Just deal with your fate
Notas de la Autora: Bueno... Este capítulo ha sido releído y remodificado varias veces v.v... Espero que os guste porque es algo distinto a lo que había escrito hasta ahora de fic ó.ò
rinoaangelo: Bueno Zell no pringará tanto como con lo del murciélago de ahora en adelante... Pero tranquila que seguirá pringando XD En cuanto al resto... Bueno ahora lo leerás v.v XD Lo siento si se me va demasiado la mano v.v...
CAPÍTULO X: ROZANDO EL PARAÍSO.
A la misma hora de cada mañana Irvine despertaba abriendo sus perezosos ojos a un nuevo día. Un día como otro cualquiera, pero en el que el muchacho se sentía mil veces más demacrado. Casi no había dormido, como ya le venía pasando desde hacía unos días no paraba de soñar con ella y su mirada, sus movimientos, sus palabras. Las cosas habían cambiado tanto...
No era Selphie la que había cambiado sino él, no él, sinó su manera de ver a la joven que días atrás era su mejor amiga. Ahora todo lo que ella hacía, decía, todo lo que tenía que ver con ella era una tentación para el muchacho. Hacía tan sólo una semana la mirada de Selphie, su mejor amiga, su confesora, su confidente, era la mirada de un gatito juguetón, la mirada de una niña curiosa y divertida; ahora las cosas habían cambiado tanto, ella seguía mirándolo con los mismos ojos y su voz no había cambiado lo más mínimo. Seguía siendo la misma, pero sus ojos no eran los de una niña curiosa, ahora sus ojos eran una tentación, una invitación, sus miradas lo enloquecían y lo torturaban en sueños, lo mismo que su voz, sus palabras, ella.
No sabía qué había sido lo que había marcado esa diferencia pero ahora la joven lo torturaba en sueños y en la realidad con cada gesto por simple que fuese. Le parecía imposible que nunca antes se hubiese dado cuenta de la sensualidad que la chica era capaz de ocultar tras toda aquella inmadurez y ese caracter infantil y despreocupado.
La noche anterior él había pasado un buen rato sobre su cama esperando que ella abriese los ojos. La chica no había durado nada, a los 20 minutos de haber empezado la película se había recostado contra su hombro y dos minutos después estaba tumbada sobre sus rodillas completamente dormida. Irvine pasó así el resto de la película sin saber lo que ocurría tras la pantalla. Estuvo los 90 minutos restantes observando cómo respiraba, como movía levemente los ojos tras los párpados, la manera en que agarraba la tela de sus pantalones mientras soñaba y sonreía de vez en cuando.
Era como observar un niño pequeño en una cuna, con una sola diferencia, en su mente no paraban de dibujarse las mismas imágenes. No era sólo el tenerla sobre sus piernas, ni el que estuviese comlpetamente desnuda bajo aquella inmensa camisa que dejaba ver casi todo y aquellos pantalones casi inexistentes, sino el simple hecho de saber que era ella y no otra persona la que lo estaba volviendo loco.
Y sin embargo estaba confuso. Todo había cambiado tan deprisa, el mes pasado no se hubiese sorprendido de haberse sentido así si hubiese sido cualquier otra mujer, y sin embargo de haber tenido así a Selphie se hubiese sentido de cualquier manera menos excitado. Ahora era todo lo contrario, la noche anterior no hubiese cambiado a Selphie por ninguna otra mujer por espléndida que fuese.
En cuanto acabó la película y pasaron todos los títulos el sonido de la pantalla le hizo reaccionar. Eran casi las dos de la mañana y debía salir de allí lo antes posible, deseaba quedarse allí pero sabía que no podía. Se levantó con cuidado y dejó a la joven completamente dormida. Junto a la almohada dejó una nota de despedida y se fue.
Y allí estaba ahora, en su habitación, maldiciéndose a sí mismo por no haberse quedado junto a ella.
Poco después, no muy lejos de los dormitorios, dos jóvenes entrenaban en el centro de entrenamiento. Selphie no paraba de exterminar todo lo que se interponía en su camino mientras que Seifer intentaba más o menos seguir su ritmo. Después de aquella semana tomando como principal objetivo la velocidad y los reflejos del chico sus habilidades habían mejorado sobremanera y ahora estaba más que capacitado para cumplir los requisitos exigidos para formar parte de la élite del Jardín. Formar parte de SEED.
