Disclaimer: los personajes de Naruto no me pertenecen, son de Kishimoto-dono.

Advertencia: contiene capítulos avanzados del manga de la pelea de Konoha con Akatsuki. A partir de este capítulo volverá a separarse, pero por si acaso no lo habéis visto… lo aviso, por si preferís esperar al anime.

CAPÍTULO 9: LUZ

Aburame Shino se despertó sobresaltado al escuchar un chillido. Empezaron a seguirle muchos más. Se levantó de un salto de la silla donde había caído rendido un par de horas atrás y soltó la mano de su amiga, acurrucada en la cama en posición fetal.

El rostro empapado de lágrimas hizo que se pusiera serio, dudando sobre si debía apartarse de ella solo unos metros o seguir en ese lugar y pasar del resto del mundo. Finalmente, el ruido metálico de armas Ninja chocar le hizo optar por lo primero.

Caminó hasta la ventana de la habitación y asomó solamente los ojos por la cortina, levemente corrida, viendo con preocupación la sangrienta escena. Se apartó corriendo de allí justo en el momento en que explotaban los cristales, poniéndose sobre el cuerpo de su amiga para cubrirla.

La guerra… había empezado.

No dudó al cogerla entre sus brazos y llevarla al espacioso armario de su habitación, justo después de revolver sus ropas por todo el cuarto y tirar algún mueble de la casa. No dudó en destrozar el orden de su apartamento para protegerla, para simular que habían destrozado su casa y que ella no estaba allí. Se metió en el armario con ella, que seguía con los ojos cerrados, sin querer abrirlos aunque ya estaba despierta.

-Hinata…- susurró, intentando llamar su atención, aunque sabía con certeza que no iba a contestarle.- Hinata, ha empezado la guerra.

Le dolía verla de aquella forma, acurrucada justo donde la había dejado, con la cara oculta entre sus piernas, bien sujetas por sus brazos. Acarició su cabello, esperando alguna respuesta, pero lo único que obtuvo fue que ella la escondiera más entre sus extremidades inferiores.

-No podremos estar mucho más en este lugar, Hinata… Vamos… vamos a tener que ir a luchar.- escuchó un gemido ahogado por su parte, sin miedo pero lleno de tristeza.- ¿Quieres que hablemos? ¿De lo que pasó ayer?

Vio con pesadumbre cómo el cuerpo de la joven ex heredera Hyuuga temblaba, pero ellos no tenían mucho tiempo. Si no les iban a buscar pronto para las tropas como soldados, lo harían los enemigos para matarlos.

-Hinata, escúchame. Kiba vendrá pronto…

-Blancos…- el susurro de la chica se hizo audible bajo aquel fondo lleno de gritos y cuerpos caer. El Aburame se acercó a ella lo más que pudo en aquel espacio reducido, intentando escuchar mejor.- Unos… ojos blancos…

-¿Has tenido alguna pesadilla?- le preguntó, pero ella volvió a contestar:

-Eran… eran blancos.

-¿De quién eran esos ojos blancos, Hinata?- pensaba que ya sabía la respuesta, sobre todo porque empezaba a asociar lo poco que sabía de genjutsu.

-Ella… Sus ojos… sus ojos eran blancos…- no tartamudeaba, se lo decía más a sí misma que a otra persona, como recordando, como intentando recordar alguna cosa, al mismo tiempo que su cuerpo empezaba a temblar incontrolado de nuevo.

Aburame Shino se quedó mirándola, sentándose a su lado y pasando un brazo por encima de sus hombros, atrayéndola hacia él en un acto protector, insuflándole calor… aunque fuera físico.

El hecho de que "los ojos fueran blancos" resultaba poco útil para pensar, a no ser que fueras un amigo de la joven como lo era él. Aquello, en la mente probabilística del Ninja, solo podía significar una cosa. Apoyó la cabeza en la pared, suspirando al mismo tiempo que cerraba los ojos bajo las gafas, dándose cuenta de que la joven hablaba de su madre…

Sin embargo, le apesadumbraba el hecho de que Hyuuga Hinata temblara al recordarla a ella, a su madre. Para él, siempre había sido fácil intentar comprenderla cuando hablaba de ella con una sonrisa, cuando sus ojos brillaban al recordar cosas que había hecho con su madre. Después de todo, Hinata nunca les había contado que ella había visto cómo moría mientras le cogía la mano.

Se tensó en su lugar al sentir una presencia fuera, en la habitación. Ocultó su chakra y expandió una pequeña bandada de insectos para que ocultaran el chakra de su amiga, pero había algo con lo que no había contado.

La puerta del armario se abrió con un golpe seco, y el joven entrecerró los ojos bajo sus gafas, preparado para luchar contra aquel contrincante.

-¿Qué está pasando aquí? ¡Exijo que me lo expliquéis inmediatamente!- el grito del Ninja fue acallado de una patada en la espinilla por parte del que estaba sentado en el fondo del armario.

-Métete y cierra la puerta, Kiba.- la orden, aunque fuera en un susurro, se impuso como una onda amenazante. Por lo menos, no iba con Akamaru en ese momento, no sabía cómo podrían esconderlo sin hacerse notar. El Inuzuka metió los pies en el armario y cerró la puerta, sin agacharse.- Baja.

-¿Se puede saber qué hacéis aquí?- susurró después de ponerse en cuclillas.- Han invadido Konoha, esos bastardos… han llegado antes de lo esperado.- olisqueó al notar una esencia rara en su compañera, aún no se había dado cuenta.- ¿Qué le pasa a Hinata? ¿Por qué está así?

-No hay tiempo para hablar de eso… Escúchame un momento, y no hagas preguntas que sepas que no voy a poder contestar.- añadió en el último momento, sabiendo cómo era su amigo.- Quédate con ella y protégela. No salgáis de aquí hasta que vuelva, es completamente necesario que hagas lo que te pido.

-Pero, ¿qué…?

-No puedo explicártelo ahora, tengo que hacer una cosa. Solo haz lo que te pido, por favor.- aquellas dos últimas palabras llegaron a lo más hondo del Inuzuka. Sabía que Shino era muy cordial, y que solía mantener las formas a la hora de hacer una petición, pero también sabía que no le pediría algo por favor nunca, a no ser que fuera imprescindible. Además, el tono que había usado… aunque había sido un susurro, había visto que se lo estaba suplicando.

Kiba asintió, y segundos después ocupaban posiciones contrarias mientras Hinata seguía en la misma posición, sin moverse un ápice siquiera. Justo antes de que Shino abriera la puerta para marcharse, susurró.

-No le preguntes nada de por qué está así… Solamente quédate a su lado, es lo que necesita.

