"Dormías, los brazos me tendiste y por sorpresa rodeaste mi insomnio..."

Jorge Guillén

BELLA POV

Tan pronto como puso sus dedos sobre mi cuello sentí que el corazón se me iba a salir del pecho. Edward era tan agradable. No hacía falta conocerlo demasiado para darse cuenta de ello. Me sonrió y yo ya sentía mi cara enrojecer. Ya me estaba acostumbrando a experimentar aquello cuando me encontraba cerca de él. Finalmente me preguntó si me sentía bien, y yo, sin ahorrar felicidad le dije que así era. Supuse que me lo preguntaba por mis latidos, debió asustarse, así como me ocurrió a mí con los suyos. Que irónico… Dijo que mi pulsación estaba por encima del estándar, y que ya éramos dos con problemas del corazón. Por mi lado yo los tenía, pero eran de otra clase… mi básico problema era haberme enamorado casi inmediatamente después de haberlo tenido frente a mí.

Luego, cuando la clase estaba por terminarse, me hizo una pregunta que me tomó completamente por sorpresa… Quería saber si podíamos hablar al descanso. Me dijo que quería mostrarme algo. Eso despertó enormemente mi curiosidad. Y vaya que yo era muy curiosa. Siempre le había echado la culpa de mi extraña habilidad a eso. Siempre quería saber más y más… y desde que había visto a Edward mi curiosidad se había multiplicado, quería saber todos los pequeños detalles de su vida. Por supuesto acepté de inmediato. Quedamos de vernos en la cafetería. Yo estaba feliz… por alguna extraña razón del universo, él había decidido darme ese chance de mostrarle a la Bella que pocos conocían. Ésa Bella que él había despertado en mí.

Pronto se terminó la clase y yo salí disparada, no sin antes sonreírle y despedirme adecuadamente. Tenía que ir en el cambio de clases a la secretaría para solucionar el problema de la lista y así no llegar tarde a mi cita con Edward en la cafetería. Afortunadamente pude hacerlo sin problemas. La Señora Crowel fue muy amable en atenderme de manera eficiente. Me dirigí a mi siguiente clase, ansiando que cada minuto de ésta se pasara lo más rápido posible. No hallaba la hora de verlo de nuevo, y de saber qué era lo que quería mostrarme. Hacía muchísimo tiempo que no sentía tanta ansiedad. Constantemente mordía mi labio inferior, era una manía que tenía cuando algo me ponía así. Por fin sonó la campana. Una sonrisa se dibujó automáticamente en mis labios. Iría en busca de ese pedacito de felicidad. Agradecí al cielo el haberme arreglado un poco mejor el día de hoy. Quizás así el podría cambiar un poco el concepto que tenía sobre mi. Yo no quería ser una más del montón… estaba dispuesta a luchar por ello, era la primera vez que estaba dispuesta a pelear con todas mis fuerzas contra mi orgullo propio. Algo dentro de mí me decía que valía la pena hacerlo a un lado… sólo esta vez. Quería pensar que el valía ese riesgo. Pronto el tiempo me daría la respuesta.

Respiré profundamente camino a la cafetería en un intento tranquilizarme. Sentía un millón de mariposas revoloteando en mi estómago, era una sensación completamente nueva para mí. Bueno, de hecho, las cosas que había experimentado desde que él había aparecido en mi vida eran todas desconocidas. Llegué y lo vi sentado en una de las mesas más retiradas. Al verme de inmediato se levantó de su silla y me saludó con la mano; yo me dirigí hacia donde él estaba caminando un poco insegura. Una de mis mayores virtudes no era la confianza en mí misma; pero ello había sido recompensado con una gran capacidad de auto-recuperación. Quizás no era la mujer más segura del mundo, pero era lo suficientemente fuerte como para asumir el riesgo de intentar algo.

Al llegar allí me sonrió y me dijo emocionado –Gracias por venir…- a lo que yo sólo pude responderle – No es nada.- Nuevamente el silencio cayó, como si fueran nuestros ojos los que hablaran y no existiera otra manera de comunicarnos. Después de unos pocos segundos reaccionamos y me dijo amablemente – ¿Quieres comer algo primero?- No era que yo tuviera mucha hambre, pero supuse que quizás el sí tendría; así que acepté su oferta e hicimos la fila para comprar las cosas. Mientras estábamos allí todo el instituto nos miraba insistentemente. Sentía los gritos de sorpresa mentales. Tanto de chicos como de chicas. Quien lo diría… ambos teníamos mucha gente que se preocupaba por nuestro "status sentimental" más de lo imaginado.

