La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la adaptación.
CAPÍTULO 10
NPOV
Estaba estacionando el coche en el Post Street, no sé como lo había hecho para conducir desde el hospital hasta aquí considerando que venía más dormido que despierto. La semana fue brutal para mí, no hubo día en que no llegara tarde a casa, si es que llegaba. Me gustaba lo que hacía y no me importaba perder mis horas de sueño cuando se trataba de ayudar a mis pacientes… ¿Pero por qué tenía que ser precisamente esta semana la más pesada de toda mi residencia? No era de las personas que solía quejarse por el exceso de trabajo, eso era mejor que no tener nada que hacer, pero tal vez mi humor hubiera sido diferente si no era porque mis planes se habían ido al traste.
Y es que quién no se iba a poner de malas, olvidando mi escasez de sueño y mi extremo cansancio, estaba frustrado a más no poder porque toda la semana tuve que estar luchando con las malditas ganas de besar a Caroline y todo porque no tuve ni una noche libre que pudiera utilizar para realizar mi intento de cita y porque mi estúpida cabeza seguía idealizando el momento perfecto y mi resolución de hacer las cosas como quería me impedía hacer algún movimiento que pudiera quebrar mi pobre determinación.
Por eso las tres veces que tomamos nuestra hora de descanso juntos para almorzar, en nuestro ya tradicional restaurante italiano, me veía en la necesidad de limitar mi contacto físico a casi nulo, solo su mera presencia y su esencia era suficiente tortura como para aumentar la sensación de su suave y tersa piel bajo mis manos y tampoco ayudaba que ella pasara desapercibido mis intentos de poner distancia porque cada vez que tenía oportunidad me cogía de la mano o entrelazaba su brazo con el mío… dulce tortura que para el final de la semana se estaba volviendo casi agonía.
Sabía que este fin de semana iba a ser igual de poco productivo que los días anteriores, entre el cumpleaños del enano y la salida a la feria, me iba a quedar con poco tiempo para pedirle a Caroline una cita, y aunque estaba entusiasta por esos eventos otra parte de mi ser quería simplemente cancelarlo todo, coger a Caroline y realizar mi cita de una buena vez.
Suspiré mientras entraba en el edificio. Se supone que tener citas no debería ser tan complicado.
Entré en el apartamento que estaba iluminado por la tenue luz proveniente del pasillo, me desilusioné un poco al no encontrar a Caroline en la sala leyendo algún libro mientras me esperaba como los días pasados, pero teniendo en cuenta la hora a la que regresé era comprensible. Casi arrastrando los pies me fui hacia mi cuarto para dejar mis cosas, después fui a ver a los enanos. Cuando entré en el cuarto de Kol me lo encontré boca abajo y las mantas medio en el suelo y medio enredadas en sus pies; sonriendo me acerqué a él para volver a taparlo y fue entonces cuando me di cuenta que bajo su brazo estaba sosteniendo la foto de nuestro padres. Con mucho cuidado y delicadeza le quité el marco y lo volví a colocar en el estante, mi pobre enano estaba sufriendo porque era su primer cumpleaños sin ellos y los estaba extrañando más que de costumbre. Es por eso que entendía su decisión de pasar el día de mañana solo la familia, inconscientemente estaba tratando de revivir su último cumpleaños y hacerlo lo más parecido posible y yo, como siempre, no le iba a negar nada y menos algo que sabía importaba demasiado para él.
Después de arroparlo de nuevo y pasar levemente mi mano por su pelo salí de su habitación y me dirigí hacia el cuarto de mi princesita y como sospeché ahí me encontré a las dos mujeres más importantes de mi vida. Caroline se había quedado dormida, estaba sentada con la espalda apoyada en la cabecera de la cama y su cabeza estaba colgando haciendo que su cuello estuviera contorsionado, uno de sus brazos estaba abrazando a Bekah y el otro sostenía precariamente un libro de cuentos; mi pequeña Bekah estaba acurrucada en las piernas de Caroline, usando su estómago como almohada y, sustituyendo a Hippo que se encontraba tirado en medio de la cama, Bekah abrazaba a Caroline de una de sus piernas. La escena era hermosa de no ser porque sabía que por la mañana iba a sufrir las consecuencias de su incómoda postura, así que caminando despacio me acerqué junto a Caroline y le hablé suavemente.
-Caroline… amor –mi mano se posó en su hombro para sacudirla ligeramente cuando mis susurros no lograron despertarla- Amor, despierta.
-Mmm… ¿Nik? –respondió con voz ronca y con los ojos aun cerrados.
-Sí, soy yo. Acuéstate bien, amor, te vas a lastimar –le dije en voz baja, ella solo soltó un gemido en respuesta pero no hizo intento de moverse, así que viendo que no lograba ningún avance retiré el libro de sus manos y moví a Bekah lo suficiente para que yo pudiera cargar a Caroline y acostarla. El movimiento la alertó y abrió sus ojos de golpe y dio un grito ahogado.
-¡Nik! Que haces –dijo alarmada, sus ojos azules estaban demasiado abiertos y se podía ver la sorpresa y confusión por mi repentina acción.
-Te estoy acostando propiamente, mañana me lo agradecerás cuando no te duela el cuello –contesté divertido cuando Caroline empezó a revolverse para zafarse de mi agarre.
-Ya me puedo ir a mi apartamento… -empezó a alegar.
-Amor, a duras penas puedes mantener los ojos abiertos no creo que puedas caminar de aquí a allá y yo estoy demasiado cansado para cargarte hasta tu cuarto –le respondí mientras la acostaba y tapaba junto con mi enana, milagrosamente en cuanto Caroline tocó el colchón dejó sus quejas a un lado y se movió para acomodarse mejor, después dejó salir un suspiro de satisfacción.
-Qué bien que ya estés en casa –musitó tiernamente y medio inconsciente. Sin poder resistirme más me acerqué a ella y la besé en la cabeza en respuesta Caroline soltó otro suspiro y una hermosa sonrisa apareció en sus labios.
-Descansa, amor –le susurré al oído antes de abandonar la habitación.
LC
Sabía que había amanecido porque podía percibir en mis párpados cerrados la tenue luz proviniente de la ventana pero estaba demasiado ensimismado en mi sueño como para prestarle atención a tan insignificante detalle. No fue hasta que sentí en mi cama rebotar junto a mí que hice el esfuerzo de abrir los ojos. Mi enana con pijama y todo, zapatillas y pelo enmarañado estaba saltando emocionada; en cuanto me giré para quedar de espaldas al colchón mi pequeña saltamontes se lanzó encima de mí para quedar atravesada en mi abdomen, me estaba sonriendo ampliamente y yo no hice más que soltar unas risitas.
-¿Por qué tan emocionada, enana? –le pregunté mientras pasaba mis manos por su cabello enredado.
-Hoy es el cumpleaños de Kol, ¡hay que ir a despertarlo! –canturreó alegremente-. ¡Caroline está haciendo tortitas!
Volví a reírme de mi enana antes de levantarme de la cama. Despertar al cumpleañero todos juntos y desayunar su comida favorita, esa era una regla esencial en los cumpleaños de los Salvatore creada por nuestra madre y que todos, hasta Bekah que casi no recuerda nada de ellos, sabíamos que no debíamos olvidar. Incluso Caroline lo sabía y era partícipe de todo como si fuera una Salvatore más, razón por la cual internamente estaba celebrando al propio estilo de una joven adolescente cuando su objeto de afecto la ve por primera vez.
