profunda que dejábamos de ver esa parte visible llamada cuerpo y nos perdíamos en el vació, intentando inútilmente llegar a la mente, el alma, el pensamiento del otro.

Así permanecimos, callados, y sólo el sonido de vapor escapándose de la tetera fue rompiendo el silencio poco a poco hasta que se volvió insoportable para ambos. Parpadeó un par de veces, me miró de arriba abajo, relajó los músculos de los brazos y la mandíbula -hasta ese momento no me había dado cuenta de la tensión que ocultaba su silencio-, apagó la estufa y en dos platos vació la sopa y el agua.

Me entregó las dos latas, dos pares de palillos y la extraña cajita con el aderezo, él tomó ambos platos y la bolsa de panes, y sin decir una sola palabra me hiso una seña con la cabeza para que lo siguiera de regreso al jardín trasero, le seguí hasta el patio, un patio amplio pero descuidado y con una pequeña terraza de madera sin ninguna silla a la vista, colocó los platos en el suelo de madera, se sentó sobre el filo y con un mudo gesto me invito a hacer lo mismo.

El silencio comenzaba a molestarme, era incomodo, extraño, como si fuese un silencio forzado, como si intentase mantenerse callado para no revelar por error algún secreto. Le mire un par de segundos, intentando encontrar alguna respuesta en la ausencia de sus palabras; me senté a su lado y tomé un panecillo untado de aquel desconocido aderezo, lo mantuve en mis manos, examinándolo fijamente pero en realidad buscando la manera de preguntarle a Kisshu que era lo que ocurría.

-Estás molesto… estás molesto por que rompí mi promesa ¿cierto?- Mencioné más en una afirmación que en forma de pregunta.

-No... No lo estoy.

-¿Entonces? ¿Qué ocurre?

-… -Sólo silencio y ausencia salió de sus labios.

-¡Kisshu! – Alcé la voz exasperada. Pero él no contestó nada más, se mantuvo en silencio, observando el vació, sosteniendo la increíblemente fría lata de soda en sus manos, como si no sintiese el frio mordiendo su piel, como si mi voz y mi presencia le fuesen lejanas, imperceptibles, o como si simplemente hubiese decidido refugiarse en algún rincón de su mente, lejos muy lejos de este lugar. Como si estuviese ausente.

Y entonces, mecánicamente, sin siquiera voltear a verme volvió a susurrar:

-No… no lo estoy. – me miró de forma rápida, de soslayo. Bajó la vista y antes de volver a perderlo rectifiqué, más para mí que para él.

-Estás molesto porque rompí mi promesa, por que salte del puente, porque los defraudé a todos…

-Honey… -Me interrumpió dulcemente pero los pensamientos habían encontrado mi boca y como una avalancha parecían imposibles de controlar o callar.

-… por que no pude ser fuerte, porque te traicione, estás molesto como todos lo están, por tener que cargar con alguien tan absurda y patética como yo ¿¡Por qué tengo que ser tan patética!? ¿Ya ves? ¡Ahora vuelvo a llorar y a ser una carga para ti!

-Koneko!

-Y no dejo de pensar en que… en que si tú no hubieses llegado, si hubieses tardado un segundo más, yo ahora mismo estaría muerta, tirada en las aguas de ese río frio y violento. Ya no existiría, y ya no sería una carga para nadie… y eso es lo que más deseo, no ser un maldito cuerpo estorboso y…

-¡Ichigo! – Esta vez no era Honey ni Koneko, esta vez solo era Ichigo, su voz había sonado fuerte, dura, como quien grita un "¡Basta!" o un "¡Alto!" cuando siente el peligro o la amenaza cerca.

Baje la vista, me encogí de hombros y ocultando el rostro susurre bajando la voz cada vez más:

-… pero… al mismo tiempo, al pensar en la muerte y en ese río…. Me da miedo y… y me pregunto ¿Qué hubiese ocurrido si no me hubieses salvado?

Kisshu estiro su mano, y poniendo sus fríos dedos sobre mi boca comenzó a hablar con inusitada calma.

