Nuestra mente funciona de una manera increíble. Cuando algo te resulta agradable lo recuerdas con cariño, cuando algo te marca de forma negativa ese recuerdo se puede incluso llegar a bloquear.

Si algo aprendió Fate de Nanoha fue a mirar las cosas de una forma positiva, los recuerdos felices se antepusieron a su oscuro pasado y poco a poco se fue olvidando de él. Pero a pesar de todo, Fate sabía que ahora era quien era gracias a su pasado, por eso se obligaba a no olvidarse por completo de él, por eso escribía la "T" de Testarossa en su nombre, para recordar quién era, quién una vez fue.

A pesar de todo, con el tiempo, los recuerdos más crueles de su infancia prácticamente habían desaparecido de sus memorias.

Excepto cuando soñaba.

#10 INFIERNO

No hay nada más horrible y angustioso que vivir tu más temida pesadilla y no poder despertar. La sensación asfixiante, la opresión en el pecho y la ansiedad que sientes mientras lloras por despertar del sueño y huir de una vez.

Fate conocía perfectamente esa sensación.

Cuando puedes utilizar la magia consigues que la realidad y la ficción se entremezclen aún más hasta que llega el punto en que no sabes qué es real, qué es magia o qué es un sueño. Por eso, cuando soñaba Fate nunca sabía si era verdad o no. Su propio subconsciente la engañaba y creía que llegaría el día en el que se convertiría en realidad, por ese motivo la fantasía era siempre tan real y espantosa que no podía hacer nada.

Sí, Fate conocía perfectamente esa sensación, por eso un escalofrío recorrió su cuerpo cundo se encontró parada en medio de aquella gran sala que conocía demasiado bien. Dio una vuelta sobre sí misma contemplando la estancia circular. El suelo brillando en un azul pálido, las paredes con columnas y cortinas que se perdían hacia al alto techo… Tragó saliva y recorrió con los ojos la alfombra roja que tenía delante, hasta su final, unas escaleras coronadas por un pequeño y escalofriante trono.

Soltó un suspiro al ver el asiento vacío, pero la angustia seguía ahí. Sentía la amenaza, la cercanía del peligro, sabía que tenía que salir de aquel sitio. Sin más, corrió lejos del trono, hacia la única gran puerta que estaba cerrada impidiéndole cualquier escapatoria. Sus pasos resonaron en el silencio y la puerta produjo un sonido sordo cuando intentó abrirla en vano.

- Por favor… -Su voz fue una súplica ahogada por la ansiedad mientras intentaba otra vez abrir el portón.- Por favor…

Palideció al escuchar un ruido detrás de sí. La desesperación creció en su interior y empujó bruscamente la madera, pero sólo obtuvo el mismo resultado que antes. Escuchó un sonido que conocía muy bien; alguien estaba repiqueteando las uñas. La puerta seguía impasible así que no le quedó más remedio que encarar a quien tenía a sus espaldas.

La mujer que estaba sentada sobre el trono de piedra dejó de repiquetear sus afiladas uñas contra el reposabrazos. Su mentón apoyado en el dorso de una mano, el pelo gris liláceo cubriendo uno de sus fríos ojos mientras el otro la miraba con fijeza y una expresión seria que poco a poco dejó vislumbrar una sonrisa burlona.

- ¿No vas a probarlo de nuevo? –La voz retumbó en la sala e hizo estremecer a la rubia.- Normalmente lo intentas un par de veces más.

Fate tragó saliva y frunció el ceño intentando simular un valor que no sentía.

- No te tengo miedo.- La sonrisa de Precia Testarossa se ensanchó ante eso.- Así que déjame marchar.

- Sabes por qué estás aquí, Fate.- Puso una expresión exasperada e hizo un gesto con la mano.- Así que acércate para que pueda empezar de una vez.

- No pienso dejar que me tortures más, madre.

Los ojos de Precia relampaguearon y Fate soltó una exclamación cuando un par de cadenas aparecieron del techo y se enroscaron en sus muñecas. Forcejeó contra ellas pero sólo logró lastimarse, las cadenas resplandecieron en un lila cegador y empezaron a tirar de ella. Perdió el equilibrio y acabó de bruces contra el suelo antes de ser arrastrada por él hasta el centro del círculo azulado, donde las cadenas la obligaron a alzarse hasta quedar colgada de ellas.

Odiaba encontrarse así.

- No eres mi hija.- La voz sonó monótona, sin una pizca de emoción pero logró aturdir a Fate, quien al fin dejó de removerse.- No me llames madre, tú no eres más que un experimento fallido, una copia de mi verdadera hija. Sólo tengo una hija y se llama Alicia. Tú no eres nadie.

La verdad se clavaba en sus entrañas como cuchillas. Sabía que cada una de esas palabras era cierta y no podía evitar que le hiriesen, a pesar de todos los años que habían pasado desde que descubrió la realidad, aún eso seguía haciéndole daño.

