Gravedad
Capítulo 10: Desdicha
Disclaimer: Dragón Ball y sus personajes no me pertenecen ni me pertenecerán jamás. Pertenecen a Akira Toriyama y a Toei. Yo sólo hago esto con afán de diversión y sin fines de lucro.
La calificación es por lenguaje, sangre y sexo.
Recomiendo leer la historia desde el principio debido al tiempo de hiatus.
Debo, al igual que en el capítulo pasado, dejar la advertencia que esta es una historia clasificación M por tocar temas sensibles.
Hay momentos en la vida en que nuestra historia sufre un quiebre, dejando de lado una vida tranquila y serena, dando lugar sólo a desdichas.
Se dice que así es el camino del héroe y que es necesario el sufrimiento para aprender la lección y poder salir adelante, fortalecidos. Se debe quitar todo el barro que nos ensucia para descubrir el camino hacia el paraíso.
Esa no parecía ser mi situación.
Los siguientes dos meses después de mi ataque, mi vida se sintió como si la estuviese viendo desde otro lugar diferente, una historia en la que yo era una simple observadora, no participando de la misma. No era la Videl de siempre.
Ya no reía, ya no me alegraba y me sentía prisionera de la tristeza. Tropezaba torpemente en mi miedo, en mi dolor y sobretodo, en mi orgullo como hija del salvador.
Las heridas de mi cuerpo sanaron, pero no las de mi alma.
Dejé de entrenar, pues sentía que mis esfuerzos nuevamente serían en vano en caso de algún ataque. Mi entrenamiento no me había salvado de descubrir el infierno y sentía que era una pérdida de tiempo.
Mis apariciones en eventos asociados a mi padre también fueron sustituidas por quedarme en mi cama llorando.
Congelé mi carrera a la espera de sentirme preparada para retomar sus estudios y no sentir las ganas de morir cada vez que ingresaba al aula y sabía que debía escuchar y aprender los distintos tipos de delitos cometidos en mi contra.
Mi padre y Erasa fueron comprensivos con mi decisión, pero él no lo entendió.
Sólo pronunciar su nombre me producía una sensación de temor inexplicable. Sé que lo amo, pero no puedo estar cerca de él. He dejado de besarlo, he dejado de tocarlo. Sus manos ya no me producen el calor de antaño. Sus labios no logran hacerme sentir que bebo ambrosia de ellos. El saber que fue capaz de asesinar a sangre fría a un hombre me ha dejado una sensación perturbada a su alrededor. No puedo comportarme con él de la manera que lo hacía.
Siento que estoy enamorada de un monstruo.
Tengo miedo de las reacciones que pueda tener al molestarse con algo nuevamente. Temó por mí y por él. Es una faceta totalmente desconocida para mí verlo así. Él me busca, viene a verme a mi hogar mientras me encuentro en la tranquilidad de mi habitación, tratando de reconfortarme con palabras de alivio, que no logran calmar la sensación de profundo miedo que conservo en mi interior.
¿En qué momento dejé de querer sus caricias? ¿En qué me equivoqué que comencé a sentirme poco a poco asqueada de sus brazos?
Desde afuera, puedo ver a aquella Videl indiferente al hombre que ama, sin tratar de ponerse en el lugar de él, en como también está sufriendo ante mi indiferencia y desgano a la vida. Lo puedo entender pero siento que jamás podré actuar de manera diferente. Es más fácil pensar las cosas que hacerlas.
Claramente él no logra entenderme.
Estos últimos días se aferra a mí llorando, mientras yo siento un vacio entre nosotros. Es parte de nuestra nueva rutina al parecer, sus brazos tratando de retenerme de mi inminente huida. Ambos sospechamos de alguna manera lo que terminará ocurriendo y aunque él intente detenerme, voy en picada al abismo.
He llegado a pensar que la muerte es la solución a mi desdicha.
