Capitulo 10 tengo un sueño húmedo, y no es tan divertido a como suena.

Comencé a caminar sin rumbo fijo, simplemente seguía hacia adelante. No miraba por donde iba, sencillamente mantuve mis pies en movimiento y en silencio despotricaba acerca de mi suerte.

—Estúpida… No debí… Él es tan… ¡argg! — Murmuraba sin sentido — Él no…

—No deberías estar por aquí tan noche — dijo la voz de una mujer. Salté por la sorpresa de escuchar su voz tan cerca —. Lo siento. No era mi intención asustarte. ¿Estás sola? — preguntó, pero era como si ella ya supiera la respuesta a su pregunta y solamente la hubiera hecho por mera cortesía.

—Sí. — dije la verdad sin saber porque.

—No deberías. Por aquí se han perdido muchos niños. — dijo melancólicamente.

—Algo he escuchado. — dije, recordando las palabras de Quirón —. Pero vengo con unos amigos. Estamos buscando un lugar para acampar.

— ¿A estas horas? — dijo con una sorpresa fingida —. Por aquí hay un lugar perfecto para acampar. No está muy lejos, y está protegido de las vista de los curiosos y el lugar es cálido. Puedo llevarte si quieres. — dijo con la misma voz melancólica.

—Debo avisar a mis amigos. Podemos ir todos.

—No está muy lejos — dijo ella —, menos de cinco minutos caminando. Además, sería mejor que lo vieras antes de ir por ellos, así puedes escoger el mejor lugar. — completó extendiendo su mano blanca hacía mí.

Por alguna extraña razón, la acepté. Tomé su mano y comencé a caminar con ella.

—No tardaremos en llegar. — dijo ella mientras me guiaba entre la negrura de la noche.

Caminaba en piloto automático. No recuerdo haber dado la mayoría de los pasos, o haber recorrido mucho trayecto entre el follaje de los pantanos alrededor. Solo estaba concentrada en la mujer que me guiaba. En su piel extraordinariamente blanca y tersa, en sus cabellos negros, y en sus manos realmente suaves, pero fuertes a la vez.

No sé por cuánto tiempo estuve caminando, pero para mí fue poco. Los pies empezaron a dolerme, sudor comenzó a correr por mi piel y me sentí cansada.

— ¿Ya casi llegamos? — pregunte cansada.

—Ya casi — contestó la mujer —, no es mucho lo que falta. Tranquila, regresaremos por tus amigos en unos momentos.

Cierto, tenía que regresar por los chicos y Annabeth. Me había olvidado que ellos me esperaban.

—De acuerdo. — coincidí mientras seguía caminando, guiada por la mujer.

El tiempo se ralentizó nuevamente. Es como si me encontrara hipnotizada por algo. No miraba donde pisaba, o el camino que seguía, simplemente caminaba y confiaba ciegamente en la mujer que me tenia sujeta por la mano.

Empecé a escuchar gritos. Gritos desesperados. Alguien gritaba, pero lo escuchaba lejano, como si un estupor me envolviera.

¡Monse! ¡Monse, ¿dónde estás?! ¡Monse! ¡Monse, no es gracioso, sal de donde estés! —Gritaban varias voces, pero no las podía identificar.

¡Monse! ¡Monse! ¡MONSE! — Seguían gritando, hasta que algo en mi cabeza me decía que pusiera atención.

¡Monse! ¡Monse, lo siento, regresa, no lo volveré a hacer! — Cierto, yo era Monse, me buscaban a mí.

Me detuve de golpe, pero la mujer no me soltó.

— ¿Algún problema, cariño? — Preguntó con su voz que destilaba tristeza — Ya estamos cerca, no querrás retrasarnos.

—No, no quiero. — contesté, y seguí caminando, dejando las voces cada vez más atrás.

¡Monse! ¡Monse! ¡MONSE! ¡Monse! ¡Monse! ¡MONSE! — Seguían gritando.

La mujer se detuvo en medio de la nada. Simplemente dejó de caminar.

El lugar era pantanoso, frio y oscuro, no servía para lo que lo necesitaba, el problema es que no recordaba para lo que lo buscaba.

—Llegamos. —anunció la mujer.

