Disclaimer: Fullmetal Alchemist no me pertenece. Y ésta es una traducción del fic original escrito en inglés por la talentosa silkendreammaid.
Agradezco a Lady Seika Lerki por ayudarme revisando mi traducción.
Silken contestó a sus reviews… busquen el suyo al final del capítulo.
xXx
Thank you to everyone for the kind words and lovely reviews... So pleased that you enjoy what I have written and that you like Mary's treatment of it... Thank you to everyone for the Christmas and New Year wishes and i hope yours were all equally enjoyable...
Please enjoy the next chapter...
silken :)
Gracias a todos por las amables palabras y los adorables comentarios… Estoy tan contenta de que disfruten lo que he escrito y que les guste el trato que Mary le está dando… Gracias a todos por los deseos de Navidad y Año Nuevo y espero que el de ustedes sea igual de agradable.,,,
Por favor disfruten del siguiente capítulo…
silken :)
Nota inicial de la Traductora:
Cumplo con lo que dije en mi nota del capítulo anterior. Dedico la traducción de este capítulo a la adorable Maki Nirnaeth, quien fue tan acertada en proponer pétalo de acero como traducción de Fullpetal. Como le comenté a Silken cuando le remití sus reviews, las palabras sencillas a veces son las más difíciles de encontrar. Querida Maki, espero que te guste tu capítulo. Mua!
Returning Echoes
(Ecos que Regresan)
Capítulo 10: Apariciones y Evaluaciones
Edward miró por encima de su toalla y observó mientras ellas entraban. Cargaban neceseres y tenían toallas sobre sus hombros. Un par llevaba uniformes en colgadores y la mayoría estaba bostezando. Ellas se detuvieron y miraron fijamente a Edward.
Edward se quedó allí, insegura de qué hacer. Ellas sólo estaban paradas allí mirándola. Ed no estaba familiarizada con esto. En el baño de los hombres ella simplemente los hubiera ignorado, pero en primer lugar ellos no hubieran estado mirando así.
"¿Nueva recluta?" Preguntó una de ellas. Ojos cafés miraron a Edward de arriba a abajo, deteniéndose brevemente en su brazo.
"No." Contestó Ed. Ella había sido contemplada desde que tenía doce años pero este examen era desconcertante. Había en él un elemento de juicio y Ed se sintió ofendida. Por primera vez se sintió contenta de tener expuesto el automail. Esperaba que eso las hiciera pensar dos veces.
"'No Señora' creo yo es la manera correcta de dirigirse a un oficial superior." Los ojos cafés se fruncieron levemente. "Y si no eres una recluta entonces no deberías de estar aquí."
La voz era clara con un acento de prueba en ella. Ed la reconoció inmediatamente. Ella había lidiado con otras como ésta. Ser un Alquimista Estatal menor de edad y tener el rango de Mayor había causado suficientes preguntas e incredulidad como para que le duren dos vidas enteras. Ed había pasado por demasiadas cosas para apaciguar a algunos aspirantes a mezquinos y el tiempo transcurrido con Mustang le había otorgado un gran número de formas de contrarrestar. Caminó de manera despreocupada por los lavamanos, colocó su bolso en el suelo y se sacó la toalla de la cabeza. Edward encontró el cepillo de pelo y se volteó de cara a la mujer de ojos cafés.
"¿Y cuál es su rango?" Preguntó con cortesía e ignorando olímpicamente el cuestionamiento implícito referente a su presencia allí.
"Soy la Teniente Primero Rann. ¿Y usted es?" La mujer de ojos cafés se cruzó de brazos y permaneció allí. La falta de cualquier vestigio de cautela o miedo en la rubia le era ligeramente desconcertante a Rann. La gente generalmente reaccionaba con ella en una de dos maneras. O se volvía convenientemente reprimida o hacían su propio intento de supremacía. Ésta de aquí se encontraba simplemente allí parada, completamente indiferente y cepillándose el cabello dorado más largo que jamás había visto.
"Elric." Dijo Ed mientras deslizaba el cepillo a través de su cabello.
"¿Ningún rango, Elric?"
"¿Rango? ¿Para qué? Yo solía ser Mayor si crees que eso es importante." Ed sonrió con ligera burla; sus ojos estaban divertidos y se amarró el cabello en una alta cola de caballo.
"¿Solía ser? ¿La degradaron?" La Teniente dio un paso hacia adelante. La rubia estaba siendo deliberadamente cerrada, pensó. Ese destello divertido en esos ojos de color extraño la hicieron pensar que esta mujer Elric estaba jugando con ella.
"No, en vez de ello van a hacerme Teniente Coronel." Ed observó que el rostro de la mujer se puso pálido y suspiró en silencio. Detestaba estos jueguitos de poder y nunca había podido encontrar justificación alguna para ellos. Pero eso tampoco significaba que ella iba a perder uno.
"El Mayor Elric es hombre, ¿no es cierto?" Dijo una de las otras con voz confundida. Ojos azules miraron desconcertados a Edward. "Creí que él era un alquimista."
"Estás pensando en mi hermano." Replicó Ed mientras sacaba su cepillo de dientes e hizo correr agua sobre las cerdas.
"Creo que mientes, Elric." Dijo lentamente la Teniente Primero Rann. Había algo extraño en esta calmada rubia. "¿Cómo perdiste tu brazo?"
"Durante la rebelión."
"¡Tú no eres tan mayor! Estás mintiendo, lo sabía. ¿Quién eres?" Dijo Rann triunfante. Se sintió un poco indecisa cuando la rubia suspiró, dejó su cepillo de dientes y se dio vuelta para mirarla con una expresión seria en esos extraños ojos dorados. La mirada en aquellos ojos la hicieron dar un paso atrás. Había más experiencia y dolor de recuerdos en esos ojos de lo que ella jamás había visto.
"Tenía once años cuando perdí mi brazo, Teniente Primero. Fui Mayor por cuatro años y luego estuve fuera. Ahora estoy de regreso y mi rango será el de Teniente Coronel. Sugiero que se ponga término a este jueguito." Dijo Edward tajante. Ella no pensaba que éstas necesitaban saber más de lo dicho y no iba a justificarse ante ninguna de ellas, especialmente ante esta Teniente Rann.
Acaso así era como se comportaban las mujeres, se preguntó. Las otras habían estado observando calladas y con mesura. ¿Era eso una mentalidad de manada? ¿O era la forma cómo ella lidiaba con Rann la que sería la referencia que ellas usarían cuando le hablaran a ella? El rango y la posición nunca habían sido una preocupación para Ed. En muy raras ocasiones había necesitado utilizar el rango militar. Con sólo ser Acero bastaba. Ella recordaba algunos hombres que se habían orientado por el rango y estatus, no se había dado cuenta que las mujeres a su vez podían serlo. Y aún siendo así, esto no parecía ser estatus de una naturaleza oficial, esto era más personal. Ed ocultó un ceño de confusión. Por qué todas las mujeres no podían ser como Hawkeye, entonces sabría exactamente en qué terreno se encontraba.
La puerta se abrió de improviso, al tiempo que una mujer de cabellos castaños entró hecha una bala. Se tropezó con los cordones desamarrados de sus zapatos y se hubiera caído si Edward no la hubiese sujetado con su brazo derecho.
"¡Automail! Wow, no he visto eso en años." Exclamó la joven. "Tengo una amiga que hace los mejores…" Grandes ojos se levantaron y miraron directo hacia unos muy abiertos ojos dorados.
"¿Ed?"
"¿Schieska?"
"¡Dios mío! ¿Edward? ¿En verdad eres tú?" Schieska se sujetó con fuerza al automail y la miró más de cerca. "¡Eres tú! Reconocería esos ojos donde sea."
Ed rió ante su exhuberancia. "Schieska, ¡qué bueno verte! ¿Qué estás haciendo todavía con los militares? Pensé que regresarías a las bibliotecas."
"Simplemente no pude. Cambiaron demasiadas cosas y tú te desapareciste y Al, oh pobre Al, él se encontraba tan perdido…" De pronto Schieska se detuvo. "Espera. Edward ¿qué estás haciendo aquí?"
"Regresé, Schieska. Al me ayudó a volver." Ed sonrió.
"No, no, quiero decir ¿qué estás haciendo aquí dentro?
"Estaba tomando una ducha, Schieska. Al estaba dejando la de nuestro dormitorio hecha un asco." Ed observó que los ojos de Schieska se abrían aún más. Las diferentes reacciones por su retorno eran algo que estaba descubriendo debían ser saboreadas. Ver a las personas que había extrañado y observarlas aceptar que hubiera regresado y así de cambiada le daba un sabor único.
"Edward. Éste es un baño de mujeres."
"Schieska, mira." Ed le sonrió y abrió sus brazos. "Ves, todo es femenino ahora."
"Oh Ed, lo lamento. ¿Qué sucedió?" Schieska no pudo dejar de mirar fijamente.
"Fue sólo un accidente." Se encogió de hombros y sonrió. "Honestamente, está bien, en serio."
"¿Edward Elric?" Preguntó de pronto la mujer de ojos azules que había hablado hacía un rato. Tanto Ed como Schieska asintieron en respuesta.
"¿El Alquimista de Acero?" Preguntó la Teniente Rann con tonos de shock.
"Sí." Respondió Ed bruscamente.
"Edward, ¿regresaste para quedarte?" Preguntó Schieska esperanzada.