El muchacho lo hacía lo mejor que podía pero por lo visto su Instructora no le hacía el menor caso. Estaba demasiado ocupada descargando su furia en aquellas pobres criaturas.
La noche anterior la chica lo había planeado todo a la perfección: Debía invitar a Irvine a ver una película a su habitación, los dos solos, el chico debía aceptar y ella se tenía que quedar dormida antes de que la película terminase. Hasta ahí todo perfecto. Todo había salido según lo planeado. Pero el resto se fue a hacer puñetas. Él debía haberse quedado con ella, no era la primera vez que dormían solos, claro que las otras veces había sido en misiones y en acampadas con el resto del grupo, y nunca habían estado completamente solos, tampoco habían dormido en la misma cama, pero ella esperaba que el joven no se atreviese a dejarla sola de aquella manera. Pero lo hizo y el resto del plan se hundió.
Ella esperaba que a la mañana siguiente alguien los viese salir juntos de la misma habitación y los rumores comenzasen a circular. De esa manera pretendía quitarse de encima a toda la competencia y entre ella a Zell. Pero al despertar lo único que encontró fue una nota descansando sobre su almohada, junto a ella.
'Perdona que me vaya tan pronto. Si la próxima vez vas a alquilar una película y necesitas un caballero de reluciente armadura que esté a tu lado para verla contigo... ¡Avisa antes mujer!
Es tarde, buenas noches.'
Bajo esas cuatro líneas un pequeño muñequito vestido con un sombrerito y un rifle hacía las veces de firma
Su plan se había ido al garete y ella no podía hacer nada por intentar arreglarlo.
Seifer: Selph... ¿Va todo bien?
El joven pronunció las palabras algo asustado y de inmediato la chica dirigió una de sus más aterradoras miradas a su compañero de batalla.
Selphie: NADA va bien...
Seifer: Em... Pues... Lo siento...
Selphie dejó escapar un leve gruñido a modo de respuesta y se giró dándole la espalda.
Seifer¿No quieres hablar?
Selphie: No.
Seifer: A lo mejor puedo ayudarte...
Selphie: No pudes...
Seifer¡Esto no es justo!... Yo quería pedirte un favor y si tú no me dejas ayudarte sería injusto que me ayudases tú a mí!
La muchacha se giró hacia él y se cruzó de brazos esperando a que le pidiese lo que quería. El joven la miró por unos minutos hasta que entendió que esperaba que continuase con sus demandas.
Seifer: Em... Necesito que colabores en mi plan...
Selphie¡Perfecto¡Yo me paso horas ingeniando planes que no funcionan y también tengo que cooperar en los tuyos que seguramente saldrán a pedir de boca!
Seifer: Vale... Lo haremos así... Tú me ayudas y yo consigo algo que jamás soñarías que pudiese ocurrir
La joven levantó una de sus cejas a modo de pregunta, o burla.
Selphie¿Y qué es eso que jamás soñaría que pudiese ocurrir?
Seifer¿Quieres al vaquero?... Puedo hacer que lo tengas comiendo de tu mano...
La joven se quedó pensativa durante unos minutos. Era una propuesta muy tentadora aunque algo difícil de creer.
Selphie¿Cual es ese plan en el que tengo que participar?
En el despacho del Comandante permanecía frente a la ventana observando desde hacía más de una hora Squall Lionhart. Permanecía allí, inmovil, mirando hacia el mismo punto. El banco en el cual Rinoa estaba sentada desde bien temprano aquella misma mañana mientras inspeccionaba un libro que parecía bastante antiguo. Squall no apartaba la mirada de aquel ángel que estaba tan cerca, pero que al mismo tiempo podía ver tan lejos.
Desde que se despertó aquella misma madrugada una misma imagen se repetía en su mente una y otra vez, y aquellos ojos azules como el cielo más despejado le repetían las mismas palabras sin parar. Y ahora mismo al mirar a Rinoa la imagen de aquella niña se repetía con mil veces más fuerza que hasta entonces. Era el mismo rostro, el mismo pelo, la misma expresión. Era su hija la que le había revelado la más dolorosa de las verdades.
