Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.
Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.
Capítulo 10— Compartiendo felicidad
POV Edward
Llegamos a casa de mi madre con sonrisas tontas dibujadas en nuestros rostros, tomados de la mano adentramos en la casa y encontramos a Esme en la cocina viendo a Maddie alimentarse utilizando una cuchara infantil.
— ¡Papi, mami! — Exclamó feliz nuestra pequeña al vernos, dejando el cubierto infantil sobre su plato rosa.
— Hola, muñequita — la saludó Bella, aproximándose de su trona y dejando un gran beso en su mejilla regordeta, Maddie se rió y puso los bracitos alrededor del cuello de su madre, abrazándose a ella.
— ¿Qué estás comiendo? — Le preguntó Bella saliendo de su abrazo de oso, sentándose en la banqueta junto a su trona.
— Macarrón con cane molida — explicó entusiasmada, era una de sus comidas favoritas, sus labios estaban sucios de salsa de tomate, regalándonos así una imagen muy divertida y tierna. — ¿Queles, mami? — Preguntó de pronto, tomando nuevamente su cuchara con su mano regordeta y llenándola con macarrón.
— Claro, muñequita — le contestó Bella.
Mi madre y yo veíamos a la escena divertidos, mi esposa aproximó su rostro al alcance de las manos de nuestra hija y ella con cuidado introdujo la cuchara en su boca.
— Ummm… qué rico, gracias — Maddie se rió y asintió con la cabeza.
— Yo también quiero probar — anuncié, acuclillándome junto a su trona, ella llenó otra cuchara y con el mismo cuidado me ofreció —, ummm… qué bueno estar… creo que me voy a comer todo este plato — dije, bromeado para ver su reacción.
— No, papi, ya pobaste, comida de Maddie, ¿verdad, mami?
— Verdad, Maddie — contestó Bella, intentando no reírse.
— Bubú, da comida a papi — pidió a su abuela, causándonos risa.
— Gracias por dejarme probar de tu comida, preciosura, la abuela me hará un plato sólo mío, puedes comer tranquila — dije, dejando un beso en su cabeza, ella asintió y se concentró en su comida.
Me levanté y aproximándome a Bella la abracé por la espalda, ella recargó su cuerpo contra mi pecho y yo dejé un beso sobre su sien, Esme nos miraba sonriendo.
— Los veo tan felices y relajados — empezó a decir mamá como si nada — ¿cómo les fue en el médico? — Sondó ella.
Sonreí contra la cabeza de Bella.
— Estoy bien, muy bien — le respondió Bella —, bueno, me he expresado mal, a decir verdad, estamos bien — dijo llevando sus manos a su vientre, mi madre puso los ojos en blanco y llevó sus manos a la boca suspirando un "Oh, ¡Dios!", luego ella dio la vuelta a la encimera y nos atrapó en un fuerte abrazo estilo mamá oso.
— Qué hermosa noticia, seré abuela nuevamente — dijo con la voz cargada de emoción mientras nos tenía abrazados, luego se apartó y nos abrazó cada uno a su vez. — Felicidades, hija, tu bebé llegó — dijo abrazando a Bella —, tu tan deseado bebé ya crece en tu interior — tomando el rostro de mi esposa entre sus manos añadió: — Qué Dios te bendiga, Bella, qué bendiga a tu gestación, a este pequeño que llegará a nuestra familia — una de sus manos dejó el rostro de mi esposa y se posó sobre el vientre plano de ella —, y qué bendiga a la familia que ustedes formaron.
— Amén… — suspiró Bella, emocionada por sus palabras.
Mi madre la abrazó una última vez y luego me envolvió entre sus brazos.
— Felicidades, hijo, estoy tan feliz por los dos — susurró contra mi pecho.
— Gracias, mamá, eres la primera persona a quien contamos la novedad.
— Qué bonito detalle, mis niños — Bella y yo sonreímos a ver la evidente emoción en su rostro. — ¿De cuántas semanas estás? — Le preguntó a Bella, poniéndose a mi lado con uno de sus brazos alrededor de mi espalda.