"Sí, Schieska." Hizo una pausa. "Lo que me recuerda, mejor regreso y me pongo a estudiar."
"¿Vas a volver a dar el examen?"
"Por supuesto."
"Es tan bueno verte de vuelta Edward. Todos te hemos extrañado tanto." Schieska abrazó a Edward. "Tendremos que almorzar después de que pases el examen."
"Claro, eso suena bien." Ed se preguntó si eso de 'almorzar' era una cosa de chicas. Ella ahora tenía dos invitaciones para almorzar luego del examen.
"¿Cómo puedes ser el Alquimista de Acero? Tú eres una mujer." Dijo incrédula la Teniente Rann.
"Sí, y antes solía ser hombre." Replicó casualmente Edward.
"El Alquimista de Acero está muerto. Hay una estatua de él." Declaró la mujer de ojos azules en una cuidadosa forma calmada con un poco de aspecto salvaje en sus ojos.
"Había una estatua." Dijo Edward. "Y es bastante obvio que no me he muerto." ¿Acaso esto iba a suceder cada vez que se topara con extraños? No era un problema con aquéllos a quienes había conocido antes, ellos podían entender. ¿Acaso siempre iba a existir este escepticismo e incredulidad con aquellos que sólo habían escuchado las historias? Edward recordó las palabras de Al en el tren y su propia respuesta de que a nadie le importaría. Obviamente cuatro años no era tiempo suficiente para que se extingan algunas infamias.
"Oí sobre eso." Dijo una de las otras con una sonrisa en su voz. "Hubo una pelea entre el General de Hielo y una rubia insolente…" su voz se apagó.
"Sí, ésa debí de ser yo, y eso apenas si se asemejó a una pelea. Más me pareció una discusión caldeada." Dijo Edward mientras empezaba a empacar el neceser.
Schieska estaba observando y viendo la madurez que ahora tenía Edward. La paciencia que él… ella estaba mostrando era bastante notable cuando recordaba la demandante actitud enérgica de cuatro años atrás. Los ojos y el cabello que Schieska recordaba tan bien eran más brillantes y más vivos. La delgada figura en esa camiseta negra y jeans era imposible de negar. Ella lo… la había abrazado. Ella realmente estaba de vuelta y Schieska no podía estar más feliz. Schieska se mordió el labio cuando pensó en alguien más que también estaría feliz de ver a Ed de nuevo.
"¿Edward?" Schieska dijo dudosa.
"¿Qué?" Respondió ella distraídamente mientras recogía su toalla.
"¿Vendrás conmigo la próxima vez que visite a la Sra. Hughes?"
Edward dejó de moverse y sus ojos se abrieron grandemente. Miró a Schieska en shock.
"Sé que a ella le gustaría verte de nuevo y Elysia definitivamente también."
"Schieska…" Edward no pudo decir más. De todas las pérdidas de las que había tenido conocimiento, la muerte de Maes Hughes la había golpeado muy hondo. Ella sabía que era su culpa que él hubiera muerto. Si no le hubiera contado sobre lo que había pasado en el Laboratorio 5, él todavía estaría vivo. Nunca se hubiese ido a buscar a esos malditos monstruos desalmados que lo habían asesinado. ¿Cómo podría enfrentarse a Gracia, esa gentil mujer quien, junto con su hija, había sido el todo en la vida de Maes?
"Por favor Edward." Schieska sabía que Ed y Al habían sido cercanos a Maes Hughes. Gracia a menudo los había mencionado y de hecho Al había ido de visita algunas veces pero él siempre parecía incómodo y como si no se sintiera a gusto.
Ed miró a Schieska y pudo ver lágrimas en sus ojos. Suspiró en silencio. Se lo debía a Hughes, se lo debía a ella misma.
"Está bien, Schieska. Pero después del examen. Yo no podría… no podría hacerlo antes." Ed habló despacio.
Schieska sonrió. "Lo entiendo." Y así era, ella podía verlo en los ojos de Ed pero no se hubiera sentido bien si no hubiese preguntado. Schieska se había vuelto muy cercana a Gracia durante los últimos años y aunque Gracia se reía como si no le importara, ella todavía se sentía en parte culpable por la muerte de Hughes. Edward, ella podía sentir lo mismo y ver a Gracia podría ayudarlo…la igual que había ocurrido con ella. "Todavía estoy en la división de Investigaciones así que puedes enviarme un mensaje allá."
"Lo haré, y siempre puedes encontrarme a través de la oficina de Mustang. Hawkeye verá cómo ubicarme." Ed sonrió ampliamente y levantó su neceser. "Pero ahora me tengo que marchar. El estudio llama"
"Vas a aprobar, Ed. Tú recuerdas cosas tan bien como yo."
"Schieska, nadie recuerda cosas de la forma como tú lo haces." Ed sonrió.
Las otras estaban muy calladas, observando y escuchando y Ed supo que en el momento en que ella saliera Schieska iba a ser bombardeada con preguntas. Dio una ojeada rápida a los observadores y levantó una ceja en silenciosa pregunta a Schieska, pero ésta hizo un ademán con la mano de no importarle y volvió a abrazar a Edward.
"Yo también soy una Teniente Primero," susurró al oído de Ed y rió levemente cuando una mano de automail le dio un golpecito en las costillas en señal de entendimiento.
Las mujeres eran definitivamente unas extrañas criaturas, pensó mientras caminaba de regreso a su dormitorio. Algunas cosas eran tan similares y otras tan diferentes. Ellas parecían cambiar de una emoción a otra tan fácilmente y eran más abiertas de lo que había esperado. Cuando tuviera ese almuerzo con Hawkeye iba a hacer montones de preguntas. Tal vez debería empezar a escribirlas, pensó.
Sonrió, había sido bueno volver a ver a Schieska. Era la misma que recordaba. Ese almuerzo iba a ser divertido. Sus manos apretaron el neceser. Pero ver a la Sra. Hughes, eso iba a ser difícil. Y a Elysia. Tantas imágenes y recuerdos. Todas esas odiosas fotos de las que Hughes había alardeado y todas las veces que había pasado por ahí para ofrecerle su silencioso apoyo. Ed deseó de pronto que Hughes estuviera aquí, que estuviera aquí con su cámara y haciendo de la vida de Ed un verdadero infierno por ser mujer. Demonios, Hughes estaría tratando de meter a Ed en un vestido sólo para poder obtener una foto. Y luego la usaría para fotografiar la reacción de todos los demás. Ed detuvo sus pasos y tuvo que respirar hondo. Sus ojos le estaban ardiendo. Parpadeó fuerte unas cuantas veces.
Pero primero, tenía que aprobar el examen en el transcurso de cinco días. Los últimos tres días había intentado leer y revisar pero los cólicos habían sido una mayor distracción de lo que había esperado. El trastorno emocional había sido más fácil de lidiar pero sabía que tenía una considerable cantidad de tiempo perdido que recuperar. No iba a darle a Mustang ninguna chance para regocijarse con ello.
Edward leyó todo lo que pudo caer en sus manos. Las notas de Al arribaron y fueron devoradas. Al llevó copiosas notas de la biblioteca y Ed las recorrió todas. Dibujó círculo tras círculo, paseó por la habitación recitando lista tras lista de compuestos y fórmulas.
Al se aseguró que comiera al menos una vez al día y luego de tres días la encerró en el baño y se rehusó a quitar el cerrojo hasta que ella no se duchara. Sus tentativas dieciséis horas al día se convirtieron en veinte y Al la encontraba durmiendo sobre los libros. Le colocaba una manta sobre ella y la dejaba dormir hasta que se despertara y lo maldijera por no despertarla más temprano. Ed se estaba metiendo cuatro años de alquimia en menos de una semana. Al se habría preocupado más pero sabía lo concentrada que se ponía Ed cuando tenía algo que estudiar y estaba más que agradecido de que sólo fuera por una semana.
Al llamó a la oficina un par de veces principalmente para tener alguien con quien hablar. Sus descripciones de una obsesivamente estudiosa Ed trajeron sonrisas a toda la oficina. Ellos estaban muy familiarizados con la resolución de Edward. Una pequeña rueda de apuestas se inició mientras debatían si Ed batiría su puntaje original y por cuánto, así como cuánta destrucción iba a causar durante el examen práctico. Nadie, ni siquiera Mustang, sugirió una apuesta sobre si aprobaría o no. Todos sabían que ella lo lograría.
La noche anterior al examen Edward se encontraba tirada sobre el sofá sin ningún libro en la mano. Al estaba confortablemente acomodado en el sillón y había un tranquilo silencio entre ambos.
"¿Estás lista para mañana, Hermana?"
"Tan lista como nunca antes lo voy a estar, Hermano." Ed suspiró. "No puedo pensar en nada más que pueda hacer."
"¿Y qué con la práctica?"
"Lo haré como la vez anterior y veré lo que se me presenta ese día. No puedo presentar resultados de investigaciones porque no he hecho ninguna. No sé si tendrán los mismos materiales que tuvieron la vez pasada pero con toda seguridad algo me saldrá."
"Eso suena muy al azar, Hermana."
"Lo sé, pero es que así soy yo Al. No creo que pueda cambiar eso a estas alturas de mi vida y a último momento." Ed le sonrió ampliamente a su hermano y éste le arrugó la nariz.
"Y qué momento." Rió Al. "Tú nunca vas a tener un último momento, Hermana."