Salimos de la habitación y prácticamente me vi arrastrado por Bekah hacia la cocina, cuando llegamos Caroline estaba sacando de la nevera todos los siropes que teníamos para las tortitas. La imagen de ella en mi cocina por la mañana cuando estaba toda despeinada y descalza siempre provocaba que mi corazón se descontrolara.
-¡Care! Ya estamos listos –gritó Bekah. Caroline se giró para verla sonriéndole ampliamente, palmeó su cabecita y le dio los siropes para que los pusiera en la mesa, una vez que Bekah salió dando brincos hacia el comedor Caroline fijó su mirada en mí y me regaló esa sonrisa que durante toda la semana hizo estragos en mí.
-Buenos días, amor –la saludé dándole un beso en la frente, ya no confiaba en mí para arriesgarme a darle un beso en la mejilla, no cuando estaba a escasos centímetros de la parte de su cara que más deseaba besar.
-Buenos días, Nikki –me dijo juguetonamente devolviéndome el beso en la mejilla, no sabía si sentir alivio o frustración ante el hecho de que parecía ser el único con debates internos ya que Caroline podía acercarse a mí con toda naturalidad-. Gracias –su agradecimiento me desconcertó y ella debió ver la duda en mi cara porque me explicó-. No me duele el cuello.
Me reí levemente y negué con la cabeza antes de murmurar un "de nada" y la saqué de la cocina abrazándola por los hombros con un brazo y con el otro tomando la mano de Bekah que estaba en el pasillo saltando ansiosa en su lugar esperando el momento de ir a ver a Kol. Entramos sigilosamente a su cuarto… bueno, lo más sigiloso que se pudo considerando el entusiasmo de la enana, Caroline nos dio un poco de espacio, como no queriendo entrometerse en algo tan familiar, pero era demasiado tarde, ella ya estaba más que involucrada en mi familia, así que la empujé gentilmente para que siguiera avanzando, no pasó ni un segundo después de que rodeamos la cama cuando Bekah gritó a todo pulmón.
-¡Feliz cumpleaños Kol! –el pobre niño parecía estar teniendo un sueño pacífico y no vio la que se le vino encima, al grito eufórico de Bekah, saltó de la cama agitado y tuve que actuar rápido sino se hubiera caído de bruces al suelo. Caroline trataba de ocultar su risa cubriéndose la boca con las dos manos pero aun así era audible.
Kol se medio incoporó después de que lo dejé seguro en la cama, sus ojos rojos por el sueño y se veía medio desconcertado pero en cuanto Bekah se tiró encima de él, como si fuera una piscina, se empezó a reír histéricamente mientras trataba de zafarse del mortal abrazo de su hermana. Cuando la emoción de Bekah se controló lo necesario para permitir alejarla de Kol y sentarla en la cama, me acerqué al enano y lo abracé fuertemente.
-Felicidades, Kol –le dije antes de susurrale-. Te quiero, enano.
Caroline se acercó a él y lo felicitó y abrazó tiernamente, le susurró algo al oído que no alcancé a oír pero que hizo que Kol asintiera con la cabeza y la abrazara más fuerte.
-Te quiero mucho, Caroline –dijo tímidamente mi enano.
-Y yo a ti, Kol, con todo mi corazón –respondió Caroline antes de separarse y le dio una sonrisa amable-. ¿Estás listo para empezar a celebrar tu día?
En lugar de que Kol contestara, Bekah saltó extremadamente rápido de la cama y gritó su aprobación. Sin dejar lugar para las negativas, agarró la mano del enano y lo sacó de la habitación. Sin duda pasar tanto tiempo con Katherine ya estaba dejando consecuencias. Reí entretenido por los arranques de mi hermana pero en cuanto vi la forma en la que me miraba a Caroline, con sus ojos relucientes de cariño y ternura, hizo que se me atascara la risa en la garganta. Me sonrió divertida antes de, sin previo aviso, tomar mi mano y conducirme hacia el comedor. Y por enésima vez en la semana tuve que controlar mis estúpidas hormonas e instintos primarios.
Comimos alegremente el desayuno, entre bromas y ocurrencias, principalmente de Bekah que estaba desatada ese día por lo cual me aseguré de restringirle el consumo de sirope en sus tortitas de frutas, lo menos que necesitaba era meterle más glucosa a la enana y hacerla más hiperactiva.
Después del desayuno, Caroline se fue a su apartamento para arreglarse y hacer el pastel de Kol antes de que saliéramos, mientras yo hice lo mismo con mis enanos tomándome mi tiempo porque sabía que Caroline iba a tardar, así que dejé que los enanos disfrutaran de un largo y entretenido baño de burbujas. Una vez que salieron, a Bekah le puse un vestido que Katherine había traído como primera muestra de su colección para niños. Era estampado, blanco con pequeñas flores rojas, le llegaba hasta la mitad del muslo y tenía mangas cortas, en la cintura llevaba una cinta roja con flores y al final de la manga derecha tenía un delicado moño blanco con cintas rojas, mi princesita estaba preciosa.
Kol también optó por ponerse algo de la colección que Katherine le había regalado, se puso unos pantalones de color beige y una camiseta roja oscura que combinaba con las converse del mismo color. No pasó mucho tiempo después de terminar de arreglarnos cuando Caroline entró en el apartamento con un simple pero hermoso vestido de verano, era de color rosa, salmón, le llegaba un poco por encima de la rodilla, de manga tres cuartos con un ligero escote que me dejaba ver un poco de su clavícula; tanto el final de la falda como las mangas de la tela estaba ligeramente calada y me dejaba ver aun más de esas hermosas piernas.
Si creía que estar cerca ella utilizando un simple pijama por la mañana era difícil, en esos momentos estaba pasando un verdadero calvario, cada segundo que pasaba me costaba más trabajo recordar el por qué de mis resistencias.
No sé como, pero pude salir de mi aturdimiento antes de que fuera bastante notoria mi falta de correcta oxigenación a mis neuronas. Me aclaré la garganta mientras iba a por las llaves y mi cartera. Tomé la mano de Bekah y salimos del apartamento. Ese día a petición de Kol nos fuimos en el Audi de Caroline y condujimos camino hacia el cine, donde íbamos a ver la nueva película de Disney en 3D.
Con mi agilidad en la conducción y el motor del coche llegamos en cuestión de minutos a nuestro destino, caminamos como era nuestra costumbre, los cuatro cogidos de la mano sin importarnos las miradas furtivas de los transeúntes. Solo cuando las miradas iban directamente dirigidas a Caroline, y no a todos nosotros con la típica expresión, "mira que familia tan joven", el cavernícola que despertó hace poco dentro de mí tomó posesión de mi cerebro y mis actos. Sentí como mi brazo se movía para atraer a Caroline a mi cuerpo por la cintura y en un acto aun más desfachatado bajé mi cabeza para besar su coronilla, su sien y su oído, una vez que llegué ahí tuve las agallas de expresarle lo hermosa que se veía provocando su sonrojo y que enterrara su cabeza en mi hombro. Sonreí orgulloso al ver la cara que ponían los hombres que vieron mis desplantes.
La tarde fue placentera, decidimos comprar las entradas de la sesión de la tarde y mientras aprovechamos el tiempo que teníamos libre para almorzar e ir a las jugueterías que había en la plaza. A pesar de que Caroline y yo teníamos el regalo de Kol eso no nos impidió comprarle más cosas, así que dos horas más tarde mis enanos llevaban la sonrisa más grande del mundo cargando con sus bolsas con sus nuevas adquisiciones. Claro que cuando pasamos por las tiendas de mascotas, me hice el desentendido ante las súplicas y pucheros que me hacían para persuadirme y comprarles algún animal y al final terminé comprándoles el doble de juguetes para que olvidaran el tema.
