- ¡Yo lo sé todo!: Fuiste tú quien ha tratado de asesinarlo.
Yuno observó a Tsubaki con los ojos como platos. ¿Cómo se había enterado de algo así? La chica miope la observaba apretando los dientes y fulminándola con la mirada, y la de cabello rosa tampoco se contuvo en envenenarla con los ojos. Parecía una pelea entre los ojos de las dos chicas, y hasta el ambiente parecía caldearse, al punto de que un niño, que aguardaba en el pasillo junto a su madre para visitar a otra persona, comenzó a llorar estruendosamente porque las dos le brindaban miedo. Con el sonido tan molesto emitido por la criatura, ambas regresaron de golpe a la realidad, y desviaron la mirada, todavía enfurecidas.
- Estás diciendo tonterías –afirmó Gasai repentinamente, girando sobre sus talones para volver a ver a Tsubaki.- ¿Por qué habría de querer matarlo?
- No te hagas la inocente –Tsubaki avanzó un paso en dirección a ella, con el ceño fruncido.- Te detesto, pero no lo suficiente para inventar una acusación tan grave contra ti.
Yuno percibió peligro. Entonces… ¿Tsubaki, al igual que aquella terrorista, la habían visto al momento de atacar a Akise? Imposible. Al menos sabía que podía contar con el silencio de Minene, quien obviamente no la acusaría siendo ella un delincuente mucho peor, y Akise también probablemente se llevaría el secreto a la tumba, sabiendo que todavía no había mencionado nada al respecto (aunque, claramente, aquello podría resultarle valioso si deseaba chantajearla, y como Akise no era una persona de la que se pudiera notar sus intenciones a simple vista… no estaba segura de si lo haría o no.), pero Tsubaki era una persona completamente diferente a los dos mencionados con anterioridad: Ella parecía muy peligrosa, así que debía andarse con cuidado a su lado. Quizás lo mejor sería hacerla desaparecer para que no soltara la lengua…
Sí, lo haría. La mataría apenas tuviera la oportunidad. Sería bastante problemático si iba a la policía como testigo de aquél crimen.
- No sé de qué hablas, estás diciendo cosas raras, así que aléjate de mí –dijo Yuno retrocediendo unos pasos para luego darle la espalda.
Entonces recordó algo: Tsubaki no era alguien que veía las cosas a simple vista por la enfermedad de sus ojos, o al menos eso era lo que había oído decir a algunas personas, por eso normalmente iba acompañada de dos amigas que la ayudaban a ir a algunos sitios, o a bajar escaleras ya que ella no podía distinguir los escalones. Tsubaki no habría podido ver la escena con claridad… Y si más no recordaba, ella tampoco estaba cerca del sitio (al menos no lo suficiente para observar la escena con claridad).
- Lo sé porque lo contemplé en una visión –informó Tsubaki volviendo a adelantarse.-. Puede que mi vista no sea muy buena, pero a cambio, los dioses decidieron compensarme con el don de contemplar el futuro.
Capítulo 10: Nuevos sentimientos.
"¿Qué rayos se trae consigo ésta?" pensó Yuno apretando los puños
- Por supuesto que no es un don que utilizo mucho, pero ayer pude observar a alguien atacando a Akise. Quise advertirlo, pero no tenía manera de contactarme con él, y la tormenta era muy fuerte para avanzar, así que no pude hacer absolutamente nada al respecto, pero… De lo que estoy segura, es que la persona que lo atacó fuiste tú.
- Entonces tu don no es tan útil que digamos –soltó Yuno con un tono ácido-. Yo no he hecho nada a Akise Aru, y no tienes pruebas que me delaten. ¿Acaso piensas que los policías creerán esa tontería de ver el futuro? No creo que sean tan imbéciles para caer en eso.
Tsubaki apretó los dientes, deseando más que nunca brindarle un golpe en el rostro a Yuno, pero gracias a su escasa visión, sabía que la oportunidad de dar en el blanco tenía un bajo porcentaje de probabilidades. Por fortuna para ella, el doctor que había estado examinando a Akise salió de la habitación, permitiéndola ingresar.
Yuno permaneció en el pasillo, detestando su suerte por no haber sido la primera persona que pudiera ingresar a verlo. Se preguntó cómo reaccionaría Akise al verla… ¿Querría hablarle? ¿Volvería a sonreír como antes? Mordió su labio inferior sintiéndose preocupada por nimiedades como aquella, y odiándose por ello, ya que… Todavía le costaba mucho creer que podía llegar a gustarle Akise. A pesar de las cosas que había mencionado Minene la otra noche, no era capaz de dejar ir al recuerdo de Yukiteru que permanecía en su memoria e ir tras Akise.
