Título – I Found Your Diary
Autor – Fiver
Disclaimer – Beyblade pertenece a Takao Aoki y la historia I Found Your Diary a Fiver, quien amablemente me permitió traducirla.
Este capítulo va dedicado a: Haro Kzoids. Muchísimas gracias por tus palabras, de verdad necesitaba a alguien que me ayudara en esos momentos. Y a PPBKAI, quien me ha apoyado mucho todo este tiempo.
A los demás, también muchas gracias por leer y por sus reviews. Ojalá hayan pasado unas buenas fiestas en compañía de sus seres queridos y que en este año que está comenzando les vaya muy bien. Por mi parte les mando mis mejores deseos. ¡Gracias por todo!
I Found Your Diary
Capítulo 10
La mayor parte del camino hacia el parque ellos no hablaron. Kai permaneció en silencio por un arranque de necedad, y Tala aún seguía viajando felizmente en la Nube Nueve, así que no se molestó en iniciar una plática sin importancia. Como sea, él comenzó a molestarse con el otro chico caminando tres pasos tras él, por eso disminuyó su paso para que no tuviese otra opción más que alcanzarlo.
–Tu cara se ve mejor –comentó cuando estuvieron alineados, indicando los moretones que se desvanecían. El vendaje también había sido removido, revelando una herida que estaba sanando en su mejilla. Por supuesto, los triángulos azules permanecían ahí, cuidadosamente aplicados para evitar cualquier herida abierta.
–Sano rápido –replicó secamente, arrastrando ligeramente los pies.
Justo cuando pasaron por las puertas del parque, el teléfono celular de Tala sonó desde du mochila de deportes. Él la desabrochó velozmente y esculcó su interior, eventualmente localizando el aparato. Miró el número marcado y frunció el ceño.
–¿…Qué sucede? –inquirió Kai mientras el teléfono seguía zumbando.
–Es mi papá –dijo, mirándose sorprendido.
–¿Quieres decir que tus padres no siempre te marcan para revisar cómo estás? –preguntó, alzando las cejas con fingida admiración.
–No, y menos tras una partida de futbol –se rió –, hace un lindo cambio.
Abrió el teléfono y lo puso en su oído mientras continuaban caminando.
–Papá, hola… –comenzó.
–No puedo hablar mucho, las tarifas internacionales de celular son una extorsión –el Ivanov mayor lo interrumpió–. Escúchame: los Jurgen tendrán una cena hoy, para celebrar que su hijo Robert entró a una renombrada escuela de medicina. Te quiero ahí, Tala. Son una familia bastante influyente; si estás bien relacionado con ellos mejorarás tus oportunidades de entrar a una escuela de medicina.
–Pero papá…
–No hay peros. Esperan que estés ahí a las siete y media. No lo arruines.
Hubo un clic cuando su padre colgó sin ni siquiera despedirse.
Gruñó furioso y aventó su teléfono de regresa a la maleta (después de analizar un poco la idea de arrojarlo al estanque más cercano). Entonces comenzó a avanzar rápidamente, no queriendo mirar a su acompañante, porque –como su padre pertenecía a la generación que creía necesario gritar cada palabra que decía a través del celular– él, indudablemente, había escuchado la conversación completa.
–Así que… una escuela de medicina –remarcó el dicho acompañante, alcanzándolo–. Eso suena divertido.
–¿Eso crees? –contestó sarcásticamente.
Si lo hubiera estado mirando, hubiese visto la sorpresa que cruzó por la cara de Kai debido a su tono grosero.
–No realmente –respondió.
–Bien, porque yo tampoco –añadió el pelirrojo, ar4rojando su mochila debajo de un árbol cercano.
–¿Entonces tú por qué…?
–Porque él dice que lo haré, ¿de acuerdo? –soltó, observando al otro con hielo en sus ojos azules–. ¿Sabes?, cuando tenía doce aún no había decidido mi carrera, así que él decidió por mí.
Kai lo contempló solemnemente por un momento.
–¿Y estás bien con eso? –preguntó al fin.
