.
Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi, utilizados por mi solo porque los amo y me hace feliz escribir de ellos =)
.
.
.
REVIVE MIS SENTIDOS.
.
.
10º "Donde todo se vuelve alivio."
.
.
.
.
Todo lo que Yaten necesitaba era cubierto por su chofer, no siendo simplemente quien manejaba su lujoso auto, también quien cuidaba del platinado. Y era extraño que Yaten, a menos que fuera necesaria su presencia, se diera el tiempo de salir a comprar.
No estaba seguro de lo que iba a pedir, y rió nervioso cuando el vendedor le preguntó qué iba a llevarse. Pero solo era cosa de recordar la tarde donde se sentó junto a Mina bajo la sombra de un árbol, adivinando a través de su voz lo hermoso que era el paisaje ese día.
Habían pasado apenas unos cuantos días desde la conversación que cambió la situación entre ellos, y no pasaba una hora sin sentirse ansioso sobre ello. Yaten estaba seguro que hacían lo correcto, pero la incertidumbre sobre lo que vendría, sobre el compartir parte de sí mismo, y lo entusiasmado que se sentía sobre algo tan simple como una salida, lo que causaba su constante ansiedad. Él intentaba controlarse aun.
Estaba allí comprando algunas bebidas y comida similar a la que Mina llevó para ambos, queriendo salirse de su propia rutina de visitar restaurantes, y que pudiera relajarse fuera de la oficina. Y no es que ahora trabajar les complicara, porque podía enfocarse en avanzar en la investigación de Mina, con algunas licencias a ratos, con pequeñas muestras de cercanía y cariño que comenzaban a acostumbrar.
Ya no existía el simple café por la mañana, Mina solía llevarle alguna golosina para convencerlo de quitar esa tonta regla de no besarse hasta terminado el horario oficial de sus reuniones. Y admitía que le costaba ser firme y negárselo, pero era bueno que supieran separar ambas cosas. Al menos ahora se sentía relajado en dejarle ver a ella lo mucho que le alegraba cuando llegaba alzando la voz en su oficina.
Él lamentaba no tener más tiempo en los días que llevaban en su intento, pero su ausencia en la universidad los días que pidió estar fuera, seguido del reposo por el asunto de su salud descuidada, le tenían lleno de trabajo. Pasaba más horas en la universidad, y se llevaba aun lo que sobraba para su departamento, bajo la amenaza de Mina si es que no descansaba lo suficiente.
— ¿No quiere agregar algunos chocolates? Los tenemos en oferta. — Indicó el vendedor, trayéndolo de vuelta a la tierra.
— Si tiene alguna caja, como para regalo, estaría bien. — Aceptó.
Luego de pagar, su chofer le acompañó hasta la puerta del auto, y abrió la ventana, queriendo un poco de aire.
Estaba sorprendido de sí mismo por dar ese paso, el que pensó no dar de nuevo por la posibilidad de que lo malo se repitiera. No estaba seguro qué era exactamente lo que debía hacer y lo que no, para que Mina no cayera en la misma actitud de Kakyuu hacia él. También era claro que no debía compararlas, que eran mujeres muy diferentes y que quizá solo con el tiempo aprendería como llevar sus propios demonios a un lado, a un sitio donde no afectaran su relación.
¿Tenían una relación? Se suponía que irían lento, pero no sabía cómo llamar a lo que estaban teniendo, solo se sentía libre de mantener su cercanía con ella, de saber que era mutuo y de poder relajarse con Mina. Era su oasis, reencontrándose con la libertad escurridiza, provocada por sus propias decisiones.
Y era aun curioso sentirse así de desatado, justo en el instante que comenzaba a unirse a otra persona. ¿Era eso lo que realmente necesitaba? Porque Mina nunca encajó en las ideas que él tuvo en su vida sobre una mujer que quería a su lado. Y ella se encargó desde el día que la conoció, de demostrarle que hubo cosas en las que estuvo errado.
Intentó quitarla de su cabeza por algunas horas, aun con lo difícil que le resultara. Aun tenía mucho trabajo atrasado, y no quería sacrificar sus reuniones con ella, menos la de esa tarde.
ღ
El mayor signo de que todo comenzaba a cambiar para Mina, fue que amó despertar y levantarse. Que el día comenzara y debiera salir de la cama para hacer todo lo que debía, fue motivo de sonrisa, solo porque dentro de ese día tenía reunión con Yaten.