Una oscuridad mayor se apoderó de los alrededores, opacando la luz de la luna y las estrellas. La temperatura descendió drásticamente, erizándome la piel.

Una forma negra como la tinta, más negra de lo que alguna vez creí posible se alzó del suelo, creando un umbral del que salían gritos de terror y miedo.

— ¿Qué es eso? — pregunté temerosa.

—Eso es una entrada al inframundo — contestó ella —. Entra. — ordenó simplemente.

Mis pies comenzaron a moverse sin mi permiso.

¡Monse, ¿dónde estás?! — Gritaban cada vez más cerca, o era simplemente que esta vez deseaba contestarles, pero no podía, no podía separar mis labios. No encontraba mi voz para gritar.

Los gritos que salían de la entrada fantasmagórica frente a mí me hacían sentir terror en su estado más puro. Los gritos me helaban la sangre, me hacían tiritar del miedo.

¡Monse, te juro por los Dioses que si no sales en este momento…!—Gritó alguien. Quería gritar que aquí estaba, que vinieran por mí, pero no podía. El miedo me paralizó, pero de alguna manera mis pies seguían moviéndose hacia adelante, llevándome cada vez más cerca del portal.

Esta vez me esforcé más, logrando que saliera mi voz temblorosamente.

—Pe-er-cy. —Logré decir.

Nada pasó. Seguí avanzando lentamente hacia el portal de terror.

— ¡Percy! — me las arreglé para gritar.

— ¡Cállate! —ordenó la mujer, y por alguna razón, le obedecí.

¡Monse, ¿eres tú?! ¡¿Dónde estás?! ¡Contesta!

El portal se cernía junto a mí. Los gritos eran aterradores. Lo que sea que me encontrara ahí no sería agradable.

Una mano encerró la mía, impidiendo que entrara al umbral.

—Lárgate. — ordenó una voz masculina.

—Camina. — dijo la mujer.

Mis pies emprendieron marcha nuevamente, pero la mano me sujetó fuertemente, impidiendo mi progreso.

—He dicho que te largues. Tú no debes estar aquí —dijo el joven con voz dura — ¡La encontré! — gritó.

Pasos se escucharon cerca. Los demás aparecieron en diferentes direcciones.

Percy era el más próximo, su cara se veía enfurecida.

— ¡Camina! —ordenó la mujer en voz alta.

Sentía la presión de hacer lo que ella decía. Simplemente no podía ignorar la necesidad de obedecer a esa voz.

Me retorcí hasta soltarme de la mano del que hasta ese momento registré era Nico, y comencé a caminar nuevamente. Mi pie entró en el umbral y el pánico se apoderó de mí. Un miedo y terror se instalaron en mi pecho. Quería gritar, dar media vuelta y salir corriendo. La desesperación se apoderó de mí, pero no podía parar. Di un paso más.

Unos brazos me jalaron de mi coleta, haciendo que cayera sobre mi trasero, pero fuera del portal.

—Te dije que te largaras. Es una orden. — dijo Nico con los dientes apretados.

—No sigo tus órdenes, hijo de Hades.

—Soy el rey de los fantasmas — dijo Nico con voz acerada —, me debes obediencia y subordinación.

—No cuando el rey del inframundo me ha enviado. —Dijo la mujer — ¡Entra al portal, Monse!

Me retorcí, desesperada por cumplir las órdenes de la mujer. Una mano me abofeteo. El golpe me despejó un poco. Salí de mi estupor. Comencé a registrar lo que estaba pasando.

Leo me tenía rodeada en sus brazos. Tenía rasguños y golpes que le había provocado en mis intentos de escape. Annabeth estaba delante de mí; había sido ella la que me había abofeteado. Percy estaba a un lado de Nico, ambos con sus espadas en alto.

—Deténganla. — ordenó Percy.

El portal se encontraba cerca de mí, y todo mi cuerpo lo comenzó a repeler.

—Te ordeno que vuelvas de donde viniste. — insistió Nico.

—La niña del mar viene conmigo.

—Esa no es una opción. — dijo Percy.

—No soy la única que vendrá por ella. — anunció la mujer.

—Pero no serás tú la que se la llevará. — dijo Nico.

