-¿Qué… Qué es esto?-dijo, confusa, Ada Wong.

Ella, Helena y León habían sido tragados por el suelo del patio en un instante, y ahora habían sido lanzados a una zona gigantesca. León se preguntó cómo era esto posible, cómo este A. Wesker había podido armar todo esto.

Se hallaban en Raccoon City. De vuelta en Raccoon City. Cerca, había un coche patrulla, como el que León estaba usando esa noche para patrullar las calles.

Por la caída, habían perdido a Helena, que aparentemente debía de haber caído en otra parte. Estaba sola, herida de gravedad, quién sabía dónde.

El esfuerzo que León tuvo que hacer para no caer de rodillas al instante no tuvo conspiración. Nunca antes se había sentido así de mal.

No, mal estaba errado.

Esto no era odio. Era miedo.

Miedo en su estado más puro, en estado irracional, increíble. León sabía muy bien que no era real, pero aquí estaba, de vuelta en Raccoon City, sintiéndose un novato otra vez, y fue cuando oyó el arrastrar de una tubería que se le heló la sangre.

Por suerte, Ada estaba con él esta vez.

Ella lo abofeteó para sacarlo de su ensimismamiento, agarró una de sus manos y tiró de él con fuerza calle abajo, alejándose del ruido.

Ambos sabían quién era.

Pero, ¿cómo? Acababan de verlo morir momentos atrás, asesinado a golpes por Jake Muller.

León se pellizcó mientras corría, sintiendo cómo el miedo crecía más y más en él a medida que notaba, negándose a ello al mismo tiempo, que era de verdad real. Todo esto. Quiso gritar, pero no le salió nada. No podía hablar. Sus cuerdas vocales se negaban; temblaban tanto que quizás no volvieran a articular. Ada pareció notar que incluso le temblaba la mano, así que tiró de él más fuerte y se deslizó a un callejón.

La mujer miró al cielo, buscando alguna posible pista, o quizás esperando ver el techo, pero, en lugar de eso, la recibió el cielo nocturno. Incluso corría un viento helado lo suficientemente fuerte para congelarles los huesos.

Tal y como aquella vez.

Lo único que León podía recordar de esa noche, que fuera positivo, más allá de Claire y Sherry, era el haber conocido a Ada. De aquella manera tan inusual… Y luego haberla perdido. No había duda de que esa noche había sido la peor de su vida.

Y revivirla…

Fue en ese momento en que el viento sopló de otra forma, cuando Ada se dispuso a internarse más en el callejón, pero entonces el monstruo del tubo los encontró.

Era Birkin.

Parecía no haber muerto, incluso después de cuán desfigurado Jake lo había dejado. Incluso después de haber sido enterrado bajo toneladas de hormigón, al caerse sobre él el techo del Zaguán de entrada.

Cuando Ada se disponía a pelear con Birkin para proteger a León, una cosa rara y metálica atravesó su pierna limpiamente, arrancándole un grito desde lo más profundo de su corazón. En años, era la primera vez que gritaba.
-¿Me extrañaste, preciosa?-le susurraron al oído con una vez lasciva.

León rodó esquivando el primer golpazo de Birkin, sólo para cometer un error.
-¡Krauser!-

Y entonces recibió un titánico golpe de Birkin en el pecho, que seguramente le destrozó el esternón, aunque no se oyó ruido a quebradura.

Krauser, por su parte, sonrió socarrón y deslizó la hoja de su brazo mutante hacia abajo, destrozando la pierna de Ada sin piedad ni vacilación.
-Despídete de tu motricidad tan molesta.-

De un segundo a otro, tiró hacia un lado, reventando el músculo y destrozándolo, por suerte no tanto como para impedirle cojear, pero Ada gritó más fuerte que nunca en su vida y se sacudió con violencia, de manera involuntaria. Sentía la pierna quemarle terriblemente, desgarrada, destruida… Inutilizada.

