Los gritos de la vieja Arat rompieron la tranquilidad del amanecer, levantando a todos los habitantes del castillo. Sus alaridos traspasaban cada piedra de las paredes, resonando como un grito de tortura. Alarmados, los miembros de la Compañía Norteña irrumpieron en la habitación de la mujer e instintivamente buscaron la amenaza; revisaron cada centímetro del estrecho cuarto, pero lo único que encontraron fue a la vieja en la cama con los ojos cerrados y los dedos aferrados al colchón mientras gritaba.
-Nadie sabe lo que le pasó.-habló el Maestre Luwin pasándose un trapo por la frente tras haber sedado a la mujer con una poción.-Sus gritos decían que el mar estaba cada vez más cerca.-el hombre frunció el ceño y alzó las manos.- ¿Qué les pasa a todos con el mar?-
A medida que avanzaba el día, aquel acontecimiento era la comidilla de los habitantes. Ninguno tardó en agregar detalles y extender la historia, haciéndola ver como que la vieja estaba loca. Pero los murmullos se acallaban cuando Arat caminaba cerca de ellos.
Cuando el sol estuvo un poco más alto, Lyanna salió al patio encontrándose con sus hombres.-Buenos días.-saludo mientras cubría sus manos con gruesos guantes de piel. La Compañía hincó una rodilla en el suelo, reverenciando a la hermana del rey.
Ella les sonrió y con un simple gesto les indico que se volviesen a poner de pie.
Robb le había proporcionado aquella escolta para asegurarle un viaje sin problemas desde Aguasdulces hasta Invernalia. Era una guarnición de alrededor de dos docenas de hombres que comprendía tanto a soldados Stark como Tully y Frey. Todos habían sido juramentados para rendir lealtad a Lyanna.
-Pym.-llamó la joven mientras Rickon cargaba con una espada enfundada.
Pym el Bajo o el Niño, era el menor de los hombres que habían viajado desde Aguasdulces. Físicamente era parecido a Theon, pero tal vez la única diferencia era que Pym tenía el cabello rubio ceniza y los ojos verdes. Su procedencia era desconocida, pero sus compañeros decían que venía de una familia de pastores al sur de la posada del Hombre Arrodillado, muy cerca de Aguasdulces.
-Mi lady.-el soldado se situó junto a ella.-Ser Rodrik ha ordenado que su entrenamiento empiece ahora.-
Lyanna asintió mientras que su hermano era apartado del patio por el fornido Cacerola, quien lo sentó encima de una vieja silla de montar de modo que Rickon tenía un excelente panorama.
-¿Cómo será el procedimiento?-preguntó la muchacha mientras la Compañía se hacía con espadas.
-Todos provenimos de casas diferentes y por lo tanto tenemos tácticas diferentes.-respondió.-Yo le enseñaré sobre luchas cuerpo a cuerpo con escudo.-el paje de Pym se acercó a su caballero y le entregó dos grandes escudos; la trucha saltarina de los Tully brillaba en ambas maderas, aunque la pintura estaba gastada.-Al principio notara que es algo molesto de sostener, pero con la práctica diaria podrá acostumbrase.-le entregó un primer escudo. Lyanna intento tomarlo únicamente con una mano, pero el peso de la madera y los bordes de metal le vencieron la muñeca.-Debo recordarle que es pesado.-Pym rió entre dientes y la ayudó a envolver parte del brazo alrededor de unas asas de duro cuero.
-Es molesto.-observo ella, tratando de apoyar parte del peso del escudo contra su rodilla.
-La espada contrarrestará el estorbo.-nuevamente el paje se acercó y en las manos de Pym el Bajo dejó un estoque, que a simple vista parecía pesar más que el escudo y difícilmente haría el efecto opuesto.-Sosténgala.- con el mango por delante, depositó la espada en manos de la joven, que haciendo esfuerzos por mantener el escudo en alto, cerró sus dedos alrededor de la gastada empuñadura.- ¿Cómo la siente?-
En aquella ocasión, sus muñecas no se vencieron. Sus manos soportaron el peso e incluso lograron manejarla como si fuera parte de sus dedos.
