Minato Namikaze POV

Todo lo que veía era oscuridad… la más absoluta de las oscuridades. Mi cuerpo no se movía, estaba demasiado rígido y mi mente no podía pensar en nada. Escuchaba ruidos en mi entorno, a gente hablando, gente diciendo que iban a revivir mi cuerpo pero mi mente se rehusaba a pensar en eso, era imposible para mí… yo estaba muerto y nada cambiaría.

Recordaba la Villa de Konoha… recordaba que mi conciencia estaba en Naruto, la había dejado allí para poder guiarle cuando llegase el momento adecuado, para que al menos tuviera el padre que nunca pudo tener cuando me sacrifiqué para salvar la Villa… yo era Minato Namikaze, cuarto Hokage y por mi familia siempre había hecho cualquier cosa, pero ahora sentía como todo lo que creía ser… todo lo que podía recordar perfectamente, desaparecía.

¿Cómo podía ser? Veía claramente a mi hijo Naruto frente a mí, entre toda esta oscuridad su recuerdo me iluminaba, sonreía pero aunque yo levanté el brazo intentando alcanzarle, se alejaba de mí hasta que llegó un momento… en que ya ni siquiera le podía reconocer, llegó ese momento en que empecé a dudar si realmente había tenido un hijo o no, si había tenido esposa… si había enseñado a alumnos… toda mi vida pasaba delante de mí pero les olvidaba, empezaba a perder todos mis recuerdos.

Abrí los ojos de golpe cuando dejé de escuchar aquellas voces que se clavaban en mi cabeza y sólo pude hacer un gesto de dolor cogiéndome la cabeza. Me dolía demasiado la cabeza, no sé qué es lo que ocurría. Estaba tumbado en la hierba, en un campo bajo una cúpula de hojas, ramas y árboles. Miré al cielo entre las hojas, era azul como mis ojos… yo era un Namikaze. Alcé la mano mirándola, ¿Qué me había ocurrido? ¿Me había dormido? ¿Había peleado? ¿Dónde estaba? No recordaba nada.

Miré a mi lado la bandana tirada en el suelo y la cogí elevándola hacia el cielo para verla. Era de Konoha… yo vivía en Konoha, eso lo recordaba y sé que tenía que volver pero… a parte de que me llamaba Minato Namikaze y de que era de Konoha… no recordaba nada más.

Me quedé unos segundos allí tirado esperando un milagro, el milagro de que mis recuerdos regresaran de golpe y me dijeran quién era realmente, porque ahora mismo sólo sabía que era un Ninja de Konoha. Tenía que moverme… no podía quedarme aquí, tenía que moverme antes de que anocheciera por completo.

Intenté incorporarme pero lo máximo que conseguí fue quedarme sentado y tuve que volver a agarrarme la cabeza por el dolor. Me dolía demasiado ¿Por qué tenía este maldito dolor de cabeza? Los oídos me pitaban un poco y no podía escuchar nada, solo ese maldito pitido que me taladraba y me hacía daño. Esperé un tiempo hasta que dejó de doler y entonces me levanté y empecé a caminar por el bosque buscando algo… buscando algún poblado porque me moría de hambre.

Tras caminar casi dos horas llegué a una pequeña aldea y en ella conseguí que me dieran algo de comer. Era gente amable, vivían de lo que tenían y al final decidí pasar allí la noche. Cuando me desperté a la mañana siguiente estaba confuso y el dolor era más intenso que el día anterior. ¿Cómo era posible? ¿Qué me estaba ocurriendo?

Me levanté y bajé a desayunar para reponer fuerzas antes de marcharme a Konoha, ya no quedaba mucho viaje para llegar, pero al bajar me di cuenta de que todo estaba demasiado silencioso. Bajé las escaleras y entonces me di cuenta… todo estaba lleno de sangre, las mesas, las sillas y los muebles estaban volcados ¡Había habido una pelea! De eso no había dudas pero ¿Quién? Aquí no había nadie, era gente humilde y decente. Me sorprendí muchísimo y aterrado eché un paso hacia atrás agarrando con mi mano la barandilla de las escaleras. Cuando miré mi mano… estaba llena de sangre y supe que había sido yo quien los había matado ¿Por qué? Yo no me acordaba de esto. ¿Qué había hecho? ¿Qué me estaba pasando? Me asusté hasta que vi como alguien salía del suelo.

- Suelta eso Minato – me dijo cuando vio como cogía el kunai – no vengo a pelear.

- ¿Quién eres? – le pregunté.

- Soy tu salvador – me dijo – yo te he traído a este mundo de nuevo ¿No me recuerdas? Soy Orochimaru – me comentó.

- No… no sé quien eres.

- Suelta eso y te lo explicaré – me dijo.

- Yo… ¿Lo he hecho yo? – pregunté asustado a punto de llorar – yo no quería hacer esto.

- Claro que no querías, pero tenía que probarte, tenía que saber que me obedecías. Yo te obligué a hacerlo, ahora me perteneces Minato, tengo tu mente, puedo controlarte cuando quiera.

- Eso no es posible.

- Si es posible – me dijo – tienes un sello en la nuca, nadie lo verá si no se fijan con detenimiento, así que estás a salvo.

- Quítamelo – le ordené cabreado.

- Perdería la oportunidad de mi vida Minato.

- ¿Qué quieres de mí?

- Es muy sencillo, necesito a unos niños de Konoha, quiero que vayas allí y me los traigas. Si lo haces, te quitaré el sello.

- ¿Crees que alguien confiaría en mí en Konoha? Estás loco.

- Claro que confiarán en ti. Tú conseguirás que confíen en ti, yo sólo estaré vigilando a través de ese sello todo lo que haces, podré controlarte como quiera. Si no te ganas su confianza… yo haré que la ganes ¿Te queda claro?