El primer golpe vino. En su mejilla, un azote provocado por una fuerza que no podía ver. No podía defenderse y tampoco podía huir, tan sólo le quedaba esperar el siguiente golpe. No tardó en llegar, esta vez contra su estómago y detrás de éste vino un tercero y luego un cuarto. La ropa se le empezó a rasgar, las heridas empezaron a sangrarle y parecía que las cadenas le fueran a romper las muñecas en cualquier momento.

Cerró los ojos con fuerza. Estaba soñando. Eso era un sueño, había soñado con aquella pesadilla miles de veces, había sido torturada en sus sueños una y otra vez, pero al fin y al cabo era eso, un sueño. Abrió los ojos y miró con repulsión hacia la mujer que seguía sentada en su trono. La sonrisa en los labios de Precia desapareció y al fin se puso de pie. Sus pasos calmados resonaron en las paredes mientras el cetro en su mano se convertía en un látigo.

El grito de Fate ante el primer latigazo retumbó por toda la sala. Estaba soñando, aquellos golpes no eran reales. Un segundo latigazo le hizo retorcerse en el aire. Precia había desaparecido hace años, aquello era un sueño, una pesadilla.

- No estás soñando.- La rubia la miró con sorpresa, quedándose sin respiración durante un instante.- ¿Estabas pensando eso, verdad? No es un sueño.

- Sí lo es.- Otro golpe le hizo gritar de nuevo.- Estoy soñando… como siempre.

- Si estuvieras soñando… estarías en la cama.

Las cadenas se aflojaron y Fate cayó como un peso muerto. Se sorprendió al ver que en lugar de golpear contra el duro suelo caía sobre un cómodo colchón. Parpadeó confundida y las cadenas le inmovilizaron los brazos contra el respaldo de la cama mientras dos cadenas nuevas hacían lo propio con los pies.

- ¿Qué…?

Precia se acercó hasta ella y le acarició la mejilla con una sonrisa macabra. Una gota de sudor resbaló por la frente de Fate mientras su madre se montaba a horcajadas sobre ella.

- No eres tan diferente a mí.- Precia se inclinó contra ella y acercó su boca al oído de la rubia.- En el fondo eres igual que yo… y lo sabes.

Abrió los ojos de golpe.

Contempló el techo con las pupilas dilatadas y respirando a bocanadas. Se incorporó mientras intentaba volver a calmarse. Finalmente había podido despertar de aquella pesadilla… se pasó una mano por la frente, el pelo se le había pegado a la piel debido a la capa de sudor frío que la cubría. Giró su rostro para ver a la persona que dormía a su lado, tranquilamente y ajena a sus temores, después de tanto tiempo Fate había aprendido a soñar y a despertarse en silencio para no preocupar a Nanoha.

Se inclinó ligeramente para apartarle un mechón castaño del rostro. ¿Cuándo dejaría de tener esas horribles pesadillas? Normalmente las tenía después de una misión, cuando mataba a alguien siempre aparecía Precia para torturarla, una especie de castigo que ella misma se imponía. Pero esta vez había sido diferente…

Miró con fijeza el rostro tranquilo de Nanoha. Su boca entreabierta cogía y dejaba ir el aire de manera acompasada, el pecho le subía y bajaba a cada respiración, se había destapado y la blusa del pijama se le había movido de tal forma que ahora podía ver parte de su ropa interior… Fate notó cómo una extraña sensación aparecía en su pecho y se extendía hacia su estómago, hacia su vientre, hacia abajo… Tragó saliva mientras se inclinaba para acercarse a Nanoha. Se relamió los labios.

"No eres tan diferente a mí."

Una gota de sudor resbaló de su frente hasta acabar en la punta de la nariz. Permaneció con los ojos muy abiertos mirando el rostro durmiente de Nanoha bajo ella. Prácticamente se había colocado encima de ella tal y como Precia había hecho en su sueño. Sus manos temblaron. Quería despertar a Nanoha, quería montarse a horcajadas sobre ella e inmovilizarla mientras sus labios la recorrían y sus manos la exploraban.

"En el fondo eres igual que yo… y lo sabes."

La gota de sudor finalmente cayó de su nariz y aterrizó sobre la mejilla de la castaña. Fate se separó con brusquedad y se puso de pie mientras se llevaba la mano a la boca y corría hacia el baño. Era un monstruo, se daba tanto asco a sí misma que no había podido evitar vomitar. Contempló con repugnancia su reflejo en el espejo.

Era un demonio y merecía el infierno que vivía en sus sueños.

To be continued…


Notitas varias:

Este sí que tiene continuación, así que espero no tardar mucho en hacerla xD ...Y yo no pretendo que Fate se traume en mis fics eh? No la pongo emo ni nada porque yo quiera, es que simplemente me sale así xD ¡En serio! Este lo tenía pensado antes que LEDA así que ha sido una casualidad pero jo, pobrecita, creo que tiene demasiados traumas infantiles y por eso siempre acaba igual... xD

En fin, lo dicho, este sí tiene continuación y es que Fate empieza a sentir algo que no debería y no le gusta… jejeje o tal vez siempre lo ha sentido pero ahora se da cuenta de ello charan~