Traté de ignorar aquellas voces y por supuesto las miradas que nos acechaban. Quería tener mi mente 100% dispuesta para él. Nada de distracciones. Cada uno tomó un emparedado de pollo y un refresco y nuevamente nos dirigimos a la mesa. Fue él quien empezó a hablar entonces – Y, cuéntame, cómo te ha parecido Forks? Yo le respondí la verdad. Que desde que había entrado en el pueblo me había llevado una buena impresión. Luego me preguntó con un poco de indecisión en sus ojos –Y cómo es que has venido a parar aquí, si vivías en Arizona?- Supongo que debí hacer poner una expresión contrariada, ya que inmediatamente agregó – No tienes que decírmelo si no quieres, descuida- Pero yo sí quería, sólo que no sabía exactamente cómo decírselo, así que sólo mencioné que mis padres se habían divorciado y que pensaba que papá me necesitaba más que mamá en estos momentos. Terminamos de comer y me dijo entonces – bueno, ¿te parece si ahora sí te muestro lo que quiero enseñarte?- Yo le respondí inmediatamente, asintiendo como mi cabeza temiendo que el temblor en mi voz delatara mi ansiedad y mis nervios.

Ya había sido suficiente con mi ruidoso corazón.

Se levantó de su silla, y casi al instante lo vi detrás de mí, corriendo la mía para que pudiera salir. Aquel gesto me pareció de lo más caballeroso… Edward me parecía cada vez más interesante. Sólo en aquel momento me fijé que no llevaba su guitarra como ésta mañana. Tuve ganas de preguntarle dónde la había dejado pero me contuve; eso iba a sonar algo imprudente de mi parte. Cuando íbamos camino a la salida todas las mesas nos miraban pero había una que capturó de inmediato mi atención. En ella estaban sentados los dos hermanos de Edward y dos chicas hermosas, aunque muy diferentes. No resistí la curiosidad y de inmediato escuché sus pensamientos. El grande, Emmet, pensó algo que hizo sentir un chispazo de alegría en mi pecho de inmediato…

- Ay hermanito… te agarramos..! Con que éste era el motivo de tu comportamiento ésta semana. Qué bien guardadito te lo tenías… ahora entiendo porqué no quisiste decir mayor cosa cuando te pregunté acerca de ella. Hasta de insignificante la trataste! Claro, lo único que querías era mantenerla protegida de nuestro acecho..! Hasta celoso nos saliste, mira nada más!! Pero me alegra tanto verte acompañado de algo distinto a tu guitarra… quizás incluso me abstenga de molestarte por habérnoslo ocultado… mamá se va a poner dichosa cuando se entere…! -

Wow… acaso podría ser cierto? Él realmente no pensaba lo que había dicho de mí… sentí como se reconstruían pedacitos en mi corazón. Luego, sin querer, escuché los pensamientos de una de las chicas que estaba junto a él. Era de complexión pequeña, pero delicada. Tenía el cabello corto, facciones muy suaves y movimientos gráciles. Ella sonreía de oreja a oreja. Y en su mente se decía a sí misma – Espero que a Edward le guste como arreglé todo. Aún no me lo puedo creer… que felicidad… y él se va a poner aún más dichoso esta noche, va a tomarlo por sorpresa completamente… Dios, ya puedo sentir que le quiero…-

Aquellos pensamientos me dejaron un poco confundida, no entendí nada de ellos. Finalmente cruzamos el umbral de la puerta, y de nuevo centré toda mi atención en él, ésta vez con una enorme sonrisa surcando mi cara por el dato tan interesante que me había proporcionado la mente de su hermano. Al menos aquellas palabras daban un poco más de sentido al comportamiento de Edward. Sería absurdo que me considerara insignificante y al mismo tiempo quisiera conversar conmigo o conocerme un poco más.

Lo seguí sin preguntar hacia dónde nos dirigíamos. Por alguna razón, yo ya confiaba en él ciegamente. Empezamos a adentrarnos en la zona verde del instituto. Cielos, ésta escuela era mucho más grande de lo que me imaginé; claro que con el poco tiempo que llevaba aquí no había tenido mucho tiempo de recorrerla entera. Me alegró estar recorriendo aquel sendero por primera vez junto a él. Eso lo hacía mucho más bonito de lo que ya era. De pronto vi no muy lejos un enorme árbol, y junto a él estaba recargada una hermosa guitarra clásica española. Junto a ella, un pequeño cobertor doblado y sobre él un montón de chocolates que formaban una carita feliz. Aquel escenario, era la cosa más tierna que había visto en mi vida… claro, sumada con su cara de expectación al observar la mía. Yo simplemente esbocé una pequeña sonrisa en la comisura de mis labios y lo miré con aquel amor contenido que tenía dentro de mí ser… Sólo Dios sabía lo que significaba ver esa guitarra ahí, ésta imagen alimentaba mi esperanza, ahora sólo restaba esperar para confirmar mis sospechas… pedí con toda mi alma que no estuviera equivocada…

Luego, como una confirmación del cielo de que esto era y no era un sueño, y esperando pronto mitigar mi incertidumbre, escuché con un poco de temblor en su voz que me decía – Siéntate por favor…