Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


-Capítulo 9-

Mayo de 1969

— ¿Qué te apetece cenar? —le pregunté mientras me dirigía a la cocina recogiendo a mi paso cualquier cosa que no estuviera en su sitio y colocándola donde debía estar. Como algunas prendas de ropa que tenía esparcidas por el pasillo, por ejemplo.

—Lo que tengas, cualquier cosa estará bien.

— ¿Ensalada y algo de carne irá bien?

—Más que perfecto. ¿Te ayudo?

Lo miré con una sonrisa sorprendida.

— ¿Sabes cocinar?

—Bueno, lo básico —se encogió de hombros con las manos metidas en los bolsillos.

—Entonces tú puedes preparar la ensalada mientras yo hago la carne, ¿te parece?

—Desde luego.

Y así lo hicimos. Durante los siguientes tres cuartos de hora estuvimos en la cocina preparando nuestra cena, aún asombrados por la lluvia torrencial que estaba cayendo fuera. Una vez terminamos, pusimos la mesa y después nos sentamos a cenar.

—No era lo que teníamos en mente, pero al menos podremos cenar juntos —comenté tras beber un sorbo del refresco que me había servido, pues ni siquiera tenía vino o cervezas en casa. Se me había olvidado ir a comprar, así que suerte que me quedaba algo decente para comer en la nevera.

—A mí no me importa dónde estar mientras esté contigo, sinceramente.

Sin poder evitarlo me sonrojé ante sus palabras y carraspeé.

—Esta semana se me ha hecho muy larga. Solo tenía ganas de que llegara hoy —admití jugueteando con la comida de mi plato, dándole vueltas al tenedor.

— ¿De verdad?

—Sí.

—Yo también. Han sido unos días eternos de grabaciones, entrevistas, trayectos en coche, más entrevistas, más grabaciones…

—Suena agotador.

—Lo es.

— ¿Y compensa? —pregunté, sin estar segura de si me metía donde no me llamaban.

—Al principio, sí; todo era nuevo y nosotros éramos tres chavales muy impresionables. Pero después de tantos años estamos acostumbrados y también algo quemados, pero es lo que nos toca. Hacemos lo que siempre habíamos querido, así que no podemos quejarnos.

—Te entiendo. A mí me pasa lo mismo, pero adoro el periodismo y… no lo dejaría por nada del mundo.

Jasper sonrió y continuó comiéndose la ensalada.

—Por cierto… —comenté, dubitativa—. ¿Les has… contado algo a tus compañeros?

— ¿De lo nuestro?

—Bueno, de lo nuestro… —algo había, pero no sabía definirlo aún. Y "lo nuestro" me parecía algo desmesurado todavía—. De lo que sucedió la semana pasada.

—Saben que me gustas, si es eso a lo que te refieres. Saben que fuimos a cenar, pero no les conté nada con detalles.

—Vale.

— ¿Te preocupa que lo haga?

—No… No sé. No sé cómo debo sentirme.

—Tranquila. No voy a hablar de lo que pase entre nosotros con nadie. Edward y Emmett sabrán lo justo y necesario, y quizá ni siquiera eso.

Sonreí, agradecida, y continué cenando en un silencio que no duró ni tres segundos.

— ¿Y qué opinan de que te guste? Quiero decir, soy periodista, no una fan cualquiera…

Jasper pensó la respuesta durante unos segundos y eso me hizo suponer que algo malo sucedía.

—Emmett no tiene problema con ello, pero Edward es más quisquilloso.

— ¿Qué quieres decir?

Jasper respiró hondo y se limpió los labios con la servilleta antes de responder.

—No le hace gracia que salga con una periodista.

Asentí, comprendiendo al instante por dónde iban los tiros.

—Tiene miedo de que lo publique todo, ¿no?

—Yo ya le he dejado claro que no vas a hacerlo, que no eres así.

—Jasper… no lo sabes. Apenas nos conocemos —repetí, algo dolida aunque comprendiendo la postura de Edward. Jasper se había arriesgado mucho conmigo casi sin conocerme.

—Pero sé que no lo vas a hacer —me aseguró mirándome con fijeza—. ¿No?

—Jamás se me habría pasado por la cabeza vender lo que sea que vaya a pasar entre nosotros solo para conseguir beneficios. La sola idea me da asco.

— ¿Lo ves? No creo que Edward y yo volvamos a discutir por eso nunca…

— ¿Discutisteis por ese motivo? —pregunté interrumpiéndole, sintiéndome aún peor.

—Alice, no fue nada. Edward es exasperante a veces y tuve que dejarle las cosas claras. Le dije que lo que tú y yo hiciéramos no es de su incumbencia.

—Y no lo es, pero solo está velando por el bien del grupo.