-Me gusta el peso.-la joven la sopesó con fuerza, subiéndola y bajándola varias veces para acostumbrase al peso.-Es cómoda.-
-Es un acero de buena calidad, lamentablemente no es acero valyrio, pero ha sido trabajado por los mejores herreros de Aguasdulces. Permítame.-Pym se acercó a ella y del interior de su funda, sacó la espada de la propia Lyanna. La hoja del puñal silbó ligeramente cuando el muchacho la esgrimió.-No es mala.-comentó alzándola y dejando que los escasos rayos de la mañana impactasen contra la brillante hoja.
Con motivo de festejar el decimosegundo día del nombre de su primera hija, Lord Stark había encargado al herrero que forjase una espada ligera y de poco filo. Mikken había agregado detalles que acudieron a su mente ante el pedido y con ellos elaboró un mango redondeado con pequeñas incrustaciones de diamantes blancos. Lord Stark pensó que aquello era una exageración, pero aquella idea quedó descartada cuando su hija corrió a sus brazos.
-Mi padre me la obsequió hace unos años; mi madre jamás lo supo, porque de haberlo hecho me la hubiera arrancado de las manos y enviado a fundir.-Pym sonrió y Lyanna observo un espacio vacío a los costados de las encías superiores.
-Deberíamos empezar.-Pym el Bajo se armó con su espada propia y su escudo.-Usted primero.-ordenó, flexionando ligeramente las rodillas, alzando la defensa frente a él y sosteniendo con firmeza su mandoble.
Lyanna intento imitar su postura pero el escudo era casi tan alto como ella y seguramente igual de pesado.
-Un momento.-pidió. La Compañía se aglomeró alrededor de ellos. Ser Rodrik abandonó los establos y se unió a ellos. La cantidad de ojos sobre ella la incomodaba, pero, en un combate de verdad el enemigo no le daría un momento para que ella se acomodase; el enemigo le cortaría la garganta sin siquiera parpadear.
Lyanna flexionó el brazo con el que sostenía el escudo y se lo llevó al pecho, cubriéndose las partes importantes como el esternón y el corazón. Luego apretó sus dedos alrededor de la empuñadura y se lanzó al ataque.
Los días fueron pasando y Pym junto al resto de la Compañía se encargaron de instruir a la joven norteña con todos los dotes de esgrima que conocían. Y al cabo de un unos cuantos amaneceres, el escudo era una extensión más del brazo derecho de Lyanna.
Pym se había tomado el trabajo de construir un escudo que fuese apropiado a la altura y peso de la muchacha. La madera que había elegido era ligera pero resistente. Con ayuda del herrero crearon un círculo de bronce que recubría el contorno, sujetándolo con gruesos y fuertes clavos. Cuando estuvo listo, Lyanna había dicho que era necesario, pero Pym le pidió que pintase el emblema de su casa. Y entonces, aquella misma tarde, la niña se sentó en el patio y con algunas pinturas comenzó a dibujar el huargo de los Stark y a forma de aureola, la trucha saltarina de los Tully. Por un momento se vio tentada de pintar al lobo con la trucha en la boca, haciendo alusión a la idea que Ayra había manifestado hacía tantos meses atrás, pero la idea quedó descartada; la guerra era un tema serio. Uno de los pupilos Frey había recomendado que añadiese las torres de su casa; Lyanna preguntó por qué y el muchacho respondió que se oían rumores sobre una posible unión entre ella y alguno de sus parientes. Ella lo pensó y dijo que lo reconsideraría si es que aquellos rumores eran ciertos.
-¡Muy bien, mi lady!-exclamó ser Rodrik en cuanto la muchacha logró desarmar a su oponente, un muchachito delgado, pero un buen espadachín.