"Sólo ponte a pensar, tres días más y ambos podremos ir a la biblioteca. No tienes idea cuánto ansío regresar allá."
Al rió. "Los bibliotecarios probablemente te recordarán de antes. Tal vez debería de ponerles sobre aviso."
Ed ondeó un perezoso puño en dirección a él.
"Vamos, me prometiste que te ibas a acostar temprano Hermana."
"Negrero." Refunfuñó Ed mientras se levantaba del sofá, pero sabía que Al tenía razón. El examen escrito siempre era largo y no quería estar demasiado cansada o con falta de sueño cuando se sentara a darlo.
En el dormitorio, el pijama de seda roja llamó su atención. Todavía no había entendido las razones de Hawkeye. Pero había cobrado vida propia. Cada noche ella lo veía cuando se iba a dormir, cada mañana estaba ahí cuando se despertaba y en tres días iba a ponérselo. Usarlo iba a significar que había aprobado el examen. Se había convertido en un símbolo, un premio, por el éxito. Ed se acurrucó bajo las frazadas. Sí, tres días y todo habría concluido.
Al sacudió a Ed para despertarla y la empujó dentro del baño temprano de la mañana siguiente. Cuando Ed volvió a aparecer vestida con jeans y camiseta negra, Al frunció el ceño.
"¿Por qué usas eso? ¿No crees que tienes que vestirte un poco más presentable?"
Ed parpadeó. "Al, es sólo un examen. Voy a estar sentado ahí por lo menos durante tres horas. Yo intento estar confortable." Ondeó una mano hacia la silla donde colgaba su abrigo azul sobre el espaldar. "Además tengo mi abrigo para ponérmelo sobre esto."
"Pero Her…"
"Al, no te preocupes. Voy a estar bien, ya verás."
Más tarde cuando se encontraban parados fuera del salón de exámenes, Al dirigió deliberadamente la atención de Ed hacia todos los otros postulantes que estaban vestidos con sus mejores ropas casuales. Ed rodó sus ojos. Ella realmente no veía nada malo en su atuendo y pensó que Al se estaba dejando llevar por sus nervios.
"Ellos simplemente se van a sentir incómodos más tarde, Al." Ella lo miró y le sonrió, colocó su mano humana sobre su hombro. "Escúchame Hermano. Yo soy la que voy a dar el examen, no tú. Así que relájate un poquito y deja de preocuparte. Voy a aprobar esto y lo haré de la manera en la que siempre he hecho las cosas." Hizo una pausa y dijo con voz solemne. "Sin remordimientos, sin miedo y con ropa cómoda." Ojos dorados y grises se encontraron e idénticas sonrisas cruzaron sus rostros.
"Hermano."
"Hermana."
Luego Ed le dio un suave coscorrón al hombro de Al.
"Espérame." Le dijo mientras volteaba y entraba a la gran sala.
"Siempre." Respondió Al suavemente.
La sala era justo como Ed la recordaba. Sillas en hilera llenaban tres cuartos de la habitación con un estrado elevado para los jueces. Parecía haber muchos postulantes, más que la última vez y Ed se deslizó sobre un asiento cercano a un pasillo lateral. Miró alrededor. Ella era la única mujer y notó varias miradas furtivas dirigidas hacia ella. Algunos de los hombres tenían miradas condescendientes como cuestionando su impertinencia al pensar que podía dar el examen. Eso fortaleció su resolución. Aunque no fuera nada más que eso, ella iba a borrarles esas sonrisas de sus rostros.
Una de las puertas de abajo se abrió y los jueces y veedores entraron. Ella vio al Fuhrer en medio de la línea y a su vez vio a Mustang en un costado. Bueno esto era igual que la vez anterior. En ese entonces no lo había notado a él. La última vez sólo habían sido una línea de uniformes azules. Ella captó brevemente la mirada de Mustang y le sonrió, y vio su rápida sonrisa socarrona en respuesta. Oh sí, ése iba a ser otro rostro al que le iba a borrar la sonrisa.
No oyó el discurso de apertura. Ella sabía que sería sobre el deber y lo afortunados que eran todos por haber llegado hasta aquí y recibir esta oportunidad y todas las nociones sin sentido de honor y de patria. Se recostó en su asiento, cerró los ojos y empezó a respirar profundo lentamente. Había dado varios exámenes en el otro lado y había descubierto que relajarse de esa forma había sido beneficioso para aclarar su mente de la mayor parte de los nervios que jamás admitiría tener. El crujido del papel al ser deslizado por las mesas la hizo abrir los ojos de nuevo. Había mucho más páginas de lo que recordaba de la última vez. Treinta, cuarenta páginas, parecía un maldito manifiesto, pensó. Y un cuadernillo extra para escribir. Ed cerró los ojos brevemente y encuadró su mandíbula. Ella iba a hacer esto y lo iba a hacer bien, maldita sea.
"Empiecen."
Ed volteó los papeles y empezó. Pregunta tras pregunta. Página tras página. Algunas las recordaba de la última vez, la mayoría eran nuevas. Dibujó los círculos, escribió los párrafos, marcó las opciones múltiples. No estaba consciente de nada más que del papel. El tiempo avanzaba y aún así ella escribía más y más.
Ambos, el Fuhrer Sterben y el General de Brigada Mustang observaban la cabeza dorada de Edward Elric. Era difícil no verla, especialmente cuando como a mediados del examen, un rayo de sol iluminó esa sección entera por veinte minutos. El Fuhrer había oído de la habilidad de Edward para concentrarse y estaba fascinado de verla en acción. Otros candidatos tosían y se movían inquietos e incluso miraban fijamente buscando sus respuestas. Pero la cabeza de Edward jamás se levantaba. Después de transcurridas tres cuartas partes del examen, Ed se movió. Se quitó el abrigo, un brazo a la vez entre oraciones. Sus ojos estaban todavía fijos en los papeles y el color plata destelló de su brazo al tiempo que mantenía quietas a las páginas.
Eso distrajo a varios postulantes que se encontraban más cercanos a ella, pero ella continuó escribiendo. Mustang sonrió socarronamente. Recordaba cuando Edward había rendido este examen por primera vez. Una pequeña figura de oro y rojo que pareció diminuto debido al tamaño del salón y la armadura a su costado. Ahora veía la misma cabeza dorada, esta vez femenina y sobre una camiseta negra, y se encontró a sí mismo consciente de un sentimiento de orgullo. Ocho años atrás, él había corrido un gran riesgo e hizo posible que Edward se sentase a dar el examen. Esta vez eran la fuerza y resolución de ella las que la trajeron aquí. La última vez habían alabado su habilidad de descubrir un talento tan singular como había sido Edward Elric. Esta vez sería únicamente la habilidad de ella en demostrar ese talento lo que le otorgaría el éxito. Y él estaba orgulloso de ella. Sonrió lentamente. Sí, era muy apropiado para ella el que devuelvan el título que él tenía. Ella era Acero. Ella debería siempre ser Acero.
"Quedan diez minutos."
Edward todavía se encontraba escribiendo. A diferencia de la vez anterior, iba a terminar cada una de las preguntas de estas páginas. Podía sentir algunas gotas de sudor deslizándose por el costado de su rostro pero, como ocurrió con el calambre en sus dedos, lo estaba ignorando. Última página, y ella escribió frenéticamente. La última vez había tenido dificultad por tener que escribir con la mano izquierda luego de apenas un año de haber aprendido cómo. Esta vez había sido zurda por ocho años y su legibilidad había mejorado, así como su fluidez. El conocimiento combinado con la experiencia se volcó en las páginas y todavía continuaba escribiendo.
Última pregunta, y ella apenas si escuchó el aviso de cinco minutos. Más palabras y oraciones se formaban en su apuro controlado, y luego acabó y ella se detuvo, bolígrafo en mano suspendido sobre el papel. Dónde estaba la siguiente pregunta, se preguntó. Parpadeó cuando se dio cuenta de que había terminado. No habían más preguntas.
"Tiempo."
El bolígrafo cayó de sus dedos y volvió a parpadear. Tomó un lento aliento y luego enderezó su espalda antes de estirar sus brazos frente a ella. Dedos enguantados se movieron y se apretaron mientras su espalda se arqueaba aún más. Unió sus dedos y se estiró hasta que los nudillos crujieron. Levantó la mirada y vio a Mustang parado sobre el estrado supervisando el recojo de papeles. La mayoría de los oficiales observadores se habían ido. Rodó su cabeza sobre sus hombros y se puso de pie.
Ignoró las miradas de los otros candidatos mientras recogía su abrigo y se lo volvía a poner. No sabía si la estaban mirando por su brazo o porque era mujer y realmente no le importaba. Había completado el examen y eso era todo lo que importaba. Le dio su examen al cabo cuando se éste acercó. Se estiró una última vez y empezó a subir por el pasillo.
"Las mujeres no se pueden convertir en alquimistas. Sólo están perdiendo su valioso tiempo." Habló una fuerte voz desde una de las filas mientras ella subía las gradas. Un silencio cayó sobre la sala. En el estrado, Mustang levantó la mirada y frunció levemente el ceño. Varios de los inspectores restantes también observaron.