Entró cantando a la ducha, alistándose sin prisas, porque tenía suficiente tiempo para además visitar a su amiga y vecina, a la que tenía demasiado abandonada. Se sintió culpable y decidió que era momento de ponerse al día.
Cuando estuvo lista, fue a la puerta frente a su departamento, esperando respuesta.
— ¡Mina! — Exclamó Serena, abrazándola efusivamente. — Creí que habías sido raptada o algo así, no te he visto para nada.
Ella sonrió, la había extrañado también, era tan agradable tener una amiga con quien compartir chismes y locuras. Era como tener esa parte infantil de vuelta, aunque sabía que era también un apoyo para ella. Mina no olvidaba aquella tarde donde Serena la consoló cuando peleó con Yaten y comenzó a notar lo que sentía por él.
— Pensé venir antes de mis clases, ¿estás ocupada? — Preguntó, entrando junto a ella al departamento.
— Solo ordenando algunas cosas, tenemos que llevar la ropa a la lavandería y hacer las compras para la casa. Seiya hará las compras, me toca el trabajo sucio. — Se quejó.
Mina la siguió hasta la habitación, donde había un regadero de ropa en el suelo, que Serena intentaba separar entre su ropa y la de su novio, devolviéndose a su labor.
— Seiya dice que soy desordenada, pero él no lo hace mejor. A veces pienso que quemar su ropa sucia sería una buena lección. — Continuó, mirando luego a Mina, recordando que su amiga le debía explicaciones. — Tu turno de contarme dónde has estado y qué ha pasado.
— ¿No te dijo Seiya que estaba con Yaten? — Dijo simple. — Enfermó y me quedé cuidándolo, solo fue un par de días. — Se excusó.
— Seiya me dijo. También me dijo que te vio saliendo de la habitación de Yaten como si….ya sabes, tu y él. — Insinuó.
Mina sintió sus mejillas arder. Recordaba eso, y los días allá, paseándose por el departamento de él con poca ropa, solo porque sabía que de todas formas no la veía y se sentía libre de lucir como se le antojara.
— No llevé ropa para cambiarme, de todas formas él no puede verme. Nada pasó entre nosotros. — Explicó, intentando desviar la atención de su amiga.
— Seiya me dio información de otro tipo, él conversó con Yaten…— Insinuó, atrapando la atención de Mina.
— ¿Dijo algo de mí? — Le preguntó interesada.
— ¡Ahá! — La indicó acusadora. — Entonces debería Yaten decir algo de ti. ¿Vas a contarme de una vez? — Pidió.
Quizá debería conversarlo, pero no estaba segura de qué era exactamente lo que debía contarle a su amiga.
Suspiró resignada.
— Nosotros estamos algo así como juntos. — Soltó. Era la verdad, algo era la única forma de definirlo, por el momento.
Serena se quedó en silencio algo asombrada, pero se puso de pie y la abrazó feliz.
— Entonces es cierto, él te quiere, están de novios, ¡Al fin podrás sentirte feliz! — Le animó.
— No es así exactamente. — Intentó calmarle. — Estaremos yendo con calma, hablamos sobre lo que está pasando entre nosotros, no somos novios solo…queremos hacer las cosas bien. — Le explicó, sonriendo levemente.
— Luces tan linda. Como, ya sabes, tranquila y enamorada. — Y eso era lo que Serena veía en ella. Pero Mina no quería ir enseguida a ponerle estados a sus sentimientos.
Yaten tenía razón y ella aceptaba que todo estaba perfecto así, que con el tiempo comprenderían, y todo se pondría en su lugar.
— Es algo inesperado en realidad, pero se siente bien. Y hemos tenido poco tiempo, pero todo va de maravilla, hasta trabajando, quizá está más paciente ahora, hacemos buen equipo. — Le contó animada, pareciéndole todo tan bueno, tan preciado.
— Mina, debes confiar en que irán cada vez mejor, quizá a veces peleen, pero es normal. Míranos a Seiya y a mí, quiero matarlo a veces, pero lo amo y no podría respirar sin él y sus mañas, y su desorden, y sus calcetas sucias. — Enumeró, volviendo su vista al desastre que intentaba ordenar. — Agradece que Yaten es maniático del orden. Seiya me ha dicho que es terrible cuando va a verlo y deja algún desastre. — Agregó, sentándose sobre la cama, más interesada en su amiga que las labores domésticas.