Lyanna se sacó el yelmo que Mikken le había forjado en su herrería; el hombre se había inspirado en la casa Clegane, pero en vez de la cabeza de un perro, Lyanna portaba la cabeza de un lobo coronado con rosas y espinas.
-Gracias.-susurró la joven Stark acalorada mientras que el paje de Pym se encargaba de recuperar los escudos y envainar las espadas.
De nuevo en su habitación, Lyanna se deshizo del jubón negro de práctica y se deslizó en el interior de la tina. Minutos atrás Myranda la había llenado con agua tibia y aceites aromáticos.
-Sus mejorías son impresionantes.-comentó Tansy, mientras tomaba un jarrón y lo llenaba de agua.-Hará un excelente trabajo en Aguasdulces.-Lyanna dejó caer su cabeza en el hueco que la tina tenía mientras que su doncella le humedecía sus oscuros cabellos.
-Es muy pronto para dar las cosa por sentadas.-Lyanna no buscaba ser modesta. A pesar de que tenía excelentes maestros, aún tenía desconfianza de sí misma.
-Su padre estaría orgulloso.-continuó Tansy; una vez que la cabellera estuvo empapada, la muchacha la embadurnó con más aceites que desprendían delicados e intensos aromas.
»Ojalá mi madre también«
Lyanna se deslizó apenas sobre la superficie acuosa, de modo que na espuma le cubrió el pecho.
"¿Tú no pudiste traerlas contigo, verdad? O mejor, ni siquiera aparecer"
Su madre no se había mostrado lo suficientemente contenta al verla de regreso en Aguasdulces y eso que Catelyn no se había esmerado por disimularlo. Lyanna se había pasado los primeros años de su infancia tratando de complacer a la mujer en todo lo que podía, pero sus intentos eran opacados por los encantos innatos de la pequeña Sansa; las ambiciones la menor era todo lo que su madre quería oír. Mientras que Lyanna añoraba ser igual de valiente que su padre, Sansa añoraba con portar una corona y titularse reina del Poniente.
»Eran sueños vacíos. Tontos, provenientes de la mente de una niña, cuyo mundo era rosa«
Luego del baño, Tansy la vistió con un vestido sencillo de lana en color lino.
-Es la tercera noche que Myranda no se presenta para cumplir con sus obligaciones.-comentó Lyanna con molestia mientras se calzaba unos zapatos abrigados.
Tansy le acomodó el cabello y de alguna forma trato de esconderse detrás de su dama.
-¿Hay algo que deba saber?-la joven Stark se había mostrado intolerante con lo a que a su segunda doncella respectaba, pero aun así seguía preocupándose por ella.
-Myranda ha estado alejada de todos.-respondió la inocente Tansy, trenzando el cabello de su dama.-Ya no cena en la cocina y regresa a sus habitaciones tarde en las noches.-
»Tal vez haga trabajos extra«
A Lyanna le hubiera encantado decir eso, pero ella no era nadie para juzgar a los demás.
-La veré hoy.-anunció mientras se ponía de pie.-Tal vez logre averiguar en que anda.-
-¡No mencione mi nombre!-suplicó Tansy con los ojos abierto de par en par.
La joven Stark le sonrió y le aseguró que no haría.
Cuando la luna comenzó a brillar encima de Invernalia, Lyanna dio la orden de sacar mesas y bancos al patio. El castillo entero compartiría una cena. La noche era despejada y como si los Dioses estuviesen a favor, no nevaba y las ventiscas era similares a una fría caricia. Con ayuda de los cocineros, la cena fue compuesta por una sopa de cebollas, avena y zanahorias. Cacerola había aportado sus conocimientos y carneo un cerdo haciéndolo a las brasas y sazonándolo con una salsa agridulce de vino y manzanas. El castillo había revivido y los habitantes se mostraban contentos. Incluso Hodor se sentía a gusto e iba a todos lados entonando "¡Hodor, Hodor!" con alegres tonos.
