Hola a todos, me alegra estar de vuelta y traerles por fin este capítulo, espero que les guste, disculpen por la demora, pero creo que es mejor demorar que dejar el fic a medias. Antes de empezar quiero agradecer a:

Mariposa-Infernal

Rukia inlove

Vegetable lov3r


10. Entre Tinieblas

De hecho, el túnel estaba totalmente vacío y limpio. El suelo estaba seco, una agradable brisa acariciaba sus rostros, y no se veían ratas por ningún lado. No había ramificaciones sospechosas ni túneles oscuros, tan sólo un par de portezuelas cerradas, por las que antaño se había accedido a las instalaciones de mantenimiento. Probablemente, no se habría vivido peor allí que en cualquiera de las estaciones… ninguno de ellos sospechó aquella repentina calma, ni de la no menos rara limpieza.

Todos los temores que hubieran podido albergar se habían esfumado. Las historias de viajeros que desaparecían sin dejar rastro les parecían en aquel momento simples historias para no dormir, e Ichigo se estaba preguntando si la salvaje escena con el hombre que en teoría había sido víctima de la peste no habría sido tan sólo un sueño, un sueño que hubiera soñado mientras dormía sobre el trozo de lona, junto a la hoguera del filósofo vagabundo.

Stark, Rukia y él mismo iban a la cola, porque el primero temía que los miembros de la caravana irían desertando uno tras otro y finalmente ninguno de ellos llegaría a la Kitay-gorod. Stark caminaba con largas zancadas junto a Ichigo, quien llevaba tras de sí a Rukia quien no se fiaba nada de aquel túnel. Las profundas arrugas que habían atravesado el rostro de Stark durante el conflicto con los hombres se habían alisado de nuevo, la tormenta había amainado, e Ichigo no tenía ya delante de sí un lobo enfurecido y astuto, sino, una vez más, al sabio y prudente Stark. Con todo, el pelinaranja intuía que la transformación podría producirse de nuevo en cuestión de segundos.

Como presentía que no iba a encontrar otra oportunidad igual para apartar el velo que cubría algunos de los secretos del Metro, Rukia no pudo evitar decir:

—¿Sabe usted qué es lo que sucede en este túnel? — preguntó Rukia con voz gruesa.

—Eso no lo sabe nadie, y yo tampoco muchacho —le respondió Stark—. Sí, de verdad, existen asuntos sobre los que no sé nada. Sólo puedo decirte una cosa: se trata de un abismo. Cuando hablo conmigo mismo, llamo a este lugar "agujero negro". Me imagino que no has visto nunca las estrellas, ¿sabes algo sobre el Universo?, una estrella moribunda se transforma en agujero negro cuando su luz se apaga y empieza a caer bajo la influencia de su propia, increíble fuerza gravitatoria. La materia que se hallaba en la superficie cae hacia el centro, y así se vuelve cada vez más pequeña, pero, al mismo tiempo, densa y pesada, y cuanto más densa se vuelve, más se intensifica su fuerza de gravedad. Este proceso es irreversible y se parece a una avalancha de nieve: al incrementarse la gravitación, se vuelve mayor la cantidad de materia que se precipita al interior del monstruo; en un momento dado, su fuerza es tan grande que empieza a atraer hacia sí a sus vecinas, junto con el resto de materia que se encuentre en su radio de acción, y finalmente también a las ondas lumínicas. Su poder es tal que puede llegar hasta el punto de capturar los rayos de otros soles, el espacio que la rodea queda muerto, negro, y la materia que cae en su poder no podrá liberarse jamás. Es la estrella de las tinieblas, el sol negro, que difunde en torno a sí tan sólo frío y oscuridad…

Stark enmudeció después de asumir que la joven había quedado lo suficientemente confundida como para volver a preguntar, y escuchó las conversaciones de los que caminaban más adelante.

Anduvieron durante cinco minutos sin decir nada, y luego, Rukia habló de nuevo.

—¿Pero qué tiene que ver todo eso con el túnel?

