Muchos, pero muchos minutos después bajaron tomados de la mano, Eliza no se sorprendió en lo más minino, aquellos dos hacían una hermosa pareja y se merecían una oportunidad. Regresó la vista a su platillo y siguió comiendo.
De reojo vio como Terry retiraba la silla para Candy y ella se sentaba, estuvo a punto de ahogarse cuando notó la forma en la que se sonrojaba, rodó los ojos e intentó ignorarlos. Era evidente que para aquellos dos no existía nadie más, se miraban con demasiada devoción que a Eliza le pareció atosigante.
-Me dará diabetes si siguen mirándose así- escupió la pelirroja al ver que aquellos no se separaban y cuchicheaban por todo, Candy la volteó a ver sumamente apenada, Terry por su parte se rio.
-Bueno, es algo que tú también haces cuando estás con Stear- rebatió el castaño mientras ingería un rollo de sushi.
-Claro que no, y te prohíbo que le digas semejante tontería a él-
-No hace falta, está igual que tú-
-¿En serio?-no pudo controlar la emoción de escuchar aquello, pero cuando vio que los dos la miraban profundamente se hizo la desentendida y giró la cara –Eso no me importa, Stear es sólo un amigo-
-Ya-
-¡Aleluya, Candy ha hablado! Pensé que de tantos besos se te había desvanecido la lengua-
-Eres demasiado molesta-
-Gracias, es algo en lo que me esfuerzo día a día-
Siguieron conversando los tres. Hubo un momento en el que ella los volvió a mirar y vio justo cuando Terry tomara la mano de Candy y después la besara, Eliza agradeció aquello, si su amiga era feliz, ella también lo sería, y sin apenas notarlo, a la chica se le formó una genuina sonrisa, la cual la pareja no vería por estar envuelta en su mundo.
-Siempre estaré agradecido contigo- fue lo que él le dijo en cuanto se despidió de ella –Te espero en el coche, Candy-
Ambas chicas lo vieron caminar hacia el coche, enseguida una se giró para hablar con la rubia.
-Disfruta lo que tienes hoy, ya mañana será otro día- ambas se abrazaron y sonrieron al despedirse, Eliza cerró la puerta de su casa con la firme certeza de que podría hacerla de cupido para toda la vida, se río de sí misma y subió a su habitación. Con tanta demostración de amor le entraron ganas de llamarle a Stear, se detuvo frente a su dormitorio y lo sopesó.
-Chingue su madre, has hecho peores tonterías otras veces- se dio ánimos y le llamó.
El ambiente era diferente, a pesar de haberse subido a ese coche muchas veces, el día de hoy era como si lo hicieran por primera vez. Candy se atrevió a colocar su mano encima de la de Terry; que estaba en la palanca de cambios, la miró y le guiñó el ojo.
-¿A dónde quieres ir?
-No lo sé, se supone que trabajaría con mi tutor, pero lo he dejado plantado-
-¿Y cómo le harás para que no esté molesto?-
-No sé si un par de besos sea suficiente-
-¿Un par? No creo, escuché que se enoja con facilidad, así que tendrán que ser mucho más-
-Está bien, en cuanto lo vea lo llenaré de besos-
Sin pensarlo mucho, Terrence estacionó su coche en el primer lugar que vio disponible, lo apagó y se giró a verla, la rubia estaba muy desconcertada y miraba para todos lados.
-¿Aquí querías venir?-
-No, pero dijiste que le darías muchos besos a tu tutor en cuanto lo vieras, y al parecer ya está aquí-
Se acercó a ella para tomarla de la nuca y besarla. La besó mucho, demasiado; aunque para él nunca sería suficiente. Se abrazaron dulcemente y suspiraron.
-Candy, me estás haciendo el hombre más feliz del mundo-
-¿De verdad?-
-Claro que sí, ¿por qué lo dudas?-
-Bueno… no es que lo dude, pero hay algo que…- Terry sacó todo el aire que contenía y fijó la mirada en las bellas esmeraldas que lo veían fascinada.