Los días me parecen todos iguales hasta que, aquel día en que se cumplieron los dos meses de mi ataque, en uno de aquellos momentos que quedó arraigado perpetuamente en mi mente, en medio de sus lagrimas me dice que siente que todo estará bien con el paso del tiempo, que debo entender que sacrificó parte de su alma nuevamente para salvar a la mujer que ama, como alguna vez lo hizo con su padre de manera infructuosa.
Al principio entender el peso de sus palabras, pero unos momentos después, esas últimas declaraciones han mellado en mi alma.
Él no se dio cuenta cuando las pronunció sumergido en su infelicidad, pero abrió mis ojos a las mentiras de mi propio progenitor, que por años se ha beneficiado de su fama de salvador, obteniendo su ascenso inmerecido en el trabajo y reportando negocios lucrativos gracias a ello.
Todos mienten.
Padre me ha mentido todos estos años, pero no ha sido el único, Gohan también lo hizo. Sabía la verdad de mi padre y no me lo había dicho. Por ocho años ambos me han ocultado la verdad, me han puesto una estúpida venda en los ojos y manipulado a su antojo.
Estoy molesta y de aquí en adelante, todo se vuelve confuso a mí alrededor y no puedo confiar en mis recuerdos. Todo es confuso. Quizás mi memoria se ha fragmentado para poder protegerme del dolor que he sufrido. Quizás simplemente no quiero recordar. Sé que lo he golpeado tratando de soltar su agarre. No logro recordar las palabras exactas que usé contra Gohan al momento de increparlo, pero puedo recordar claramente el dolor en sus ojos al decirme que quizás necesito un poco de tiempo para pensar y calmarme. Su mirada es algo que jamás podré olvidar. Puedo sentir su dolor recorriendo cada centímetro de mi cuerpo. Se va, abandonándome en un tormento de sentimientos que no logro identificar, preparándome para la guerra con mi padre que se avecina.
No siento tener el control de mis propios actos al discutir con padre esa misma noche. Tengo pequeños destellos de lo ocurrido, gritando, llorando, tratando de golpear a padre, escupiendo el odio que he guardado en mi interior por todos estos años de abandono.
- Eres una mierda mentirosa – son las últimas palabras que le dirijo antes de abandonarlo en nuestro salón, bebiendo su licor extremadamente caro, comprado con su dinero injusto.
¿Por qué tenías que ser justamente tu Gohan, la mayor victima de la codicia de mi padre?
Estoy tan harta de todo esto.
Estoy tan cansada de todo.
Necesito su abrazo, sentir que a pesar de mis sentimientos y emociones confusas, el sigue siendo una constante en mi vida. Una constante enfermiza y adictiva. Completamente destructiva.
Debo encontrarlo, debo ver en sus ojos que todo estará bien, buscar al Gohan que amo dentro de ese monstruo al que me dirijo con premura en medio de la noche.
No puedo fingir felicidad al ver como Lime abre la puerta de la habitación de Gohan usando solamente una de sus camisetas.
- No me des ninguna excusa – le digo a aquella mujer que alguna vez fue mi amiga, huyendo de ahí, sin darle posibilidad de explicación alguna.
No ha sido la decisión más madura que he tomado pero todo es tan difuso en este momento y ya no puedo más.
No me reconozco a mi misma en aquel estado, con el cabello revuelto y los ojos hinchados de tanto llorar. Quise ser una buena mujer, pero quien me ve en el espejo en estos momentos no lo es. La mujer que me observa se dio por vencido.
Me he dado por vencida.
Soy una extraña a mí misma.
¿Cuántos días he pasado en la soledad de mi habitación sin comer? Ya no lo recuerdo. El tiempo se ha vuelto aún más confuso que mi memoria. Padre ha tratado de hablar conmigo, pero continuó encerrada en este lugar viendo por la ventana como la lluvia cae al unísono de mis lágrimas.
¿Dejaré de llorar en algún momento?