Es verdad que el chico albino había hecho una gran cantidad de cosas buenas por ella, demostrándole, incluso, que permanecería a su lado sucediera lo que sucediera, le había demostrado que de verdad la quería, y que deseaba su felicidad, pero… Yuno sentía que si permitía que su corazón fuera tomado por él, estaría insultando a la memoria de Yukiteru, dejándolo a un lado para irse con alguien más. Es por eso que no quería caer en las redes de Akise Aru, y haría lo imposible para que su destino no fuera alterado.
Media hora después, Tsubaki salió de la habitación con una sonrisita de satisfacción en los labios, y la caja de obento ya vacía. Sus ojos se cruzaron con los de Yuno, y entonces, su sonrisa se ensanchó, casi en un gesto de burla, que sólo irritó a la chica de cabello rosa, quien, además, no podía hacer nada al respecto, y menos habiendo tanta gente en el corredor en el cual se encontraba.
Casi emitiendo pataletas, como una niña pequeña y caprichosa a la que habían negado un dulce, Gasai decidió finalmente ingresar a la habitación ocupada por Akise.
Como esperaba, el chico permanecía recostado sobre una cama, con una bolsa de suero conectada a sus venas y los ojos cerrados, como si estuviera durmiendo, aunque Yuno sabía perfectamente que estaba despierto. ¿Quizás había cerrado los ojos porque no deseaba verla? De todos modos, se acercó a él hasta la cama y lo observó durante un rato.
Estaba pálido, debido a la pérdida de sangre, quizás, pero eso lo hacía ver como si se tratara de un ser celestial gracias a lo guapo que se veía incluso en esas condiciones. Akise era tan atractivo que…
No, no, no. No estaba bien que pensara en esas cosas, y menos en un momento como ése.
- Tú…
Akise parpadeó un poco y finalmente entornó los ojos hacia Gasai, para luego curvar una débil sonrisa, la cual fue suficiente para que algo dentro de Yuno diera un brinco.
- Supongo que estás aquí para acabar lo que comenzaste, ¿Verdad? –dijo él devolviendo su vista al techo, y sorprendiendo un poco a Yuno.- He intentado hasta el último momento mantenerte a salvo. No quisiera que sufras yendo a parar a un lugar tras las rejas y, además, sé que no serías capaz de asesinar a nadie más que no sea yo ¿O me equivoco? Jajaja, si es que tú me odias tanto.
Yuno no comprendía por qué él soltaba cosas como aquella, pero lo que sí sabía es que estaba sintiéndose muy irritada, como si Akise estuviera diciendo cosas indebidas. Al menos sabía que él no tenía ninguna intención de delatarla con la policía en caso de que fuera necesario, pero… ¿Por qué razón se sentía tan enfadada? ¿Quizás por el tono tan resignado con el que él mencionaba aquellas palabras? O quizás porque sentía que Akise estaba dándose por vencido y que, tal vez, nunca más podría volver a verlo luego de ese día. Tenía el presentimiento de que él ocultaría algo así, y no le sorprendería si lo hiciera: Marcharse de un día para otro sin dejar un solo rastro tras él.
Y entonces sintió miedo, mucho miedo.
- Por favor, hazlo rápido, no me gustaría sentir dolor. –Akise cerró los ojos, pero lo único que recibió fue una cachetada, lo cual provocó que abriera los ojos y los clavara en Yuno con sorpresa brillando en ellos. Gasai todavía tenía la mano al aire, pero su cabeza se encontraba gacha, de modo que sus flequillos ocultaban su mirada.
- No seas imbécil –le espetó estirando una silla y tomando asiento justo a su lado, incluso cuando en un principio había pensado en permanecer allí sólo lo necesario para evitar situaciones incómodas. Ella misma estaba sorprendida por ser capaz de hablarle de esa forma a pesar de lo ocurrido entre los dos.- No soy tan estúpida para acabar contigo dentro de un hospital: Sabrían que soy yo, y, además, si tuviera que asesinarte, preferiría que te encontraras lúcido, y no luciendo como un enfermo moribundo.
Akise parpadeó con una notoria sorpresa reflejada en sus facciones, y Yuno desvió la mirada para no caer bajo la mirada casi hechizante del chico. Estaba nerviosa, pero… ¿Por qué? ¿¡Por qué!? No quería enamorarse de él. Si lo hacía, acabaría olvidando a Yukki. Pero Akise era tan…
- Tienes razón, lo lamento –mencionó él regresando su vista al techo, y luego curvando sus labios en una nueva sonrisa.- Ya imagino por qué has venido aquí el día de hoy… ¿La tarea, cierto?