Ed miró y vio a un bajo y fornido hombre de cabello oscuro unos pasos más arriba, con una mueca de desprecio en su rostro. Ed estuvo bastante agradecida en ese momento por la montaña rusa emocional que su periodo le había dado. Eso le permitió controlar la reacción inicial de estamparle un puño en su rostro. Varias otras posibilidades se le vinieron a la mente y todas ellas hubieran iniciado una pelea. Ella no necesitaba darse la vuelta para saber que Mustang estaba observando desde abajo y sabía que cualquier pelea aquí acarrearía serias consecuencias.
"Esto es demasiado difícil para que una mujer lo pueda soportar. Ve a casa niña, y deja esto a los hombres." Él la miró y sonrió condescendientemente. El silencio de ella le había dado mayor coraje. Unos cuantos de los otros postulantes se juntaron a un costado para observar y, a juzgar por sus expresiones, algunos eran de la misma opinión. Pero algunos no, y estaban indecisos si correr en defensa de la rubia o dejar que ella lo maneje.
Ed suspiró, se detuvo y adoptó una pose casual en las gradas, reclinándose contra el alto extremo del asiento en hilera, sus brazos se cruzaron sin estar muy apretados y un tobillo se cruzó sobre el otro. Este tipo estaba tratando de construirse una base de apoyo y pensaba que molestarla sería un camino fácil para captar la atención entre los otros candidatos. Los ojos de ella estaban destellando y una sonrisa burlona era apenas visible en el extremo de sus labios. Ella sabía cómo manejar esto. Había tenido cuatro años de Mustang. Por decir algo, lidiar con esto era más fácil que cuando se había enfrentado a esas mujeres en el baño.
"Explíqueme por qué esto es demasiado difícil para una mujer." Su voz era calmada y enlazada con diversión.
"¡Todos lo saben, muchacha! Necesitas de años de estudio para llegar hasta aquí." Él se sintió ligeramente nervioso ante la relajada postura de ella, que debería de estar asustada y temblando.
"¿Y por cuánto tiempo ha estudiado?" Preguntó ella suavemente, sus ojos reflejando la perdurable diversión. "Tres años, cinco tal vez. ¿Acaso pudo contestar todas las preguntas?" Edward le lanzó la pregunta, tomando la ofensiva.
"Nadie contesta todas las preguntas. Yo he estudiado durante siete años, nena, y eso es más tiempo que el de la mayoría aquí presente." Sus ojos se entrecerraron ligeramente cuando ella se rió ante su respuesta.
"Entonces eso quiere decir que no lo terminó." Ed sonrió ampliamente. "Pero entonces usted dijo que sólo ha estado estudiando por siete años, así que es entendible, supongo."
"¿Por cuánto tiempo has estudiado?" El tipo fornido frunció el ceño. Ahora ella le estaba tomando el pelo y eso no lo iba a permitir.
"Quince años." Ed hizo una pausa para que eso se digiriera y la sonrisa burlona fue más evidente cuando continuó. "Y sí, yo sí completé todas las preguntas. Así que de nuevo pregunto, ¿exactamente cuán difícil es para una mujer tomar este examen?"
"Todavía falta la entrevista y la práctica. ¿Piensas que la milicia va a querer una mujer alquimista dentro? El servicio militar es para los hombres, no para las mujeres ¡y mucho menos para una lisiada niñita rubia!"
La habitación se tornó en silencio absoluto. Mustang salió del estrado y empezó a subir las gradas, sacando sus manos enguantadas de sus bolsillos. No podía ver el rostro de Ed, pero estaba muy al tanto de que su pose casual había desaparecido.
Ella enderezó su espalda y puso ambos pies de lleno en la grada, su cabeza se inclinó hacia un lado y sus ojos brillaron con un centelleo salvaje. La rabia salía a borbotones de ella en una ola palpable y sus manos se cerraban en puños mientras su cuerpo entero se ponía tenso. Cuando Edward habló, hasta Mustang se detuvo. Era claro, preciso, y la furia absoluta manaba de cada palabra.
"Existen muchas mujeres en la milicia. Mujeres con fuerza de carácter, mujeres con fuerza de mente, mujeres que han estado en la guerra y han regresado. Estás insultando a cada una de ellas. Las mujeres militares que conozco son las personas más fuertes y valientes que yo haya conocido." Los ojos de Ed se entrecerraron y el hombre de cabellos oscuros dio un paso atrás. La voz de ella se volvió veneno puro. "Le sugeriría que se abstenga de dar opiniones o que dé unas nuevas porque si usted logra aprobar este examen, lo cual seriamente dudo, no va a sobrevivir por mucho tiempo."
"¡Tú no puedes amenazarme!" Él empezó a vociferar.
"No lo hago. Estoy haciendo una sugerencia." Edward subió las gradas y se plantó justo en frente de él, su voz fue como hielo. "Si lo estuviese amenazando, tendría mi mano en su garganta y hubiese dicho algo como 'muere maldito'". Ed sonrió y él retrocedió ante la frialdad. "Pero no estoy haciendo eso, ¿cierto?" Y continuó subiendo las gradas.
Cuando llegó a final de las gradas, ella se volteó y lo miró. Sus ojos dorados fueron duros mientras miraba fijamente al fornido hombre y éste tuvo que desviar la mirada. La voz de ella fue aparentemente tranquila, pero todos oyeron el malicioso regocijo que había detrás.
"Oh, y para su información. Hace ocho años atrás, un niño de once años dio el examen. Y aunque decidió no proseguir con la entrevista y la práctica, él completó todas las preguntas." Con ese último disparo, ella salió del salón.
"¡Eso es mentira!" Gritó él mientras el gentío murmuraba a su alrededor. "Tiene que serlo."
"No, la joven habló con la verdad." Un General de Brigada estaba parado sobre las gradas justo debajo de ellos. Su cabello era oscuro y tenía un parche sobre un ojo y su voz era tan fría como lo había sido la de la rubia. Una mano enguantada con un círculo de transmutación bordado en el dorso estuvo muy visible mientras se sacudía un poco de polvo de su chaqueta. "Ocho años atrás, un niño pequeño efectivamente contestó todas las preguntas." Su voz se volvió dura y su ojo reposó brevemente sobre cada uno de ellos. "Les sugeriría que ya que no se les requiere aquí, se retiren… ahora."
Los hombres empezaron a moverse por las gradas. El hombre bajo y fornido lucía bastante pálido e incómodo. Ésa no era la clase de atención que había estado esperando.
"Disculpe Señor." Uno de los otros dijo tentativamente, volteándose hacia el hombre tuerto que no se había movido.
"¿Por qué no continuó y completó el examen? Si contestó todas las preguntas…"
"Hubo algunas consideraciones de salud y no era aconsejable para él en ese momento. Aunque cinco años después volvió a rendir el examen y de nuevo contestó todas las preguntas, y continuó hasta convertirse en Alquimista Estatal." El General de Brigada mantuvo su voz fría y retraída, y aunque pudo ver más preguntas en el rostro del hombre, éste se retiró.
Roy Mustang respiró hondo mientras bajaba las gradas de regreso al estrado. El rígido control y la absoluta ferocidad que Edward había demostrado lo había dejado atónito. Nunca había visto a Edward reaccionar en el grado en que acababa de hacerlo. Las palabras calculadas y el malicioso tono que Ed había utilizado. Nunca se había dado cuenta que Edward fuera capaz de tal profundidad. Consideró lo fácil que él podía incitar a Ed hacia sus pequeñas riñas y lo divertidas que éstas eran. Empezó a reformular su estrategia en relación a sus tratos con la rubia. Ya que en ese breve momento Edward había sobrepasado a Hawkeye como la más peligrosa mujer que conocía.
Edward estaba temblando cuando salió de la sala. No podía recordar estar así de molesta con nadie anteriormente. Cómo se atrevió a decir que las mujeres no eran lo suficientemente fuertes para la milicia. Hawkeye era la mujer más fuerte después de su Maestra que había conocido. La Teniente Ross había sido igual de fuerte. Incluso Schieska. E incluso esa tonta de Rann. Eran idiotas intolerantes como él los que la milicia no necesitaba y si ese pendejo lograba llegar a la parte práctica, Edward se iba a asegurar de que no llegara más allá.
Al se encontraba esperando y reconoció los signos inmediatamente. Se paró frente a Ed y colocó sus manos sobre los hombros de ella. Pudo sentir lo tensa que estaba y se quedó parado allí mientras ella temblaba. Sus manos estaban tan apretadas en puños en sus costados y cada respiración era expulsada en un lento ritmo controlado.
"Necesitas golpear algo Hermana, pero no hay nada qué golpear aquí." Al miró a la cabeza gacha. "Sabes que todavía no podemos entrenar lucha." Se preguntó qué había sucedido. El examen nunca habría molestado tanto a Ed, así que algo más había ocurrido. Normalmente Al habría visto al General de Brigada como la causa, pero incluso Mustang jamás habría despertado en Ed este estado de furia.
Varios de los postulantes empezaron a salir de la sala y Ed se enderezó y se sacudió las manos de Al de los hombros cuando escuchó los pasos. Su cabeza se volteó y sus fríos ojos los vio pasar. Al también observó y vio el chispazo cuando un fornido hombre de cabello oscuro los evitó. Ahh, así que lo que haya pasado involucraba a ése. Varios de los otros le echaron miradas furtivas a Edward y notaron a Al a su costado. A Al no le gustaron algunas miradas en algunos de esos ojos.
"¿Ed?" Preguntó Al calmadamente.
