Cuarenta y... ¿veinte?

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"Mi corazón no late, baila."

-Metamorfosis en el cielo

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Itachi estaba allí. Parado y yo estaba allí, sorprendida como si alguien me hubiera dicho que él era un criminal buscado por la FBI. Traté de calmarme, no es normal este estado, sin embargo y a pesar de que el tiempo parece detenerse hago que pase y el acepta, no hay palabras. Él no me saluda y yo me quedó ensimismada, todavía con la ropa hecha una sopa con el cabello suelto y azabache se ve perfecto, mas no hay tiempo de admirarlo por mucho tiempo. «Pasa» es lo único que se escucha decir. La casa de Ino no se caracteriza por ser una mansión, ni está llena de cosas extravagantes, pero sí de colores chillantes. Él ingresa a la sala, y los dos escuchamos el sonido de un rayo, me estremezco. Él parece acercarse no sé si no habla porque está demasiado empapado o porque está en un estado de trance, no lo sé. Y tampoco negaré que mis mejillas no están encendidas y coloradas, casi de un color morado. Mi maestro, mi sensei no debería estar aquí. Está prohibido, y sí, ya sé que ha entrado aquí un par de ocasiones pero muy por encimita era por asuntos escolares, no puedo asegurar que siente por mí. Desde la cena se ha ausentado y pasamos de ser "algo más que alumno y maestro" a "un maestro que no le presta atención a un alumno medio".

-Gracias- dice él al tiempo que se quita los zapatos- en cuanto la lluvia cese me iré...

Y no, no quiero que se vaya. Que contradictorio de mí parte, y que atrevido.

-No es necesario- un hilito de voz apenas surge de mí, demasiada timidez en una oración- yo... bueno, ¿por qué...?

Pero parece entender la pregunta antes de que la finalice.

-¿Por qué estoy aquí? Bueno...- su voz tenía un tinte de enojo.

«Estaba saliendo de la Universidad, después de unas asesorías y unas últimas clases. El día pintaba nublado, y creí que no pasaría a mayores. Mi carro hoy no circula por lo cual me propuse tomar el metro, sin embargo, estaba lleno de gente. Entonces, decidí tomar un taxi, pero ninguno estaba libre. Caminé varios minutos hasta que la lluvia llegó. Traté de atajarme en los locales aledaños a las calles pero todo mundo corría fue entonces que supe que eso era más que una lluvia...»

Asentí, sonaba lógico todo aquello.

-Además- agregó con su típica voz de maestro- observé que te marchabas con un estudiante.

No entiendo si aquello va acompañado de reclamo o es un simple comentario.

-Itachi...- bajé mi mirada- creo que sería bueno que te dieras un baño...dejé la bañera y...

-No- respondió seco- están cayendo rayos. Es peligroso.

Ladeé mi cabeza, ¿es peligroso?

-Entonces...- ideas cerebro, ideas. La necesitó. Pensé en Ino y en la ropa de hombre que a veces tenía en su recamara, por que era claro que ella llevaba hombres a la casa – puedo darte un poco de ropa.

El alzó su ceja, ¿Dónde quedaba aquella sonrisa encantadora? ¿Dónde? Quise gritar y decirle mis pensamientos, decirle que estaba enojada y que no entendía cómo es que lograba cambiar mi clima tan de repente, tan estúpidamente. Tal parece que ayudarlo con lo de la cena resultó ser la peor decisión de mi vida. No hubo respuesta, así que asimilé que no respondería por tanto alguien debía tomar decisiones. Subí a la habitación de Ino la cual –muy a mi sorpresa- estaba pulcramente ordenada. Su ropa ordenada por colores y por tela, los calcetines a la perfección doblados. ¿En serio era la habitación de mi mejor amiga? Rebusqué de allá para acá algo digno de Itachi, en la sala el parecía un ser brillante, a pesar de que la casa estaba un tanto fachosa. Él le daba un plus, como un diamante dentro de una caja negra. Y gracias al cielo encontré un sweater naranja y unos pantalones azules.

«Oh no» pensé, aquello debía ser una broma de muy mal gusto. ¡Es la ropa de Naruto! Obviamente entre él e Ino no hay nada, son primos. Muchas veces se quedaba aquí y dejaba su ropa botada, y cosas de ese estilo. No debería sorprenderme pero me era difícil darle a Itachi la ropa de mi ex novio. ¿Quién en su sano juicio haría eso? Yo, por supuesto. Me replanteó el hecho de querer ir con un psicólogo. Algo no anda bien en mi cabeza, un tornillo se me ha zafado, eso es seguro.

En cuanto aparezco en la sala, Itachi sigue ahí, de pie. Como si fuera un estante.

-Mira- le extiendo un par de toallas y la ropa- siento no ...

-Está bien- sonríe. Oh por Dios, que sonrisa. ¿Cuáles son las probabilidades de que tu maestro te visite un viernes por la noche? De forma segura, una en un millón.

No sé de que manera decirle lo que viene a continuación. Mis piernas tiemblan, una Hinata que no conozco quiere salir y apoderarse de mí. No lo comprendo.

-¿Por qué no te quedas?

«¡¿Qué fue aquello Hinata Hyuga?!» me regañó mentalmente, me pongo tiesa y roja. Estoy loca, paranoica. ¿Quién hace estas cosas? Es MI maestro, MAESTRO, y debo hacerme a la idea de que no pasara nada, así de fácil, nunca existió algo y nunca lo habrá.