Por muy dura que Ada Wong fuera, no lo resistió instantáneamente. Nadie podría. Cayó de lado en el callejón, y Krauser la arrastró hacia la oscuridad.

Intentó darle una patada con la pierna buena, retorciéndose, pero él movió la cabeza, agarra su pie y le arrancó el calzado, quitándole la última arma escondida que le quedaba, aparte del cuchillo en su pierna no lastimada.

"¿Es este mi final?", se preguntó apenas consciente. Todo se había acabado para ella. Con la pierna destrozada como la tenía, moriría en cuestión de minutos. Probablemente menos si la movía mucho.

Pero Krauser no tendría piedad, no. Siendo tan consciente como era, de que Jack Krauser no haría con ella más que jugar, reírse y verla desangrarse, y de que no tenía ya forma de escapársele, tenía que aprovechar lo que le quedaba y suicidarse.

Silenciosamente, buscó su cuchillo en su otra pierna, pero entonces Krauser volvió a empalarla, esta vez inmovilizando su mano contra su pierna. La sangre alcanzó su cara, y Ada comenzó a ver sólo oscuridad. Tenía que hacerlo rápido.

Tiró frenéticamente de su mano, hizo lo que pudo por ignorar el dolor de tenerla rajada por la mitad y apenas logró sujetar el cuchillo. Sintió que la movilidad se le iba, así que arrojó con la fuerza que pudo el arma hacia su cara, atrapándola con su mano buena.

"Perdóname, León…" rezó en silencio a la vez que se cortaba el cuello.

Y una vez más, Krauser fue más rápido.

Agarró la hoja del cuchillo con su mano desnuda y apretó con fuerza, cortándose los dedos, regenerándose al instante, con el cuchillo ahora formando parte de él.

-No te dejaré morir sin hacerte sufrir mucho primero, querida.-le susurró al oído.

Krauser lamió la sangre de Ada que se escurría entre sus dedos cuando la tomó del cuello y la sostuvo contra la pared.

-Primero vamos a hacer esto.-separó sus dedos un poco y puso la punta de su hoja mutante bajo la nuez de adán de Ada, con precisión quirúrgica.

Ella supo lo que quería hacer.

Y no tenía manera de evitarlo.

Despacio, Krauser hizo un corte no muy amplio y luego giró la hoja, separando el corte. La sangre creció a borbotones, y entonces, casi con violencia desmedida hasta para él, empujó un pedazo de plástico circular en su garganta.

-Así no te ahogarás en tu propia sangre.-escupió sobre ella, que se derrumbó al suelo.- Voy a hacerte sufrir lo mismo que me hiciste tú a mí, maldita zorra asiática. ¿Quién te creías acribillándome a balazos? ¿Quién te creías metiéndote en MI contrato?-pisó su cabeza con toda su fuerza y luego la pateó en el abdomen.

Lo último que Ada vio antes de perder la consciencia fue a Birkin con la tubería llena de sangre en una mano, y, en la otra, un cuerpo que arrastraba, que, probablemente sin vida, era el de León.

Lo que nunca supo ninguno de los dos, es que Barry había logrado sujetar a Helena, salvándola de la caída, manteniéndola con él.

Jake se frotó la cabeza. Él y Sherry habían caído por un pasadizo distinto al de Billy y Rebecca, aparentemente.

-¡Despertaste!-chilló.-¡Gracias a Dios!-lo envolvió en un abrazo de oso y Jake hizo lo que pudo por no reaccionar al instante empujándola.

En lugar de eso, la palmeó un poco y luego, tomándola por los brazos, la apartó despacio, mirándola a los ojos mientras lo hacía, formulando una pregunta simple.

-¿Por qué dices eso?-

-Te desmayaste.-explicó Sherry.- Han pasado algo así como tres horas.-ante su cara, añadió.- Lo siento. No tenemos manera de contactar con los demás ni nada de eso. Estamos solos. Por nosotros mismos.-

Jake entonces hizo algo inesperado y raro, pero aun así bienvenido. Alargó la mano y le palmeó la cabeza, desacomodándole el cabello un poco.