-Es como en los tiempos de su querido abuelo, mi lady.-Lyanna le sonrió a la vieja Tata mientras que la mujer enrollaba sus delgados y huesudos dedos alrededor del brazo de la muchacha. Juntas atravesaron el patio y ser Rodrik dispuso de una silla para que la mujer pudiese sentarse.
El patio parecía la viva imagen del día en que Eddard Stark había celebrado aquel banquete en honor al rey Robert y su corte. Todo iluminado con largas antorchas y braseros de pie. De las cocinas subía el aroma de un pastel de moras silvestres y canela mientras que la salsa de Cacerola impregnaba las paredes con el dulzón de su vino. En el exterior, Tansy con otras criadas trenzaron viejos trapos a rosas vivas y con ellas adornaron los porta antorchas e hicieron bordados delicados para los extremos de los manteles.
-No importa si quedamos a oscuras.-se aventuró la pequeña Beth Cassel mientras su padre la sostenía y ayudaba a que ella anudase su reciente artesanía.-La luz del cometa nos iluminará.-
Surcando el oscuro firmamento norteño iba la cola de un cometa rojo. Según los ojos de cada habitante, aquel astro tenía un significado diferentes. Algunos decían que era la perdición del norte y la inminente derrota del rey lobo; otros eran más optimistas y creían que era la sangre vengada de los norteños que perecieron en Desembarco del Rey, quienes regresaban a casa para un eterno descanso. Lyanna apoyaba aquella última teoría y durante las noches se sentaba en el alizar de su ventana y contemplaba como Eddard Stark buscaba la forma de descender a las criptas para poder permanecer junto a su padre y hermanos.
Cuando la cena dio comienzo, la joven loba preguntó por Myranda, pero nadie sabía sobre ella. Pero unos instantes después, cuando el vino fluía como agua entre los comensales, Tom Tres Pelos admito haberla visto cerca de las mazmorras. Satisfecha con su plan, se excusó un momento y le pidió a Pym que alegrase la cena con su voz.
En cuanto el caballero empezó a cantar, ella se escabulló del patio. A medida que se alejaba podía escuchar el coro que formaban las ebrias voces del resto de la Compañía mientras cantaban La Mujer del Dorniense.
Tras haber perdido por completo de vista a todos los habitantes del castillo, Lyanna bajó unas escaleras de piedra; las antorchas apostadas a cada lado proyectaban su sombra en las paredes. A lo lejos una gotera resonaba contra el gris suelo y la risa de Myranda producía ecos. La princesa loba tuvo cuidado de no hacer ruido y cuando estuvo en la entrada de los mazmorras vio a su doncella sentada en el suelo con las piernas cruzadas y los dedos sobre sus labios mientras continuaba riendo. De entre los barrotes colgaba una mano que se movía y hacia que Myranda se descostillase peor.
Lyanna era consciente de que todas las celdas habían sido vaciadas hacia poco y que el único prisionero que quedaba era el sirviente del Bastardo.
Apretando los puños, la joven comenzó a caminar hacia el corazón de las mazmorras.
-¡Myranda!-llamó con voz clara; el vacío del lugar reprodujo su llamado y a medida que se extendía sonaba cada vez más grueso. La joven doncella dejó de reír y prontamente se puso de pie.
-Mi lady.-dijo la muchacha bajando la cabeza.
-Creí haber sido clara cuando dije que solamente los hombres de mi guarnición debían de vigilar al prisionero.-
-Soy quien le trae la comida.-se defendió Myranda señalando los platos que se hallaban a sus pies.-Y le ofrezco mi compañía.-sus ojos se volvieron hacia la puerta y sonrió. La princesa loba descubrió que era la misma mirada que ella le daba a Theon o la misma con la que se le había insinuado a Pym y sus compañeros.
