-Dime donde has ido, donde esperas en silencio, amigo- la mesera y vidente del bar "El dragón negro", se encontraba en el escenario comenzando el espectáculo de karaoke -Quiero estar contigo, regalarte mi cariño darte un beso, ver tus ojos...Disfrutando con los míos...- saludo a sus primos y amigas que se encontraban en una mesa -Hasta siempre...Adiós, mi corazón...-

Con dos dedos en su frente, se despidio de nadie en ese sitio.

-¡Odio que suba ahí!- murmuró el dueño del lugar junto al cantinero -¿¡Mira como la están mirando!?-

Entregó una cerveza a un joven casi haciéndosela tragar.

-Relájate, jefe- indicó -Sólo esta haciendo su trabajo- él le lanzó una mirada mata dragones.

-¡Su trabajo es atender a los clientes!- sirvió un whisky a un hombre mayor -No, cautivar a los hombres con su pequeño cuerpo perfecto y su cantó de sirena- miró hacia el escenario -¡Ey!- sacó de su cinturón una daga y la lanzó a un sujeto que intentó tocarle el trasero a la rubia -¡No, amigo! ¡Las meseras no se tocan!- advirtió con la otra que formaba parte del par y el tipo, se alejó de allí -¡Gracias, mamá!-

Besó su arma que fue un obsequio de su madre y la guardó.

-¡Toma!- unos minutos después, llegó la joven cantante hacia él, devolviendole la daga -Tienes que enseñarme a hacer eso- sonrió y volteó para ver sus mesas -¡Voy!-

Troto hacia la mesa de sus primos cuando la llamaron. El lugar rebalsaba de gente, ya que se había vuelto muy popular entre la juventud local. Les agradaba esa mezcla entre lo moderno y lo clásico, que podía llegar a tener un antiguo burdel de época.

-Pensé que al pasar la noche juntos, algo entre nosotros iba a cambiar- hablo de nuevo con el joven junto a él -Pero no, me equivoque-

-Ya basta, jefe- lo miró de perfil con una trapo sobre su hombro -Te has estado atormentado, por mas de una semana, desde que eso paso- indicó -No te hagas esto...-

-Él tiene razón- aseguró su hermana, saludando a los amigos y primos de su compañera -Ella no esta enamorada de ti, por esa razón, no le afecta lo ocurrido entre ustedes- él la miró, entristecido -Ni siquiera esta enamorada de Elliot, me lo dijo-

-¡Maldita sea mi suerte!- se lamento entre dientes, bajando la mirada y tomando su cabeza entre sus manos -Me aleje, cinco años de ella, para tratar de olvidarla pensando que era un simple flechazo adolescente y mirenme...- se tocó el pecho, frustrado -Resulta que la amo y adoro con locura- los miró por un segundo -¿Así o más idiota?- ironizó.

-¿A quien amas con locura?-

Cuestionó la joven de cabellos oscuros, llamada Viviam.

-Estoy segura, que no es a ti-

Acotó la morena con desprecio y se dirigió a seguir con su trabajo.

-Hola, Viviam- saludo cansado -¿Como estas?-

-Bien...Pensé que ibas a llamarme, pero veo que me equivoque- reclamó seductora, sentándose en el bar.

-He estado ocupado...- miró a la rubia de reojo que pedía cervezas a su compañero junto a la joven -¿Te ayudó, Deni?- se ofreció esperanzado. Iba muy cargada, pero ella negó siguiendo su camino -¿Quieres un trago?- pregunto a la joven frente a él, que asintió con gusto.

-No puedo creer que aún siga aquí- señaló con su pequeño vaso a la rubia -Siempre dijo que volvería a Amestris, después de graduarse- bebió un poco -Ella nació aquí, es ciudadana de este país, pero no le gusta en lo absoluto- indicó.

-Si, todo lo que ella es, está en Amestris- agregó él, mirándola -Cuando empezó a trabajar aquí, dijo que volvería en unos meses a su país, pero tenía que juntar el dinero para el boleto-

-Su familia es muy rica, que les pida dinero y ya- señaló despectiva.

-Ella no quiere eso, de hecho, está pensando en mudarse aquí, porque no desea que sus padres sigan solventado los gastos en donde vive-

-Vaya...- terminó su trago -En fin, ¿Que harás esta noche?- ella fue directo al punto.