–¡Por supuesto que no! –espetó, recargando su cabeza en el tronco del árbol–. Es sólo… bien, aún no tengo mucha idea de qué es lo que me gustaría hacer… así que tal vez es mejor hacer meramente lo que me dicen. Al menos me da un sentido de dirección.
–¿Pero cuál es el punto en ir en una dirección que sólo vas a odiar? –Kai dijo en una voz que, por única vez, no era ni fría ni sarcástica–. A nuestra edad mucha gente no sabe qué va a hacer de sus vidas. Y cualquiera que lo sabía a los doce ha perdido su infancia demasiado temprano. Si tú no sabes… eso no te hace débil o irresponsable. Eres un estudiante, ¿no? Sólo concéntrate en tu pequeño mundo escolar, y las cosas se desarrollarán desde ahí.
Hubo una pausa.
–¿Estás intentando hacerme sentir mejor, Kai? –inquirió al fin, una pequeña sonrisa suavizando sus facciones. Kai le dirigió una mirada asesina y volteó a otro lado.
–Bueno, gracias de todos modos –dijo–. ¿Qué hay acerca de ti? ¿Tienes alguna carrera futura en mente?
–No –replicó firmemente, pateando una piedra suelta.
–Te ves terriblemente seguro acerca de ello –comentó el pelirrojo.
–Al igual que tú.
–Bueno, sí, pero… tú suenas determinado en no saber.
–¿Qué te he dicho de entrar en mi cabeza?
–Oh, vamos… ¿es algo vergonzoso? –pretendió quedarse sin aliento–. Oh, ¿algo sucio?
Kai lo volteó a ver, el shock y el enojo batallando por dominar en su usualmente pasivo rostro.
–No –dijo una vez que había recuperado su voz.
–Bien, por lo menos, eso es un alivio. Así que, qué, ¿sólo quieres permanecer siendo un adolescente para siempre?
Kai pateó otra piedra, más salvajemente esta ocasión.
–No siempre fui así, ¿sabes? –contestó–. Hubo un tiempo en el que era un reservado estudiante de dieces, justo como tú. Nunca causaba ningún problema.
–Wow –dijo, aplicando la técnica de chico-listo para cubrir su sorpresa–, ¿qué fue mal?
–Muchas cosas –dijo vagamente–. Lo primero y más importante, me di cuenta de que no servía de nada. La escuela te arranca la vida, hasta que estás callado, conforme y sólo otro adolescente para ser llevado a la universidad. Necesitaba escapar, mientras aún tenga la mente para hacerlo. ¿Cómo lo puedes soportar? ¿No te sientes como si quisieras mandar todo al demonio? ¿Volverte loco sólo por un día?
Caminó una corta distancia y ahora permanecía con su espalda hacia él. Tala lo miró tristemente por un momento. A pesar de lo que había dicho, tomaba más que sólo un repentino enojo contra el sistema hacer que un estudiante modelo dejara pasar todo por lo que había trabajado tan duro.
–Creo que rebelarme no es algo que haya cruzado mi mente –respondió finalmente.
–Por supuesto que no… –replicó Kai–. Tú no eres ese tipo de persona, ¿o sí? Tú necesitas la escuela, porque necesitas pasar tus exámenes para entrar a la universidad y tener un buen trabajo y sólo generalmente ser uno de los altos y todo poderosos miembros de la sociedad. No puedo hacer que me preocupe por ese tipo de cosas, aún si lo intento.
Tala sacudió su cabeza y suspiró, tirándose en el suelo bajo el árbol.
–Auch… –se quejó debido a que la acción recayó en su pierna lastimada. Kai también suspiró y se sentó junto a él.
–Idiota –le espetó–, ¿por qué no estabas usando espinilleras?
–Je, me molestan –dijo encogiéndose de hombros, retirando con cuidado el vendaje para exponer la herida sangrante.
–Apuesto que no te hubieras quejado de ellas hoy –remarcó, mirando las cortadas–. Lindo.