»Hediondo está entre las rejas y yo tengo las llaves; ésta es la única forma en que ella puede ofrecerle su compañía«
-No debes encariñarte con él.-continuó Lyanna, avanzando hacia su doncella.-No sabes qué clase de persona puede ser...-
-¡El bastardo hizo todo el trabajo!-se apresuró a decir Myranda con los ojos abiertos de par en par.-Debe perdonarlo, mi lady, él sólo…solo haría lo que cualquiera de nosotros haría por usted.
Lyanna bufó y por un momento creyó haber oído mal.
-Su lealtad pudo haber sido de las mejores, pero no puedo liberarlo sólo porque tú me digas que no tuvo nada que ver.-replicó.-Mis hombres los encontraron junto al ilegítimo hijo de Lord Bolton.-
-Su majestad Robb lo enviará al Muro.-insistió la doncella.-Él es inocente.-
-Mi respuesta sigue siendo no.-el rostro de Myranda no tardó mucho en tornarse rojo.
Ella se puso de pie y con la misma ligereza que un gato comenzó a acercarse hacía su dama. Lyanna no retrocedió, más bien se irguió lo más que pudo y tensó los labios. Myranda únicamente actuaba así cuando un capricho se le era negado.
-Se siente bien fingir que todo esto te importa, ¿verdad?-preguntó con los dientes apretados.-Nunca fuiste la gran cosa, pero ahora tienes al norte a tu entera disposición y te crees capaz de ocupar el lugar de tu Padre.-sus ojos oscuros se movieron sobre el rostro de Lyanna y sus rosados labios se abrieron ligeramente, componiéndose en una socarrona sonrisa.-Pero te falta para llenar sus botas. Mejor regresa a Desembarco del Rey y sigue siendo la puta del Matarreyes.-
Lyanna contuvo la respiración y el do de aquella noche la asaltó en el interior de su cabeza y su cuerpo se pasmó como si recordase lo bruto que había sido ser Jaime y el dolor que había tenido que padecer a la mañana siguiente.
-Los rumores corren rápidos, más cuando son tus propios hombres quienes los esparcen.-en aquellos momentos Lyanna tuvo las incontenibles ganas de agarrarla del cabello, golpearla, gritarle o hacer algo para descargar su frustración, pero únicamente quedó atónita sin saber que responder.
Ella era consciente de que sólo Robb sabía sobre su secreto, ¿sería posible que su amado hermano, su rey, haya sido capaz de tal cosa? Resultaba imposible, ya que él ni siquiera sabía la verdad.
-Sal de aquí.-ordenó cerrando los ojos y señalando las escaleras.- ¡Ahora!-
Con autosuficiencia, Myranda recogió las cosas que había bajado y contoneando sus caderas abandonó las mazmorras.
Con las piernas colgando sobre los brazos de una silla, Lyanna se acurrucó contra el otro brazo mientras acunaba una copa contra su pecho.
La cena había concluido, pero ella no sentía el mismo placer que había sentido cuando las mesas fueron colocadas en el patio. Al regreso, la comida le sabía a cenizas y el vino tenía gusto rancio.
Lyanna se había excusado por segunda vez y había corrido hacia la habitación de sus padres, donde se enterró bajo los edredones de la cama y estalló en llanto. El recuerdo de su humillación seguía persiguiéndola y cada vez la hería más. Y ahora Myranda sabía como presionarla.
Un último trago se deslizó por su garganta y la copa se resbaló por sus dedos. Pym el Bajo aun cantaba bajo la luz de la luna, pero ni siquiera su voz lograba completarla.
Eran noches así en las que Lyanna lloraba hasta quedarse dormida y pensando lo sola que se sentía. Su familia, aquel grupo unido e personas, se había desmoronado y fraccionado a tal punto que ella creía que no era posible. Eddard Stark había partido muy prematuramente del mundo. A corta edad, su hermano portaba una pesada corona y sus hombros se veían presionados bajo una gran responsabilidad. Sus hermanas estaban a la suerte de los Dioses, muy lejos de casa. Tenía a Bran y Rickon, pero ellos eran demasiado pequeños como para entenderla. Y Jon…Jon estaba cerca, pero a la vez muy lejos.