-Sabes que no siempre los puedes chantajear con juguetes, ¿verdad? –comentó Caroline con voz rígida por tratar de ocultar su diversión.
-No –le respondí sonriéndole-. Pero mientras se pueda no voy a dejar pasar la oportunidad, además ellos quieren un perro y yo los odio.
-¿Cómo puedes odiar a los perros? –dijo Caroline sorprendida-. Son tan bonitos, de cachorritos son tan graciosos.
-¿Qué tienen de graciosos? Solo babean, huelen mal y son molestos, sin mencionar que solo necesitan mover la cola para conseguir lo que quieren.
La melodiosa risa de Caroline se empezó a escuchar.
-Son animales, Nik –respondió negando con la cabeza.
-¡Exacto! Los perros son unos animales –coincidí haciendo que la risa de Caroline aumentara.
Tuve que hacer un viaje rápido al aparcamiento para dejar las bolsas de los enanos en el coche. Regresamos al cine justo a tiempo para comprar unas cuantas golosinas y entrar en la sala. Una vez dentro, tuvimos que hacer un poco de malabares para poder acomodarnos, Kol exigió su lugar junto a Caroline y Bekah hizo lo mismo dejándome a mí en la punta junto a Bekah. También hubo un momento en el que toda la gente se giró para ver lo fuerte que nos estábamos riendo y es que como para no reírse con la escena que estaba haciendo Bekah. La pobre estaba luchando para aguantar las gafas 3D puestas y comer palomitas a la vez, arrugaba la nariz, levantaba la cabeza, sujetaba las gafas con sus dos manos y enterraba la cabeza en las palomitas. No fue hasta que Caroline se compadeció de ella, y se quitó dos horquillas de su cabeza para utilizarlas como seguros entre el pelo de Bekah y las gafas, que mi princesita dejó de buscar formas alternativas para comer.
La película se terminó más rápido de lo que me hubiera gustado, la verdad estaba pasando un rato de lo más entretenido con mi familia, disfrutando cada vez que se reían por alguna escena o por los "Ooooh" y "Aaah" que decía Bekah cada vez que vía el efecto 3D. Después de tirar toda la basura de la comida, que milagrosamente terminamos, salimos de la plaza rumbo al restaurante que Kol había escogido para cenar. Una persona normal hubiera esperado que canceláramos la cena o que comiéramos poco dado que casi nos acabamos media tienda de golpe, pero cuando llegamos al restaurante todos estábamos deseos de comer otra vez.
Disfrutamos de la cena y de la charla que manteníamos, hubo un momento en el que Kol sacó a relucir su cumpleaños pasado y aunque estaba preparado para enfrentar la crisis por el recuerdo de nuestros padres en un día tan especial, mi enano no hizo más que sonreír y relatarle a Caroline su último cumpleaños con sus padres y lo mucho que lo disfruto justo como éste. Caroline, sin embargo, si soltó algunas lágrimas las cuales justificó diciendo que su comida estaba muy picante y que la había hecho llorar, aun así yo tomé su mano durante el resto de la noche.
Cuando llegamos a casa, Caroline, como quien no quiere la cosa, nos invitó a su apartamento. En cuanto abrió la puerta y vi el interior de su casa, sentí como el amor que tenía por esta mujer creció inmesurablemente. Toda la sala, el comedor y la barra de la cocina estaban decoradas con serpentinas, globos, confeti y pequeños animales de peluche. En el comedor había un cartel con feliz de cumpleaños y me pregunté vagamente como hizo Caroline para colgarlo. En la mesa había un pastel decorado con chocolate, cuando me acerqué vi que en la parte de arriba tenía diferentes trozos de fruta que formaban la figura de un lobo y debajo estaba el nombre de Kol.
-¡Sorpresa! –dijo Caroline emocionada mientras le sonreía alegremente a Kol.
Cuando me giré para ver a mi hermano vi que tenía la misma cara de shock que yo debía tener en ese momento, la devoción y cariño que Caroline les daba a mis hermanos, incluso a mí, era más allá de lo que cualquier ser humano podría siquiera considerar.
-¡Uau! –chilló Bekah una vez que se puso en la silla del comedor y vio el pastel-. Ya tengo hambre –comentó haciendo que todos riéramos a carcajadas.
-¿Te gusta Kol? –preguntó Caroline preocupada después de que mi enano no comentara nada-. ¿Me he pasado?
-Es perfecto, amor –le aseguré.
Kol seguía mudo observando a su alrededor con detenimiento, sus ojos brillaban con entusiasmo, cuando por fin se giró hacia Caroline, en lugar de agradecerlo con palabras fue y se abalanzó sobre ella, abrazándola fuertemente, Caroline se arrodilló para devolvele el abrazo y mi enano aprovecho el movimiento para besar su mejilla y abrazarla del cuello.
-Te quiero Caroline, te quiero mucho –le susurró sonriéndole tontamente, Caroline besó su cabeza antes de levantarse.
-Y yo a ti, mi pequeño angelito –le respondió dulcemente para después agregar con voz más animada-. ¿Quién quiere pastel?
Después del ritual obligatorio de todos los cumpleaños, velas, deseo, comer… Todos nos sentamos a disfrutar del postre, el cual era evidente que Caroline se había esforzado por hacer. Después de eso pasamos a los regalos, Caroline y yo nos habíamos puesto de acuerdo y habíamos combinado el regalo. Era notorio que Kol estaba desarrollando un interés bastante apremiante hacia los animales y la vida salvaje en general, amaba ver programas y leer información acerca de cualquier tipo de vida no humana, es por eso que decidimos regalarle algo que fomentara ese interés. Yo le regalé una enciclopedia completa con todos los animales terrestres, voladores, acuáticos, subacuáticos, microbiológicos que exiten. Caroline le regaló una serie de modelos a escala para montar de diferentes animales y Bekah le dio un juego de lego safari.
Después de eso fue difícil apartar a Kol de sus nuevas pertenencias, el pobre niño se veía atormentado tratando de decidir si mirar los libros, si montar un modelo o si jugaba con el lego, pero lo más importante es que se veía radiante y ese era mi objetivo principal de todo esto.
No paso mucho más tiempo para que Bekah cayera rendida en los brazos de Caroline, quien la estaba meciendo suavemente en el sillón mientras estábamos sentados hablando. Decidimos que esa noche la pasaran en su casa, por lo que fui a acostar a mi princesita en la habitación de Caroline. Cuando regresé Caroline estaba en la cocina limpiando y recogiendo las serpentinas y demás cosas, me dirigí a ayudarla pero los pies de Kol que se asomaban por detrás del sillón llamaron mi atención y fui a verlo, al llegar a la sala me lo encontré profundamente dormido usando uno de los libros como almohada. Me reí suavemente antes de levantarlo y llevarlo a acostar.
Volví a la cocina para terminar el trabajo de Caroline, mientras estábamos hablando de los detalles del día de mañana le volví a agradecer por lo mucho que se esmeró en hacer este detalle para mi hermano. Agradecer era lo mínimo que podía hacer. Al final acabamos de recoger todo y cuando acabamos decidí que ya era la hora de despedirme.
-Ya me voy, amor, gracias por todo, mañana vuelvo a por los enanos –me despedí. Caroline me miraba con ojos de borrego a medio morir y se mordía sus labios nerviosamente, no necesité más pistas para saber que algo estaba cruzando por su cabeza-. ¿Ahora qué? –le pregunté entretenido.