–Adorables, ¿no? –comentó, apretando sus dientes mientras arrancaba el vendaje completo pero frunciéndose del dolor al mismo tiempo.
–Te lastimó muy mal –comentó Kai–. ¿…Por qué no lo heriste de vuelta?
–Los derroté –dijo encogiéndose de hombros de nuevo–, creo que eso era suficiente.
–No me salgas con eso –dijo fríamente–. Eso es la políticamente correcta respuesta de un profesor. Nada de lo que me digas me puede ofender, y creo que sabes que no divulgaré tus secretos.
Tala frunció el ceño, mirándose confundido, antes de sonreír levemente.
–Realmente no puedo decirte nada, pequeña tía-agonía Kai –se rió suavemente. La cara del otro se volvió completamente roja, ya fuera por furia o por vergüenza, él no lo podía decir.
–Bueno, no es que fuera a hacer algo para resolver tus estúpidos problemas –dijo orgulloso–, y, de todas formas, tampoco es como si me importaran.
–Oh, pero te importa, porque si no, tú no hubieses preguntado –señaló, moviendo un dedo–, así que aunque fuese sólo un poquito, te importo, y eso significa que tu coraza se ha ido.
–No, eres un estúpido, no me importa.
–Sí lo hace, porque quieres saber.
–No, no quiero. No quiero saber nunca más.
–Oh, vamos, no seas tan amargado.
–Cállate.
–¡Pero ahora quiero decirte!
–Qué mal, no estoy escuchando.
–Vamos, en lo profundo de tu pequeño corazón de piedra sabes que quieres saber.
–No, no quiero.
–¡Bien, te lo diré de todas maneras! –anunció, tirándose en su espalda.
–Genial… –murmuró Kai, acercando sus rodillas a su pecho y envolviéndolas con sus brazos. Tala se rió de nuevo y miró la frondosa copa del árbol sobre ellos.
–No lo herí de regreso… –dijo lentamente, aún mirando firmemente hacia arriba–, porque no está en mi naturaleza venir en mi propia defensa. No lo veo como algo importante. Sí, así que si alguien me lastima, qué. ¿Sabes? No es… algo relevante…
–Tu equipo se veía bastante enojado por eso –el otro dijo, serio de nuevo–, y los animadores.
–Sí, pero… sólo porque soy parte del equipo. No porque soy yo. Realmente… no hay ningún mérito… de ser yo.
–¿No te ves… como lo suficientemente importante… para ser defendido? –preguntó Kao, moviendo su cabeza a un lado para mirarlo. Tala parpadeó antes de sonreírle.
–Por cierto, deberías sentirte honrado –comentó–, no le he dicho esto ni a mis amigos más cercanos.
–¿Entonces por qué me lo dices a mí? –cuestionó, levantando una ramita y raspándola en la tierra.
–Hmm… ¿quizá porque me importas tan poco que lo que sepas no tiene relevancia para mí?
–Ok –replicó, como si fuese la respuesta que, de hecho, esperaba escuchar.
–Estaba bromeando, tú pequeño nómada sin amigos –aclaró, arrojando una pequeña piedrita hacia él–. No sé por qué te estoy diciendo esto. Sólo sentí que debía hacerlo. Demonios, no sé, es sólo que hay algo acerca de ti…
–Estás sonando estúpido de nuevo –el chico bicolor dijo huecamente, negándose a verlo a los ojos.
–Estás sonando avergonzado de nuevo.
–Cállate.
Se gruñó a sí mismo y rodó para que su espalda estuviera encarando a su obstinado compañero, y entonces rodó de regreso de nuevo para mostrar que, de nuevo, sólo estaba bromeando. Kai lo miró sin mucho interés.
–Te vas a ensuciar ahí abajo –señaló.
–Pft, bueno mi uniforme no estaba exactamente en excelentes condiciones tras el partido –respondió, sentándose e intentando sacudirse–. De todos modos, ¿estás listo para comenzar este partido o qué?
–No quiero.