-Lo sé y te entiendo, debemos de hablar con ellos. No me lo vas a creer, pero desde la mañana tenía planeado terminar con Susana-
-¿Tenías?-
-Sí, porque me llamó para decirme que iría con su mamá a Velda y regresaría hasta el sábado.
-Mta, que malo.
-¿Y tú?-
-¿Yo? Bueno, no había pensado en eso, y la verdad es que me estaba conformando con estar con Tony, pero creo que no puedo renunciar a la felicidad que se me está presentando solo porque otros serán miserables, aunque eso no se escuchó muy bien, creo que debo pensar primero en mí-
-Sea lo que sea que te hiciera cambiar de opinión, le estoy demasiado agradecido, porque gracias a eso estás conmigo-
-Lo sé, y aunque no lo creas fue Eliza. Sabes una cosa, no postergaré esto más, creo que hablaré hoy con Anthony- se extrañó al ver que él se quedaba callado- ¿Qué pasa? Creí que te alegrarías por eso-
-Es lo que más quiero, pero no es eso. No te vayas a enojar, pero me gustaría que lo hicieras mañana-
-¿Pero no decías que…
-Sí, pero quiero estar más tiempo contigo hoy, mañana no podré ir a la escuela porque tengo una pre prueba para la competencia de la siguiente semana y no te veré-
-Cuando quieres puedes ser un romántico- lo besó en la comisura de la boca y río al ver su cara de desconcierto –Lo bueno siempre tarda en llegar-
-Muy bien señorita White, pero espero que eso bueno no quiera tardarse más de lo debido-
Entre risas y bromas retomaron su camina, siempre absortos en el otro, nunca prestando atención a lo que los rodeaba.
Porque de haber sido así, se hubieran percatado de la tercera persona que los veía demostrándose su amor.
Al verlos sintió sus entrañas revolver y quiso gritar de la rabia, se preguntó en qué momento había pasado todo eso, ¿Cuándo fue que Terry y Candy se hiciera tan, pero tan cercanos? No tuvo respuesta, y quizás no las obtendría, pero definitivamente eso no se quedaría así, sacó rápido su celular y capturó el momento, reanudó su paso y cinco cuadras más adelante tocó el timbre de una casa, pasaron unos minutos y la puerta se abrió para que entrara.
No te importa nada cuando eres feliz, ves la vida de colores; en donde el rosa predomina y el negro difícilmente lo esperas llegar.
El silencio parecía un buen compañero de viaje, cada que podían se veían y volvían a sonreír. Así estuvieron hasta que llegaron al lago donde se confesaran sus sentimientos, bajaron y caminaron hacia donde habían estado la última vez.
Se sentaron; primero Terry y entre sus piernas ella. La abrazó y se deleitó con su presencia, no dijeron nada, entre besos y risitas observaron el atardecer, antes de que el sol se ocultara, Terry tomó una fotografía de ellos dos, capturó el momento.. Se acercó al oído femenino y susurró.
-Yo supe en el momento en que te conocí que había algo en ti que necesitaba. Resulta que no era algo, eras tú-
-¡Oh, Terry! Quisiera siempre estar así contigo. Ojalá no tuvieramos que separarnos-
-Pero es para que no nos escondamos. Las cosas quiero hacerlas bien contigo. Tú te mereces lo mejor Candy-
-Pero ya te tengo-
-Para siempre-
Siguieron en el lago por media hora más, después de eso él la dejó en su casa con la promesa de volverse a ver en cuanto fuera posible. Ella le deseó suerte, y él la besó.
Cada quien regresó en una burbuja de amor a su casa, en cuanto estuvieron en sus cuartos se mandaron mensajes de texto, Terry le envió la foto que tomara en el lago y Candy la pasó a su computadora, contempló la imagen durante mucho tiempo.
La veía y volvía a suspirar, estaba fascinada, a los dos se les veía relajados y felices, felices como no se sentían hacía mucho, hiso algo que jamás imaginara, besó el monitor y se sonrojó, pero qué importaba, si ella era feliz haciendo eso, pues qué más daba.