-No te vayas –susurró.
-Caroline, amor, debes estar cansada y mañana será un largo día, será mejor que duermas algo, podemos retomar nuestra charla en cualquier momento mañana –intenté convencerla.
-No me refiero a eso –volvió a susurrar y sus mejillas se tiñeron de rosa-. Quédate a dormir –musitó tímidamente. Sentí como la respiración se me detenía y mi corazón empezó a latir más rápido de lo que creí posible, aunque sabía que su petición no tenía nada que ver con lo que mi mente se estaba imaginando, la implicación de las palabras era suficiente para ponerme nervioso.
-Amor, no creo que… -empecé a excusarme. No es que nunca hayamos dormido en la misma casa, justo la noche anterior lo hicimos o los fines de semana en casa de Esther, pero conceptualizar esa idea en la casa de Caroline por alguna extraña razón me ponía ansioso.
-Por favor –me dijo poniéndome esa cara que me era imposible resistir-. Puedes quedarte con los niños si quieres.
-No creo que a ellos les agrade la idea de despertar a mi lado en vez del tuyo –bromeé para aligerar un poco mi humor, la idea de dormir en su cama envuelto en su aroma no era la más inteligente que se me podía ocurrir en estos momentos.
-Está el cuarto de Katherine y el estudio –me ofreció otra vez, cuando vio mi reticencia volvió a hablar-. O bueno si quieres irte está bien –su voz sonaba ligeramente molesta y triste, cuando terminó de hablar se dio media vuelta y empezó a caminar hacia el pasillo. Y como yo parezco ser incapaz de negarle algo a esa mujer, me apresuré a alcanzarla y la tomé del brazo.
-Me quedo en el estudio –murmuré e inmediatamente una sonrisa de suficiencia y de casi picardía se formó en los labios de Caroline, como si se tratara de un cazador orgulloso de que su trampa hubiera sido efectiva. Así como llegó esa sonrisa así se fue y el rostro de Caroline permaneció sin expresión alguna mientras nos dirigíamos al armario y me daba las sábanas y manta para mi cama esa noche.
Una vez que dejamos las cosas en el estudio, volvimos a salir para encaminarnos al cuarto de Caroline, una vez en la puerta nos detuvimos y yo me acerqué para darle su beso en la frente de buenas noches pero ella me detuvo. Puso sus dos manos en cada una de mis mejillas para rodearme la cara, gentilmente aplicó un poco de fuerza para atraerme hacia ella, aun estando mi cabeza en estado de estupor, por el acercamiento y el aumento de la concentración del aroma de Caroline, fui capaz de relacionar sus acciones con su objetivo y antes de que nuestras narices chocaran, aparté un poco mi cara y sostuve sus manos con las mías, aun en mis mejillas, para detener el movimiento.
-Amor, no –le dije suavemente-. Déjame hacerlo bien –casi rogué.
-Nik, que… -empezó a hablar visiblemente enfadada y empezó a tirar de su manos para zafarse de mi agarre. Comprendiendo que lo pudo interpretar como rechazo me apresuré a aclararle las cosas, mis manos afianzaron mi agarre sobre las suyas para darle más fuerza a mis palabras.
-Caroline, amor quiero esto más de lo que te puedes imaginar –le confesé-. Solo, por favor, amor, déjame hacerlo bien, quiero hacerlo especial para ti.
Caroline se quedó observándome detenidamente y yo le devolvió la mirada sin pensarlo, vi como el enfado se fue apagando dando paso a otras emociones como la confusión y una mezcla de esperanza y cariño.
-¿En serio lo quieres? –dijo sorprendida, cosa que casi provoca mi enfado, como era posible que se sorprendiera de que la quería si no he hecho otra cosa más que adorarla y demostrárselo en casa insignificante detalle. Eso solo quería decir una cosa, basta de sutilezas y decirlo en con todas las letras.
-Lo quiero tanto como respirar –esta vez solté sus manos para que las mías se posaran en su cara.
-Entonces ¿por qué? –dijo confusa y con un ligero rastro de dolor.
-Quiero darte algo que nunca puedas olvidar, la primera cita, el primer beso. Todo eso es importante para mí, quiero que tengas ese recuerdo como algo especial –Caroline me miraba con los ojos cristalinos y reflejaban puro y completo amor, le sonreí cariñosamente antes de continuar-. No creas que no tenía intenciones de decírtelo, ya tenía todo planeado para esta semana pero el hospital no me dejó concretar mis deseos, solo te pido un poco más de tiempo, amor, el martes es mi primer día libre del hospital.
Caroline bajó sus manos para rodearme la cintura y abrazarme fuertemente, su cabeza la enterró en mi pecho y dejó escapar un suspiro contenido. Soltando mi propio suspiró me aclaré la garganta para vocalizar la pregunta que determinaría el camino a seguir de nuestra amistad.
-¿Caroline, te gustaría salir conmigo el martes por la noche?
Caroline alzó su cabeza para verme, su sonrisa era enorme y sus ojos brillaban alegres, me sentí a mi mismo devolverle la sonrisa como el idiota enamorado que era.
-Me encantaría –respondió suavemente. Besé tiernamente su frente y su mano antes de despedirme por segunda vez en la noche.
-Que descanses, amor, nos vemos por la mañana.
Caroline asintió levemente con su cabeza antes de liberar mi cuerpo de su abrazo.
-Buenas noches, Nik –musitó simplemente.
Entré en la habitación aun con esa sonrisa de desquiciado pero no me importaba, el martes si todo salía bien y de acuerdo a mis intenciones, Caroline pasaría a ser algo más que mi mejor amiga y vecina.
CPOV
Creo que nunca en mi vida había despertado tan feliz como la mañana de ese domingo, aun con las múltiples patadas que recibí por la noche por parte de mis dos angelitos, me sentía como que nada de lo que me pudiera pasar en el día pudiera opacar mi felicidad. Inclusive el recuerdo de la noche anterior con mis pobres intentos de flirteo hacia Nik, que aunque me daba vergüenza acordarme de mis desplantes no me arrepentía de haberlo hecho si eso consiguió que Nik me dejara ver un poco de sus sentimientos hacia mí.
En otras circunstancias ahora estaría luchando con mi instinto homicida hacia mi única cuñada por aconsejarme semejante barbaridad y de paso golpearme a mi misma por hacerle caso, no sé ni como terminé aceptando su propuesta y sobre todo llevarla a cabo de forma tan entusiasta como si fuera la cosa más normal del mundo. Cuando alguien te dice "si quieres a un hombre sedúcelo, provócalo y toma la iniciativa" alguien en sus cabales analizaría la propuesta y lo más seguro es que terminaría por no hacerlo, pero que es lo que hago yo, saltar alegremente siendo una completa inexperta y simplemente esperando no hacer el mayor ridículo de mi vida.
Pero aun sin saber los resultados que eso me produjo, estaba deseando hacer algo con mi situación con Nik, después de mi casi beso en la fiesta del Examiner me volví loca toda la semana pensando si había sido un impulso de él, si se dejó llevar por el momento o en realidad era consciente de lo que estaba haciendo y lo estaba deseando tanto como yo. Toda la semana me la pasé esperanzada a que el acercamiento de ese día se volviera a repetir y esta vez pudiéramos concretar el asunto, sin embargo lo que recibo a cambio, fue un Nik completamente ocupado que a duras penas vi por las noches antes de que cayera profundamente dormida.