- No lo voy a hacer – le dije.

- Claro que lo harás.

- ¿Por qué me cuentas todo esto?

- Porque no lo recordarás, sólo quería implantar la misión en tu cabeza… secuestrar a esos niños. Te ganarás la confianza de Itachi Uchiha y de Kakashi, te acercarás a los hijos del Hokage y me los traerás.

- No lo haré.

- Sí lo vas a hacer, igual que mataste a toda esta pequeña aldea… yo te lo ordenaré. Tu dolor de cabeza… viene de cuando te mando hacer algo, pero tranquilo, no recordarás nada de lo que has hecho tras haberte controlado, tu coartada estará a salvo.

- Vete al infierno.

- No Minato… tú irás al infierno… me traerás a esos niños, vas a engañar a todos, voy a conseguir que Itachi Uchiha sufra por todo lo que me hizo y será todo gracias a ti, voy a conseguir enamorarle de ti, voy a hacerle mucho daño Minato.

- No toques a nadie de mi villa – le dije enfadado.

- Es tarde para eso Minato, tú estás aquí gracias a mí, me obedecerás, me perteneces y por fin ha llegado el día de mi venganza.

Orochimaru tocó mi mente y caí de espaldas desmayado. Cuando me desperté… lo único que recordaba era que había matado a esa aldea. Era un monstruo y me sentía como tal. No recordaba nada y era el peor sentimiento, ni siquiera sabía por qué había matado a esas personas que no me habían hecho nada más que ayudarme. Me puse a caminar rumbo a Konoha tras lavarme la sangre.

Me desperté de golpe gritando y sobresaltado. Cuando abrí los ojos estaba en una habitación desconocida, tapado con una manta durmiendo en un sillón. Recordaba haber matado a aquella aldea, no podía recordar nada más y empecé a llorar de golpe. ¿Cómo podía haberlo hecho? Mis manos estaban manchadas de sangre de gente inocente y no sé si eso algún día me lo podría perdonar.

- Ey – escuché de alguien que venía del pasillo - ¿Qué te ocurre?

- Vete – le dije susurrando – aléjate de mí Itachi, no soy de fiar.

- ¿Qué? – me preguntó dudando – has cuidado bien de mi hijo.

- Pude haberle hecho daño, por favor créeme.

- Tú no le harías daño, yo confío en ti.

- No me conoces – le dije – por favor… créeme.

- ¿Qué te pasa?

- Yo… yo los maté, los maté a todos. Ellos no habían hecho nada… maté a inocentes.

- Todos hemos hecho cosas de las que no nos sentimos orgullosos Minato. ¿Quieres contármelo?

- No recuerdo mucho… pero maté a toda una aldea, no muy lejos de aquí.

- No es cierto Minato, era una pesadilla.

- No lo entiendes… estaba allí, lo he visto.

- No te has movido de aquí, Minato.

- Cuando venía hacia Konoha – le dije.

- Si por la mañana investigo lo que ocurrió… ¿Te quedarás más tranquilo?

- Sí – le dije.

- Vale. Iré por la mañana a esa aldea, te lo prometo.

- Gracias, Itachi.

- Intenta dormir. ¿Vale?

- No puedo, creo que es mejor que me vaya a casa, es muy tarde – le dije recogiendo las cosas pero Itachi cogió mis muñecas y me hizo soltar las cosas de nuevo.

- Quédate – me susurró

- No quiero haceros daño. ¿Y si es cierto lo que he soñado?

- ¿Y si era sólo una pesadilla? – me preguntó – ven conmigo, duerme a mi lado y si veo que te mueves, te detendré, ¿vale? Es mejor eso que estar solo en tu casa, ¿verdad? Allí nadie podría pararte si hicieras algo. ¿Confías en mí?

- Sí – le dije mientras Itachi limpiaba mis lágrimas.

- Ven conmigo entonces.

Le seguí cuando empujó levemente mi mano hacia él y caminé a su espalda por todo el pasillo hasta llegar a su habitación. Me sonrojé y es que era la habitación de Itachi Uchiha, yo no sé qué narices iba a hacer ahí dentro, de hecho no sabía qué estaba haciendo aquí aún. Ya había cuidado de su hijo, ya podía irme, sé que aún era de noche pero daba igual, mi casa estaba enfrente de la suya. Iba a retirarme cuando me empujó hacia dentro y me comentó que me tumbase en la cama.

Lo hice. Me tumbé en la cama y le di la espalda mientras él me tapaba con las mantas. Estaba nervioso de estar aquí, pero al sentir como Itachi también me daba la espalda me calmé. Intenté dormir pero no podía, sólo sentía la necesidad de moverme pero no quería hacerlo para no incomodar a Itachi, así que esperé despierto a que se durmiera. Cuando creí que ya estaba, aún con lágrimas en los ojos y sin poder quitarme de la cabeza aquella escena de las personas muertas de esa diminuta aldea, me incorporé y bajé los pies a las tablas de madera para irme pero Itachi me retuvo.

- ¿Dónde vas? – escuché que Itachi me preguntaba.

- Es mejor que me vaya – le dije.

- ¿Por qué? ¿Tienes algo mejor que hacer a las cinco de la mañana que no sea dormir? – me preguntó.

- Pues… no quiero molestarte Itachi, no puedo dormir y no quiero desvelarte a ti también.

- Ya estoy desvelado. Vamos… intenta dormir un rato. Tenemos que ir a la base ANBU en unas horas, descansa al menos, cierra los ojos aunque no duermas y descansa.

