ADVERTENCIA: Lemon (Sexo gráfico), lenguaje vulgar, violencia, muerte, Universo Alterno, Humanizado.
DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen. Esta historia no tiene fines de lucro.
AVISO: Meteré también personajes de Madagascar, obviamente humanizados XD.
ADVERTENCIA 2: Abuso, violación, tortura. Si no te gusta, no leas.
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Capítulo 9: Rota.
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Maurice dejó su teléfono en la maleta que Doris le había puesto en la mesita. El hombre mayor contempló el sector con perturbación. Si bien estaba rodeado de bellas mujeres, el ambiente era arruinado con las miradas de cada una. Los ojos de cada joven estaban opacados de terror, de agonía. El solo preguntarse cómo estaría Marlene provocaba que algo dentro de él se removiera con dolor.
Doris entrecerró los ojos al ver mejor a Maurice. Le era conocido ese sujeto, pero no recordaba con claridad en dónde lo había visto.
—… Por aquí.
El hombre la siguió en silencio. No sabía qué hacer, cómo reaccionar ante la castaña. Llevaba un poco más de un mes encerrada allí, ¿cómo se encontraría psicológicamente esa joven que una vez tuvo un carácter dulce, optimista y fuerte?
Maurice frunció el ceño al ver que le colocaban una mujer pelirroja en frente de él.
¿Qué rayos?
Miró a Doris.
— Disculpe, pero yo escogí a Marlene. — Trató de sonar lo más amenazador posible, de acuerdo a las instrucciones de Skipper, debía mostrarse altivo y orgulloso, si le faltaban el respeto, debía sonar tosco.
— Señor, Marlene…-
— Yo confirmé con Marlene. — Endureció su tono. Doris tragó saliva y suspiró.
— Le ofrezco mis disculpas, señor. Pero Marlene se encuentra indispuesta. — Mintió. — No podemos permitirnos ofrecerle un mal servicio. ¿Entiende? Pero podemos ofrecerle a Mary. — Sonrió con suficiencia a la pelirroja, quien la miró con desprecio. — Es una hermosura. — Le extendió una bata negra. — Su cuarto está listo.
Maurice sintió unas enormes náuseas.
Sin lugar a dudas, este lugar era el infierno.
Apenas soportaba estar allí, se sentía sofocado por el ambiente tan lúgubre.
No podía comprender cómo Marlene pudo soportarlo hasta ahora.
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Marlene jugaba con el encendedor en un aire ausente. Recientemente había encendido las velas. Contempló la bandejilla de plata con frutas, la botella de vino y el sacacorchos a un lado.
Miró su reflejó en el espejo.
Sonrió con coquetería.
Esa mujer que estaba en el reflejo no era ella. A quien veía era a una miserable prostituta, algo menos que una persona, un juguete para satisfacer a los hombres, la manejaban a su antojo, la tocaban a su antojo…
La deshonraban a su antojo.
La puerta se abrió, y con ella, su cliente se adentró a la habitación.
Marlene se paralizó.
— Hola, Marlene. — La castaña pudo ver la socarrona sonrisa de Antonio en el espejo. — ¿No te da gusto verme? — Caminó hacia ella. La joven no dijo nada, solo siguió mirándolo. — Debo admitirlo. Te prefiero sin ropa, pero se te ve muy bien esto…— Acarició la tela de la lencería color vino tinto con telas negras.
La castaña lo contemplaba en silencio con una expresión que el hombre no pudo descifrar.
— Te ves… Muy hermosa…— Acarició por primera vez con cuidado el rostro pálido de la joven. — ¿Sabes? Tenías otro cliente esta noche, pero yo pagué MUCHO más por ti.
Eso captó la atención de la castaña.
Lo contempló directamente a sus ojos verdes. Se notaba que ese hombre la deseaba más que a nadie. Podía jurar que estaba obsesionado con ella, para su gran desgracia.
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Marlene le regaló una seductora sonrisa.
— Me alegro que pagaras por mí. — Comentó con suavidad y dulzura, sorprendiendo un poco al castaño. — Todos… Tienen que pagar. — Susurró en un aire misterioso.
Antonio se rio, no podía creer que la joven haya cambiado durante su ausencia.
—… ¿Ahora tú me enseñarás?
— Claro.