— Lo único seguro es que deseo esto, intensamente. Deseo esto más de lo que he deseado cualquier cosa en mucho tiempo, y me asusta esa intensidad. Pero no voy a dejarlo ir. — Afirmó. Entonces miró a Serena, más confiada que antes, convencida de cada palabra que acababa de pronunciar.
ღ
Cortó el teléfono algo molesto, no queriendo realmente hacer más trámites que le ataban al pasado, pero nunca podía negarle algo a ella. Quizá nunca podría dejar de preocuparse por ella.
Llamó a Kakyuu para citarla en un café conocido para ambos, luego de que le informaran que los documentos de venta estaban listos y podía retirarlos. Pidió a su chofer que fuera por ellos y decidió entregárselos personalmente a su ex esposa, en su intención de poner fin a los lazos.
Permaneció sentado en el exterior del lugar, esperándola mientras se servía algo rápido, no queriendo dar excusa para demorar en su reunión con ella. Tenía tiempo aun, intentando poner clara su mente sobre qué decirle, pensando inevitablemente en Mina.
¿Debía decirle que estaba en algo con otra persona? Después de todo Kakyuu fue su esposa y ella le informó que estaba pensando en irse a vivir con su nuevo novio. Por otro lado, su situación con la rubia era diferente y demasiado nueva como para hablarlo con cualquier persona, quizá más adelante le hablaría de eso.
— Yaten, pensé que llegarías mas tarde. — Le habló, sorprendiéndolo. Se sentó frente a él, contenta de verlo en calma, a diferencia de las últimas veces en que se reunieron.
— Quería un momento. Pero ya que estamos aquí veamos el asunto. — Le dijo extendiendo la carpeta con documentos. — Ya no hay mas líos, ni nada que tengamos que resolver entre nosotros. Vende esa casa y sé feliz. — Habló, siendo un poco duro.
— ¿Así nada más? — Preguntó algo golpeada por su tono.
— ¿Qué quieres decir?
— No podemos simplemente decir adiós como si tu y yo hubiéramos sido un negocio fracasado. — Explicó.
— Un divorcio es algo similar. — Dijo simple, no deseando más análisis, era tarde, era innecesario.
— No, porque siempre queda el cariño y respeto, y creo que si ya han acabado los lazos legales, deberíamos dar el siguiente paso.
— Despedirnos. — Concluyó Yaten.
— Ser amigos. — Corrigió ella, suavemente sugiriéndolo. Pero era lo que realmente deseaba.
— ¿Pretendes que seamos amigos? Estuvimos casados, es diferente a un par de chicos que salen unas semanas y notan que no funcionó. — Se defendió el platinado, no deseando esa conversación.
— Somos adultos, y no creo que sea algo terrible. Siempre serás parte de mi vida, fuimos amigos en algún momento, no veo razón para volver a serlo. — Continuó calmada.
Yaten no respondió. ¿Qué estupidez era esta? Él solo quería acabar con esto, pero ahí estaba su voz suplicante, pidiéndole una amistad como sello de paz. Y se sintió algo idiota e infantil, porque era quien quería huir de esta situación. Quizá Kakyuu estaba en lo correcto.
— De acuerdo, quizá tienes razón. — Aceptó. — Lo lamento, no quise ser duro contigo.
— Está bien, sé que podemos llevarnos bien así, te conozco. — Le dijo, al fin conforme.
Él no estaba tan seguro de que ella realmente lo conocía, pero no era ahora importante.
— Debo irme, tengo una reunión en la universidad y no quiero atrasarme. — Le indicó, despidiéndose con menos tensión que antes, comenzando a aceptar mejor lo que ella le dijo. — Cuídate, Kakyuu.
— También hazlo, Yaten. — Le deseó.
Yaten se alejó con calma, sabiendo por donde dirigirse en un lugar conocido para él.
Una amistad con Kakyuu quizá era algo que podría sanar entre ellos los rencores. Cada uno tenía su vida y así como estaba afrontando sus sentimientos hacía Mina, podría ser tiempo de poner la cara al término de su matrimonio.
ღ
Salió aun con tiempo para la universidad, decidiendo caminar hasta allá para despejarse y disfrutar del día soleado, sintiéndose animada para cualquier cosa.
