Capítulo 10.
17:08 hrs.
-Hola, bienvenido.
Naruto entró a la casa Hyuga. Era la primera vez que estaba allí, y no sabía como comportarse. Pero no se sentía incómodo sólo por eso. Estaba muy cansado luego de haber pasado en acción de la 1 hasta las 5 de la tarde, casi sin descanso, con Sakura… Le dolían las nalgas y los muslos.
Un extenso pasillo, algo lúgubre, perpendicular a la entrada, fue lo primero que vió Naruto al entrar.
- ¿Naruto-san? Vaya, bienvenido – dijo Hanabi, apareciendo por la izquierda, al ver entrar a la mansión a su hermana mayor con el "chico del Kyubi".
- Hanabi-chan, hola… vaya, has crecido – dijo Naruto al ver a la linda hermana de Hinata.
- Hanabi-chan, ¿Oto-sama est-…?
- Oto-sama está con los tíos, están conversando lo de hoy – interrumpió Hanabi a Hinata.
- ¿Lo de hoy? – preguntó Naruto a las hermanas.
- Bien, gracias, Hanabi-chan… - agradeció Hinata a su hermana, para luego tomar al rubio de la mano y llevárselo por la derecha del pasillo. Sin entender lo que ocurría, Hanabi dio la vuelta y caminó hacia el otro lado.
- ¿Qué va a pasar hoy en tu casa, Hinata?
- Hoy marcan a los del Bunke… van a estar todo el día en eso.
- Oh, ya veo...
Hinata conducía a Naruto. Atravesaron toda la casa, y llegaron al último rincón de la mansión: un pequeño patio, en cuyo centro había una casita, que daba la impresión de ser una bodega.
Al llegar, Hinata sacó una llave del bolsillo interior de su chaqueta. El instinto de hombre de Naruto le hizo mirar las mallas y el pronunciado busto apenas ella bajó un poco el cierre de la chaqueta para sacar esa llave.
Raudamente, Hinata quitó el seguro de la puerta, la abrió, e invitó al ninja a entrar.
- ¿¡Mermelada!? - pensó en voz alta Naruto, al ver los muebles repletos de vasijas, contenedores del dulce.
- Sí, la mermelada de la familia Hyuga es uno de los tesoros culinarios más importantes de la Aldea – contaba Hinata, mientras tomaba de la mano a Naruto y lo instaba a caminar entre los mútliples estantes.
- La verdad no tenía idea – confesó Naruto, rascándose la cabeza, contemplando a su alrededor, el centenar de vasijas. Los estantes, ordenados según el sabor, y la fecha de elaboración de la mermelada, hacían de la casa una especie de laberinto dulce.
- Por aquí, Naruto-kun – indicaba Hinata, que cada vez sujetaba con más pasión el brazo del rubio.
Naruto no entendía por qué estaba caminando en esos pasillos, con la Hyuga.
- ¿Por qué me trajiste acá, Hinata? ¿Me vas a obsequiar un poco de mermelada?
- ¡Oh! E-eh... C-claro, Naruto-kun. Sólo sígueme...
Hinata llegó al lugar que quería llegar. Tomó, en un rápido movimiento, los hilos que había dejado a orillas del último estante, los movió, y ...
- Perdóname, Naruto-kun- pensó Hinata, milésimas de segundo antes de tirar de los hilos que había colocado para su plan.
¡Smack!
Los ojos de Naruto estaban redondos, grandes y blancos, luego de recibir en la cabeza una de las vasijas que se cayó de la parte más alta del último estante.
- Oh, ¡Naruto-kun! ¿Qué es lo que ha pasado? ¡Cielos! - decía fingidamente Hinata, al ver como el recipiente de arcilla se agrietaba, y la mermelada fluía desde el rubio cabello, hasta perderse en el tonificado pecho de Naruto.
- Ay, aaahh gghr... blughrg... - balbuceaba Naruto, mientras trataba de mitigar el dolor sobándose la cabeza, a la vez que desparramaba más y más mermelada a su alrededor. El recipiente estaba hecho pedazos, en el suelo.
Naruto tenía encima una gran cantidad de mermelada.
- ¿Te sientes bien? ¿Naruto-kun? ¡Responde! - seguía fingidamente hablando la peliazul.
- Yo- yo creo que estoy bien, Hinata... - respondió al fin Naruto, tragando la mermelada que rodeaba sus labios.
Él, bañado en dulce. Ella, deseosa. Un recipiente roto, y litros de mermelada en el piso. Los dos, frente a frente.
- Esta mermelada... -
- ¡¿Eh?!- gimió Hinata, luego de que Naruto rompiera el extenso silencio.
- Esta mermelada es lo mejor que he probado en años, Hinata – terminó él, sonriendo.