— Siete — contestó mi preciosa esposa con una sonrisa deslumbrante.
Mi madre sonrió al ver su felicidad.
— ¿Cuándo piensan en contar a la familia? — Cuestionó Esme entonces, Bella me miró y yo me encogí de hombros, haría todo en el tiempo de ella.
— Podemos hacer un almuerzo de domingo en nuestra casa, reunir a todos y allí contarles la noticia.
— Me parece bien — contesté sonriéndole, ella asintió.
Tras almorzarnos junto a mi madre volvimos a nuestra casa, Esme prometió mantener el secreto hasta el domingo, sin duda lo más difícil sería no contarlo a mi padre, pero Bella quería que ambos abuelos estuvieran presentes en el momento, así que tocaba esperar el domingo.
x-x-x-x-x
En los cuatro días que faltaban para el domingo traté de aprovechar lo máximo posible el hecho de que tenía a Bella sola para mí, pues sabía que en el momento en que dijéramos a la familia, iba a compartirla con todos, principalmente con las chicas, locas por hacer compra, si Alice ya estaba pensando en crear una colección de ropa para su hijo, cuando supiera que Bella también estaba embarazada iría a monopolizar a mi esposa por opinión y por compartir experiencias, no era algo del todo mal, Bella necesitaría este tiempo entre chicas, Rosalie y mamá podrían confortarla con respecto a los aspectos de la gestación, mientras ella y Alice irían a compartir sus experiencias.
La tarde en que volvimos a nuestra casa, tras contar la novedad a mi madre fue muy especial.
— ¿Cuándo debemos contar a Maddie del nuevo bebé? — Cuestioné a Bella, estábamos en nuestra cama, yo con mi espalda recargada contra la cabecera, mientras ella descansaba contra mi pecho, Maddie estaba tomando su siesta de la tarde.
— Será mejor que le contemos cuando mi barriga empiece a notarse, así ella tendrá una muestra del cambio, será más fácil que lo comprenda si logra asociar la idea con la prueba tangible de ella y cuando el bebé esté mayor podemos llevarla a una consulta para que escuche su corazoncito, tenemos que hacerla participe para que no se sienta excluida — explicó poniéndose en su plan médico pediatra.
— Lo comprendo.
Bella de pronto se apartó de mi pecho, sentándose en la cama.
— ¿Qué pasa? — Indagué asustado por su rápido cambio de posición ¿Sientes algo? ¿Náuseas? — Ella puso los ojos en blanco.
— Dios, Edward, presiento que me vas a volver loca durante estos siete meses que nos queda de espera — suspiró y luego se inclinó sobre mí, dejando sus manos sobre mis hombros, aproximando su rostro al mío — y Dios que me ayude, porque eres irresistible así de protector — dijo sentándose ahorcajadas sobre mi regazo.
— Bella…
— Shhh… Maddie dormirá al menos dos horas… hace una semana que no hacemos el amor — puso de manifiesto, nuestra hija estuvo al todo tres días en el hospital y nosotros habíamos hecho el amor por última vez dos días antes de ella ser ingresada allí, y ahora ya llevábamos dos días en casa, así que toda una larga semana sin estarnos conectados íntimamente.
Puse mis manos sobre sus muslos, alrededor de mis caderas y le acaricie la piel suave de sus piernas.
— Ummm — gimió ella — extrañé eso, pero por la preocupación de la última semana mi necesidad de ti había estado en un segundo plano muy escondido en mi mente, pero ahora que todo está bien, parecen que todos mis sentidos están cobrando vida — explicó, disfrutando de mis caricias.
Bella llevaba un vestido, así que adentré mis manos baja la falda de esté y la toqué casi llegando en la intersección entre sus piernas, ella volvió a gemir y yo me incliné y tomé sus labios con los míos, besándola dulcemente, pero mi chica no quería algo dulce, sus manos hasta entonces sobre mi pecho desnudo fueron trasladadas a mi nuca y utilizándolas ella me aprisionó en un beso urgente cargado de anhelo, la sentí mecerse sobre mi erección, haciéndome gemir contra su boca, sus manos acariciando firmemente el pelo al final de mi nuca.
