Manta O.
En realidad pocas veces se preguntó cómo sería el fin del mundo. Llámenlo exagerado, pero cuando comienzas a ver que a tu amigo lo atraviesan con una lanza, a ti te abren en dos para verte las vísceras y su prometida puede invocar fantasmas cuando se le antoje, uno podría pensar qué sería más sorprendente.
O mejor, ¿habría algo que todavía pudiese generarle sorpresa?
Pues bien, ni siquiera tuvo que reformular su cuestionamiento.
Ver la mirada centellante de Yoh, le daba una idea de lo mucho que le quedaba por vivir y lo horrible que debía ser estar en la mira del shaman. ¡Ah! Pero de qué hablaba, si justo unos instantes previos él era su centro de atención.
No sólo temió por su vida en el momento que le entregó su mochila, sino que ahora temía porque el lugar terminara ardiendo en llamas con semejantes miradas que se cargaban esos dos.
El fin del mundo, le dicen, el juicio final.
Casi sin dudar estaría de parte de Anna. En esta ocasión, se notaba que no tenía la batalla fácil. Sólo se preguntaba qué pudiese generarle semejante sentimiento de resentimiento hacia ella. Lo que fuera, seguro era cosa grave.
El instinto de supervivencia estaba más cuerdo. Éste ni siquiera le sugirió quedarse a averiguarlo. Decía algo similar a: agarra tu mochila y lárgate en silencio. Mañana lees los titulares de los periódicos.
Pareja de jóvenes se asesina a sangre fría.
O mejor.
Amantes traicioneros se asesinan mutuamente en una cafetería romántica.
Sonaba tan fuera de la realidad, porque ni eran amantes, ni creía que llegaran a tanto. O quizá estaba equivocado. Con ese par ya no sabía.
En cualquiera de los casos, su mente dictaba que huyera.
En lugar de hacerlo, jaló su silla, cuando notó que el ambiente se aligeraba un poco.
A veces, el morbo puede ser más fuerte.
Las mejillas de Anna estaban ligeramente sonrojadas y podía notar cómo sostenía el dije en un puño. No entendía del todo su reacción, menos en el instante que cortaron contacto visual. ¿Acaso se leían la mente mutuamente? ¿O por qué podían hasta pelear sin decir nada? Y por lo que aparentaba, el perdedor había sido su amigo.
¿Qué podía hacer? ¿Preguntar directamente o hacerse el tonto? Eligió lo segundo.
—Ammm…. ¿y ese pastel? —preguntó al notar la tarta de crema blanca en la mesa—¿Acaso pediste más?
Ni siquiera le habían dado una mordida al pastel de cortesía, no se explicaba por qué del repentino gusto por los postres. Hasta que Anna le acercó el bizcocho. Entonces pudo notar lo que decía la cosa horrible. ¡Quería quemarse los ojos! No mentía al decir que su rostro ardía y no por fiebre.
Un trágame tierra y escúpeme en otro planeta no le alcanzaría. Su padre lo escucharía muy claro.
Menos teniendo a Yoh a su lado.
¿Acaso estarían peleando por eso?
¡Oh dios, ahora el que temía confrontarlo era él! Pero para su fortuna, estaba leyendo muy atento el menú.
—Yoh te juro…
—Tranquilo, Manta—interrumpió en un tono relajado, sorprendiéndolo por la tranquilidad que estaba tomando el asunto—Ya sé lo que dice. Está bien. Yo lo escribí.
¡Qué, qué! Necesitaba que se lo repitieran dos veces, porque no entendía cómo podía estar tan pasivo después de escribir algo tan atrevido y más sabiendo que era para Anna. Tal vez ya sabía que era una cita de a mentiras. Bueno y ni tanto, pero no es como si quisiera quitarle a su novia. Sólo era de amigos.
Sí, qué importaba que la llenara de rosas y regalos extravagantes. Era una cita amistosa.
—¿De verdad?—preguntó con una ligera desconfianza— ¿No te molesta?
—Sí, está bien.
De acuerdo, eso confirmaba una cosa: no estaba celoso.
Quiso reírse más aliviado. Por lo menos no estaba inquieto por esa cuestión. Es decir, Yoh veía a Anna como una hermana, suponía que era natural que tuvieran esas riñas ocasionales. Aunque no estaba entendiendo bien por qué estaban peleando, ni el por qué él había escrito eso en un pastel. Pero… si él decía que estaba bien, quería decir que al menos estaba claro ese punto.