Comenzó a tararear una canción, pensando aun en lo que había conversado con Serena. ¿Por qué su amiga insistía tanto en convencerla de que estaba enamorada de Yaten? Ella misma trataba de no enredarse la cabeza, pero entre Serena y Seiya les empujaban quizá en exceso. Y lo que menos deseaba era dejarse llevar demasiado lejos enseguida, no podía hacerlo de nuevo.
No estaba nuevamente preguntándose si Yaten sería como Kunzite fue con ella, pero sí sabía que debía ser más cuidadosa, ya no era una niña cegada por sus sentimientos, era una mujer consciente de lo que hacía, o al menos lo intentaba. Sabía también que Yaten estaba tan preocupado y receloso de sus sentimientos, tanto como ella, pero ambos habían elegido intentarlo, y no podía dejar de sentirse feliz de lo dulce que él había sido con ella. ¿Quién iba a decirle que el idiota que la sacaba de su buen humor iba a ser tan increíble?
Pero las señales estaban allí, como aquel día profético bajo el árbol. Ella sabía que Yaten tenía ese exterior duro, pero que quizá con algo de persistencia y siendo testaruda, como él decía, lograba ir viendo las capas ocultas bajo el perfil público de Yaten Kou, y eso no hacía más que atraerla a seguir buscando.
Miró hacia los lados cuando se disponía a cruzar la calle, quedándose helada cuando a lo lejos creyó ver a alguien familiar.
— No puede ser. — Murmuró, sacudiendo su cabeza, mirando nuevamente para asegurarse de lo que vio. Encontrando el mismo sitio, vacío.
Pasó sus manos por su rostro, sintiendo el aire escaso, creyendo que era cruel que su mente le jugara esas malas bromas. Mina había pasado un par de años sin ver a Kunzite, y estaba segura que era imposible que él se encontrara en ese lugar, pero que aun sin la presencia física, la atormentaba. Y este no era el momento de caer en sus miedos, no iba a permitirlo, no podía dejar a sus errores arruinar lo que comenzaba con Yaten.
Apuró su paso, queriendo estar en la universidad pronto, aun si el platinado no llegaba, al menos podría estar en la oficina en paz, porque ese era el sitio de ambos.
Y apenas unos metros de caminata acelerada bastaron para estrellarla contra otra persona. Esperaba caer sentada al suelo, pero la agarraron firmemente, y luego, al abrir los ojos, vio la sonrisa burlona de Saijo.
— ¿Dónde vas tan acelerada? — Le preguntó divertido.
— Eh…universidad. — Respondió torpe, primero creía ver a Kunzite y ahora se le aparecía Saijo. Su día no podía ser más irónico.
— ¿Tienes clase o algo? — Consultó.
— Solo tutoría. — Dijo apresurada.
— Tarde de tortura con Kou.
— No es una tortura. — Defendió a Yaten.
— ¿Tienes tiempo? Iba por un helado, quizá quiera compañía de una gran amiga. — Sugirió.
Mina no lo pensó mucho, aunque iba a negarse, pero fue tarde cuando se vio arrastrada a la heladería. De todas formas era bueno poder compartir con él cosas más amistosas que las que compartieron poco tiempo atrás.
¿Por qué tenía que acordarse de Kunzite como si fuera un constante obstáculo para seguir adelante? Ahora que sentía estar bien sobre ello, parecía no estarlo del todo.
— ¿Qué te ocurre? Puedes hablarlo. — Interrumpió Saijo, notándola con la cabeza en otro sitio.
— Solo intento elegir el sabor de helado que quiero. — Mintió.
— Sugiero chocolate.
— De acuerdo. — Aceptó, dejándolo que fuera por el pedido de ambos.
Miró hacia la calle, suspirando profundamente. Al final no tenía mucho que hacer, solo dejar de ver fantasmas y fijar su vista en lo concreto de su presente.
Y ese presente le seguía una prometedora tarde con Yaten, trabajando quizá, pero eso no importaba, porque estaba segura que con él sería divertido.
— Ya, me contarás lo que te tiene algo distraída. — Exigió al regresar, entregándole su cono de helado.
— Que ahora seamos amigos no quiere decir que vomitaré mis pensamientos cada vez que lo pidas. — Dijo divertida, queriendo dejar de enredarse la cabeza.
— Los amigos se cuentan todo. — Contradijo.
— Nadie cuenta totalmente todo. — Lo miró, sin alguna intención de ceder.