Me derrumbé a llorar de golpe y fue Itachi quien se arrodilló en la cama y me cogió por la espalda abrazándome mientras yo llevaba mis manos a mis ojos tratando de calmarme. No era el mejor momento para llorar, no delante de Itachi… pero estaba tan perdido, tan solo, me sentía tan inútil sin saber quién era realmente, quienes eran todas estas personas desconocidas de la Villa… me sentía demasiado inseguro en este momento y ahora se añadía lo de esas muertes… no sabía si era verdad o una pesadilla.

- Ey… ya está Minato, ya está – dijo abrazándome aún por detrás.

- L-Lo siento – me disculpé por esta situación.

- Llora lo que necesites Minato – me dijo – desahógate, nadie dijo que fuera fácil, entiendo tu dolor y sé que quieres poder recordar cosas, pero date un tiempo, intenta relajarte y seguro que los recuerdos irán volviendo poco a poco.

- ¿Crees que lo hice? – le pregunté - ¿Crees que maté a esas personas? Yo… yo no quería matarlas.

- Era una pesadilla Minato – me dijo convencido – tú no harías daño a gente indefensa, te conozco bien.

- ¿De qué me conoces? – le pregunté extrañado.

- Tú me salvaste cuando sólo tenía cuatro años Minato.

- ¿De qué me hablas? No puede ser… yo debería haber tenido siete años sólo.

- No Minato… tú eras mucho más mayor que yo.

- ¿Cómo es posible? Tú tienes veintitrés años y yo sólo veintiséis.

- Es una larga historia, pero… prometo que te la explicaré un día con más tranquilidad ¿Vale? Ahora intenta dormir.

Me tumbé de nuevo mientras Itachi me dejaba hueco y cuando me acosté, él pasó su brazo por mi cintura acercándome hasta él y me abrazó con fuerza. Sentía su calor, sentía su calidez y me gustaba, me sonrojé enseguida al notar sus brazos estrechándose a mi cuerpo. Me costó un poco dejar de llorar, pero al final, fue Itachi quien tuvo que despertarme dándome cuenta de que era de día y tenía que ir a trabajar. No recordaba el momento en que me quedé dormido.

Desayuné en la casa de Itachi junto a Fugaku que hoy hasta se lanzaba a abrazarme y acabó desayunando en mis rodillas. Al menos me hacía sonreír esta mañana, conseguía quitarme el mal trago que había pasado con esa pesadilla. Acompañé a Itachi a dejar a Fugaku en la academia con sus profesores, al menos en la zona que tenían para guardería. De allí nos fuimos al trabajo y tuvimos un día bastante tranquilo, creí que saldríamos a más misiones pero sólo hicimos una y encima nos comimos Shikamaru y yo todo el papeleo. Empezaba a entender por qué Naruto odiaba el papeleo.

Naruto Uzumaki POV

Me encontraba en mi oficina leyendo varios documentos e informes pero mi mente se hallaba en otra parte. No podía dejar de pensar en mi padre, en su repentina aparición, sin ningún recuerdo sobre su pasado, sobre su trayectoria como ninja, ni su participación en la tercera guerra, ni su ascenso a Hokage, sobre su vida junto a mi madre, sobre el gran sacrificio que hicieron los dos para protegerme a mí y a la villa... No tenía ningún recuerdo sobre mí, ni sobre el papel importante que había jugado en la cuarta guerra. Mi padre no recordaba cómo peleamos juntos, codo con codo para derrotar a Obito y a Madara y eso me entristecía. Fui muy feliz al poder luchar junto con mi padre, el cuarto Hokage al que admiraba y deseaba superar, pero él había olvidado completamente todo eso. Rememoré nuestra despedida, creí que por fin podría descansar feliz junto a mi madre pero alguien se había atrevido a sacarlo de su descanso y traerlo de vuelta con algún motivo oculto. Me alegraba tener a mi padre conmigo de nuevo pero no así, no sin saber quién estaba moviendo los hilos ni lo que pretendía, pero lo averiguaría y le haría pagar por ello.

Intenté tranquilizarme al notar que la pluma que sostenía en mi mano para firmar documentos crujió por la fuerza con la que la estaba apretando. La solté antes de romperla y llenar todos los papeles de tinta. Me recliné hacia atrás en el respaldo de mi asiento cerrando los ojos y haciendo ejercicios de respiración para calmarme, pero no pude evitar volver a pensar en Minato. ¿Cómo debía sentirse? No debía ser fácil para él estar en esta situación, tan sólo recordando su nombre y que era un ninja de Konoha, con toda la gente mirándole y murmurando a su paso, con miradas de desconfianza e incluso de miedo. Me sentí identificado con él, yo también había pasado por algo similar y deseaba poder decirle que le entendía y que me tenía a su lado para lo que necesitase. Pero, ¿cómo iba a hacerlo sin que eso llevara a preguntas que no podía contestar por su propio bien?

Me sentí frustrado, Minato estaba vivo aquí y ahora, tenía a mi padre de nuevo junto a mí pero no podía decírselo, no podía contarle que había sido abuelo y que tenía tres nietos estupendos que estaban deseando conocerle. No fue fácil contarles a mis hijos lo que ocurría una vez que los rumores sobre que Minato Namikaze estaba vivo se extendieron por toda la aldea. Tai comprendió la situación de inmediato, era un chico muy inteligente y cauto, por lo que no tuvo ningún problema en seguir con el plan que se había acordado en la reunión, pero Natsume y Yumiko eran otra historia diferente. Aunque también eran listos, seguían siendo unos niños pequeños que se dejan llevar por los sentimientos así que era normal que se entusiasmasen con la idea de que su abuelo estuviera vivo y más… después de haberles contado tantas cosas sobre él a lo largo de estos años. Quería...¡No! Necesitaba que mi padre pasase más tiempo conmigo y con mi familia, necesitaba que mis hijos lo conociesen pero no sabía cómo hacerlo sin levantar sospechas o que pareciese extraño.