Alzó su espada y la atravesó. La mujer se disolvió en humo.

En cuanto la mujer se evaporó dejé de retorcerme. La necesidad de entrar al umbral desapareció.

Percy dio media vuelta y se dirigió hacia mí. Me puse de pie y me abrazó. Él me abrazó a mí.

— ¿Te encuentras bien? — preguntó preocupado — Dioses, ¿tienes una idea de lo preocupados que estábamos? — dijo rodeándome con sus brazos aun.

Pude ver a Nico levantando la mano, haciendo que la entrada al inframundo desapareciera.

—Lo siento. — logré decir contra su pecho.

— ¡¿Qué carajos fue eso, Nico?! Se supone que debes sentir esas cosas, de que sirve tener un hijo de Hades si no puede sentir a sus criaturas cerca. — regañó Percy.

—No es su culpa. — le defendí.

—Eso era un gelo —dijo Nico—, es un espíritu que atrae a los niños y los lleva al inframundo. No son muy comunes.

—Pues aquí había uno, Nico. Sí nos tardábamos un poco más ella…

— ¡Lo siento, de acuerdo! ¡¿Crees que no me siento mal por no haberlo sentido?! ¡Ella también es mi amiga, Percy!

— ¡Chicos! — intervino Leo.

— ¡Es mi hermana! ¡Se supone que la tengo que proteger!

— ¡¿Ahora la cuidas?! ¡Porque la semana pasada no te importó hacerla sentir como basura! — le recriminó Nico.

— ¡Chicos! — dijo Leo nuevamente.

— ¡Eso no es justo! — se defendió Percy — ¡Que yo no ande detrás de ella como perro guardián no significa que no me preocupe por ella!

— ¡Chicos! — gritó esta vez Annabeth, haciéndolos callar a ambos — Ya es suficiente. Lo que importa es que ella está bien.

Yo estaba en medio de ambos, con los brazos de Percy rodeándome aun. Nico tenía el rostro levantado, ganando algunos centímetros, pero aun así era una cabeza más baja que Percy.

Se vieron fijamente a los ojos. Sus cuerpos se encontraban tan cerca que temía que se olvidaran que estaba entre ellos y terminaran aplastándome.

—Gracias, Nico. — dije sinceramente.

Solté a Percy y le di un pequeño abrazo a Nico. Él no me lo respondió; seguía mirando fijamente a Percy. Me alejé de ellos y abracé a Leo con fuerza.

Leo, me rodeó con sus brazos, haciéndome sentir segura y protegida.

—Hoy me salvaste dos veces. — recordé.

—Cuando quieras, peque — dijo él —. Será mejor que regresemos al puerto. Quiero llegar antes del amanecer.

— ¿Amanecer? Leo, solo estamos a cinco minutos del puerto.

Leo y Annabeth me miraron desconcertados. Nico y Percy terminaron con su concurso de miradas.

—Monse — dijo Annabeth —, te hemos buscado por dos horas. No regresabas y nos preocupamos, salimos a buscarte, pero no te encontrábamos.

—Eso es lo que hace un gelo —explicó Nico —. Buscan niños para perderlos y llevarlos al inframundo. Muchas culturas tienen sus versiones alrededor del mundo.

—Como la Llorona. — dijo Leo pensativo.

—Sí…, no sé lo que es una Llorona, pero supongo que sí.

—Gracias por venir por mí… otra vez. Y, lamento las molestias. — me disculpé.

—No eres molestia, peque. — dijo Leo abrazándome.

Nico nos frunció el ceño.

—Ya, muchos abrazos por hoy. Vámonos.

—Nunca hay demasiados abrazos para Leo. — dijo Leo, abrazándome nuevamente, haciéndome reír.

—Eres un tonto. — dije.

—Hey, es parte de mi encanto natural. Tu hermano es valiente, Annabeth lista, Nico el emo y misterioso…

—No soy emo. — se quejó Nico. Leo lo ignoró.

—… yo soy el guapo, gracioso, ingenioso, sexy…

—Creo que entendimos tu punto, Leo. — dijo Percy.

—Es solo que no puedo evitar ser tan perfecto. — dijo Leo.

—No olvides gran amigo. — le seguí el juego.