— Ah, y a ti te gusta hacerte la misteriosa, quizá estás coqueteando conmigo, Hime. —
— ¡No lo hago! — Se defendió alarmada, provocando la risa de Saijo.
— Hoy no se puede ni bromear contigo. Deberías relajarte. — Tocó su hombro, buscando que ella se calmara.
Mina suspiró nuevamente, intentando dejar de alarmarse. Quizá en algún momento confiaría del todo en que Saijo realmente pretendía ser su amigo.
— Lo lamento, es que creí ver a alguien, entonces uno piensa que se vuelve loca. —Comentó ligera.
— Pienso que estás bastante loca, pero eso me agrada de ti. Tener amigas que están mal de la cabeza, lo hace divertido.
— ¡Hey! No estoy loca.
— Y si lo fueras, una chica linda como tu hace a cualquier idiota perder la razón. — Alagó, no ocultando su modo coqueto a ella.
Mina rodó los ojos, Saijo nunca dejaría de ser lisonjero y de intentar enredarla con dobles intenciones.
Intentó terminar pronto su helado, para continuar su camino a la universidad. Saijo aun tenía cosas que hacer en los alrededores, y le advirtió que otro día después de clases la invitaría a algún lugar cándido y amigable.
ღ
Si no estaba equivocado, Mina estaba retrasada. Él odiaba los retrasos, y deseaba profundamente castigarla con una tonelada de libros extras.
Entonces recordó el sonido suave de su risa.
Yaten se preguntó hasta donde llegaría el efecto que ella estaba provocando constantemente en él, como si fuera la dulce miel que de a poco iba cubriendo lo agrio que se había vuelto todo a su alrededor en los últimos años. Y era eso lo que ahora le tenía el porta equipaje de su auto lleno de compras que hizo para su paseo con ella.
— ¡Yaten! Lo lamento, me vine caminando y me retrasé. — Se disculpó, entrando disparada a la oficina, sin tocar la puerta, como era su costumbre.
Quiso permanecer serio, pero fue imposible, largándose a reír de su voz agotada, haciéndolo adivinar que venía corriendo.
— ¿Qué es gracioso? — Preguntó desconcertada.
— Tu, lo eres siempre. Ven aquí. — La llamó, esperando que se acercara para saludarla.
Lo sorprendió abrazándolo cariñosa, besando su mejilla contenta de verlo y permanecer cercana a él.
— Creo que me siento animada para una tarde de trabajo. — Murmuró.
— Pero no será aquí, iremos donde me llevaste hace un tiempo. — Le informó.
Mina estuvo feliz, agradeciéndole la sorpresa y tironeándolo por los pasillos de la universidad para llegar luego a su día de paseo. Se sentía como una niña emocionada, llegando a ser tan preciado para ella esos pequeños gestos que él tenía.
Cuando llegaron al parque, bajaron las bolsas que Yaten había llevado, despidiéndose del chofer para ir, guiado por Mina, hacia la sombra bajo el árbol.
— Están cayendo algunos pétalos por la brisa. — Comentó, estirando una manta para ellos, indicándole a Yaten que se sentara a su lado cuando estuvo todo dispuesto.
— Y supongo que te agrada ver como caen, como toda niña. — Le siguió.
— Si soy una niña, no entiendo porqué me sacas a pasear. — Se quejó.
— No lo sé, ¿instinto paternal reprimido? — Bromeó.
— ¡Yaten! — Golpeó su hombro, dejándose caer confianzuda sobre sus piernas. —Dame tu mano. — Pidió, guiándolo sobre su cabello, en una petición de caricias.
— Suave y desenredado, justo como me agrada. — Resolvió el platinado.
— ¿Qué más te gusta? — Preguntó.
— ¿De ti o en general?
— Lo que quieras decirme. — Ofreció, en una conversación ligera. Quería a veces preguntarle qué le gustaba de ella, pero le parecía más interesante descubrirlo a la manera de él.
Yaten permaneció pensando qué decirle. Él mismo daba vueltas en las cosas que le gustaban de Mina, pero se sentía aun algo inseguro de decirlas, o de aceptarlas siquiera. Por otro lado pensó que era bueno comentarle algunas cosas que le gustaban en general, era la forma de conocerse más, de abrirse de a poco.