- ¿Cómo lo supiste?
- Es la única razón por la que serías capaz de venir a verme. Supongo que el profesor no ha tenido más opción que brindarte a ti esa responsabilidad, ¿Verdad? Especialmente cuando el resto de los estudiantes de nuestro mismo salón no serían capaces de hacer ni siquiera esto correctamente.
- ¿Los estás llamando "idiotas"?
- No soy tan presumido. –Akise hizo un esfuerzo por tomar asiento, pero teniendo en cuenta que su costado estaba herido, hizo una mueca de dolor. Yuno lo observó preocupada, e hizo el ademán de estirar el brazo para ayudarlo, pero lo bajó rápidamente tras percatarse de lo que estaba intentando hacer.- Me refiero a que la mayoría de los estudiantes preferiría que desapareciera. Si le dieran la tarea a alguien más, lo más probable es que no llegara a mí.
Yuno abrió los ojos como platos. ¿Qué estaba diciéndole tan repentinamente? No lograba comprender las palabras del chico, hasta que cayó en cuenta sobre algo muy importante que no había notado sino hasta ahora: Akise no tenía amigos. Al ser el estudiante más inteligente del instituto, los demás compañeros lo rehuían, y a veces lo veían casi con desprecio, como si tener calificaciones perfectas fuera un crimen. Por supuesto que él nunca había sido el blanco de abusones porque tenía la suerte de saber intimidar a los demás simplemente utilizando las palabras. Por eso es que la mayoría del tiempo permanecía completamente solo, haciendo oídos sordos a aquellos que lo criticaban.
Yuno apretó las manos, arrugando un poco los papeles que sostenía con ellas, y desvió la mirada sin saber muy bien qué decir, o qué hacer. Palabras de ánimo sonarían muy hipócritas viniendo sobretodo de ella, y más aún luego de lo ocurrido entre los dos.
- Bien, ¿Me lo darás? –Akise extendió la mano para poder recibirlos, y Yuno se sobresaltó con ese gesto. Se los entregó y permaneció quieta en su lugar, casi como si esperara algo… incluso cuando su misión se encontraba hecha.
Quería marcharse y a la vez no. Era una situación muy extraña, demasiado, quizás… Así que no podía hacer otra cosa más que quedarse quietecita, como si se tratara de un autómata al que se le haya acabado la batería. Sabía que no debería estar en ese sitio, que Akise necesitaba estar solo, que ella no tenía derecho a verlo después de lo que le había hecho, pero sentía que, si lo dejaba, no lo volvería a ver jamás, y tenía miedo de que eso llegara a pasar. No quería perderlo igual que a Yukiteru. Incluso si entre los dos jamás habría existido nada, o jamás comenzaría algo, ella se sentía preocupada, y creía que tenía el derecho de mantenerse al tanto de casi todo lo que sucedería en el futuro, entre ambos.
Entonces se le ocurrió una cosa.
- Hum… -mencionó con incomodidad, sin saber muy bien qué decir con exactitud. Akise la observó dubitativo.- Acerca de lo que me dijiste antes… El día en el que fuiste a visitarme a mi casa y yo llevaba puesto el kimono.-Yuno levantó la mirada, encontrándose con los ojos de Akise, y permaneciendo perdida en ellos durante unos segundos hasta percatarse de lo que estaba haciendo y volver a apartarla con rapidez.- Dijiste que yo te gustaba, ¿Verdad? –Apretó los puños sobre las rodillas- Si todavía lo haces, me gustaría mucho que me hicieras un favor.- ladeó la cabeza sin saber si lo que estaba haciendo resultaba lo correcto, pero era lo único que se le podía ocurrir.
- "Si todavía lo haces" –repitió Akise cerrando los ojos- Creí que, llegados a este punto, era obvio que nadie más me gusta a excepción de ti.- Los ojos de Yuno se abrieron como platos, y sus mejillas se colorearon de carmesí, a tal punto, que tuvo que apartar el rostro para simular un poco a pesar de que era bastante obvio. Akise sonrió sin abrir los ojos, y preguntó-: ¿Qué tipo de favor deseas que realice por ti?
- No te atrevas a irte sin avisarme primero –la voz de Yuno quizás sonó algo temblorosa, pero no podía evitarlo. Incluso las palabras se habían quedado momentáneamente atascadas en su garganta antes de conseguir enunciarlas, provocando que Akise abriera los ojos y volviera a observarla, claramente atónito por semejante petición.- Si no lo haces, no sería capaz de perdonártelo jamás. Espero que quede claro.