Sin esperar respuesta, abrió y cerró la puerta, yéndose de aquel lugar con una velocidad propia de una sombra.

Uchiha Sasuke estaba escondido en el tronco de un árbol viejo. Había tenido problemas en su huída, corriendo de un lado para otro, sorteando Ninjas ocultando su chakra… Incluso había tenido que utilizar su Sharingan en un par de ocasiones, para alterar los pensamientos de algún shinobi que lo había visto…

O que pensaba haberlo visto, mejor dicho.

Debía escapar, tenía que escapar… más después de lo que había pasado la noche anterior.

Aunque podía hacer como si nada hubiera pasado, como si nada de lo que en verdad había ocurrido la noche anterior le importara, sabía que no sería así. Si solo hubiera estado la Hyuuga, hubiera podido borrar aquellas sensaciones de su mente tras haberla sondeado, pero con ese Aburame…

"Sabes muy bien que no hubieras podido hacerlo… Hubieras seguido… y quizás la hubieras destrozado psíquicamente."

Frunció el ceño al escuchar la voz de su mente.

¿Hubiera pasado aquello? ¿Se habría cegado tanto sondeándola como para luego no poder deshacerlo?

"Tenías verdaderas ansias de saber todas las desgracias de esa mujer…"

-Cállate…

El susurro se perdió en el aire sin poder controlarlo, para reprenderse mentalmente después por haberlo hecho. Si hubiera habido alguien cerca… ya sería hombre muerto.

Él era un Uchiha, debía saber contenerse.

Siempre lo había hecho, así que ahora no era el momento de cambiar aquello.

Frunció más el ceño y miró por el pequeño agujero que había hecho en el tronco. No había nadie, ni sentía a nadie por su chakra. Estaba solo.

"Tengo que salir de aquí… Este es el mejor momento para volver a abandonar la villa, cuando nadie se de cuenta… cuando nadie esté demasiado alerta de que pueda estar por los alrededores…"

"¿Y la Hyuuga? ¿No dirá nada?"

"No… Está demasiado asustada de que la descubran, como para hacerlo ella misma."

"Pero ella ahora puede considerarte su enemigo… y el Aburame puede llegar a convencerla de que te descubra. Podría decir que la sometiste a algún genjutsu… Después de todo, la consideran una chica débil."

Gruñó ante aquella afirmación, frotándose el entrecejo, intentando pensar en alguna salida. Si en verdad pasaba aquello, los Hyuugas se pondrían a buscarle como locos, y aquellos ojos blancos que podían verlo todo no era algo bajo lo que quisiera estar.

"Ella está sola."

Aquello era cierto, ningún Hyuuga desobedecería la orden de su superior si le ordenaban alguna cosa. Aunque ese Neji… ese Hyuuga parecía quererla, la pregunta era ¿hasta qué punto la quería? ¿La querría hasta el punto de poner su vida en peligro por desobedecer las órdenes de Hyuuga Hiashi?

Frunció el ceño al recordar las imágenes que habían aparecido en la mente de la joven. Ese hombre era un bastardo, peor incluso que su padre.

-Sal.- una voz lo sacó de sus pensamientos. "¿Pero qué…? ¿Cómo…?"- Uchiha, no pienso repetirlo.- Sasuke pensó en escapar, pero al momento comprendió lo estúpido que se vería, así que rechazó aquello al instante.

-Qué.- preguntó, altivo, materializándose ante el otro hombre.

-¿Qué se supone que ibas a hacer?

-No hagas preguntas cuyas respuestas ya conoces.

-¿Y Hinata?- le sorprendió aquella pregunta.- ¿Piensas dejarla así?- una risa socarrona se escuchó en lo más profundo de su mente.

-No me une nada a ella.- en un segundo, Aburame Shino perdió todo el acopio de paciencia que lo caracterizaba. Lo agarró por el cuello de la blusa y lo estampó contra el tronco del árbol. Pudo ver, con los ojos entrecerrados, el brillo de rabia que avispaba tras las gafas oscuras.

-Bastardo.- siseó. No fue la palabra, sino cómo la pronunció. Era verdadero desprecio.- Ella confió en ti.- y, por impensable que pareciera, lo soltó y se dio media vuelta, empezando a andar hacia la villa.- Te doy un día.

Aunque no dijo nada más, desapareciendo ante sus ojos, Uchiha Sasuke supo que podía haber añadido "Sino vuelves, seré yo mismo quien te destruya."

Kiba empezaba a ponerse nervioso. Nunca la había visto así, y aunque había empezado a susurrar palabras de apoyo, sin saber realmente qué decir, ella no había hecho ningún movimiento.

Se rascó la cabeza mientras acariciaba su hombro con ternura. Se sentía impotente, sudoroso, y confuso.

Impotente por no poder hacer nada por su amiga.

Sudoroso por los nervios que le carcomían por dentro, por no saber qué hacer, qué sentir… se sentía frustrado de que ella no le dijera nada, de que no confiara en él, pero tampoco sabía qué estaba pasando. Y aquello le ponía nervioso, todavía más.

Olió la rabia que inundaba a su amigo, justo antes de que abriera la puerta y se agachara, apoyando la mano sobre la cabeza de Hinata. Iba a decir algo cuando Shino lo interrumpió.

-Tenemos que huír.

-¿Qué? ¿Pero…?

-Hinata no puede luchar así, y nosotros la protegeremos. Vamos, te explicaré todo por el camino.- sin esperar a que su amigo volviera a protestar, acunó a la joven Hyuuga entre sus brazos y se levantó, abriendo la puerta. Frunció el ceño y tensó los labios, al notar una presencia en la habitación contigua, una presencia que no le agradaba en absoluto.

·

Tenía que encontrar a Hinata, eran órdenes de arriba.

Con el ceño fruncido, un hombre de ojos blancos corría entre los escombros a la velocidad de la luz. Se sentía confuso, pero a la vez, aliviado.

Parecía ser que por fin, por una vez, Hyuuga Hiashi había entrado en razón. Las imágenes volvían a su mente aquella mañana.

-Hiashi-sama, ¿me ha mandado llamar?- el aludido hizo un asentimiento de cabeza, indicándole con la mano con movimientos airados que debía sentarse. Hizo lo que le ordenaba. Esperó con paciencia, una cosa que no abundaba en él, pero el jefe del Clan no decía nada. Carraspeó, esperando sin mover un músculo.

-La guerra ha empezado.- comenzó, pero eso era algo que ya sabía. Lo habían llamado a las cinco de la madrugada para que fuera a la primera línea, como Anbu. Sin embargo, en medio de una lucha que ya casi estaba acabada, había sentido un pequeño pinchazo en su frente, justo donde tenía la marca del pájaro enjaulado, la marca con la que diferenciaban a la segunda rama de la familia principal. Sin planteárselo, había girado en un brusco movimiento la cabeza de su oponente, escuchando el crujido de su cuello al partirse, y había corrido en dirección a la mansión Hyuuga, justo al otro extremo de la Villa.

