Todos los personajes pertenecen a Hidekazu Himaruya, sin ánimos de lucro.

Quiero agradecer los comentarios de: Seiketo Nayset y Akira [Seh, Suecia sabe como tratar a un niño :P]


X

Sealand continuaba protestando por la medida adoptada por el sueco. De vez en cuando, pateaba y trataba de hacer un berrinche, pero nada de eso resultaba. Estaba un poco molesto, ¡le había humillado frente a la niña que le gustaba! Sin embargo, a pesar de sus quejas y reclamos, el escandinavo no se inmutaba en lo absoluto. De hecho, continuaba caminando como si nada estuviera sucediendo.

—Sea, no es tan grave. Luego, podrás hablar con ella todo lo que quieras —intentó calmar Finlandia al revoltoso niño, mientras que tocaba su cabello castaño.

—¡A ti no te sacaron por la fuerza! —gritó de tal forma que el nórdico tuvo que guardar su distancia para no quedar sordo de por vida.

Todos los demás países que estaban a su alrededor, observaron la escena que estaba montando la micronación. Algunos susurraban mientras que otros ya ni se inmutaban en disimular que estaban hablando acerca de ellos. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, Suecia continuaba sin importarle lo que ocurría o lo que escuchaba. En lo único que había fijado su mente, era en regresar a las habitaciones que les correspondía.

—Yo le hubiera dado un par de bofetadas para que se le sacara la tontería —comentó alguien que venía detrás de los tres.

—Yo no me hubiera animado a venir a una conferencia con semejante niño —respondió el acompañante.

Sealand estaba ensimismado como para darse cuenta de que había gente hablando acerca de él. Continuaba con su rabieta e intentando inútilmente de llamar la atención del sueco. Éste continuaba sin decir una palabra o hacer un mínimo de caso a los reclamos del chico.

Por su lado, Finlandia estaba algo sonrojado. En realidad, estaba un poco molesto por lo que la gente decía. ¿Acaso ellos estaban criando un niño? ¿O tenían la menor idea de lo que era cuidar de uno que intentaba hacerse conocer como país pero que aún estaba prendido a los juguetes? Claramente, esas personas no sabían lo que era la convivencia dentro de su familia, así que no comprendía por qué hablaban acerca de algo que ignoraban.

Se sintió tentado a responder a esas personas, pero el sueco le presionó la mano. Después, negó con su cabeza y continuó con su marcha. Quizás tenía razón, debía simplemente ignorar lo que decían. Aunque eso no le sacaba la molestia de encima.

—¡Ahora Wy-chan ha de pensar que soy un perdedor! —se lamentó Sealand.

—¿Eh? ¡Claro que no! —aseguró Finlandia —.Esta noche podrás volver a verla.

—¡Yo…! —Luego se calló al escuchar esas palabras del nórdico —¿De verdad?

—Sí. Es la fiesta de despedida, tenemos que asistir —explicó mientras que admiraba cómo la expresión del niño.

Por un par de minutos, el pequeño se quedó callado. Después, reaccionó. Estaba más que contento, así que no pudo quedarse quieto. Celebró dando un par de gritos y golpeando la espalda del escandinavo. Éste se limitó a suspirar, ya que se suponía que le iban a decir eso al llegar al dormitorio. Ahora, debía soportar la euforia del chico.

—Primero, arregla tu valija —afirmó el hombre que continuaba cargando al niño sobre sus hombros.

—¡Bu! —se quejó, pero luego recuperó su sonrisa.

—Si reclamas, nos quedaremos esta noche aquí —dejó escapar una pequeña risa el finlandés, porque para ser sincero, eso era lo que realmente quería hacer en lugar de otra pretenciosa cena de la cual nada bueno podía salir.

—¡Manos a las obra! —exclamó y tras darle un vistazo al desorden que reinaba dentro de su habitación, buscó lo más fácil: Sus robots.

Tanto Finlandia como Suecia estaban desconcertados por el caos de dicho dormitorio. ¿Cómo era posible que toda su ropa estuviera esparcida de esa forma? Pero no solamente eso existía, también había un montón de mapas y libros de geografía, que el niño había tomado prestado para ver quién podía ser su amigo y quién no. También había unos papeles garabateados y bolsas de papas fritas esparcidas.

Después de dejar al chico en su correspondiente habitación y de asegurarse de que comenzara con la tarea de guardar sus consolas y otras cosas, los dos países nórdicos fueron al dormitorio contiguo. Finlandia decidió concentrarse en las fotografías que había logrado tomar un par de horas atrás. Al menos, un bonito recuerdo debía llevarse de todo ese desastre llamado de manera diplomática "Conferencia de naciones".