Tampoco ayudaba que Hayley estuviera todos los días detrás de mí preguntándome el cómo, cuándo, dónde, por qué y cada mínimo detalle de mi "relación" con Nik, supongo que hubiera podido acabar con esa tortura simplemente diciéndole la verdad, pero la simple idea de que alguien nos considerara una pareja me gustaba casi a niveles enfermizos, lo malo de todo eso es que no importaba lo que los demás pensaran de nosotros, a fin de cuentas yo sabía que no era verdad. Esta incertidumbre e impaciencia por saber como estaban las cosas entre nosotros me hizo recurrir a la ayuda de las expertas, Lexi y Katherine.
Como consecuencia de escuchar y aplicar cada uno de sus consejos, ahí me tuvieron llevando ese vestido que era totalmente exagerado para ir al cine a ver una película infantil, me vi en la penosa necesidad de casi rogar que durmiera "conmigo" que en realidad no sé ni como hice para articular palabra y ofrecer tan grande atrevimiento y por si no tuviera suficiente todavía me atrevo a besarlo. El sentimiento que me produjo cuando se apartó de mí casi me consume por dentro, lo único que pasaba por mi cabeza era su rechazo y que yo era una idiota por pensar que él pudiera estar interesado en mí. El sentimiento que me produjo su pequeña confesión después de eso me ha hecho… un desastre de mujer. Mis sentimientos y emociones estaban desbordados, jamás había sentido este nivel de felicidad y no estaba segura de que hacer con eso, era un desastre emocional, pero estaba más que dispuesta a lidiar con él.
Decir que estaba emocionada por mi cita del martes era una subestimación. Literalmente, había soñado con ese día y ahora que por fin podía pensar en una fecha exacta era casi surrealista. Todo lo que me había dicho Nik acerca de querer la mejor experiencia que él pueda darme y de hacerlo especial para mí, hacerlo bien era una idea muy romántica y casi me quita el aliento cuando lo escuché ayer, aunque la realidad era otra, una que Nik parecía no entender y que ahora yo, con mi renovada confianza y mis expectativas más claras, se lo iba a demostrar a la más mínima oportunidad que tuviera… Hoy de ser preciso.
Hoy íbamos a ir a la feria, no era el escenario perfecto, pero algo se me podría ocurrir. Determinada a hacer de este día algo más atractivo decidí levantarme, dejé salir algo así como un bostezo que también sonó a suspiro antes de estirarme y levantarme de la cama para empezar a arreglarme. De todos modos ya era hora de levantarme considerando que tenía que hacer el desayuno y sabía que Kat no tardaba en llegar con toda la tropa.
Me di un baño rápido tratando de estar lista antes de que los niños despertaran, me cambié rápidamente por un atuendo que ya tenía previamente aprobado por el ojo crítico de Katherine. Me puse una blusa de color naranja de cuello redondo y ligeramente escotada, la acompañé con unos pantalones vaqueros algo ajustados para mi gusto, pero sabiendo que Katherine me mataría, y en el peor de los casos me amenazaría con vestirme todos los días, sin no cumplo con su look impuesto no tuve más remedio que ponérmelos, completé mi atuendo con un cinturón naranja y mis amados y cómodos converse blancos.
Cuando salí del baño Kol ya estaba sentado en la cama frotándose los ojos, nos saludamos brevemente antes de que él se fuera al baño y yo saliera hacia la cocina. Cuando estaba en el pasillo no pude evitar volver mi vista hacia la puerta del estudio y sonreí alegre. Me fui a la cocina, estaba terminando de poner la cafetera cuando la puerta de la entrada se abrió, mostrándome a un Nik recién bañado y cargando la ropa de sus hermanos. En cuanto me vio, esa hermosa sonrisa que tanto me gusta apareció en su cara, mientras caminaba hacia la cocina mis ojos vagaron por su cuerpo contemplando lo guapo que se veía en su ropa. Llevaba una camiseta de cuello redondo de color café de tipo sport que marcaba perfectamente sus bíceps y su torso definido, unos pantalones vaqueros de color beige y unas bambas cafés, la simple imagen era abrumadora. Una vez que llegó a mi lado se paró para darme mi acostumbrado beso mañanero y darme los buenos días.
-No te escuché salir, ¿dormiste bien? –le dije después de que yo le devolviera el beso.
-Excelente, gracias –respondió amablemente-. Salí cuando escuché la ducha, supuse que serías tú y aproveché para ir a cambiarme y traer la ropa de los enanos –comentó.
-Espero que les hayas traído ropa ligera, se ve que el día será caluroso.
Nik me sonrió pícaramente antes de salir de la cocina. Después de mi momento de deslumbramiento, volví al desayuno, decidí cortar fruta y hacer algo ligero, no quería ser la culpable de una desgracia si alguno de nosotros nos mareábamos en las atracciones. Como veinte minutos después los tres Salvatore aparecieron en la cocina todos sonriéndome tiernamente. Nik estaba cargando a Bekah la cual estaba vistiendo una blusa de color azul sin mangas y cuello ondulado y tenía florecitas de un tono más fuerte de azul y en cada florecita, en el centro, tenía un brillito plateado; traía un pantalón pesquero azul fuerte que contrarrestaba con la blusa y unos zapatos blancos y azules. Por su parte, Kol levaba una camisa con rayas grises y de color vino, de cuello redondo y manga corta, unas bermudas de mezclilla y sus bambas Nike blancas.
Nos sentamos alegremente a desayunar, podía notar que cada quien tenía algo que nos hacía emocionarnos, los niños estaban casi saltando en su lugar por la simple idea de ir a la feria y se les estaba haciendo eterno el momento para que llegaran sus tíos y por fin poder irnos. Nik se veía entusiasmado solo de ver a sus hermanos tan alegres pero podía ver que su felicidad iba más allá que eso, cada vez que sus ojos se encontraban con los míos. Y yo, estaba emocionada y nerviosa al mismo tiempo no por la feria en sí, sino por lo que iba a pasar en ella… O después de ella, según mi nivel de valentía.
Cuando por fin llegaron los demás no tardamos ni dos minutos en salir de mi apartamento y rumbo al aparcamiento. No pude contener la risa cuando vi las ganas con las que mis angelitos se subían al Volvo y se ataban el cinturón de seguridad. Como siempre Nik, siendo el perfecto caballero, me abrió la puerta para que entrara en el coche y después de casi media hora de camino pudimos ver el parte de la rueda de la fortuna, la montaña rusa y otras atracciones que se podían distinguir perfectamente por que contrastaban con el claro azul del océano y las luces destellaban más por el efecto del intenso sol de ese día. Si los niños estaban emocionados antes, en cuanto vieron las luces de las atracciones se pusieron peor, así que cuando encontramos estacionamiento para los dos coches que traíamos prácticamente se lanzaron al pavimento, estaban demasiado ansiosos como para andarse con sutilezas.
Cuando todos los demás bajamos, las mujeres nos quedamos con los niños mientras los hombres iban a por las entradas, era gracioso ver el contraste de las personalidades entre ellos, mientras Nik y Elijah iban vestidos de forma casual pero a la vez más refinados, Stefan iba vestido casi como un adolescente con su jersey de cardenales, sus pantalones vaqueros y sus bambas blancas.
