Sólo decir que me ha encantado escribir este cap. No me gusta ser especialmente descriptiva, pues considero mucho más importante los sentimientos a cualquier detalle morboso que roce la pornografía. A demás, creo que tratar a los personajes de tal forma destruye su personalidad, que es contraproducente. Quiero creer que los plasmo de forma natural y me esfuerzo en hacer creíbles sus actos. Si alguien tuviese alguna queja, siempre puede hacérmelo saber (los halagos también son bien recibidos XD).
Procuro ser delicada y sensible en estos temas, pues es así como considero que deberían ser tratados.
Un saludo a todos los que sigáis el fic, es una verdadera alegría ver las visitas, sobre todo desde argentina (un saludo allá!^^). Un gran beso, lectores.
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Balthier estaba tumbado plácidamente en el catre de su camarote, aprovechando un rato de descanso ahora que se habían detenido. El cuarto estaba en penumbra, pero el calor era ineludible. Dormía en pantalones, habiendo dejado su peto y la camisa en una mesilla cercana. Junto al cabecero de la cama tenía su fusil, siempre a punto. Se revolvió en la cama, tumbándose boca abajo. La luz que entraba le suponía un auténtico incordio.
En estas, la puerta de su camarote se abrió, entrando alguien que la cerró tras de sí con suavidad. Balthier se incorporó a medias rápidamente, alargando la mano hacia su arma. Al ver de quién se trataba se detuvo con brusquedad. Sólo pudo quedársele mirando mientras se acercaba y se sentaba junto a él sin apartar tampoco la vista. Balthier seguía apoyado con las manos en el colchón, sin acabar de atreverse a preguntar qué hacía allí. Su pulso comenzó a aumentar de frecuencia mientras los poros de su nariz se llenaban de aquel olor inconfundible hasta dispararse por completo.
De repente, todo se precipitó. Se abalanzaron uno sobre el otro, besándose con un hambre insaciable. El roce de su barba era único, le encantaba. Balthier le atrajo hacia sí, sujetándose de su espalda para no tumbarse, pero el rubio se fue inclinando sobre él hasta tenerle debajo. Deslizó las manos por su tórax, delineando la forma de su pecho con los dedos, apenas rozándolo. Sus labios eran abrasadores, arrancando gemidos del pirata al morder su cuello con torturadora lentitud, capturando sus tendones, tentando a sus nervios. Su aliento se estrellaba contra su piel humedecida con un ímpetu efervescente, embriagador. Estaba haciéndolo a propósito.
El castaño necesitaba más, verdaderamente le estaba volviendo loco con sus caricias. Quería quitarle aquel chaleco, arrancarle la camisa y poder estar piel con piel. De verdad que quería… Sus manos fueron prestas a cumplir sus deseos, abandonando la radiante melena, pero Basch se las sujetó y las subió hasta el cabecero, impidiéndoselo. Le fue a pedir explicaciones, pero su boca fue capturada de nuevo. La exploraba con necesidad, con urgencia. Cada recoveco fue examinado al detalle sin tomar en cuenta los jadeos de su compañero mientras al mismo tiempo una mano descendía del agarre buscando algo más abajo, describiendo insinuantes curvas en su torso. Balthier gimió cuando pasó los dedos sobre su cintura, jugueteando con la hebilla de su pantalón mientras ejercía una ligera fricción.
Basch se recostó sobre él, abandonando el gesto para decepción del castaño. Soltó por fin las manos del pirata, encontrando que éste clavaba las uñas en sus hombros, desesperado al sentir sus miembros rozarse a través de la ropa. No sabía lo que quería, no tenía claro cómo seguir, pero aquello no podía terminarse ahí, y el guerrero no le dejaba desvestirle. Necesitaba… Le necesitaba. Necesitaba sentirle más cerca, abrazarle como nunca había abrazado a alguien. Sus caderas le buscaban cadenciosamente sin siquiera proponérselo. El capitán respondía al gesto con suspiros, agarrando sus muslos igual de extasiado que él, igual de inseguro. Balthier le quitó la chaqueta en aquel momento, llevado por un arranque de lujuria. Basch le miró entre sorprendido y reticente, con un encantador deje carmín en el rostro. Su camisa abierta no dejaba mucho a la imaginación y proporcionaba una espléndida vista de su torso. Balthier le devolvió una sonrisa pícara: era su turno de jugar a arrancar gemidos.
Se giró con brusquedad en la cama, sentándose sobre las caderas de Basch. Rió suavemente mientras el otro le contemplaba, algo cohibido ahora. Su cabeza se fue hundiendo más y más en la almohada mientras el pirata se acercaba, aún con la sonrisa en los labios. Cuando no pudo alejarse más, simplemente le esperó. Contrariamente a sus deseos, le besó despacio, sintiendo cómo le respondía, fascinado. Poco a poco Basch iba cediendo y le daba paso al castaño a su boca. Sus cinturas comenzaron a rozarse. Al principio sin apenas darse cuenta, pero lentamente haciéndose un contacto más evidente, más necesario. Balthier jadeó, dejando de besarle cuando Basch le agarró por la cintura, profundizando el gesto. La ropa le… les apretaba… Estaba a punto…
-Ah… Basch...
-¿Balthier?
Despertó de golpe, tan rápido que le dio un mareo. Descubrió que estaba ardiendo y tenía la respiración agitada. Su turbación era evidente, costándole trabajo ubicar dónde se encontraba. Vaan le estaba mirando.