Esa misma niña que él mismo había llamado Lex se lo había mostrado. Rinoa no estaba en aquel futuro, se había ido, los había dejado solos. Se había ido... ¿Porque quería que Lex existiese en ese futuro? De alguna manera la muerte de Rinoa estaba conectada con su propia hija pero no era capaz de imaginar por qué¿Tal vez protegiéndola? Imposible, él era su caballero, él la protegería siempre pasase lo que pasase. Era otra cosa.
Murió para que Lex existiese... Su hija... Sólo cabía una posibilidad, y es que Rinoa moriría al nacer Lex. En ese caso... La muerte de Rinoa podía evitarse, si Lex no nacía.
Pero eso era algo imposible. Él mismo quería pedirle matrimonio a Rinoa. Lo siguiente sería formar una familia. Ese nacimiento era inevitable. Pero Squall debía hacer todo lo posible para evitar la muerte de Rinoa. Y sabía que casádose con ella, o sin que se casasen, si ambos seguían juntos seguirían amándose. Mientras él estuviese junto a ella la posibilidad de que Lex apareciese tarde o temprano era demasiado alta. Demasiado riesgo. No podía dejar que Rinoa muriese y si eso significaba que él debía desaparecer, así sería
Al poco tiempo de haber empezado a leer las tres mismas líneas intentando memorizar aquellas palabras, Irvine se acercó a la joven bruja, que hacía ya timepo que estaba sentada en aquel pórtico perdida en rituales ancestrales.
Irvine: He vuelto a darle a Zell... Al murciélago... Bueno he vuelto a darle el polvo somnífero de los Grats... Si tenemos que hacerlo será mejor aprovechar que está bien dormidito y no va a chuparle la sangre a nadie...
Rinoa levantó la vista algo cansada.
Rinoa: Em... Sí... Déjame media hora para ducharme y aprovecharemos el descanso del almuerzo... Podemos hacerlo en la biblioteca, a esa hora no hay nadie.
Irvine: Vale... Yo voy a buscar a Zell y a su cuerpo, te esperamos allí ¿vale?
La joven asintió con la cabeza y se levantó para poner rumbo a su habitación.
Selphie¡Quisty!
La chica que se encontraba sentada en una de las mesas de la biblioteca esperando a Seifer para comenzar su clase se giró algo sobresaltada por el grito. Desde detrás de las estanterías se asomaron un par de cabezas curiosas y detrás del mostrador Ino dirigió sus ojos algo severos pidiendo silencio.
Selphie agachó la cabeza y se acercó a la mesa donde se encontraba su amiga.
Selphie: Quisty tienes que venir ahora miso
Selphie hablaba bajo pero muy deprisa. Algo sobresaltada y asustada.
Quistis¿Qué pasa?
Selphie: Es Seifer... Él ha...
Quistis se quedó de piedra al oir el nombre de Seifer. ¿Qué había ocurrido? Selphie la agarró de la mano y tiró levemente pidiendo que la siguiese. Quistis no lo dudó un momento, se levantó y corrió tras la chica en dirección al gimnasio.
Rinoa se encontraba en su habitación, en el baño, bajo la ducha, sintiendo el agua que poco a poco limpiaba el cansancio que se había acumulado en su cuerpo. Estaba exhausta, los últimos días no había dormido mucho. Se pasaba las noches enteras leyendo y escudriñando aquel libro que parecía no tener fin.
Sabía que lo que había hecho con Zell necesitaba ser arreglado pero no estaba segura de ser capaz de hacerlo. Ella era una bruja después de todo y desde que sus habilidades habían despertado ella misma se había asustado varias veces del poder que dormía aún en su interior. En esos tres años su cuerpo había cambiado, no por fuera, pero sí por dentro. Su poder a veces se volvía inestable y se le iba de las manos y eso era algo que le daba miedo.
Ya que ese poder era mil veces mayor de lo que nadia era capaz de imaginar. Ella podía sentirlo, latiendo en su interior, sellado en su cuerpo, encerrado. Y la llave que abría la cerradura que mantenía esos poderes retenidos eran sus propias emociones. La furia, el miedo, el amor...
Ya le había pasado en el centro de entrenamiento aquella tarde. Al igual que aquella noche, en la habitación de Squall, era la primera noche que pasaban juntos. La noche en que ambos se entregaron por completo el uno al otro hacía ya dos años y medio. Aún podía recordar la manera en que aquellas inmensas alas blancas aparecieron de repente rodeándolos a ambos.