—Sabes bien que soy vidente. En ocasiones puedo observar el futuro o el pasado, o trasportar mi espíritu a otros lugares. Pero ciertas cosas se me escapan. Así, por ejemplo, todavía no sé cómo terminará tu viaje y el del muchacho. Su futuro, en general, es un enigma. Tengo una sensación como si mirara en aguas turbias y no reconociese nada; pero cuando intento descubrir con la mirada qué es lo que sucede en este túnel, y comprender la naturaleza de este lugar, me encuentro con la negrura más opaca, y el rayo de mis pensamientos no consigue regresar de las absolutas tinieblas de este túnel. Por eso, cuando hablo conmigo mismo, lo llamo agujero negro. No te puedo decir más sobre esto. —Stark calló de nuevo, pero al cabo de unos instantes añadió de repente— Y por eso estoy aquí.

—¿Eso significa que usted no sabe por qué este túnel a veces no representa ningún peligro, y otras engulle sin más a los hombres que lo atraviesan? ¿Ni por qué desaparecen tan sólo los viajeros solitarios que van a la Kitay-gorod?— pregunto la perspicaz pelinegra.

—No sé nada más que tú, aun cuando ya llevo tres años tratando de desentrañar ese misterio en vano…

El eco de sus pisadas llegaba hasta muy lejos. El aire de aquel lugar era de gran pureza; la respiración, sorprendentemente fácil; y la oscuridad no infundía el mismo pavor.

Las palabras de Stark no inspiraron ningún tipo de desconfianza ni de preocupación en Rukia ni en Ichigo.

El pelinaranja al escuchar la conversación de Rukia con Stark llegó a convencerse de que el motivo del mal humor de su compañero no era los secretos y peligros de aquel túnel, sino el fracaso de su investigación; el pelinaranja pensaba que las inquietudes de Stark eran exageradas, e incluso ridículas. En aquel trecho no había ningún peligro, era todo recto, y además el túnel estaba vacío. Una animada melodía empezó a sonar en su cabeza. Aun cuando el muchacho no se lo propusiera, debió de hacerse audible también fuera de su cuerpo, porque Stark le miró divertido y le preguntó:

—Vaya, ¿ahora te has puesto alegre? Esto nos está saliendo muy bien, ¿verdad? estamos en un lugar muy tranquilo y muy limpio, ¿verdad que sí?

—Mmm —asintió el regocijado pelinaranja. Se sentía ligero y libre, porque Stark se había contagiado de su humor y parecía compartirlo. Porque estaba sonriendo y no se veía malhumorado, ni sumergido en pensamientos tristes. Porque en aquel momento creía ya en el túnel.

Stark agarró a Ichigo por la muñeca- Coge la mano de Rukia tambien. Yo te agarro para que no tropieces. Ahora ambos, cierren los ojos, ¿Ven algo?

El par cerro obedientemente los párpados e Ichigo respondió, decepcionado:

—No, nada. Sólo el destello de la luz de las linternas.

Pero, de pronto, Rukia gritó débilmente sorprendida y luego el pelinaranja.

—Ah, los acaba de capturar —observó Stark, satisfecho—. Es bonito, ¿verdad?

—Es tremendo… como era en el pasado. No hay techo, y todo es tan azul… - exclamo Ichigo- Dios mío, qué bello es todo esto. ¡Y qué aire tan fresco!- agrego la azabache maravillada.

—Lo que ven es el cielo. Interesante, ¿verdad? Muchos de los que cierran los ojos y se relajan en este lugar alcanzan a verlo. Es un fenómeno extraño, de eso no habia duda. Les sucede lo mismo incluso a los que no han estado nunca en la superficie. Una sensación como de estar arriba. Y eso antes de que…

—¿Y usted? ¿Usted también lo está viendo? —le preguntó la maravillada Rukia. No se atrevía abrir los ojos.

—No. Casi todo el mundo lo ve. Yo soy el único que no. Sólo veo una negrura opaca, casi cegadora, en todo el túnel. ¿Entiendes lo que quiero decir? Negrura arriba, abajo, a los lados. Y sólo un menudo rayo de luz atraviesa el túnel, el rayo de luz al que nos agarramos al pasar por este laberinto. Quizás esté ciego. Pero quizá lo estén también todos los demás. Bueno, abre los ojos Ichigo, no quiero hacerte de perro lazarillo hasta la Kitaygorod.

Stark le soltó la muñeca. Ichigo trató de seguir caminando sin abrir los ojos, pero tropezó con un travesaño y estuvo a punto de caerse al suelo junto con Rukia quien seguia con los ojos cerrafos al igual que el. Ambos abrieron de mala gana los párpados y anduvieron todavía durante un rato en silencio, con una sonrisa idiota en los labios. Finalmente Ichigo fue quien se animó a preguntar.