—Supongo que Anna ya te lo explicó entonces—soltó más tranquilo.
Pero lo que obtuvo sólo fueron más interrogantes de aquellos ojos misteriosos.
¿Qué? ¿Acaso había dicho algo malo?
No tuvo ni tiempo de formular la pregunta cuando vio a Yoh tomar decidido el vaso, sorbiendo lo último que quedaba de la malteada. Con la misma pajilla. Con la saliva de ella involucrada en el proceso.
Sentía sus mejillas arder, incluso se mordió los labios para que nada saliera de la forma escandalosa en que lo pensaba, fue inútil.
—Yoh… ¿por qué bebiste de la pajilla de Anna?
No quería figurar como un demente, ¡pero eso parecía ser algo demasiado personal! ¡Y Anna lo sabía! ¿Por qué le veía incrédula? Ella había dicho que si querían compartían la pajilla como pareja. La palabra clave aquí era Pareja. Estaba jugando con él diciéndole que aquello era muy de enamorados.
Yoh y ella, en teoría lo eran, ¡pero en la realidad no! Se trataban más como hermanos que novios.
Con todo y la mirada de reproche de la rubia, tenía que admitir que eso había sido más suave de lo que en realidad deseaba expresar.
Y por la cara de su amigo, se notaba que ni siquiera se había percatado del detalle.
—Tu saliva…su saliva—comenzó a explicarle, cuando notaba indiferencia en su semblante.
¿De verdad le daba igual?
—Ammm…. ¿estás bien? ¿Te sientes bien? Te veo… un poco pálido.
Desmejorado, si pudiese añadirle.
Quizá Anna tenía razón en verlo de esa manera, eran pequeñeces que no tenían la menor relevancia. Y por la urgencia parecía ser que no estaba muy bien de salud.
—Ah… sí… sólo desayuné y creo que tengo hambre.
Considerando la hora, era claro que necesitaba comer algo. Más con todo el ajetreo que tuvo que pasar, no lo imaginaba rindiendo con lo único que había comido en la mañana. Él se disculpó de inmediato con ella, diciéndole que pediría otra bebida.
—Creo que en ese caso, mejor pedimos tres—mencionó divertido—La mía no estaba bien preparada y no me la pude ni tomar.
¿Cómo iba a olvidar el sabor asqueroso en su lengua. Ni siquiera el picor que comenzó a sentir en la garganta. Todavía tenía la sequedad en su boca.
—Fuiste corriendo al baño—comentó con una sonrisa triunfante.
¡Ay, esa mujer era cruel!
—Estaba asquerosa, ni siquiera me la pude tomar porque ya la quería vomitar.
Y no mentía, aseguraba que de haberse tardado, ahí mismo hubiese vuelto su estómago.
—Chicos, ¿se les ofrece algo más? —dijo de repente la camarera.
Ella estaba súper sonriente, mientras a él le entraba la indignación. No tardó en reclamarle lo nefasta que estaba su bebida. La chica sonrió, diciéndole que quizá estaba exagerando. Le retó a probarla. ¿El resultado? Lo que él no se atrevió a hacer. Volver la bebida en el mismo vaso. ¿Qué si había sido asqueroso? Con toda seguridad. Pero había sido divertido ver a alguien que entendía a perfección todos sus síntomas.
El resto de los comensales comenzaron a reír por el espectáculo de la chica. Sintió pena por haberla hecho pasar por lo mismo que él. Pero al menos ahora alguien comprendía su pena.
Comenzó a carcajearse como el resto, que apenas escuchó el murmullo de su amigo en la mesa.
—Voy al baño.
Pasaron un par de minutos para que todo se calmara y ella les dijera que les traería nuevas bebidas, esta vez, bien preparadas.
Anna se notaba ausente.
Podía percibir su claro interés en él.
¿No era eso absurdo? ¿Cómo una chica como ella pudiese sufrir de un amor no correspondido? Si eso sufría una de las mujeres más hermosas de su escuela, ¿qué esperaba el resto?
Bufó cansado, una vez que el ambiente volvió a ser tranquilo. Quiso decir algo, cuando ella se adelantó, aludiendo que también iría a los sanitarios. Pero antes de marcharse, detuvo su andar tomando su muñeca. Era atrevido. Mas necesario para aclarar algunas cosas antes de que se marchara. Aprovechando también la ausencia de su amigo en la mesa.
—Amm… ¿de verdad crees que no esté enojado por esto? —enfatizó en lo último.