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Mary frunció el ceño. Hacía quince minutos que el sujeto que tenía como cliente no hacía nada. ¿Qué rayos le pasaba? Aunque, si se arrepentía, mejor para ella. No estaba para…-
— Psst.
La pelirroja frunció el ceño al ver al sujeto llamarle de esa manera.
—… ¿Ah? ¿Qué…-? ¡Mmn! — Exclamó cuando él se acercó a ella para taparle la boca.
— Escúchame. — Le habló en un murmullo. — Las autoridades ya se acercan.
Los ojos de Mary se agrandaron ante esa confesión.
— Estamos aquí para ayudarlas. Pero debes mantenerte callada. — Pidió al quitar su mano de su boca.
La joven lo quedó mirando con los ojos llorosos.
Estaba a salvo.
Estaban a salvo.
¡Todas estaban a salvo!
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— Aseguramos el perímetro para que no escaparan, Skipper.
— Bien. — Cargó su revólver. — Andando, muchachos.
Sus tres compañeros asintieron y le siguieron cuando su líder saltó de la camioneta para infiltrarse en el local. Según le informó Roger, Blowhole siempre supervisaba arriba, mientras que el subterráneo era vigilado por guardias.
Claro, guardias que pronto serían arrestados.
Caminó por los pasillos más arrinconados en un tenso silencio. Sus hermanos lo seguían de atrás, sin replicar. Estaban seguros que Skipper haría algo de lo que, honestamente, no se arrepentiría.
Kowalski detuvo un momento sus pasos al oír una voz femenina familiar a lo lejos. Private y Rico lo miraron, preocupados. Skipper miró de reojo a su compañero alto, sin detenerse.
— Andando, Kowalski.
—… Sí, señor. — Susurró.
Cuando se adentraron a la habitación, contemplaron a una bella mujer de cabellos negros hablando con un sujeto con un ojo robótico.
— ¡Pero qué pequeño es el mundo! — Exclamó con cínica diversión el capitán.
Ambos hermanos se quedaron mudos al oír la voz de Skipper. Se giraron para contemplar a los cuatro jóvenes apuntándoles con un arma de fuego.
Doris palideció. Esto no pudo haber acabado así. Contempló con horror que Kowalski no tenía ni una pizca de duda en sus ojos para apuntarle de esa forma.
—… Skipper…— Murmuró algo sorprendido el ex científico. — ¿Cómo…?
— Digamos que eres realmente malo en este tipo de negocios, Blowhole. — Sonrió con malicia. — Fuiste lo suficientemente estúpido como para secuestrar parte de nuestra gente. — Miró de reojo a Doris, quien se encogió ante su mirada.
Blowhole miró un momento a su hermana.
— ¿Tú les dijiste?
— ¡¿Qué?! ¡Claro que no! — Exclamó la mujer, indignada. — ¡Quizás Hans…!
— ¿Oh, él? — Ambos miraron al líder. — No se preocupen. Por primera vez en la vida, les fue fiel a alguien. No habló hasta el final, no se preocupen. El que hayamos descubierto su escondite es por sus propios errores.
—… Hmph. — Blowhole sonrió con maldad. — Así que tú le apagaste las luces a Hans. — Llevó una mano a su espalda, sacando un arma. — Pero lamento decirte, Skipper… Que este será nuestro último encuentro.
La curva en los labios del líder se ensanchó con notoria satisfacción.
— Tienes razón. Será la última.
Dicho esto, disparó, sin darle oportunidad de que Blowhole le apuntase.
Doris soltó un grito.
El disparo le había dado de lleno en el único ojo que le quedaba, y cayó estrepitosamente el suelo, inerte.
La pelinegra se llevó ambas manos a la boca, horrorizada. Después dirigió sus ojos llorosos a Skipper, quien no parecía afectado ni un poco por lo que había hecho. Guardó su arma con tranquilidad.
— Kowalski. Comunica a Eva que se puede entrar y arrestar al resto. — Pidió. Sin Blowhole y Hans, todo era un juego de niños.
— Entendido, Skipper. — Presionó el botón del comunicador.
— Rico, Private. — Los dos nombrados miraron a su líder. — Aseguren el perímetro.
El más pequeño hizo una mueca.
— Permiso para denegar, señor. — Se atrevió a decir, y casi se arrepiente al ver la asesina mirada que le dirigió su capitán. Pero él no estaba dispuesto a dejar solo a Skipper.