Aunque fuera un Anbu, un Hyuuga tenía preferencia sobre su Clan antes que por su propia Villa. Y las órdenes directas de Hyuuga Hiashi debían ser obedecidas de inmediato. Por eso, en esos momentos estaba allí, esperando.

-Nuestro Clan se fundamenta en la unión de las dos familias.- siguió él. ¿Hacia donde quería ir? ¿Por qué estaba dando tantos rodeos?- Pero eso es algo que ya sabes, Neji. Por algo eres un genio.- el miembro de la familia secundaria gruñó por la impaciencia. Hiashi debía ir al grano, aunque no le estaba permitido hablar hasta que él se lo dijera.- Incluso Hinata forma parte de esa familia.- abrió los ojos con sorpresa ante sus palabras, levantando la cabeza en vez de seguir mirando sus rodillas. Su tío no dijo nada ante su osadía, ni ante la sorpresa que inundaban sus ojos. El viejo Hyuuga se mantenía completamente imperturbable, sin alterar ni un solo músculo de su cara, frío y seco como siempre.

-[Un Hyuuga nunca muestra sus sentimientos…]- se recriminó mentalmente el menor de la habitación, volviendo a su estado de serenidad y bajando la cabeza.

-En tiempo de calma, es indiferente para el Clan que la familia esté dividida, pero en momentos de guerra, no.- Neji apretó los puños, iracundo. ¿Por qué demonios Hiashi estaba tomándose tanto tiempo en decirle lo que tenía que hacer?- Hinata es incapaz de defenderse por sí misma, y tu deber como miembro de la familia secundaria, como su escolta, es protegerla.- frunció el ceño ante aquella afirmación. Después de todo, era él quien había ordenado que dejara de hacerlo.- Ve por ella, y tráela a casa. Tu deber como Anbu es luchar, le asignaremos otro escolta.

La rabia volvió a invadirle, haciendo que apretara los puños y el paso.

Tenía que encontrarla, pero en vez de protegerla pondrían a otro. ¿Por qué entonces no mandaba a ese otro a buscarla?

"Por algo eres un genio"

Aquellas cinco palabras sonaron en su mente.

Claro, era por eso, porque él era un genio. Porque podría encontrarla más rápido que cualquier otro, exceptuando al propio Hiashi. ¿Por qué él no iba a buscarla?

Porque él la había abandonado a su suerte, porque ella le tenía miedo, porque ella no confiaba en él… Porque no confiaba en Hyuuga Hiashi, pero en Hyuuga Neji sí.

Activó su línea sucesoria, concentrándose únicamente en un chakra débil. Se sorprendió al verla escondida en el armario de su habitación, y pronto se acrecentó la rabia al notar dos presencias junto a ella.

Hombres.

"¿Y si…?"

Acalló sus pensamientos apretando los dientes y empezando a correr en dirección a la pequeña casa de su prima. Llegaría antes de que se propasaran, de eso estaba completamente seguro.

Nadie, nadie, haría daño a Hyuuga Hinata.

·

-Entrégamela.- exigió el hombre de ojos blancos, con el gesto serio. Se había aliviado al ver que eran sus dos amigos, ¿pero qué demonios hacían en su armario? ¿Por qué su casa estaba en aquellas condiciones? No tenía tiempo para pensar, no quería tenerlo.

Aburame Shino, en vez de hacer lo que le había ordenado el primo de la chica que llevaba entre sus brazos, la apretó más contra él, en gesto defensivo. Inuzuka Kiba actuó de la misma forma, interponiéndose entre los dos, cubriendo con su cuerpo a la chica.

-No tengo tiempo para jugar, dame a Hinata-sama.- el apelativo que diferenciaba a la Hyuuga de él salió de sus labios de forma amenazante, imponiendo el respeto que le tenía, y las órdenes que le habían dado.

-Ni de coña.- dijo Kiba. Ladeó la cabeza para mirar a Shino, que asintió y empezó a caminar hacia la ventana.

-Ni se te ocurra hacer eso, Aburame.- gruñó el Hyuuga.- Hasta ahora he aguantado que me miréis con desprecio, que os acerquéis a Hinata-sama sin ningún pudor, pero eso ha acabado. El propio Hiashi-sama ha ordenado que Hinata-sama vuelva a casa, y no pienso volver sin ella.- Shino se quedó en el marco de la ventana, sin moverse, mientras Kiba apretaba los puños con rabia.

-¿Creéis que podéis jugar con su vida como os venga en gana? ¿Todavía queréis que sufra más? Sois despreciables.

-No consentiré un segundo insulto a mi familia.- amenazó Neji, pero Kiba no se achantó, como esperaba que hiciera. Sus ojos irradiaban la rabia.

-¿Que no? ¡Os merecéis todos los insultos del mundo, pandilla de bastardos!- calló al suelo sintiendo la sangre correr por su barbilla, también el sabor ferroso de aquella sustancia recorrer sus labios. Desde el suelo, siguió despotricando.- ¡No solo os atrevéis a dejarla a un lado cuando casi la matan en el examen de Jounnin, sino que ahora queréis que vuelva para luego volver a tirarla a la basura! Pero claro, ¿qué voy a saber yo? ¿Qué es lo que debería pensar… si el que viene a buscarla es el que intentó matarla hace unos años?- Neji, preso de la rabia de escuchar aquello, desobedeció a su raciocinio y le propinó una patada en el estómago. No contento con aquello, se agachó hasta él y siguió golpeándolo, hasta que la poderosa mano de Shino agarró su brazo e impidió otro puñetazo.

Cuando Neji volvió la cabeza, Aburame Shino se quedó impactado. El iris blanco puro de los ojos del Hyuuga estaba completamente marcado por sus ojos, inyectados en sangre, y las lágrimas corriendo por sus mejillas.

Sintió que recuperaba su cordura, y vio cómo el joven lo soltaba, volviendo a acercarse a Hinata, que seguía en la misma posición, como una muñeca rota. Justo en ese momento se dio cuenta de que la joven no había reaccionado de ninguna manera al escuchar sus palabras.

-¿Qué le ha pasado a Hinata-sama?- preguntó, apartándose del chico tirado en el suelo, que se incorporaba lentamente por la paliza que acababa de recibir.

-¿Qué queréis de ella?- respondió Shino, haciendo caso omiso a su pregunta. El Hyuuga supo que no se la entregarían a no ser que diera una explicación que les convenciera. Echando a un lado su orgullo, por su prima, empezó a hablar.