-Al menos tú estás bien.-suspiró.- Y, bueno… Mientras estemos juntos, nada nos tumbará, puedes estar segura.-Sherry sonrió, inquieta. Aunque le agradaba que estuvieran saliendo adelante, dejando atrás el malentendido que habían tenido, había algo que no encajaba.-¿Nos desmayamos al caer?-preguntó Jake entonces.

-Sólo tú.-fue sincera Sherry.- Y no podía arrastrarte, por eso es que… Seguimos aquí. Lo siento.-

-No te disculpes.-dijo él rápidamente, poniéndose de pie.

Fue en ese momento en que Sherry lo observó cuando vio que todavía estaba híper furioso. Supo que su ira no desaparecería hasta que hallara el cuerpo de Chris.

Se enderezó ella también, tomando la mano que Jake le alargó.

-Mientras esperaba, exploré un poco, y… Bueno. Estamos en un lugar bastante horrible para mí. Tú… No lo conoces, pero… Yo te hablé de esto.-

Él sólo necesitó mirar alrededor una vez antes de darse cuenta de dónde estaban. Se acarició la barbilla con una mano, apretó los labios, se los humedeció y luego suspiró. Hizo una pregunta.

-¿Cómo es que llegamos aquí? ¿Simplemente al caer?-

Sherry asintió con la cabeza.

-Aparentemente, sí. No sé dónde fueron a parar Billy y Rebecca, pero me temo que todos estemos en situaciones como esta. Me pregunto…-suspiró.- No tiene sentido. No debo preocuparme por los demás. Estarán bien, seguro que sí.-

Jake adivinó que en realidad ella estaba preocupada. Para evitar que pensara, la instó a caminar y ambos comenzaron a atravesar un boulevard muy amplio, el cual Sherry no recordaba.

De cualquier modo, no es como que ella hubiera conocido Raccoon de memoria. Apenas si era capaz de reconocer la ciudad.

Muller intentó comunicarse con los demás, pero cuando lo hubo intentado, Sherry le comentó que ella ya había tratado de hacerlo. La única vez que alguien había respondido había sido poco después de caer.

Dijo que la voz de un hombre decía algo de "sorprender" y "ataque", pero que la estática sólo le permitió escuchar eso y ninguna otra cosa.

-¿Cómo era su voz?-preguntó Jake.

-Era… Rara…-decidió Sherry.-Era… Un mensaje pre grabado… Intenté entablar conversación, pero seguía repitiendo esas palabras, siempre con el mismo tono.-

-¿Qué crees tú?-

-Bueno… Sabía qué iba a pasar, cómo y cuándo. Si no, no podría haber estado enviando un pre grabado.-

Jake lo meditó un momento.

-¿Y qué tal si sólo quiere evitar que se distingan cambios en su voz y eso? O si quisiera evitar ser entretenido en la conversación, ¿captas? Para que no puedan rastrearlo. De todos modos, al oír las palabras sorprender y ataque al mismo tiempo, sólo puedo pensar en que nos tenderán una emboscada. Sólo por si acaso, estemos muy atentos, ¿de acuerdo?-hizo crujir sus nudillos y buscó su arma, para encontrarse con que no tenía ninguna.

Y fue entonces que cayó de una terraza cercana. El Ustanak. Cuando Jake se preparaba para correr a su encuentro, el monstruo arrancó un árbol y lo lanzó contra ellos. A continuación, pisó el suelo, le dio un tremendo puñetazo e hizo saltar el hormigón. Atrapó lo que pudo en la mano y comenzó a lanzarlo. Por si eso no fuera suficiente, lanzó un árbol más y luego enterró las manos en el suelo, forzando sus bíceps gigantes a levantarlo.