Bajó para ayudarle a su madre con la cena, entre anécdotas y risas terminaron de cocinar y pusieron la mesa.
-Cariño, dile a tu padre que venga a cenar, está en su despacho-
-Sip-
Caminó hacia donde su padre y tocó la puerta para después abrirla y asomar la rubia cabellera, lo encontró hablando por teléfono.
-¿Pa?-
Su padre no alzó la mirada, en cambio levantó el dedo índice, aquella seña solo significaba una cosa:
Espera un momento
Entró y se sentó frente a él, lo vio fruncir el ceño y resoplar. Intentó hablarle de nuevo minutos después, pero obtuvo lo mismo. Torció la boca y se levantó, antes de salir, se giró e intentó una última vez.
-Papá-
-¿Qué cosa quieres, Candice?- el tono y la forma en cómo le habló la lastimó, tuvo que morder sus labios para no dejar que el sollozo se escapara, pasó saliva y parpadeó -¡No tengo tiempo para estupideces, ¿qué es?-
-Yo…-
-Espera un momento mi amor, tu hermana me está interrumpiendo- la ternura que usó para contestarle a su hermana, que supo estaba en el teléfono, le lastimó más, porque a ella jamás le había hablado así. Su madre escogió ese momento para entrar, los miró a ambos y luego se dirigió a su marido.
-¿Qué ocurre Rodrigo?
-Estaba hablando con Mía cuando Candice me ha interrumpido-
-¿Le ocurre algo a Mía?- la esposa se acercó a él y lo miró, enseguida se volvió para ver a Candy –Ve a la mesa, ahorita vamos a cenar hija-
Sutilmente la corrieron del despacho, respiró y salió. Se sentó en la solitaria mesa y permitió que las lágrimas escaparan, jamás entendería por qué su padre la trataba de aquella manera.
Quince minutos después supo que ya no cenarían en "familia", así que calentó su cena y la llevó a su cuarto, se encerró y comió en silencio. ¿Cómo era posible que en cuestión de segundos su felicidad se viera arruinada? Se recostó en la cama e hiso memoria, su padre nunca la había tratado con cariño, jamás le había mostrado interés y mucho menos afecto. Para Rodrigo White sólo existía Mía. Se giró en la cama y abrazó una almohada, escondió su rostro y se permitió llorar, porque sabía que su padre jamás la querría como quería a su hermana, y eso dolía, dolía en el alma. Cerró los ojos, estaba a punto de quedarse dormida cuando escuchó su celular sonó, a desgana se levantó y lo buscó, se talló los ojos y se miró en el espejo.
-Rayos, no sabía que había llorado mucho-
Tomó el celular y abrió el mensaje, enseguida su tristeza se minimizó al ver que el texto venía de Terry:
"Tu sonrisa tan resplandeciente a mi corazón deja encantado, ven toma mi mano para huir de esta terrible oscuridad"
Envolvió su celular como si se tratara de él, había algo en aquellas palabras que se le hacía conocido, pero no sabía qué y entonces lo recordó y le contestó.
"Ni creas que me engañas, es la canción de una caricatura"
"¡Rayos! Me ha descubierto señorita inteligente, ¿cuál caricatura?
"Pues la de Dragon Ball GT"
"¿La veías? Jamás me hubiera imaginado que te gustara
"La veía de niña pero después a mi madre me la prohibió y ya no la volví a ver"
"Es una lástima, pequeña pecosa"
"¿Cuándo dejarás de decirme así?"
Se llevó el celular a la cama y esperó a que contestara, pero ya no lo hiso. Se decepcionó un poco pero trató de no darle demasiada importancia, así que para perder el tiempo fue al baño a ponerse su pijama y lavarse los dientes.
Ya se estaba preparando para dormir cuando una llamada entró a su celular, se emocionó al ver el nombre de Terry en la pantalla.