-¿Mi música no la complace?-Pym se sentó junto a ella, tomando una nueva botella y dándole un sorbo directamente del pico.
-No es tu música. Es esto.-Lyanna repicó sus dedos varias veces contra su cabeza.
-¿Hay algo que pueda hacer?-el hombre joven se estiró en su asiento y dejo la lira encima de la mesa.
-Sólo escuchar.-
Lyanna le contó todas las historias divertidas que recordaba de su infancia. Su favorita era aquella donde Robb y Jon habían guiado a sus hermanos menores a las criptas y les habían jurado que había algo allí abajo; todos los menores habían salido espantados cuando Theon, cubierto con una sábana, saltó frente a ellos gritando. Pym había reído a carcajadas y acotó sus historias también, aunque por algo de respeto evito aquellas que una niña de su edad no debía escuchar.
Cuando las antorchas finalmente se apagaron, fue cuando Lyanna se quedó dormida.
Los días siguieron pasando y cada vez faltaba menos para que Lyanna y la Compañía Norteña retomase el camino de nuevo hacia Aguasdulces. El plazo que Robb había impuesto se había extendido a un mes y para el momento de su retorno, ella debía de llevar consigo un minucioso informe sobre las condiciones en que Invernalia se encontraba.
Sentada en el trono de su padre y tras una breve audiencia con algunos criados, Lyanna depositó la pluma con la que escribía y tomó la copa que se hallaba a su derecha. El informe era extenso al igual que la mancha de tinta que tenía en el costado de la mano izquierda; lo malo de ser zurda era que debía esperar un largo intervalo entre oración y oración para darle tiempo a que la tinta se secase sobre el papel.
-La veo muy seria ésta mañana.-anunció el maestre Luwin mientras sus cadenas tintineaban alrededor de su cuello.
-Estoy cansada.-respondió ella, apretándose ligeramente el puente de la nariz.
Durante los últimos siete amaneceres, la hija de Lord Eddard había estado con un humor reacio. Había aplazado al máximo sus entrenamientos y casi nunca salía de la seguridad del castillo y se escudaba detrás de la excusa de tener trabajo que hacer. Constantemente enviaba cartas a Aguasdulces con mensajes secretos en cada frase mientras que también se preocupaba por la salud de su abuelo. La encargada de responder era Catelyn Tully, aunque se hallaba tan reacia como ella; pocas veces fue su tío Edmure quién respondía y hasta él se mostraba un poco más cariñoso.
-Hágame acordar que ésta noche le lleve una poción para el sueño.-continuó el maestre mientras controlaba el estado del informe.
Olvidando todo rastro de modales, Lyanna corrió el tintero y la copa e inclinó la espalda hacía abajo y cruzó los brazos sobre la mesa, apoyando la cabeza contra ellos. No era la falta de sueño lo que le afectaba; era el hecho de saber que una vital parte de su vida en Desembarco del Rey estaba en manos de una arpía como Myranda.
-¿Se es posible mandar a una mujer al Muro?-preguntó con la voz ahogada entre las telas de su ropa.
-Las tonterías las guardamos para los niños pequeños.-repuso el maestre, quién colocó de nuevo la hoja frente a ella.-Hay que mencionar las reservas que provee la casa hacía los granjeros de la zona.-dijo, repiqueteando su dedo contra el informe.-Su hermano debe saber que tenemos comida y abrigo suficiente para el próximo invierno.-
Aun recostada sobre la mesa, Lyanna tomó la pluma y continuó escribiendo.
El silencio del salón se vio interrumpido cuando un criado ingresó. El hombre se disculpó y anunció la llegada de un mensajero de Robb. El maestre le dio el permiso de hacerlo pasar y codeó a la joven que estaba a su lado para que se reincorporase en su asiento.