Nuevamente esa mirada de confusión se dejó ver.
—¿A qué te refieres con esto? —pronunció en el mismo tono.
No podía creer que lo iba a decir.
En primera porque sonaba una locura, el hecho de decirlo en voz alta, era como para que alguien llamara al psiquiátrico para que se llevaran su pobre alma loca. Y en segunda, porque sí le había tomado la mano, estaban ahí en una cita… aunque se lo negara, y le gustaba el hecho de que tan sólo por ese momento, era el chico que tenía la dicha de salir con ella.
Aunque fueran sólo amigos.
Tampoco es como si quisiera algo más.
—Hablo de la cita, sé que las cosas entre Yoh y tú no son tan… personales.
Amorosas, hubiese querido decir. Pero tampoco quería causarle alguna molestia.
—No sé, es sólo que no quiero que piense otra cosa.
Como que le robó a la novia. ¡Ja! ¡Y cómo si eso pudiese pasar!
—No creo que se enoje, porque salgamos—siguió soltando su mano con algo de pesar—Él no es celoso. Aunque dudo mucho que lo piense.
No supo por qué de repente se sintió algo desanimado.
—¿Qué piense qué?
Eso era lo más irónico. Por qué Anna no simplemente lo adivinaba, por qué quería escucharlo decir esas palabras vergonzosas.
—Que somos pareja—pronunció avergonzado, riéndose de él—¿Quién podría pensarlo? Tú y yo, no somos ni siquiera compatibles.
Su risa se extendió más, tal vez un poco más, añadiendo una falsedad que no pretendía.
Y ella lo notó, al suspirar cansada. Seguro le reprendería la clase de pensamientos tontos en su cabeza. O peor, lo golpearía por siquiera emparejarse con ella. Lo que siguió sin duda lo dejó sin habla.
— Manta, a pesar de que eres parecido a kropockul, no eres desagradable—comenzó a decir, inclinándose hacia él.
—¡Qué!
Si con lo primero ya estaba sonrojado, escucharla hablar el resto, lo dejó impactado.
—Dije que sí te aceptaría como mi novio—agregó en un tono firme, que le causó escalofríos—Así que deja de hacerte el idiota y de decir que no eres suficiente para alguien. Y no, no te emociones, nuestra cita no va para ese lugar.
El rubor en sus mejillas alcanzó un nivel histórico. Sentía que en cualquier momento desfallecería. ¿Anna diciéndole que valía la pena como novio? ¿Cómo novio de ella? Se vale soñar, aunque no tan alto.
—Sobre Yoh, no creo que esté enojado por esta cita…
Sí, ella también tenía las mismas ideas en lo referente a su amigo. Porque si había algo que recalcar era eso.
Yoh no era celoso.
Si lo fuera, la tendría que llevar de la mano a todas partes, porque quién podría ser tan ciego como para no ver cómo miraban a Anna casi con adoración en su salón. Casi podía asegurar, que todos sus compañeros tenía un enamoramiento con ella.
Doble conclusión: Yoh no era celoso.
Segunda conclusión: Yoh no tenía sentimientos románticos por Anna.
Y tercera: debía estar enojado con él por dejarlo a la deriva cuando más lo necesitaba.
—Quizá no le fue tan bien con todas ellas—puntualizó cruzando sus brazos.
Pero el hecho de que Yoh no sintiera lo mismo, no querría decir que Anna fuera indiferente. Especialmente cuando se perdía en sus propios pensamientos, se podía deducir la notable preocupación que la invadía.
—Anna…—dijo llamando su atención—No te preocupes, hablaré con él después de salir, todo saldrá bien.
Sonrió en una diminuta expresión en su rostro.
Lo suficiente para suavizar su postura imponente.
Hubiese deseado decirle algo más que calmara su propia inquietud, pero ni él mismo sabía qué esperar.
—Mejor ve al baño, yo terminaré de comer este rico pastel—agregó más tranquilo—Sólo espero que no tenga nada raro.
Al cabo de unos minutos, comenzó a preguntarse de por qué tanta demora. No sólo la chica ya había puesto las tres malteadas, sino que llevaba medio pastel. Sí, igual que Yoh, no había podido almorzar del todo bien, pero eso no implicaba comerse todo el bizcocho.
¿Cuánto tiempo llevaban ausentes? ¿Más de quince minutos? Con Anna no sabía, pero al baño de hombres sí podría entrar. Así que decidido, se levantó. No podía ver a casi nadie en el pasillo, por lo que no le llevó mayor problema abrir despacio la puerta del sanitario.