No sé cuantos días he estado muerta en vida cuando él viene a verme, entrando por la ventana, como lo solía hacer en nuestros días felices. Habla sobre lo abandonado que se siente por mí, como no he podido comprender su dolor. Justificar su infidelidad no es lo que quiero de escuchar de él en estos momentos.
¿Soy la única que ama intensamente al otro y ha sido sincera?
- Tú nunca comprendiste el mío y me has mentido desde que nos conocimos Gohan Son – le refutó con rabia, escupiendo mi dolor.
- Te he amado desde siempre Videl – me responde sin dejar de mirar a mis ojos – he vendido mi alma por ti.
- No – contesté – lo hiciste sólo por ti. Ahora vete, no te necesito.
Si, te necesito, pero no voy a arrastrarme por ti.
Hubiese sido más fácil para ambos que dijeses que no me amas, para así yo haber podido dejarte ir de mi corazón alguna vez.
- Te amo Videl – insiste una vez más – sólo déjame mostrarte la verdad…
No, no lo digas.
- No.
Lo puedo ver derrotado, con sus hombros bajos y su mirada perdida. Sabe que esta batalla y las siguientes las ganaré yo. Antes de irse encuentra en el piso de mi habitación aquel objeto que he abrazado cada noche, aferrándome como última esperanza al nonato que aparece fotografiado en él. Sus ojos se llenan de furia. Ya no es el mismo Gohan que exclamaba su amor unos minutos antes. Su mirada refleja el mismo fulgor con el que me contó que asesinó a Spopovich.
¿Debo mentir yo también para salvarnos?
- Lo perdí el día que Spopovich me secuestró – le digo con rapidez sin dejar de ver fijamente sus ojos, sintiéndome morir por dentro al mentir tan descaradamente.
¿En qué momento me volví experta en mentiras tan rápido?
He decidido huir al jardín de la mansión Satán, sintiendo nuevamente las lagrimas caer de mis ojos.
Todo se cae a mí alrededor, por lo que me recuesto. Creo que me refugié en un árbol, pero no estoy segura. La lluvia me empapa completamente mientras observó como Gohan se retira de mi hogar.
Te he necesitado toda mi vida Gohan, pero ya no más. Bastaba que me dijeras que no me amabas. Bastaba que me hubieses abandonado. Todas las mentiras, todos los engaños en que me he visto envuelta han superado mi cordura.
¡Basta!
No se puede huir de lo inevitable.
Recuerdo encerrarme en el baño de mi habitación y ver mi reflejo en el espejo. Vuelvo a ver a la Videl decidida de siempre, a la Videl que vive en mi interior.
Las tijeras de mi tocador se encuentran en mi mano y esta vez no serán ocupadas para cortar mi flequillo. Grandes mechones de cabello caen al piso mientras busco con desesperación volver a ser yo misma.
Estoy atrapada.
- Te ayudaré a salir muchacha – le digo a mi reflejo mientras mi puño rompe el espejo, cortando mis nudillos, dejando la sangre caer.
Sal de ahí. Te ayudaré a escapar. Golpeo nuevamente el espejo, manchando los restos con sangre.
Observo maravillada aquel líquido rojo, y sin vacilar, tomo uno de los pedazos de espejo que he rotó. Ver mi rostro en aquel objeto resulta imposible.
No regresaré jamás a ti Gohan.
No siento dolor mientras atravieso mi piel con aquella pieza de espejo en mis manos sangrantes.
No se puede huir de lo inevitable.
El piso del baño se vuelve de color rojo mientras mi visión se desvanece, volviendo todo negro.
Presente – Videl Satán
Hoy se cumplen ocho años desde mi intento de suicidio. Las cicatrices en mis muñecas permanecen como una marca permanente del momento en que decidí que mi vida debía terminar y aún cuando sigo considerando que no debiese estar viva, sobrevivo gracias a Erasa.
Mi amiga me salvó de la muerte.