–Excelente, comencemos –dijo, como si el otro chico hubiese contestado afirmativamente. Se paró y agarró la muñeca del otro. Por supuesto, se intentó resistir, pero evidentemente Tala había estado esperando que lo hiciera, puesto que lo sostenía firmemente.
–Ahora conozco todos tus trucos, Hiwatari –dijo divertido. Kai observó el piso.
Tala parpadeó ligeramente cuando se dio cuenta de qué tal fácil podía sentir los huesos del otro debajo de su piel y la carne de su brazo.
–Eres delgado –dijo jalándolo para que se parara.
–Sí, ¿y qué? –murmuró, finalmente arreglándoselas para liberar su muñeca.
–¡Y eres pequeño también! –exclamó Tala, tratando de no reírse. Normalmente, cuando veía a Kai caminado por la escuela y como el otro chico caminaba tan alto y orgulloso era difícil juzgar su verdadera estatura. Como sea, justo ahora él permanecía en una postura más informal, y podía ver que era al menos unas pocas pulgadas más pequeño que él.
–No lo soy –espetó molesto, observándolo con odio.
–De acuerdo, no eres pequeño –concedió–, pero eres más bajo de lo que aparentas a primera vista.
Por un momento Kai pareció tentado a parearlo en la espinilla (probablemente sobre sus presentes heridas) pero, como siempre, se las arregló para controlar su carácter.
–Sabes, puedes gritarme a veces –le dijo Tala, sacando de nuevo el balón de futbol de su mochila–. Si quieres hacerlo.
–Siempre quiero hacerlo –gruñó, cruzando sus brazos. Talase rió despreocupadamente, una acción que le sorprendió aún a él mismo.
–Bien, hazlo –dijo abriendo sus brazos como invitándolo–. Grítame, pégame, vuélveme un pulpo. Será referscante al final.
Para su asombro, La expresión de Kai se volvió nerviosa.
–De todas maneras, ¿quién eres tú? –cuestionó, alejándose ligeramente–. Siempre que estás alrededor de mí, eres tan… despreocupado, tan malditamente idiota. Pero hoy… tu amigo me dijo que tú no eres realmente así. No te gusta la gente, los alejas de ti.
–Miren quién está hablando –reclamó, el humor se desvaneció.
–Pero yo no lo escondo –contestó–. ¿Por qué eres diferente cuando estás conmigo?
Atrapó su mirada con esos caústicos ojos carmesíes, y era un error mirar en ellos, porque una vez que lo hacías, no podías alejar la mirada.
–No lo sé… –murmuró–, ¿quizá porque tú eres diferente de la otra gente?
–No soy ningún tipo de fenómeno con el que puedes jugar para tu diversión –espetó.
–¡Eso no es lo que quería decir! –soltó –. ¿Por qué no escuchas, Kai? ¿Por qué jamás escuchas lo que estoy diciendo? Me oyes, pero no escuchas. ¿Por qué?
–¡Porque no tengo nada que ver contigo! –dijo en la voz más alta posible que él jamás lo había escuchado hablar–. Tú no me conoces, yo no te conozco. La única razón por la que estamos en el mismo lugar en el mismo momento es por el diario de un pobre imbécil.
Hubo un incómodo silencio por un largo, realmente largo momento.
–Eso es todo lo que hay para ti, ¿no? –Tala dijo finalmente–. Realmente no hay nada más allá del diario. Ni siquiera pudiste contemplar que el diario podía guiar a algo más, ¿o sí? No quieres considerar que alguien de hecho se interesaba por ti y que tú podías formar un nuevo lazo. Cosas como esas nunca vienen a tu cabeza, ¿o sí?
Kai desvió la mirada, la expresión en su rostro casi culpable.
–…Creo que no –Tala suspiró–. Bien, de acuerdo, como sea. Jugaremos a tu manera.
Pateó el balón de futbol por su enojo y lo mandó a volar al estanque más cercano. Sin importarle, se dejó caer bajo el árbol y jaló el diario fuera de su mochila.
–Siéntate –ordenó–, leeremos la maldita cosa.