Pero casi se va de espaldas, al vislumbrar las dos figuras por demás conocidas.
¡Cómo es que Anna estaba parada en el baño público de hombres!
¡Y cómo es que estaban ahí mirándose fijamente como si estuviesen en la sala de su casa!
Algo no le cuadraba.
Volvió casi a cerrar la puerta, quedando sólo abierto un fragmento. No alcanzaba a escuchar con claridad lo que decían. Sabía que estaban mencionando algo de la cita, cuando se acercaron y dijeron que a pesar de extraño, no lo era del todo. Ambos estaban de acuerdo. Los puntos estaban siendo claros.
—Siempre seremos especiales—dijo Yoh.
Quizá era el tono, no supo por qué, pero jamás lo había escuchado decir algo tan personal hacia ella. Fue extraño. ¿Por qué lo decía?
—Sí, eso parece.
¿Era una despedida? ¿Acaso estaban terminando su compromiso? ¿Y por qué precisamente en un baño público? ¿Por qué la urgencia de Yoh por venir a terminarlo todo así de la nada?
Lo único que tenía era más preguntas, sobre todo porque comenzaron a hablar de sus molestias estomacales.
¿Cómo? Entendía que Anna era algo reservada, pero… ¿ni un poco de sentimentalismo? Estaban finiquitando su relación. ¿O estaba en un error? ¿Se iban a casar siendo amigos? ¿Las citas…?
—Con permiso, hijo, voy a limpiar—escuchó decir al hombre de limpieza.
Ni siquiera lo dudo, cuando se fue corriendo a la mesa de nuevo.
Su mente era un caos. Aun así, se obligó a disimular lo mejor posible.
Quizá estaba en un error. ¿Cómo iban a terminar su compromiso así de la nada? Sus abuelos no se lo permitirían, Yoh había sido demasiado enfático al decir que sí o sí, se tendría que casar con Anna para perpetuar su herencia como shaman.
No la habría aguantado tanto tiempo con esas torturas así de la nada, para llegar después de un agitado catorce de febrero, después de recibir cientos de cartas de otras chicas y con la que posiblemente había conectado, sólo para venir a decirle a Anna que lo sentía, pero no podía casarse con ella. ¿O sí?
¡Menos en un baño público!
—Dios… estoy demente—se dijo para tranquilizar lo que su mente pensaba.
Observó a Anna regresar a su mesa, con la misma postura de siempre.
Yoh regresó unos minutos después.
Ambos parecían tranquilos, quizá esa charla era necesaria, aunque no supo bien de qué trataba. Si ellos estaban bien y podían sentarse tranquilamente por qué él no.
Suspiró, tratando de recobrar el ánimo.
—Tardaron bastante, pero viendo que cómo está el lugar, seguro el baño debe estar igual—dijo casual, entregándoles una cuchara—¡Ya probé el paste! ¡Deberían hacerlo, está muy rico!
Y no mentía, de ser así no se hubiese acabado la mitad.
Ambos tomaron un pedazo.
Anna se mostró complacida, mientras Yoh seguía con un gesto de cansancio. Imaginaba que como decía ella, todas esas molestias derivaban más de su dolor estomacal. Pero nunca antes lo había notado con el ánimo por los suelos.
Intentó de todas formas ser más alegre.
Si algo sabía de Yoh es que se contagiaba fácil de un momento agradable.
—¿No es delicioso? —agregó sonriéndole.
—Emmm… sí—afirmó tratando de replicar su gesto, mientras bebía de su malteada.
No estaba funcionando.
—Al menos la malteada ahora sabe bien—añadió con toda la intención de que se riera de él.
O al menos que recordara el incidente de la mesa.
Sólo suspirar un poco, para volverse a sumir en sus pensamientos.
De acuerdo, quizá no era su día y necesitaba un poco de espacio. ¿Pero si necesitaba espacio, entonces qué hacía ahí con ellos? No comprendía y esperaba que Anna lo guiara. De qué servía fingir que era un sol, si sus dos acompañantes seguían inmersos en sus propios pensamientos.
—Quizá a Yoh le interese la película que vimos—pensó, tratando hilar la última conversación que tuvo con Anna sobre eso—Entonces… ¿cómo me dijiste que se llamaba ese actor?
Ella pareció confusa en un instante, hasta que volvió a recordar que eso había sido el último punto que tocaron, antes de todo ese torbellino.