Era muy notorio cuando Hinata se sonrojaba. Su piel pálida hacía más sencillo detectar lo que ella sentía, al irrigarse en segundos sus blancas mejillas.
Hinata había olvidado su plan unos instantes. De repente, ella volvió en sí.
- Pero, Naruto-kun, hay que quitarte toda esa mermelada de encima, ¿no?
- ¿Ah?
- Se me ocurre que...
Lo que sucedió a continuación fue insólito. Ella se acercó lentamente al shinobi, y empezó a succionar pausada y cálidamente la mermelada que fluía por su cuello.
- Hey, hey, Hinata, no hagas eso, por favor, no es ne-
Ya era tarde. Sin ninguna vergüenza, ella lamía el fornido pecho de Naruto luego de haber bajado el cierre de la chaqueta.
- No sigas, Hinata, por favor...
Ella ya le había quitado la chaqueta, y casi todo lo que llevaba encima, a Naruto. Despacio, como queriendo grabar en su ser cada milímetro de la geografía corporal del rubio, la boca de la Hyuga recorrió desde el cuello hasta el ombligo, quién sabe si disfrutando más el dulce sabor de la mermelada, o la piel del (ahora no tanto) ninja más escandaloso del mundo.
Los labios de la chica, viajando por libremente por su fisonomía, empezaron a hacer efecto en el varonil cuerpo. Asumiendo su éxito, ella enderezó su cuerpo y lo besó, tal y como Ino le había dicho que lo besara. Y él, asumiendo lolejos que ella había llegado...
Se dejó llevar.
Ahora él la abrazaba con fuerza, olvidando que sólo minutos antes se despedía de la chica de la que había estado enamorado por años, y con la cual finalmente había concretado los vínculos más profundos.
Pero, quizás lamentablemente, ahora se encontraba visitando otros labios, labios pertenecientes a una de las familias más fuertes de la Aldea de Konoha. Labios que, así como por años él deseó los de Sakura, ahora lo deseaban a él.
Ya estaban en el suelo para cuando Hinata se había quitado sus prendas. Él, apoyándose en la pared que encaraba al pasillo, se sentó para recibir encima al maduro cuerpo de la pálida mujer que disfrutaba del éxito con el que su plan le daba frutos. Él aún no la poseía, no, había que prolongar el placer, al máximo. Nadie los interrumpiría. Nadie, Salvo una mujer rubia, que siligosamente se acercaba a la bodega de las mermeladas para formar parte del caluroso momento.
"Me quedaré un poco más. Volveré en 2 días, o 3. Temari"
- Por cierto, ¿para qué se quedó Temari en Konoha?
- No lo sé – respondía Kazekage a su hermano mayor, Kankuro, que en su mano sostenía el mensaje que les había dejado su hermana. Los 2 estaban revisando la información de las últimas misiones, en el gabinete principal del edificio con el Kanji de "Viento" en él.
- ¿Tendrá que ver con alguna misión?
- Creo que no.
Gaara parecía saber por qué Temari se había quedado en Konoha.
Un halcón aterrizaba en la ventana de la habitación de Nara Shikamaru. Traía 2 mensajes. Uno decía "Para Temari" y el otro decía "Para Nara Shikamaru".
- Hey, Temari, esta ave nos trajo unos mensajes – avisó Shikamaru, luego de agradecer con caricias en las alas al halcón mensajero, que muy serio seguía con las patas clavadas al marco de la ventana.
- ¿Qué? Hey, ese halcón es de mi aldea... Quizás sea Kankurou o Gaara. A ver, dámelo – pidió ella estirando el brazo, sin querer dejar su lugar en la cama del ninja más inteligente de Konoha.
Él le tendió el mensaje que le tocaba a ella, mientras leía el suyo.
"Cuida de mi hermana. Kazekage de la Aldea Oculta de la Arena, del País del Viento."
- Vaya... - pensó en voz alta Shikamaru, luego de leer el mensaje que le había escrito Gaara.
Mirando la expresión de sorpresa de él, Temari se dispuso a leer el mensaje para ella.
"Asaltacunas"
- ¿Quée? - gruñó Temari, arrugando el papel, luego de leer lo que le había escrito su hermano, el Kazekage.
- ¿Te sientes bien? - preguntó Shikamaru al ver la carita enojada de su rubia.
- Nada, olvídalo... Ese maldito Gaara...
- Nunca me explicas lo que te pasa, vaya, eres muy problemática, ¿sabías?
- Bueno, eso va a cambiar de aquí en adelante – afirmó ella, cambiando el tema.
- ¿A qué te refieres? - dijo él un poco extrañado.
- Que he venido a que aclaremos un par de cosas – explicó ella, sentándose en la cama.