"Umm ¿disculpen?" Dijo una voz vacilante detrás de Ed. Ambos se voltearon y se encontraron a uno de los postulantes parado allí, luciendo muy nervioso pero a la vez preocupado. "Sólo quería… asegurarme que… umm… estuvieras bien."
"¿Acaso luzco como que estoy bien?" Gruñó Ed mientras dejaba escapar algo de la presión. Al volvió a agarrarla de los hombros y el extraño dio un paso atrás.
"¡Hermana, ya basta! Dime, ¿qué pasó allí dentro?" Ed empezó a maldecir entre dientes y Al esperó, sabiendo que gradualmente lo haría en voz alta y luego se volvería entendible.
"¿Eres su hermano? Deberías de estar orgulloso de ella." El chico habló por encima de los incoherentes murmullos de Ed.
"¿Por qué?" Preguntó Al.
"Le hizo frente a ese tipo que pensaba que las mujeres eran inferiores y que no debían de ser alquimistas o incluso estar en la milicia."
"Oh dios, Ed ¿qué le hiciste?" Al lucía preocupado y con razón, aunque no había visto heridas visibles en los candidatos cuando habían salido.
"Nada Al. Todo está bien, sabes que no pelearía allí dentro." Replicó Ed mientras luchaba por recuperar algo de autocontrol. "Pero si llega a la práctica, no va a llegar más lejos." Dijo con un tono duro en su voz.
"Desearía tener el valor que tienes." Dijo lentamente el joven. "Yo quería decir algo, pero tenía demasiado miedo."
Ed desechó esa idea con la mano distraídamente. "Está bien. Hay tipos como ése por todas partes. Conoces suficientes de ellos en la milicia como para que pronto sepas cómo manejarlos." Ella continuaba concentrada en mantener controlada su respiración. La presencia del extraño le estaba impidiendo que pierda el control.
"Umm, mi nombre es Ralke. Ralke Gray."
"Gusto conocerte Ralke. Yo soy Al y ésta es mi hermana Ed." Al extendió la mano y Ralke le dio un apretón. Ralke tenía su misma altura y su cabello era de un color marrón rojizo. Sus ojos eran avellana y era más delgado que Al. Ed sólo asintió y volvió a respirar hondo.
"Vamos Hermana, salgamos de aquí." Al la observó detenidamente.
"Okay Al. Siento como si fuera a explotar." La mano derecha de Ed continuaba abriéndose y cerrándose.
"Si no es demasiada imposición, ¿les gustaría tomar un café conmigo? ¿Ustedes dos?" Dijo Ralke apresuradamente.
Ed y Al lo miraron y parpadearon.
"¿Qué?" Al pareció bastante sorprendido. "¿Quieres que tomemos café contigo?"
"Sí. Yo invito." Dijo Ralke con un poco más de convicción en su voz.
"Si quieres, pero no tienes que invitarnos. Podemos pagar nuestra parte." Dijo Al suavemente. El pobre chico parecía tan delgado que probablemente no tenía dinero suficiente para comer muy seguido. Ellos no podían abusar de él de esa forma. Intercambió una rápida mirada con Ed y luego asintió.
"Está bien, conocemos el lugar preciso. Ven Ralke. ¿Has estado antes en Central?" Dijo con entusiasmo.
"No, vengo de un pequeño lugar justo a las afueras de Ciudad Occidental."
"Nunca hemos estado en Ciudad Occidental, ¿verdad Hermana?"
"No, nosotros trabajábamos principalmente en las afueras de Ciudad Oriental." Replicó Ed mientras lideraba el camino bajando los anchos peldaños a la salida del Cuartel General. La luz del sol se sentía cálida en su rostro y ella sonrió por primera vez desde que el examen había terminado. Se detuvo, tomó una profunda bocanada de aire y sintió que algo de la tensión se disolvía. Al la observó y sonrió.
"¿Mejor ahora, Hermana?"
"Un poco. Pero algo para golpear sería de mayor ayuda." Hasta Ralke pudo ver la apariencia más relajada en el rostro de Ed. Él miró su cabello, notando lo dorado que era y no advirtió que Al lo observaba con una pequeña sonrisa. Al miró a Ed; naturalmente su hermana no notaba nada de nada.
Los tres caminaron por el amplio boulevard hacia la pequeña cafetería que Ed y Al habían frecuentado toda vez que habían estado en Central. Varias mesas ordenadas se encontraban fuera y más estaban en el interior. Existía una atmósfera agradable y había música suave de fondo. Colorida mantelería y flores frescas en cada mesa le daban un ambiente relajado.
Ed y Al condujeron a Ralke hacia una mesa fuera y le pasaron un menú.
"Nosotros invitamos." Dijo Ed. "Considéralo como una bienvenida a Central." Edward se había calmado ligeramente pero podía sentir la rabia burbujeando silenciosa dentro de ella y supo que tenía que mantenerse distraída hasta que pudiera golpear algo y dejar la rabia salir. Y Ralke era perfecto como distracción. Alguien nuevo, alguien que sabía de alquimia y alguien que parecía necesitar un poco de ayuda.
"No puedo dejarlos hacer eso." Ralke parecía bastante sobresaltado y sacudió su cabeza en rápida negativa.
"Claro que puedes. No lo hubiera propuesto sino hablara en serio." Ed sonrió.
"Déjala, Ralke. Ed es muy testaruda." Añadió Al.
"¡Já! Tú eres el que vas a pagar Al, recuerda que yo todavía no tengo dinero." Ed sonrió socarronamente.
"¡Hermana!" Protestó Al incluso cuando sus labios se curvaban. Ed se puso bizca y él tuvo que reírse. Ralke los observó con los ojos abiertos como platos. Nunca antes había visto a hermanos tomándose el pelo de esa manera.
"Estás asustando al muchacho, Al." Dijo Ed disimuladamente cuando notó su asombro.
"No soy un muchacho. Tengo veinticuatro." Dijo Ralke a la defensiva.
"Lo siento, pensé que eras menor." Se disculpó Ed. El chico debe de ser un recién llegado, pensó. Su vacilante comportamiento y obvia inexperiencia lo hacía parecer apenas mayor que Al.
"¿Realmente estuviste estudiando alquimia por quince años?" Preguntó él. "No eres muy mayor, ¿verdad?"
"Tengo casi veinte y sí, he estado estudiando desde que tenía cuatro o cinco. Ambos lo hemos hecho."
La mesera se acercó y ellos dieron sus órdenes. Ed y Al sabían exactamente lo que querían y abrumaron a Ralke con sus sugerencias.
"¿Entonces cómo estuvo el examen, Hermana?" Preguntó Al, intentando distraer a su hermana. Tener a Ralke aquí era bueno, pensó, eso detenía a Ed de quedar atada a lo que sea que hubiera ocurrido en la Sala.
"Había muchísimo más que la última vez, Al. ¿Cuándo se volvió tan largo?"
"¿Has dado antes el examen?" Ralke estaba perplejo. Nunca había conocido a alguien que había intentado este examen más de una vez.
"Sí." Ed asintió.
"Creo que se vuelve más grueso cada año, Hermana." Al hizo memoria, y luego asintió. "Sí, hubo más para mí también."
"¿Ambos han dado el examen… dos veces?" La voz de Ralke casi se quebró al haberla levantado tan alto.
"Sí." Dijo Al.
"¿Fue así como conocieron a ese chico? Oh, pero ustedes también habían sido demasiado jóvenes…"
"¿Qué chico?" Preguntó Al.
Ed le sonrió furtivamente a Al y dijo de la forma más casual que pudo. "Ahh, sólo un mocoso de once años que dio el examen y logró completar todas las preguntas hace ocho años atrás." Ella casi rió cuando vio que los ojos de Al se abrían desmesuradamente en reconocimiento.
"Ese soldado tuerto dijo que era verdad." Ralke asintió en afirmación, sin haber visto la reacción de Al. Estaba encontrando que esta rubia era más interesante de lo que había esperado. Él sabía que era relativamente ingenuo para su edad porque había vivido la mayor parte de su vida en una pequeña granja a las afueras de un pequeño pueblo y la pronta aceptación de estos dos había calmado un poco su choque cultural. Como habían supuesto, él acababa de llegar a Central ayer tarde y no había tenido la más mínima idea sobre nada más que el examen de alquimia.
Había estado genuinamente horrorizado durante la escena en la Sala y se arrepentía de no tener el temple para haber dicho algo en ese momento. Había estado muy impresionado con la forma en que la joven había manejado la situación e incluso más a medida que el altercado continuaba, aunque la ferocidad en ella lo había asombrado mucho. Se maravilló que tanto carácter pudiera encontrarse en una joven así de atractiva.
"En realidad es un General de Brigada y él lo sabía. Él estuvo presente ese día, aunque en ese entonces sólo era un Teniente Coronel. Pero se convirtió en Coronel poco tiempo después." Dijo Ed, recordando cómo él había orquestado su admisión y la de Al al examen.
"¿Por qué te pusiste así, Hermana?" Preguntó Al con curiosidad.
"Toda la culpa la tuvo ese cabrón de mierda." Soltó Ed y Ralke parpadeó ante el lenguaje. Le perturbó bastante el que ella maldijera tan abiertamente. No estaba acostumbrado a que las mujeres estuvieran tan familiarizadas con demasiadas malas palabras.