Jake atrapó a Sherry y rodó por el suelo para esquivar el primer árbol, la cubrió con su cuerpo del hormigón y luego puso toda su furia en rodar de nuevo para esquivar el segundo, haciendo que Sherry fuera golpeada en una de sus piernas, por error por supuesto, pero aun así causándole una quebradura y que el hueso de ésta se descolocara respecto de la cadera. Un sonoro chillido alcanzó sus oídos.

-¡Lo siento!-corrió hasta un callejón y la dejó a cubierto antes de abalanzarse sobre el Ustanak.-¡No me tardo!-le gritó.-¡Sal a la calle cuando estés bien!-

-¡Jaaaake!-se volteó un segundo más tarde.
De pronto, el Birkin perruno estaba allí masticándola mientras Sherry chillaba y chillaba, siendo desgarrada y luego curada, con el monstruo mordiéndola más y más sin descanso.

Cegado por la furia, el Wesker puso en cada paso que dio hacia el animal deforme toda su fuerza.

Cuando llegó, tomó las fauces del animal con las manos y las separó de un tirón, haciendo un gran esfuerzo por mantenerlo así.

No contaba con que Birkin tuviera saliva ácida.

Lo que vio de Sherry sólo hizo que se le subiera una infinita cantidad de odio a la cabeza, que se cegara de furia y de inmediato arrancara las dos mandíbulas de Birkin de un tirón, arrancándole dos dientes y despedazándolo con ellos.

Apenas fue consciente de que una piedra del tamaño de su cabeza acababa de incrustársele en la espalda.

Pero eso fue suficiente.

Agarró a Birkin por las patas y lo arrastró hasta la calle, mientras éste se retorcía, lanzando sangre y ácido hacia todas partes.

De pronto, estaba lloviendo, y en la calle sólo quedaban él y su archienemigo, el Ustanak, mirándose el uno al otro con una rabia ilimitada.

Jake fue el primero en avanzar, arrastrando tras él el cuerpo vivo del perro, deslizándose entre las piernas del monstruo gigante y usando a Birkin para darle un golpazo en la parte de las rodillas. El cayó al suelo momentáneamente, el ácido había carcomido su carne y estaba débil, por lo que no podía pararse.

Jake entonces empaló al Birkin perruno en el brazo robótico del Ustanak y a continuación le arrancó uno de sus finos dedos metálicos.

-No. Se. Metan. Conmigo.-susurró iracundo mientras lo apuñalaba una y otra vez, haciéndole tantos agujeros en los brazos como para dejárselos inutilizados antes de comenzar a golpear la cara con una constancia y una brutalidad exageradas hasta para un Wesker. Podía sentir los dos virus en su cuerpo fundirse en uno solo, haciéndose más incontrolables, volviéndolo más violento, tomando control…

¿De él?

Reaccionó.

El Birkin perruno estaba descuartizado, sus dientes repartidos por la calle, su cabeza ya no más que una masa sanguinolenta, sus tripas esparcidas por el brazo del Ustanak, hundido en él hasta el codo.

Su archienemigo, por otro lado, se hallaba en peores condiciones. Completamente inerte en el suelo, hundido en el hormigón, con el cuerpo lleno de perforaciones hechas por el dedo de metal, la mandíbula colgando, los dedos quebrados en ángulos raros, la cabeza retorcida setecientos veinte grados, el cuello desgarrado hacia arriba, los ojos arrancados, el pecho abierto en dos y con el corazón humeante arrancado en la mano de Jake, el Ustanak yacía allí, delante de él.

-¿Qué… Qué hice?-no es como que fuera malo que estuvieran muertos.

Lo malo era en qué condiciones los había dejado.

No podía permitir que Sherry viera eso. Agradeció que la lluvia pudiera limpiarle la sangre. Corrió hasta ella y, tomándola en brazos, pues aún estaba desmayada, corrió calle abajo y se metió en una tienda para tomar refugio.