- Si sigues así te va a salir humo de la cabeza – oí la voz de mi esposo muy cerca de mí.

Estaba tan concentrado en mis pensamientos que no le había sentido llegar.

- No puedo evitarlo, es una situación difícil. Aunque mi mente sabe lo que hay que hacer, lo que es correcto, mi corazón me impulsa a hacer todo lo contrario – le dije sin abrir los ojos.

Sentí cómo unos cálidos labios se posaban en los míos en un suave y delicado beso. A veces Sasuke podía dejar de lado su fogosidad y ser de lo más tierno.

- Dime, ¿qué es lo que te preocupa? - me preguntó mientras me acariciaba la mejilla.

- Mi padre – fui mi escueta respuesta.

- Está bien vigilado, tanto para nuestra protección como la suya propia. Si pasa cualquier cosa, Itachi estará ahí para protegerle y nosotros nos enteraremos enseguida por lo que podremos ir a ayudarle – me contestó.

- No es sólo eso, es... - no sabía cómo expresar todo lo que sentía en esos momentos.

- Es, ¿qué? Dime, Naruto, ya sabes que puedes contarme lo que sea – me instó a que siguiese.

- ¿Soy egoísta por desear contarle la verdad a mi padre a pesar del daño que le pueda causar? Estoy feliz de que esté vivo pero al mismo tiempo quiero que sepa quién soy, quién es él, quiero que conozca a nuestros hijos. Para él sólo soy el Hokage de la aldea... no lo sé, estoy confuso.

- ¿Qué te parece si lo invitamos a cenar esta noche a casa? - me sugirió.

- ¿No parecerá raro? ¿No crees que se preguntará por qué? - transmití mis dudas a mi esposo.

- No, no sería extraño ya que somos los únicos que vivimos en el barrio Uchiha, junto con Itachi. No conoce a nadie en la villa excepto a los de su escuadrón por lo que podemos decirle que es una manera de conocernos y hacernos amigos, de que no se sienta solo. Dudo que sospeche que los motivos son otros. ¿Qué te parece?

Medité durante unos segundos antes de lanzarme sobre Sasuke para besarle con pasión.

- Me parece que tengo un marido muy inteligente y sexy – le dije tras separarme para llenar mis pulmones de aire.

- No es ninguna novedad, es algo que siempre has sabido – me comentó con su típica sonrisa.

- Eres un teme engreído – le respondí antes de volver a besarle.

Le quería muchísimo, le amaba tanto como él no podía llegar a imaginarse. Siempre conseguía ayudarme y tranquilizarme cuando más lo necesitaba, siempre tenía la palabra correcta para decirme en momentos como ése. Sentí cómo su mano empezó a bajar por dentro de mi ropa intentando llegar a uno de mis pezones mientras metía su lengua en mi boca con devoción pero, con un enorme esfuerzo por mi parte, le detuve. No teníamos tiempo para esto ahora mismo, si queríamos tener una agradable cena con mi padre, debíamos avisarle y yo tenía que terminar todo el papeleo aquí para regresar pronto a casa y preparar todo.

- Así que quieres jugar a resistirse un poco, ¿eh? Ya sabes que me excitan mucho nuestros juegos – me dijo en el oído lamiéndolo.

- No... - contuve un gemido mientras le apartaba suavemente – no tenemos tiempo para juegos ahora. Tienes que regresar a la base de los ANBU e invitar a mi padre a la cena, mientras terminaré lo que me queda aquí y me iré temprano para preparar la comida – le informé.

- Está bien – accedió a regañadientes – pero cuando los niños estén durmiendo pienso cobrarte por esto, así que vete mentalizando de que esta noche prepararé uno de nuestros juegos – me advirtió con un tono sensual en su voz antes de besarme.

Se separó de mí y se marchó de allí no sin antes decirme que ni loco me dejaría preparar la cena, no quería que incendiara la casa, que como no tenía ninguna misión más por hoy, él se encargaría de todo.

El día pasó sin ningún contratiempo y volví a casa temprano para ver cómo Sasuke preparaba todo un manjar para la cena. Me encanta tener un cocinero personal para mí aunque he de admitir que a veces sentía envidia por su habilidad natural en la cocina. Me hubiese gustado no ser un completo desastre en ella y preparar algo delicioso para Sasuke y mis hijos, quizás algún día le pediría ayuda a Itachi y así le daría una sorpresa a mi marido.

Tai me ayudó a preparar la mesa mientras los mellizos jugaban con los rompecabezas que Sasuke les compró. Mi hijo mayor y yo pusimos los cubiertos, los platos y los vasos necesarios para todos los que íbamos a estar allí. Coloqué algunos entrantes que Sasuke había cocinado mientras Tai traía algunas bebidas sin alcohol para todos. Cuando todo estuvo listo, me senté a esperar a que llegase el resto de invitados. Me sentía nervioso, empezaba a dudar de si todo esto había sido una buena idea, quizás los pequeños comentasen algo que no debían, aunque le advertimos de que no podían contarle nada a su abuelo, que no era bueno para su mente. Me entristeció ver sus miradas melancólicas pero debíamos ser precavidos, tanto por su propio bien como por el nuestro, aún había mucho misterio alrededor de la reaparición de mi padre.

Una mano se posó sobre la mía y la apretó ligeramente. Tai se había sentado a mi lado e intentaba transmitirme tranquilidad y fortaleza.

- Todo va a salir bien, papá. No te preocupes – me dijo sonriéndome de forma cálida.

- Eres un gran chico, Tai. Te quiero – le respondí mientras le abrazaba y le besaba la frente.

- Yo también te quiero papá.