—Sí, ¿y? El grupo no se va a ver afectado porque tú y yo nos veamos y salgamos juntos.

Me mordí el labio inferior.

—No quiero que discutas con tus amigos por mí.

—Solo te estaba defendiendo. Y tanto Emmett como Edward ya saben lo que hay. Claro que podrías vender lo que yo te cuente o lo que hagamos a cualquier revista, pero simplemente no eres así.

—No, no lo soy —le aseguré—. Y no he buscado esto.

— ¿A qué te refieres? —me preguntó con el ceño fruncido.

—No he buscado salir contigo, ni que me gustases como lo haces. Simplemente ha ocurrido, y ni tú ni yo hemos podido hacer nada por remediarlo.

—Exacto. Lo único que tengo claro de todo esto es que pretendo averiguar hacia dónde nos lleva.

Sonreí y asentí con timidez, levantándome cuando me di cuenta de que ya habíamos terminado de cenar. Llevé los platos a la cocina y volví al salón, viendo que Jasper también se había puesto de pie y que se había dirigido de nuevo a la ventana para mirar cómo continuaba diluviando.

— ¿Te apetece algo de postre? Tengo yogurt, fruta… Y poco más.

—No te preocupes, estoy bien —me aseguró guiñándome un ojo. Me puse a su lado y respiré hondo—. La que está cayendo.

—Sí. Parece que se va a acabar el mundo.

—Espero que no. Al menos, que se espere un poco; hay muchas cosas que quiero hacer antes.

— ¿Como terminar de grabar el álbum que me dijiste? —pregunté repasando con un dedo las gotas que resbalaban por el otro lado del cristal de mi ventana.

—No, nada de eso.

— ¿Entonces?

—Antes de que se acabe el mundo quiero volver a besarte, por ejemplo —comenzó a enumerar, consiguiendo que mi corazón se saltara un latido al escucharle—. Me gustó mucho hacerlo. También quiero volver a salir contigo, conocerte más. Hacerte reír, hacerte enfadar. Tener la oportunidad de despertarme a tu lado alguna vez…

Me estremecí a su lado y fui capaz de notar que me temblaban las manos, por lo que aparté la que tenía en la ventana, nerviosa, para que Jasper no lo viera.

— ¿Y tú qué quieres hacer antes de que se acabe el mundo? —me preguntó ladeando la cabeza para mirarme.

—Pues… —susurré—. Me gustaría que volvieras a besarme porque a mí también me gustó mucho… Y… me gustaría salir otra vez contigo, y que me hicieras reír aunque no enfadar —lo escuché reírse entre dientes ante ese último comentario y contener la respiración por lo que estaba a punto de decir—: Y también… me gustaría despertarme a tu lado… saber cómo se siente.

Al instante sentí la mano cálida de Jasper tocar la mía y fue entonces cuando me di cuenta de que jamás lo había hecho. La semana pasada nos habíamos besado en su coche, sí, pero nunca nos habíamos tocado, propiamente dicho. Sentí sus dedos deslizarse por mi palma hasta que nuestras manos estuvieron entrelazadas, y una especie de calidez se abrió paso en mi pecho y en mis mejillas. Un escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies cuando Jasper se movió para colocarse frente a mí, y entonces me percaté de lo alto que era en comparación conmigo. Me sacaba casi una cabeza, y no me había dado cuenta de ello porque jamás habíamos estado tan cerca estando de pie.

Llevó la mano que le quedaba libre a mi barbilla y me la acarició con suavidad, deslizándola más tarde por mi mejilla y dejándola ahí. No me sentía capaz de alzar la cabeza porque me daba miedo encontrarme con sus ojos y que estos me dijeran algo para lo que no estaba preparada aún. Apoyé la mano que me quedaba libre en su pecho y respiré hondo, notando el frenético retumbar de su corazón contra mi palma, cosa que me hizo sonreír levemente. No era yo la única que estaba nerviosa. Jasper inclinó la cabeza hasta que su frente tocó la mía y el pulgar que tenía sobre mi mejilla me acarició el pómulo.

—Alice…

—Todo está pasando muy deprisa —susurré con la voz temblorosa—. No me da tiempo a acostumbrarme a un sentimiento porque de repente aparece otro nuevo que lo sustituye. No sé qué me estás haciendo.

—A mí me pasa lo mismo. Me has hipnotizado por completo.

Sacudí un poco la cabeza, reacia a creer en sus palabras simplemente porque tenía miedo de hacerlo. Miedo de acostumbrarme demasiado deprisa a esa felicidad y que después se disolviera de un plumazo.

—No hago más que pensar en ti, en querer que pasen los días para verte… —confesé sintiéndome perdida en un mar de emociones—. Yo no he pedido esto… No lo quería.