Jill gritó mientras caía, consciente que de cualquier modo nadie la escucharía.

Cuando finalmente cayó, lo hizo sobre algo blando. Un colchón. El sofá, sin embargo, nunca llegó tras ella.

En su lugar, fue repentinamente rodeada por la cintura por un brazo que conocía demasiado bien. Un brazo enorme que, aun así, parecía, y era, frágil.

Los ojos de Jill se humedecieron a la vez que se dilataban, en menos de medio segundo, trayéndole a la mente muchos recuerdos muy dolorosos, cosas que si bien le encantaban, en este momento le causaban una ansiedad, una confusión y una desesperación inigualables para ella.

-¿C… Chris?-preguntó, muerta de miedo.

Adormilado, él asintió con la cabeza, y Jill lo supo porque le rozaba la nuca con la nariz.

Pensó en qué más decir, y optó por algo que no tuviera nada que ver con nada.

-He tenido… Más pesadillas.-

Lo oyó, y lo sintió moverse detrás de ella, sentándose, y entonces se giró para ver, deseando que no fuera lo que ella quería que fuera.

Lo había visto con un agujero en el pecho del tamaño de su muslo, pero, sin embargo, ahí estaba Chris Redfield, mirándola tan amorosamente como siempre y acariciándole la mejilla.

-Tranquila.-le decía.- Estoy aquí.-

Ella entonces cerró los ojos y dejó que la tocara, mientras pensaba en cómo proseguir. Se dijo que tenía que ser fuerte, que esta era su prueba, que si no salía no podría nunca visitar la tumba de su amado. Que si no salía, él ni siquiera tendría la tumba que merecía. Sería olvidado en algún rincón de un cementerio, con su cuerpo en cualquier parte menos donde debería estar.

-Iré a por un vaso de agua.-dijo, saliéndose de la cama.- Tengo la garganta seca.-le sonrió un momento y atravesó la puerta, caminando a tientas, buscando algo, sin saber muy bien qué. Mientras avanzaba, pensó en la primera vez que habían estado en la mansión; intentó imaginarse el lugar en el que estaba, intentó buscar, en su mente, en sus recuerdos, un lugar en aquella mansión de pesadilla que se pareciera a este, pero no se le ocurrió nada; ninguno se le parecía.

En lo más mínimo.

Comenzó a tener una leve idea de a qué sí se parecía este lugar, y aunque no paró su avance, sus piernas se hicieron de gelatina de un momento a otro.

Forzándose a avanzar, hundiéndose más y más en la oscuridad de su mente, sintiendo las lágrimas rodar por su cara, se obligó a acallar sus pensamientos.

Desesperada, recordó cómo alguien misterioso la había ayudado en la Mansión Spencer en mil novecientos noventa y ocho. Un tipo raro, que sólo enviaba mensajes pregrabados e imágenes, súper encriptados, irrastreables, siempre presente.

Era como si ese tipo misterioso fuera el némesis de Umbrella, siempre apoyando a quienes estuvieran en su contra, sin dudarlo. Jill había supuesto, más de una vez, que este hombre tenía motivos para todo esto, pues era demasiado meticuloso. Evidentemente, tuviera motivos o no, estaba movido por un odio parecido al que ella sentía ahora por el tal A. Wesker.

¿Cómo era el nombre de este hombre?

¿Trent?

"Sí, Trent.", dijo Jill dentro de su cabeza, finalmente hallando la cocina y tomando un vaso de agua, porque de verdad tenía la garganta seca, "Ojalá estés al tanto de lo que sucede. Ojalá."

Decidió que por ahora volvería a la cama. No parecía muy buena idea, pero no podía hacer otra cosa. No había sido capaz de encontrar una puerta de salida.

Por si acaso, antes de entrar a la habitación, llamó.

-Chris.-dijo, intentando sonar lo más relajada posible.

-¿Mmm?-respondió él, adormilado.

Eso era normal.