—¿Qué era eso?

—Fantasías —le respondió Stark—. Sueños. Humores. Todo eso junto. Pero a menudo se transforman. Esos humores y esos sueños no son tuyos. Somos muchos, y por eso no te va a pasar nada, al menos por ahora. Pero ese humor puede transformarse en cualquier momento. A ti te ocurrirá también. Mira, allí está la Turgenevskaya. Hemos ido muy rápidos. De todos modos, no podemos detenernos allí, ni siquiera para una breve pausa. Todos estos rogarán que les dejemos unos momentos para tomar aliento, pero ellos no perciben el túnel. La mayoría de ellos no perciben lo que tú percibes. Tenemos que seguir adelante, aunque nos resulte cada vez más difícil.

Entraron en la estación. El mármol brillante que recubría las paredes apenas si se diferenciaba del de la Prospekt Mira y la Sukharevskaya, pero en estas últimas estaciones estaba tan tiznado y sucio que apenas si se podía ver. Allí, en cambio, se había conservado en toda su belleza, hasta el punto de que era difícil apartar la vista. Los humanos habían abandonado aquel lugar desde hacía tanto tiempo que ya no quedaba nada que remitiera a su anterior presencia. Por otra parte, la estación se hallaba en perfecto estado.

Era evidente que no había sufrido inundaciones ni incendios. Si no hubiera sido por la absoluta oscuridad y por la gruesa capa de polvo que cubría el suelo, los bancos y las paredes, uno habría tenido la impresión de que en cualquier momento una multitud de pasajeros aparecería en el andén, o que un tren saldría del túnel, acompañado por la melodiosa señal de advertencia. En todos aquellos años no había cambiado casi nada; el padre de Ichigo le había hablado con pavor de aquel sitio.

En la Turgenevskaya no había columnas. Los arcos por los que se accedía al andén eran bajos y habían sido tallados en la gruesa pared de mármol. Las linternas de la caravana no eran lo bastante potentes como para atravesar la oscuridad de la sala e iluminar lo que había al otro lado, y por eso todos ellos tenían la sensación de que detrás de los arcos no había nada, tan sólo negra oscuridad. Como si se hubieran encontrado en los límites del Universo, en el abismo donde terminaban las formas del mundo.

Pese a los temores de Stark, a nadie se le ocurrió proponer un alto, y no tardaron en llegar al otro extremo de la estación. Los hombres parecían preocupados, y cada vez con mayor frecuencia decían que querían llegar a un lugar habitado.

—¿Lo percibes? Los ánimos están cambiando —dijo Stark en voz baja. Levantó un dedo, como si hubiese querido averiguar la dirección del viento—. Tenemos que marcharnos en seguida. Ellos lo sienten en su pellejo, igual que yo con mi intuición. Pero hay algo que me impide seguir adelante. Espera un momento…

Sacó con precaución de un bolsillo interior el plano que había llamado Mentor, ordenó a los demás que no se alejaran, apagó sin motivo aparente la linterna, dio un par de pasos y desapareció en la oscuridad.

Una vez se hubo marchado, uno de los que iban delante se separó de los demás y se acercó lentamente a Rukia, casi con reticencia. Y cuando le habló, había tanta timidez en su voz que Ichigo no supo si el hombre había descubierto algo.

—Escúchame, muchacho, no es buena cosa que nos quedemos aquí. Dile que tenemos miedo, tu eres el más joven de todos así que se compadecerá y nos dejara ir, aunque que somos muchos, pero quién sabe… este túnel está maldito, y también la estación. Dile que tenemos que seguir adelante. ¿Me oyes? Díselo… por favor. —El hombre volvió la mirada y se marchó a toda prisa.

Ichigo se volvió a Rukia y le habló en voz baja.

—¿Qué opinas de esto?, yo puedo confiar en Stark, pero preguntarte a ti me parece lo más sensato.

—Escuchaste lo que me hablo ese hombre, ¿cierto? —pregunto la pelinegra recibiendo como respuesta un asentimiento de cabeza por parte del pelinaranja. — Ese hombre fue el barbudo que ocasiono que aquel pobre desgraciado fuera engullido por el túnel, toda su valentía y su actitud ha desaparecido, podía notar un miedo irracional en su voz, como un niño pequeño, no sé qué tenga esta estación, pero es peligrosa, si ya les afecto a ellos, puede que comienzo a afectarnos a nosotros también.