-Hola-
-Hola, preciosa-
-¿Cómo estás?-
-Extrañándote-
-Terry, yo también, ojalá pudiera verte-
-Entonces ábreme la ventana-
-¿Qué?-
-Estoy afuera-
-¿Estás loco?-
-Pero por ti- Se asomó por la ventana pero no lo encontró por ningún lado.
-¿Me estás tomando el pelo, Terry? No te veo-
-En la otra ventana- como rayo Candy caminó hacia la ventana del diván, corrió la cortina y se asomó pero tampoco lo vio.
-Si esto es una broma para traerme como perrito por mi cuarto, entonces ya no quiero jugar-
-Mira hacia la izquierda, pecosa- y así fue, en una de las ramas estaba él, tuvo que morderse muy fuerte la boca para no soltar una carcajada, antes de ayudarlo, se fijó que no anduviera algún chismoso y entonces lo dejó pasar.
No pasaron ni dos segundos y él ya la tenía entre sus brazos. Tú más que nadie debe saber cómo son los abrazos cuando estás con la persona que amas, aspiras su aroma, sientes su cuerpo junto al tuyo y es en ese momento que todo lo malo se borra, es como un reinicio y todo vuelve a estar bien, es llenarte de energía y ver la vida de otra forma, es llenarte de paz y sentirte en casa.
Envueltos en aquel abrazo empezaron a moverse lentamente, como si bailaran pero sin música, se detuvieron y se miraron.
-¿Por qué no me dijiste que vendrías? Me habría puesto algo mejor- los azules ojos la miraron, y sonrió. Pasó su mano por la suave piel de su brazo.
-No sabía si querías verme, a mí me encanta esa ropa, además, te pongas lo que te pongas siempre te ves hermosa-
-Gracias, y por si no lo sabes, yo siempre quiero verte-
-Qué bueno que me lo dices, así vendré más seguido- besó su nariz y la abrazó de nuevo, Candy recargó su cabeza en su hombro y volvieron a bailar.
-Me alegra que vinieras, aunque no lo creas te echaba de menos-
-En realidad vine por una chuchería que tienes en tu escondite-
-¿Me estás diciendo tragona?-
-Claro que no, preciosa. Y hablando de chucherias, te traje algo- se separaron un poco y sacó de su pantalón un paquete de gomitas Life Savers.
-Terry, son mis favoritas-
-¿De verdad?-
-Claro que sí, gracias- se puso de puntillas para darle un beso.
Y bueno, un beso llevó a otro y a otro, las gomitas acabaron en el suelo y las manos de Terry se posaron en el derrier de la rubia, que gustosa se acercó más a él y profundizó el beso. La alzó un poco y Candy lo envolvió con sus piernas, los dos gimieron cuando sus partes íntimas se rozaron, el castaño como pudo se sentó al borde de la cama y ella se acomodó perfecto entre sus piernas, inconscientemente comenzaron a frotarse y a besarse con mayor ímpetu, las manos de Terry subieron por la cintura y se aventuraron por debajo de la blusa de tirantes, en una caricia lenta tocó los delicados pechos, Candy gimió en la boca de él y él la besó de nuevo, se movía encima del castaño, y eso a los dos les encantó.
-Preciosa, no podemos…-
-¡Sh! Terry, sólo un poco-
Terry abandonó los pechos y llevó de nuevo sus manos al derrier para acercarlo más, su boca dejó los hinchados labios y se permitió probar el níveo cuello, pasó su lengua por aquel punto, y de nuevo metió las manos debajo de la blusa, y acarició los pechos, aquello para Candy fue como la cereza del pastel, sintió que explotaba, era tan placentero que dejarse de mover no era una opción.
Él estaba igual que Candy, sentir cómo ella se frotaba y respondía a sus caricias lo estaba llevando al límite, era tan intenso que estaba seguro no duraría mucho, y así pasó, fueron unos cuantos besos, unos roces más y los dos llegaron al punto.