Ed le dio a Al una versión abreviada de lo que había ocurrido, saltándose ciertas partes. Ralke sin embargo, añadió las partes que Ed estaba intentando omitir y luego descubrió por qué ella había excluido deliberadamente esos detalles.
"¿Una lisiada? ¿Niñita? ¿Las mujeres son débiles?" Los ojos de Al se tornaron salvajes, su voz se elevó en cada palabra y sus manos dieron un palmazo sobre la mesa. "Él nunca ha conocido a Hawkeye, o a la Maestra. ¿Cómo pudiste dejarlo decir eso Ed? ¡Él te insultó!" Ed se inclinó hacia adelante y colocó su mano humana sobre el brazo de él y lo apretó con firmeza.
"¿Querías que inicie una pelea ahí dentro? Hasta yo lo sé muy bien, Hermano. Mustang estaba allí, él me hubiera frito si hubiese golpeado al tipo. Ésa es la razón por la que solté eso sobre ti. Para hacerlo darse cuenta de lo patético que realmente es él." Ed hizo una pausa y observó a Al respirando hondo repetidas veces. "La gente me ha llamado de formas peores, Al. Pero no podía dejarlo salirse con la suya con respecto al resto."
"¿Quién es Mustang? ¿Y quieres decir que Al era el niño de ese entonces?" Los ojos de Ralke se pusieron muy abiertos.
"Mustang es el General de Brigada de un solo ojo. Y sí, Al era el de ocho años atrás." Dijo Ed distraídamente, la mayor parte de su atención estaba en Al mientras éste luchaba por su autocontrol. Rara vez Al se ponía tan molesto y Ed puso su mano derecha sobre la de él para dejarlo apretar su automail.
"¿Y él contestó todas las preguntas? Wow." Ralke estaba impresionado. "Es una lástima que su mala salud no lo dejar completar los exámenes. Se dan cuenta que hubiera sido el Alquimista Estatal más joven jamás visto y no ese chico Acero."
Ed y Al se paralizaron. Ed se mordió fuertemente la lengua y Al parpadeó y trató de no mirar a Ed. Pero sus ojos se encontraron y soltaron las carcajadas. Se tiraron en sus sillas y literalmente aullaron de la risa. Ed envolvió sus brazos alrededor suyo mientras trataba de hablar pero Al simplemente se deslizó fuera de su silla y se acurrucó en el piso casi llorando de la risa.
Ed sacudió su cabeza cuando Ralke se puso preocupado, pero ella todavía se encontraba riéndose demasiado como para hablar. Él no sabía qué había causado tal respuesta de los hermanos, pero fuera lo que fuera, era definitivamente algo que los afectaba muchísimo. Jamás había visto a alguien reír de la manera en que lo estaban haciendo ellos. Ed casi se había tornado roja y sus ojos estaban lagrimeando. Él no podía ver nada remotamente divertido en lo que había dicho.
Le tomó a Ed y a Al casi cinco minutos para recuperar su autocontrol y se disculparon efusivamente por su risa. Sus cafés habían arribado y Ed y Al tuvieron que tomar la mayor parte de los suyos antes de sentirse normales de nuevo.
"Eso fue brillante. Me siento mucho mejor ahora." Ed sonrió y se estiró. "Gracias Ralke, realmente necesitaba eso."
"¿Qué fue lo que dije?"
"Bueno, el Alquimista de Acero fue mi hermano. Él dio el examen al mismo tiempo que yo." Dijo Al y observó cuando Ralke lo miró boquiabierto. Ed se inclinó sobre el respaldar y tomó un sorbo de su café.
"¿Tu hermano?" Ralke se encontraba absolutamente estupefacto. "Quiere decir que tú eres Al Elric?"
Al asintió. "Sí. No pude terminar el examen debido a… razones de salud, pero mi hermano sí podía. Así que lo hizo." Al hizo una pausa. "Ninguno de nosotros estuvimos nunca preocupados de quién había sido el Alquimista Estatal más joven."
"Hubieses sido tú, Al. Ambos sabemos eso. Y tú contestaste todas las preguntas, yo no pude terminarlas todas.
"Pero tu brazo todavía era nuevo, Hermana."
"Eso no es realmente una excusa, Al. Tus dedos no eran mucho mejores que los míos." Ed le sonrió a su hermano. "¿Ahora ves por qué no me gustaba esa estatua?"
Ralke miró a uno y al otro. "Aguanten, ¿quiere decir que tú diste el examen junto con tus hermanos? Nunca supe que habían tres de ustedes."
"No hay." Dijo Al. "Siempre ha sido sólo nosotros dos." Ahora Ralke estaba completamente confundido.
"Estás complicando todo esto, Al." Ed le frunció el ceño a su hermano. "Ralke, yo soy Edward Elric, el hermano mayor de Al."
"Hermana." Al se interpuso y Edward le lanzó una mirada asesina.
Ralke se tornó pálido y se dejó caer hacia atrás en su silla. "Estás bromeando, ¿verdad?"
"No." Replicó Ed mientras ambos sacudían sus cabezas.
"Tienes que estar bromeando. No puede ser verdad. ¡Se supone que estás muerto! ¡Tú eres una… una… chica!"
Ed asintió. "Sí, creo que es bastante obvio que soy mujer y que no me he muerto."
"Pero… pero ¿por qué estás dando el examen? Digo, si eres el Alquimista de Acero, no deberías de estar haciendo esto." Ralke estaba perplejo y estaba tratando de entender cómo había hecho para terminar involucrado en todo esto. Su mente estaba saltando por todo el lugar.
"Estuve fuera por cuatro años, Ralke. No hubiese sido justo si simplemente regresaba y era reinsertado sin ningún esfuerzo. Tanta gente pone mucho esfuerzo y energía para llegar aquí. No voy a escupírselos en la cara, por decir algo. Además, es una regla que un Alquimista Estatal tenga que ser revaluado anualmente. Habiendo faltado a los cuatro últimos, ésta es la forma como puedo volver a ser acreditado."
"Pero es que además eres una chica."
"¿Y?" Ed frunció el ceño ligeramente.
"Es que es tan raro. ¿Cómo puede ser mujer el Alquimista de Acero? ¿Por qué no estás muerto?"
Ed rió suavemente. "Estuve muy lejos de aquí y no hubo forma de comunicarme con la gente de aquí, ésa es la razón por la que pensaron que había muerto, Ralke. Y soy mujer por un accidente de alquimia."
"¿Ves? Te dije que a la gente le iba a dar un ataque, Hermana." Dijo Al con una sonrisa.
"Todavía pienso que no es gran cosa como lo quieres hacer parecer, Al." Recriminó Ed.
"Es que sí es gran cosa… Ed." Dijo Ralke y dudó antes de usar el nombre de Ed. "Quiero decir, yo escuché tanto acerca del Alquimista de Acero… de ti… mientras estudiaba. Y también acerca de tu hermano. Es absolutamente increíble que yo esté sentado aquí en este momento y que ustedes estén también aquí. Es algo que nunca, para nada, había soñado."
Ed se sintió muy incómoda. No estaba acostumbrada a este tipo de reacción. Nunca había querido ningún tipo de reconocimiento público. Captó a Al sonriéndole ampliamente, disfrutando enteramente de su predicamento. Él iba a estar bien muerto más tarde y los ojos de ella se entrecerraron mientras trataba de expresar la sentencia de muerte. Al la notó y su sonrisa se amplió mucho más.
El General de Brigada Roy Mustang se reclinó en su silla, ignorando sus papeles de trabajo mientras pensaba nuevamente en la actuación de Edward. Ella había ignorado completamente el insulto hacia ella y había enfocado todo en el insulto de que las mujeres eran débiles y no queridas en la milicia. Mustang se sentía un poco agradecido de que Edward lo hubiera manejado de la forma en que lo hizo. De haber sido él, ese imbécil habría sido reducido a una pila de cenizas.
Edward ciertamente había desarrollado ahora una habilidad para manejarse entre otras personas comparado con lo impredecible que había sido en su juventud. Mustang recordó más de unas cuantas ocasiones cuando él había tenido que suavizar las cosas ante algunos disgustos causados por la falta de consideración de Ed para con los otros, o por su completa falta de modales. Pero hoy había sido capaz de controlar un temperamento que Mustang sabía muy bien que era tan volátil como las llamas que él sometía, y su voz casi había hecho que se le saliera la piel a ese idiota. El viejo Ed probablemente habría demolido el salón en su rabia.
La alusión irónica al final también había sido perfecta. Y funcionó tan bien porque había sido verdad. No muchos sabían que Alphonse Elric en verdad había contestado todas las preguntas en aquella ocasión. Todos vendían a Edward como el niño prodigio y olvidaban que Alphonse era igual de inteligente, si no más que Edward. Cuando había rendido el examen hacía tres años, otra vez había contestado todas las preguntas y conseguido el puntaje más alto de todos los candidatos y había batido su primer resultado.
Sí, Ed se había manejado a ella misma y a la situación bastante bien. Otra razón para él para estar orgulloso de ella, pensó. Cuatro años atrás había reconocido sentir un respeto por todo lo que Edward había alcanzado y había sentido el orgullo que iba con sólo ver crecer al niño desde la niñez a la adolescencia. Ahora estaba sintiendo por ella un respeto similar. Ella había avanzado hacia la adultez, y su madurez y carácter nunca habían brillado más para él como lo habían hecho hoy en esa sala.