Ichigo reflexiono un poco y luego dio un par de zancadas hacia delante para estar más cerca del grupo y oír su conversación. Repentinamente se dio cuenta de que el buen humor había desaparecido. Su cabeza, en la que poco antes una pequeña orquesta había tocado música marcial, había quedado vacía y silenciosa hasta extremos opresivos. Tan sólo se oía el eco del viento gemir en las proximidades del túnel en el que estaban a punto de adentrarse. Todo el ser de Ichigo se heló en la opresiva espera, con el presentimiento de cambios inevitables.

En una fracción de segundo le pareció que sombras invisibles se posaban sobre él. Se sintió frío e incómodo. La calma y la seguridad que le habían acompañado en todo momento desde que entró en el túnel e habían esfumado. Se acordaba de las palabras de Stark: que aquellos sentimientos no le pertenecían —que aquella alegría no era suya—, y que las alteraciones de su estado no dependían de él.

Nervioso, examinó el entorno con la linterna, porque tenía el desagradable presentimiento de que había alguien cerca. El mármol blanco, cubierto de polvo, refulgía bajo una luz turbia, pero el grueso telón negro que pendía entre los arcos permaneció intacto, impenetrable, a pesar de que el aterrado

Ichigo trataba repetidamente de perforarlo con la linterna. Por ello, la ilusión de que al otro lado de los arcos se acababa el mundo se reforzó aún más. Finalmente, el pelinaranja no pudo soportarlo, y volvió con Rukia, casi corriendo.

—Vengan con nosotros, vengan muchachos —les dijo alguien cuyo rostro no alcanzaron a reconocer. Estaba claro que trataban de ahorrar batería—. No tengan miedo. Son humanos como nosotros. Y en una situación como ésta los humanos tenemos que apoyarnos. ¿Lo están sintiendo también?

Ichigo estuvo de acuerdo en que, ciertamente, había algo en el aire. Pero aun así rechazo la oferta y se quedó junto a la pelinegra que con la linterna trataba de ubicar a su benefactor, los pensamientos de ambos daban vueltas en torno a una misma cuestión: ¿Adonde había ido Stark? ¿Por qué no le habían visto ni le habían oído durante más de diez minutos?

Pero cuando Ichigo ya pensaba en ir a buscarlo, fue que Stark emergió de las tinieblas sin hacer ruido.

—No quieren quedarse aquí —le dijo Rukia en tono de súplica a penas lo vio—. Tienen miedo. Sigamos adelante. Ichigo y yo percibimos lo mismo que ellos.

—Lo que sienten no es miedo —le aseguró Stark, y miró a su alrededor. Luego, cuando prosiguió, Ichigo creyó notar que su voz, antes tan segura, y algo ronca, se había suavizado ligeramente—. Y ustedes tampoco sienten miedo, y no merece la pena que se quejen tanto. El miedo es lo que siento yo. No es que lo digo por darme importancia. He penetrado en las tinieblas que se encuentran más allá de la estación. El Cero me ha prohibido dar el paso siguiente. Si no, me habría perdido sin remedio. No podemos seguir adelante. Hay algo oculto. Pero mi mirada no puede ir más allá, no sé qué es exactamente lo que nos aguarda. ¡Mira! —Con un rápido movimiento, le puso el plano frente a los ojos de Rukia—. ¿Lo ves? ¡Ilumínalo! Mira el túnel que va de aquí hasta la Kitay-gorod. ¿No ves nada?

Rukia se esforzó por ver las pequeñas figuras que aparecían en el plano, hasta el punto de que los ojos le dolieron. No encontró nada extraño, pero tampoco se atrevió a admitirlo.

—¡Gallina ciega! —le susurró Stark—. ¿De verdad que no ves nada? ¡Está totalmente negro! ¡Es la muerte! —Impaciente, le arrebató el plano de las manos.

Ichigo le miró de mal humor. Una vez más, pensó que Stark estaba loco. Se acordó de la historia que le había contado Keigo sobre el hombre que se había adentrado en solitario por los túneles. Había sobrevivido, pero el miedo le había hecho enloquecer. ¿Era posible que a Stark le hubiera ocurrido lo mismo?