Al cabo de unos instantes, el criado regresó acompañado por un hombre que Lyanna no reconoció, pero portaba el escudo de los Tully.
-Buenos días, mi señor.-saludó la princesa loba; ella chasqueó los dedos y el criado se apresuró a colocar una silla para el recién llegado. También envió a llamar al Castellano de Invernalia.
-Alteza.-reverenció el hombre, tomando asiento. Apenas se sentó suspiró de cansancio mientras que del interior de su ropa sacaba un paño y con él se secaba el rostro, el cual estaba pálido y sudoroso.-Su Majestad, el Rey Robb, me ha enviado.- jadeaba como si hubiera recorrido kilómetros corriendo y no a lomos de su caballo.
-¿Y cuál es el motivo?-preguntó el maestre al tiempo que ser Rodrik ingresaba al salón.
-Los Lannister, maestre.-respondió.-Los Lannister son los que me han traído aquí…bueno, no precisamente ellos, pero están relacionados.-
-¿Qué han hecho?-
-¡Qué no han hecho, princesa!-exclamó horrorizado.-Han quemado y saqueado las aldeas de las Tierras de los Ríos. Muchas gracias.-el emisario bebió de un sorbo el vino que el maestre le había servido.-El rey ha dejado órdenes claras de venir aquí en caso de las cosas se compliquen.-continuó, limpiándose las manchas de vino.
-Pues aquí está.-dijo Lyanna abriendo los brazos.- ¿Qué podemos hacer por usted?-
-Luchar.-dijo el caballero.-He estado al tanto que su hermano le ha cedido un puesto junto a sus hombres para llevar el mando de las huestes que controla su tío, ser Edmure.-al hombre se le lleno una segunda copa y se le ofreció algo para comer.- Lo que estoy a punto de revelar es información que bajo ningún medio debe salir a la luz.-arrimó la silla hacía el trono y miró con desconfianza hacía todos lados.
-Está entre amigos, mi señor, puede hablar con completa libertad.-anunció Ser Rodrik.
-El rey Robb está dejando avanzar al ejercito Lannister apropósito.-soltó el hombre y luego volvió a asesorarse que no hubiese nadie más en el salón.-Qué su majestad se haya asentado en Aguasdulces no ha sido mera casualidad; es todo parte de un plan; el rey Robb era consciente de que Tywin Lannister tenía intenciones de recuperar el control de las tierras del Oeste y para eso es importante que pasen por Forca Roja, así poder llevarlos a una larga persecución por las tierras del Occidente, arrasando todo a su paso y cortándoles el suministro alimenticio.-
-Es un plan ingenioso.-reconoció ser Rodrik.-Pero no estoy seguro de entender por qué está aquí, señor.-
-Es por el plan en sí, mi señor.-respondió el hombre.-Edmure Tully tiene pensado proteger Aguasdulces cueste lo que cueste y para hacerlo quiere movilizar sus tropas y detener de una vez por todas a los Lannister.-sus ojos reflejaban desesperación.-Es por eso que he venido ante usted, su alteza.-el mensajero se puso de pie y clavó la rodilla en el suelo.-Debe hacerse con el ejercito de su tío y evitar que se contradigan los deseos del rey.-
Lyanna se humedeció los labios con la lengua y en aquel momento su garganta parecía reseca. Bebió el resto de su vino y depositó lentamente la copa sobre la mesa.
-Si usted acepta, puede evitar su tío salga de Aguasdulces o alcanzarlo si es que ya lo hizo.-continuó el mensajero, desesperado por tener una respuesta.
-Edmure debe quedarse donde está.-habló el maestro de las armas.-Si el rey le ordenó...-
-Lamento decirle, Ser Rodrik, que por muy rey que sea mi hermano, mi tío no se quedará de brazos cruzados mientras sus tierras son ultrajadas por ladrones.-Lyanna tenía el ceño fruncido y sus dedos repiqueteaban contra los brazos del asiento.