Squall se sorprendió bastante pero ella estaba aterrada, sabía que algo empezaba a ir mal y temía que él la rechazase por eso. Pero no fué así. Squall la abrazó con fuerza y encerrados entre plumas sintieron juntos lo que verdaderamente significaba amar a alguien.
Ahora que las cosas iban peor que nunca entre ellos sentía que lo estaba perdiendo poco a poco y eso la asustaba más que nada en el mundo. La aterraba. Y sabía que ese temor era un peligro potencial para abrir por completo esa cerradura.
Selphie y Quistis llegaron al gimnasio donde no había nadie. La puerta estaba abierta de par en par y la habitación se encontraba totalmente vacía. Quistis entró en la sala intentando entender lo que estaba ocurriendo.
Quistis¿Qué...?
Selphie no le dejó terminar la frase. Señaló hacia la puerta que daba a los vestuarios y le pidió con la mirada que entrase.
Quistis avanzó hacia la habitación intentando entender toda aquella locura y en el mismo momento en que entró en la sala llena de taquillas, la puerta se cerró de repente a sus espaldas. Tras eso un 'click' le informó de que se encontraba encerrada a cal y canto en aquel lugar.
Selphie: Lo siento Quisty... Le prometí a un amigo que le haría un gran favor.
Quistis¡Maldita sea, Selphie¡¡Abre la puerta!
Fue entonces cuando se oyeron unos pasos a sus espaldas y la joven notó que no estaba sola en la habitación.
Quistis¿Seifer?... ¿Qué está pasando aquí?
Seifer tenía el brazo extendido y la mano apoyada sobre el interruptor de la pared.
Quistis: Qué intent---
En un segundo la luz estaba apagada y Quistis no podía ver absolutamente nada... Todo estaba en silencio. No veía nada y su corazón latía con demasiada rapidez como para dejarle oír algo.
Al mismo tiempo que sus pulsaciones se desbocaban sus pensamientos se aceleraban y se agolpaban, no podía pensar, y la mitad de la culpa la tenía el hecho de que en realidad no quería pensar, pero de repente fue arrancada de ese estado cuando notó el aliento de Seifer contra su piel, a la altura del cuello.
Quistis¡Seifer, ni se te ocurra!
Seifer: Te deseo... Estoy harto de esperar a que respondas a mis preguntas con palabras...
Seifer pronunciaba estas palabras rozando la suave piel de la joven, sus labios acariciaron levemente su cuello y subieron hasta la oreja.
Seifer: Pienso arrancar ese muro para siempre.
Sus palabras fueron un susurro, Quistis no era capaz de hablar. La sensación era demasiado fuerte. Notaba las manos de aquel hombre recorrer hambrientas todo su cuerpo, de arriba a abajo, despojándola de toda su ropa, mientras su lengua viajaba por su cuello y bajaba poco a poco. Seifer la besó con furia y pasión, su lengua buscando desesperada la de ella. No podía luchar. Ella también había esperado demasiado; aunque no lo dijera en voz alta, era cierto: lo deseaba.
Él le agarró con una mano por la cintura y con la otra acarició su muslo desnudo, obligándola a levantar la pierna y colocarla alrededor de la cintura del joven.
La chica intentó agarrar su camisa, pero lo único que notó fue un amplio pecho desnudo¿Estaba desnudo¿Cuándo se había quitado la ropa?
Las manos de Quistis subieron hasta el cuello del muchacho y se aferró a él obligando a su amante a profundizar aún más en su beso. Podía notarlo todo: sus manos, sus labios, su lengua, su cuerpo, su deseo, apretado con fuerza contra su pierna, tan duro que incluso dolía, divino dolor que estaba deseando sentir entre sus piernas.
Seifer la agarró de la cintura y la obligó a seguirlo hasta tenerla frente a una mesa colocada al lado de las taquillas del vestuario, después la levantó lo suficiente como para que ella se sentase sobre la mesa y se inclinó sobre ella hasta que la espalda de la muchacha se apoyó contra la pared.
El chico rompió el beso y miró en sus ojos, que a penas podían dibujarse bajo la tenue luz de la única ventana que permanecía medio cerrada en la habitación.
Seifer: No pienso seguir a no ser que me lo pidas...
Ella no podía ver su expresión pero en ese momento todo lo que le dijera era poco en comparación con lo que estaba sintiendo.
Quistis: Y yo no pienso dejar que pares aquí...