-Hiashi-sama últimamente se ha comportado de un modo extraño. Aunque… sigue mostrándose completamente ajeno a todo lo que le rodea, sus puntos vitales de chakra están alterados.- el Aburame asintió, esperando a que siguiera.- Anoche vino a mi habitación… Sé que quería decirme algo, pero después de levantarme, volvió a irse, sin decir nada. Esta mañana me ha ordenado que viniera a por ella, para ponerle protección.

-Ese cabrón está arrepentido de lo que hizo. Pues que se joda.- escupió Kiba, pero Neji, apretando los puños, pasó por alto ese comentario contra su superior.

-Iremos donde ella vaya. No pensamos dejarla sola.- el Inuzuka miró a su amigo sin comprender, ¿por qué se la entregaba? ¿Por qué a ellos? Empezaba a dolerle la cabeza por no enterarse de nada.

-Cuando entremos a la mansión Hyuuga no podréis pasar del recibidor, conocéis las normas.

-Iremos donde ella vaya.- repitió el Aburame, sin inmutarse. Su voz había sonado tan imponente como podría sonar la de Hyuuga Hiashi. No era una pregunta, era una afirmación. Para demostrárselo, agarró a Hinata entre sus brazos, cogiéndola como si fuera una muñeca de trapo.

Una imponente Hokage entraba a grandes zancadas en la mansión de los Hyuuga.

-¡HYUUGA HIASHI!- gritó, tirando a su paso a dos guardias que iban a bloquearle el acceso a la sala de reuniones. Ambas personas derribaron la puerta, mientras ella, cabreada, pasaba por encima de ellos de un salto y miraba como el hombre permanecía sentado con calma ante una mesa repleta de papeles.- ¿Se puede saber por qué Hyuuga Neji ha abandonado su posición?

-¿Quiere tomar asiento, Tsunade-sama?- preguntó con respeto, aunque sus ojos se mostraban tan opacos que parecían vacíos, sin sentimiento alguno de respeto que enseñaban sus palabras cordiales. Los ojos ambar relampaguearon de rabia. Ante su negativa silenciosa, el hombre se levantó, manteniendo los modales de un caballero educado con puños de hierro.- Se aclaró, cuando la declararon Godaime Hokage, que los asuntos del Clan Hyuuga se organizaban desde dentro, así como sus asuntos tenían prioridad.

-¡ESTAMOS EN GUERRA! ¡NO PODEMOS ESTAR PENDIENTES DE QUE NUESTROS GUERREROS SE VAN EN MITAD DE UNA LUCHA!

-Hyuuga Neji volverá a su posición inmediatamente, Tsunade-sama. Pero había un asunto de vital importancia que tenía que resolver antes.- la mujer apretó los puños. Aquel hombre siempre evitaba sus preguntas de una forma exasperante.

-¿Qué asunto tiene más importancia que proteger a la Villa?- el gesto del Hyuuga se endureció hasta parecer un hombre tallado en piedra. Su voz sonó ronca, monocorde, sin sentimiento. Tan fría como una daga de hielo que heló la sangre a la mujer.

-Mi hija.- sus ojos no mostraban ningún brillo especial, nada que lo delatara.- Hinata.- acabó, haciendo que la Hokage abriera la boca con asombro.

-¿Hi… Hinata?- el hombre asintió, mirándola con gesto serio.

-Ahora mismo llegarán, Hiashi-sama. Y no vienen solos.- en ese momento, se dio cuenta de que había otro hombre en la habitación. Ni siquiera lo había sentido por la rabia que la inundaba. Miró en dirección al rincón entre las sombras donde había un hombre de rodillas y con los puños sobre ellas, cerrados, con calma. Las venas sobresaliendo por sus sienes.

-Bien, levántate, Koh. Ya sabes lo que tienes que hacer.- el hombre asintió, levantándose, colocándose como si fuera la propia sombra del jefe del clan.

-¿Qué es lo que está pasando, Hiashi?- preguntó la mujer, pero aquel susurro fue acallado por los gritos de un hombre.

-¡No pueden pasar aquí! Neji-san, hágales entrar en razón.- el joven Hyuuga hizo su aparición en la habitación, hincando la rodilla en el suelo, haciendo una profunda reverencia hasta tocar el suelo con la frente, con su mano derecha hacia delante, la izquierda en la espalda. Tras él, entraba un hombre completamente oculto con Hinata entre sus brazos, y otro que se abría paso luchando contra los tres hombres que intentaban impedir que pasara, agarrando sus brazos y cintura.

-Hiashi-sama. Como me pidió, he traído a Hinata-sama de nuevo al dojo. Si me disculpáis…

-Puedes irte, Neji.- el joven se incorporó y realizó otra reverencia, tanto a él como a la mujer que estaba a su lado, pero no levantó la vista para mirarla. En un suspiro, el joven había desaparecido de su vista.- Aburame, ¿por qué sostienes a Hinata?- su voz sonaba fría y distante, sin sentimiento. Sin embargo, Shino no se acobardó ni contestó, sino que susurró a Hinata al oído unas palabras, unas palabras ante las cuales ella se rebulló incómoda, acercando su cara hacia el pecho del hombre.- Hinata, compórtate.

-[Dios mío, así se dirige a su hija… Aunque haya llamado a alguien por ella, es como… como si no le tuviera respeto alguno]- pensó la mujer, viendo la escena ya más calmada. De repente, se acordó de lo que había ido a hacer, y el ver a los dos shinobis, también sin proteger Konoha, hizo que se viera en la obligación de actuar. Avanzó hasta el shinobi y cogió a Hinata de sus brazos. Aunque al principio mostró resistencia, luego cedió ante la mujer, a sabiendas de que no la haría cambiar de opinión.

Tsunade la tumbó en el suelo y empezó a aplicar un chakra verde sobre su cuerpo, sin encontrar ninguna herida… nada. Cuando llegó a la cabeza empezó a sentir la ansiedad que inundaba a la joven, la inestabilidad.

Intentó ayudarla, aplicando calmante a través de su chakra, pero la joven apartó sus manos de un manotazo. Aburame Shino e Inuzuka Kiba se agacharon, al ver la primera reacción física de su amiga.

La mujer los miró con reproche, inquiriéndoles que le contaran, pero ellos solo se dirigían a la joven.

-¿Hinata? ¿Hinata, estás bien?- preguntaban ambos, al mismo tiempo, uno tras otro… La joven abrió los ojos, unos ojos enrojecidos, sin brillo, haciendo estremecer a la médico. Era como mirar a su padre, solo que en ella, la delataban los demás rasgos de su rostro.