Se recostó en la cama y se la llevó encima, los dos suspiraron y sonrieron. Varios minutos después Candy se quitó y se acostó a su lado. Terry se levantó y la miró un poco preocupado.
-¿Cómo te sientes?- acarició su brazo
-Nunca me había sentido tan… tan bien, me siento muy relajada- se estiró un poco y somnolienta lo miró.
-Candy, quiero que sepas que esta nunca fue mi intención- giró su rostro para evitar la mirada de ella.
-¿Qué pasa Terry? ¿No… no te gustó?-
-Claro que sí, yo… Dios, me ha encantado, … es sólo que no quiero que pienses que sólo te quiero para eso-
-¿Cómo crees que voy a pensar así?-
-Yo te provoqué-
-Claro que no, solo se dio, no tienes por qué preocuparte. Yo sé que siempre me cuidarás-
-Tenlo por seguro-
-Terry, eso fue, nunca me había pasado algo así, todavía me siento demasiado…-
-¿Demasiado qué?-
-Ya sabes-
-No. No lo sé-
-Pues todavía me siento…- se estaban acercando cuando los golpes detrás de la puerta los hicieron brincar, se miraron asustados.
-¿Candy, qué está pasando ahí?-
-¡Dios! Es mi mamá, escóndete debajo de la cama- se bajaron y nerviosos miraban para todos lados, la mente de la rubia estaba al mil.
-¿Qué? ¡No!-
-¡CANDICE!-
-Espera mamá, estoy hablando por Skype con Eliza… anda, métete- a regañadientes aceptó.
Esperó a que estuviera escondido, se arregló un poco, quitó el seguro y abrió la puerta, su madre tenía el ceño fruncido.
-¿Qué estabas haciendo?
-Ya te lo dije, hablando con Eliza-
Su madre entró en la habitación y achicó los ojos, a Candy le pareció un martirio que no dijera nada y mirara todo como si lo viera por primera vez.
-Lo siento cariño, es que se escuchaban ruidos extraños-
-Mamá por favor, ya sabes cómo me pongo cuando hablo con Eliza, a veces no nos medimos en lo que decimos. Por cierto ¿cómo está Mia?- Puna miró a su hija durante un momento, suavizó la mirada y relajó los hombros.
-Por fortuna no le ha pasado nada a tu hermana, así que ya todo está bien. Lo siento hija, duerme que mañana tienes escuela-
-Sí mamá. Qué descanses- le dio un beso en la mejilla y volvió a cerrar su puerta. Recargó la frente en la puerta y sacó todo el aire contenido. Se giró y se acercó a la cama para agacharse, le hizo una seña a Terry para que no hablara, aunque su madre se hubiera ido, eso no significaba nada, Pauna podía andar con la ojera pegada en cualquier parte de la casa.
-Estuvimos cerca- le dijo en voz baja Terry una vez que ella apagara las luces de su habitación y se sentaran en la cama.
-Lo sé- recargó su cabeza en el hombro de él –No podrás irte en un buen rato, siento que mi madre puede andar por ahí-
-Pecosa, si quieres que me quede un rato más, sólo dilo, no utilices a tu mamá-
-Eres un chistosito-
Platicaron en voz baja durante media hora más, Candy sacó la caja de chucherías y Terry agarró las gomitas que habían caído al suelo, entre risas calladas se comieron aquello. Cuando ambos se sintieron seguros de que su mamá ya no andaba mereodeando, se despidieron.
-Quiero que sepas que esta ha sido la mejor noche de mi vida-
-Y la mía, nunca creí que terminaría teniendo un…-
-¿Orgasmo?
-Sí, y sólo nos besamos-
-Candy, de verdad que yo no venía con estas intenciones-
-Terry no tienes por qué ponerte así, me ha gustado que pasara así, sin planearlo-
-Tengo que respetarte, Candy-
-Pero yo no quiero-
-Si me sigues diciendo esas cosas no podré irme-
-Lo sé-
Se despidieron con muchos besos, los primeros tiernos, los segundos apasionados y los últimos con mucho pero mucho amor.