-No lo sé...-

La miró de arriba abajo. Esa mujer, era muy voluptuosa y llamativa, sus labios eran carnosos y su rostro, muy agraciado. Podía tener a cualquier hombre a sus pies con sólo chasquear los dedos.

-Cuando te decidas...Llamame-

Le lanzó un beso y camino hacia una mesa donde había un par de chicas más.

-Jefe...- la vidente le tocó el hombro haciéndolo voltear en su dirección -Creo que hice algo malo...- estaba blanca como un papel y se veía inquieta.

-¿Que pasa?- la tomó de los hombros, inclinandose a su altura -¿Quien te hizo esto?-

Ella tenía un pequeño corte en su pómulo.

-Ven conmigo...- lo tomó de la mano. La de ella temblaba como un diapasón -Amber, cubreme... Asintió, pero su amo le ordenó que estuviera alerta -Tu sabes que, este lugar es muy grande, tiene muchos túneles, trampas y escondites, ¿Verdad?- él asintió siguiendola -Bien...hace unos minutos, mi mandil se mancho y vine aquí a cambiarlo por uno limpio- abrió la puerta del vestuario -Cuando llegue, él estaba esperándome y me ataco-

Frente a ellos, estaba un hombre que parecía estar congelado en el tiempo, en posición de ataque y con una navaja en su mano.

-Este tipo es el que quiso tocarte el trasero- lo apuntó con ganas de cometer un crimen -Es al que le lancé la daga- Miró a la joven junto a él -¿Como hiciste esto?-

-No lo sé...- tocó su pómulo que ardía -Por suerte, alcance a esquivar su primer ataque, que fue cuando me cortó aquí- explicó mirando al sujeto frente a ellos -Y cuando intentó hacerlo de nuevo, moví mis manos y quedó así- finalizó -¿Crees que este muerto?- lo picaba con su dedo -Esta tieso-

-Alejate de él- la apartó con un brazo en su cintura -Creo que es una clase de magia- No terminó de decir eso, que el sujeto se movió y se lanzó sobre ellos -¡Cuidado!- la alejó de un empujón, sacando una daga de su cinturón, para forcejear con él -¡Ahora verás! ¡Maldito!- una esfera de fuego azul se materializó en su mano y lanzó al tipo lejos de él, impactando contra un muro -¿Estas bien?- se acercó a ella, después de guardar su arma. El empujón que le dio, fue muy violento -Perdón, mi amor...Iba a lastimarte-

La abrazo pero ella estaba inmóvil. Él hizo magia o alquimia, no estaba segura de lo que era, pero era fuego que salió de su mano.

-Fuego azul...- susurró asombrada -Matthew, tu hiciste fuego azul...- tomo la mano de él y la miró -Salió de aquí...- indicó con su dedo señalando la palma -¿Como?-

Levantó la mirada buscando una respuesta. Sólo conocía a una persona que podía hacer eso.

-Deni...Mi vida...Mi muñeca- la tomó del rostro, había llegado el momento de decirle la verdad -Lo siento, estoy seguro, que te enfadaras conmigo por esto...- le dio un pequeño beso -Pero yo soy...-

-Duerme- dijo la voz de su hermana en la puerta y la joven, cayó en sus brazos -Tenemos que borrar esto de su mente...- apoyo una mano en la frente de su amiga, hablando el idioma de los duendes -Sólo vamos a borrar la parte del fuego...su salvador, se quedará- le guiño un ojo.

-Gracias, Zafira- cargo a la chica en sus brazos -Tu siempre estas ahí para salvarme-

-Con esta van tres- lo empujó -Por cierto, ¿Que harás con ese tipo?- señaló al sujeto inconsciente en el vestidor.

-Dejemos que Rick se encargue- silbo y él apareció como un rayo -Desaste de esa escoria, amigo...- acomodo a la rubia en sus brazos y la beso en la sien -Es un abusador de mujeres-

-¡Odio a los depravados!- exclamó el cantinero. Movió sus manos apuntandolo y un portal se lo trago completo -Se dio un lindo chapuzón- sacudió sus manos. Él era un dragón saltador, tenía la habilidad de crear portales entre un lugar y otro -¿Vamos, mi hermosa Elmekiana?-

Rodeó a la morena de sus hombros y la llevo con él al bar.

-¡Consiganse un cuarto!- les gritó su amo haciéndolos reír.