-¿Cómo podría?- se pregunta más él que a mí- de ninguna manera, yo soy su maestro.

Y vamos de nuevo con los tratos de usted, creí que lo habíamos superado. Bien, hemos retrocedido varios pasos.

-La lluvia- me excusé- no piense mal pero Ino me dijo que se avecinaba un huracán.

De repente, sacó aquellos lentes de pasta gruesa que le daban un toque todavía más intelectual al ángel. Sí, Itachi era como un ángel.

-Hmm- pareció pensarlo por un momento- ya decía yo que esto no podía ser una simple lluvia.

Asentí.

-Puede dormir en mi habitación- ¡Sí! De nuevo los tratos de usted, Hinata atrevida se apodera de mi cuerpo, quizá mañana me arrepienta de toda esta conversación, pero hoy no es ese día- yo dormiré en el cuarto de Ino, por supuesto- aclaré, no me quiero ver como una chica fácil. No señor.

-Sí- con la mirada pregunta donde esta mi habitación. Aquí es cuándo Hinata normal Hyuga reaparece. ¿Qué le acabo de decir a mi maestro? ¿Qué se quede a dormir? ¿En mi cuarto? Me estremezco, mi piel se pone de gallina. Me niego a pensar que esto es real, ¿de qué manera puede ser posible? Este viernes se suponía me dormiría encobijada, quizá tomando un chocolate caliente y de forma probable viendo la televisión, o llanamente durmiendo. Así nada más. No contaba con que un día lluvioso, un día en que según se genera un huracán llegaría tocando la puerta con todo su cuerpo mojado por la lluvia. Impensable. Esto sólo sucede en los libros y en las novelas, no puede pasarme a mí. A Ino tal vez, por supuesto. Ella es ella, extrovertida y segura, y yo soy yo. Algo anda mal, muy mal. Insisto, debo ir al psicólogo.

Mis pies y mi cuerpo en general se mueve como si fuera un robot, de forma automática. Subimos las escaleras y con la cabeza gacha le señaló mi habitación, mentalmente me hago un recordatorio «casa tirada, visita esperada, en consecuencia debo ordenar siempre mi habitación» mas desechó la idea al instante. ¡No! No debo confiar en que esto se repetirá, no y no. Itachi tiene su departamento y aunque jure y perjure que no tiene novia, esposa o amante la tendrá. Es imposible que muera soltero, imposible.

Él inspecciona mi recamara, como cuando un padre revisa que su hija tenga su recamara limpia, inspeccionando cada detalle. O como una amiga cuando visita tu cuarto y ojea lo que tienes y lo que no. Esa es la mirada de mi querido profesor, Itachi Uchiha.

-Esta es mi cama- me siento tonta después del comentario. Él no es tonto como para no saber que es una cama, es obvio. Escucho el típico «Dah, Hinata» de Ino a mis espaldas a pesar de que está a muchos kilómetros de distancia.

-Gracias.

Asiento y me dirijo a la habitación de Ino, no le desordenaré nada, es cuestión de que me acueste y punto. Nada debe pasar, ¿verdad?

Pero siento el agarre de él contra mis hombros, adentro hay calma, claro muy entre comillas mas afuera sigue un huracán, un terrible huracán.

-Quería hablar conmigo hoy.

Claro que lo recuerdo, es evidente. Y el solo recordarlo me revuelve el estomago, sí, ya sé que soy una exagerada por todo y que estoy armando una tormenta donde no la hay.

-Sí- jugueteó con mis dedos, muy buena idea Hinata, buena idea...

-¿Sobre qué? No asistió a mi oficina.

Por supuesto que no. ¿Cómo podría?

-Algo irrelevante- sarcasmo, sí. En su pura expresión.

-Quiero creer que te intrigaba el saber de mi actitud y mi ausencia.

¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Sabía lo que estaba haciendo y se mostraba tan... tan Itachi! ¡Cinismo!

Me sonrojó, sí señor. Y eso solo provoca que el sonría ladinamente.

-¿Me equivoco?

Mis ojos hablan por mí así que muevo mi cabeza de forma afirmativa.

-Hinata- adoro la forma en que sus labios se mueven para decir mi nombre, es tan exquisito. ¡¿Pero qué cosas estoy pensando?!- tú eres mi alumna y yo soy tu sensei.

¿Ahora volvemos al tuteo? Correcto.

-Ya sé- que novedad.

-Debí haber nacido después o quizá debiste haber nacido antes.

Suspiré, ya habíamos hablado de todo esto.

-Hoy te vi con aquel estudiante, creo le imparto clases. No estoy seguro, lo que sí es que me imaginé a ti con él, una pareja de estudiantes. Para cualquier maestro eso es normal, dos alumnos... una relación. Pero fue extraño para mí.

-Hoy te vi con aquella maestra- seguí la estructura de su oración- creo que le imparte clases a mi ex novio. No estoy muy segura, lo que sí, es que me imaginé a ti con ella, dos maestros conversando sobre como molarnos la vida. Para cualquier estudiante, ver a dos profesores de contrario sexo es normal, es obvio... pero fue extraño para mí.


N/A Siguiente capítulo la acción empieza. Ahora sí habrá un huracán... pero de SENTIMIENTOS. Ya saben, para novedades busquenme como Tamahara Chan en facebook.