PROV. BELLA

Solo sentí como un espejismo, es que eran demasiado hermosos para ser reales. Extendí mis dedos hacía su rostro, tocando esa fría piel y dura como el mármol. Cada uno me veía expectante, esperando algo, que dijera aunque sera una palabra o letra.

Pero tenerlos a todos, en la casa, viéndome como si yo tuviera dos cabezas y no ellos, era incomodo y no me gusta ser el centro de atención de nadie, ni de mi familia.

Pero seguí tocando el rostro de Edward, quien al sentir mis dedos haciendo contacto con él, cerro sus ojos con suavidad, como si disfrutara de mi toque. Tenía la vista baja, observando sus manos, cuando alce la vista, me encontré con sus ojos abiertos, mirándome, sus ojos dorado chocando con los mío. Podía decir que en ellos veía amor, pasión y alegría que desbordaba por mi. ¿acaso me amaba?... sería extraño que lo hiciera, solo llevábamos dos semanas conociéndonos.

Tonta Bella me dije, ellos eran mi familia y llevaban conociéndome años, eso significaba que.. ¿Podría ser? Fuimos alguna vez pareja? Las respuestas no las tenía yo... las tenía Edward Cullen.

Una rápida sonrisa curvó las comisuras de sus labios sin mácula.

-¿Te asuste?-pregunto con poca preocupación. ¿Enserio lo preguntaba? Pero pude notar una curiosidad en su voz.

-Creo que podría acostumbrarme-

Su sonrisa se hizo mas amplia y sus dientes refulgieron con la luz. Poco a poco, me acerqué más y extendí toda la mano para trazar los contornos de su antebrazo con las yemas de los dedos, estaba solo con una camisa después de haberse mojado. Contemplé el temblor de mis dedos y supe que el detalle no le pasaría desapercibido. Era impresionante lo que tocarlo me causaba.

-¿te molesta?- pregunte, pues no creo que a nadie le ha de gustar que lo toquen como si fuera un tesoro o algo parecido.

-No- sonrió mucho mas si podía- no te puedes imaginar cuanto deseaba que lo hicieras.- suspiro.

Mis ojos se abrieron de par en par, quizás mi teoría de que pudimos ser pareja era real. Seguí trazando con mi mano, subiendo por su codo, tocando con suavidad sus perfectos músculos de su brazo. Estiré la otra mano para darle la vuelta a la de Edward. Al comprender mi pretensión, dio la vuelta a su mano con un desconcertantes y fulgurantes movimientos, que no había visto nuca. Esto me sobresaltó; mis dedos se paralizaron en su brazo por un breve segundo.

-Lo siento -murmuró. Me sentí culpable pues por algo tan maravilloso me había sobresaltado, no era culpa de él-Debo recordar que tu apenas sabes lo que soy, pero estando cerca de ti, resulta demasiado fácil ser yo mismo.

Aun sentía la mirada de todos sobre mi, trate de ignorarlos, siguiendo mis trazos en sus brazos, tocarlo me gustaba, hasta sentía que desfallecería por tocar tanta belleza. Era bueno saber que me encontraba sentada, cruzadas de piernas sobre el sofá. Los ojos de Edward le hicieron una señal a los demás, solo escuche un fuerte viento y ya no había nadie. Maravilloso pensé.

-Dime que piensas- susurro. Al mirarle descubrí que me estaba observando con repentina atención-. Me sigue resultando extraño no saberlo.

¿Que significaba eso? Porque le resultaba extraño no saber lo que pensaba? Se que puedo ser un libro abierto, a veces. Pero que el me dijera eso... no entendía...

-¿Que quieres decir?- pregunte con mucha atención para saber lo que diría.

Lo escuche suspirar, observar mis ojos y apretar calidamente su mano con la mía.-Puedo hallar a alguien con solo escuchar su mente.- me miró con ansiedad y comprendí que me había quedado helada.

Permanecí sentada en silencio, confusa, llena de pensamientos incoherentes, con las manos cruzadas sobre el vientre y recostada lánguidamente contra el sillón. El seguía con la mano en la mía, tan inmóvil que parecía una estatua tallada. Finalmente alzó la vista y sus ojos buscaron los míos, rebosando sus propios interrogantes.

-¿Lees la mente?- pregunte. El solo asintió, esperando a que dijera algo o le preguntara.