-S… sí.- tartamudeó, levantándose del suelo a duras penas. Miró a su padre por un segundo, para luego hacer una reverencia en señal de respeto. Se acercó hasta estar a un paso de él, y se arrodilló a sus pies.- Pa… dre, me ha mandado… llamar.- aunque no tartamudeó, todos notaron que su voz sonaba entrecortada, intimidada. Temblorosa.

-Hinata, como Ninja de la Hoja, debes cumplir tus obligaciones.- comenzó él, sin hacer comentario alguno sobre sus palabras, faltas de fuerza. Aquello mosqueó al Inuzuka, que ya esperaba saltar ante cualquier comentario del hombre, mientras que Shino solo frunció el ceño y siguió mirando la escena, adentrando la barbilla en el cuello de su chaqueta.- Sin embargo, como miembro del Clan Hyuuga, como parte de la familia principal, debes llevar un escolta.- la joven abrió los ojos, vacíos pero sorprendidos, mas no levantó la vista. Seguía esperando su reprimenda por no haber actuado como Hyuuga desde un principio.- Koh te acompañará, en lo que te mande la Godaime Hokage-sama.

Dicho aquello, miró a la mujer rubia, que observaba la escena con incredulidad.

¿Aquel que tenía delante era el Hyuuga Hiashi que ella conocía? ¿Qué ella recordaba? ¿Cuándo había sufrido aquel cambio?

Carraspeó al ver que la joven se levantaba y se daba la vuelta, todavía con la cabeza gacha pero la espalda erguida, seguida inmediatamente por el hombre que había permanecido imperturbable y ajeno a todo hasta entonces, justo detrás de Hyuuga Hiashi.

-Bien…- empezó la mujer. No sabía demasiado bien lo que debía decir a continuación. Aquello había escapado de sus manos completamente.- Como shinobis de Konoha, debéis ir a ayudar en todo lo que podáis para proteger a la Villa. Akatsuki ha hecho su aparición y no podemos permitirnos eso.

Su discurso no había sido seguro, mucho menos tan imponente como el de Hyuuga Hiashi, aunque no hubiera levantado la voz. Por primera vez, Tsunade sintió cómo le temblaban los huesos al ver la impresión que mostraba aquel hombre.

"Por algo es el jefe del Clan más importante de Konoha"

En una explanada desierta se materializaron seis presencias. El gran Gamabunta en el centro, con dos sapos a ambos lados, dos sobre su cabeza… y un hombre.

Un hombre rubio con gesto serio, muy diferente a como había sido toda su vida. Un rostro determinado, con el único objetivo de salvar a su pueblo pintado en sus ojos azules. Entre escombros, y con tierra y polvo a su alrededor, el joven frunció el ceño, intentando discernir su antigua Villa.

-¿Dónde estamos…?- preguntó. Su voz, grave, ya de un adulto. La determinación transformada en desconcierto por lo que veía a su alrededor, por no estar en el lugar que le vio crecer.

-¿Por qué no nos has traído a Konoha, Ma?- preguntó una pequeña rana, justo debajo de Uzumaki Naruto, el Ninja que había conseguido ascender de Chunnin a Sannin en un solo paso. La voz quebrada de la rana femenina retumbó entre los escombros que empezaban a sobresalir entre la polvareda, dejando ver las cinco cabezas de los Hokages de Konohagakure.

-Esto es… Konoha.- el rubio la miró desconfiado, para luego empezar a virar la cabeza a su alrededor, con intención de ver alguna cámara oculta, algo que le dijera que aquello era una broma.- Sé a quien culpar de esto…

Como si de repente, todo fuera claro ante esos ojos azules, enmarcados bajo la característica sannin anaranjada, refulgió una oleada de dolor y odio, todo al mismo tiempo. Frunció el ceño, mirando a su alrededor, buscando al culpable.

Al que había llevado la desgracia a su Villa.

Fue en ese momento en que buscaba que escuchó los alaridos de la gente. Su sufrimiento, sus quejas antes de dar por vencida su vida, de que expiraran su último aliento.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que la Villa había sido destruida por completo. Quería gritar, quería golpear hasta hartarse a ese bastardo que se hacía llamar Dios.

Un grito en la lejanía, un grito que tanto él como el resto de los supervivientes escucharon.

"Pagarás por esto, ¡Pain!"

El grito de la mujer que dirigía la Villa, la Godaime Hokage. Era desgarrador, herido, como si su pecho se hubiera partido. Aquello bastó para que Naruto estallara y gritara, dando un salto hacia el frente.

Otro hombre saltó de la nada, como si hubiera aparecido, a unos veinte metros de distancia en aquella explanada donde no había absolutamente nada que no fueran escombros y muerte.

Pelirrojo, con los ojos teñidos de gris, y el rostro con profundas perforaciones.

-Esto facilita mi búsqueda.- susurró, diciéndolo lo bastante alto como para que todos los que estaban allí lo escucharan.

En la lejanía, una joven de cabello rosa giró la cara para ver qué estaba pasando, por qué después de la explosión no había continuado la guerra. ¿Eran vencedores? ¿Vencidos?

Lo único que aquella joven tenía en mente era que, mientras siguiera respirando, seguiría luchando. Como ella, todos ninjas de la Villa pensaban igual.

Al mirar hacia aquellas dos figuras, vislumbró una cabellera rubia, corta. Era un chico, pero aquel no podía ser el hombre que conocía, el hombre del que se había enamorado sin darse cuenta. Lo había extrañado, lo había echado tanto de menos aquel tiempo que llevaba entrenando en aquella dimensión… Escuchó los susurros de los que estaban cerca de ella.

-Naruto…

-Es… ¡Naruto!

Sin embargo, él no volvió la vista, no les dirigió ni una sola mirada. Ni a ella, ni a nadie. Únicamente miró al que había provocado todo aquello, al que había destrozado su pueblo en un solo ataque.

Vio una sombra en el cielo, una sombra que tapaba la luz del sol. Un Ninja. Cuando miró hacia arriba, se quedó impresionada, viendo cómo hacía una invocación en el aire, y delante del pelirrojo aparecían cinco hombres, desapareciendo el del cielo.

-Parece que han venido los seis…- dijo la rana que estaba todavía sobre la cabeza de Gamabunta.

Sin saber de dónde venía, una mujer rubia, con el dolor pintado en los ojos, se puso ante Naruto, tal como habían hecho los otros seis cuerpos ante Pain. Gamabunta, desde la distancia, susurró el nombre de aquella mujer.

-Tsunade…

-Yo soy la Quinta Hokage… Has destruido el tesoro de nuestro ancestros… sus sueños…- apretó los puños.- ¡Y pagarás con ello! Como Hokage, acabaré contigo, ¡aquí y ahora!- el hombre, aunque cubierto por seis, sonrió, amargo.

