Disclaimer: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad sino de su creador, el mangaka Masashi Kishimoto. Solo los utilizo para adoptarlos a la historia de Amaya Evans, Mi amor gitano, que es el primer libro de la saga Amores imposibles. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que es una adaptación, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta maravillosa pareja que me ha robado el corazón.
ADVERTENCIA: Esta vez no es una adaptación en toda la palabra ya que ha habido partes que he reescrito, por lo que puede cambiar un poco, pero seguirá el mismo rumbo.
CAPÍTULO 10
NO RENUNCIARÉ A TI
Sasuke estaba empacando sus cosas. Lo poco que tenía cabía perfectamente en un bolso de cuero.
—¿Ya te vas? —le preguntó Kakashi al verlo empacar. Sasuke le había dicho que necesitaba irse y su amigo no se lo había tomado bien, pero entendió que necesitaba ir por su mujer. El chico jamás se había enamorado, así que era increíble que fuera tras ella.
—Sí, necesito que ella se vaya conmigo sin que su padre se dé cuenta—negó con la cabeza— No sé porque no lo hice antes.
—¿Estás seguro de que no hay nada que hacer en cuanto a su padre? Sabes bien que si ella se fuga contigo, perderá su reputación.
—Lo sé, pero ambos estamos dispuestos a arriesgarnos.
—Sasuke, ella no tiene idea de lo que le espera, es una chica muy joven y tú en cambio eres un hombre acostumbrado a estar en todo lado, a dormir en el campo y en donde caiga la noche, a bañarte en un río. ¿Realmente crees que ella pueda acostumbrarse a eso?
Sasuke lo pensó un momento —¿Entonces que quieres que haga?
—Sabes que hacer, amigo. Yo no tengo que decírtelo.
—¿Insinúas que vaya a reclamar ese maldito titulo?
—¿Que tienes que perder?
—El viejo, ya no está, no tenía hijos, su único sobrino murió de tuberculosis y el título nuevamente recaerá en ti que eres su legítimo heredero y que declinaste por dárselo a tu primo que ahora está muerto. Es la mejor forma de darle su merecido al ese viejo desgraciado que te trató tan mal y de paso recuperarla a ella.
—Eso no hará diferencia Kakashi, ese hombre me ve como una porquería, como un ladrón y asesino y todas las cosas de las que acusan a los gitanos. Para él ni volviendo un Jeque, podré ser merecedor de estar en su familia. Ni te imaginas todas las cosas que me dijo cuando vino a verme sin que su hija se diera cuenta.
—Estoy seguro de que no fue nada agradable pero tampoco serán cosas a las que no estés acostumbrado. Aquí lo importante es que si reclamas tu titulo estarás más cerca de poder tenerla y si su padre al final sigue negándote su mano, cásate con ella y no le digas nada. Al final tú la quieres a ella no a su padre. Pero sigue mi consejo amigo, ve por ella con un título encima. Eso hará todo mucho más fácil, no solo para ti, sino también para ella. Te abrirá las puertas de la sociedad y de la gente en esa ciudad que al verla contigo no verán un gitano, verán al conde de Sharingan.
—Tal vez tengas razón.
—Como yo lo veo tienes que escoger entre tu vida de gitano nómada y no verla más o tu vida como conde de Sharingan y un futuro feliz con una hermosa mujer que además te ama y con la que tendrás una bella familia.
—Al final el maldito viejo conde se saldrá con la suya—dijo amargamente—él siempre quiso que reclamara el título y que hiciera lo que él quería.
—No, Sasuke. Estás haciendo lo que tu quieres, reclamas ese título por Hinata, por un futuro que no habrías tenido si hubieras hecho todo como él quería. Recuerdo que me dijiste que quería casarte con una mujer totalmente hueca que casi ni hablaba pero que era hija de un Duque Haruno.
—Sí, así es—recordó riendo—lo mandé al diablo y casi le da un ataque. Nunca, ni en el momento de su muerte se resignó a que no hiciera su voluntad.
—Entonces está decidido, mi amigo. Me va a hacer falta mi mejor mozo de cuadras. Tienes un don con los caballos, espero poder hacer negocios contigo más adelante—se estrecharon las manos—Ahora ve y reclama tu vida, la que te mereces por derecho propio y por favor, invítame a la boda, no quiero perdérmela.
. . . . . . . . . . . .