-¿Cuál es nuestro mayor compromiso?-preguntó.

Esa era una pregunta muy tramposa.

La respuesta era algo que sólo ellos conocían, una promesa que se habían hecho el uno al otro después de que Jill hallara a Chris, tras el incidente de la Isla Rockford y el desastre en la Antártida, poco antes de T-A.L.O.S.

-¿Pelear contra…?-sacudió la cabeza, incorporándose.- No.-dijo, se pasó las manos por la cara y cuando la miró de nuevo, una sonrisa cubría su rostro; Jill sintió su corazón estrujarse y tuvo el esfuerzo más grande de su vida para no llorar. Se había lavado la cara también, Chris no vería su suciedad.- Nos prometimos apoyo mutuo por siempre.-comentó, feliz.- Nos prometimos nunca más separarnos. Aunque no fui muy bueno cumpliendo eso.-agregó en voz baja, dolido, la sonrisa se borró de su cara y miró hacia abajo; a Jill le dolió más el pecho; Chris comenzó a jugar con sus propios dedos, algo muy propio de él cuando estaba nervioso.- Luego volvimos a hablar cuando…-su cara se contorsionó de dolor.- Después de lo de Wesker.-resolvió decir.- Y te dije que había estado muy mal, que te había extrañado mucho, que me sentía… Muerto sin ti.-volvió a mirarla a los ojos y Jill juró que moría.- Y ahí mismo, temiendo que estuviera haciendo algo malo, te besé. Por primera vez.-añadió, risueño.- Pero, ¿por qué me hiciste esa pregunta? Es verdad que acordamos contestarla estrictamente siempre que se preguntara, pero, ¿cuál es el motivo?-preguntó, dubitativo.

Jill sacudió la cabeza despacio, acercándose a la cama.

-Lo siento.-dijo.- Es que… Las pesadillas me tienen muy mal estos días.-mintió.

-Oh.-Chris pareció darse cuenta de que mentía, pero no insistió.- Bueno, -dijo- yo estoy aquí para ti. Para lo que sea. Cuando sea.-

Jill deseó que todo esto fuera algo real. Deseó estar dormida de verdad, soñando todo esto, y deseó también que, en dicho caso, nunca despertara.

Pero sabía, en el fondo, que no era así.

Y era inteligente. Tenía que salir de esto, por Chris. No lo haría por ella, lo haría por él. Y sabía, también, que él, en su lugar, no se daría por vencido sin importar el motivo.

Diablos, años enteros había insistido, buscándola, incapaz de creerla muerta hasta, al menos, haber visto su cadáver. Y si lo hubiera hallado, le hubiera dado correcta y respetuosa sepultura.

Lo mismo haría ella. Primero se vengaría. Luego daría sus respetos.

Pero no lo acompañaría al otro lado de la vida, no. Porque él no querría que ella hiciera eso, ni ella querría tal cosa si fuera al revés.

Caminó hasta la cama, se sentó y se acostó, acomodándose sobre el pecho de Chris, que la rodeó con sus brazos fuertes. Había algo extraño en cómo lo sentía, era como si le faltara calor. Al menos del que usualmente le transmitía.

Supuso que fuera lo que fuera, no era importante ahora mismo. No podía pensar en eso. Simplemente no podía. Su cabeza estaba fuera de sí, temblaba como una enferma mental con Mal de Parkinson, creía que alucinaba, era incapaz de controlar algunos de sus movimientos, el miedo la atormentaba a cada paso y, para colmo, no podía ya ni siquiera sumar uno y uno.

No mientras estuviera en casa de Chris, durmiendo en su cama.

Bueno, ¡hasta aquí llegamos con el capítulo 10! Díganme, ¿qué les parece hasta ahora? ¿Están sufriendo mucho o poco? ¿Qué opinan ustedes? Además, ¿quién dicen que está sufriendo más?

¡Saludos! Por favor dejen un review, ¡me gusta saber qué les parece lo que escribo!