Era casi como el contraste que había entre Lexi, Katherine y yo, aunque las tres nos vestíamos bien, ellas siempre se las arreglaban para verse como modelos. Incluso ahora que estábamos en una feria donde no se necesitaba vestir elegante, ellas iban listas para subir a la pasarela. Lexi llevaba una blusa gris sin mangas y cuello en "V" muy escotada, del lado derecho del cuello salía una onda en negro, se había puesta unos shorts negros y unos zapatos de charol con tacón y abiertos por delante. Katherine, por su parte se había puesto una blusa de rayas gruesas rojas y blancas, era larga y le llegaba a las caderas, sin mangas y ajustada; unos pantalones vaqueros ajustados, un cinturón rojo a la altura de la cintura y zapatos de tacón blancos con flores puntadas de rojos y abiertos por delante. Inevitablemente sonreí por la actitud de mi loca familia.
-Por tu sonrisita estúpida, concluyo que las cosas salieron bien ayer –dijo Lexi como quien no quiere la cosa.
-Puede ser –respondí sencillamente.
-Care, tu falta de comunicación es un problema serio –comentó Katherine irritada-. ¡Detalles, queremos detalles!
-No pasó gran cosa, pasamos un cumpleaños divertido, usé las técnicas que sugeristéis, durmió en mi casa, intenté besarlo y ahora ya tenemos una cita –dije lo más rápido que pude sin reprimir mi sonrisa.
-¿Cómo que intentaste? –alzó la voz Lexi atrayendo la atención de varios-. ¿Qué pasó?
-Nik expresó su sentir acerca de nuestro primer beso, quiere que sea especial y yo estoy de acuerdo con eso –le contesté sin quere revelar mucho ni de lo que pasó ni de lo que esperaba que pasará, no quería que me llenaran la cabeza con sus consejos, esto lo quería hacer sola.
-Vosotros, chicos, sois peores que una novela barata –respondió Katherine cruzándose de brazos-. Solo vosotros hacéis tanto drama por un beso.
Lexi expresó su acuerdo con lo que Katherine dijo justo antes de que los chicos volvieran impidiendo que mi contestación sarcástica fuera expresada. Una vez con la entrada en la mano nos dirigimos a la entrada de la feria. A penas habíamos dado el primer paso dentro del recinto cuando fuimos bombardeados por el bullicio característico de un lugar como este, diferente música a todo volumen al mismo tiempo, vendedores gritando para promocionar su producto, las grabadoras de cada atracción invitándote a que te subas a ella…
-¿A dónde queréis ir primero? –lancé la pregunta hacia todos.
-Tienda de recuerdos.
-Montaña rusa.
-Autos de choque.
-A aquella casita.
-La noria.
-Tengo hambre.
-Casa del terror.
Todos hablaron a la vez provocando que ninguna respuesta fuera entendible.
-¡Está bien! –contesté rodando los ojos.
-Deberíamos ir a las atracciones más demandadas ahora que es temprano y no habrá que hacer tanta cola –razonó Elijah.
Estábamos indecisos entre ir a la montaña rusa o a los autos de choque primero y, muy para mi tranquilidad, nos encaminamos hacia los autos, ya que queríamos que los niños subieran con nosotros en la primera atraccción y obviamente la montaña rusa no era una opción, estaba agradecida de contar con esa coartada para evitar ese tipo de atracciones, mi coordinación y mi suerte no iban precisamente de la mano.
Efectivamente, de acuerdo a lo que dijo 'Lijah, la cola para subirnos a los autos era muy corta y solo tuvimos que esperar alrededor de diez minutos para poder entrar. Todos tomamos un coche, Kol se subió conmigo y Bekah con Lexi, en cuanto nos dieron luz para empezar a mover los coches todos sin ponernos de acuerdo, nos fuimos contra Stefan pero en el trayecto terminábamos chocando todos contra todos. Lexi terminó por pasar un brazo para asegurar a Bekah en su asiento porque la pequeña estaba brincando y gritando con todas sus ganas, indicándole a Lexi para donde ir y contra quien chocar. Aunque no estuve ahí para presenciarlo, estoy segura de que Bekah es una reencarnación de Katherine cuando era niña.
Cuando terminó nuestro turno, intenté disimular diciendo que "los niños no pueden subir en las atracciones peligrosas y también deben divertirse" para posponer lo más que pude la inevitable montaña rusa. Terminamos subiéndonos a cuatro atracciones más antes de que mi peor pesadilla estuviera a solo ocho personas de distancia.
-Esto… Chicos, yo os espero con los niños ¿vale? –les dije nerviosamente.
-¡Qué! No, Care, tú vienes con nosotros –respondió Katherine tirando de mi para entrelazar su brazo con el mío.
-Pero los niños… -empecé a argumentar.
-Yo me quedo con ellos –respondió Nik. Ya estaba empezando a negar con la cabeza y a punto de soltar un argumento más convincente cuando Lexi me ganó.
-Nada de eso, Nik, yo me quedo con ellos –contestó con voz que no dejaba lugar a las réplicas-. Odio esas, cosas, me despeino y por si no os habéis dado cuenta soy la única vulnerable aquí, a Caroline no le importa si el peinado se le deshace y Katherine ya tiene el pelo rizado y revuelto, por lo que no va a sufrir ningún cambio drástico.
Todos soltaron carcajadas por el comentario pero Katherine asentía con su cabeza solemnemente. Increíble que ellas sobrepongan un maldito peinado por encima de mi integridad física y mental. De más está decir que esa decisión llegó a su fin y no hubo ningún comentario creativo que pudiera haber soltado que me librara de mi experiencia cercana a la muerte. Cuando menos me lo esperé ya estaba sentada siendo asegurada por el muchacho encargado y lo único que podía sentir en ese momento era mi estómago que se revolvía solo de pensar en la que se me venía encima.
-Amor, tranquila, no te va a pasar nada –la dulce voz de Nik sonó a mi lado, sentí como sus dedos acariciaban mis nudillos y fue cuando fui consciente de que tenía mis manos prácticamente en el chaleco protector, lentamente aflojé un poco mi agarre mortal, movimiento que aprovechó Nik para tomar mi mano y entrelazar nuestros dedos.
Su contacto me hizo relajarme un poco pero aun era consciente del peligro inminente en el que me encontraba, así que tratando de olvidar las náuseas que ya estaba sintiendo, cerré los ojos y me concentré en sentir la cálida mano de Nik sobre la mía. Cuando sentí el vagón empezar a moverse apreté más mis párpados y me mordí los labios para evitar gritar en esos momentos, no necesitaba hacer otro ridículo más siendo la única persona que grita cuando el vagón avanza solo un centímetro.
-Amor… amor, mira –me habló Nik tirando un poco de mi mano para que le prestara atención. Renuente a hacerlo abrí los ojos, primero uno y después el otro, descubrí que estábamos en lo más alto que los raíles nos permitían y aunque estaba aterrada, ese sentimiento lo dejé a un lado ya que fui asaltada por la más maravillosa de las vistas. Se podía ver prácticamente todas las bahías de San Francisco y la isla de Alcatraz.
-¡Oh! –solté una exclamación de asombro… Que pronto se convirtió en un grito de pánico cuando el tren se dejó caer sin previo aviso y me vi arrastrada hacia abajo a una velocidad inimaginable, sentí como el estómago se me revolvía violentamente y escuché ñas inconfundibles carcajadas de Stefan detrás de mí, seguramente le estaba sirviendo de entretenimiento en ese momento.
Aun después de sentir como el movimiento se detenía no fui capaz de abrir mis ojos, Nik soltó mi mano y sentí como me removía el chaleco gentilmente.