Hinata llegó a su casa en Painswick, bastante tarde. Ella estaba cansada y quien la recibió fue otra doncella. Se le hizo extraño, sin embargo no quiso preguntarle nada a su padre. Ya después hablaría con alguno de los sirvientes y les preguntaría que había pasado. Subió inmediatamente a su habitación y la doncella la ayudó a quitarse la ropa, mientras la llevaba al cuarto de baño donde la ayudaron a entrar a una tina llena de agua caliente, en la que por fin pudo dejar que sus músculos agarrotados, descansaran.
Luego de un buen rato allí se colocó su ropa de dormir y fue inmediatamente a la cama.
—¿Señorita se le ofrece algo más?
—No, gracias. Iré a dormir ahora.
—¿No quiere que le traiga algo para cenar?
—Tal vez un poco de leche caliente, solo eso.
—Enseguida se la traigo.
Mientras la chica salía, ella miró a su alrededor—de nuevo en este lugar que pensé no volver a ver jamás—pensó triste—todavía no se recuperaba de la traición de Sasuke. Ella lo había esperado mucho tiempo, pero él jamás se apareció y eso rompió su corazón. Tendría que hacer su vida con Jinin y resignarse a ser infeliz toda su vida.
¿Cómo podía haberle fallado de esa manera tan cruel, cuando ella le había dado toda su confianza?
En su tristeza, Hinata solo quería estar sola la mayor parte del tiempo, aunque muchas veces, Jinin iba a visitarla. Habían hablado el día siguiente a su llegada y este le había dicho que confiara en él, que todo lo que había pasado le había enseñado que tenía que valorarla. Le dijo que era un hombre inmaduro, pero que ahora cambiaría por ella y que por eso le daría tiempo para acostumbrase a él sin necesidad de obligarla a casarse. Estaba plenamente seguro de que cuando se conocieran mejor, ella querría casarse con él y tendría una vida feliz.
Ella le pidió seis meses para acostumbrarse a la idea de que iban a casarse y él en una actitud muy típica de él, actuó magnánimo diciéndole—querida, te daré ese tiempo y entonces nos casaremos. Cuando ella se sorprendió por su respuesta, él le dijo que era parte de su cambio y que quería demostrarle que era en serio, que ya no era el mismo idiota de antes. De eso, ya habían pasado cuatro semanas y aparentemente se estaba portando bien.
Unos días después de su charla con Jinin, le llegó una carta de Shion, que afortunadamente su padre no leyó, y en la que iba una carta de Sasuke; en esta le decía que había hablado con su padre ese día y que él lo había insultado, lo humilló y lo amenazó con hacer que lo metieran a la cárcel si seguía acosando a su hija. Le dijo que su padre no daría su brazo a torcer porque le parecía terrible emparentarse con un gitano, que además era un muerto de hambre y le pidió que lo esperara, que no cometiera ninguna locura por desesperación.
Le prometió que después de hacer algo muy importante, su vida cambiaría por completo y él podría reclamarla como su esposa, pero que creyera en sus palabras. Tuvo deseos de hablar con su padre, de reclamarle porque no le dijo que habían hablado, pero entonces comprendió que esa era su furia aquel día que partieron de Konoha Manor. Acababa de hablar con Sasuke y temblaba de ira ante el hecho de imaginarse a un gitano con su hija y fue por eso que de desquitó golpeándola frente a Jinin cuando iban en el coche.
"Demasiado tarde" pensó ella cuando leyó la carta y se echó a llorar. Ya no había nada que hacer pues estaba comprometida de nuevo con Jinin y su padre la mataría antes que permitir que volviera a dejarlo plantado en la iglesia.
Los días fueron pasando y las semanas se convirtieron en meses. Y uno de esas tardes en las que ella estaba sentada en el jardín leyendo un libro, llegó Jinin con una enorme sonrisa, se veía de muy buen humor.
—Buenas tardes, mí querida Hinata.
—Buenas tardes, Jinin—le molestó que ya ni siquiera lo anunciara antes.
Ahora él era como dueño de la casa y entraba donde quisiera sin avisar, sin tener en cuenta si ella deseaba o no verlo.
—He venido a verte porque hemos sido invitados a un baile.
—¿Un baile? ¿De quién?
Parece que es un conde que está de visita en la ciudad, aunque ha comprado una magnifica propiedad. pasé hoy por allí y vi que están haciéndole arreglos, todo parece indicar que la propiedad será aún mucho mejor de lo que ya es. Hará un baile de máscaras y nos ha invitado para que vayamos. Vine a decirte personalmente para que te prepares.