—Tom Cruise.
Ese nombre le sonaba, comenzó a tratar de recordarlo. ¿No era el sujeto por el que su mamá se sentía atraída? Estaba haciendo una película de acción. El señor Misión Imposible. Claro, cómo lo había olvidado. Mencionó lo poco que sabía de él, incluido el mote de galán de Hollywood.
Pero a Yoh no le llamó la atención.
Él más bien parecía concentrado en otra cosa.
Y debía estar demasiado metido en eso, como para no oír como Anna le declaraba su amor a un actor de películas.
Incluso él se sintió avergonzado de escucharla hablar con tanta entrega de alguien.
Pero su amigo ni en cuenta.
—Vaya, Yoh, sí que te ves cansado.
Fue lo único que logro volverlo a la conversación. Hablar con esas chicas no había sido fácil, al menos eso estaba contándole. Parecía que los dos andaban en esa sintonía, porque cuando uno prestaba atención, el otro se perdía en quién sabe dónde.
¡Qué pasaba con esos dos!
—¡Bueno! Qué les parece si vamos a comer algo aquí al festival que está en el templo—dijo entusiasmado.
Cómo si eso se pudiera subirles el ánimo.
—Yo pago la comida.
Eran las palabras favoritas de Anna. Aunque ella, más que ausente parecía resinada. O al menos eso denotaba por la forma en que actuaba. No es como si no tuviera ánimo de discutir, pero tampoco de escuchar las excusas que tenía Yoh para declinar la invitación.
Al final, todos se encaminaban hacia el templo. Tomó sus cosas, como llevaba haciéndolo desde hacía bastante rato, cuando alcanzó su paso y ella le ofreció su mano. ¡Oh, dios! No supo qué hacer, ni en qué momento, la tomó y le sonrió. Porque para qué se hacía tonto. El día de hoy, caminar de la mano con ella, era su momento favorito de la cita. De toda la cita.
No sabía si era por el calor de su piel, o la suavidad con que sus dedos lo tomaban, no lo supo con congruencia.
Era arriesgado, lo sabía.
Yoh caminaba detrás de ellos, estaba de acuerdo en la cita. No debería preocuparse, ella ya se lo había explicado.
Aún así, sentía como si un millar de agujas se clavaban en su espalda.
¿Por qué sentía que lo que hacía era algo… prohibido?
¿Qué precio pagaría por tomar la delicada mano de Anna?
No lo supo bien, no al menos hasta que su nariz se topó con el suelo. Había sentido el ligero empujón, apenas alcanzó a soltarla. Ni de broma hubiese querido que terminaran los dos en el piso. Más por un descuido.
Yoh se acercó de inmediato para auxiliarlo.
Se levantó sin mayor problema, quizá tendría un raspón en la rodilla, nada de gravedad. Se sacudió, mientras su amigo contemplaba el corazón de chocolate, que se había caído fuera de la bolsa.
No hubo un contacto visual con él, como si lo tuvo con ella.
Hubiese querido decir alguna broma, pero todo cuanto obtuvo fue sus cosas de regreso, mientras veía cómo su amigo retomaba el paso con enfado.
Sí, está vez hubiese querido equivocarse, incluso deseó con todas sus ansias pararlo y decirle que le explicara. Sobraba decir que ninguno de los dos volvió a tomarse de la mano. ¿Cómo lo harían? Si ahora todo cuanto ocupaba sus mentes era ver a Yoh caminar como alma endiablada.
¿Qué lo había molestado tanto?
—Yoh…
Corrección.
¿Qué le había molestado tanto como para ignorar a Anna así de tajo?
Y lo peor, es que ahora ya no era el único molesto. Ahora le había dejado en pleno infierno, cuando en más de una ocasión trató de llamar la atención de la rubia. ¿Pero qué diablos se creía gritándole para llamar su atención? Antes no terminó muerto, después de recibir esa mirada.
Preguntas como por qué estaba molesto, comenzaron a salir de su boca.
Anna se irritó más.
—Por qué no mejor vas y se lo preguntas tú.
¡Ja! ¡Ja! ¿Qué respuesta más lógica, no? Claro que si lo pensaba, no había otra manera más que confrontarlo, pero viendo que ella lo había hecho con anterioridad, Era lógico que sus puntos de vista deberían estar más claros. Y no hecho un desastre como en realidad lo estaba.