—Lo siento. Ya te dije que no quiero hacerte sentir mal…

—Es que no me haces sentir mal, al contrario —le aclaré alzando al fin la cabeza, atreviéndome a mirarle a los ojos. Brillaban, más verdes que nunca—. Me haces sentir viva. Y… quiero que sigas haciéndolo.

Sus labios se curvaron hacia arriba de forma muy leve, regalándome una sonrisa sincera que me aceleró el corazón ya de por sí acelerado.

—Tú me haces sentir lo mismo, Alice. Y no quiero perder ese sentimiento.

Sin ser muy consciente de lo que hacía me puse de puntillas, rodeé su cuello con mis brazos y lo besé, sintiendo su piel cálida contra la mía. Aquel beso no tenía punto de comparación con el que nos dimos en su coche, apresurado y nervioso, pues me estaba tomando mi tiempo para recorrer sus labios con los míos, feliz de poder hacerlo. Jasper conseguía que me temblara el cuerpo entero y quería que lo supiera y que sintiera lo mismo que yo, por lo que acaricié su lengua con la mía a la vez que enredaba mis dedos en su cabello ondulado. En menos de dos segundos sus brazos se enroscaron en torno a mi cintura, me apretaron contra su cuerpo y sus manos serpentearon bajo mi camiseta blanca, acariciándome la cintura y la parte baja de la espalda mientras nos besábamos con desaforada pasión.

Sin previo aviso Jasper se separó de mí y me miró fijamente a los ojos, tragando saliva y respirando de manera agitada. Me fijé en que sus pupilas se habían dilatado y que tenía las mejillas coloradas.

—Dios, Alice, no quiero que me malinterpretes.

Fruncí el ceño, sin comprender.

—Creo que no te estaba malinterpretando.

—Yo… Te deseo muchísimo, pero esperaré si crees que vamos muy deprisa.

Aquel gesto me enterneció a más no poder y supe que no habría momento más perfecto que el que estábamos viviendo para dejarle las cosas claras:

—Sí que vamos deprisa, pero también te deseo. Y deseo todo lo que tenga que pasar entre nosotros a partir de ahora.

Jasper se habría sacrificado si yo hubiera decidido decirle que no, pues era consciente de que me deseaba de verdad; sus ojos y su cuerpo me lo decían. Pero yo también le deseaba, le deseaba de una forma inexplicable, como jamás había deseado a ningún otro hombre antes.

— ¿Estás segura? No quiero ir deprisa contigo.

—Acabas de decir que quieres despertarte a mi lado… Si esta noche se acaba el mundo no vamos a tener ninguna otra oportunidad.

Se echó a reír ante mi broma y yo me sorprendí de haberla hecho en semejante momento, pero necesitaba que comprendiera que yo sí quería pasar la noche con él.

—Mira que mañana no podrás echarle la culpa al alcohol… porque no hemos bebido —me siguió él el juego estrechándome todavía más contra su cuerpo.

—No iba a hacerlo. Te deseo, Jasper, muchísimo.

Respiró hondo justo antes de separarse de mí lentamente, asustándome. Sin embargo, tomó una de mis manos entre las suyas y depositó un beso en el dorso.

— ¿Vamos a tu habitación?

Sonreí, nerviosa, y asentí, tirando de su mano con la mía, incitándole a andar. Mi habitación era pequeña, por lo que la cama de matrimonio la ocupaba casi totalmente, pero aun así tenía espacio para un pequeño armario de madera y una mesita de noche del mismo material adornada con una pequeña lámpara hecha a mano. Una vez estuvimos en la habitación bajé la persiana y cerré las cortinas de la ventana lo justo para evitar miradas indiscretas, y volví a colocarme frente a Jasper.

Sus manos se posaron en mi cintura y me atrajeron hasta su cuerpo hasta que las puntas de nuestros pies se tocaron. Al notar que estaba nerviosa me besó la nariz, haciéndome sonreír, y después volvió a cubrir mis labios con los suyos sin detenerse en ellos, deslizándose por mi mandíbula y mi barbilla, y descendiendo por mi cuello. Mis ojos se cerraron por inercia a la vez que mis manos, como si tuvieran vida propia, comenzaron a desabrochar los botones de su camisa lentamente. Una vez la tuve completamente desabotonada se la quité, acariciándole los hombros y los brazos, y llevé sus manos hasta el borde de mi camiseta, indicándole lo que deseaba. Lo entendió a la primera, por lo que con un movimiento fluido se deshizo de esa prenda, deteniéndose a observarme fijamente. No obstante, no se detuvo ahí, por lo que colocando las manos en la cinturilla de mis pantalones me los bajó con lentitud, dejándome en ropa interior. Tarde me vine a dar cuenta de que mi sostén no combinaba con mis braguitas, pero supuse que a Jasper no le importó, porque sus ojos se deslizaron lentamente por mi cuerpo, aprobando lo que veían, estremeciéndome de la cabeza a los pies.