Ella estaba tentándome de una manera tan desinhibida, restregando su entrepierna contra mi sexo listísimo para la acción, no pudiendo resistir más, dejé que mi mano dejara el interior de su muslo y tocara su sexo sobre la delgada tela de sus bragas, un jadeó se escapó de sus labios al sentir mi mano tocándola, y yo volví a gemir al sentir la humedad de la tela, froté su sexo, sintiéndola mecerse sobre mi mano, tan caliente, tan húmeda…
— Te necesito — jadeó mi esposa con sus labios contra los míos, sus manos dejaron mi cuello, viajando suavemente desde mi pecho desnudo hasta la cinturilla de mi pantalón chándal, erguí mis caderas para ayudarla y de pronto el pantalón se encontraba en la mitad de mis muslos, rápidamente ella hizo el mismo proceso con mis bóxers atrapando en seguida mi pene entre sus manos suaves y calientes. Owww, mi chica estaba ansiosa, tuve que respirar para intentar calmar las sensaciones que sus manos estaban causando a mi cuerpo. En ningún momento dejé de acariciar su sexo por sobre la tela de sus bragas y la oí gemir unas cuantas veces, sonreí mientras besaba su cuello.
— ¿Qué quieres, Bella? — Le susurré al oído, ella jadeó, meciéndose fuertemente contra mi mano y su agarré se hizo más fuerte contra mi erección, tuve que apretar los dientes para no venir en su mano.
— A ti, a ti dentro de mí — jadeó ella, con la voz cargada de deseo, en un tono sexy que me dejaba totalmente loco, aparté la lateral de sus bragas y mis dedos tocaran la piel caliente y mojada de su centro, ella gimió, apretándose contra mi cuerpo; introduje dos dedos dentro de ella empezando a bombear lentamente, ella jadeo un "Santo Cielo" mientras se mecía sobre mis dedos, olvidando su labor con mi erección, gracias a Dios. La humedad de su centro humedeció mis dedos rápidamente —, Edward, por favor… — jadeó descansando su frente contra mi hombro, saqué mis dedos de dentro de ella y apartado más sus bragas de un único empujó me hundí dentro de ella, los dos gemimos/jadeamos a la vez, llevé mis manos hasta sus caderas para ayudarla a subir y bajar, mientras ella apoyaba las suyas sobre mis hombros logrando así impulsarse hacia delante, seguimos en un ritmo rápido y luego empecé a sentir las contracciones de su vagina contra mis pene, que también empezaba a estremecerse dentro de ella, algunas investidas más y juntos llegamos a la cima, sus paredes contrayéndose una y otra vez alrededor mío, mientras yo le regalaba todo lo que tenía y parecía que tenía mucho, porque eyaculé varios chorros dentro de su caliente cuerpo, si ella ya no estuviera embarazada, apostaría todas mis fichas de que se embazaría tras acoger a tanto semen en su interior.
Jadeante ella se desplomó contra mi pecho, nuestros cuerpos todavía unidos íntimamente, la abracé, descasando mi espalda contra el cabecero de la cama.
— ¿Te sientes bien? — Le pregunté cuando logré estabilizar mi respiración, acariciando su espada por sobre la tela de su vestido.
— Muy bien… — musitó, acariciando mi pecho.
— ¿Tenías algún fetiche sobre hacer el amor con la ropa encima? — Indagué curioso.
— Un poco, pero también tenía prisa — confesó, me reí, dejando un beso sobre su coronilla.
— Debo confesarte que hacerlo con la ropa encima fue algo bien… — me detuve buscando la palabra.
— Excitante — aportó ella.
— Sí… — estuve totalmente de acuerdo.
Lentamente nos giré, dejándola boca arriba, con cuidado salí de dentro de ella, las piezas de ropas seguían sujetas en la mitad de mis muslos, las acomodé ante la atenta mirada de mi esposa, que parecía no darse cuenta de que estaba regalándome todo un espectáculo, allí tumbada boca arriba, el pelo revuelto sobre la almohada, las cremosas piernas entreabiertas y con la falda del vestido a la altura de sus caderas.