— Está enojado contigo, obviamente le hiciste algo que no puede aguantar—dijo mirándole con dureza—Además de que está decepcionado
¿Qué? ¿Decepcionado?
—¿Por qué? —comentó a viva voz.
—¿Por qué más? Porque no pudo salir con ninguna chica el día de hoy—enfatizó cruzando sus brazos— En especial con esa tal Sakura.
¿Sakura? ¿Hablaba de su tierna compañera de clases?
Anna en vez de mitigar sus dudas sólo estaba acrecentándolas. Comenzando por el hecho de que ella creía que Yoh estaba frustrado por rechazar a esas chicas por su culpa. Aunque era lógico, teniendo en cuenta el compromiso que los unía.
—Tenía opciones—dijo en un tono molesto, podría catalogarlo de ese modo.
Se sentaron en la banca y cuando ella terminó de sacar su frustración, le alentó a buscarlo, afirmando que sería el único capaz de cambiar su estado de ánimo.
Comenzaba a entender el sentir de cada uno.
Ella lo había intentado, era obvio que el fracaso sólo le estaba haciendo experimentar en más de un sentido la derrota. Pero tal vez no habían sido tan claros, quizá él fuera su mejor amigo y alguien cercano a él. Pero ella también significaba mucho. Podía notarlo, en la forma en que siempre la consultaba o la constante preocupación por saber qué diría sobre un tema concerniente a él.
Quizá Yoh no tuviera los mismos sentimientos, pero la quería y mucho.
Como ella a él.
—¿Sabes, Anna? Cuando te conocí pensé que eras la chica más terrible que pude haber conocido—dijo apenado—Y no me equivoqué, sí eres una mujer terrible.
Sonrió, apaciguando el momento tenso de la situación. Y continuó…
—Pero también eres la chica más dulce que haya conocido—añadió entregándole su maletín— Porque a pesar de lo dura que eres y de que todas esas personas le hayan declarado abiertamente que lo querían, creo que lo único que tú buscaste siempre es que él decidiera y que lo experimentara. Y ahora… a pesar de que tú tampoco estás tan bien, me pides que lo ayude, porque quieres que lo escuche, porque quieres que él se tranquilice y esté bien.
Podía notar su vergüenza y cómo su vista se perdía en el resto de las parejas. Quiso tomar por última vez su mano, pero no se atrevió y contempló por breves instantes sus dedos cerca. Había sido la experiencia más bonita que había vivido. Pero como todo sueño, éste también tenía un final.
—Yoh es muy afortunado de tenerte—confesó con un ligero sonrojo—Ojalá tu amor sea correspondido.
Y lo decía en serio. Sería muy tonto si no fuera de ese modo.
Bajó de la banca y comenzó a caminar, pero antes de perderse entre la multitud, regresó casi corriendo. Así como había sentido sus dedos entre los suyos, así tan sorpresivamente, había regresado por lo único que faltaba por experimentar. Parándose frente a ella e inclinándose para tocar con sus labios su tersa mejilla.
—Gracias por la cita.
Y corrió, en parte, temiendo por una represalia, pero inmensamente feliz por la experiencia. Al menos eso fue hasta que terminó de subir la escalinata y ver que tendría una charla frontal con su mejor amigo.
Sería algo difícil y francamente no deseaba hacer hasta el otro día.
¿Cómo iba más o menos su dialogo? ¿No era algo así…?
—Hey Yoh, salí con Anna, tuvimos una cita de amigos—se imaginó casual, adentrándose al jardín—Bueno ni tan amigos, le regalé 500 flores. La llevé al cine, le compré golosinas. ¿Ah, y mencioné que la invité a la cafetería de moda? Sí, esos sitios ridículos que quieren todas las parejas en su aniversario. Bueno, le reservé la mesa con pétalos, le regalé, un oso de peluche y hasta un colgante, que por un momento pensé que era un anillo. Pero es en plan de amigos, no vayas a pensar otra cosa.
Suspiró llegando al lugar, donde estaba apoyándose en aquella estructura de piedra, tratando en vano de no perder los estribos.
—Y creo que olvidé decirte algo… le tomé la mano y fue lo más auténtico de la cita—dijo en su mente, dando esos últimos pasos— Tomarla de la mano es una sensación increíble. Ojala te dieras la oportunidad de hacerlo, o de tomar la mano de la chica que te guste, sea ella u otra.
Pero él hubiese preferido que fuera con Anna.
—Yoh…—le llamó en un tono suave.