Mañana era la entrevista y la práctica al siguiente día. Iba a ser muy interesante ver cómo le iría a Ed durante los próximos dos días. Al ser el Alquimista Estatal de mayor rango, Mustang era requerido para estar en todos los procedimientos de las pruebas de alquimia. Él no pensaba que iban a ser tan emocionantes como lo había sido hoy, pero tenía esperanzas. Especialmente si ese imbécil sigue adelante, pensó. Él no va a pasar la práctica, eso lo puedo asegurar.
Hawkeye entró y lo encontró recostado en su silla con un arqueo malicioso en sus labios. Parecía haber encontrado algo de gran interés en el techo. Ella tosió levemente y el ojo de él se enfocó en ella, al tiempo que movía para mirarla.
"Hawkeye, si alguien te llamara 'nena', ¿qué harías?" Él pareció bastante interesado en su respuesta.
"¿Antes o después de dispararle, Señor?" Dijo Hawkeye blandamente. Mustang sonrió socarronamente ante esto.
"Alguien llamó así a Ed hoy," dijo él reflexivo. Oyó la aguda inhalación de aire de Hawkeye. "De hecho la llamó además una 'lisiada niñita rubia'."
"¿Y el nombre del difunto es…?" Preguntó Hawkeye con voz firme. Mustang había conocido a Hawkeye por largo tiempo y pudo ver la indignación y rabia que estaba disimulando.
"Edward lo dejó vivir… sólo que." Roy sonrió socarronamente ante el recuerdo. "Hubieras estado orgullosa de ella, Riza." Y él sonrió, dejando que se mostrara todo el orgullo que sentía. Hawkeye parpadeó. Éste era el Roy Mustang que había extrañado durante los últimos cuatro años. Ella tenía que averiguar exactamente lo que había hecho Edward para traer esa reacción en él.
"Quizás esto te haga sentir más orgulloso, Roy. Llegaron los resultados," y Hawkeye sonrió mientras le entregaba el fólder con el que había entrado para dárselo.
Esa noche cuando Riza se acurrucó en el sofá cerca a Jean, ella lo besó suavemente mientras se inclinaba contra él.
"¿Por qué fue eso, cielo?" Preguntó Jean, perezosamente contento.
"Tengo una pequeña apuesta para ti. Apuesto a que cuando llegue el momento, Edward se queda con nosotros y no se va a la oficina del Fuhrer.
"¿Cuán seguras serían las probabilidades?" Preguntó Jean con una amplia sonrisa.
"Bastante, cariño. Déjame contarte una pequeña historia de algo que sucedió hoy." Y él pudo oír la satisfacción en la voz de ella.
Ed y Al terminaron teniendo una tardía cena en el salón comedor esa noche. Después de pasar la mayor parte de la tarde con Ralke y de mostrarle algo de Central, se habían separado y ellos se habían enrumbado hacia su dormitorio. Pero éste se sentía callado y demasiado vacío, así que se habían retado a una carrera hacia el comedor.
Ahora se encontraban sentados en una pequeña mesa y forzando al mal llamado puré de papas en figuras geométricas.
"Los ángulos están mal, Hermana. Ése no es para nada un ángulo agudo."
"Es mi pirámide, Al. Además, tu cubo es romboide en ese lado."
"Se supone que así debe ser."
"Entonces mejor dejas de hacer esos ángulos de 90 grados en el otro lado."
"¿Por qué simplemente no admites que tu pirámide va a ser cilíndrica, Hermana?"
"Lo haré cuando tu cubo en verdad luzca como un cubo."
Los tenedores raspaban sus bandejas mientras seguían construyendo.
"¿Estás lista para mañana, Hermana?" Preguntó Al mientras utilizaba su tenedor para cortar un lado de su cubo.
"Supongo." Ed hizo una pausa y exhaló. "Es difícil saber lo que voy a decir. Esa Silla es casi como estar ante la Puerta. Ella quiere la Verdad."
"Da miedo, la primera vez que te equilibras sobre ella. Puedes sentir la alquimia por todo tu alrededor."
"Sí, yo recuerdo estar temeroso y preocupado. Pero no recuerdo todo lo que dije en ese entonces. Hay como una brecha en mi mente."
Al asintió. "Pienso que es parte de la alquimia. No puedo recordar cómo empecé pero recuerdo terminar diciendo que tú habías sacrificado todo por mí y sólo convirtiéndome en el mejor alquimista que pudiera, todos tus sacrificios habrían tenido un significado."
Ed miró a Al, sus ojos muy abiertos.
"¿Tú dijiste eso?"
"Sí. Como dijiste, esa Silla no quiere nada más que la Verdad." Al se puso poco incómodo cuando vio la expresión en los ojos de Ed.
"¿Te he dicho hoy lo orgullosa que estoy de ti, Hermano?" La voz de Ed era suave y sus ojos brillaban. Nunca cesaba de maravillarla el que Al nunca se veía a sí mismo como la fantástica e inteligente persona que era. Él siempre estaba contento con estar a su lado, con ser su sombra. Cuatro años apartados y todavía era el más feliz cuando estaba con ella. Eran momentos como éste los que siempre le recordaban a Ed del por qué exactamente había sacrificado, y sacrificaría, todo por él.
"Espero que no hayas cometido el mismo error que yo, Hermana." Dijo Al apresurado, tratando de distraerla. Ese semblante orgulloso en el rostro de Ed lo hacía cohibirse. Él siempre sentía que no era lo suficientemente bueno para ser el objeto de tamaña consideración. Ed había sufrido tanto y sacrificado tanto para que pueda cumplir cada promesa que alguna vez le había hecho. Ella lo había hecho el centro de su universo e incluso después de cuatro años podía todavía verlo. No tan intenso y exigente como había sido, pero ahí estaba, y Al sabía que siempre estaría ahí. Al sabía que Winry poseía ahora una gran parte de su corazón y esperaba que algún día Ed pudiera encontrar también a alguien, pero el vínculo entre ellos jamás se perdería.
"¿Qué error, Al?" El inclinó su cabeza y pareció confundida.
"En el examen escrito. Yo como que me confundí el manganeso con el magnesio en una de las preguntas."
Ed parpadeó. "¿Que hiciste qué?" Infló sus mejillas y dejó salir el aire. "¿Cómo pudiste confundirlos?"
"No era mi intención. Me di cuenta sólo después, cuando estaba pensando en las preguntas y de repente me di cuenta lo que había hecho." Al se sintió un poco nervioso. "Pienso que fue el único error que tuve." Dijo a la defensiva.
Ed puso una mano sobre su rostro y la arrastró por el costado de su rostro. Le sacudió la cabeza a él y sonrió ampliamente. "Bueno, no creo que haya cometido ese error Al, así que debemos de estar bien."
"Dime con honestidad, Hermana. ¿Cómo crees que lo hiciste hoy?"
Ed pensó por un momento, recorriendo mentalmente por sobre las preguntas y sus respuestas. "Creo que lo hice bien, Al. No puedo pensar en ningún error, al menos no en los errores obvios. Quizás probablemente pude haber puesto más detalle en un par de párrafos, pero realmente no tienes mucho tiempo para escribir todo lo que quieres."
"Bueno, nadie ha dicho nada y solamente notifican a aquellos que no pasaron el escrito, así que debes de haber aprobado, Hermana." Y entonces Al le lanzó una sonrisa socarrona. "Oh, y Ed, mi cubo sí se parece a un cubo." Y apuntó al perfectamente cuadrado cubo blanco sobre su bandeja.
La pirámide de Ed se convirtió en un cilindro cuando éste salió de la bandeja, propulsado por un agudo aplauso, y se clavó dentro del cubo de Al en una asquerosa demostración del temperamento de Ed.
La mañana siguiente, Edward salió de la cama y encontró que Al le había escogido su atuendo para el día.
"¿Qué demonios, Al?" Exclamó ella, mientras miraba el pantalón negro y la blanca camisa de botones manga larga. "¿Dónde están mi camiseta y mis jeans?"
"No vas a ponerte eso hoy. Ésta es la entrevista, Hermana. Tienes que lucir más presentable para ésta." Él la miró. "Y pienso que además deberías de trenzarte el cabello."
"¿Qué?" Ed miró a Al con incredulidad. "¡Me tienes que estar bromeando Al! ¿Desde cuándo te has preocupado tanto sobre la forma cómo luzco?"
Al evitó los ojos de Ed y levantó la camisa. "Si no te gusta ésta, también está la azul oscuro."
"Alphonse Elric." Los ojos de Ed se tornaron severos y le lanzó una mira asesina. "¿Quién te dio esta idea?"
"Umm, honestamente nadie Hermana. Vamos, tienes que alistarte o llegarás tarde." Al cogió la ropa y las empujó a ellas y a Ed dentro del baño y cerró la puerta con un portazo. Se reclinó contra la puerta y se deslizó lentamente hacia el piso. Al se preguntó si alguna vez iba a poder decirle no a Winry.
Había sido una simple mención casual durante su llamada diaria de ayer de que Ed vivía en esa camiseta negra y jeans, y nada más, lo que la había hecho explotar y había conducido al ultimátum que ella le había dado. Poner a Edward dentro de otra ropa o si no. Ese 'o si no' lo preocupó sobremanera. La última vez que Winry lo había amenazado así, ella le había enviado grandes cajas conteniendo simplemente una tuerca y un tornillo cada día por dos meses seguidos, el flete a ser pagado en el lugar de la entrega. Eso le había costado un mes de sueldo y la completa humillación en la oficina, y había jurado nunca volver a desobedecer otro ultimátum.