—No lo sé...no tengo muchas ganas de ir a una de esos bailes de máscaras.
—Pues tenemos que ir, no dejaré que ese hombre piense que somos gente extraña o que no nos gusta rozarnos con la nobleza. Además, ese tipo de amistades son muy necesarias. Podríamos incluso invitarlo después a nuestro matrimonio y nos daría muchísima clase. ¿No te parece?
Ella evitó rodar los ojos ante los comentarios ridículos de Jinin.
—¿Cuándo es el evento?
—En dos días, tienes tiempo suficiente para prepararte.
—En solo dos días no se prepara una dama.
—Pues tendrá que ser suficiente, querida. ¿No pretenderás que le escriba una nota al conde diciéndole que aplace el evento porque no tendrás suficiente tiempo para estar lista o sí? —le preguntó con una sonrisa amable sin embargo sus ojos decían lo contrario.
Ella tragó en seco, tratando de darse calma y no responderle como quería hacerlo. También sacó su mejor sonrisa de ingenuidad—No, por supuesto que no.
—Entonces, está todo dicho, iremos al baile y estoy seguro de que serás la más bella de todas las mujeres. Como siempre todo el mundo sentirá envidia de mi—tomó su mano para besarla y salió de allí como si ya hubiera hecho su tarea del día.
—Dios, no lo soporto. Es tan ególatra, tan presumido. Ni en un millón de años podría acostumbrarme a la idea de vivir el resto de mi vida con él—pensó con desesperación.
El día del baile llegó y ella se vistió con un atuendo de color violeta porque se sentía rebelde y porque además llevaba días soñando con Sasuke. Todavía recordaba el jardín lleno de violetas donde siempre se encontraban, que quedaba en la propiedad contigua a Konoha Manor y lo mucho que él le decía que combinaba con sus ojos, que a pesar de ser grises tenían pequeños destellos violeta. Esa noche su vestido era hermoso; en seda brillante que relucía bajo la luz de las lámparas de su habitación. El corpiño se ajustaba perfectamente a su cuerpo ya que había sido hecho a medida, en estilo princesa. La mangas eran triples, dándole un efecto voluminoso, con encaje en un tono más bajo que el vestido. Tenía volantes en el profundo escote, que hacía ver sus pechos más generosos de lo que en realidad eran y los volantes también estaban en la cintura que además era plisada en el frente y recogida en la espalda. Como era una excelente bailarina no le preocupaba que la falda fuera tan larga, de hecho, daba un efecto precioso ya que la seda del vestido caía de manera fluida y elegante sobre ella.
Al final de esta, en el ruedo habían puesto una cinta también en seda, pero en color lila que coincidía perfectamente con el resto del vestido. Las zapatillas y los guantes eran de terciopelo negro, con pequeños bordados del color del vestido. Por último, su doncella la ayudó a colocarse en la cabeza un turbante adornado con joyas y flores, como toque final. Gracias a Dios el turbante ayudaba, porque actual doncella no tenía idea de peinados. En ese momento echó de menos a la antigua, que siempre le hacía todo tipo de cosas innovadoras que ella adoraba, sin embargo se enteró de que su padre al final no cumplió su promesa de que si la delataba el día que se fugó, la seguiría teniendo en la casa y apenas tuvo oportunidad la corrió sin contemplaciones diciéndole que ya no le tenía confianza y que estaba seguro de que si su hija le pedía ayuda para fugarse nuevamente, ella lo haría.
—Señorita, se ve muy hermosa—le dijo la doncella.
Hinata se vio en el espejo de cuerpo entero y tuvo que estar de acuerdo con ella.
Ese vestido la hacía ver deslumbrante, su cintura se veía diminuta. Cuando Jinin llegó a recogerla, lo único que dijo fue que estaba seguro de que más de uno sentiría envidia por su mujer. A lo que ella tuvo deseos de contestarle que ella solo era mujer de un hombre y que ese, no era él. Mentalmente lo dijo mil veces, pero su boca jamás se abrió para decirlo verbalmente puesto qué si lo hacía, ardería Troya.
. . . . . . . . . . . .
Llegaron a la casa del conde y la fila de carruajes en la entrada de la mansión era enorme. Cada invitado iba pasando con su respectivo acompañante e iba siendo anunciado. Luego de eso entraron al magnífico salón donde se veía a las parejas bailar entusiasmadas y Jinin le dijo que fueran primero al salón de al lado donde habían dispuesto la comida. Como siempre mostrando que podía tener dinero, pero que de educación y buen gusto, carecía bastante.