Los dos se miraron, en silencio, luego de la última frase que enunció ella.
- Aclarar...
- Quiero que esté todo claro, eso es todo. Voy a explicarte lo... lo que me pasa contigo – confesó lentamente Temari, que se le hacía bastante difícil hablar con honestidad.
- ¿Y qué es lo que te pasa conmigo? - preguntó Shikamaru, sentándose en el otro extremo de su cama para conversar con ella, llevando a su mente los cálidos momentos que habían compartido en la fiesta de Kakashi.
- Pues yo – empezó ella, tratando de parecer lo menos patética posible – bueno, ya sabes, tú y yo, la otra vez...
- Sí, eeh, sí – respondía torpemente Shikamaru, viendo como pocas veces, la cara sincera y sin el gesto de seguridad que caracteriza la forma de ser de ella.
- Bueno, lo de la otra vez, en esa fiesta…
- Claro, es decir, entiendo a qué te refi--
- Nosotro-
- Sí, nosotros...
- Bueno, nunca me había pasado algo así...
- A mí tampoco.
- Claro.
- Claro.
Los dos se quedaron mudos, como queriendo dejar atrás aquel diálogo estúpido. Él entornaba los ojos, sin dar crédito a la cara honesta que tenía frente a sus ojos.
- Shikamaru, lo de la fiesta no fue algo que yo quiera olvidar...
- Y yo t-tampoco, ¿sabes?, y bueno, yo quería saber si, quizás entre tu y yo...
- ¿Sí? ¿Sí? - comenzó a decir ella, sonriendo, sonrojándose, como sabiendo lo que él le iba a pedir.
- Bueno, quiero saber si estarías dispuesta a ser mi chic—
Shikamaru no pudo terminar su petición, porque, en una fracción de segundo ella había llegado al otro extremo de la cama, a los brazos de su ninja, para besarlo apasionadamente. Luego de varios segundos de beso, separaron sus labios, y ella dijo :
- ¡Sí! ¡Claro! Seré tu chica.
- Oh, vaya… parece que desde hoy dejo de ser soltero…
Los dos cayeron hacia atrás. Estaba decidido. Ahora estaban juntos. Qué mejor manera de celebrar la unión, que demostrar la pasión mutuamente, disfrutando cada segundo del implacable tiempo. Sin siquiera planear en lo que harían los siguientes 5 segundos, se olvidaban de todo.
- Pendejo, estás guapo ¿sabías?
- No pienso en cosas problemáticas como esas.
La rubia, bajo él, se derretía cada vez que él salía con esas frases. Y él no podía sentirse más afortunado. Claro, la rubia musa de la Arena, ahora era su chica. Con unos movimientos rápidos, Temari se quitó las prendas, exhibiendo al Nara sus proporciones, deseando como nunca que él la tuviera. Él quería ir lento, pausado, hacer que todo fuera inolvidable. Pero Temari tenía el carácter, la iniciativa, el control. Como si nada, hizo que el chico quedara bajo ella. Ahora ella estaba arriba, como a ella le gustaba. Se deshizo de la ropa de ambos, y Shikamaru quedó a merced de su opresora.
- Te tengo, Nara Shikamaru.
- …que problema, ¿no?
Con un pulso sensual, dejó que su hombre entrara en ella, no como la otra vez, en una situación y posición incómoda, sino con completa libertad.
A ella le divertía, en pleno acto, ver la cara con que Shikamaru parecía poner todo su empeño en dejarla contenta. Y lo hacía bien, muy bien. Pero ella estaba arriba, o sea, manejaba el íntimo momento…
En tanto, otros dos cuerpos no hacían muchos esfuerzos por separarse. Hinata, con su piel ya barnizada con dulce, se frotaba con Naruto como si el mundo se fuese a acabar. Le daba lo mismo que su ropa tirada por ahí y su pelo azul tuvieran mermelada, lo único que importaba era que estaba feliz, su plan había resultado, y Naruto le había seguido la corriente.
Hinata había succionado toda la mermelada que tenía encima Naruto, desde su cuello hasta el ombligo. Él sólo estaba en boxer, sentado, contra la pared, refugiado entre los estantes, y prisionero de la heredera Hyuga más hermosa, que en esta ocasión lucía una especial ropa interior : transparencias. Ella salió de encima de su ninja, y se quedó de rodillas frente a él un momento, para quitarse la prenda que sujetaba su desarrollado busto. Naruto vió la delantera más hermosa que pudo imaginar.
Pero había algo que iba ocurrir, con lo que no contaban.
Cierta rubia, aprovechando la distracción de la marca de los miembros del Bunke Hyuga, se inmiscuyó en la mansión, aproximándose a la bodega de las mermeladas…