No quería parecer demasiado entrometido, menos someterlo a cuestionamientos inútiles que sólo le hicieran sentir peor.
Giró a verle, sólo había tristeza en su rostro.
—¿Quieres hablar?
El enojo parecía haberse disipado de a poco. Aun así, no dejaba de sentir ese hueco de notable preocupación al verlo tan maltrecho. Quizá sólo debería comenzar.
—Sé que no tuviste un buen día…—dijo cansado—Sé que no debí dejarte solo y lo siento por eso.
Era sincero. La razón por la que la había buscado en primer lugar era ésa. Ninguna otra, más que ayudarlo a salir de su problema.
—Tenías otras cosas que hacer—pronunció por primera vez—Supongo que está bien.
Pero cómo podía decir que lo estaba, evidentemente no lo estaba.
—No, no está bien—dijo más confiado—Y deja de fingir que está bien, es claro que no lo está.
Pudo notar su duda en la manera que su labio inferior tembló.
Estaba reteniendo algo grande.
Pero cómo se lo podía explicar, sin hacerlo sentir peor.
—Yo no tenía idea de que eso fuera a significar algo más para ti.
Pero a como lo describía Anna, él sentía que era un escape para todo lo que estaba viviendo: sus obligaciones y todo este sueño de ser el Shaman King. Las opciones eran importantes para Yoh.
—Sé que fui un mal amigo.
Y él no había estado ahí para escuchar. No era como tal su intención dejarlo a merced de tantas personas. Menos con el grado de importancia que tenían.
—Sé que las cosas entre Anna y tú no están nada bien—agregó notando su gesto de malestar—Me pude dar cuenta de eso desde antes, y sé que debí habértelo preguntado…
—Pero no lo hiciste—dijo por fin.
—Lo sé… —dijo mirando el suelo, recordando cómo comenzó—Es sólo que Anna… ella también me importa.
Pero lejos de encontrar algo cercano al alivio, percibió cómo si aquello hubiese sido un gancho al hígado, por el modo en que tomaba su estómago. Y cómo su cara se tensaba con cada frase. Quizá él no estaba viendo las cosas con claridad, tal vez era hora de que apreciara un poco más lo que tenía, antes de en verdad considerar las opciones. Y porque a ambos los estimaba mucho.
—Ojalá pudieras verla con otros ojos algún día— dijo con un tono de esperanza—A ella también le afecta que estés tan triste, Yoh—agregó con un pequeño suspiro— Por eso me pidió que viniera a verte. Ella piensa que tal vez conmigo sería más fácil de hablar.
Pero él sólo levantó sus manos, como si aquello funcionara como una auténtica barrera.
—Basta, Manta, por favor—dijo cansado— Está bien, ya lo entendí.
No podía negar que oírlo hablar casi con suplica no le acongojo el corazón, menos al ver cómo trataba de protegerse de las palabras.
—No necesitas venir a explicarme todo. Ni siquiera quiero conocer cómo pasó todo esto… Yo…—dijo dudando—Yo sólo quiero… quiero una cosa.
¿Y qué sería?, le preguntó. Cuando volvió a suspirar para bajar un momento la mirada antes de hacerle frente de una vez por todas.
—Puedes… puedes prometerme que la amarás tanto como yo a ella—susurró en un tono de voz tan triste— Porque… si dices que no, Manta. No me importa cuánto te guste o cuánto interés tenga Anna en ti. Yo prometí que nunca la abandonaría y pienso cumplir con mi promesa.
Tuvo que parpadear más de una vez para comprender lo que le estaba pidiendo, más cuando notó el esfuerzo que realizaba con cada palabra que salía de su boca.
¡Yoh le estaba hablando de amor! ¿De amor hacia Anna? ¿Amor de pareja?
—Por favor, yo… entiendo que quieras que no me acerque a ella y que la vea de otra forma. Pero no puedo—dijo apretando un puño—Y si ella ya te escogió a ti, lo voy a respetar.
Abrió los ojos impresionado.
—Voy a intentarlo, sólo tendrán que tolerarme unos cuantos días más—dijo melancólico.
Jamás, ni en sueños creyó ver a Yoh tan derrotado.
Había estado presente cuando perdió con Fausto. Aquello no era nada en comparación con lo mucho que estaba pasándole factura esta idea.
Esta loca y burda idea. Esta loca e irreal idea.
¿Y por qué no lo detenía?
¿Porque le estaba dejando hablar?