— ¡BUM! Una nueva cualidad. Bien, peque, esa es mi chica.

—No soy tu chica.

—Ya te lo dije. — dijo él, evocando nuestra conversación en el bote.

—No es tu chica — dijo Nico —. Supéralo.

— ¡Oye, casi la tenia! Estaba a punto de ceder. — protestó Leo.

— ¡Hola, hermano mayor por aquí! — dijo Percy.

—Que infantiles son. — se quejó Annabeth.

— ¡Ellos empezaron esta vez, Annabeth! — protestó Percy.

—Eso no me interesa — les regañó —. ¿Qué no escucharon lo que dijo esa cosa? ¿Fui la única que puso atención? Ella dijo que vendrían más por ella. Lo que me interesa aquí es saber por qué.

Nos quedamos en silencio por algunos minutos, pero sinceramente, la única que estaba pensando realmente en una posibilidad verdadera era Annabeth.

Yo, por mi parte, estaba más ocupada tratando de bloquear el sonido de los gritos que provenían del otro lado del umbral, el solo recordarlos era suficiente para sentir nuevamente miedo.

Percy se acercó a nosotras y rodeó la cintura de Annabeth con una mano y, con la otra me rodeo por los hombros. Nico y Leo estaban delante de nosotros.

— ¿Puedes sacar información de tus… ejem… amigos del otro lado, Nico? ¿Crees poder hacer eso? — dijo Percy con voz reprobatoria.

Annabeth y yo le dimos un cadozo en las costillas.

— ¡Auch! — se quejó.

—Más tacto, Percy. — susurré.

—Lo haré. — dijo Nico.

Se miraron fijamente a los ojos, desafiándose con la mirada nuevamente.

—Bieeeen, esto es incomodo — intervino Leo —, propongo ir al puerto, dormir y partir por la mañana.

—Apoyo la idea. — finalizó Annabeth.

—Yo los llevo — dijo Nico —. Tómense de las manos. — ordenó.

— ¿Ya lo dominas a la perfección? — cuestionó Percy.

Nico sonrió arrogantemente.

—Cuando nos saqué de esa cueva que había sido el templo de mi padre lo hice muy bien, y cuando viaje con Reyna no hubo problemas, ¿o quieres ir a preguntarle para asegurarte de que puedo hacerlo? — dijo Nico con sorna.

Hubiera sonreído, pero en ese momento mi cerebro solo registro el nombre de Reyna y que él había viajado con ella.

—Creo que me arriesgaré. — contestó Percy.

—Siempre puedes caminar. — finalizó Nico.

—Es hora de irnos — se inmiscuyó Annabeth —, demasiada testosterona por una noche.

Nos tomamos de las manos, tomando con mi mano izquierda la mano de Percy y con la derecha la mano de Nico.

Su mano estaba fría, pero era suave para ser la mano de un guerrero.

Sentí un pequeño retorcijón en mi estómago, pero Nico tenía la mirada fija en Percy. Todo se hizo negro y estábamos en el puerto. Nico se tambaleo y, Leo y yo lo sostuvimos.

—Será mejor que descanses, Nico. — dijo Percy en un tono más amable.

—No es necesario. — protestó Nico.

—Sí, es necesario. Duerme — ordenó Percy —. Yo tomaré la primera guardia.

—Yo la tomo. — intervine yo.

—Deberías dormir también, hoy no fue un día sencillo para ti tampoco.

—Percy, no quiero dormir aun.

Me miró preocupado, pero asintió. Bajó la mirada a mis manos y me di cuenta que seguía aferrada a la mano de Nico. Nico me soltó como si mi mano quemara.

—Bien, iré a dormir. — Se separó de mí y se tumbó en el piso.

—Tú también — me miró —. Ve a dormir.

—No quiero dormir aun, Percy. No seas necio.

—Tú eres la necia. Simplemente duérmete.

—No necesito que me estés cuidando, Percy. — Él enarcó una ceja —. Mira, te agradezco lo que hiciste hoy, pero puedo cuidarme sola.

—No paras de repetir eso, pero si necesitas que alguien cuide de ti, eres una niña aun.

— ¡Eso no quiere decir que sea débil! Puedo cuidar de mi misma, no necesito que cuides de mí.