— ¿A dónde vas? — Cuestionó con un puchero manipulador al verme bajar de la cama.
— Primero echaré un vistazo a Maddie, luego a prepararnos la bañera, necesitamos un baño — dije echando un vistazo a su cuerpo, observando su entrepierna que el vestido amontonado sobre sus caderas dejaba visible, allí estaba la prueba de cuánto disfruté de su "ataque", mis jugos se mezclaban con los suyos dejando su piel brillante, aparté mi mirada rápidamente, la imagen estaba afectando mi cuerpo. Era un pensamiento muy cavernícola, ¿pero a qué hombre no le gusta ver la carne sensible de su mujer húmeda por sus propios jugos, o mejor, por la mezcla de los jugos de ambos?
Nuestra hija seguía dormida, y estaba muy tranquila, así que deduje que se dormiría por lo menos cuarenta minutos más, lo que nos dejaba tiempo para nuestro baño. Volví a nuestra habitación y en el cuarto de baño preparé la bañara, con todo listo volví por Bella, la desnudé totalmente y luego la tomé en brazos. Enlazados en el uno en el otro disfrutamos de un relajante baño, cerca de media hora después salimos de la bañera, para entonces mi esposa estaba casi quedándose dormida sobre mi pecho, la ayudé a vestirse y la metí en nuestra cama, arropándola.
— Me consientes demasiado — susurró medio dormida.
— Estoy sólo empezando, preciosa — susurré dejando un beso sobre su frente. Si antes ya la consentía, qué decir ahora que ella cargaba a nuestro bebé en su vientre.
Bella se durmió y media hora después Maddie se despertó, fui por ella, dejando a mi hermosa y embarazada esposa descansando en nuestra cama. Cambié el pañal a Maddie y luego le di su merienda de la tarde. Jugamos a montar bloques por algún tiempo y cuando ella se aburrió jugamos a las muñecas.
— Papi — me llamó mi hija.
— Sí, preciosura.
— Ten que cubir y ablazar para que duema — dijo apuntando hacía la muñeca de trapo de vestido amarillo, sentada sobre mi regazo, luego ella cogió una mantita que había sido suya y que Bella la dio para que jugara y envolvió su muñeca de vestido rosa y la puso contra su pecho meciéndola, — ¡papi! — Me llamó la atención, le puse los ojos en blanco y cogí otra mantita que estaba por allí, envolví la bendita muñeca y la mecí contra mi pecho.
— ¿Satisfecha, pequeña?
Ella me sonrió, derritiendo mi corazón, estaba tan hermosa, a cada día más grande, su pelo color miel cayendo en ondas sobre su hombro, las mejillas redondas y sonrosadas, la naricita respingona, que por increíble que parezca era igual a la de Bella, los ojos de pestañas largas y de mirada verde, dulce como un mar tranquilo, la boquita rosada, el pequeño cuerpo regordete, tras el susto con su salud allí estaba mi niña, feliz y saludable, gracias a Dios.
Ella se aproximó a mí y me plantó un beso en la mejilla.
— Muy bien, papi — me alabó como si yo fuese un alumno de guardería, dejándome anonadado por su acción. — ¡Mami! — Chilló ella apresurándose hacía su madre que adentraba a su habitación.
— ¿Estás jugando con papi, muñequita?
— Sip, a las muñecas, mami.
— ¿Puedo jugar también? — Preguntó mientras la cargaba en sus brazos.
— ¡Claro! — Exclamó agrandando los ojos, por supuesto, la respuesta era muy obvia para ella.
Bella riéndose plantó un beso en su mejilla y volviendo a dejarla sobre sus pies se sentó en su cama, mientras Maddie se encaminó a su sofacito en el rincón de la habitación y tomó el peluche de la Doctora Juguetes que estaba sobre él.
— Puedes juga con la dotora — dijo ella entregando el peluche a Bella.
— Gracias, mi amor.
Y así jugando con nuestra niña, disfrutando de sus ingenios y risas pasamos lo que quedaba de aquella tarde, tras un día lleno de emoción, de felices emociones.