—Pero tampoco podemos volver atrás —le cuchicheó Stark esta vez a los dos—. Durante la primera etapa hemos cazado un instante en el que reinaba el buen humor. Pero ahora se está concentrando la oscuridad, y se prepara una tormenta. Lo único que podemos hacer es seguir adelante, pero no por este túnel, sino por el que está al otro lado del vestíbulo. Quizás esté todavía libre. —Se volvió hacia los demás—. ¡Eh! Teníais razón. Hemos de seguir adelante. Pero no por este camino. Más adelante nos espera la muerte.

—Pues entonces, ¿cómo? —le preguntó alguien tímidamente.

—Tendremos que ir por el túnel paralelo que está al otro lado de la estación. Lo más rápido posible.

—Ah, no —replicó otro—. Eso lo sabe todo el mundo: ¡Entrar por el otro túnel cuando el propio está libre es un mal augurio! ¡Es motivo de muerte! ¡No vamos a ir por el izquierdo! —Se oyó un murmullo de aprobación. Algunos pies retumbaron contra el suelo.

—¿De qué está hablando? —preguntó Ichigo.

Stark frunció el ceño.

—De una superstición, evidentemente. ¡Diablos! Ahora no tenemos tiempo para convencerlos, y a mí se me acaban las fuerzas… ¡escuchen! Yo iré por el túnel paralelo. Quien me crea, puede venir conmigo. Me despido de los demás. Para siempre. ¡Vamos!

Arrojó la mochila sobre el andén, tiró de sí con ambos brazos y trepó hasta arriba. Ichigo no se decidía. Por una parte, tenía en cuenta que Stark había demostrado un gran conocimiento sobre aquel túnel y sobre el Metro en su conjunto, un conocimiento que iba mucho más allá de los límites del entendimiento humano. Estaba claro que se podía confiar en él. Pero, por otra parte, seguía vigente la ley inalterable de que había que ir siempre con el grupo más numeroso, porque eso era siempre lo más seguro.

Rukia podía percibir como se sentía Ichigo, lo podía hacer porque ella también se sentía así, estaba confundida, a pesar de lo sabio que podía ser Stark era conocido que los grupos grandes tenían mayor esperanza de sobrevivir.

—¿Qué les ocurre? ¿No te quedan fuerzas? — preguntó Stark mirando a Rukia— ¡Yo te voy a ayudar!

Se arrodilló sobre una sola pierna y le tendió la mano.

Ichigo evitó mirarle a los ojos, porque tenía miedo de encontrar el destello de locura que lo había aterrorizado en aquella otra ocasión, entonces cogió el suficiente coraje y aparto el brazo extendido de Stark y se puso entre Rukia y el.

¿De verdad sabía Stark lo que hacía, al desafiar no sólo a los miembros del grupo, sino también a la esencia misma del túnel? ¿Estaba realmente informado sobre ello? ¿Lo percibía? El trecho que figuraba sobre el plano del Metro —el Cero— no era de color negro. Rukia habría jurado que era de color naranja claro, igual que el resto de la línea. La pregunta era: ¿Quién de los dos estaba ciego?

—¡Que Haces! ¿A qué esperas? ¿No entiendes que el menor retraso nos puede costar la vida? — dijo Stark sin obtener respuesta del pelinaranja— ¡La mano! ¡Dame de una vez la mano! —Dijo esta vez dirigiéndose a Rukia, Stark estaba gritando, pero Ichigo se alejó de él muy despacio cogiendo a Rukia de la mano y llevándosela con pasos breves. Miró en todo momento al suelo mientras se reunía con el grupo.

—Ven, muchacho, sujeta bien a tu hermano —oyó que le decía uno de los miembros de este—, vengan con nosotros. No se enreden con ese loco. Es lo más sano que pueden hacer.

—¡Imbécil! —le gritaba Stark—. ¡Vas a morir con ellos! ¡Aunque tu propia vida no te importe, piensa al menos en tu misión! ¡Piensa a quien estas arrastrando contigo!

Finalmente, Ichigo se atrevió a levantar la mirada. Se topó con los ojos desorbitados de Stark. No descubrió en ellos ni el más mínimo atisbo de locura, sino tan sólo desesperación y cansancio. Se detuvo… pero en ese mismo instante una mano se posó sobre su hombro y tiró suavemente de él:

—¡Vámonos! Mejor que muera él solo en vez de arrastrarlos a ustedes también a la tumba.