—Pero yo quiero cuidar de ti. — replicó él.

—No, no quieres, y yo no quiero ser una carga para ti.

—No eres una…

—Si lo soy, y lo sabes.

—No lo sabes. Realmente me agrada tenerte cerca. — dijo Percy.

—Percy, escuche la conversación con la fuente.

— ¿Qué conversación? —preguntó dislocado.

—La noche que llegué. Te escuche hablando con la fuente. —Percy perdió un poco de color —. Mira, se que ambos pusimos de nuestra parte, pero…

—Monse, si esto es por lo de la pelea de la vez pasada, yo…

—No es por eso…, bueno, en parte lo es, pero…

—No me has perdonado, ¿verdad? —Me miró intensamente.

—No es eso, es solo que, ¿cómo puedo confiar en ti si tú no confías en mí? Hablé con Annabeth y me dijo que no te presionara, pero necesito saber si tú confías en mí, porque yo no puedo confiar en ti, no ahora. No puedo encariñarme con alguien esperanzada en que no me lastimen, Percy. Así no funciono yo.

—Créeme que yo no te quiero lastimar, Monse.

—Pero lo has hecho. Me agradas, y eres una persona con la que cualquiera se puede encariñar, y eso es peligroso para mí.

— ¿Por qué peligroso? No tiene nada de malo, es normal relacionarse con personas. No puedes encerrarte en ti misma y no sentir nada por nadie, eso se lo dije a Nico y míralo, ahora se ve as feliz. — dijo sonriendo.

—No desvíes el tema, Percy. Yo no puedo bajar las defensas, no puedo perder más gente. Siempre que me encariño con alguien las cosas terminan mal. Simplemente hay que dejar las cosas como están. — finalicé y me alejé de él.

Leo y Annabeth charlaban acerca de algo alrededor de una fogata que no recordaba. Annabeth comenzó a reír de las muecas que hacia Leo. Ambos callaron cuando llegué.

—Tomaré la primera guardia — anuncié. Leo iba a protestar pero me adelante —. No estoy cansada aun. Levantaré a alguien cuando tenga sueño.

Ambos miraron sobre mi cabeza y asintieron.

—Bien. — dijeron ambos y empezaron a preparar sus cosas.

Pasaron treinta minutos cuando ellos comenzaron a roncar (en el caso de Leo, Annabeth emitía soniditos curiosos). Me quedé sentada, pensando en cualquier cosa menos en el adolescente de ojos verde mar que tenía la mirada fija en mí desde el otro lado de la fogata.

— ¿Piensas ignorarme toda la noche? — cuestionó en voz baja. No le contesté. Suspiró — Bien, hablare yo.

Se levantó y se acercó a mí. Se sentó a mi lado, sin tocarme y esperó a que hablara, cuando vio que no lo hice habló él.

—Estuve pensando, y tienes razón. No confío en ti, pero creo que puedo llegar a hacerlo, si prometes confiar en mí. No va a ser nada fácil para ninguno de los dos, pero nunca es sencillo.

» Eres mi hermana. No te mentiré, la noticia no me llegó como yo esperaba, pero imagina esto: Has sido hijo único toda tu vida, estás bien son eso, lo has aceptado, te enteras que tu padre es un Dios, tienes que enfrentarte a muchas cosas, librar batallas, tratar de no morir en el intento. Regresas a lo que es tu vida "normal", te acostumbras a una vida solitaria. Una noche pacifica, sin problemas, aparece una chiquilla de ojos verdes y cabellos negros que te recuerda a alguien, pero no sabes a quien, tiritando de frio, andrajosa y robando comida a un campamento donde no entran los mortales, la amenazas de muerte y ella empieza a temblar. Después resulta que la chiquilla es tu hermana, y para acabar, siempre estuvo sola, empiezas a agradecer la mala vida que tuviste al lado de tu padrastro, agradeces que no hayas tenido que crecer en las calles olvidado. Agradeces que tu madre haya tenido la fortaleza para sacarte adelante. No te diré que has tenido una vida más difícil que la mía, porque, lo cierto, es que yo mismo he pasado por cosas que nadie debería de vivir, pero si te diré que he tenido cariño y apoyo para superar todo eso. Tú no lo has tenido, pero para eso estoy yo. Estoy para cuidar de ti, soy tu hermano, tu hermano mayor, pero no me dejas cuidar de ti. Déjame cuidar de ti.