Al fin lo había conseguido, en cuanto esas palabras escaparon de sus labios Quistis pudo notar que ella misma había derribado ese muro, haciéndolo añicos, hasta desaparecer completamente.
Su cuerpo entero ardía en deseos de sentirlo dentro de ella. Mientras él sentía que acababa de rozar con los dedos un trocito del paraíso al oír esas palabras. Adiós muro, aquella Quistis era la verdadera, y la verdadera Quistis lo deseaba tanto como él a ella.
Sin pensarlo dos veces Seifer la besó de nuevo, acallando sus gemidos, mientras se deslizaba lentamente dentro de ella, sintiendo como los brazos de la joven lo abrazaban con pasión, mientras notaba su estrechez apretada con furia sobre su miembro. En la mente de ambos apareció el recuerdo de aquel baile de graduación, aquel momento en que ambos se encontraron después de tantos años, ocurrió lo mismo que entonces, la sensación era la misma y sin embargo los años los habían cambiado tanto a ambos.
Quistis: Seifer... Sigue... ¡Oh, Dios mío!
El placer parecía no tener fin. Quistis se movió más al borde de la mesa y arqueó la espalda apoyándose sobre sus brazos, que colocó a ambos lados de su cuerpo, mientras inclinaba su cabeza hacia atrás, entregándose completamente a él. El ex-caballero besó su cuello y recorrió sus pechos con la lengua, saboreando hasta el último centímetro de su piel, mientras aceleraba cada vez más el ritmo. Un ritmo que cada vez era más frenético y enloquecido, Seifer estaba llegando a sus límites y Quistis lo sabía. Podía oírlo gemir y gruñir entre dientes mientras notaba su sudor resbalando por su propio cuerpo.
Seifer: Quisty...Te qu--
El joven caballero fue acallado por los labios de su amante. Quistis no quería oírlo, quería que este momento siguiese y que no se rompiese como ocurrió el día anterior.
Seifer se apoyó contra ella, abrazándola con fuerza y sin dejar de besarla, mientras notaba que no era capaz de controlarse por mucho tiempo más. Intentaba resistir todo lo posible, luchaba contra su propio cuerpo, pero el placer era demasiado.
Quistis podía notar que estaba al borde del orgasmo y que Seifer no podía aguantar mucho más. El chico intentaba relajarse haciendo el ritmo algo más lento pero Quistis no pensaba dejar que parase.
Quistis: No... No pares Seifer... Continúa...
Seifer: Pero... Si sigo...
Quistis: Lo sé... ¡Sigue maldita sea, ni se te ocurra parar!
El joven empujó con más furia incluso que antes haciendo que el cuerpo de Quistis se estremeciese bajo el suyo, podía notar sus músculos apretando a su alrededor cada vez con más fuerza, la besó de nuevo intentando acallar los sonidos que escapaban de su garganta, y mientras rezaba porque Selphie hubiese cerrado la puerta del gimnasio con llave y se encontrase muy lejos.
Quistis no podía resistirlo, la vista se le empezaba a nublar y notaba como su cuerpo entero se estremecía al sentir cómo Seifer se liberaba en su interior, ardiendo por dentro.
No era ni mucho menos la primera vez que hacía aquello con un hombre. Tras lo del baile de graduación Quistis había salido con otros chicos, pero jamás ninguno había podido hacerle sentir lo que Seifer despertó en ella desde el primer día en que se vieron en el Jardín. Él era el único capaz de darle ese momento lleno de sensaciones.
Ambos estaban exhaustos pero tan excitados como al principio, Quistis intentó incorporarse para apartarlo de ella y levantarse pero Seifer la agarró por las piernas y la levantó en el aire. Ella se aferró con los brazos a su cuello y con las piernas a su cintura, mientras él la llevaba a la parte más al fondo de la habitación. Quistis se sobresaltó al sentir el contacto de la fría pared de losas de las duchas sobre su piel.
Seifer alargó una de sus manos y giró el pequeño trozo de metal que sobresalía de aquella misma pared, y el agua, fría al principio, empezó a caer sobre ambos mientras Seifer sujetaba a la joven contra la pared. La sensación del agua fría no hacía más que incrementar el calor que Quistis sentía en el cuerpo del muchacho, mientras éste se movía poco a poco en su interior. Quistis lo cogió con fuerza por los hombros y llevó su boca hasta el cuello del muchacho, donde sus labios rozaron con ternura y su lengua acarició con sensualidad; abrió la boca y poco a poco clavó los dientes en la carne del chico.