En ese momento, alguien tocó la puerta. Suecia estaba agotado por todo lo que había ocurrido y ya se había acostado, aunque fuera por unos minutos. El muchacho de los ojos pardos decidió que era su turno de hacer algo y dejando la cámara a un lado, fue a ver quién podía ser.

—Es para ustedes —comentó el del servicio y le entregó algo parecido a una revista.

—Gracias —Tomó el papel y leyó los titulares. En ese momento, alguien lo empujó y Finlandia cayó al suelo.

—¡Así los quería encontrar! —exclamó Dinamarca, quien creyó que estaba interrumpiendo algún momento íntimo y señaló directamente hacia la cama.

—¿Eh? —preguntó el aturdido finlandés, que no comprendía qué rayos le había chocado en ese momento.

—¡Ja! ¡Ahora lo subiré a la internet y…! —Pero se encontró con un panorama completamente distinto al que había pensado —. De verdad, son un par de aburridos. No son como Noruega y yo que…

—No tendrás nada en mucho tiempo —opinó el noruego mientras que ayudaba al caído.

—¿¡Qué? No serás capaz de semejante crueldad —respondió el hombre con bastante orgullo.

—Ya veremos… —Desapareció tan rápido como había entrado.

—¡Espera! —exclamó el antiguo rey. Mas, antes de irse, se volvió hacia la pareja que ocupaba dicha habitación —.Suecia, esto no se ha acabado —luego, se fue.

Después de asegurar la puerta, llavearla y poner las trancas correspondientes, Finlandia dejó escapar un suspiro de alivio. A veces, ese hombre podía ser un verdadero fastidio y de cierta forma, sentía algo de lástima por Noruega. Aunque pensándolo bien, éste había desarrollado una infinita paciencia a lo largo de los siglos así que tal vez lo admiraba. A veces, le gustaría tener esa paciencia para soportar ciertas cuestiones.

Suecia prefirió olvidarse del asunto en el instante que Dinamarca atravesó esa puerta y agarró de la mano al otro. Sentía curiosidad por saber qué le había traído el empleado del hotel y de paso, tener a Finlandia bien cerca de él.

Al principio, nada les pareció muy relevante. Todo era puro chisme y rumor. Claro, no podía esperarse mucho de una reunión en la cual el noventa por ciento del tiempo se habían pasado discutiendo, peleando y cosas por el estilo. El restante diez por ciento correspondía a los discursos de Alemania y Estados Unidos, que nadie prestaba atención. En síntesis, había sido más unas vacaciones que trabajo para las naciones.

"Grecia y Turquía han hecho tratado de paz en la habitación del heleno", "Francia ha conseguido callar al inglés aunque se desconoce cómo", "Confirmada la existencia de Canadá por parte de su hermano", eran algunos de los titulares de ese boletín. Pero no había nada que pudiera interesar a los dos países nórdicos, así que Finlandia decidió tirar semejante cosa.

—Ah, qué ridícula conferencia… —Se quejó el muchacho, al recostarse.

—No creo… —El sueco se quedó callado por unos instantes, tratando de unir las palabras correctas.

—Pero sí no hemos hecho nada… De nada —Finlandia miró al techo, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo —.Sólo fueron peleas absurdas.

—Yo no me arrepiento —respondió el escandinavo quien acariciaba la espalda del muchacho.

—¿Eh? ¿Por qué? Normalmente no te gustan esta clase de cosas. Sobre todo, cuando está Dinamarca —indagó el muchacho, quien miró fijamente al hombre.

—Por lo de esta mañana… —El hombre trató de voltear su rostro al sólo pensar en lo que había pasado esa siesta.

Finlandia se le quedó observando, ya que en principio, no entendía a qué se refería Suecia. Quizás fruto de la caída de hacía tan solo unos momentos o por el cansancio que le había causado ese inesperado y estresante día, se quedó un par de minutos callado. Luego, reaccionó.

—¡Su-san! —exclamó al darse cuenta a lo estaba diciendo el hombre —.¡Por supuesto! Ha sido lo mejor de la reunión —dijo mientras que reía nerviosamente.

—¿De verdad? —preguntó el hombre, un poco incrédulo, aunque no pensaba despegarse de allí.