Pero por mas que quise hacer eso, fue todo lo contrarió, mis ojos se habían enfocado en sus labios. No entendía cual era el motivo por el cual quería probarlos, si serían igual de fríos que su piel o cálidos como mi temperatura corporal. Suspire, Edward me oyó, mirándome con curiosidad. Yo clave mi mirada en mi mano, para que no supiera lo que yo estaba pensando... pero entonces recordé que el había dicho que era extraño no saber lo que pensaba. Debía matar mi curiosidad.

-No puedes escuchar lo que pienso- afirme, me estaba acostumbrando a verlo sonreír.

-Dime que piensas- hablo de nuevo- el no saberlo me tortura.

-Creo que las personas se siente igual al no saber lo que otros piensan.

-Algo duro- dijo con una mueca- pero aun no me contestas.

La verdad no quería decirle lo que pensaba, como reaccionaría si le dijera: Deseo besarte, que me toques, que si eres real y no estoy en un sueño... que ridícula me escucharía.

Pareció ver algo en mi rostro, que de pronto ya no estaba frente a mi, estaba en la esquina de la puerta de salida ¿se iba? ¿porque? ¿porque no le dije lo que pensaba?... por un momento me entro temor... no temor por él, temor a que se fuese y no regresara nunca, que me dejara sola, sin su compañía. Solo porque no podía entrar a mi tonta cabeza. El miedo se volvía cada vez mayor y yo no sabía como detenerlo, me había pillado desprevenida y sin poder reaccionar, estaba inmóvil casi parecía estatua.

-No temas- hablo en un susurro, mientras se acercaba con exagerada lentitud. Hasta que llego de nuevo a sentarse frente a mi, con nuestros rostro de nuevo frente a frente, a la misma altura.

-Perdóname por favor- pidió suave- por un momento llegue a creer que haría algo y que tu te enojarías, pero me comportare mejor.

Por dentro reía, hablo como un niño que acaba de hacer una tremenda travesura... pero aun así no conteste, seguía viéndolo, pues el miedo aun estaba dentro de mi. Casi lo creí perdido, casi.

- ¿Estás bien? -preguntó tiernamente, extendiendo el brazo lenta y cuidadosamente para volver a poner su mano de mármol en la mía. Miré primero su fría y lisa mano, luego, sus ojos, laxos, arrepentidos; y después, otra vez la mano. Entonces, pausadamente volví a seguir las líneas de su mano con las yemas de los dedos. Alcé la vista y sonreí con timidez. -Bueno, ¿por dónde íbamos antes de que me comportara con tanta rudeza? -

-La verdad es que no lo recuerdo.- Sonrió, pero estaba avergonzado.

-Creo que era sobre saber lo que piensas-

-Si- dije, pero aun así no quería decirle lo que pensaba.

-¿Entonces?-

Quise desviar el tema, no estaba pensando bien en esos momentos. Bueno si pensaba pero mas que nada en besar. Así que decidí seguir recorriendo su mano, haciendo trazos en su palma. Lo segundos pasaban y era mejor así.

-¡Con que facilidad pierdo la paciencia!- lo escuche musitar.

No pude evitar lanzar una pequeña risa, estaba ansioso por saber lo que yo pensaba, le parecía importante lo que yo dijera. Además había visto sus cambios de actitud, como al principio el estaba feliz, cariñoso y de pronto se volvió brusco alejándose de mi, para volver mas tranquilo y de pronto se frustra. Sonrió al verme sonreír.

-He notado que eres bipolar- no pude detenerme a decirlo- es lo que pienso ahora.

Hizo una mueca extraña, como si ya se lo hubieran dicho. -Alice lo dice mucho.

-Beso- me atreví a tomar valor. Me miro sin entender- yo... pensé en ... que podría darte un beso- mi cara ardía por lo avergonzada que estaba y también roja.

Su rostro de pronto se ilumino, alzando su mano tocando mi rostro, sintiendo sus fríos dedos tocar mis mejillas. La sensación que me embargo era fascinante, tanto que no quería que se alejara mas lo hizo.

-Miedo- hable de nuevo, viéndome esta vez con su ceño fruncido, la tristeza y el miedo se juntaron haciendo que estuviera a punto de llorar.

-¿Me tienes miedo?- su voz se escuchaba dolida, partiéndome el corazón.

-Tengo miedo, de que te vayas, no vuelvas. Que me dejes, si lo hicieran yo moriría... tengo miedo de eso, no de ti-

-No me iré de tu lado- sentencio- a menos que tu quieras, de otro modo, siempre estaré contigo. Siempre- baso la palma de mi mano.