-Amor, cielo ¿estás bien? –atiné a medio negar con la cabeza como respuesta, Nik rio suavemente antes de darme un beso en la frente-. Vamos, debilucha, tenemos que salir de aquí… a no ser que quieras otro paseo –dijo con voz divertida.
-No, gracias –musité mientras Nik prácticamente cargaba con todo mi peso para sacarme de ahí.
-¡Eso fue divertido! –chilló Katherine alegremente cuando pasó junto a mí colgada del brazo de Elijah.
-Care, siempre me haces el día –comento dándome palmaditas en la cabeza, como si de su mascota se tratara, para después ir al encuentro de Lexi y los niños.
-Caroline, estás verde –me dijo Bekah antes de tomar mi mano y guiarme hacia un banco para que pudiera sentarme.
Pasamos unos buenos minutos sentados tratando de recuperarme, Stefan se impacientó por no hacer nada y se fue con mis angelitos y Lexi a la atracción de las tazas giratorias, que solo de pensarlo sentía náuseas otra vez. Cuando estuve segura de haber recuperado el estado normal de mi estómago y cabeza nos fuimos a buscar a los demás. Gracias al cielo y a que los milagros existe, todos aceptaron ir a atracciones seguras y tranquilas. Terminamos yendo a la casa de los espejos, el laberinto, el mini zoológico que había en una carpa, Bekah se subió con Katherine en el carroussel, Kol se fue con los hombres a los karts. Cuando nos volvimos a encontrar decidimos ir al área de comida para tomar el almuerzo, durante el camino no pude más que rodar mis ojos cuando Stefan comentó que con Kol sentía que "al fin había encontrado a alguien que lo entendía" a lo que Elijah respondió "porque solo un niño es capaz de hacerlo" provocando la risa de todos.
Cuando llegamos a los puestos de comida, Katherine y Lexi se fueron a buscar una mesa para todos mientras los demás íbamos a inspeccionar las cosas que vendían, Stefan no se complicó tanto la existencia y optó por comprar una cosa de cada, Elijah se fue por la tradicional hamburguesa y compro una ensalada de pollo para Katherine, nosotros acabamos en un puesto donde vendían baguettes donde te los preparas a tu gusto. Nik cargó a Bekah para que pudiera señalar sus ingredientes, era evidente que la vendedora se estaba aguantando la risa mientras conversaba con una muy animada Bekah acerca de cada ingrediente que le ponía.
Después de terminar con dos baguettes de cincuenta centímetros, dos pedidos de patatas y uno de aros de cebolla con nuestros respectivos refrescos nos dirigimos hacia donde los demás estaban sentados.
-¡Dios mío! Es que no habéis comido en una semana –comentó Katherine al ver nuestra ración de alimentos.
Me encogí de hombros.
Comimos casi como posesos, yo estaba hambrienta a pesar de mi experiencia pasada, al parecer eso solo abrió más mi apetito. Cuando menos nos dimos cuenta, toda la comida había desaparecido.
-¿Te queda espacio para compartir un postre? –me preguntó Nik quedamente.
-Claro –le respondí sonriente.
Él, Kol y Stefan se fueron otra vez a los puestos en busca de algo dulce, las chicas me miraban con ojos de incredulidad.
-¿Qué? –espeté mirándolas con los ojos entrecerrados.
Las dos alzaron sus manos sincronizadamente demostrando su inocencia.
-Nada, Care, tranquila tu comida ya viene no hay que ser agresiva –habló Katherine con fingida preocupación haciendo que Lexi estallará en carcajadas y yo les sacara la lengua a las dos. Y qué si quería seguir comiendo, siempre hay espacio para el postre.
Al poco rato, los chicos regresaron Kol venía comiéndose una copa de helado, Nik traía otra copa de helado y un plato, el helado se lo dio a Bekah que nada más verlo se le iluminó su carita y empezó a comérselo con devoción. Después puso el plato delante de mí e inmediatamente sentí como se me hacía agua la boca, había comprado una enorme rebanada de tarta que tenía encima tres bolas de helado de vainilla y chocolate derretido para adornar. Dejé que la emoción por el postre me poseyera y sin ser consciente de lo hacía alcé mi mano para colocarla sobre su mejilla derecha y lo atraje a mí para plantarle un beso en su mejilla izquierda. Él rio suavemente antes de voltearse y besar mi oído para después susurrar.
-De nada, amor –giré mi cabeza casi al instante para mirarlo. Nik me estaba sonriendo tiernamente, posó sus labios en mi frente y acarició suavemente mi mejilla-. Se va a derretir el helado –me dijo divertido. Le devolví la sonrisa antes de fijar mi atención en el postre, me di cuenta de que tanto Katherine como Lexi me miraban con una ceja levantada y con una sonrisa malévola pero no le di importancia.
Después de que todos quedáramos satisfechos dejamos el área de alimentos y decidimos caminar un poco por los puestos de chucherías, en todo es tiempo me negué a separar mi mano de la de Nik, Kol iba caminando con Katherine y Elijah viendo las cosas que vendían, Stefan llevaba a Bekah en sus hombros y ella encontró entretenido golpearle la cabeza con sus manitas como si se tratara de un tambor e iba gritándole para que se detuviera en algún lugar que llamaba su atención. Al final terminamos todos en la rueda de la fortuna, como eran en cabinas los niños, Nik y yo, entramos en una, durante todo el recorrido podía sentir la mirada penetrante de esos ojos azules fijos en mí, lo cual me hizo pasarme todo el tiempo con un sonrojo permanente.
Ya para acabar nuestro día en la feria nos fuimos al área de juegos típicos. Todos intentamos insertar los aros en la botella, derribar patitos con pistolas de agua, tirar dardos a los globos, aplastar topos, tirar pelotas de béisbol a botellas. Al final todos estábamos llenos de peluches y pequeñas tonterías, en uno de los juegos Bekah se había ganado un pececito anaranjado pero Nik tuvo la desfachatez de sobornar al vendedor para que le diera un juguete en lugar del pequeño animalito, cosa que provocó que mi angelito casi llorara y haciendo un tierno puchero se acercó a mí diciéndome que ya quería irse. El resto de los juegos Bekah se la pasó en mis brazos con su cabeza en mi hombro y totalmente desanimada.
Todos sin excepción le lanzamos miradas asesinas a Nik, quien sintiéndose mal por acabar con la felicidad de su hermana cruelmente, tuvo que reivindicarse y gastó exagerada suma de dinero en el juego de baloncesto con tal de ganarse el hipopótamo gigante de peluche que según él era familiar de su Hippo. Fue gracioso ver como todos intentaron encestar para ganar el peluche y más cuando sus tiros eran producto de la frustración y enfado por no lograr nada. Resultó que después de incontables veces y casi media hora más tarde, Nik fue capaz de lograrlo. Demás está decir que cuando la niña tuvo en sus brazos ese animal, que la doblaba en estatura, el incidente del pez quedó enterrado. Nik parecía satisfecho y tenía una sonrisa de victoria en su cara, por lo que decidí no romperle su burbuja diciéndole que con el dinero que gastó bien le pudo haber comprado tres animales de esos.
Cuando llegó el atardecer decidimos regresar a casa, nos despedimos en el aparcamiento de la feria ya que ellos iban a coger un camino diferente para pasar a dejar a Stef y Lexi en su casa. Todos abrazaron y felicitaron a Kol antes de subir al coche y salir de ahí. Nik condujo relativamente despacio, considerando su velocidad habitual y nos llegó casi cuarenta minutos llegar a su apartamento.