Nos quedamos abrazados hasta que el timbre sonó y me separé de él sobresaltado. Sentí que mis nervios volvían a aflorar y mi corazón palpitaba a gran velocidad. Me levanté y fui hasta la puerta acompañado de Tai, que no había soltado mi mano en ningún momento. Abrí la puerta y ahí pude ver a Minato que llevaba en brazos a Fugaku y a su lado estaba Itachi. Supuse que mi cuñado había pasado a recogerlo ya que todos éramos vecinos.

- Pasad – les invité mientras me hacía a un lado para que pudieran entrar.

- Gracias por la invitación – me agradeció Minato mientras caminábamos hasta llegar al salón.

- No hay de qué, no es ninguna molestia para nosotros – le dije sonriendo – Él es mi hijo mayor Tai – le expliqué señalándole.

- Encantado de conocerte, Tai – le saludó de forma afable

Llegamos al salón y mis hijos pequeños vinieron corriendo hacia nosotros en cuanto nos vieron entrar.

- Éste es Natsume y ella es Yumiko, son mis hijos pequeños – le comenté con una sonrisa.

- Hola – dijeron entusiasmados los dos a la vez.

Mi padre se agachó para estar a su altura, aún con Fugaku entre sus brazos, y les dedicó una radiante sonrisa.

- Encantado, me llamo Minato.

- ¿Podemos abrazarte? - le preguntó Yumiko ilusionada.

- Emm... claro – vi la sorpresa reflejada en sus ojos pero accedió encantado.

- No, Nato mío – protestó mi sobrino agarrándose fuertemente al cuello de mi padre.

- Fugaku, no seas posesivo. Minato no es uno de tus juguetes – le regañó Itachi mientras apartaba a su hijo y lo cogía en brazos.

Mis hijos no tardaron en lanzarse sobre Minato en cuanto estuvo libre. Lo hicieron con tanta fuerza que perdió el equilibrio y los tres cayeron hacia atrás en el suelo. Mi padre abrió los ojos sorprendido pero en ningún momento perdió su sonrisa. Vi cómo mis pequeños le abrazaban con aún más fuerza pero Minato no se quejó por ello. Al final tuve que separarlos para que le dejasen ponerse de pie. Cuando lo hizo, fue el turno de Tai de abrazarle, aunque lo hizo de forma menos efusiva. Sé que se estaba controlando, no quería dejar salir toda la emoción y alegría que sentía en ese momento porque se echaría a llorar y no era conveniente. Eso hizo que me entristeciera pero no lo demostré, no era justo para mis hijos tener a su abuelo tan cerca y que no pudieran demostrarle cuánto lo querían... otra vez las dudas me carcomieron por dentro.

- Sois una familia muy cariñosa y efusiva – comentó Minato.

- Sí, supongo que Sasuke y yo hemos sabido transmitirles todo nuestro amor.

Hablando del rey de Roma... Sasuke apareció en ese momento para avisar que la comida ya estaba lista, por lo que nos fuimos hasta la mesa que Tai y yo habíamos preparado y nos sentamos todos alrededor de ella. Sasuke y yo presidimos la mesa en cada extremo, mientras que Tai, Yumiko y Natsume se sentaron en el lado derecho e Itachi, Fugaku y Minato en el lado izquierdo. Mi padre estaba más cerca de mí, Itachi se sentó cerca de su hermano y el pequeño Fugaku se hallaba entre ellos dos. Frente a mi padre, estaba Tai, a su lado estaba Yumiko y frente a Itachi se encontraba Natsume.

Comenzamos a servirnos y a cenar tranquilamente. Los niños miraban ilusionados a su abuelo pero intentaban no hablar para no meter la pata.

- Así que estáis casados y habéis adoptado a tres preciosos niños – comentó mi padre intentando comenzar una conversación.

- Bueno, adoptamos a Tai hace algunos años pero le queremos igual que a Natsu y Yumi – le expliqué alegremente.

- Oh, ya veo. ¿Tienen la misma edad? - preguntó.

- Sí, cinco años – contestó Sasuke.

- Así que, ¿le pediste a alguna amiga de confianza que llevase a tus bebés? - le preguntó a Sasuke.

Nos miramos momentáneamente antes de responderle.

- No, yo me quedé embarazado de ambos. Ellos son hijos de Sasuke y míos – le aclaré sabiendo lo raro que sonaba eso cuando se lo explicaba a alguien que no me conocía.

Minato se quedó mirándome extrañado con cara de no comprender a qué me refería.

- Inventé un jutsu con el que me transformo por completo en mujer y tras varios intentos, conseguimos que me quedase embarazada - le expliqué lo mejor que pude.

Observé su cara de confusión pero en seguida volvió a sonreír como de costumbre.

- Eres una caja de sorpresas – me dijo contento.

- Sí, es el ninja número uno en sorprender a la gente – le comentó Sasuke.

- Y, ¿vuestros padres están de acuerdo con que formaseis una familia siendo tan jóvenes? - nos preguntó con inocencia.

No supe qué contestarle, me sentí mal porque él era mi padre y no tenía ni idea, pero al mismo tiempo, también por mi esposo. No solíamos hablar mucho de los padres de Sasuke, aún era un tema delicado.

- Nuestros padres murieron hace mucho tiempo pero creo que estarían orgullosos de toda nuestra familia, de lo mucho que nos queremos y nos cuidamos mutuamente – intervino Itachi salvando la situación.

- Lo siento, no lo sabía... no era mi intención entristeceros – se disculpó Minato apenado.

- No te preocupes, como has dicho, no tenías ni idea – le contesté sonriéndole para que no se sintiese culpable.

Después de un breve momento de incómodo silencio, Sasuke habló para amenizar la cena.