-No quiero que te vayas- sentía que si se alejaba de mi, moriría.

Nuestros rostros estaban cerca, demasiado. Su belleza inhumana me atarantaba, era demasiado, algo a lo que todavía debía acostumbrarme.
Tomo entre sus manos mi rostro. Prolongaba el momento, para besarme. Poco a poco sus fríos labios de mármol presionaron los míos con suavidad. La sangre me hervía bajo mis labios, correspondiendo el danzar de ellos, me aferre a su pelo, pegándolo mas a mi. Entre abrí los labios par profundizarlo mas, nuestras lenguas se encontraron en una batalla para saber quien sería el ganador, aunque yo sabía que era él, bajo sus manos a mi cintura, pegando mi cuerpo a su pecho. Por mi falta de aire, tuve que aflojar mi agarre para salirme de sus labios.

Al verlo, tenía una gran sonrisa, sus ojos estaban llenos de amor y complacidas.

-Te ves frágil pero sigues siendo fuerte, menos atrayente.- murmuro contra mis labios.

Volvió de nuevo a besarme con ímpetu, esta vez con mas pasión.. con tanta fuerza que tuve que enroscar mis brazos a su cuello para no desfallecer y perder el contacto. Sus labios eran tan conocidos para mi, tan exquisitos que hubiera seguido besándolo por mucho tiempo más, si no hubiera sido por ella.. su hermana.

-Es maravilloso saber que de nuevo están empezando- nos dijo Alice, provocando nuestra separación- pero... alguien se acerca y no sabríamos decir si es bueno o malo.

-¿Quien?- hablo Edward, frunciendo el ceño.

-¿De que hablan?- sentía que me perdía una parte de esa conversación en silencio.

-Alguien viene a buscara a Bella, mas no sabría decir para que, tu me lo impides- me acuso Alice.

No entendía de que hablaba, ¿que impedía yo? Todo esto se estaba tornando raro.

PROV. VAMPIRO VIEJO

Estaba a pocos kilómetros de llegar al pueblo de Forks, tenía la esperanza de que Bella ya tuviera conocimiento de algo o que ellos le hubieran dicho algo pero que no la alterara.

Me preocupaba saber que encontraría al llegar a la casa de los Volturi, también se que están los Cullen. Mas eso no era lo que me tenía preocupado al limite, había algo que se me había olvidado decirle a Bella, una parte de la historia que no conté, la cual sería peligrosa si no lo sabían.

Bella estaría en un gran riesgo, si llega a los dos meses sin recuperar la memoria y se deja caer en esa oscuridad, algo peor de la situación en que se encuentra sucederá.

Se que fue mi error, no haberlo contado, pero creí que no se volvería a repetir, así que debo llegar a tiempo para que no se cumpla el plazo.

Observo detenidamente el retrato que llevo conmigo siempre, extraño su dorado cabello, sus ojos rojos, sus labios carnosos... ella era mi ser, pero por un descuido la perdí es por eso que no debo permitir que ellos pierdan a Bella.

-Beatriz...- susurrar su nombre me mantiene calmado. Espero que el avión aterrice pronto.

PROV. BELLA EN LA OSCURIDAD

Una calidez llego a mis labios, como esa sensación maravillosa que me causaba cuando besaba a Edward. Esa sensación me llena en todo sentido, que quisiera volverla a sentir. Volver con él, abrazarlo, besarlo, tocarnos juntos.

Mas con el solo intento de querer tocar esa luz blanca el dolor empieza a atacarme, el es mi enemigo, no quiero ni siquiera pensar en eso. Solo verlo, solamente verlo, me causa daño.

Por eso es que elegí la oscuridad, para dejar de dañarme y sentir dolor por mis actos, por eso elegí la oscuridad, ella me envuelve, y no me dejara sola, es lo único pacifico y bueno que tengo.

-No me quiero ir- susurro.- No quiero irme.

-Tranquila Bella- escucho una voz que no identifico cual es- que yo siempre te protegeré, no dejare que la luz te haga daño, te quedaras conmigo para siempre, nadie te alejara de la oscuridad... ¿quieres eso?

-Lo quiero- respondo rápido sin dudarlo- lo quiero.

-Tranquila, solo duerme y veras que todo desaparecerá y nada te dolerá de nuevo-

Los brazos de la oscuridad me acunan, meciéndome para volver a dormir y estar tranquila, sin miedo.