Edward le frunció el ceño a la puerta cerrada y luego a las ropas que tenía en sus brazos. Maldito Al. Él apostaba que Winry lo había hecho hacer esto. Arrojó las ropas a un costado y abrió la ducha. Como si lo que vistiera haría alguna diferencia. Le lanzó una mirada de ira a las ropas. Más le vale que sean cómodas. Estaba más nervioso por lo de hoy de lo que había estado para el examen escrito. Hasta la práctica de mañana no le preocupaba tanto como esto.
Ed se miró en el espejo luego de su ducha y contempló ausente su reflejo. ¿Qué iba a decir? No podía decir que estaba volviéndose a enlistar porque el Fuhrer se lo había pedido, incluso si eso había sido expresado como un reto. Lanzó una suave risa. Se estaba poniendo demasiado frenético con respecto a esto. La Silla no aceptaría nada más que la Verdad y Edward jamás le había dado la espalda a enfrentar a la Verdad.
Se puso el pantalón y la camisa blanca y frunció el ceño. No le gustaba. De algún modo no lucía bien. Tomó la camisa azul oscuro y la sostuvo en el aire. Se alzó de hombros y se cambió de camisa. Ésta era un poco mejor, pensó. Hizo una mueca de disgusto al espejo. Iba a usar la ropa pero no iba a trenzarse el cabello.
Ed y Al se pararon sobre los anchos peldaños del Cuartel General de Central, disfrutando de la débil calentura del sol.
"Pronto llegará el invierno, Hermana." Dijo Al distraídamente mientras miraba hacia la plaza.
"Ajá." Ed fue igualmente casual en su respuesta. Y luego sus ojos se enfocaron de pronto en la gente subiendo los peldaños. "Oh genial, imbécil a las tres en punto, Al." Musitó.
Al giró su cabeza e hizo contacto visual con el fornido hombre de cabello oscuro de ayer.
"Así que aprobó la primera etapa, ¿no es así?" Ed mantuvo su voz baja, pero un maléfico destello iluminó sus ojos. "Oh, cuánto espero que pueda llegar hasta las prácticas."
"¡Hermana!" Protestó Al silenciosamente. "¡No puedes hacer nada de eso!"
"Sólo obsérvame, Al. Voy a hacer que se arrepienta haber escuchado alguna vez la palabra alquimia." Ronroneó Ed y Al rodó sus ojos. Él no pensaba que Ed pudiera hacer demasiado en las prácticas, no con todos los observadores y jueces presentes.
Al notó que el tipo todavía se encontraba mirando, así que sacó su reloj en forma exagerada y lo abrió. El tipo hizo una pausa y palideció, y luego se movió rápidamente hacia dentro del edificio. Al sonrió.
"Vi eso, Alphonse Elric." Los ojos de Ed reflejaban la sonrisa en su voz.
"¿Quién, yo, Hermana?" Al abrió los ojos desmesuradamente y trató de lucir inocente. Ed rió.
"Vamos, es hora de terminar con todo esto." Dijo ella y lideró el camino por los peldaños.
Nota de la Traductora:
No sé si les ha pasado, pero mi laptop ha muerto y apenas tengo oportunidad de entrar a la desktop de mi papá, aparte toda mi información se encuentra en mi laptop, así que la traducción se hace a cuentagotas, en fin…
Sé que este fic dice que es romántico y pareciera que sólo es de comedia y ya transcurrieron 10 capítulos; pero tengan paciencia, les aseguro que va a haber romance, y en cantidades industriales; lo que me imagino incrementará la cantidad de reviews que este fic se merece XD
Dejemos ya el blah blah, busquen lo que les dice Silken.
kae chan:Thank you… hope your move was trouble-free… yes, the Fuhrer is a bit of a Machiavellian character… but its not something I've emphasized with him…I must admit I like him and the other character probably more than I should considering they are original characters, so I keep them under as much control as I can otherwise they'd take over completely…lol… yes, Riza seemed the ideal person to help Ed…lol
silken :)
Gracias… espero que tu mudanza haya sido sin contratiempos… sí, el Fuhrer es un personaje un poquito Maquiavélico… pero no es algo que haya enfatizado en él… debo admitir que él y otro personaje me agradan más que lo que debería, considerando que son personajes originales, así que los tengo bajo el mayor control que puedo, de otra forma habrían tomado completamente el control del fic…lol… sí, Riza parece la persona ideal para ayudar a Ed…lol
silken :)
Nota de MaryLover: voy a matar a Silken por adelantar eso del otro personaje, incluso hasta te había dicho de quién se trataba, pero lo edité. En fin, cosas de autores…
Shiji: Thank you… yes, the bathrooms are always better...lol..
silken :)
Gracias… sí, los baños son siempre mejores…lol…
silken :)
shao-kino: Thank you… yes, Ed needed to start looking at things from a different angle and Riza is probably the best place to start… the fact that Riza is female is overlooked so often it was perfect to use her… I'm sure Ed will get to use her German again some time – if I remember that she does know it…lol…and Full-petal is something I am very pleased to have done... it made my day writing that …lol…
silken :)
Gracias… sí, Ed necesitaba empezar a ver las cosas desde un ángulo diferente y Riza probablemente es el mejor punto por dónde empezar… el hecho de que Riza es mujer es pasado por alto tan a menudo que fue perfecto utilizarla… estoy segura de que Ed usará de nuevo su alemán en algún momento – si llego a recordar que efectivamente lo sabe…lol…y Full-petal es algo de lo cual estoy muy contenta de haberlo hecho…me alegró el día cuando lo escribí…lol…
silken :)
Ayame chan: Thank you… I'm really pleased you like the fic and what Mary is doing to it… thank you for enjoying it…
silken :)
Gracias… estoy realmente contenta de que te guste el fic y lo que Mary está haciendo con él… gracias por disfrutarlo…
silken :)
miciel: Thank you… Mary does a wonderful job with my monster… I'm glad you're enjoying it…
silken :)
Gracias… Mary hace un maravilloso trabajo con mi monstruo… me alegra que lo estés disfrutando…
silken :)
Maki Nirnaeth: Thank you… really appreciate you enjoying this monster and helping Mary out … Mary does a great job and I'm really pleased to have her efforts appreciated…
silken :)
Gracias… realmente aprecio que estés disfrutando de este monstruo y de que hayas ayudado a Mary… Mary realiza un gran trabajo y estoy realmente contenta que la gente aprecie sus esfuerzos…
silken :)
Martha V y D. Wigworthy: Thank you as always for being here and enjoying… always a pleasure to hear from you two…lol
silken :)
Gracias como siempre por estar aquí y disfrutarlo… es siempre un placer saber de ustedes dos…lol
silken :)
AndreaZthator: Thank you… glad you're enjoying the monster again…
silken :)
Gracias… me alegra que estés volviendo a disfrutar del monstruo…
silken :)
Mireya Humbolt: Thank you… happy that you like this one… and I hope any problems never get too big…
silken :)
Gracias… estoy feliz de que te guste este fic… y espero que cualquier problema nunca llegue a mayores…
silken :)
Kaguya-hime Shiro: Thank you for reading and enjoying… the reasoning behind the pyjamas comes out later, its all part of Ed's learning…yes, Izumi is dead as this is set after the movie but she does get mentioned in later places… she was too big an influence on Ed to leave out… hope the next chapter keeps you smiling….
silken :)
Gracias por leer y disfrutar… el razonamiento detrás del pijama viene después, todo es parte del aprendizaje de Ed… sí, Izumi murió como se establece luego de la película, pero sí es mencionada en posteriores ocasiones… ella fue una influencia demasiado grande en Ed para excluirla… espero que el próximo capítulo te deje sonriendo….
silken :)
Ierelin: Thank you… so glad you liked… Ed will never do things the expected way no matter what gender he is…lol
silken :)
Gracias… estoy muy contenta de que te haya gustado… Ed nunca va a hacer la cosas de la manera esperada sin importar qué sexo tenga…lol
silken :)
Ginebra: Thank you… I'm glad you can read it this way, Mary does the monster proud…
silken :)
Gracias… me alegra que puedas leerlo de esa forma. Mary hace que el monstruo se sienta orgulloso…
silken :)
Tenar-Elfarran: Thank you… Ed's never going to do anything the expected way, be it that time of the month or just being female in general…lol… yes, love my Fullpetal...lol … yes Mary does a wonderful job…
silken :)
Gracias… Ed nunca va a hacer nada de la manera esperada, ya sea en su tiempo del mes o por simplemente en general por ser mujer…lol… sí, adoro a mi Fullpetal…lol… sí, Mary hace un maravilloso trabajo…
silken :)
Seiketo Nayset: Thank you… laughs, Mary might have to wait a bit longer for that date…lol… thinks Ed is trying very hard not to think about any feminist issues at all...lol
silken :)
Gracias… risas, puede que Mary tenga que esperar un poco más por esa cita…lol… piso que Ed está tratando con todas sus fuerzas de no pensar en ningún asunto feminista…lol
silken :)
Perla: de MaryLover: Justo hoy que dejaste review estoy actualizando, así que la respuesta de Silken la tendrás en la próxima actualización. De mi parte ¡Bienvenida!