Al día siguiente Bella se despertó con náuseas nuevamente, se me encogió el corazón al verla mareada y pálida tras volcar toda su cena de la noche anterior, lo único que yo podía hacerle era prepararle un té y una tostada, pero ella me dijo que eso ayudaba mucho, sinceramente empezaba a preocuparme, ¿cómo ella volvería a trabajar por las mañanas cuando se sentía tan mal en este horario?
Tras cerca de una hora mi esposa empezó a sentirse mejor y así estuvo durante todo el día, ahora que ya sabía que ella estaba embarazada, percibí que ella estaba mucho más dormilona y eso no tenía nada que ver con los días de estrés que vivimos en el hospital, sabiendo de eso, cuando Maddie se tomaba sus siestas de la mañana y de la tarde la incentivaba a hacer lo mismo, a veces la acompañaba otras iba a mi estudio a trabajar un poco desde casa, hablar con Garrett para saber cómo estaba todo en la empresa y revisar algunos proyectos.
Al día siguiente de nuestra ida al consultorio la doctora Johnson llamó a Bella para avisarle que sus exámenes estaban todos normales, le pedí a mi esposa que le preguntase sobre sus náuseas, revirando los ojos ella hizo lo que le pedí.
— Las náuseas son normales en los primeros tres meses — me explicó tras colgar — por lo general disminuyen a partir del segundo trimestre —, sólo debemos preocuparnos si esto empieza a dificultar mi alimentación.
— Ok. Gracias por preguntar, nena — le agradecí y la atraje hacia mis brazos, dejando que ella descansara su cuerpo contra el mío.
— Eres un manipulador — susurró, me reí bajito contra su pelo.
— Tu bienestar será siempre lo primero, Bella, aunque para eso tenga que manipularte.
— Ummm — ella suspiró — gracias por cuidarme.
— Siempre, preciosa.
Con esta rutina se pasaron los días que nos faltaban para el domingo, Bella despertándose con náuseas y mareada, yo haciéndole el té y tostadas y luego encargándome de Maddie mientras ella descasaba por algún tiempo, tras una hora mi esposa estaba recuperada de sus síntomas matinales, como los denominaba ella, y yo esperaba que estos síntomas se detuviesen pronto, por el bien de mi cordura.
En el domingo, tras recuperarse de sus náuseas matutinas, Bella se encargó de preparar el almuerzo para nuestros invitados, ella hizo su increíble lasaña con pasta fresca, salsa de tomate casera y salsa blanca, mucho queso y una deliciosa carne molida; para dar cuenta de alimentar a todos ella preparó tres lasañas, Emmett se comería casi una solo. Mientras ella cocinaba el olor de la salsa de tomate se expandió por toda la planta baja de nuestra casa, se me hizo la boca agua, estuve toda la mañana tentado a robarle algo de la salsa para comerme con una rebanada de pan, y mi esposa conociendo mis pensamientos cuando me entregó la merienda de la mañana de nuestra hija también me dejó un plato con rebanadas de pan cubiertas por la salsa.
— Eres la mejor — la adulé.
— Y tú tan predecible, estuviste rondando la cocina toda la mañana, mirando con anhelo la cacerola con la salsa.
Le sonreí con inocencia, ella giró los ojos y volvió a la cocina para finalizar el preparo de las lasañas, el postre lo había hecho en la noche anterior, ya estaba en la heladera, un rico pudín de chocolate.
— ¿Ya merendaste? — Me acordé de preguntarle, al despertarse sólo había tomado una taza de té de manzanilla con un tostada.
— Comeré lo mismo que preparé para ti, mi plato está sobre la encimera, ¿satisfecho?
— Muchísimo satisfecho, preciosa.
Ella rodó los ojos nuevamente y siguió su camino hacia nuestra cocina.
— Papi — me llamó la atención mi hija —, mi meyenda — dijo con un puchero, se me había olvidado que en mis manos tenía su taza de ensalada de frutas.
— Por supuesto, pequeña preciosura, tu merienda, a comer entonces.