El otro chico no obedeció. Se volteó y caminó lejos rápidamente, sin mirar atrás ni por una sola vez. Por un momento Tala estaba tentado a gritarle, pero cambió de idea. El niño era incorregible.
Abrió el cuaderno y encontró la entrada que medio había leído antes del partido. Encontró difícil concentrarse en la lectura, pero se forzó a hacerlo.
Demonios, el acercamiento científico es una farsa. Lloriquear y quejarse tiene más sentido que esto.
Quizá debería encararlo: Estoy atrapado con esta cosa. Probablemente para siempre. Puedo verlo ahora: yo, en veinte años, trabajando el turno nocturno en un 7/11, escribiendo mi pequeño diario, con la de Orientación viniendo a chequearme tan seguido (asumiendo, por supuesto, que siga viva para entonces).
Argh, realmente ya no soporto esto. Odio estar así, lo odio, lo odio, LO ODIO.
Puedo imaginar un profesor de Inglés analizando esto. "Ahora clase, noten cómo el escritor hace referencia al concepto de cambio… esto representa el miedo a la muerte, o quizá al calentamiento global, o tal vez al disgusto de cambiarse de ropa…" Odio cómo siguen. Escribí cambio porque quise decir cambio. Soy un fenómeno-rutinario. Todo debe ser así, o el universo explosionará. Por eso fue que El Accidente fue una impresión tan fuerte a mi delicado sistema: sacudió toda mi maldita rutina. Tal vez fue esto lo que más me molestó de él. Quizá de hecho soy así de superficial. Dios, ¿no podías concluir todo esto tú solo, parte derecha del cerebro?
Me duele mi cabeza.
Todo esto es un completo desastre. Quiero cambiar la manera en la que soy, pero tengo una fobia natural al cambio. Quiero dejar de escribir esta cosa, y para hacerlo, aquí estoy escribiendo. Acerca del cambio. Al cual odio. El cual necesito.
Mierda, la migraña está viniendo.
Sonrió secamente pero no pudo encontrar nada en él para reírse.
Se preguntó a sí mismo si es que algún día sería capaz de descubrir la identidad del autor. Si no daría ninguna pista externa, y si actuaba diferente en el "mundo real" de cómo se describía cuando escribía… bueno, ¿qué esperanza había?
Suspiró y cerró sus ojos, apretando el puente de su nariz mientras sentía un (más bien relacionado con el estrés) dolor de cabeza.
De repente, algo rodó y golpeó contra su rodilla. Abrió sus ojos de nuevo y vio que era un balón de futbol mojado. Parpadeó y se le quedó viendo sorprendido, pensando por un ridículo momento que éste había brincado desde el estanque y había regresado por su propia voluntad. Fue entonces cuando decidió que sería sabio mirar hacia arriba. Lo hizo, y fue saludado por la vista de su compañero en el crimen, intentando exprimir el agua de sus pantalones, los cuales estaban empapados hasta la rodilla.
–¿Tenías que patearla al estanque? –se quejó Kai–. Mis pies están todos húmedos.
Se quedó paralizado un momento, su vista alternándose entre el chico y el balón. Entonces procedió a estallar en carcajadas. Hacía mucho que no se reía tanto, y se sentía bien.
–Lo juro, Hiwatari –dijo entrecortadamente, señalándolo acusadoramente con un dedo–. Serás el culpable de que me vuelva loco antes de graduarme de la preparatoria.
–Pensé que ya estabas loco antes de entrar a preparatoria –el chico bicolor comentó asintiendo con su cabeza, sentándose a su lado.
Tala tomó el balón blanco y negro y lo giró en su dedo.
–¿Entonces esto significa que te importa? –preguntó bromeando. Kai roló sus ojos.
–Muy, pero muy poco, creo –dijo alzando los hombros.
–Creo que eso es una mejora –se rió.
Kai leyó la entrada del diario que él acababa de terminar, entonces una ligera brisa se alzó y comenzó a temblar.