- Tai, ¿cómo vas con tu equipo Chuunin?

- Bien, papá. Es divertido aunque echo de menos a Kakashi – le respondió.

- ¿Kakashi? - oí que mi padre preguntaba extrañado.

- Fue su profesor cuando era Genin. También fue el de Sasuke y el mío cuando nosotros lo éramos – le aclaré nostálgico recordando aquella época – no cambió su forma de enseñar ni sus manías – me reí al recordar que aún seguía leyendo una y otra vez los libros eróticos que Jiraiya escribió.

La cena continuó de forma tranquila, lo cual me alegraba. Los niños aunque hicieron alguna trastada inocente sacándonos algunas carcajadas, no dijeron nada fuera de lugar. Me sentía feliz por poder estar con toda mi familia, disfrutar de esos momentos tan alegres, tenía todo lo que necesitaba en ese instante y me sentí el hombre más afortunado del planeta. Pero no todo podía ser felicidad...

- Itachi me comentó que nos conocimos cuando él tenía apenas cuatro años pero que yo era mucho mayor que él. ¿Cómo es eso posible? - cuestionó desconcertado.

Sentí que la sangre se me helaba y dirigí mi mirada a mi cuñado. ¿Por qué le había dicho aquello cuando sabía que no debíamos contarle nada por ahora? Vi que Itachi me pedía perdón con sus ojos aunque también determiné que no se arrepentía de lo que había hecho.

- Es... una historia larga y no queremos aburrir a los niños con los detalles – intenté salir de ese lío.

Pude ver cómo Minato asentía con la cabeza aunque no se había quedado conforme con mi respuesta.

- ¿Cómo es que somos los únicos que vivimos en esta parte de la aldea? Me he dado cuenta de que hay muchas casas pero están todas vacías – comentó curioso.

- Éste es el barrio Uchiha. Mi hermano y yo somos los últimos que quedan de nuestro clan – le explicó Sasuke.

- Es una pena. ¿Cómo llegó a pasar algo así?

Mi mirada se centró en Itachi que se había quedado estático, podía ver lo mucho que le había afectado esa pregunta aunque no lo demostrase.

- La sed de poder de algunas personas no tiene límites – le volvió a responder Sasuke.

Sabía que se refería a Danzo y a su propio clan por planear un golpe de estado para derrocar al tercer Hokage e Itachi también lo sabía por lo que le dio un pequeño apretón en la mano que Sasuke tenía sobre la mesa en señal de agradecimiento por no contar que él asesinó a todo el clan aunque hubiese sido bajo la amenaza de Danzo. Vi la confusión en el rostro de mi padre por no saber a qué se refería Sasuke pero no indagó en el tema.

- ¿Por qué me dejáis que viva aquí? Entiendo que... - le vi dudar durante unos segundos – sé que con mi pérdida de memoria, queráis tenerme vigilado, yo también lo haría si estuviera en vuestra posición. Pero podría quedarme con los de mi clan y podrías designar a uno de ellos para que no me quitase el ojo de encima.

Eso sí que no me lo esperaba. ¿El clan Namikaze? No había pensado que mi padre quisiese estar con ellos, pero hacía muchos años que había desaparecido, incluso antes de que yo naciese.

- Eres un ninja como nosotros, ¿por qué crees que puede ser? - Sasuke intentó evadir su pregunta.

- ''Ten a tus amigos cerca, pero a tus enemigos aún más''. ¿No es eso lo que se dice? – comentó Minato con una sonrisa melancólica.

- No eres nuestro enemigo- le respondí rápidamente.

- Me alegra tu voto de confianza pero no es algo que sepamos a ciencia cierta. No recuerdo nada – dijo desanimado.

¿Qué se suponía que debía responderle? Sé que era un hombre bueno y honesto y estaba convencido de que no era nuestro enemigo. ¡Era mi padre, maldita sea! Pero entendía su propia desconfianza, su mente estaba prácticamente en blanco por lo que era normal que dudase de sí mismo.

- ¿Sabéis si estuve casado o tuve hijos? - preguntó esperanzado.

De nuevo no supe qué contestarle. Esa noche se había complicado más de lo que pensaba. ¿Debía decirle la verdad sobre mí? ¿Debía contarle que ya estaba con su familia aunque no lo supiese? Las dudas me asaltaban sin piedad, deseaba responderle con sinceridad pero sabía que no era un buen momento para ello.

- hijo – saltó el pequeño Fugaku.

- ¿Eres mi hijo? - le preguntó divertido mi padre – Sería un honor que eso fuese así – le dijo revolviéndole su cabello negro.

Me sentí aliviado por la inocente intervención de mi sobrino, sin saberlo me había ayudado a esquivar una pregunta incómoda.

- Me gustaría visitar mi clan, quizás me ayude a recordar algo sobre mí, puede que me sirva para rellenar este espacio en blanco que tengo dentro de mi cabeza. Es posible incluso que encuentre a mis padres o a mis hermanos si los tengo o a algún miembro de mi familia - comentó Minato muy convencido de ello.

- No creo que sea una buena idea – comenté.

- ¿Por qué no? ¿Le ha pasado algo a mi clan también? - cuestionó preocupado.

No podía decirle la verdad, sería un golpe muy duro para él saber que su clan también estaba casi extinto como el clan Uchiha.

- Sé que tienes muchas dudas pero los médicos nos advirtieron de que no era bueno darte una gran cantidad de información de golpe, que podría tener graves consecuencias negativas. Deberás tener paciencia, iremos contándote poco a poco lo que sabemos de ti o incluso puede que lo vayas recordando por ti mismo pero no podemos arriesgarnos a que tu estado empeore. Lo siento – me disculpé.