Akise abrió la boca un par de veces, probablemente intentando decir algo, pero como aquello lo había tomado por sorpresa, no fue capaz de articular absolutamente nada, así que no tuvo más remedio que cerrarla y permanecer en silencio durante un rato, hasta lograr recuperarse de la impresión y conseguir decir algo, de nueva cuenta.
- No tengo intenciones de hacerlo, de igual manera, pero lo tomaré en cuenta.
Yuno se sintió algo más tranquila, pero la inquietud seguía arremolinándose en su estómago, como si no estuviera del todo convencida de que Akise dijera la verdad… Y, ahora que lo pensaba, ¿La estaría mintiendo para no hacerla sentir mal? Le dedicó una mirada recelosa tras pensar en esa probabilidad, ya que Akise era un chico bastante misterioso ahora que lo pensaba. Raramente podía adivinar lo que pasaba por su mente ya que era él quien mantenía un muro aún más fuerte que ella misma, incluso.
- Espero que lo cumplas –mencionó con un tono casi amenazador-, o de lo contrario iré a donde sea que te encuentres y acabaré contigo por mentirme, y sabes que yo no miento – Hizo lo posible para sonar lo más seria que podía para que él comprendiera que ella iba enserio.
Akise se limitó a asentir con la cabeza, molestándola un poco por no decir o hacer algo más que eso, y provocando que la incomodidad se hiciera mayor, pero como él básicamente no había hecho o dicho nada malo, soltó un suspiro pesado y se frotó las sienes utilizando las yemas de los dedos.
- ¿Por qué…? –Yuno titubeó por unos instantes, sin que se le ocurriera otra manera de sostener la conversación entre los dos.- ¿Por qué y cómo te enamoraste de mí?- Volvió a levantar la mirada, notando que Akise no estaba viéndola a ella, sino al techo.
- Es una larga historia –mencionó él.- Pero no tenemos mucho tiempo para que puedas oírla, y, además… -Volvió a contemplarla- la razón quizás te parezca algo descabellada.
- ¿Lo hiciste porque soy casi tan inteligente como tú? –preguntó Yuno haciendo un ligero énfasis en la palabra "casi". Akise rió y luego negó con la cabeza.
- Te equivocas –dijo él con una sonrisa. Extendió la mano, tomando una de las de Yuno, quien sintió su corazón estremecerse y sus mejillas arder ante el suave tacto del chico albino. – La razón por la que me enamoré de ti es porque deseaba protegerte.
- ¿E-Eh?
- Aunque resulta bastante tonto. He hecho lo que estaba a mi alcance para que te mantuvieras a salvo, pero… -soltó una risita un tanto nerviosa, y trató de apartar la mano, pero Yuno se lo impidió apretándosela. Akise volvió a contemplarla atónito, pero ella no hizo caso a esa expresión que se dibujaba ahora en las facciones del chico.
¿Protegerla…? ¿Por eso es que se enamoró de ella? ¿Porque deseaba protegerla? Era una razón un tanto tonta, si se ponía a pensar en ese aspecto detenidamente, pero por alguna razón, le parecía algo tierno. Ni siquiera Yukiteru le había dicho algo de ese tipo en el pasado. ¿Pero por qué querría protegerla? Ella le había causado tanto daño a esas alturas, que le sorprendía que Akise continuara firme en su gusto hacia ella. Era estúpido.
- Cuando te conocí –mencionó él, esta vez sin necesidad de soltar la mano de la chica- lucías una hermosa muñeca de porcelana que se encontraba rota. Eras hermosa, pero te veías tan triste…
Entonces los recuerdos llegaron a la mente de Yuno.
Fue a principios de año, cuando habían pasado exactamente dos meses luego de que Yukiteru se hubiera marchado y hubiera muerto. Ella había estado desolada al punto al que no había querido regresar al instituto porque todo lo que veía allí, le recordaba a su amado y difunto novio, el que prometió que tendría una vida similar a la de una chica normal, pero sus padres la habían obligado a asistir al punto en el que incluso su madre le dio un golpe en la cara.
Ese día constituía la ceremonia de inauguración de un nuevo año escolar, y Yuno no tenía ganas de asistir, pero lo hizo a fuerzas porque no deseaba recibir otro golpe en el rostro. El que su madre le había dado, Yuno lo cubrió utilizando algo de gasa, y cada vez que algún conocido preguntaba algo al respecto, ella se limitaba a sonreír y responder que sólo era un raspón que le había ocasionado el gato.