-No has defraudado a nadie más que a ti misma, lo que has hecho no son más que decisiones que en un momento te parecieron las únicas posibles a tomar… sin embargo, si creíste que la muerte era tu última opción es porque no recordaste que tenías personas en las cuales confiar, nos alejaste de ti para no ser una carga, pero, tu nunca has sido eso, los seres queridos jamás se convierten en eso, y en el caso de que realmente se convirtiesen en una carga, serían una carga que vale la pena llevar. No me has decepcionado, no creo que hayas decepcionado a alguien, en todo caso, somos nosotros los que nos decepcionamos de nosotros mismos por no haberte escuchado, por no haberte apoyado. Debiste confiar en nosotros, debiste confiar en mí… abemos personas que te amamos ¿Sabes? … Y otra cosa más… deja de lamentarte y culparte por cosas inútiles, no te "salve" para que desperdicies tu vida llorando y pensando en esas cosas absurdas. Tú no eres patética, sólo estas asustada…- y con una picara pero cansada sonrisa agregó- y si alguien se atreve a mentirte y decir que eres patética, dímelo y le parto la cara… es enserio, no bromeo.

-Asustada… -Reflexioné-… ¿tú no lo estarías? Veo hacia adelante y no puedo evitar preguntarme ¿Ahora cómo seguiré adelante? ¿Ahora qué camino seguiré? ¿Qué haré?

- Seguirás adelante.

-¿Cómo lo sabes?

-Sólo lo sé

-No lo entiendes, es que, siempre está ese temor, esa vergüenza, ¿cómo miraré a mis padres, a mis amigos? ¿Y si alguien se entera… cómo podré mirarle a la cara sin enrojecer y avergonzarme? Y aun dejando eso de lado, está ese sentimiento de vació, de no saber qué hacer…. ¿Alguna vez te ha pasado? No, no lo creo.

-Ellos lo entenderán Honey, tus padres, tus amigos… lo harán. Y… sí… sí he sentido ese vacío.

-… ¿Y qué pasó?

- Fue hace mucho tiempo, cuando llegué a este planeta, para ser exactos, por aquel entonces perdí el interés en todo, incluso mis motivos comenzaron a parecerme absurdos, es más, la existencia finita del ser humano y los cyniclons me pareció deprimente, como si se tratase de una cruel broma de la casualidad, criaturas creadas por la casualidad de la evolución, destinadas a existir en un segundo de la eternidad; criaturas patéticas que se desgastan en crear y destruir, sufrir y hacer sufrir, vivir aceleradamente a costa del resto, todo para después sucumbir a la muerte y desaparecer para siempre. Y… al final de todo ¿¡Qué fueron?! ¡Un suspiro de la infinita casualidad! La unión casual de un ovulo y un espermatozoide –porque tengo entendido que así les llaman por aquí-. En ese entonces creí que no valía la pena una existencia tan insignificante y efímera como la vida humana o la vida de un cyniclons. No solo perdí de vista el camino que en un inicio deseaba seguir, sino que incluso me pregunte cual era la razón de mí existir. Entonces… te conocí.

Un largo silencio se produjo entre los dos y yo sin saber que decir me quedé mirándole, esperando, deseando que no me hiciese hablar, y como si leyese mi turbación en mis ojos, continúo.

-Tal vez por eso me obsesioné contigo. Porque en realidad eras y eres lo único que me ata a esta vida tan aburrida e insignificante.

-¿Por eso me salvaste? –Pregunte con un manojo de sentimientos contradictorios que bien se podían percibir en la voz, mitad indignada, mitad sorprendida. A decir verdad no sabía si tomar aquello como un alago, como algo preocupante o como un desengaño. En realidad no estaba segura de que hubiese alguna respuesta satisfactoria a mi pregunta, y por su expresión estaba claro que él lo sabía.

-No y sí… -confeso causando más confusión en mi.- En realidad no pensaba salvarte – admitió – solo me arrojé tras de ti. Salvarte… no era mi plan. Pero… cuando te abrase y sentí tu miedo y tu arrojo; tu valentía e imprudencia; cuando sentí la vida que emanaba tu cuerpo, no pude más que envidiar a la muerte y desear negarle tu presencia. Te salve por celos, por celos a la muerte.