Luego de encontrarme en el piso del baño de mi habitación cubierta en mi propia sangre. Tomó unas prendas que encontró y trato de cubrir mis muñecas mientras llamó a una ambulancia.
Estuve muerta un minuto con veinte segundos.
No recuerdo nada de lo ocurrido en aquel momento y mucho menos de lo que vino después. He reconstituido lo ocurrido gracias a las palabras de Erasa y mi propia investigación al respecto.
Estuve en estado catatónico una semana antes de ser trasladada a una institución para personas con mi enfermedad y otros problemas mentales. Con un nombre falso estuve unos meses en tratamiento con el doctor Paragus mientras mi embarazo avanzaba de manera milagrosa. Hice muchos amigos, los cuales jamás se hubiesen imaginado quien era realmente. No podían saberlo, sería un escándalo para mi padre. Con el cabello corto, lejos de mis coletas, no muchos reconocían a la hija del héroe de la ciudad, y mucho menos las personas internadas, que no tenían contacto con el mundo exterior.
En aquel lugar, aislada de todos quienes me conocían, establecí contacto con Oolong, un depravado sexual que creía poder cambiar de forma a su antojo; a un tal Billis, que creía ser una especie de Dios que podía destruir todo a su alrededor, y a Lunch, una chica esquizofrénica con dos personalidades, con un corazón roto luego que su novio la abandonase para asumir su homosexualidad. Aunque debo ser honesta al reconocer que jamás me sentí tan acompañada como lo estuve por la única persona que parecía cuerda en aquel lugar: Broly, un hombre amable, hijo del doctor Paragus, que ayudaba a su padre con regularidad, con quien recorría aquel lugar mientras conversábamos de nuestros planes a futuro. Ellos me acompañaron en mis días de más profundo dolor, aquellos días que jamás podré olvidar pero cuyo recuerdo quiero abandonar.
Mi hija, por otro lado, era una luchadora excepcional, mucho más fuerte que su madre. Sobrevivió a una violación y un intento de suicidio, aferrándose a mi interior, combatiendo por su vida. Fue ella quien me demostró que vivir valía la pena y decidí salir adelante por ella.
El doctor Paragus fue mi guía para decidir no continuar con la escuela de Leyes y decidirme por la Academia de Policía una vez que estuviese recuperada del parto.
Fue un periodo difícil. No fue sencillo tomar la determinación de continuar adelante con mi vida. Muchas veces sentí la necesidad de acabar con ella nuevamente, pero mi pequeña Pan golpeaba fuertemente mi interior buscando que ambas siguiésemos juntas.
El parto no fue fácil, pues me encontraba con la única compañía de Erasa en un Hospital lejano de la Capital del Oeste, donde Gohan no pudiese encontrarme. El grito ensordecedor de Pan al salir de mi interior me llenó de energías renovadas para el camino que nos tocaba recorrer.
Erasa se comunicó con mi padre y juntos planearon como esconder a mi hija de su padre, pues yo no estaba dispuesta a volver a estar cerca de él, lo que ocurriría cuando tratase de entablar una relación con nuestra hija y mi padre no estaba dispuesto a que sus secretos fuesen a ser de dominio público.
Así fue como en una casa a las afueras de ciudad Satán, la pequeña Pan tendría todas las comodidades que la nieta del salvador pudiese requerir y una empleada la acompañaría en todo momento. Yo la visitaría todos los fines de semana con la ayuda de Erasa, fingiendo si alguien nos veía, que era una sobrina de mi amiga.
Jamás me perdí un día de la madre o actividad alguna en su jardín de infantes. Con un nombre falso, fui una madre presente en la vida de mi hija.
Al mismo tiempo, concurrí a la academia Policial y me entrené para ser la mejor. Los primeros meses fueron difíciles, pues mi cuerpo se encontraba en bastante mal estado a raíz de los acontecimientos que había sufrido el último año. Aún así, nunca dejé de esforzarme. Pronto mi reputación como hija del salvador me trajo algunos comentarios indeseados y burlas de algunos compañeros, especialmente de Cocoa, quien siempre buscó humillarme.