Yuno se había detenido bajo el árbol de cerezas que estaba camino al instituto, el mismo que florecía cada primavera y constituía el cerezo más hermoso que había tenido la dicha de conocer. No podía hacer otra cosa más que esperar con ansias a que llegara esa época del año para verlo florecer nuevamente y que le brindara algo de alegría y calidez luego de tanto sufrimiento.
Entonces lo conoció.
Sus cabellos de color platino se despeinaban un poco más de lo que ya estaban con ayuda del viento, y lucía muy presuroso. Llevaba el mismo uniforme que el del instituto al que ella asistía, por lo que él decidió detenerse justo a su lado.
- Disculpa, pero… ¿Eres del instituto Umesato? –preguntó él tratando de recuperar el aire perdido tras esa alocada carrera que había realizado. Yuno parpadeó mientras observaba el modo en el que él apoyaba las manos sobre las rodillas y respiraba entrecortadamente, y sonrió.
- Por supuesto. Eres nuevo, ¿Verdad? Si deseas, puedo enseñarte el camino. –Yuno sonrió y el chico nuevo finalmente se enderezó y le devolvió la sonrisa.
- Muchas gracias –atinó a decir él- Acabo de transferirme. Soy nuevo en la ciudad. No conozco más que un par de calles alrededor de mi hogar, y nada más –el chico dejó escapar una risita nerviosa, y Yuno también rió un poco al encontrar graciosa la expresión que tenía él.
Charlaron durante un rato mientras se acercaban al sitio, tratando de no llegar muy temprano porque los dos consideraban que la ceremonia de inauguración era bastante aburrida, y que no valía el esfuerzo. Incluso se habían detenido en un puesto de helados a comprarse un par, aprovechando que el clima se encontraba cálido, a diferencia de los días anteriores.
Al llegar a las puertas del instituto, Yuno se detuvo repentinamente, y el chico la imitó tras notar que se había quedado un poco atrás.
- ¿Ocurre algo, señorita?
Yuno se había puesto a pensar que ése sería el primer año que estaría sin Yukiteru. ¿Qué es lo que debería hacer? ¿Cómo se suponía que lo iba a soportar? Si tan sólo pudiera retroceder al pasado y evitar que él se fuera…
- ¿Señorita?
La voz del chico la devolvió de golpe a la realidad, e hizo lo posible para simular, sonriendo un poco.
- Descuida. Lo mejor será ir a clases antes de que los profesores se preocupen mucho y nos metamos en líos –dijo ella, aunque la expresión de tristeza y frustración todavía podía apreciarse en sus facciones. El chico fue esta vez el que se quedó atrás, luciendo un poco sorprendido, como si acabara de ver algo de naturaleza extraordinaria, pero no tardó en volver a acercarse a ella.
- Olvidé presentarme: Mi nombre es Akise Aru.-mencionó él al tiempo que ingresaban dentro del edificio.- Cuida bien de mí, por favor.
- Mi nombre es Gasai Yuno, lo mismo digo.-Se dedicaron una última sonrisa antes de que los dos tuvieran que separarse para ir a buscar los casilleros que les correspondería.
Yuno observó a Akise como si éste se encontrara bajo una luz nueva. Casi podía asegurar que él de verdad había sido enviado para que ella pudiera ser feliz al lado de alguien más luego de sufrir tanto a causa de la pérdida de su novio. ¿Cómo no se había percatado de eso antes?
- Por esa mirada, puedo notar que lo has recordado, ¿Verdad?
Yuno no dijo nada. Se puso de pie y soltó la mano del chico, quien la observó sin comprender. Ella dio la vuelta, dispuesta a marcharse, pero Akise la detuvo sosteniendo su brazo justo a tiempo. Gasai se giró a mirarlo fijamente, y el chico, haciendo un esfuerzo extraordinario para tomar asiento, la obligó a acercarse nuevamente.
- En esa ocasión lucías tan triste, tan seriamente lastimada, que tuve deseos de rodearte con los brazos y no dejarte ir jamás –mencionó él con una ligera sonrisa en los labios.- Y ese deseo de protegerte continúa. No me mires con esa expresión, porque siento que he fallado.
Yuno se mordió el labio inferior. ¿De verdad estaría tan mal si acabara enamorándose de Akise? Él era tan amable con ella incluso a pesar de todo lo ocasionado, y, además… Era cierto: Necesitaba a alguien que iluminara sus días de nueva cuenta.
Los ojos de los dos se mantuvieron firmes los unos sobre los otros, casi como si estuvieran tratando de adivinar lo que pasaba por la mente de ambos, algo que no era del todo mentira.
Entonces, poco a poco, la distancia entre los dos fue acortándose hasta que sus labios prácticamente podían tocarse.