— Me gusta la música clásica en general, la prefiero a la actual. Cuando era niño solía pintar y dibujar, pero lo dejé cuando no podía ver lo que resultaba. Y creo que tus sándwich no son tan terribles, lo que no quiere decir que me atreva a probar como cocinas otra vez. — Le dijo.
Mina rió de lo último, sabiendo que le costaba admitir que le gustase la comida simple y mortal.
— Dime algo que no sepa. Aunque lo de tus dibujos de niño no lo sabía, ¿no guardas alguno? — Preguntó curiosa.
— Quizá. Cuéntame de tus gustos. — Le devolvió, queriendo saber de ella también.
— Tu. — Respondió simple. — Me distraes demasiado como para acordarme de otra cosa ahora. — Alcanzó la mano que él tenía en su cabello, enlazando sus dedos.
— Mina… — Murmuró algo avergonzado.
— ¿Está mal que diga eso? No lo creo, deberías saberlo de todas formas. — Le dijo. —¿Te molesta? — Quiso saber.
— He perdido la costumbre, siento tan extraño a mi todas esas…ya sabes, palabras cariñosas. — Admitió.
— También siento eso. — Suspiró. — Pero se me dan tan naturales contigo. ¿No me dices todo el tiempo que debo esforzarme por lo que me importa? Eso hago, intentar dejar de callarme con todas las cosas que me nace decirte, porque me importas mucho. — Confesó.
— Me alegra que estés confiando en mi. — Sonrió suave, llevando la mano de la rubia a su boca, dejando un beso suave. — Quizá es hora de que comencemos a confiar mas, quizá solo…esto, estar aquí. Disfrutarlo, como lo hago ahora. — Elevó su rostro, sintiendo la brisa en sus mejillas, despejando lo turbado en su mente.
El silencio volvió, alimentando la complicidad que crecía entre ellos. Yaten intentaba dimensionarlo, todo el tiempo, no pudiendo creer que volvía a sentirse de esa forma. Sin embargo, las sensaciones no eran como antes.
— Háblame del ex novio con el que viviste. — Soltó repentino.
Mina lo miró confundida.
— ¿Cómo sabes de eso?
— Seiya. — Dijo simple. Él se lo había mencionado unos días atrás, y Yaten se sentía curioso sobre Mina en medio de una relación seria, viviendo con alguien.
— No sé qué decir, es algo que pasó hace años. — Dijo evasiva.
— ¿Años? No eres tan vieja. ¿Es de quien hablaste ese día que me diste tu té especial? — Preguntó, sin poder evitar remarcarle que aun estaba molesto por la vez que lo drogó.
Hablar no era fácil, no de eso, ¿Cuántos años llevaba guardándolo solo por no traer los recuerdos amargos? Y aun permanecía el fantasma allí, no dejándola alguna vez vivir su propia vida.
— Me fui a vivir con él cuando tenía dieciséis años. — Dijo al fin.
— Eras menor de edad. ¿Cómo pasó eso? ¿Tus padres lo permitieron? — Interrogó.
— Mamá, vivía con ella, lo odiaba. Quizá tenía razón. Pero le dije que si intentaba traerme a casa y separarnos, nunca volvería a verme. Era joven Yaten, creía que todo lo que necesitaba era ese amor. Y él, era mayor que yo, todo lo que decía era para mí correcto. — Le explicó, siendo su voz poco enérgica, diferente a lo habitual.
— ¿Qué ocurrió luego? — Continuó, intentando comprender por qué la afectaba tanto.
— Deberíamos dejar historia para otro día. ¿No crees? — Pidió, queriendo que él comprendiera que no era su tema de conversación favorito.
Yaten asintió, dándole espacio. Era para él algo importante saberlo, porque tenía la impresión de que esa situación hablaba mucho del carácter actual de Mina. Pero quiso respetarla y no presionar, porque ella lo hizo con él aquella vez, luego de su discusión con Kakyuu.
— Aprenderás a tocar en el piano tu canción, te enseñaré. — Ofreció queriendo animarla.
— ¿Lo harás? ¿Seguro no acabaré con tu paciencia? — Bromeó, queriendo recuperar el humor entre ambos.
— Es casi seguro que sí, pero tomaré el riesgo. Con una condición. — Le advirtió.
— Ya me extrañaba tanta amabilidad.
— Solo lo haré cuando me entregues el primer borrador de la estructura definitiva de la investigación. Y quiero al menos el primer capítulo desarrollado. — Sentenció, era una forma de presionarla, pero también de impulsarla.