–Vamos, pececito de estanque –dijo Tala divertido–. No habrá partido hoy, mejor vete a casa y cámbiate. Después de todo no puedes ir a una fiesta viéndote así.
Kai lo miró fríamente.
–¿Quién dijo que iría a la fiesta? –demandó.
–Oh, vamos, no puedes ser tan cruel de dejarme ir solo –se quejó burlonamente.
–¿Estás bromeando? –gruñó–. Tu club de fans entero estará ahí.
–Sí, pero ellos apestan.
–Espera… ¿no tenías un compromiso previo esta noche, Sr. Escuela-Médica? –cuestionó–. ¿Cena, Jurgens, montones de chicos ricos con cucharas de plata en sus traseros? ¿Cualquier cosa tocando una campanita?
–Oh, ¿creías que se me había olvidado? –sonrió mientras comenzaban a caminar por el sendero–. Nah, creo que sólo enloqueceré y me rebelaré. Puedo ir a comer la cena con algunos fresas ricos en cualquier momento. Ir a una fiesta adolescente con muchas bebidas toda la noche… esas oportunidades son menos frecuentes. Mis padres estarán lejos este fin de semana, haré lo mejor de él.
–¿Estás seguro? –preguntó Kai, casi impresionado–. Es decir… tus padres lo descubrirán.
–Lidiaré con eso cuando sea tiempo –dijo con un movimiento de mano–. Además, si no voy, ¿quién estará ahí para mantenerte acompañado?
EL chico bicolor suspiró.
–Realmente eres muy raro –dijo.
–¿Así que ya no soy un idiota? –preguntó esperanzado.
–No, eso también.
–Demonios, eso es muy frío. Bueno, tú también te acostumbrarás a mí, Hiwatari. Me has dado un poco de esperanza para ti, y lo lamentarás más de cualquier cosa que hayas hecho en tu vida.
–Genial…
–Es tu culpa que lo esté haciendo, ¿sabes? Tu pequeño discurso de anarquía me ha dado una completyamente nueva perspectiva de la vida.
–No, sólo quieres a alguien a quien culpar cuando tus padres te pregunten por qué faltaste a la fiesta de los nuevos ricos.
–Cierto. Sólo tengo que decirles que eres una mala influencia para mí.
–Por eso no me gusta hablar contigo.
–Estaba bromeando, dios. Creo que sólo tendré que decirles la verdad.
–Estoy seguro que eso irá bastante bien.
–Oh, sí.
–Pero no tienes que ir a esta cosa, ¿sabes?
–Oh, pero sí tengo que hacerlo, porque si no voy, tú no irás, y esa sería una pena terrible.
–No estás teniendo ningún sentido.
–Por supuesto que no, me enorgulleceré de mí mismo de enloquecerte con mis pequeñas paradojas. Ahora sé un buen pescadito, y nos vemos aquí a las ocho, ¿ok?
Llegaron a las puertas del parque. Kai dio un gran suspiro de resignación.
–Si no tengo nada remotamente importante, lo pensaré –dijo finalmente.
–Oye, eso fue lo que dijiste de la partida de futbol –señaló Tala–. ¡Y viniste!
–Vine por pura lástima –dijo, comenzando a alejarse–. No esperes la misma cosa dos veces.
Tala miró su espalda que se alejaba con cierta diversión. Se estaba preguntando cuál misterio lo intrigaba más: el misterio del diario, o el misterio de Kai Hiwatari.
Adoro este capítulo. No sé en casi todo él me identifico con los personajes. Es muy raro. Se supone que esto quedaría publicado el primero o el dos, pero nuestra queridísima página no me dejó subirla… Es molesto todos los problemas que tiene. Ah, ya casi llegamos al desenlace de este gran fanfic, ojalá les esté gustando.
Agradezco a los que amablemente se han tomado la molestia de comentar:
Tary Nagisa
Agatha Romaniev
Rurouni Kai
Alexa Hiwatari
Saint Lolita
Haro Kzoids
PPBKAI
Yuki Hino
Suni de Tashio