Y al parecer, sus camaradas tampoco.
— Estamos preparados, Skipper. — Habló con amabilidad.
Rico asintió con la cabeza.
—… Nosotros sabemos lo difícil que ha sido esto para ti. — Private se atrevió a posar una mano en el hombro de Skipper, quien le devolvió la mirada.
Tras unos segundos de silencio, Skipper suspiró, rendido.
— Andando.
Ellos asintieron y salieron de la habitación, dejando a una muy pasmada Doris. No tuvo tiempo de decir algo más cuando más agentes de North Wind hicieron presencia para agarrarla de los brazos.
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— ¿Maurice no está con ella? — Skipper frunció notoriamente el ceño.
— No, Skipper. — Classified se cruzó de brazos. — Tengo entendido que un tipo llamado Antonio pagó un monto mucho mayor al nuestro. Por eso… Le dieron el servicio a él esta noche.
El líder se tragó una maldición por el bien de Private. Estaba a punto de soltar improperios nada bonitos, sin embargo, no podía evitar pensar que algo andaba mal.
El sector olía a amenaza.
A odio.
Era un instinto en su interior que le gritaba que detuviese algo. No estaba seguro de qué, pero debía hacerlo, antes de que fuera demasiado tarde.
"Marlene."
— Señor. Hay un cuarto ocupado. Allí debe estar la señorita Marlene.
— ¿Dónde? — Exigió saber.
— Es el último de la derecha, pero es el piso de abajo. — Señaló el pasillo de la izquierda. — Pero no estamos seguros si…-
Skipper no quiso seguir hablando, corrió hacia la habitación, con pistola en mano, seguido de sus compañeros.
— ¡Skipper!
El líder ignoró las llamadas de ellos. Bajó de dos en dos los largos escalones. Reconoció el sector como el lugar donde Hans se había comunicado con él por primera vez para mostrarle el infierno que pasaba su mejor amiga.
— ¡AAAGH!
— ¡ESTO ES POR HABERME ENGAÑADO!
Los cuatro se detuvieron abruptamente al oír esos gritos.
— ¡GAAHH!
— ¡ESTO POR HABERME SECUESTRADO!
— ¡AAAAAAHHH!
Skipper reaccionó rápidamente y siguió con su carrera, sintiendo su corazón subir a su garganta. Él no era muy creyente de Dios, pero ahora, estaba más que desesperado por suplicarle que por favor no estuviera sucediendo lo que tenía en mente.
Marlene no sería capaz de hacer algo así.
Marlene ni siquiera pensaría hacer algo así.
Ella no podría estar tan… Rota.
Su juicio iba primero.
— ¡POR HABER DEJADO QUE ME GOLPEARAN…!
¡Marlene no podía estar tan rota!
— ¡QUE ME VIOLARAN…!
¡Ellos no pudieron destruir de tal forma a una persona como ella!
— ¡Y ME HICIERAN SENTIR MENOS QUE UN ANIMAL!
— ¡MARLENE! — Escapó el nombre de la joven de las cuatro gargantas de los jóvenes.
Skipper de una sola patada abrió la maldita puerta que hizo que confirmara la peor de las pesadillas, algo que jamás quiso imaginar, el solo hacerlo le era tan…-
Los cuatro estaban en shock.
Marlene Otter estaba sentada encima de un hombre con las piernas abiertas. Su lencería, parte de sus manos, brazos, piernas, torso y rostro estaban embarrados de sangre. Sujetaba entre temblores una botella rota con un amenazador filo. Respiraba como si la vida le dependiera de ello, sus orbes avellanas brillaban por las lágrimas y el horror.
El joven de cabellos negros estaba sin habla. Jamás deseó que Marlene se transformara en… eso. Nunca deseó que su cercanía provocase que fuese un blanco para sus enemigos. Creyó que la estaba protegiendo bien, que ella estaría bien a su lado, que la mantendría a salvo.
Siempre.
Esa palabra… Ahora carecía de sentido, ya no significaba nada.
—… ¿Marlene…?— Pronunció con perturbadora lentitud su nombre.
Quería creer que esa mujer no era su mejor amiga. Debía creerlo, de lo contrario él mismo se dejaría caer en pedazos, y si él lo hacía, sus hermanos también.
Y no podía permitirse eso.
Marlene salió de su trance al escuchar su nombre. Alzó lentamente la vista para conectar su quebrada expresión en los ojos zafiros del líder.