Sus palabras me provocaron un nudo en el estómago. Eso es lo que yo quería, pero, ¿podía permitírmelo? ¿Podía confiar en él y salir ilesa?

— ¿Qué dices, nos damos la oportunidad? — dijo esperanzado, poniendo los "ojitos de bebe foca" como los había denominado Piper, esos ojitos a los que era imposible decirles no.

—Si nos damos una oportunidad— comencé —, tienes que prometer que serás tú el que limpiará la cabaña. — dije seria. Hizo una mueca graciosa.

—Limpiaré mi mitad. — ofertó.

—Y él baño. — Lo pensó por un momento.

—Bien— aceptó derrotado—. Lo haré.

—Bien — dije con una sonrisa victoriosa —. Entonces empezamos desde cero.

—Me parece bien, aunque creo que me has estafado. — refunfuño.

—Acabas de ganar una batalla aquí amigo, no te quejes. — contesté riendo.

Él paso su mano por mi hombro y con su mano libre me alboroto el cabello.

—Y aquí está mi revancha. — canturreó él.

— ¡Deja mi cabello! — protesté riendo.

—Oblígame.

— ¡Dejen dormir! — protestó alguien, haciéndonos callar.

Me tapé la boca, tratando de acallar mi risa, pero no funcionaba.

Cuando finalmente logramos calmarnos, Percy habló nuevamente.

—Monse, nos hemos conocido por más de un mes, y casi no sé nada sobre ti. — dijo curioso. Me tensé por un momento.

— ¿Qué quieres saber? — dije algo incómoda.

—Pues, todo. Tú también tienes derecho a conocerme mejor. Te propongo algo, jugaremos a las diez preguntas.

— ¿Quieres jugar a las diez preguntas? — dije escéptica.

—Sip. Yo empiezo —Pensó durante un momento antes de hablar —. ¿En cuántas ciudades has estado?

— ¿En serio, esa es la lo que más te causa curiosidad? — dije arqueando las cejas.

Él se encogió de hombros.

—Empiezo por las preguntas leves. Contesta.

—No sé. He estado en California, Arizona, San Francisco, Toronto, una vez estuve en Minnesota, no es el mejor clima, Colorado, no en ese orden, casi nunca sabia en donde estaba realmente.

—Wow, sí que has viajado. — dijo sorprendido.

—No eran vacaciones, Percy. Mi turno. ¿Cómo era tu vida antes de que te enterara de que eras un mestizo? — Hizo una pequeña mueca, pero contesto.

—No es algo digno de mencionar. Crecí con mi madre y mi padrastro, pero él nunca fue una persona agradable, así que no hay necesidad de mencionarlo. Estuve en varias escuelas por ser considerado un chico problema, casi una escuela por año. Incluso me echaron de la escuela militar, ¿puedes creerlo? A los doce años me enteré que era un mestizo, estaba en la escuela Yancy, con mi amigo Grover, él y mi madre me trajeron al campamento, pero hubo un problema y ya sabrás, tuve que viajar y recuperar el rayo maestro de Zeus.

—Ese debió haber sido un año interesante. — coincidí.

—Ni que lo digas. Mi turno. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando me viste esa noche?

— ¿Sinceramente? Que eras un loco que iba a asesinarme en medio del bosque. — contesté recordando esa noche que parecía haber sido hace años.

Me frunció el ceño. — No sabía que tenía apariencia de asesino serial. — bromeó.

—Ahora lo sabes. Mi turno. ¿Cuál es tu obsesión por la comida azul? Es raro.

—Hey, es mi color favorito.

—Y el mío el verde, no por eso toda mi comida debe ser verde. — me quejé.

—Pero la comida azul es original — contraatacó él.

—Y un poco asquerosa. — aporté yo.