Alimenté a Maddie y luego me puse a comer mis rebanadas de pan con salsa y mi hija muy comilona que es, terminó por comerse la mitad de una de las rebanadas.
Nuestra familia empezó a llegar al inicio de la tarde, primero Charlie, acompañado de Amelia, luego mis padres y mis hermanos, en tesis, el almuerzo sería para conmemorar la recuperación de Maddie, el viernes por la tarde la habíamos llevado al hospital para una revisión médica con el doctor Evans, su cirujano, él nos había dicho que probablemente al finalizar los quince días de la operación nuestra niña ya estaría libre para seguir con su vida normal, pues estaba sanando y recuperándose muy bien. Maddie, como siempre, acaparó la atención de todos, pasando de brazo en brazo muy risueña por todos los mimos que recibía; Ethan tras abrazarla, me abrazó y enseguida se lanzó en las piernas de Bella.
— Tita, Bella, ¿hiciste tarta de chocolate? — Le preguntó ilusionado, mi esposa se rió dejando un beso en su frente.
— Hoy no, cielo, pero hice pudín de chocolate, ¿te gusta?
— Sipppp… mucho — le contestó agrandando los ojos, visiblemente entusiasmado por la noticia del postre.
— Después de que almuerces te daré una gran porción ¿Vale? — Dijo mi esposa alzando su mano para que el chocara contra la suya.
— Vale, tía — respondió chocando su manita con la de Bella.
Mi madre y Rosalie ayudaron a Bella llevar las fuentes de lasaña para nuestra mesa del comedor, estaba lloviendo así que no podríamos hacer un almuerzo al aire libre en nuestro patio trasero, los platos y cubiertos ya estaban allí, Bella había arreglado la mesa mientras las lasañas estaban en el horno. Para nuestra hija Bella había preparado macarrones con carne molida y papas soute, a ella la lasaña le parecía una comida pesada para Maddie comer mientras todavía estaba en recuperación. Todos nos sentamos a la mesa, Maddie en su trona al lado de Bella y Ethan en una silla al lado de Rosalie.
— Antes de empezarnos a comer este delicioso almuerzo preparado por mi esposa, Bella y yo queremos compartir algo con todos — empecé llamando la atención de mi hambrienta familia —, este almuerzo sucede por dos motivos, para conmemorar la recuperación de nuestra hija y para celebrar — tomé la mano de Bella que estaba a mi lado — la llegada de un nuevo miembro.
Vi a Rosalie, Alice y Amelia jadearen y llevaren las manos a sus bocas, mientras mi madre sonreía entusiasmada, parecía casi brincar en su silla, pero los hombres parecían algo lentos en comprender mis palabras.
— Dentro de siete meses les haremos abuelos y tíos nuevamente — anuncié y una explosión de gritos envolvió el comedor, pronto Bella y yo nos vimos atrapados entre los brazos de nuestros familiares, recibiendo sus felicitaciones y buenos deseos.
— Nuestros hijos nacerán con muy poco tiempo de diferencia — chilló Alice, emocionada — Oh, Dios, un doble ajuar — dijo juntando sus manos y palmeándolas. No sé lo que la emocionó más, la noticia o cuando comprendió que con dos bebés en camino muchas serían las compras y dibujos que ella misma podría hacer.
— Tranquilízate, Alice, o tu bebé nacerá dando brincos — le contestó Bella causándonos risa.
— Hija — la llamó Charlie aproximándose a ella y envolviéndola en un fuerte abrazo.
— Así que me harás abuelo nuevamente, yo tan joven y ya con dos nietos — bromeó él. — Felicidades, Bells, qué Dios te bendiga y te proteja, ay, Dios mi niña va a tener un bebé — suspiró él.
— Ya tengo un bebé, papá.
— Lo sé, pero poder verte embarazada será distinto — y poniéndose serio añadió — Cuídate, ¿vale?
— No te preocupes, Charlie, ella se está cuidado y yo la estoy cuidando — dije poniendo una mano sobre su hombro.
— Así se hace, chico, muy bien. Felicidades, Edward — me abrazó, felicitándome.