-¿Y que pretende hacer, mi lady?-preguntó el mensajero con el rostro rosado y empapado de sudor.
Ella suspiró e hizo llamar a Pym el Bajo. Cuando el criado regresó por tercera vez a la sala, vino acompañado por el joven caballero.-Haz que ensillen mi caballo.-ordenó mientras Pym hacía un breve ademan.-Partimos para Aguasdulces.-
Tras el a anuncio, Rickon estaba enfadado e iba por todos lados mostrando su descontento. Tansy había tratado de animarlo al darle bollos de arándanos, pero el niño los había rechazado.
En el patio el ruido de las armaduras rechinaban cada dos por tres; los caballos relinchaban mientras los pajes le llenaban las alforjas y cargaban escudos y espadas. Bran observaba todos los preparativos desde la ventana de la herrería. Había solicitado salir del castillo para poder ser un espectador de cómo la Compañía se enlistaba.
-¿Por cuánto tiempo será ésta vez?-preguntó Bran, cuando la estridente voz de Rickon rompía el rítmico traqueteo de las armaduras; dos hombres norteños iban detrás de él tratando de recuperar un yelmo.
-Aún no lo sé.-respondió Lyanna mientras el herrero le sacaba filo a su espada y su ayudante se encargaba de controlar el estado del escudo.-Debo ver como encuentro las cosas allí y con suerte estaré fuera dos semanas.-
Bran suspiró mientras retorcía un ramillete de paja entre sus dedos.
-Oye, volveré sí.-su hermana se arrodilló frente a él, sujetándolo suavemente por el mentón y sonriéndole.- Siempre lo hago y tal vez ésta vez tenga suerte y logre convencer a madre de que regrese.-
-O podrías intentar traer a todos de vuelta.-farfulló el niño.-Padre, Robb, Sansa, Ayra, incluso Jon.-Lyanna sintió un nudo en el estómago y acuclillándose junto a su hermano, pasó sus brazos alrededor de los hombros del niño, abrazándolo.
-Haré mi mejor esfuerzo, mi príncipe.-
Cuando la compañía estuvo lista, Lyanna se tomó unos últimos instantes. Había hecho llamar a Osha, la sirvienta salvaje que Robb y Theon habían encontrado en el bosque, para una breve audiencia.
-¿Qué tan bien conoces el castillo?-preguntó mientras la salvaje colocaba la pesada capa de marta sobre sus hombros.
-Lo bastante bien como para nombrar los pasajes secretos.-respondió Osha.
-Esperaba escuchar eso.-el broche con forma de huargo se cerró a la altura de su garganta. -¿Qué tan dispuesta estarías a usarlos?-preguntó nuevamente. La salvaje la miró con recelo.-Es algo sencillo de responder. No pienso juzgarte por lo que digas.-
-¿La princesa está preocupada por si llego a huir?-cuestiono Osha.
-Al contrario.-la muchacha tomó sus guantes de piel y se los colocó.-Quiero asegurarme de que si llega a pasar algo durante el tiempo que estoy ausente seas tú quien pueda guiar a mi gente fuera del castillo.-
La salvaje rió entre dientes aun con la mirada llena de recelo.
-El niño Rana los caló a todos, ¿verdad? Todos están asustados aunque no lo quieran admitir.-
-No importa las profecías de Jojen.-repuso Lyanna atándose el cabello con un listón gris.-Estamos en tiempos difíciles y los enemigos salen desde abajo de las piedras y no por un sueño. Solo quiero asegurarme de tener un respaldo hasta que acabe con lo que mi hermano está solicitando de mí.-
Los ojos de Osha adoptaron un brillo nuevo y lentamente asintió.
-Que sus dioses la protejan.-
Lyanna le sonrió y procedió a salir de su habitación.
Tras haber dado una última ronda de órdenes, la Compañía Norteña se puso en marcha.