Bueno, no es como si en verdad quisiera torturarlo más y saber hasta dónde llegaría, es sólo que entre el temblor de su boca, las ideas que venían constante en su mente y luego su aspecto derrotado. Ni cómo hilar una oración.
¡Estaba jodidamente sorprendido!
Díganle a su cerebro que rebata una idea que venía siendo constante día con día. Mes tras mes. Y hasta hace unas horas que tuvo el descaro de decírselo a Anna de frente. ¿Amor de hermanos? Sí, claro.
—Tú… Tú… ¿Tú estás… enojado? —preguntó apenas pudiendo pronunciar la última palabra— ¡Estás enojado conmigo, no con Anna!
¡No! ¡Estaba jodidamente enojado!
—¡Qué! —replicó el castaño confundido.
—Todo este tiempo…—trató de decir, sorprendido—Anna me dijo que estabas enojado conmigo.
Él pareció querer evadir su mirada, pero era inútil negar lo evidente.
—Sí… ammm… sí estaba enojado contigo.
—No, tú estás enojado conmigo—le corrigió de inmediato.
Amidamaru también hizo acto de presencia, en el que su amo estaba siendo expuesto con demasiada soltura.
Yoh tuvo que morder su boca.
No quería admitirlo, hasta que dejó ir todo el aire que contenía.
—Sí, estoy enojado contigo.
—¿Por qué?
Y parecía que aquello sólo lo había encendido más, porque no sólo lo miraba con fijeza, sino con desprecio, como si el solo preguntar hubiese sido ofensivo.
—¿Por qué estás enojado conmigo?
¿Y por qué lo estaba llevando al límite con ese interrogatorio?
—Tú sabes bien por qué, Manta—pronunció entre dientes—No es algo que esperaba de ti, pero ya te dije que respeto la decisión de Anna.
Es ahí donde no entendía a lo que se refería. Entendía lo de la cita, pero no ese punto.
—¿Qué decisión?
Volvió a suspirar, esta vez con mayor violencia.
—Que tú y Anna sean novios.
Y el eco de la última palabra pudo resonar en su cabeza durante minutos. Estaba seguro que más de medio Tokio debió escucharlo gritar, porque no se había guardado nada en semejante impresión. Dicen que una relación es de dos, dependiendo a quién le preguntes, pero en el estándar ése es el número ideal. ´
Él siempre creyó que era el añadido.
El acompañante de más.
Jamás se vio a sí mismo como parte de un triángulo amoroso, que en realidad sólo tenía dos direcciones.
Pero sobre todo, jamás creyó que llegaría el día en que se contradijera, después de las muchas veces que lo afirmó durante la cita.
En primera, Yoh creía que lo suyo con Anna no era un juego.
En segunda, Yoh fue hasta la cafetería a interrumpir su cita.
Y la tercera y más importante, Yoh Asakura estaba completa e irremediablemente celoso por robarse a su compañera de vida.
Continuará…
N/A: Hola a todos. Completando y modificando ligeramente mi historia con la añadidura de dos capítulos, les presentó la versión de Manta de lo que quedaba de su cita con Anna y el principio de lo que es su charla con Yoh. Estos últimos tres se van a complementar las ideas mutuas y serán de gran ayuda para que corra de forma continua lo que resta de historia.
Agradezco sus comentarios, todos ellos, no he querido valorizarlos como buenos o malos, disculpen si se dio esa connotación. A lo que me refiero es que siempre es bueno saber los puntos de vista, no importa cómo sean. Todo es bien recibido.
En este caso, decidí modificar a como había quedado inicialmente el final, porque… a parte de largo, sentí que me faltaba algo. Es decir, sentí que no estaba del todo terminado. Me precipité en dejarle a Anna tantos puntos de vista en uno solo, pero en realidad, no es que me sobraran hojas, sino que me faltaban.
¡Irónicamente, sentí que me faltaban capítulos para concluir!
Entonces, esa es la razón de esta modificación. Sé que muchos ya leyeron el final, y ya me hicieron comentarios al respecto, en realidad se los agradezco mucho. Eso no cambiará, sólo se extenderá un poco, sólo lo necesario. Aun así, agradezco todo el apoyo que me han dado para esta historia.
Como siempre, gracias por leer, nos veremos súper pronto.
Agradecimientos especiales: SweetnessKai, Bliss, SophiHyund, Venus, Annprix1, Alexamilli, Rzie, Myur, Kakunza, Anekipo, Hunken, Sabr1, Lili, JosMinor, Tuinevitableanto, Guesti.