La botella cayó al suelo, terminando de hacerse pedazos.
—… Skipper…— Susurró.
Private contenía todas sus ganas para no echarse a llorar. Le resultaba irreal encontrar a Marlene de esa forma. ¿Por qué? ¿Por qué así?
Rico contuvo el hormigueo de sus manos para correr hacia ella y abrazarla. Estaba seguro que si hacía un movimiento brusco, terminaría de matarla del susto.
Kowalski trataba de encontrarle lógica a todo esto. Marlene, su mejor amiga, había matado a alguien por venganza. Marlene, la joven con el corazón más noble y bondadoso que había conocido jamás.
Había matado a alguien.
A un hombre.
Por venganza.
Para saciar el dolor, para encontrar la luz al final del oscuro túnel.
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Marlene contemplaba a cada uno, tratando de reconocerlos. Sí, eran sus mejores amigos, habían venido por ella.
"¿Vinieron por ti…? ¿O vinieron a arrestarte por lo que hiciste?"
—… ¿Huh? — Miró sus ensangrentadas manos, después el resto de sus ropas manchadas, para finalmente volver a ver el cadáver de Antonio.
Abrió enormemente los ojos.
Había matado a alguien.
Con sus propias manos.
Le había quitado la vida a un ser humano.
"Se lo merecía."
Cierto.
Pero ella nunca tomó la justicia por su propia mano.
Jamás.
¿Por qué?
¿Cómo fue capaz…?
—… Ugh…— Se llevó ambas manos a la cabeza.
"Ellos te rompieron."
Marlene de un salto se apartó de la cama y retrocedió con pasos torpes.
— Marlene…
— Y-Yo… Lo maté… Yo lo maté… Yo lo maté… Lo maté, lo maté, lo maté, lo maté, lo maté…— Siguió murmurando, sin quitar sus ojos del cuerpo.
Skipper se acercó.
— Marlene.
— Dios mío, yo lo maté… ¡Yo lo maté! — Comenzó a llorar con desesperación. — ¡LO MATÉ! ¡LO MATÉ, LO MATÉ, LO MATÉ, LO MATÉ!
— ¡Marlene!
— ¡SOY UNA ASESINA! ¡DIOS MÍO, SOY UNA ASESINA! ¡YO LO MATEEEEEEEEEEEÉ! — Se cubrió los ojos con sus manos, horrorizada.
— ¡Marlene! ¡Marlene, escúchame…!
La castaña finalmente se dio cuenta de la presencia del capitán. Lo miró con el rostro empapado de lágrimas.
—… S-Sk-Ski-pper…— Tartamudeó entre gimoteos. — Y-Yo lo maté, Skipper… Yo lo maté… Y-Yo quise… Que pagara todo lo que me hizo…
—… Marlene…
— A-Antonio… M-Me entregó a Blowhole… Y-Y de-después…— Respiró más fuerte, reviviendo aquella pesadilla que seguía fresca en su memoria. Se abrazó a sí misma. — Oh, Dios… — Sollozó al sentir sus piernas temblar. — D-Do-Dolía… Dolía mu-mucho…
— Marlene…
— ¡DESPUÉS ÉL…!— Gritó abruptamente, asustando a los presentes.
Skipper contempló cómo los ojos llorosos de Marlene resplandecían de odio.
— ¡NO TUVO SUFICIENTE CON HABER DEJADO QUE ME VIOLARAN! — Escupió con desprecio el griterío. — ¡NO TUVO SUFICIENTE! — Miró directamente los ojos azules de Skipper. Sin apartar sus ojos de él, señaló el cadáver. — ¡ÉL…! ¡ME CONVIRTIÓ EN SU MALDITO JUGUETE SEXUAL! — Bramó con ira. — ¡CADA VEZ QUE VENÍA…!— Apretó los puños. — ¡SOLO LO HACÍA PARA TRATARME COMO A UNA BASURA! ¡HASTA LLEGÓ A COMPRARME! ¡PORQUE PARA ESO ESTOY…!— Se señaló a sí misma. — ¡PORQUE SOY UNA PROTITUTA! — Se rio con cinismo entre el llanto. — Soy una mercancía que espera al maldito degenerado que llegue…
Private y Rico lloraban en silencio, escuchando las palabras de su amiga. Contemplaban su angustia, su rabia.