Parpadee un par de segundos sin lograr comprender lo que intentaba decirme, su dialogo permanecía dentro de mi mente, pero como una oración de alguna lengua desconocida que se repite y se repite sin llegar a comprenderse del todo. "Salvar por celos" ¿Es que acaso es eso posible? No sabía si romper en risa o ceder al enojo. No hice nada, solo le observe.

-Además no soporte ver como lo más importante, perdona, corrijo, lo único que me importa a mí en esta vida, se arrojaba a la muerte como si se tratase tan sólo de un desperdicio que se tira a la basura. Por eso me enojó tu carta.

-Espera un segundo… ¿Leíste mi carta?- Si él la había leído el resto también. O peor aún él las pudo haber leído. La angustia pasó a ser desesperación, y ésta a su vez, en enojo e ira.

-Más que una carta Koneko, era una burla, "Se feliz", si claro, bonita instrucción de parte de un suicida, y peor aun cuando el suicida es la vida entera para esa persona. Hubiese preferido una instrucción como "córtate los…"

-¿Y el resto? ¿También las leíste cierto?

-No ¿por qué? ¿La de tu ex novio si decía algo así?

-¡Ho! ¡Si la leíste!

-¿Hablas en serio? Debí de entregársela en ese caso.

-¡Qué! No, es decir, jamás le diría algo así a Aoyama. ¿Las leíste o no? ¡Ho por dios, mira tu cara!, está claro que te diviertes… ¿ya no me respondes? Claro, después de todo no dejas de ser un pervertido acosador. Existe algo llamado "respeto" y otra cosa llamada "¡PRI-VA-CI-DAD!"

-¡Hey! ¡Honey! Cariño, seré un acosador pero no dejo de tener sentido de la privacidad…. bueno que en ocasiones lo rompa no significa que no sepa lo que significa la palabra. Ten, están intactas, ¿lo ves? Ahora me debes una disculpa.

Tome las cartas en mis manos revisando los sobres en busca de rupturas o posibles trucos, sin embargo, era real, estaban intactas, la sangre acudió rápidamente a mi rostro, avergonzada por haber dudado de él, sin embargo, aún me parecía muy difícil confiar en él.

-¿Qué decían esas cartas que tanto te molesta que llegue a leerlas Koneko?

-No te incumbe- Respondí secamente al tiempo que las doblaba y buscaba donde guardarlas, entonces, al no encontrar bolsa alguna me percate de mi vestimenta. Jamás sentí tanto calor en el rostro antes, tan sólo llevaba dos batas medicas sobrepuestas, una amarrada por detrás y la otra por delante, y sin embargo, ambas ligeramente transparentes y llamativamente cortas.

-¿Sucede algo Koneko?–Preguntó burlonamente Kisshu, casi en un ronroneo, provocando un mayor enrojecimiento- De pronto luces… acalorada.

-¡Cállate!- Chille haciéndole reír maliciosamente.

-Creo que es hora de que te quites esos harapos - Un escalofrío recorrió mi espina dorsal, horrorizada por el comentario, aunque esto último lo había dicho ya sin malicia ni burla.-Realmente luces bien Koneko, pero, sinceramente, las chicas en batas de hospital no son mi tipo. Es hora de regresar al hospital, además, hay algo que debes saber.

Sólo por un instante una sombra de seriedad y preocupación nublo su semblante, pero al instante recobró su buen ánimo, haciendo nuevas bromas llenas de picardía, como si intentase levantar una máscara con aquellos intentos de buen humor. Al instante comprendí que no todo estaba bien, y que ese "algo" no era en lo absoluto algo bueno. "Algo que debes saber" sus palabras resonaron en mi mente como un eco, y a pesar de que él continuó hablando sobre otras cosas, yo no le presté más atención. "Algo que debes saber"

-¿Qué es?

-¿Qué es qué?

-¿Qué es lo que debo saber?- Pregunté derrumbando su máscara de tranquilidad en un instante, él no esperaba que hubiese prestado atención a aquellas palabras y a su fugaz desliz, no esperaba que me interesase por ese "algo" que debía saber.

-Ichigo, creo que debes esperar a llegar al hospital.

-¿Por qué debo esperar? Dímelo tú- Insistí, impaciente, intentando adivinar lo que aquello significaba.