— ¿Qué hay de eso de no mezclar la investigación con lo nuestro? — Se quejó.
— Tú no puedes, eres la alumna, yo puedo, soy quien manda aquí. — Respondió con gracia.
— ¡Eso no es justo! Además, según fechas, demoraré al menos un mes en llegar a ese punto. — Analizó, notando de pronto que la propuesta de enseñarle estaba lejana.
— Un mes será corto, tenemos mucho trabajo de todas formas. — Le calmó. Deseó que el tiempo no pasara así de rápido, para no tener tanto trabajo encima, pero lo cierto es que un mes se les haría nada para lo que se venía.
— Si hay mucho trabajo, quizá no podamos salir mucho. ¿Podrías convencer al doctor Kou que nos regale algo de tiempo para nosotros? — Comenzó, levantándose de a poco alcanzándolo en un abrazo.
— ¿Estás intentando engatusarme? — Preguntó, resistiéndose un poco.
— ¿Yo? Nunca. — Respondió en voz inocente.
— Te traje aquí para trabajar, y mira en lo que terminamos. — Reclamó, no estando de todas formas molesto, nunca estaba molesto por sus caricias, si lo estaba por permitirse ser tan blando con ella.
— Para trabajar, con esa comida, con manta, con charla. ¿Pretendes que te crea?
— En realidad, es esto solo la previa. — Anunció, cambiando el tono de su voz, notando que ella estaba sorprendida.
— ¿Hay algo más agradable que tienes para mí? — Consultó curiosa.
— No es nada, solo pensé que quizá deberías alimentarte mejor en un lugar diferente. Y conozco este restaurante…— Dijo algo evasivo. —…quizá tengo una reservación para esta noche.
— Oh, yo…no sé qué decir.
— Que estarás lista a las ocho, cuando pase por ti. — Dijo simple.
— ¿Debo vestir algo especial? — Preguntó, no sabiendo bien cómo proceder.
— Como desees, a mi me da igual, no es como si un vestido cambie tu compañía. —Respondió. Ese asunto del atuendo era algo incómodo para él, nunca sabiendo qué decir, y le recordaba a Kakyuu quejándose sobre no lucir algo que él pudiera ver.
— Me aseguraré de que sea una tela que se distinga en la oscuridad. — Contestó animada, recordando lo que él intentaba enseñarle, sobre reconocer objetos sin usar la vista.
Yaten sonrió, estando conforme de saber que tendría siempre con qué sorprenderse sobre ella. Donde él veía un posible inconveniente, ella aparecía con algo tan cómodo y agradable como un comentario sobre la textura de una tela, nada de lucirse para él.
Cada instante era más, cada toque, cada palabra y en cada parte de ellos mismos, cuidadosamente entregada al otro.
La sintió respirar sobre sus labios, distrayéndolo de sus ideas, llevándolo a donde todo era sensaciones. Mina tenía, sin saberlo, ese poder sobre él, hechizando cada parte de sí con un simple beso. Siendo todo menos simple, lo que contenía cada roce de su boca.
Dejó un beso sobre la punta de su nariz, antes de separarse.
— No creas que te librarás de trabajar hoy, haremos una pauta sobre lo que debes prestar más atención en tus idas a la escuela de niños. — Le informó.
— ¿No prefieres quedarte así? Puedo seguir besándote. — Ofreció.
— Mina, tengamos voluntad. — Pidió, apartándose de mala gana.
Suspiró resignada, sacando sus apuntes, comenzando a relatarle a Yaten los puntos de interés que había encontrado en la escuela, y algunas situaciones de las que Lita le habló.
Él intentó ser profesional, como siempre, escuchando atento lo que pudiera ser más importante, descartando ideas. Pero se vio perdido en su voz, simplemente escuchando la melodía de sus palabras, acompañadas por el canto de los pájaros que revoloteaban en el árbol.
Y una cosa fue segura para Yaten: no pasaría mucho tiempo antes que la detuviera de su parloteo sobre la escuela de niños, y la llevara nuevamente entre sus brazos, queriéndola allí como su adorable tesoro.
—
—
—
.
.
.
Hola!
Terminé esto antes de lo esperado. Quizá porque ansío enormemente comenzar el capítulo 11. Muchas gracias por la lectura!
Besitos! =)