-Veo que entiendes un poco el verdadero dolor… pero eso no me interesa.- dicho aquello, una de sus extensiones empezó a correr hacia ella, con el brazo derecho extendido y sus armas sobresaliendo de su mano.

-He venido…- su sonrisa era diabólica, completamente malvada, como la de un demonio. Su velocidad parecía imparable, y justo cuando la mujer pensaba que iba a matarla, un estruendo le hizo volver a abrir los ojos, más aún cuando vio una mancha negra y naranja ante ella, pisando completamente a su agresor, muerto en el suelo. El Rasengan salía de su mano, desapareciendo levemente su resplandor.

-Por mí, ¿verdad?- sin volverse a mirar a la Godaime, Naruto prosiguió.- No necesito que la Hokage luche contra ellos. Vieja, vete a tomar un té.

-Naruto…- susurró la mujer, empezando a comprender su nueva fuerza.

-¡Gamakichi! ¡Llévate a la vieja a un lugar seguro!- grito el joven, haciendo caso omiso a lo que pasaba a su alrededor. La rana dio un paso hacia delante, gritando:

-¡Entendido!

-¡Vieja, déjamelo a mí! Y diles que no me ayuden. Será mucho más difícil protegerlos a todos mientras lucho.

-Vale, entonces llévate a Katsuyu. Sabe todo lo que averiguamos de Pain.- dicho aquello, la verdadera guerra, la verdadera pelea que determinaría la guerra iba a empezar.

La lucha seguía avanzando, sin tregua. Eliminando a los distintos Pains, esforzándose al máximo para poder acabar con el que había aparecido ante el Uzumaki en un principio.

Los ninjas estaban confusos, sin saber exactamente lo que ocurría. A las afueras de la Villa, en una parte no tan dañada, se encontraba Hinata, con gesto todavía ausente. Aquel ataque no solo había acabado con ninjas de la Hoja, sino también contra sus propios enemigos.

Un hombre que decía que traería la paz, pero que incluso mataba a sus propios hombres, no podía ser un Dios compasivo… No podía ser un Dios que entendiera a su pueblo.

No

Ese hombre era el propio demonio, no podría ser otra cosa.

Chouji preguntó qué estaba pasando, al mismo tiempo que Ino miraba hacia los dos Hyuugas. El más mayor de los dos, el escolta de Hyuuga Hinata, activó su línea sucesoria.

-Naruto está luchando…- Aburame Shino miró de soslayo hacia su amiga, viendo como ella abría los ojos, sorprendida, para luego activar su propia línea sucesoria, para poder verlo con sus propios ojos.

-¿Qué? ¿Ese idiota se está haciendo el héroe? ¡No estamos en una situación de popularidad!- gritó la Yamanaka.

-Está destruyendo a los clones de Pain.- informó Koh, haciendo que todos se sorprendieran.- Ha aprendido Sensutsu… Está en modo Sannin.- Kiba vio cómo su amiga empezaba a separarse de ellos. Iba a ir hacia el centro de la pelea, hacia la guerra.

-¡Hinata!- la joven paró al momento, como si la hubieran pillado en su travesura.- No debemos interferir, lo único que haremos será que Naruto pierda la concentración.- la aludida agachó la cabeza. Era la primera vez que escuchaba a su mejor amigo tan serio, tan realista. Sin embargo, ella solo podía pensar en una cosa.

-¡Pero Naruto está luchando solo! ¡Lo matarán!- iba a darse la vuelta para empezar a correr de nuevo cuando Koh le habló directamente.

-¡No, Hinata-sama!- la joven lo miró, con una mano en su pecho, producto del nuevo dolor que le atenazaba el pecho.- Si interfiere en la lucha, distraerá a Naruto-san. Será una carga para él, es mejor mantenernos al margen.

-Naruto-kun…- susurró la joven, mientras su cuerpo temblaba inconscientemente.

No quería perderlo a él también. No como a su madre. No a la única luz que le quedaba en la vida…

·

Se aterró al ver a través de los puntos de chakra cómo el chakra de Naruto se desvanecía.

Ya no podía sentirlo, y la joven de ojos blancos ahogó un quejido que quería abandonar su garganta.

No, no podía estar pasando aquello.

¡No!

¡Se negaba a creerlo! No podían haber capturado a Naruto, no podía estar sin chakra en los brazos del enemigo.

Todos los que se encontraban en su posición la miraron, intentando comprender por qué su rostro había cambiado de uno de sorpresa a la completa desesperación, al dolor de la pérdida.

Inuzuka Kiba apretó los puños. Era cierto que la joven antes no mostraba ninguna emoción, que parecía haberse perdido en una ensoñación oscura, pero verla de ese modo solo le hacía enfurecerse.

¿Qué estaba pasando?

¿Por qué ella parecía que había perdido a alguien?

¿A quien? ¿Naruto? Eso no podía ser…

-Lo han cogido, y han deshecho su modo Sennin.- informó Koh, impersonalmente. Todas las miradas se enfocaron en él, mientras que la del Inuzuka y el Aburame seguían sobre la joven.

-¿Ya ha acabado?- preguntó la Yamanaka, asustada. Si tenían a Naruto…

-¡Oh!- susurró el Hyuuga, sorprendido y agradecido en cierto modo.- Naruto acaba de destruir a un Pain, al que lo tenía preso.

-¿Cómo?- preguntaron todos al mismo tiempo, deseosos de saber más.

-Parece ser que absorbió demasiado chakra natural, el chakra del sensutsu.- explicó.- Debe ser proporcional mantener ese chakra al poder que se obtiene con él… y ese Pain no estaba preparado para ello. Se ha convertido en una rana de piedra.

Mientras iba explicando lo que ocurría, aún sin escuchar lo que estaba pasando allí, era como si estuvieran dentro de la misma lucha. Podían envidiar esa característica, pero no lo hicieron. Por lo menos, podían saber cómo se estaba desenvolviendo la lucha.

-Van a hacer un genjutsu… Espera.- los ojos del hombre se entrecerraron, y su ceño se frunció. Hinata tembló en el sitio, por lo que estaba viendo al mismo tiempo que su guardia.

-¡No!- gritó la joven, y los ojos se centraron en ella, para luego volver a mirar a Koh. Sabían que ella no diría nada más…

-Acaban de matar a una rana legendaria, una que siempre acompañaba a Jiraya-sama.- los ojos de todos se abrieron con pavor. ¿Qué era lo que estaba pasando?

-¡Naruto-kun!- chilló la joven de cabello negro, un grito lleno de dolor.

Uzumaki Naruto estaba tendido en el suelo, con los brazos amarrados al suelo por un palo de los que perforaban el cuerpo de Pain.