El salón de baile estaba resplandeciente, vivo, lleno de color. El suelo era de madera oscura pulida hasta tal punto que brillaba como un espejo y había enormes columnas doradas rodeadas de flores cuya fragancia se esparcía por todo el ambiente.
Había gente del servicio ayudando a servir la cena otros repartiendo bebidas y sirviendo delicias en bandejas de plata. Gente de todo tipo había sido invitada desde la nobleza hasta la gente adinerada con propiedades en la región terratenientes y personalidades importantes de la ciudad. Hinata oyó comentar a alguien que el conde estaba cerca, miró para todos lados tratando de ver quién sería su misterioso anfitrión.
—Hinata querida, te ves deslumbrante—le dijo su prima que también había sido invitada junto a su madre al baile—la tomó del brazo alejándola un poco de Jinin que todo el tiempo quería acapararla— me da gusto ver que estás mejor, he estado muy preocupada por ti pero mi tío no me ha dejado ir a visitarte sólo me entero de lo que te pasa por mi madre que muchas veces va hasta su negocio a hablar con él para preguntarle por ti.
—No te afanes, sé que es así. Conozco a mi padre, él quiere mantenerme encerrada todo el tiempo porque cree que si en algún momento tengo la oportunidad nuevamente, me escaparé y si te soy sincera creo que tiene razón. No veo la hora de alejarme de él y de Jinin, no quiero casarme pero no sé cómo irme porque me tienen presa en mi propia casa.
—Lo siento tanto, prima. Quisiera ayudarte, pero ya no sé cómo—le tomó la mano, tratando de darle apoyo. En ese momento llegó su tía Aurelia para saludarla también y se quedaron hablando un rato hasta que le hizo gestos desesperados a su prima y a ella, señalando hacia un lugar—ahí viene, Ay Dios mío, sino fuera por mi edad, le echaría el guante. Que hombre más apuesto es ese conde.
—¿Ya lo has visto antes?
—Por supuesto, el ha hecho algunas obras benéficas para el lugar donde tú y yo ayudamos a los niños sin hogar—sonrió y obviamente allí no llevaba máscara.
Cuál no sería su sorpresa al encontrarse con unos ojos que conocía muy bien y que la miraban con deseo e ilusión. Sintió un vacío en la boca del estómago, no había visto a esa mirada desde hacía mucho tiempo, pero sabía muy bien de quien se trataba a pesar de esa máscara. Sobre todo, jamás lo había visto vestido tan elegantemente. Se veía muy apuesto, no le extrañaba que todas las mujeres del baile, se le lanzaran cuando lo vieran sin esa máscara.
—Hinata, ¿estás bien? —le preguntó su prima que la veía pálida—parece que has visto un fantasma.
Pero ella en ese momento no pensaba en otra cosa que calmar su corazón que en ese momento palpitaba como caballo desbocado sentía que si no se sostenía de algo o de alguien, sencillamente caería al piso desmayada de la impresión.
—Hinata querida, este es lord Uchiha, conde de Sharingan.
—Lord Uchiha le presento a la señorita Hinata Hyuga.
Ella no sabía qué hacer y simplemente hizo una inclinación de cabeza—es un placer conocerle, Lord Uchiha.
—El placer es todo mío, señorita Hyuga—la devoraba con la mirada y eso la agitó completamente. Estaba nerviosa y no sabía qué hacer, sin embargo, él se veía bastante tranquilo—señorita Hyuga, me concedería este baile.
Hinata no sabía qué hacer, se moría de ganas por estar en sus brazos, pero su padre estaba muy cerca de allí con Jinin hablando muy a gusto.
—Yo...
—No muerdo—le guiñó un ojo—lo prometo.
—Oh, por supuesto que no—sonrió—disculpe mi mala educación—puso su mano en la que él le ofrecía y ambos se dirigieron al lugar donde estaban los demás bailarines.
Hiashi estaba hablando con su futuro yerno cuando escuchó a dos mujeres conversando y secreteándose.
—Qué bonita pareja.
—Es el conde de Sharingan y Hinata Hyuga.
—¿Como sabes que es el conde, si tiene máscara?
—Un pajarito me lo dijo.
—Pero si hacen una hermosa pareja. Mejor que la que hace con el tal Jinin Akebino—hizo mala cara— un creído, bueno para nada.
—Opino lo mismo, esa chica es tan dulce y se merece un mejor hombre. Uno como el—señaló discretamente— forman una pareja muy atractiva él tan alto, gallardo y tan moreno mientras que ella tan blanca y elegante, parecen sacados de un cuento de hadas.