Kowalski no estaba lejos de sus dos camaradas. Estaba al borde del llanto, pero trataba de mantenerse profesional, pasible.
—…— Negó con la cabeza. — Estábamos solos… Y pagó por mí…— Comentó con la voz seca de tanto alzar la voz. — No quería volver a sentirlo… Cerca de mí… Para tocarme… O siquiera para mirarme…— Miró sus manos nuevamente. —… Por eso yo…— Volvió sus palmas en puños.
Marlene inhaló profundamente, calmando su llanto. Las lágrimas no se detenían, pero al menos había dejado de hacer un escándalo.
Había dejado que su lado oscuro saliera a la luz.
Y lo había pagado muy caro.
Ahora que estaba cuerda nuevamente, debía asumir las consecuencias.
Sus orbes dorados, enrojecidos por las lágrimas, miraban con determinación a cada uno.
—… Yo jamás… Los culparía por esto. — Confesó, sorprendiendo a los cuatro. Alzó un poco ambos brazos, dirigiéndose a Skipper. —… Hazlo. — Tragó saliva. — Espósame.
— ¡¿Qué?! — Soltó Private con la voz quebrada.
— Marlene…— Murmuró Kowalski.
— ¡No me arrepiento de haberlo matado! — Dijo, frustrada. —… Y por eso estoy… Horrorizada de mí misma…— Cerró los ojos con fuerza. —… No puedo… Permitir que esta sensación se prolongue.
Los tres jóvenes miraron a su líder, quien había permanecido en silencio todo este tiempo, mirando fijamente cada uno de los movimientos de su amiga.
De su mejor amiga, que ahora estaba rota como una muñeca de porcelana.
Le resultó realmente irónico el asunto.
—… Un delito, es un delito. — Comenzó con la voz firme.
— ¡¿EHH?! — Exclamó Rico.
— ¡Skipper!
Marlene sonrió a medias, agradeciendo la comprensión del capitán. Estiró mejor los brazos.
Pero para su sorpresa, sintió una cálida tela gruesa rodear su espalda. Miró sorprendida a su mejor amigo, quien se había quitado el saco para cubrirla.
—… Pero por encima de todas las cosas… Eres nuestra familia, Marlene.
La castaña contempló los ojos azules del líder, después a sus compañeros. Private hizo una mueca, tratando de volverla una sonrisa fallida en medio del lloriqueo. Kowalski y Rico si lograron curvar sus labios, aunque tenían el rostro mojado por las lágrimas.
Marlene dio un tembloroso paso hacia Skipper, quien no se movió. Esperaba que la castaña retomara su confianza en él por sus propios medios, no la forzaría a nada. Si hacía un movimiento en falso, la joven retrocedería. Sintió la mano de la joven en su pecho, después la subió hasta su hombro.
La castaña terminó por cerrar la distancia entre el capitán y ella y lo abrazó.
Skipper notó que todo el cuerpo de la castaña temblaba violentamente. Sabía que estaba haciendo un gran esfuerzo tocándolo de esa manera cuando podría simplemente apartarse de él.
Marlene trataba de encontrar desesperadamente esa sensación que Skipper causaba en ella cuando la tocaba. Esa seguridad que la hacía sentir un poquito más fuerte.
Arqueó un poco su cuerpo cuando sintió los brazos del líder terminar de rodear su frágil cuerpo.
Apenas lo hizo, la joven se relajó y apoyó su mentón en el hombro de Skipper mientras dejaba que más lágrimas escaparan de sus ojos, en silencio.
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Classified miraba detenidamente a la joven castaña. No había brillo en su mirada, parecía estar muerta. No habló mucho. Entrelazó sus dedos para apoyar su mentón en ellos.
—… Marlene Otter, quedas condenada a 8 años en prisión. — Comenzó con la voz lo más tranquila posible.
Ella no objetó.
Kowalski, Rico y Private quisieron hacerlo, mas la silenciosa advertencia de Skipper los hizo callar.
El líder entrecerró los ojos. Marlene parecía ida.
—… — El líder de North Wind sonrió. — Claro, eso es lo que un juez diría.
La castaña parpadeó, cayendo en cuenta lo que había dicho Classified. Alzó la vista para verlo.
Skipper sonrió.
Rico y Private se miraron entre ellos, sin comprender.