— Gracias, Charlie.
Tras todo el alboroto ocasionado por la noticia nos sentamos a la mesa nuevamente, más que listos para disfrutar de la lasaña que Bella nos había preparado.
— Cuñadita, si algún día decides alejarte de la medicina puedes dedicarte a la cocina, sería tu cliente más asiduo, esto está estupendo — la elogió mientras llenaba su plato con una segunda gran porción de lasaña.
— Hasta pareces que no comes en casa, Emmett — le reprochó Rosalie.
— Tú cocinas bien, amorcito, pero Bella cocina exquisito — dijo encogiéndose de hombros.
— Sólo dejo pasar esa, Emmett Cullen, porque estoy totalmente de acuerdo contigo — contestó mi cuñada para diversión de todos.
Ethan sentado en la silla al lado de Rosalie se comió muy feliz una porción de lasaña que su madre había cortado en trocitos, mientras Maddie, en su trona al lado de Bella, comió sus macarrones con carne molida y papas soute cortadas en trocitos, utilizando su cuchara infantil, por suerte le gustaba tanto los macarrones y las papas que no pidió probar de nuestra comida.
Con todos muy satisfechos con la lasaña, mamá y Amelia ayudaron a mi esposa a servir el postre, que estaba riquísimo.
— ¿Siempre comes así de bien, Edward? — Me preguntó Emmett, a lo que le fruncí el ceño —, eres un maldito suertudo, creo que voy a visitarlos más a menudo.
— Sin maldecir, Emmett — lo regañó mamá, a lo que mi hermano le sonrió como niño bueno que no hizo nada malo, cuando todos sabemos que sí lo hizo.
— Tita, Bella — la llamó Ethan, bajándose de su silla y parándose al lado de mi esposa.
— Dime, cielo — dijo ella apartando un mechón de pelo castaño de su frente.
— ¿También podrías hacer un pudín cuando hagas mi tarta y la de Maddie?
— Primero les hago la tarta y otro día les hago el pudín, es mucha cosa para comer, cariño, ustedes no podrán comer todo a la vez — le explicó su tía con paciencia, mi sobrino se puso a reflexionar cruzando uno de sus brazos sobre el pecho y el otro apoyándolo sobre él, para así apoyar la pequeña barbilla sobre su mano, tras unos instantes de profundo pensamiento él asintió.
— Vale, ¿pero harás una tarta grande, verdad?
— Por supuesto, cielo — contestó Bella, subiéndolo a su regazo y llenando a sus mejillas de besos, mi sobrino se rió y se abrazó a ella.
Amaba verla relacionarse con nuestra hija y Ethan, ella tenía algo que los atrapaba, y su mirada siempre se iluminaba cuando tenía niños a su alrededor.
Tras comer el postre, nos reunimos en nuestra sala con Maddie y Ethan montando bloques sobre el piso a nuestra frente, en dado momento Emmett sacó su celular del bolsillo de su pantalón para revisar un mensaje que podría ser del hospital, al comprobar que se trataba de propaganda mi hermano siguió con el aparato entre sus manos, en eso Ethan se aproximó y le pidió el celular para ver videos con Maddie, mi hermano le puso los videos infantiles y le entregó el celular, mi sobrino se sentó al lado de mi hija y juntos estuvieron viendo los videos por algún tiempo pero luego se aburrieron y Ethan pareció encontrar algo más divertido, le vi apuntar el celular hacía mi hija, mientras le decía, "sonreí, Maddie", la luz del flash iluminó nuestra sala cuando el sacó la foto, luego la enseñó a su prima que sonrió feliz al verse en la pantalla.
— De mami ahola, Etá — exigió mi hija.
Las conversas en la habitación se detuvieron cuando la luz del flash sorprendió a todos, así que todos seguían mirando con divertimientos la interacción de los primos. Los dos niños se levantaron del suelo y se dirigieron a Bella, Maddie subiéndose en sus piernas para sentarse sobre su regazo.
— Foto, mami — le dijo nuestra hija mientras se sentaba en sus piernas, Ethan tomó distancia como si fuera un profesional y apuntó el celular hacía ellas, tras mirar la pantalla por algunos segundos, frunció su pequeño ceño y bajó el aparato.