-No creo que deba ser yo quien te lo diga. Yo…. no, no puedo.

-¿No puedes? … ¿o no quieres?- Mil y una posibilidades me venían a la mente.- ¿Mis padres están bien? – Con desesperación comencé a interrogarle- ¿Les ha ocurrido algo? – Un ligero gesto negativo en su rostro, no eran ellos, entonces…. – ¡Aoyama! ¿Él está bien?

-¡Deja de pensar en el resto! –Vociferó iracundo –Se un poco egoísta y piensa en ti por una vez.

-…Entonces… qué ocurre conmigo…- quise gritar pero sólo salió un susurro en un quebranto de voz. "No, no puede ser eso", repetía una y otra vez dentro de mi aquel miedo incesante, intuyendo, casi adivinando y negando a un tiempo el hecho de que mis temores podían ser reales. Desesperada, en un hilo de voz susurre implorante- ¿Qué me ocurre?

Kisshu me miró un instante, bajó la vista y perdió la mirada en el suelo, negándose a responderme, a mirarme siquiera. Evitando dar respuesta alguna.

-Kisshu…

-Yo… lo siento… -comenzó a disculparse, buscando evasivas.

Me incliné buscando su rostro pero él volteó hacia el lado contario, desesperada le tome de la barbilla haciéndole voltear y elevar el rostro hacia mí, le miré a los ojos en busca de alguna respuesta, más sólo encontré en ellos dolor y amargura. Mis ojos se nublaron y aquel nudo en la garganta comenzó a asfixiarme, cada minuto de silencio me mataba, cada segundo de su silencio me era un tormento. Y sin embargo el seguía terco en su voto de silencio. Me miró y nuevamente, zafándose de mis manos me negó su rostro y con ello las respuestas que con tanta urgencia necesitaba conocer. Tome nuevamente su rostro entre mis manos pero esta vez no puede moverlo un solo centímetro. Una extraña sensación en mis manos me hiso estremecer, de pronto estaban calidad y húmedas.

-¿Tu… estás llorando?- Susurré sin creer lo que decía. Era imposible, Kisshu… llorando.

En su rostro se leía ese gesto que yo bien conocía, odio, rencor e impotencia, lágrimas de rabia. Me observó a los ojos de soslayo y en una fracción de segundo los desvió a mi abdomen, aquel sencillo gesto, unido a sus lágrimas fue lo único que necesité para comprenderlo todo.

-¿Estoy… embarazada… cierto? –Susurré más en una afirmación que en una pregunta.

Se levantó de su lugar como si repentinamente le hubiesen puesto fuego, e iracundo asestó un puñetazo a uno de los árboles del jardín. Le miré alejarse, sin saber que pensar o sentir. Intente levantarme. Pero todo a mí alrededor se había vuelto retorcido y difuso; y las imágenes, ahora borrosas, se alejaban de mí. Intenté llamarlo, pero ya no tenía voz. Repentinamente el día se convertía en oscuridad, tragándolo todo, incluso mi voz. Kisshu volteo. Su rostro era lo único ya visible para mí, y ese rostro alarmado, inició a gritar algo que no fui capaz de oír, su imagen se alejó poco a poco perdiéndose en la oscuridad que se apoderaba de todo a mí alrededor. Intenté alcanzarle con la mano, pero mi cuerpo no respondió. La oscuridad me consumió.

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Espero que les haya gustado el capítulo n.n! Les agradesco a Love Kisshu, The Saku, Yue Minamoto, Ichigo Love Kisshu, Caro y un anónimo por sus reviews, n.n les mando un gran saludo y bienvenidas a aquellas que recién empiezan a leer el fanfic, me alegra que les esté agradando esta historia trágica y cruel y espero nos puedan seguir acompañando en este fanfic n.n!

. Y pues, en vista de que me desaparezco y no doy señales de vida, y de que este capítulo estaba programado para mediados de mayo… he decidido publicar el siguiente capítulo ya mismo, de esa forma cuando vean este capítulo no tendrán que esperar nada para el siguiente.

Bueno pues, sin más que decir, yo las dejo esperando que el siguiente capítulo también sea de su agrado n.n!

Recuerden, tomatazos, saludos, sugerencias, comentarios y dudas en los reviews n.n!