—… Por supuesto…— Murmuró Kowalski. Miró al capitán. — ¡Señor, usted…!
— Marlene fue secuestrada apenas cumplió los 18. Podría considerarse aún como una menor de edad. — Confirmó las sospechas del más alto.
— Exacto. — Classified se puso de pie, asustando a la castaña, quien se encogió con una aterrada expresión. Suavizó su expresión. Presionó el botón de su comunicador. — Eva, ven a buscarla.
Tras unos segundos, la puerta se abrió suavemente para no seguir provocando los estados emocionales de la joven de ojos avellana. Eva se adentró. Marlene se relajó un poco al notar que ya no era la única mujer en el cuarto oscuro.
— Ven, Marlene. Gloria ya despertó y desea verte. — LE sonrió de una forma maternal. Extendió su mano hacia ella. — ¿Quieres ir conmigo?
—… Gloria…— Susurró, tratando de recordar quién era. —…— Parpadeó, para después tomar la mano de la rubia albina. — Yo quiero… Ver a Gia y a… Gloria…
— Bien. Vamos. — Miró al resto. — Vuelvo enseguida.
Dicho esto, ambas desaparecieron tras la puerta.
— Entonces… Skipper, lo que tú buscas es…-
— Necesitamos convencer al juez de que Marlene vaya a una corrección de menores de edad. — Le cortó. Los tres asintieron.
— Eva volverá para informarnos el estado de Marlene. — Informó Classified.
— No te ofendas. Pero creo que con verla es demasiado obvio. — Comentó con amargura Skipper.
El hombre suspiró.
— Me refiero a un análisis profesional. Hay que descartar las posibilidades de enfermedades de transmisión sexual o un embarazo no deseado.
Private, Kowalski y Rico palidecieron.
—… ¿Uh bebé…?— Murmuró el joven de la cicatriz.
— Así es.
—… Dios…— Murmuró el menor.
— Bien… Supongo que en eso tienes razón.
La puerta volvió a abrirse, dejando ver a Eva.
— Dejé a Marlene con sus amigas. Ambas tratan de animarla, pero es algo… Difícil, como pueden notar. — Sacó unos papeles.
Honestamente, la bella mujer dudó en leer los expedientes. Estaba en frente de los amigos más cercanos de la castaña, lo que oirían sería muy doloroso. Especialmente para Private que seguía siendo un niño.
Pero después recordó que eran profesionales.
Debía hacerlo.
Eva tomó aire.
—… Comenzaré con lo físico. — Ojeó los papeles. — Ninguna enfermedad le fue transmitida y tampoco está embarazada. — Informó rápidamente.
Skipper se tragó un suspiro de alivio.
— Pero no por eso, hay menos. — Frunció el ceño al mirarlos seriamente. — Gracias al maquillaje no pudimos verlo, pero Marlene presentó hematomas y magulladuras en sus piernas, caderas, cuello y en su pecho. Encontramos también unos cuantos cortes, pero eran muy poco visibles. — Apretó los labios. — También tiene una lesión en la garganta.
— ¿Y eso por…?— Classified calló, comprendiendo.
— Porque fue obligada a practicar sexo oral. — Musitó. Skipper y Kowalski cerraron los ojos con fuerza. Private sintió unas enormes ganas de vomitar y Rico sintió unas enormes ganas de revivir a Blowhole para matarlo de una manera mucho más dolorosa como lo hicieron con Hans. — También hubo mordidas en el cuello y en el resto de su torso.
—… ¿Qué hay de su estado psicológico? — Decidió preguntar Kowalski.
— Al igual que todas… Está severamente traumatizada y padece de una fuerte depresión.
"Soy una mercancía que espera al maldito degenerado que llegue…"
—… Ya veo. Esto se lo mostrarás al juez. — Pidió con la voz queda para retirarse.
— Skipper…— Su grupo de élite planeaba seguirle.
— Muchachos. — Los detuvo sin voltearse. —… Prefiero estar solo.
Dicho esto, el líder se retiró, dejando a sus compañeros sumamente preocupados.
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Continuará…
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Bueno, por lo que veo, quieren que continúe esta historia, así que, eso haré. Relataré las rehabilitaciones de Marlene y cómo va superando todo esto. Estuve estudiando las leyes de Estados Unidos y es posible que, gracias a sus leyes, Marlene puede irse a una correccional de California.
Espero que les haya gustado el capítulo.