— El pelo, tía Bella — le dijo simplemente, vi mi esposa poner los ojos en blanco, mientras los demás se carcajeaban, riéndose ella cogió su pelo que estaba todo esparcido sobre su espalda y lo puso alrededor de su rostro, enmarcándolo.
— ¿Así está bueno, pequeño fotógrafo? — Le preguntó Bella tras arreglarse, mi sobrino asintió con ahínco y posicionó nuevamente el celular.
— Sonrisas — les pidió y luego que las dos estuvieron sonriendo el flash iluminó nuevamente la habitación.
Maddie se bajó del regazo de su madre y fue hasta su primo observar la foto recién sacada, enseguida los dos se dedicaron a sacar fotos de todos, me aproximé del sillón donde Bella estaba sentada y me senté sobre el reposabrazos, envolviendo uno de mis brazos sobre su hombro.
— Te diste cuenta, esta es la primera foto que te sacan embarazada — le comenté, una expresión de sorpresa surgió en su rostro, mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios —, voy a pedir a Emmett que me envíe todas las fotos que nuestros pequeños fotógrafos saquen hoy.
— Será un hermoso recuerdo — me dijo.
— El primero de muchos, pues te voy a sacar muchas fotos todavía. Estaba tan entusiasmado con la noticia que si no fuera por el juego de los niños no me había acordado de este detalle, quiero llenar varios álbumes con fotos tuyas, a solas, con Maddie, conmigo y los tres juntos. Vamos a acompañar el crecimiento de nuestro bebé, cada pulgada; tu tripa será fotografiada a diario desde hoy.
Bella me sonrió tiernamente y poniendo una mano en mi nuca me atrajo hacia ella para plantar un beso dulce en mis labios.
— Te amo — me susurró, estábamos en nuestra burbuja particular, a lo lejos podía oír las risas de los miembros de nuestra familia, probablemente causadas por algún ingenio de los niños.
—También te amo — contesté rozando nuestros labios, para luego dejar un beso sobre su frente, la atraje hacia mi costado, su cabeza quedándose a la altura de mi pecho por la diferencia de altura entre el asiento del sillón y el reposabrazos, ella aprovechó para descansar la cabeza contra mi pecho y de esta manera contemplamos a nuestra familia ser manipulada por dos niños, que de alguna manera, mientras estábamos envueltos el uno en el otro, lograron que todos se sentaran en el sofá principal o que se pusieran de pie tras él, para así poder sacar una foto de todos.
— Mami, papi — nos llamó Maddie.
Sonriendo y tomados de la mano nos unimos a nuestra familia para la foto. Jasper, con su poder de persuasión, convenció a los niños de que podían unirse a la foto, así que programó el aparato y lo posicionó en un buen lugar de nuestra estantería.
Con nuestra familia a nuestro alrededor y nuestra hija sentada sobre nuestras piernas sacamos la foto que en el futuro serviría para acordarnos de lo feliz que estábamos todos en aquel momento. Dos bebés estaban por llegar a la familia, dos nuevas vidas que juntamente a Maddie y a Ethan iban a proporcionarnos momentos tan felices como aquella tarde en familia.
¡Hola, lectoras! Hoy tuvimos un capítulo tranquilito y pudimos disfrutar con Edward y Bella de la feliz noticia. Nuestros pequeños también fueron el centro de varias escenas ¿Les gustaron los ingenios de Maddie y Ethan? Y nuestro Edward, el papá del año, es un amor, ¿verdad?
Gracias por los alertas, favoritos y por los valiosos reviews. Bienvenidas todas las lectoras que están llegando a esta historia ¡NO SE OLVIDEN! LOS REVIEWS SON MI SUELDO. Amo leer sus palabras, ellas me animan a seguir escribiendo, y nunca está de más leer una palabra de ánimo ;)
Noticias, adelantos, etc., en mi grupo en Facebook, el link está en mi perfil.
Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Hasta el próximo jueves por la noche ;)
Jane