Me sentí culpable por haberle mentido en parte. La advertencia que nos dio Ino era real pero también sé que hubiese sido demasiado doloroso para mi padre averiguar ahora lo ocurrido con su clan y le generaría aún más dudas de las que tenía y de las cuales no tenía respuesta. Pareció quedarse convencido con mi explicación aunque intuía que sólo era una fachada, estaba seguro de que no estaba conforme pero sabía que no conseguiría mucha más información por ahora.

Terminamos la cena intentando evitar temas conflictivos hasta que mi padre dijo que estaba cansado y se iba a dormir a su casa. Le acompañé hasta la salida y me despedí de él con una sonrisa. Él me devolvió otra.

Minato Namikaze POV

Tras las conversaciones que había habido en la mesa, me quedé preocupado. No quise intentar indagar más porque todos parecían haberse puesto de acuerdo para contarme lo mínimo e imprescindible sobre mi clan, pero yo tenía curiosidad de saber por qué estaba quedándome en el clan Uchiha en vez de en el mío. ¿Qué ocurría en mi clan? Ya era raro que el clan Uchiha estuviera medio desierto, sólo la familia de Naruto y Sasuke y la de Itachi, eso ya era raro de por sí.

Hice que me iba a mi casa, pero decidí al final cambiar el rumbo y me fui a un parque cercano, quería estar solo y pensar en todo esto, en el motivo para ocultarme la información, sentía como si todos me ocultasen cosas y no sabía lo que ocurría. Miré al parque… no había nadie paseando y es que cuando alcé mi vista al cielo, vi las nubes de tormenta que venían, pero a mí me dio igual, cerré los ojos y esperé hasta que escuché el primer trueno.

Una gota cayó en mi mejilla pero yo permanecí sentado bajo este árbol frente al estanque. Escuché algún murmullo a lo lejos de gente que corría hacia sus casas para resguardarse pero entonces… cuando la lluvia empezó a intensificarse y yo a mojarme, una mano tocó mi hombro.

- Minato… no deberías quedarte aquí – me dijo Kakashi – vamos, sígueme.

Sonreí fingiendo claramente estar bien, pero no lo estaba, me preocupaba mi clan. No había podido aún pasarme por allí y es que aunque lo deseaba… también intentaba mentalizarme para lo peor antes de que me diera otro bajón como en la casa de Itachi, no quería que nadie más me viera llorar.

Seguí a Kakashi por los tejados y llegamos hasta su casa. Abrió la puerta cediéndome el paso y pude ver cómo llenaba todo su entrador de agua, toda mi ropa estaba creando un charco a mis pies y Kakashi fue el primero en entrar quitándose parte de su uniforme y me trajo una toalla.

- Sécate cuanto antes o pillarás un buen resfriado – me comentó.

- Gracias – le dije mirando la toalla y me sequé quitándome también el chaleco Ninja, la bandana y los pantalones.

- Kakashi se había marchado hacia el interior a cambiarse de ropa y yo tras secarme, enrollé la toalla en mi cintura para evitar que se viera algo y caminé por el pasillo hacia el salón, pero Kakashi entró una vez cambiado con su ropa ya seca y me miró extrañado.

- Minato… quítatelo todo, te traeré ropa seca – me comentó volviendo a ir

Le hice caso y terminé de quitarme toda la ropa volviendo a cubrirme con la toalla al menos para tapar mi intimidad. Kakashi no tardó en llegar con la ropa pero se quedó paralizado en la puerta al verme sentado frente a la mesa con solamente una toalla.

- ¿Qué le ocurrió a mi clan? – le pregunté de golpe y él se quedó atónito.

- ¿Por qué crees que le ha ocurrido algo? – me preguntó.

- No soy tonto Kakashi, sé que me estáis ocultando información pero no sé por qué. Creéis que soy un peligro, ¿verdad? No confiáis en mí.

- Confío en ti Minato – me dijo de golpe Kakashi acercándose a mí – mírame bien, tú me salvaste la vida miles de veces, eras mi profesor.

- Dejad de decirme esas cosas… no entiendo nada… ¿Cómo pude salvar a Itachi siendo un crío? ¿Cómo pude ser tu profesor si tienes nueve años más que yo? – le grité enfadado – sólo tengo veinticinco años.

- Tienes que confiar en mí – me dijo Kakashi.

- No puedo, ¿Qué diablos está pasando? ¿Porque todos me miran raro en la aldea? ¿Por qué no me dejáis que vea a mi clan? – pregunté pero Kakashi no contestó, sólo entristeció su mirada – es absurdo que siga preguntando, no vais a contestarme… me voy a casa – le dije caminando hacia la puerta pero él me detuvo del brazo.

- Moriste – me dijo de golpe y abrí los ojos todo lo que pude.

- ¿Cómo?

- Moriste Minato… protegiendo a tu villa, protegiendo a tu hijo, moriste, te sacrificaste con veinticuatro años, eras mi profesor, yo sólo era un crío. Tú me salvaste muchas veces.

- Yo no… no entiendo nada ¿Por qué estoy vivo? – le pregunté llorando sin entender nada.

¿Alguien me había revivido? ¿Con qué propósito? Si era así… ¿Quería decir que podía matarme cuando quisiera? Lo único que veía claro es que si no le servía a sus propósitos a quien se supone que me hubiera revivido, me mataría.

- ¿Voy a morirme? – le pregunté.

- No lo permitiré Minato, nadie te haré daño – dijo Kakashi cogiendo mi rostro – no volverás a morir, te lo prometo.

- No puedes prometerme algo así

- Haré lo que sea por ti Minato.

Iba a preguntarle cuando sentí sus labios sobre los míos. ¿Por qué me besaba? Se suponía que yo era o había sido su profesor… él era mi alumno. Ni siquiera sabía lo que era Kakashi… no me acordaba de él. Me dejé besar aunque me costó corresponderle, quizá lo hice porque sentí que empezaba a gustarme o quizá simplemente por inercia, no estoy seguro del motivo.