Ambos comenzaron a deslizarse por el salón como si fueran uno solo. Sasuke la miraba sin poder creer que por fin estaba frente a ella se veía preciosa con su cabello recogido en alto y ese turbante que le hacía ver totalmente adorable. La sentía un poco más delgada sin embargo seguía teniendo unos pechos generosos. Todos veían cómo se sonreían y se lanzaban miradas mientras recorrían el salón ensimismados el uno en el otro. Hinata podía sentir que volaba en los brazos de él, parecía que todas sus tristezas se habían ido en tan solo un momento.
Luego terminando el baile la llevó hacia la terraza para que pudieran hablar mejor. Apenas ella se sentó en una de las sillas comenzó a preguntarle— ¿Cómo es que has venido a parar aquí? ¿Porque te dicen conde? ¿Por qué no me escribiste durante todo este tiempo?
—Calma Hina, no seas impaciente, te responderé todas tus preguntas pero primero necesito saber si me esperaste, si todo está bien y puedo hablar con tu padre.
Ella bajó la cabeza—Sasuke...yo...
—Así que aquí estaban—una voz hizo que ella se levantara inmediatamente. Su padre todavía sonreía convencido de que el hombre que estaba frente a él era el conde, pero cuando Sasuke se quito la máscara, su cara se transformó.
—¿Que hace este desgraciado aquí, contigo? —preguntó con la cara roja de la furia.
—Señor Hyuga, he venido hasta Painswaick porque debo hablar con usted sobre Hinata. —Tú no tienes derecho ni a pronunciar su nombre—le gritó haciendo que algunas miradas se centraran en ellos.
—¿Qué crees que haces, Hinata? —preguntó Jinin mirando alrededor—sabes que estamos comprometidos y me has dejado en ridículo delante de todo el mundo con ese baile que has hecho con este hombre.
—Este hombre no es más que un farsante. ¿Es que no lo reconoces? —le dijo Hiashi a Jinin—este es el miserable gitano que casi deshonra a Hinata.
—Cuidado, señor. No soy ningún miserable.
—¿No lo es? —se echó a reír. —Por favor, no me diga que ahora están regalando títulos en algún lado. Porque no hay una maldita forma de que usted haya pasado en cuestión de pocos meses de ser un gitano mal oliente y muerto de hambre a un conde con tanto dinero como para comprar esta mansión.
—Pues, aunque no lo crea, es así.
—Jinin, llévate a Hinata, enseguida.
—Ella es mi mujer y se casará conmigo.
—Quien te has creído que eres, gitano desgraciado. Ella no es mujer de nadie, es mi prometida—Jinin hervía de rabia.
Le advierto que no trate de acercarse a mi hija. No sé cómo diablos consiguió ese título pero usted no es más que un simple mozo de cuadras— con una sonrisa cínica se alejó diciendo— jamás podrá tener a mi hija.
—Yo creo que sí, señor Hyuga. Tengo entendido que su empresa tiene algunos problemas financieros y que necesitaba una inyección de capital.
—¿Y eso qué tiene que ver con usted?
—Mucho—sonrío —porque he sido yo, quién ha dado esa cantidad de dinero que tanta falta le hacía, de manera que ahora soy un socio más de su empresa.
El viejo casi se cae cuando él le dijo eso—usted es más que un mentiroso— en su voz se notaba la incertidumbre.
—Lo invitó a que visite a su abogado para que se cercioré de que es verdad—y con esas palabras se fue, dejándolo hecho un mar de furia y de preguntas.
Al día siguiente Jinin llegó molesto a la casa de Hinata. Cuando ella bajo las escaleras lo encontró en el salón de dibujo caminando de un lado para otro—no pude dormir en toda la noche pensando en el ridículo que pase gracias a ti. En vista de la situación he decidido adelantar el matrimonio. Cuando él dijo esas palabras Hinata sintió que el mundo se venía abajo.
—¿Al menos puedes decirme la razón?
—¿Te parece poco que haya venido por ti y que ahora no sólo esté en entredicho tu reputación sino la mía? — le dio una mirada fría — me cansé de tratar de ser un caballero contigo, de ahora en adelante las cosas se harán a mi manera. Así que si antes faltaban dos meses para la boda ahora sólo faltará una semana. Salió de allí sin decir una sola palabra más, dejando a Hinata confundida y desesperada por esa decisión.