Siempre salí victoriosa, con la frente en alto y orgullosa.
Ingresar al cuartel de Policía le dio un aire renovado a mi vida y me permitió sentir de nuevo la libertad de vivir. Ya no vivía con mi padre, por lo que me permití salir algunas noches en compañía de Erasa a los bares de la ciudad. Al inicio sólo me dedicada a beber una que otra cerveza mientras veía como mi amiga me abandonaba por distintos hombres que conocía en aquellas salidas. Ella tenía la vitalidad que me había sido arrebatada a la fuerza y que rehuía con obstinación.
- Un buen revolcón te devolverá la vida – me decía mi rubia favorita frecuentemente mientras se iba a contornear en la pista de baile con el hombre que aquella noche permitiría compartir su cama.
Me costó tres años volver a intimar con un nombre, buscando llenar la soledad que sentía en mi interior. Estaba con Erasa en el cine, a la espera de ver una película de guerreros espaciales que intentaban conquistar la Tierra, cuando lo vi. Habían pasado tres años sin saber nada de él, aún cuando extrañaba sus conversaciones tímidas con una sonrisa. Él podría ayudarme. Era alto, con buen cuerpo, una mirada melancólica y pocas palabras y con la edad suficiente para ser mi padre. No sé de donde saqué las palabras para hablarle, buscando un tema de conversación en común, sin indicar mi verdadero nombre. Esa noche terminé en su departamento, tratando de borrar a Gohan de mi cuerpo, como él lo había hecho conmigo.
- Lo siento Broly – fueron mis palabras al salir corriendo del lugar al terminar arrepentida de haber abusado del único hombre que estuvo para mí en mis tiempos de oscuridad.
Tuve distintos tipos de amantes casuales a través de los años, los cuales no podía volver a soportar su toque. Una sola vez estaba con ellos y luego los desechaba. Me encontraba buscando desesperadamente aquella pasión que no podía sentir desde la última vez que él me hizo suya en mi habitación. Creo que sólo pude seguir con Barry debido a la miseria de su vida, que recordaba la mía propia, pero jamás pude volver a sentir la conexión en cuerpo y alma que sentía con Gohan.
El Doctor Paragus seguía siendo mi siquiatra con el cual me reunía una vez a la semana después de mi alta y luego, una vez al mes para controlar que estuviese bien. No aprobaba mi vida licenciosa ni mi adicción al vino, pero era un buen hombre que dentro de sus posibilidades, me ayudo a salir adelante y querer tener una mejor relación con mi hija. Tampoco le mencioné alguna vez lo que había ocurrido con su hijo hace 4 años.
Fue por todo ello que verlo en medio de la estación de policía, indicando que sería nuestro asesor en el caso, me produjo una total consternación.
- Bienvenido al equipo – le dijo mi jefe, al mismo tiempo que estrechaba fuertemente su mano, con una mirada que demostraba resentimiento – sé que ha pasado mucho Paragus, pero te necesitamos.
Mi sorpresa no puede ocultarse. Paragus es el experto que hemos estado esperando para poder esclarecer un perfil del sospechoso y acotar nuestra investigación, hasta ahora infructífera.
No tenemos un sospechoso real, más allá de mi propia paranoia respecto a Gohan.
- Será un gusto amigo – respondió Paragus con la vista fija en Vegeta - ¿el hijo de Kakarotto nos acompañará? – preguntó, haciendo que mis sentidos se pusiesen en alerta.
¿Paragus conoce a Gohan y su familia?
- Tiene algunos asuntos pendientes, le reenviaré tu reporte – contestó Vegeta, frunciendo sus labios en una línea inexpresiva.
No podía mirarlo. Él sabe mi historia privada, le he contado todo.