—Eres tan bonita —susurró sin apartar la mirada de mi piel, como si realmente le hubiese hipnotizado.

Con las mejillas sonrojadas y las manos temblorosas me decidí a quitarle también los pantalones, ansiosa por sentirle y turbada por su detallado escrutinio, por lo que sin detenerme a pensar lo despojé de esa prenda cuando él se hubo descalzado. Volví a abrazarle y hundí mi boca en su cuello, enredando mis dedos en su cabello y notando sus manos desesperadas deslizándose arriba y abajo por mi espalda, acariciando cada porción de piel que encontraba. En un movimiento sutil me desabrochó el sostén y yo lo ayudé a deshacerse de él deprisa, cada vez más anhelante. Había tanto de Jasper que quería ver, tanto que quería tocar y besar que no sabía por dónde empezar, por lo que dejé que fuera él quien me hiciera caminar de espaldas hacia la cama hasta que ambos estuvimos tumbados y acomodados.

Jasper se colocó sobre mí y me besó en la boca, acariciando con sus manos mis pechos desnudos, erizándome la piel. Le devolví el beso y mordisqueé sus labios mientras mis manos se deslizaban por toda su espalda y sus costados, disfrutando de la calidez de su piel y de la fuerza de sus músculos. Poco a poco, sus labios descendieron por mi cuello y se entretuvieron allí un rato, consiguiendo que gimiera y que mi cuerpo se arqueara en silenciosa demanda. Lo deseaba tanto que dolía, y él no hacía más que alargar la tortura. Como si hubiera escuchado mis pensamientos, sus labios descendieron aún más hasta mis pechos y los besó sin prisa, haciéndome cerrar los ojos con fuerza y clavar las uñas en su piel. Despacio, como si dispusiera de todo el tiempo del mundo, continuó bajando por mi esternón y mi estómago hasta el borde de mis braguitas, depositando suaves besos en la piel de mi abdomen.

Después me las bajó lentamente, como si temiera estar excediéndose, pero mi respiración agitada y temblorosa le indicó que iba por buen camino. Él también se despojó de los calzoncillos y los lanzó al suelo, sin importarle dónde cayeran. A continuación me acarició las piernas y los muslos, y poco a poco ascendió por mi cuerpo hasta que volvió a besarme. Era capaz de notar todo su cuerpo contra el mío y que también temblaba, ansioso por el mismo motivo que yo.

— ¿Tienes protección? —me preguntó cuando nuestros labios se separaron.

—Creo que hay algún preservativo en la mesita de noche.

Mi mente no funcionaba correctamente y no me acordaba de si me quedaba alguno, pues hacía mucho tiempo que no intimaba con ningún hombre. Tampoco había tenido ganas, sinceramente.

Jasper se separó de mí y yo noté al instante su ausencia, pues me estremecí de frío, en esa ocasión. Rebuscó en el cajón que le había indicado y, por suerte, dio con un preservativo, por lo que deprisa volvió a reunirse conmigo y yo lo insté a besarme rodeando su nuca con mis manos y sus caderas con mis piernas. Una de sus manos se deslizó por mi pecho, mi abdomen y más abajo, colándose entre mis muslos para comprobar si estaba preparada. Pero sí lo estaba, por lo que gemí al notar sus íntimas caricias y volví a arquearme contra sus dedos invasores. Mi respiración se aceleró, pues estaba al borde del abismo y ya era capaz de notar las intensas descargas de placer recorriéndome el cuerpo entero, por lo que Jasper se apresuró a colocarse el preservativo y, clavando sus ojos en los míos, comenzó a entrar en mí.

Sentí que mi sangre se convertía en lava cuando Jasper entrelazó sus manos con las mías y las colocó por encima de mi cabeza a medida que empujaba contra mi cuerpo. Mis caderas fueron al encuentro de las suyas y afiancé el agarre de mis piernas en torno a su cintura, necesitando sentirle más cerca, más profundo. Nada había sido nunca igual, ni por asomo, y esa sorpresa fue el aliciente que necesité para llegar al orgasmo tras la última embestida de Jasper, quien se desplomó sobre mí agotado y sudoroso. Yo, por mi parte, no era capaz de llenar mis pulmones de aire, y lo único que me veía capaz de hacer era acariciarle el cabello a la espera de que la cabeza dejara de darme vueltas.


¡Holiiii! Como os dije, este par no se anda con tonterías ni mucho menos con rodeos, así que ¿para qué esperar, verdad? Pues eso. Espero que os haya gustado mucho el capítulo de hoy y que me contéis vuestras sensaciones en vuestros reviews, a ver si vamos por buen camino ;)

¡Nos leemos el martes! Xo