-¿Q-Qué…? – la pregunta se congeló en sus labios al tiempo que sus ojos castaños se abrían desmesuradamente. ¡No podía ser verdad! Comenzó a amontonar precipitadamente sobre sí toda la ropa cercana que tenía a mano mientras Vaan le observaba extrañado desde su saco. Ashe y Penelo estaban aún durmiendo. Apenas había empezado a amanecer.
-¿Te encuentras bi…?
-Perfectamente – respondió antes siquiera de que terminase de formular la pregunta -. Tengo frío.
-Estas rojo… - a Balthier le entraron ganas de estrangularlo. O pegarle un tiro, mejor. Se contuvo obligándose a calmarse. Tenía que estar tranquilo, era demasiado temprano para empezar a matar gente…
Se recordó que estaban en su cuarta jornada en Salika, llegando por fin al pantanal. Su apestoso olor llegaba ya hasta ellos con el viento del norte. Pero no, ahora tenía que encargarse de OTRO problema. De ESE problema. Maldijo por lo bajo. De un rápido gesto se levantó envuelto en la manta. Había bruma y mucha humedad en el aire. Dio gracias porque eso le sirviera de excusa para taparse.
-¿A dónde vas?
¿A ti qué te parece? – la pregunta le resultaba obvia -. ¿Qué sueles hacer nada más levantarte? -. Vaan le miró, molesto. Ir al baño, evidentemente. ¿Por qué siempre tenía que parecer tonto al lado de Balthier? Puede que él no fuese tan perspicaz como el pirata, pero también tenía sus cosas buenas…
-Basch ha dicho que ya no es seguro ir por ahí solos…
-¡Por todos los demonios, Vaan, voy aquí al lado! – exclamó por lo bajo para no despertar a las muchachas -. No creo que haya una bestia sedienta de sangre detrás de cada árbol ¿verdad?
-No, pero…
-Pues ya está – se dio la vuelta, alejándose cubierto con la manta. Sabía que debía verse extraño, ridículo a lo sumo, pero le dio igual. Ahora mismo su estampa no era lo que más le preocupaba.
Contrariamente a lo que había dicho, se alejó lo más que pudo del campamento. Estuvo andando un buen rato, calmándose. Se sentó en una piedra cuando un arroyo le impidió seguir caminando. Fue entonces que se dio cuenta de que quizás se había ido demasiado lejos. ¿Y si le pasaba algo a los jóvenes? Basch y Fran no estaban cuando se despertó… No pudo evitar sonrojarse ligeramente al pensar en el caballero. Afortunadamente para él, su "problemilla" se había ido aplacando por sí solo. Suspiró, pensando que se estaba volviendo loco. Bebió algo de agua y emprendió el camino de regreso, reprendiéndose por dejar desprotegidos a Vaan, Penelo y Ashe. Era cierto que sabían luchar, y muy notablemente en el caso de Ashe, pero él era el tercero en edad y lo consideraba una irresponsabilidad por su parte.
Había evitado pensar en ello meticulosamente en su huida a la intimidad, pero ahora que estaba sereno (y solo) tenía un rato para meditar.
Fue la primera vez… La primera vez que había besado a un hombre. Pensar en ello le resultaba absolutamente extraño, aún más si recordaba que había sido él quien lo buscó. Por un lado, se reconocía que no podría haber escogido mejor. Por otro, eran compañeros, camaradas del mismo equipo. Una relación así era la más problemática que podía imaginar. Un momento, ¿relación? –se detuvo -. ¿En qué pensaba? ¿Era en serio? ¿De verdad había pensado eso?
El sueño… el sueño le debía haber perturbado. ¿Cómo era posible que él, un mujeriego hecho y derecho hubiese imaginado tales cosas…? – se llevó una mano a los labios, los mismos que habían producido placenteros gemidos en su cabeza -. Había sido muy sensual… pero era mentira. Estaba seguro de haber proyectado en el falso Basch acciones propias de él mismo y fantasías. Se detuvo. ¿Fantasías de Basch? ¿De él con Basch?
El asunto se le iba de las manos. Estaba descontrolado. ¡No! Su mente estaba descontrolada, que era peor. El caso era que él… Que le había afectado más de lo que quiso admitirse. Ya se había descubierto un par de veces mirándole cuando éste no se daba cuenta. Era un vicio insano y lo sabía. Sería dañino para ambos si seguía así. Apretó los puños al percatarse repentinamente de que le había estado observando desde aquella noche. En secreto. Como un criminal.
Le irritaba pensar en el rubio, preguntarse qué pensaba, dónde estaba cuando no lo tenía a la vista, si estaría bien. Le irritaba tenerlo presente todo el día. Su mera presencia le eclipsaba totalmente el juicio. Estaba absorbido.
"Si al menos pudiese entender porqué le besé… Es decir, sólo iba algo contento, ¿verdad? Pero es un motivo tan nimio, que… ¡Es que es totalmente impropio de mí!" – se decía mentalmente mientras regresaba sobre sus pasos -. "Y aún así… sería de estúpidos no reconocer que…" - le estaba costando trabajo sincerarse consigo mismo en aquél caos de sentimientos contradictorios. Llegó al claro donde habían acampado, observando que estaban todos reunidos en círculo, tomando algo para desayunar. Basch estaba reavivando las brasas con los leños que él y Fran habían traído. Balthier le miraba, totalmente absorto. Su corazón acabó la frase que su mente no había podido concluir – "…que ahora me muero por volverle a besar".