- Su asesino es totalmente despiadado – inició Paragus con una voz segura – por la forma en que ejecuta su trabajo y sus víctimas, se da claramente manifiesto que busca venganza hacía alguna persona, al pensar que corresponde arrebatarle compañeros de trabajo u amigos.
- ¿Estás diciendo – lo interrumpí, mirándolo fijamente por primera vez desde que entramos a la sala de reuniones con papá y mi jefe – que se quiere vengar de alguien de nuestro equipo? Claramente está intentando desmantelar este departamento y en particular a homicidios.
Me mira con autosuficiencia, satisfecho y podría decir que incluso con orgullo.
- Así es – responde confiado – tiene un patrón, sabe quiénes son sus víctimas, donde viven. Es una persona obsesiva que ha investigado como proceder en estos casos. No descartaría que fuese alguien del mismo departamento de Policía, al tener acceso a datos tan privados de sus víctimas.
Alguien que sabía que Krillin trabajaba esa noche de encubierto.
Alguien que sabía la dirección de Yamcha.
Alguien que sabía de Ten y Chaos.
Alguien que me ahora vendrá tras de mí.
- La nota que le envió a la señorita Satán – continuó mientras no apartaba su mirada de mí – indica que el sujeto está disfrutando de su venganza y está confiado en que no será descubierto. Se lleva partes de su cuerpo como trofeos, pues siente que son premios y que está ganando. El distanciamiento que siente con las victimas es una clara muestra del grado de sicopatía que presenta. Buscan a una persona discreta, que se mueve en su propio círculo, con falta absoluta de empatía, alto grado de manipulación para ocultar su verdadera personalidad e incluso, con algún grado de seducción, no necesariamente sexual, que le permitió ingresar al domicilio de una de las victimas sin que los vecinos pudiesen darse cuenta de lo ocurrido. Posiblemente sea huérfano, ya sea de madre o padre.
Está describiendo a Gohan.
- Esta persona – indica Vegeta con voz inquieta – según tu perfil cuidadosamente elaborado, ¿Podría estar actuando con ayuda o es una persona solitaria? – pregunta con cuidado.
Al parecer no sólo yo sospecho de Gohan.
- Podría tener algún socio ayudándolo – responde tocando su barba de manera pensativa – pero no recomendaría centrarse en ello por ahora.
- Muchas gracias Paragus – interrumpe padre con un temblor en su voz – te pediré tu informe por escrito para poder analizarlo con cuidado con el resto del equipo.
Padre quiere con desesperación que él salga de aquí y nuestros secretos se mantengan ocultos.
Iluso.
Abandonamos la sala de reuniones en silencio, sin mirarnos unos a otros, sintiendo el miedo crepitando a nuestro alrededor. Yo, en cambio, puedo sentir la mirada profunda de Paragus en mí, logrando erizar mis vellos y acelerando mi corazón.
- Mi hijo manda sus saludos señorita Irene Pot – dice a modo de despedida, con voz cuidada, enfatizando mi nombre falso, antes de arreglar su abrigo y salir del edificio.
Quizás empieza el momento en que todos los secretos salgan a la luz.
Quizás es tiempo de dejar las mentiras que he acumulado a lo largo de los años.
Quizás.
Al llegar a mi escritorio encuentro mi café de siempre y agradeciendo a Erasa internamente al no verla cerca, decido comenzar a revisar mi papeleo pendiente. Luego de unos minutos, mi cabeza comienza a palpitar de manera frenética y busco de manera frenética algún medicamente en mis cajones que me ayude con el dolor, pero al no encontrar ninguno, me levanto de mi escritorio para ir a mi automóvil a ver si tengo algo en él y luego ir al baño a refrescarme.
Pronto el pánico se apodera de mi cuando pierdo paulatinamente el equilibrio y mi visión se vuelve borrosa mientras estoy saliendo de la estación.
- ¡Satán! – me interrumpe la molesta voz de Cocoa antes de poder llegar a la puerta – necesito que vengas conmigo un momento, no puedo creer que diré esto, pero solo tú puedes ayudarme en un caso que estoy revisando.