Seifer dejó escapar un gruñido de placer y dolor al sentir el contacto salvaje y excitante de la joven. Sus uñas se clavaban en su espalda y el muchacho sintió sus gemidos ahogados contra su cuello, unos gemidos que cada vez aumentaban hasta ser casi gritos, unos ruidos que lo volvía completamente loco.
Seifer cargó todo el peso de la chica con ambos brazos, agarrándola por los muslos, y usó el resto de su cuerpo para empujar con toda la fuerza posible, llegando tan profundo como podía. Quistis estaba al borde de su segundo orgasmo y sentía todos los músculos de su cuerpo tensarse bajo el placer que la inundaba por completo. Seifer sentía las mandíbulas de su Instructora ejercer más fuerza sobre su cuello, un dolor que lo único que hacía era incrementar su excitación y el deseo que sentía.
Quistis podía oír a Seifer gimiendo con la frente epoyada en la pared, mientras notaba el gusto a sangre resbalando junto con el agua en su boca. Ninguno podía aguantar, al igual que el suyo el mundo del chico se nublaba, y al mismo tiempo que Quistis separó su cabeza del cuello de su amante, dejando escapar un grito que sólo ellos dos podían oír, Seifer notaba su propio semen resbalando caliente por las piernas de Quistis.
Poco a poco el muchacho dejó el cuerpo exhausto de la chica bajar resbalando por a pared, hasta quedar ambos de rodillas, mientras el agua tibia limpiaba sus cuerpo empapados en sudor. A pesar de haber terminado y de oír a Seifer intentando recuperar el aliento apoyando su cabeza sobre su hombro, sentía que el muchacho seguía igual de excitado que al principio, al igual que ella.
Quistis puso sus manos sobre los hombros del muchacho y lo empujó levemente hacia atrás, el chico se dejó llevar, sentándose en el suelo, y la miró por unos momentos mientras ella le sonreía.
Quistis: Túmbate...
El joven obedeció y se recostó hasta que su espalda se topó con las frías losas del suelo y cerró los ojos levemente al sentir de nuevo la calidez del interior de Quistis sobre él, ella se tumbó por completo sobre el cuerpo del chico y empezó a moverse de manera lenta y sensual mientras le besaba muy despacio, degustando cada caricia de sus labios; desde luego ese iba a ser un día muy largo...
En otro lugar algo alejado de aquel, nuestros tres aventureros exploradores de libros de magia se encontraban con todo completo para comenzar su nuevo experimento. El suelo del rincón al fondo de la biblioteca en el que se encontraban estaba cubierto por aquellos extraños dibujos. En el centro, como las otras veces, la vasija de barro albergaba en su interior la pequeña bolita formada por polvos y elixires.
Rodeando la anteriormente descrita escena se encontraban el cuerpo de Zell con la pequeña bola de pelo que encerraba su alma a su lado y frente a ambos Rinoa estaba preparada para dar comienzo. Toda la escena estaba oculta tras una de las estanterías del fondo de la habitación y sobre el borde de la estantería, expectante de aquella escena y a la vez vigilante de la puerta que había justo al lado de donde se encontraba, estaba Irvine.
De nuevo Rinoa comenzó a recitar aquellas palabras sujetando la bola entre sus manos y moldeando en el aire los sellos que canalizaban todo su poder al interior de aquella esfera. El viento sopló a su alrededor y del interior de las manos de la muchacha una inmensa bola expansiva de color púrpura los rodeó aislándolos del resto del mundo, la burbuja que les rodeaba creció hasta disiparse en las paredes y desaparecer por completo.
Volvió a respirarse el olor de las llamas en el aire y ninguno advirtió el sonido del pomo de la puerta al ser girado, al igual que no notaron el sonido de la misma puerta al ser abierta.
Ino¿Qué dem--?
Rinoa abrió los ojos rojos y profundos como la sangre más espesa y los dirigió hacia la persona que acababa de entrar en la habitación. Zell giró la cabeza y pudo ver a la intrusa en el mismo momento en que los rayos dorados que irrumpían del interior de la diminuta esfera los cegó a todos por un momento.