—¡Claro! No me arrepiento en lo absoluto. ¿Por qué habría de hacerlo? —se acercó al rostro del sueco, mientras que reía nerviosamente. La verdad era que le costaba estar tan próximo del hombre, sin ponerse tan nervioso.

Después de un largo silencio, en el que Suecia se limitó a observar al muchacho y acariciar el rostro de éste, Finlandia se había puesto tan colorado como los tomates de los que se enorgullecía España. Estaba algo tenso por el hecho de que el escandinavo no respondía nada. ¿Había dicho algo fuera de lugar? ¿Se había molestado y no sabía cómo decírselo? Necesitaba que dijese algo, no importara lo que fuera.

Para su sorpresa, el sueco lo empujó contra su pecho y lo abrazó. Aquello, aunque le había asombrado, fue un alivio para el finés.

—Tonto… —comentó sin soltar al nórdico.

—¡¿Eh? —preguntó el muchacho, sin entender muy bien cuál era la opinión del sueco —No te has enojado, ¿verdad? —Quería asegurarse de eso.

—Pero sí te adoro… —lo dijo despacio, pero no lo suficiente para que Finlandia no pudiera escucharlo. Éste se estremeció un poco, ya que no esperaba oír semejantes palabras.

Un par de horas más tarde, Sealand había terminado con su tarea. Ahora, debía mostrárselo a sus padres adoptivos. Definitivamente, podrían ir a esa cena. Era su última oportunidad así que salió corriendo hasta la puerta de la otra habitación. Volvió a encontrarse con el dilema de que la puerta estaba trabada, por lo que decidió jalar de la perilla hasta que alguien decidiera prestarle atención. Semejante ruido hizo que Finlandia se apresurara en ver qué estaba ocurriendo.

—Si es Dinamarca, échalo —le pidió el sueco, quien estaba arreglando la ropa para la cena.

—Lo sé —rogó en sus adentros de que no se tratara de aquel país. Ya había tenido que soportar demasiadas estupideces, las suficientes para hacerle recordar las razones por las cuales se habían largado de su casa quinientos años atrás.

—¡Ya terminé! —fue lo que dijo el niño, súper orgulloso de lo que había logrado.

Después de haber comprobado lo que había dicho, y bastante asombrado por ello, Finlandia abrazó al niño. Quizás habían hallado finalmente la forma en que éste mantuviese ordenada su habitación, por lo que recurrir a dicha reunión no había sido tan improductiva como había pensado en un primer momento. Aunque estaba un poco decepcionado, hubiese sido una perfecta excusa para quedarse en la habitación y ver películas, sin tener que cambiarse de ropa.

El resto de la noche era exactamente cómo los dos lo esperaban: Un discurso que a nadie le interesaba como el que dio Inglaterra y que dio lugar a una discusión con Francia, Estados Unidos ofreciendo hamburguesas y gaseosa como la mejor comida del mundo, Rusia nuevamente acosando a China mientras que éste no sabía qué hacer… Un desastre en general.

Otra vez, la mesa en la que debían comer, ya estaban Dinamarca, Noruega e Islandia sentados. Finlandia se sentía más que decepcionado, pero Suecia tenía un truco bajo la manga. En lugar de ir hacia donde estaban aquellos países mencionados, el hombre tomó de la mano al finés y se lo llevó consigo.

—¿A dónde vamos? —Estaba un poco asustado, ya que el escandinavo no decía nada al respecto. Es más, ni siquiera entendía por qué pasaban de esa forma sin saludar al resto.

Llegaron a una terraza apartada, donde todo estaba preparado. Finlandia se rascó la cabeza, ¿qué era todo eso? El ambiente era íntimo, la luz era baja y había un mesero exclusivamente para atenderlos.

—¿Qué es todo esto? —Finlandia se acercó lentamente a la mesa, no sabía que esperar luego. Suecia se adelantó y le sacó la silla, para que pudiera sentarse —¡No debiste molestarte!

—¿No te gusta? —preguntó un poco decepcionado.

—¡Claro que sí! Es que… Te has tomado tantas molestias —respondió algo avergonzado —. No era necesario, de verdad.

—Lo quise… —Se detuvo mientras que agarraba la mano del finlandés —Además, quería pasar la noche así.

—Su-san… —Acarició la mano y luego, le regaló la mejor sonrisa que podía darle —. Ha sido el mejor viaje de todos. ¡Gracias!


Y así ha terminado. Gracias a todos los que han apoyado el fic, espero que lo hayan disfrutado. Nos veremos en alguna otra historia =)

¡Gracias por leer!