-Esto tendrá que valer para amansarte un poco… ¿No es así, Kyuubi?- susurró, con una sonrisa irónica en sus labios. Unos ojos rojos aparecieron, únicamente visibles, entre las rocas entre los escombros, pero nadie notó aquel chakra tan sumamente débil. Nadie se fijó en aquel genjutsu que empezaba a inundar lentamente el lugar.

-¡¿QUIÉNES SOIS? ¿Qué demonios queréis?- gritó el rubio desde el suelo- ¿Por qué hacéis todo esto?

-¿Por qué?- el hombre frunció el ceño, todavía de pie ante él, imponente, poderoso. Era el hombre que había matado a Jiraya, el que había arrebatado la vida de Kakashi, el que había destruido por completo la Villa de la Hoja… Su nombre podía ser sinónimo de poder.- Las cosas tienden a ocurrir sin previo aviso. Y es justo después cuando entendemos por qué pasan.- su gesto era serio, e hincó una pierna en el suelo, acercándose a Naruto.- Dadas las circunstancias… Sí, supongo que puedo permitirme un momento para hacértelo entender. Mi meta es algo que ni siquiera Jiraya-sensei pudo conseguir. Como dije antes, deseo traer paz y justicia a este mundo.

-¿Paz? ¿Justicia? Que te jodan… Estás loco.- lo miró a los ojos.- ¿Y mi maestro? ¿Mi profesor? ¿Mis amigos? ¿Mi hogar?- la sangre empezó a correr entre sus manos al hundir sus dedos en la tierra.- Después de lo que has hecho, ¿sigues fingiendo que es por la paz?- los ojos rojos se entrecerraron. Su mente estaba nublada por los sentimientos que sentía en el aire, por los que se mezclaban en el genjutsu y se adentraban en su mente.

-¿Cuál es tu meta?- le preguntó Pain, haciendo caso omiso a su pregunta.

-¡Patearte el culo! ¡Y traer la verdadera paz al mundo Ninja!- la misma sonrisa irónica que se mostró en la cara del Ninja, que empezó a incorporarse, se hubiera podido ver en la cara del Uchiha. En el mundo Ninja… jamás habría paz.

-Ya veo… una meta muy loable, y es solo una. Pero, ¿qué hay de mis amigos? ¿De mi hogar? Los ninjas de Konoha no sois los únicos que podéis hablar de paz y armonía. Especialmente, después de lo que le hicisteis a mi Villa… Lo mismo que he hecho yo con la vuestra.

-¿Adónde quieres llegar?

"Los Clanes, los pueblos… siempre luchan por poder. Y a mí me toca ser el traidor" pensaron aquellos ojos rojos en silencio.

-El país del fuego, la aldea de Konoha… Han crecido demasiado. Para defender y llevar a cabo sus intereses, tuvieron que empezar guerras con los países vecinos. De otra forma, sus ciudadanos hubieran muerto. Pero el principal frente de batalla de estos grandes países era mi diminuto país. Y la guerra lo llevó a la ruina.- metió la mano en sus bolsillos, adoptando una posición más cómoda para seguir hablando.- Tras incontables batallas, los grandes países consiguieron estabilidad, pero al mío no le quedó más que dolor.- su voz era grave y ronca.- Nuestras metas son idénticas. Yo trato de traer la misma paz que Jiraya-sensei deseaba. Somos iguales, ambos luchamos por conseguir aquello que creemos correcto. La justicia que he aplicado a Konoha, es la misma que intentas aplicar tú conmigo.- dirigió sus ojos hacia él.- Todos sufrimos el mismo dolor cuando perdemos algo. Tú y yo hemos sufrido el mismo dolor. Por eso, tú luchas por tu causa… yo por la mía. No somos más que hombres que luchan por la venganza que llaman justicia. Pero cuando llamamos justicia a nuestra venganza, solo alimenta más venganza… y forja las primeras cadenas del odio. Las personas son seres vivos que simplemente no pueden llegar a un acuerdo común… El mundo Ninja está controlado por el odio. ¿Cómo podrías tú acabar con ese odio insaciable y traer la verdadera paz?- Naruto tragó saliva, sintiendo la boca seca. No sabía qué contestar a eso.- Me gustaría oír tu respuesta.

-Yo… no lo sé.

-Yo lo sabía… Lo sé todavía. Formé Akatsuki para poder romper las cadenas del odio. Puedo hacerlo… Pero necesito al Kyuubi, necesito su poder. Con el poder de las nueve bestias, tendré más poder que el que tenía para destruir tu Villa, más poder que para destruir un país entero. Con la humanidad acobardada, reinará la paz, el mundo entero conocerá el verdadero dolor, y su miedo a este dolor les paralizará, impidiéndoles luchar…

-Eso no es paz… ¡Eso es una mentira!

-La gente no es tan lista como para averiguarlo, es la única forma de hacerlo.- levantó la barbilla, y sin mirarle prosiguió.- Habrá periodos de paz, y periodos de dolor. Cuando lo que llaman paz vaya sucumbiendo a las ansias de poder, utilizarán mi arma y se creará dolor, y volverá la paz por un tiempo. Ese… es mi único legado.

-¡Ero-sennin pensaba que la gente realmente sería capaz de unirse algún día! ¡Siempre tendrás esa carga!

-Tan solo palabras… No tienes ninguna posibilidad, ¿qué esperas hacer? Lo único que puedes hacer por esa causa es entregarme el poder del Kyuubi. Como dije… tu muerte es clave para la paz mundial.- sin esperar una respuesta, una barra negra empezó a salir de la manga de su capa, y la clavó en un hombro, rompiéndola y volviendo a clavar con forme crecía en el otro, y así con distintos puntos de su cuerpo. El chakra oscuro de Pain empezó a invadir el cuerpo de Naruto, mientras Sasuke veía impasible aquel acto. En cierto modo, tenía deseos de ayudar, pero lo rechazó inmediatamente, aquello no era de su incumbencia. Después de todo… él ya no era parte de la Villa, era un desertor, un traidor…

-¡Naruto! ¡No dejes que sus mentiras te afecten! ¡Diga lo que diga!- tragó saliva, mientras el joven empezaba a dirigir la mirada hacia la vieja rana.- ¡Eres el chico de la profecía! ¡Aquel que salvará al mundo! ¡No voy a dejar que pierdas contra él! Jiraya-chan y Pa sacrificaron sus vidas porque creían en ti. ¡Si te derrumbas ahora no te lo perdonaré nunca!

-Rana ruidosa…- el pelirrojo levantó la mano en dirección a la anciana legendaria, y sin mover sus pies un milímetro siquiera, Ma calló inconsciente al suelo.