Ino se cubrió los ojos ante la intensa luz que en apenas un segundo había cesado por completo. La chica se apartó la mano de la cara y observó de nuevo lo que ocurría en el interior de la biblioteca. Eso fue lo que Rinoa e Irvine vieron, en realidad en el mismo momento en que Zell acabó de bajar el brazo pudo ver como el pequeño murciélago se le tiró directo a la cara, gritand justo antes de salir volando por la ventana.
En cuanto Rinoa vio esto se acercó a la joven bibliotecaria para ver si la pequeña alimaña le había hecho daño, pero la joven no respondía. Zell estaba completamente inmóvil observando de nuevo su cuerpo que dormía profundamente en el suelo. Volvía a estar en otro cuerpo que no era el suyo, miró hacia abajo y por primera vez desde que todo aquello había ocurrido notó que le temblaban las piernas. Estaba en un cuerpo completamente distinto al suyo, y fue entonces cuando se apiadó por primera vez de la pobre alma que había quedado encerrado en su cuerpo.
Selphie caminaba apresurada hacia el gimnasio mientras rezaba porque nadie hubiese entrado allí mientras ella había asistido al ensayo de los chicos de Eleone. Ya habían pasado cerca de 6 horas desde que Quistis había sido encerrada en la habitación tal y como Seifer le había pedido. Sólo un par de horas, o al menos eso le había dicho Seifer. El chico le había dicho que estaba desesperado y que necesitaba las respuestas a sus preguntas. Necesitaba saber si Quistis sentía por é lo que él sentía por ella. Por eso le había pedido que la llevase hasta allí y los encerrase, para que Quistis dejase de huir de sus propios sentimientos.
La joven Instructora de Primaria hizo girar las llaves y entró en el gimnasio, todo estaba tal y como lo dejaron, siguió avanzando hasta llegar a la puerta que daba a los vestuarios e hizo lo mismo, abrió la cerradura y empujó levemente la puerta que cedió de inmediato. Y en cuanto encendió la luz no pudo creer lo que veía. La habitación entera estaba totalmente desolada. Como si le hubiesen dado la vuelta hacia abajo y de nuevo la hubiesen girado, y apoyados en uno de los bancos de madera estaba lo que más chocó a la joven.
Quistis estaba a cuatro patas sobre el suelo apoyándose con ambas manos sobre el banco mientras Seifer se encontraba de rodillas tras ella, con su cuerpo sobre la espalda de su Instructora, agarrándola por la cintura y con la cabeza sumergida entre el pelo que caía sobre los hombros de la joven.
En cuanto notaron el cambio de iluminación ambos se quedaron de piedra. Seifer miraba boquiabierto a Selphie, como el niño que acaba de descubrir que lo han pillado con la mano metida en la caja de las galletas, su mirada lo decía todo. Quistis por otro lado levantó la cabeza en el mismo momento en que sintió que Seifer había parado el ritmo y miró en dirección a la puerta. En cuanto vio a su joven amiga mirando incrédula lo que ocurría entre sus amigos de infancia, Quistis levantó la cabeza de repente, lo cual causó que su nuca golpease en la nariz al joven, que se hizo atrás agarrando su cara. Quistis se acercó al chico que empezaba a sangrar en el mismo momento en que se dio cuenta de lo que acababa de hacer.
Selphie por otra parte aprovechó que la atención de ambos estaba concentrada en la nariz del accidentado y salió corriendo de la habitación sin molestarse siquiera en cerrar la puerta tras ella.
Selphie no daba crédito a lo que aquello significaba, no el hecho de que Quistis y Seifer tuviesen esa clase de relación sino... ¡6 HORAS! Había oído a muchas de sus amigas hablar sobre si sus novios tenían más resistencia que otros... Pero sin duda aquellos dos se llevaban el primer puesto.
Pobrecitos todos ellos... Todos tienen que cargar con alguna desgracia. -- Pero no sabéis lo que es sentir que ellos te pertenecen y que los puedes torturar lo que quieras porque no pueden volverse en tu contra! MUAHAHAHAHAHA!
En el siguiente capítulo...
Llegó el gran día del examen final de SEED y la posterior fiesta de graduación! Fiesta que se llevará a cabo entre la euforia de algunos (como Seifer), los arrepentimientos de otros (como Quistis), los malos presagios de terceros (como Squall) y más situaciones torturadoras y simplemente... Raras (Léanse aquí al resto de personajes v.v) :P