Lo ayudé a acostar a los niños, pasé un buen rato con Bekah escuchando como le presentaba a Hippo a su nueva mamá y después tratando de acomodar la monstruosidad de peluche en su cama, ya que quería dormir con él. Me reí con cada intento que hacía para acurrucarse junto a su nueva adquisición y cuando por fin estuvo conforme con la posición de los tres le di las buenas noches y salí del cuarto. Todavía iba riendo cuando salí del pasillo y vi a Nik sentado en el asiento de la barra del desayuno tomando un vaso de agua mineral.
-¿Qué es tan gracioso? –me preguntó entretenido.
-Bekah y su nueva mascota.
-Ni me lo recuerdes, ahora que lo pienso esa porquería me salió más cara de lo que me hubiera salido alimentar ese pez de por vida.
Me reí divertida por la cara de desasosiego que tenía mientras me acercaba a él y me sentaba en el banco junto a él.
-Al menos la hiciste feliz –lo traté de animar dándole palmaditas de consuelo en la espalda. Él asintió en respuesta y se pasó la mano por sus cabellos antes de tomar mi mano que estaba en su espalda y besarla suavemente.
-Deberíamos hacerlo más seguido, me divertí mucho hoy –me comentó lanzándome esa sonrisa que me debilitaba las rodillas.
Decidí que este era el momento perfecto para hacer lo que tenía en mente, estábamos solos y en el ambiente se podía sentir la tensión entre nosotros, estaba cansada de eso y sabía que no quería esperar al martes, Nik tenía que entender lo que realmente era importante. Así que tomando valor me levanté del banco y giré el suyo para que yo estuviera en medio de sus piernas, él me sonrió amablemente no comprendiendo lo que estaba haciendo y hasta podía ver la diversión en sus ojos, no sé que demonios pensaba que quería hacer ¿jugar a darle vueltas hasta marearlo? No señor, en mi mente había otro objetivo más importante.
Me fui acercando lentamente a él, mis manos viajaron desde sus manos hacia la base de su cuello, cuando estuve lo suficientemente cerca para sentir su respiración en mi cara, él trató de detenerme otra vez.
-Amor, no me lo hagas difícil –casi suplicó. Apoyé mi frente en la suya y lo miré directamente a los ojos, con una confianza que no sabía que podía poseer le hablé.
-Nik, déjame aclararte algo. Comprendo y aprecio tus intenciones conmigo pero debes saber que a mí no me importa nada de eso –la cara de Nik se contrajo con una mezcla de dolor y confusión y sabía que debía explicárselo mejor-. No me importa el cómo ni el dónde, lo único que me importa es con quién.
Dicho eso y sin darle tiempo a responder o siquiera comprender lo que le acababa de decir, dejé que todo el amor que sentía por él se manifestara, cerré la distancia que nos separaba e inmediatamente esa calidez y suavidad de sus labios, de la que pude apreciar tenuemente hace una semana me envolvió, en cuanto mi boca se posó en la suya, nuestros labios apenas rozándose para después presionar más firmemente. Dado que mi experiencia era nula en esta área, simplemente me dejé llevar, dejé que mi cuerpo tomara control de la situación y lo disfruté por completo. Pude notar que él estaba completamente estático en evidente shock, sus labios se entreabrieron, así que tomando ventaja de su sutil movimiento esta vez lo besé con todo el sentimiento que tenía. No pasaron ni cinco segundos cuando sentí sus labios responder a los míos y lentamente empezamos a movernos en sincronía. Sentí sus manos posarse en mi cintura mientras me atraía más a él, las mías se enterraron en su rebelde cabello y bajé su cara para eliminar el inexistente espacio entre nosotros.
Estaba lejos de la verdad en mis sueños, besar a Nik era más intenso, más profundo, más maravilloso de lo que mi mente podría imaginarse. Aunque nunca había besado a nadie más, no necesité experiencia para decir que este beso era el mejor que alguien me podía dar. La forma en que sus labios acariciaban suavemente los míos casi como si estuviera adorándolos, la forma en la que sus manos me sostenían, todas y cada una de sus acciones lo único que me dejaban ver era su amor, su devoción. No podía pedir mejor primer beso que éste. Muy a mi pesar tuve que separarme de él cuando sentí que mis pulmones me ardían por falta de oxígeno y las rodillas me temblaban a falta de fuerza, no me caía gracias a que Nik nunca dejó de abrazarme.
Nik dejó caer su cabeza en mis hombros, su respiración estaba igual de agitada que la mía y sus brazos se apretaron aun más a mi alrededor. Después de un largo suspiro, volvió a subir su cabeza y sus increíbles ojos azules se posaron en los míos.
-Por qué será que tú siempre has sido la que ha dado los primeros pasos ¿eh? Me invitaste a salir y ahora me besas –me dijo mientras me acariciaba la mejilla después se acercó para darme un beso en la comisura de mis labios.
-Tal vez porque soy una impaciente y me negué a esperar al martes –susurré bajando la mirada.
-Yo creo que es porque eres más determinada que yo –contestó poniendo sus dedos en mi barbilla para alzar mi cabeza-. Y tienes razón no importa nada más que la persona con la que lo compartes, yo solo quería hacerlo un poquito diferente, darte un primer beso que no puedas olvidar.
-Creéme que no lo olvidaré –musité-. Y lamento echar a perder la cita.
Nik me volvió a dar su sonrisa y bajó su mano que acariciaba mi mejilla para colocarla de nuevo en mi cintura.
-Nada de eso, la cita solo la has mejorado –me aseguró.
-¿Mejorado? –pregunté confusa.
-Claro, ahora espero llevarte como mi novia, si tú quieres claro –sus manos enfatizaron la palabra "novia" al apretarme más mi cintura y su sonrisa era increíblemente grande-. Lo que me lleva a una de las cosas que todavía no me has ganado –continuó hablando sus manos dejaron mi cintura y tomaron delicadamente las mías empezó a hacer pequeños trazos en el dorso de mis manos mientras me susurraba con voz melodiosa-. Amor, ¿me harías el honor de ser mi novia?
No pude más que sonreír como una idiota antes de contestarle como pude, mi voz denotada excitación.
-Encantada –dije sencillamente antes de que nuestros labios volvieran a encontrarse en un tierno y largo beso.
-Amor, ya que ahora puedo besarte cuando quiera, me gustaría que la cita sea en mi cumpleaños.
-¡También quieres pasar tu cumpleaños solo! –casi grité, olvidando por un momento la emoción del beso y de la cita. Katherine ya me había perdonado la fiesta de Kol, si le negaba la de Nik estaba segura de que se me iba a venir encima.
-Podemos pasar el día con todos y hacer lo que ellos quieran –me calmó-. Pero la noche es mía y quiero pasarla solo contigo.
-Bueno, eso puede arreglarse –le dije con tono divertido.
Nik capturó mis labios otra vez y las mariposas de mi estómago cayeron desfallecidas ante tanto golpe de emoción.
-Mañana entras temprano –me comentó sin despegar sus labios de los míos.
-Tú también –susurré antes de devolverle el beso.
-¿Estás cansada? –me preguntó después de varios minutos mientras aprovechábamos para tomar aire.
-No –respondí al mismo tiempo que me paraba de puntitas para acercar mi cabeza a la suya en busca de otro beso. Que puedo decir me estaba volviendo adicta.
-Que bien, porque yo tampoco –murmuró antes de entregarme el más maravilloso de los besos.
Mientras nos besábamos solo era capaz de registrar otra cosa aparte de mi evidente felicidad y éxtasis.