-Hijo de…

-Volvamos a ti.- dijeron al unísono Naruto y Pain. Sin embargo, mientras Naruto abría los ojos por la sorpresa, Pain notaba una presencia a sus espaldas, y una sombra en el suelo que iba haciéndose más grande. Se acercaba a él.- Refuerzos…- susurró apartándose unos metros, derrapando en el suelo. Sasuke frunció el ceño, ¿qué estaba haciendo ella ahí?

"Te doy un día…"

Aquellas cuatro palabras se repitieron en su mente. ¿Por qué estaba allí? ¿Es que acaso quería morir? ¿Tan estúpida era? Si ni Naruto tenía una oportunidad, ella aún tenía menos. Además, ¿no estaba en malas condiciones? ¿No la había destrozado mentalmente?

¿Por qué entonces su mirada se mostraba tan tranquila?

¿Por qué parecía decidida? ¿Segura?

Las palabras que salieron de aquellos labios femeninos sorprendieron al Uchiha, todavía oculto en su propio genjutsu, invisible a todos, incluso para ella.

-No dejaré que le pongas un solo dedo encima a Naruto-kun.- su voz no tembló, no dudó. Mucho más segura que cualquiera de las veces que la había escuchado, como si estuviera en paz consigo misma, como si no fuera a dar la vuelta. Se adelantó unos pasos, solo para poder mirar esos ojos blancos, para descubrir si también se mostraban así.

Leyó dolor en ellos, pero no resignación, no leyó arrepentimiento, ni culpa.

Se sentía bien consigo misma por aquello, de eso Sasuke estaba completamente seguro.

Sin embargo, no mostraban aquella luz que había visto tantas veces mientras había estado con ella, como si supiera que sus actos, aunque respetados, nunca fueran a ser comprendidos, correspondidos.

¿Qué era lo que le movía hasta allí? Era la única pregunta que atenazaba la mente del moreno oculto.

-¿Por qué has venido? ¡Corre! ¡Huye! ¡Es demasiado fuerte para…!

-Lo sé… Pero…- paró un momento, buscando las palabras adecuadas. El Uchiha escuchaba atento, intentando comprender, intentando ver sin volver a adentrarse en su mente. No quería volver a vivir aquello.- Es mi turno de ser egoísta…

-¿Qué cojones estás diciendo? ¿Qué clase de excusa es esa? ¡Esto es muy peligroso!- por primera vez, Uchiha Sasuke estaba de acuerdo en algo con Naruto. ¿Qué demonios significaba aquello? ¿Egoísta?

-Estoy aquí porque es lo que quiero.- suspiró, dándole la espalda a Naruto, mirando a Pain mientras el aire ondeaba su pelo ante su cara y a sus espaldas.- Siempre lloraba y me rendía a la primera… Siempre me equivocaba… Hasta que tú, Naruto-kun… me enseñaste el camino correcto. Siempre he ido tras de ti, siempre deseando alcanzarte… algún día. Siempre soñando que podríamos caminar juntos… el uno al lado del otro.- Sasuke abrió los ojos con sorpresa, sin poder creerse que fuera por eso por lo que se aferraba a la vida de aquella manera.- Intentando llegar donde tú llegaras.- la joven apretó los puños, y el Uchiha pudo ver como el brillo de sus ojos relampagueaba, implacable. Por primera vez, veía feliz a esa mujer. Sin entenderlo, el corazón empezó a latir con fuerza en su pecho, y un frío que había intentado olvidar desde la muerte de sus padres empezó a invadir su cuerpo. El sudor frío hizo que se removiera, incómodo por la situación.- ¡Tú me cambiaste! ¡Tu sonrisa me salvó de mí misma!

-Hinata…- susurró el de ojos rojos, pero no llegó a oídos de nadie.

-No tengo miedo a morir si es para protegerte. Porque… te amo, Naruto-kun.

Diferentes sensaciones invadieron a todos los presentes allí.

Indiferencia… Pain

Sorpresa… Naruto.

Paz…Hinata.

Frío… Sasuke.

Sin esperar una respuesta que la hiciera dudar, la joven Hyuuga se lanzó corriendo contra su enemigo, contra el enemigo de la persona a la que amaba. El brazo izquierdo extendido, el derecho a la altura del pecho, para luego invertir sus posiciones y poder hacer el toque del puño suave.

"Te doy un día"

Sasuke vio cómo todo aquello iba pasando a cámara lenta, mientras su mente funcionaba a toda velocidad. ¿Por qué se sentía así? ¿Por qué notaba aquel frío en su pecho? ¿Por qué su corazón había dejado de latir cuando ella había pronunciado aquellas palabras? ¿Por qué se sentía tentado a correr para pararla en aquel justo momento?

¿Era por lo que había dicho el Aburame? ¿Por lo que había visto en la mente de la joven? ¿Porque no la entendía? ¿Porque ella le había salvado la vida y se sentía en deuda?

¿Por la luz que había visto en sus ojos?

La joven llegó hasta su objetivo, y justo cuando iba a atacar, él la agarró del cuello y la estampó contra el suelo, dejándola inconsciente de un solo movimiento.

Sasuke entrecerró los ojos, furioso sin entender ni saber por qué, justo al mismo tiempo que Naruto gritaba el nombre de la Hyuuga.

¿Qué debía hacer? O mejor dicho… ¿Qué quería hacer?

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Continuará…

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No me maten… jijiji n///n''

Sé que tienen derecho a odiarme por hacer esto y dejarlo justo en este momento… pero me siento incapaz de decidir lo que tiene que hacer Sasuke. Principalmente, porque tengo que pensar en dos alternativas y ver cuál se adecua mejor a mis futuros capítulos… Y también porque quiero saber lo que opináis vosotros ^^

A partir de aquí me voy a separar completamente del manga. Esta era mi última aportación, ya que Sasuke en realidad no está con Taka ni va tras el ocho colas… así que ya no seguiré bajo esa línea (sí por los personajes, pero no con la historia, jejeje)

Y una última cosa… Gomenasai, Amy-sempai. Sé que odias este capítulo en el manga y no iba a ponerlo pero… he tenido que hacerlo para el desarrollo futuro. ¿Me perdonas? Como recompensa… voy a escribir la continuación de Abandono, ya que me siento inspirada ahora mismo, jajaja

Contestación a los reviews sin cuenta =)

Yael: me alegro que te guste… Sí, Sasuke a veces puede ser un poqito tonto, pero… ¿todos pueden cambiar, no?jejeje

Aiko uchiha: hola! Yo al principio tampoco era SasuHina… jejeje, pero bueno, las cosas cambian. Me alegro que te guste la historia! A ti que paring te gusta? =) espero poder leerte de nuevo pronto!

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¿Merezco un review? =)