-Jefe...Tu hablas mucho- lo abrazó susurrando dormida -Momento...- abrió un ojo -¿Como termine aquí?- miraba alrededor aún en los brazos de él -¿Por que me llevas a tu cuarto?- no respondió, solamente caminaba en silencio -¡Oye! Puedo caminar...- la beso en la mejilla repetidas veces -¡Basta! ¡No me gusta que hagas esto!- estaba sería, siempre la ponía incómoda.

-Llegamos al paraíso...- la beso por última vez y la bajo de sus brazos -Bienvenida a...-

Abrió la puerta de su cuarto y ambos quedaron en shock. Dentro del lugar, estaba Viviam sobre la cama y en paños menores, esperándolo.

-Bueno...- la muchacha a su lado se movía en vaivén, para que la incomodidad, pasará -Creo que...Ya tenías planes- dirigió su verde mirada hacia él -Los dejaré solos-

-¡No es lo que parece!- la detuvo de un brazo antes de que se marchará -¡Juro que desconocía que ella estaba aquí!-

No sabía que decir o como excusarse, ella era consciente que a él le encantaban las mujeres y sobre todo, pasarla bien.

-Esta bien...- quitó su agarre de ella despacio -No tienes nada que explicarme, Jefe- apartó un mechón de cabello tras su oreja, se sentía una tonta -Soy una empleada aquí, no me debes explicaciones-

-Pero Denisse, muñeca...Déjame explicarte-

La muchacha en la habitación los miraba con malicia.

-No...me...digas...muñeca- separó cada palabra -No soy tu muñeca, no soy nada tuyo...- murmuró entre dientes para no hacer una escena -Soy tu empleada aquí y tengo que seguir trabajando-

Volteó y siguió su camino, dejándolo con las palabras en la boca. Camino sin rumbo, llegó a la habitación que tanto le gustaba, cerró la puerta y se apoyó en ella, dejándose caer al suelo.

-¿Por que estoy llorando?- susurró tocando su mejilla por donde caía una lágrima y suspiró, conteniendo el llanto -Tengo que irme de aquí-

Abrió la puerta y salió del bar por la puerta trasera, para evitar ser vista. Camino por las calles que estaban transitadas por adolescentes y jóvenes estudiantes. Tabletom, era la ciudad del conocimiento y el estudio en ese país.

-¿Denisse?- pregunto un joven cuando paso a su lado -¿Como estas?- ella se detuvo al reconocer su voz.

-Ciro...- sonrió al verlo -Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos-

-Si, desde nuestra última "cita"- dijo haciendo el gesto de comillas y ella rió -¿No trabajas hoy?-

La señaló completa, ya que llevaba su uniforme de trabajo.

-Si, pero salí a tomar aire y a distraerme un poco- entrecerro sus ojos -¿Que te parece si tomamos algo como recompensa de haberme ido de nuestra primera cita truncada?-

-Si, claro...Me parece una buena idea- tomo una mano de ella -Aquí cerca hay un bar...te encantará, creeme- asintió enérgica por su entusiasmo.

-¿Donde esta?- caminaba de un lado a otro dentro del bar que había cerrado hacia horas -Son casi las tres de la mañana...Ella nunca se marcha sin despedirse de nosotros-

Estaba preocupado, después de lo sucedido con Viviam no volvió a verla.

-Tranquilizate, jefe- mencionó el cantinero colocando una silla sobre una de las mesas -Seguro se enojó contigo y por esa razón, se fue sin despedirse-

-No, Rick- intervino su compañera -Ella no es así, siempre se enoja con Elliot, pero nunca deja de despedirse de nosotros- también estaba preocupada.

Un golpe en la puerta se escucho y el dueño fue a abrir con la esperanza de que fuera ella.

-¿Salomé? ¿Tristán?- los jóvenes estaban en la entrada del bar -¿Que hacen aquí a esta hora?- los invito a pasar.

-¿Deni esta aquí?- pregunto la muchacha al entrar.

-No...- contestó él -¿Que ocurre?- ahora si estaba en pánico.