Ichigo tuvo cierta dificultad para entender el sentido de aquellas palabras. Le costaba pensar, y al cabo de un instante de vacilación dejó que el otro lo arrastrara.

El grupo se puso en marcha. Se acercó a las fauces del túnel sur. Avanzaban con pasmosa lentitud, como si hubieran estado luchando contra algún tipo de resistencia, como si caminaran bajo el agua...

._.

El comerciante se preparaba a forzar la puerta para entrar pero algo le detuvo, una mano se apoyó en su hombro, por la grosura del raje al principio no pudo darse cuenta

—Señor Kisuke no lo haga…

De inmediato Urahara, golpeo al extraño con la culata de su AK y luego se volvió para apuntarle, pero de pronto unos fuertes brazos lo sujetaron por la espalda antes de que pudiere volverse, y le despojaron del rifle.

— Ayayayay, tsk, no tenía que ser tan duro señor Urahara… — se quejaba un joven pelinegro en el suelo, se sostenía el abdomen y su gesto de dolor se podía notar por encima de la máscara.

Urahara lo miraba sorprendido y a la vez aliviado.

—Hey Chad, puedes soltar al señor Urahara, es de confianza. — dijo el joven levantándose con algo de dificultad, sobándose el abdomen.

Pronto Urahara sintió como aquellos fuertes brazos lo soltaron, el comerciante se volvió y el hombre le devolvió su arma.

—Eh muchacho, ¿con que rayos te alimentaron de pequeño? —bromeo el comerciante al ver al joven, pero este solo se quedó en silencio. — Oh, ya veo, no sueles hablar mucho, ¡claro!, permita que me presente, soy Kisuke Urahara…

—Señor Urahara, no hay tiempo para eso, mire hacia el tejado de ese edificio. — dijo el joven señalando con la cabeza hacia un edificio a medio caer a unos 20 metros de la acera donde se encontraban.

El comerciante se volvió y observo a 2 bestias aladas, era verdad, no podían permanecer ahí si apreciaban su vida, debían avanzar. — Bien Uryu, entonces, ¿Qué sugieres?

—Debemos coger el bloque de apartamentos que está del otro lado de la calle, desde ahí podemos ir nuestra base si vamos por la avenida principal, una vez en la base me puede explicar en que consiste su misión, y veremos cómo le ayudamos. — respondió el muchacho, ante el expectante Urahara.

El comerciante medito un momento, después de todo sabía que no iba poder hacerlo solo, así que decidió que acompañaría a Uryu y a su camarada hasta la base que decían tener, tal vez encontrara a alguien que le pudiera decir algo más sobre los oscuros. El hombre asintió y de inmediato Uryu se puso en marcha, con Urahara tras de sí y Chad en la retaguardia, volvieron a pasar por entra la maraña de ramas, pero esta vez fue más fácil ya que el hombre llamado Chad corto varias con un machete. Caminaron un poco sobre los escombros hasta llegar a la calle, desde ahí caminaron un poco más hasta llegar al borde del enorme agujero. El agua empozada reflejaba el cielo gris y en algunas partes se observaba nieve oscura y restos de escombros, tuberías y chasis de autos corroídos.

Uryu se detuvo un instante y observo aquel enorme agujero, en su mente parecía maquinarse algún plan para cruzar sin tener que tocar aquella agua radioactiva. Urahara también puso su cerebro a funcionar, observaba todas las posibles cosas que pudieran ser usadas como un puente, pero no había nada, estaba claro que nadie antes había intentado cruzar aquel estanque.

El día empezaba a oscurecerse más, pronto se haría de noche, no sabía cuanto tiempo se habría quedado inconsciente, era un milagro que no hubiera sido devorado. El viento comenzaba a soplar cada vez más fuerte agitando el follaje reseco y haciendo chillar las estructuras de algunas farolas aun de pie, el comerciante realmente se preguntaba si podrían cruzar por ahí

De pronto Ishida se volvió hacia su camarada, su rostro denotaba que se le había ocurrido algo. — ¿Chad, puedes mover esa farola?

El aludido examino el poste que aún se mantenía de pie, se quedó así unos segundos, y luego se dirigió hasta esta, envolvió la base con un trozo de lona algo sucio y luego la sostuvo empezando a tirar con fuerza, después de unos cuantos segundos, al base empezó a chirriar, y Urahara observo sorprendido como el hombre logro desprender la farola.