Sentí la mano de Kakashi tras mi nuca impulsándome hacia él para profundizar el beso y le dejé… de hecho… yo mismo metí mi lengua en su boca jugando con ella aunque aún había algún carril de las lágrimas en mis mejillas.

- No volveré a perderte Minato – me dijo susurrando en mis labios – no lo soportaría. Llevo años soltero deseándote, quise estar contigo desde que fuiste mi profesor pero… moriste sin que pudiera decirte todo lo que sentía – me dijo.

- Yo no… - intenté exclamarle.

- Yo te quiero – me dijo Kakashi – siempre estuve enamorado de ti pero estaba Kushina, ibas a ser padre, me doblabas la edad… eras mi profesor, nunca me atreví a confesarte lo que sentía, pero todo cambiará Minato, ahora voy a luchar por ti. Me has salvado muchas veces y yo quiero devolverte el favor.

Iba a decirle que no quería nada… no por él, Kakashi me parecía un gran hombre pero estaba tan confuso ahora mismo en mi vida que sólo necesitaba un poco de tranquilidad y no meterme en más problemas o confusiones como era el caso de los amoríos. Aún así… también pensé en Itachi, en su hijo y de verdad que no quería causarles problemas, yo no podía enamorarme, no ahora. Cuando estuve a punto de pronunciar las palabras, ese dolor de cabeza regresó y me cogí la cabeza con fuerza, me sentía como si perdiera el control.

Mi mirada cambió… me limpié con el dorso de la mano el carril que mis lágrimas habían dejado y me abalancé sobre Kakashi besándole con mayor pasión de la que él había hecho momentos antes. Me subí a horcajadas sobre él que cayó al suelo tras mi impulso. Kakashi se paralizó unos segundos pero enseguida reaccionó metiendo su lengua dentro de la mía. ¿Qué me impulsaba a hacer esto? no lo sabía, pero lo deseaba, quería hacerlo… quería algo muy concreto a cambio… su confianza para acercarme a sus alumnos, para acercarme a Tai, el primogénito de Sasuke y de Naruto.

- ¿Así que fuiste profesor de Tai? – le pregunté.

- ¿Cómo lo sabes? – me preguntó él a mí dudando.

- Naruto me lo contó. Me dijo que fuiste su profesor y que eras uno de los mejores de la Villa.

- Supongo que tuve un buen maestro – me dijo y me quedé un momento en shock entre beso y beso - ¿Qué te ocurre?

Sé que Kakashi me preguntaba porque me había quedado paralizado, pero me había quedado así al tratar de reaccionar, había dicho que yo fui su profesor y me había afectado durante unos segundos recordar esa información. Sólo fue una milésima de segundo hasta que volví a sentir ese molesto dolor de cabeza.

- ¿Estás bien, Minato? – me preguntó preocupado al ver como me cogía la cabeza por el dolor.

- Sí – le dije volviendo en mí – estoy perfectamente.

Cogí su mano metiéndola bajo mi toalla para que tocase mi miembro y no necesitó una segunda invitación. Kakashi cogió mi miembro entre sus manos y empezó a masajearlo mientras yo agarraba su cabello con fuerza y él mordía y besaba mi cuello. Kakashi agachó su rostro quitándome la toalla para meter mi miembro en su boca. Gemí al sentirlo y sé que me había sonrojado, ni siquiera podía recordar si alguna vez había tenido sexo, ni siquiera si había tenido mujer o me había enamorado de un hombre… lo único que pasaba ahora mismo por mi mente era ganarme a Kakashi y obtener esa misión que pasaba una y otra vez por mi mente.

Me corrí en su boca y él lamió tragándose todo el líquido como si le hubiera ofrecido el mejor de los manjares, pero yo tenía vergüenza por lo sucedido. Tampoco tuve mucho tiempo de pensar las cosas, me dio la vuelta apoyando mi pecho sobre la pequeña mesa y me penetró. Podía sentir las ganas que tenía de tenerme para él y disfrutaba del sexo, eso no podía negarlo, pero también era cierto que no disfrutaba al cien por cien por tener en mente sólo un objetivo… apoderarme de esos niños ¿En qué me estaba convirtiendo?

Kakashi acabó en mí y cuando nos tumbamos en el suelo, es cuando pude realmente aprovechar para saciar mis preguntas, tenía que descubrir qué ocurría con ese chico, quería saberlo todo para poder secuestrarlos.

- Dicen que su Rinnegan se desarrolla a buen ritmo – le comenté.

- ¿Hablamos de Tai? – me preguntó – sí, su Rinnegan va a un buen ritmo.

- ¿Está en un equipo Chunnin, no?

- Sí, este es su primer año liderando su propio equipo, ya veremos cómo les va. Ibiki se ocupa de su equipo ahora.

Mi cabeza empezó a dolerme de nuevo pero no dije nada. Me quedé tumbado y al final… me dormí. Cuando me desperté al día siguiente mi dolor de cabeza había desaparecido pero Kakashi estaba desnudo a mi lado y yo no recordaba nada… bueno… sé que había tenido sexo con él, esto estaba claro al vernos desnudos y por el dolor que tenía, mi cuerpo entero estaba entumecido, pero no recordaba nada más… ¿Por qué me había acostado con él? No podía entenderlo. Cogí mi ropa, me vestí y decidí irme antes de que se despertase y me preguntase… porque no recordaba nada. Tenía que salir de aquí, no quería dar explicaciones de unos actos que no entendía para nada. ¿Qué me ocurría? ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué me comportaba así? No entendía nada.