—Es la comida que hacia mi mamá para celebrar algo — dijo mas serio —. Es como nuestra broma familiar. Mi padrastro, como dije, no era la persona más agradable, por lo que le gustaba… molestarme. Así que la comida azul fue algo que surgió cuando dijo que no existía tal cosa. Era la forma en que mi madre y yo no seguíamos sus órdenes, un pequeño acto de rebeldía — explicó quedamente —. Sé que puede sonar algo tonto, pero es algo que hemos conservado a través de los años.

—No es tonto — dije yo —. Las tradiciones familiares nunca son tontas.

—Puedes unirte si quieres — ofreció —. Mi turno. Como ya me dijiste cuál es tu color favorito, me he ahorrado una pregunta — sonrió —. ¿Cuál es el recuerdo más feliz que tienes? — preguntó, tomándome con la guardia baja. Un jadeo salió de mis labios.

—No es como si tuviera demasiados recuerdos felices, Percy, pero hay uno en especial. Tendría como ocho años, en eso tiempos mi imaginación era muy loca y por lo regular me jugaba bromas, pero recuerdo que estaba en California, se que era California porque había una playa hermosa, pero no recuerdo cual era — dije perdiéndome en mi recuerdo —, tenía cerca de tres días sin comer y estaba exhausta, así que me tumbe en la arena de la playa. No recuerdo como fui a parar ahí, pero el mar siempre me ha tranquilizado un poco. Como sea, recuerdo que vi algo en el agua. Era de colores brillantes, así que me quede observándolos atentamente.

»Una cabeza de caballo salió a la superficie. Me tomó por sorpresa, y se volvió a sumergir, pero después de unos minutos salió a flote nuevamente. Saltó en el aire y pude ver su parte trasera parecida a la de un pescado enorme. Era la criatura más hermosa que había visto alguna vez. Después de unos minutos volvió a sumergirse y no la volví a ver. Sé que es solo una broma de mi mente, pero en esos momentos me sentí realmente feliz. — finalicé con una sonrisa en mi rostro.

Lo sorprendí sonriéndome.

—No estoy loca — me defendí —, se que solo fue mi imaginación, pero era realmente hermoso.

—Esas criaturas si existen, Monse. Se llaman Hipocampos. Son realmente hermosos.

— ¿En verdad existen? ¿Crees que podríamos ver alguno alguna vez? —pregunté emocionada.

—Creo que podemos hacer algo mañana. Vamos a estar en el océano después de todo — contestó riendo —.

—Bien. Mi turno. ¿Por qué Annabeth y tú se la pasan besándose? Entiendo que sean una pareja y todo eso, pero, ¿realmente es necesario que pasen besándose cada momento del día? — Él empezó a reír y alguien nos acalló, pero no supimos quien fue.

—Tenemos esta pequeña costumbre de que siempre que hago o digo algo estúpido ella me besa. — dijo con tono alegre.

—Entonces no te besa lo suficiente. — dije.

—Se podría… ¡Hey! —comencé a reír.

—Me toca — refunfuñó —. ¿Te gusta alguno de los chicos? — cuestionó, apuntando a los chicos con la cabeza. Me atragante con el aire en mis pulmones y empecé a toser.

— ¿Qué clase de pregunta es esa? — exclamé en un susurro, esperando no despertar a nadie.

—Una pregunta valida — dijo él —. Ahora contesta.

—No, no me gusta ninguno de los dos. — dije con voz tembloroso. Incluso sonaba a mentira a mis oídos, solo esperaba que él me creyera.

—No te creo.

—No me gustan, Percy. Así que puedes estar tranquilo.

Me miró por unos momentos hasta que asintió.

—Te concederé el beneficio de la duda, pero mantendré un ojo en ustedes tres.

—Mi turno. ¿Por qué eres tan condenadamente celoso?

—No soy celoso, simplemente me gusta cuidar de las personas que quiero, Monse, y tú entres dentro de esas personas. Mi turno. ¿Quién es Peter? — dijo.

Sentí como mi estómago se hundí y me faltaba el aire nuevamente.

— ¡Voy a asesinar a Nico por bocón! — exclamé furiosa.

— ¿Le contaste a Nico y a mí no? — dijo poniendo carita de perro atropellado —.Eso duele.

— ¿Cómo sabes de Peter?

—Hablas dormida. — se encogió de hombros.