-No llegó a casa...- contestó el rubio -Alex y yo, siempre la esperamos despiertos. Siempre llega media hora después de cerrar y de avisarnos que va en camino- abrazo a su amiga junto a él que estaba muy nerviosa -Pero hoy nada de eso paso, no llamó y tampoco llegó a casa-

-Pensamos que seguiría aquí, por eso vinimos a buscarla- finalizó la gitana -¡Por Santa Sara! ¡Que este bien!- mordió sus uñas -Ella no hace este tipo de cosas- Miró a todos que parecían detenidos en el tiempo -Alex se quedó en la casa, por si llegaba antes que nosotros-

-¡Amber!- exclamó su hermano -Llama a su casa quizás haya llegado-

La joven tomo en teléfono y comenzó a discar con las manos temblorosas.

-Hola, Alex- hablo la muchacha -Soy Amber, ¿Denisse llegó?- escucho la voz del joven -¿No?...Bueno, avísanos si hay alguna novedad- miró al resto -Si, tranquilizate... Estoy segura que esta bien...Lo sé, adiós- colgó el tubo -No llegó-

-Tristán, Rick...- los nombrados lo miraron -Vamos a buscarla...- el jefe caminó hacia la puerta con ellos detrás.

-Oigan, ¿Que pasa aquí?- la voz de la joven se escucho en el bar -¿Salomé? ¿Tristán? ¿Que hacen aquí?-

Los miraba desconcertada, acaba de entrar por la puerta trasera y los encontró allí.

-Por Santa Sara...- su mejor amiga corrió a ella y la abrazo -Estas bien...- suspiró tranquila.

-¿¡Donde estabas!?- gritó su primo acercándose a ella a paso furioso -¡Vinimos a buscarte porque no llegaste nunca a la casa!-

La tomó de los brazos alejando a la gitana y la zamarreó.

-¡No me grites!- exclamó con la cara transformada en una leona.

-¡Yo no gritó!- volvió a decir.

-¡Si, lo haces!- replicó y él la soltó, matándose con los ojos -Si dejas explicármelo, ya no gritarás- su primo asintió un poco más tranquilo -Salí a tomar un poco de aire y me encontré a Ciro en el camino. Estuve con él en un bar, hasta recién- miró al dueño del lugar que estaba apoyado en el bar con la miraba gacha y frotando sus ojos -Jefe, ¿Puedo hablar contigo?-

Él levantó sus ojos, la miró frío, sin emoción, conteniendo la necesidad de ir hasta ella y estrangularla.

-Si...- respondió con la voz rasposa -Ven conmigo- caminaron hacia su oficina en completo silencio -¿De que querías hablar?- tomó asiento en su silla mirándola.

-Tan sólo venía a decirte, que es mi última semana aquí- entrelazo sus manos delante de su cuerpo -Ya tengo el dinero para volver a Amestris. Después de visitar a mis abuelos en Alemhatam, volveré a casa- él estaba catatónico.

-Si te vas, por lo que viste hoy- se incorporó de su lugar desesperado -Puedo decirte que, entre Viviam y yo, no hay nada...- Se debatía entre acercarse a ella o no -¡Por favor, Denisse!- se movió inquieto -¡No te vayas!-

Esas mismas palabras le había dicho a su madre, cuando era a penas un pequeño de cuatro años, para evitar que Isabel la alejara de su vida. Aún así, ya siendo un adulto, igualmente dolían.

-Es una decisión tomada...- indicó firme -Tu sabías que iba a irme desde el primer día que llegue aquí...- cerró sus ojos al escuchar sus palabras -Lo lamento, pero es así-

-Lo sé...- golpeó sus puños contra el escritorio frustrado -¡No puedo! ¡No puedo hacer esto!- rodeó el mueble frente a él y se acercó a ella, besándola con toda el alma -¡Yo estoy enamorado de ti!- la besaba mil veces -¡No entiendes! ¡No puedo dejarte ir! ¡Otra vez no!- la separó de él acariciándole las mejillas con sus pulgares.

-¿Otra vez?- pregunto ella, no entendía nada -¿De que hablas?- él volvió a besarla y la abrazo.

-Lo siento...Tendría que habértelo dicho antes, mi amor-

Se separó de ella y la miró, intensamente, por unos largos minutos. Paso sus manos por su cabello, que se volvió rubio al instante y cerró sus ojos con fuerza, abriéndolos de golpes, ahora eran azules. El azul mas único y hermoso, que haya visto jamás. Por último, sus facciones cambiaron levemente, haciéndolo más atractivo que antes.

-Elliot- susurró ella conteniendo el aliento.

-Jamás pude olvidarme de ti, muñeca-