No, no puedo ayudarte porque el piso tiembla bajo mis pies.
- Debo ir a mi automóvil – respondo mientras tropiezo al caminar.
- ¿Estás bien? – pregunta angustiada al ver como no puedo mantenerme en pie – Te han drogado – afirma levantando su nariz sin dejar de mirarme.
Trato de mover mi cabeza en señal de afirmación, de manera infructuosa.
- Te llevaré al hospital, aquí no encontraremos un antídoto adecuado.
Me apoyo en sus hombros mientras me ayuda a salir de la estación de policía. Puedo escucharla decir a uno de nuestros compañeros que me acompañará al hospital y me sienta en el asiento trasero de su automóvil.
- Puede que te envidie – me dice con evidente temblor en su voz – pero no seré responsable de tu muerte, no sabía que el veneno tendría esos efectos en ti y de manera tan fuerte, lo siento.
- Tú… - intento decir, pero mi voz se corta mientras intento desesperadamente obtener un poco de aire. No puedo hablar, no puedo moverme aunque deseo golpearla con todas mis fuerzas.
Aún así ¿Se está disculpando por envenenarme? ¿Por qué Cocoa me haría esto?
- Él amenazó a mi familia – me explica con lagrimas en sus ojos que no había visto surgir – iba a matarlos.
Conduce por tiempo indefinido mientras siento mi corazón cada vez más acelerado.
El asesino la contacto de alguna manera, ella lo estuvo ayudando.
Ella es la cómplice.
Las piezas del puzle empiezan lentamente a encajar en mi confundida mente.
- Te dejaré aquí – vuelve a decir con su mirada llena de lagrimas mientras me arrastra torpemente – pero te llevaré al baño, quizás pueda ayudar que vomites.
Me abandonará en el mismo viejo almacén en que Spopovich me atacó, ahora convertido en ruinas.
El asesino está aquí. El asesino sabe lo que me pasó y sabe donde ocurrió.
- No quise envenenarte – me explica con desesperación, pero yo ya no puedo moverme más - se suponía que solo haría que estés desorientada, pero esto es más fuerte. Sólo vomita Videl, por favor – me suplica totalmente consternada. Creo que nunca la he visto tan desenfocada.
Mientras me afirmo en el baño, escuchó los gritos de Cocoa mientras mi visión se vuelve aún más borrosa.
Es una trampa Cocoa. Él nos matará a las dos.
Pasos firmes se detienen tras de mí y trato con cuidado de girar para ver el cuerpo de mi antigua rival en el piso.
- No sabes cuánto he esperado volver a verte Videl Satán – me habla una voz lejana, que reconozco con horror, mientras me golpea con fuerza en el piso y puedo sentir la sangre burbujeando de mi cráneo.
El piso del baño se vuelve de color rojo mientras mi visión se desvanece, volviendo todo negro.
En aquel momento, por segunda vez, he muerto.
Hola. Si, aquí Yuki desaparecida. Pido disculpas a quienes esperaban una actualización antes. No he estado pasando por un buen momento, he cerrado mis redes sociales (a excepción de Instagram), debido a problemas. No volveré a un hiatus de 6 años, pero sí mis actualizaciones serán menos frecuentes. No dejaré mis historias hasta terminarlas y Gravedad tendrá prioridad, pues no he podido quitarme de la cabeza lo que viene más adelante.
Este ha sido el capítulo más difícil de escribir, meterse en una mente confundida en primera persona no fue fácil. Además, abarca mucho y no pude dividirlo. Paragus debía aparecer en el capítulo anterior pero extender algunas escenas hubiese llevado a confusión. Con esto, he terminado la narración de Videl. Siguiente capítulo será PoV de Gohan, el primero que escribí de esta historia. He terminado la introducción del relato, se viene el drama, aunque el siguiente será un capítulo de transición totalmente esclarecedor.
Muchas gracias por leer.