— ¿Qué a todos les gusta verme dormir o qué? — suspiré derrotada —. Peter era un… conocido. Falleció intentando protegerme.

—No fue tu culpa — dijo después de que le contara la historia completa —. No podías haber hecho nada por él.

—Percy, lo dejé. Preferí salvarme a mí que ir en su ayuda.

—Y estás viva gracias a eso.

—Fui una cobarde, no hay nada de nobleza en eso.

—Él se sacrificó por ti, lo menos que puedes hacer es disfrutar la vida y ser feliz. Debes de dejar de culparte por algo que él decidió.

—Es mi turno — dije, tratando de cambiar de tema —. ¿Papá nunca te dio indicios de mi existencia? ¿Lo has visto? ¿Has hablado con él recientemente?

—Hable con él la noche que llegaste — admitió —. ¿La conversación con la fuente? Era él. Cuando tenía dieciséis me dio a entender que podría recibir hermanos o hermanas pronto, pero simplemente pensé que era una broma. Nunca pensé que me iba a mandar a una niña en medio de la noche en busca de comida al campamento — me abrazó fuertemente —. Pero él se preocupa por ti. Llegaste con nosotros por él. Siempre a cuidado de ti, me lo dijo. Me envió contigo, así que se preocupa por ambos.

—No parece. Todos estos años he estado sola, por una vez habría sido agradable saber que alguien se preocupaba por mí.

—Yo me preocupo por ti, Monse. Y como tal, es hora de dormir, podemos continuar mañana, debes descansar.

—No quiero dormir — admití —. Tendré pesadillas.

—Yo te cuidaré, ¿recuerdas?

Removió a Leo para despertarlo.

—Leo, te toca hacer guardia. Nosotros dormiremos.

—mmjmm… — murmuró somnoliento. — Cinco minutitos más. Ahorita limpio, Nissa.

—Leo, despierta. — dijo Percy con media sonrisa.

Leo se sentó despacio, asimilando lo que pasaba.

—Te toca hacer guardia — dijo Percy —Puedes levantar a Nico si quieres.

—Ajá —murmuró Leo —. Ahorita lo despierto. — dijo a medio bostezo y frotándose los ojos.

Percy se recostó en el suelo y me arrastró con él — Hora de dormir. — murmuró.

— ¿No vas a dormir con Annabeth?

—Hoy duermo contigo, Monse. Duérmete.

Me abrazó por la cintura y me apretó contra su pecho.

Era agradable. Me sentía cálida y protegida con él de esta forma. Me sentía… feliz. Me dejé llevar al mundo de los sueños.

Peter apareció nuevamente en ellos. Me decía que debía tener cuidado, que no iban a parar los ataques.

Una sensación humada se apoderó de mí. Estaba ahogándome en mi sueño nuevamente. Pero esta vez era más… vivido. Todos mis sueños eran realísticos, pero esta vez podía sentir como me ahogaba, pero a la vez, me traía a la realidad.

Abrí mis ojos y algo se metió en mi ojo derecho, haciéndome bizquear. El sol se filtraba por mis pestañas y había personas arreglando las maletas.

La sensación fría seguía en mi rostro. Abrí los ojos y sentí las manos y pecho de Percy ceñidos a mí. Su cabeza estaba en mi cara. La sensación húmeda seguía en mi. Alcé mi mano y toque mi cara. Estaba húmeda, pero no había llorado en mis sueños. La comprensión me golpeó.

— ¡PERCY! — grité, despertándolo sobresaltado, pero no me importó. Deslizó su mano a su bolsillo y saco su espada.

— ¿Qué, qué pasa? — dijo volteando a todos lados. Los demás corrieron hacia nosotros.

— ¡¿QUÉ QUE PASA?! ¡ME HAS BABEADO LA CARA! — grité indignada, limpiándome sus babas con mi camiseta.

Bueno, este capítulo es un poco más corto del que

Los tengo acostumbrados, pero he estado algo corta de tiempo,

así que hice lo que pude. Prometo que le siguiente será algo más

largo y veremos un progreso en nuestro vinculo de hermanos y sí,

veremos más acerca de porque la buscan a ella en especifico.

Bueno, espero les haya gustado y cuídense.

Bye.