—Bien hecho Chad, ahora quiero que trates de mover aquel chasis, trátalo de moverlo hacia el centro derecho. — dijo el joven señalando el viejo chasis de lo que fue antaño una camioneta.

Urahara veía con asombro como el fuerte joven sostenía la farola como si fuera un gancho y movía el chasis, que a pesar de estar corroído y viejo aun debía pesar bastante. El viejo chasis fue moviéndose surcando el agua empozada, en algunas zonas se hundía lo suficiente como para pensar que no lo podrían mover más pero el sorprendente fuerza del joven lo movía, al final pudieron ponerlo en una zona estrecha y poca profunda. Después de dejar ahí el chasis, Uryu les indico que debían saltar hacia este y desde ahí saltar de nuevo al otro lado. Urahara, examino el al parecer alocado plan, y a pesar de su simpleza y poca fiabilidad se dio cuenta que aquel plan era perfecto, la mejor manera de cruzar al otro lado.

Ishida fue el primero en saltar, seguido por Urahara y luego por Chad quien se había quedado defendiendo la retaguardia, una vez los 3 sobre el chasis, el fondo del estanque pareció ceder, pero el muchacho pelinegro y el gigantón seguían tranquilos; para llegar al otro lado Chad tuvo que ayudar a impulsarse a Uryu, quien al aterrizar al otro borde casi cae hacia atrás, hacia el estanque. Le siguió Urahara quien no necesito ayuda, y aterrizo perfectamente del otro lado, era el turno de Chad quien se preparó para saltar, el hombre retrocedió para tomar impulso mientras el auto chirriaba, pero en tan solo unos segundos como si ocurriera en cámara lenta una de las bestias voladoras agarro a Chad en el instante en que este estaba en el aire. Urahara de inmediato se descolgó su fusil de asalto pero con aquel traje era imposible coger bien el AK, después de unos intentos, pudo lograr agarrar el fusil con firmeza, en su espacio de tiro tenía a aquella bestia que se alejaba hacia el norte sosteniendo a Chad. Cuando hubo calculado bien, Urahara disparo una corta ráfaga que impacto a la bestia en una de las alas, Uryu siguió su ejemplo y logro impactar en la otra pero no hizo tanto daño, pues su disparo no fue tan preciso, pero lograron que la bestia volara más bajo, en ese momento Chad intento zafarse, lográndolo, pero había calculado mal, cayo desde una altura de 6 metros, sobre la escuela abandonada.

La bestia después de perder a su presa, desapareció tras unos edificios.

La luz parecía también extinguirse, estaba ya atardeciendo y el viento cada vez era mucho más fuerte.

—Bueno, creo que de todas formas tendremos que entrar allí…— dijo Urahara suspirando. — No podemos dejar a tu amigo ahí, no fue una caída tan alta, de seguro está bien, pero tal vez este inconsciente, si no ya hubiera tratado de avisarnos que está bien.

—¿Que podemos hacer?— preguntó nerviosamente el joven de la línea de Stalin.

—El cayó sobre el tejado de esa escuela, solo debemos entrar, encontrar las escaleras al tejado y bajarlo

—Ya veo, pero después ¿qué haremos?, se está haciendo de noche, pronto saldrán…

— Deberemos pasar al noche ahí, parece que los mutantes le temen a ese lugar, si al menos dormimos cerca de una salida podremos sobrevivir… —Respondió Urahara aunque no sabía si temer más a los mutantes a las fuerzas oscuras que reinaban sobre aquella vieja construcción.

Uryu tan solo asintió, y los dos hombres caminaron bajo cada vez un cielo más oscuro, después de llegar de nuevo frente a la puerta del viejo edificio de la escuela, la oscuridad se había instalado por completo en la ciudad.

El silencio de aquella noche sin luna fue cortado por unos aullidos casi humanos, que parecían resonar en todas las calles. Ellas habían salido.

—Entremos— dijo Urahara destapiando la puerta con relativa facilidad y abriéndola, dando paso a una estancia donde reinaba la más oscura negrura…


De todas formas tendrán que entrar a la escuela, ¿Qué encontraran ahí?, por otra parte Ichigo y Rukia ahora están con otro grupo, que apsara con ellos una vez hayan llegado a otra estación, ¿descubrirán que Rukia en verdad es mujer?, ¿lograran encontrar un camino a la Polis?, ¿o en verdad al muerte les aguarda en aquel túnel?

FEAR THE FUTURE